La verdad corregirá todos los errores de mi mente.
1. ¿Qué puede corregir las ilusiones sino la verdad?
2¿Y qué son los errores sino ilusiones que aún no se han reconocido por lo que son?
3Allí donde entra la verdad, los errores desaparecen.
4Simplemente se desvanecen, sin dejar ningún rastro que pueda recordarlos.
5Se van, pues sin creencias que los sustenten no tienen vida.
6Y, así, desaparecen regresando a la nada de donde vinieron.
7Del polvo vienen y al polvo van, pues solo la verdad permanece. I
2. ¿Puedes imaginar cómo es un estado mental sin ilusiones? II
2¿Cómo te sentirías?
3Trata de recordar aquel momento, quizá un minuto, o incluso menos, en el que nada vino a perturbar tu paz, en el que tuviste la absoluta seguridad de ser amado y estar a salvo.
4Trata de imaginar entonces cómo sería ese momento si se prolongara hasta el fin de los tiempos y hasta la eternidad.
5Luego, deja que esa sensación de quietud que sentiste se multiplique por cien, y luego otras cien veces más.
6Y ahora tendrás un atisbo, no más que un levísimo indicio, del estado en el que tu mente descansará cuando llegue la verdad.
3. Sin ilusiones no podría haber miedo, ni dudas, ni ataques.
2Cuando llega la verdad, cesa todo dolor, pues no queda ningún espacio en tu mente para pensamientos transitorios e ideas muertas.
3La verdad ocupa tu mente por completo, y te libera de todas las creencias en lo efímero.
4Ya no tienen cabida, porque la verdad ha llegado y ellas no están en ninguna parte.
5Ya no pueden encontrarse, pues la verdad está ahora en todas partes y para siempre.
4. Cuando la verdad llega, no se queda por un tiempo para luego desaparecer o convertirse en otra cosa.
2No cambia ni altera su forma.
3No va y viene, para luego irse y volver de nuevo.
4Permanece exactamente como siempre fue, para que puedas contar con ella en toda necesidad y confíes en ella con absoluta certeza en todas las aparentes dificultades y dudas que engendran las apariencias que el mundo te presenta.
5Todas ellas simplemente se desvanecerán cuando la verdad corrija los errores de tu mente.
5. Cuando llega la verdad, trae en sus alas el don de la perfecta constancia, y un amor que no flaquea ante el dolor, sino que mira más allá de él, firme y seguro.
2Aquí se encuentra el don de la sanación, pues la verdad no necesita defensa, y por eso ningún ataque es posible.
3Las ilusiones pueden llevarse a la verdad para ser corregidas.
4Mas la verdad está muy por encima de las ilusiones, y no puede llevarse a ellas para hacer que sean verdad.
6. La verdad no va y viene.
2No cambia ni varía.
3No adopta ahora una apariencia y luego otra.
4No intenta escapar para evitar su captura.
5No se esconde.
6Permanece a plena luz, claramente accesible.
7Es imposible que quien la busque sinceramente no la encuentre.
7. Este día pertenece a la verdad.
2Dale a la verdad lo que le corresponde, y ella te dará lo que te corresponde a ti.
3Tú no fuiste creado para sufrir y morir.
4Tu Padre quiere que esos sueños desaparezcan.
5Deja que la verdad los corrija todos.
8. No estamos pidiendo algo que no tengamos.III
2Simplemente pedimos lo que nos corresponde, para así reconocer que ya lo tenemos.
3Hoy practicamos con la feliz certeza que nace de la verdad.
4Hoy no caminamos con los titubeantes e inseguros pasos de la ilusión.
5Hoy estamos tan convencidos de tener éxito como de que vivimos, confiamos, respiramos y pensamos.
6Hoy no tenemos ninguna duda de que caminamos con la verdad, y contamos con ella para realizar todos los ejercicios del día.
9. Comienza pidiéndole a Aquel que te acompaña en esta empresa ser consciente de Él mientras le sigues.IV
2Tú no estás hecho de carne, sangre y huesos, sino que fuiste creado por el mismo Pensamiento que le dio también a Él el don de la vida.
3Él es tu Hermano, y tan parecido a ti que tu Padre sabe que ambos sois lo mismo.
4Es a tu propio Ser al que le pides que te acompañe, ¿y cómo podría Él no estar donde tú estés?
10. La Verdad corregirá todos los errores de tu mente que te dicen que puedes estar separado de Él.
2Habla hoy con Él, y asegúrale que vas a dejar que se cumpla Su función a través de ti.
3Compartir Su función es compartir Su dicha.
4Su confianza te acompaña cuando dices:
5La verdad corregirá todos los errores de mi mente.
6Y descansaré en Aquel que es mi Ser.
7Deja entonces que Él te guíe dulcemente hacia una verdad que te envolverá y te dará una paz tan profunda y serena que te será difícil regresar a ese mundo que conoces bien.
11. Y, sin embargo, te alegrarás al volver a contemplarlo.
2Pues ahora llevarás contigo la promesa de los cambios que la verdad que te acompaña traerá al mundo.
3Estos se multiplicarán con cada ofrenda de cinco breves minutos, y los errores que envuelven el mundo se corregirán a medida que permitas que se corrijan en tu mente.
12. No olvides la función que tienes hoy.
2Cada vez que te digas a ti mismo con confianza: «La verdad corregirá todos los errores en mi mente», hablas en nombre de todo el mundo, y de Aquel que libera al mundo al liberarte a ti.
I Si te sientes inclinado a pensar en la verdad, si la idea de la verdad surge en tu mente, es que tienes un serio problema. Solo una mente enferma puede considerar la idea de «verdad». Pues ¿qué es la verdad? Obviamente, la verdad es lo que es, lo que existe; eso es lo que llamas «verdad». La verdad es tu Ser. Tú eres la verdad. La verdad es lo que tú eres. Por eso dijo Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6).
Entonces, ¿qué es lo que hace que la noción de verdad sea significativa para ti? ¿Por qué habría de serlo? ¿Cómo es que la mente considera seriamente la idea de «buscar la verdad»? ¿Por qué tendría alguien que plantearse, en absoluto, tener que buscar lo que es, lo que existe? ¿Te das cuenta de que ese mismo hecho ya denota que algo anda mal?
Si crees que tienes que buscar la verdad, eso solo puede indicar que tu mente está funcionando bastante mal. Si la verdad es algo que ha de buscarse, significa que la mente no conoce la realidad, y si la mente no conoce la realidad, ¿qué conoce entonces?, ¿con qué se relaciona? Esa mente debe estar considerando y relacionándose con algo que no es real, con algo que no es verdad. ¿Y qué sentido tiene eso?, ¿qué propósito?, ¿para qué se hace?
Una mente que busca la verdad es una mente que se relaciona con ilusiones, con ideas vacías de contenido real, con imaginaciones. ¿Y cómo lo hace?, ¿cómo consigue la mente interesarse por algo que no es nada, que no existe? Todo eso se explica en la sección VIII del capítulo 7 del Texto: El uso que hace el ego de la proyección.
Si bien las palabras se quedan cortas, pues son símbolos para describir la realidad, que no es simbólica, podríamos formularlo así: en este Curso se emplea la palabra «mente» para referirse al principio activo del «espíritu», el cual podría entenderse como la condición del «Ser», de la «realidad», de lo que «existe»; la realidad es espiritual. Se puede entender de manera intuitiva que los términos «ser», «manifestar», «dar», «amar» y «extender» están claramente relacionados, y por eso en el Texto se dice que la ley básica de la mente es la ley de la extensión.
Se puede captar la idea de que el «Ser», por medio de la «mente», se manifiesta dando o extendiendo su propia existencia, aquello que el Ser es; y a eso se le denomina «crear». Todo lo relativo al Ser es puramente real, es decir, plenamente abstracto, ilimitado e intemporal, y no es comprensible para la mente concreta o personal, pues pertenece a ámbitos diferentes, de los cuales solo uno de ellos es real, mientras que el otro es imaginario.
La mente crea cuando extiende su propia entidad, su propio ser, y esto es intrínsecamente lógico. Ahora bien, resulta que la mente también puede proyectar —si esa es su voluntad— lo que ella misma no es, lo que no existe. A este hecho sorprendente este Curso lo llama «creer», que podría entenderse como la forma espuria de crear.
En este caso, la mente proyecta fuera de sí misma lo que no existe, lo que no es nada, y cree en ello, es decir, lo considera real e incluso lo teme, aunque también se siente atraída hacia eso, pues si bien no es como ella misma, sí es su fruto, y así, a esa creencia la considera su «hijo». Obviamente, ese carácter de realidad es exclusivo para la propia mente que lo ha creído, y para nadie más. Así, la mente cree que aquello que no es ella misma —y no existe— es real y es verdad.
Como ser y amar son lo mismo, cuando la mente proyecta lo que ella no es (creyendo), está proyectando lo que no ama, está proyectando ausencias de amor. Si bien, de hecho, en ese caso la mente no está proyectando en verdad nada, pues el amor es lo único real y lo único que existe. En este caso, la mente confundida proyecta fuera de sí misma (rechaza) lo opuesto a lo que ella es, y por eso las ilusiones en las que la mente cree son concretas y atemorizantes. No son reales, mas para la mente que las concibió sí lo son, porque cree en ellas. Este sinnúmero de ilusiones conforman el mundo imaginario en el que la mente que busca la verdad cree existir.
Es perfectamente comprensible que una mente enferma busque la verdad, pues todo lo que cree contemplar le resulta profundamente insatisfactorio, precisamente porque lo construyó proyectando ausencias de amor, y ahora ese panorama temible ocupa su conciencia.
Este es un Curso para mentes enfermas que buscan la verdad. Son mentes sumergidas en una alucinación permanente, poblada de ilusiones temibles, entre las que se encuentra su propia identidad imaginaria; también una ilusión. La mente que cree en todas esas falsedades no puede encontrar la verdad por sí misma, pues ella fue la causante de ese desatino, y por eso su «hacer» no la salvará. No obstante, lo contrario, su «no hacer», sí. Esta es la razón por la que este Curso te insta constantemente a que no hagas, porque no sabes hacer, no sabes extender amor, te has olvidado de crear y estás centrado en creer. Sin embargo, sí puedes, y debes, dejar de creer en tus engendros ilusorios.
Quizás, a estas alturas, te preguntes en qué demonios tienes que creer para salvarte, para conocer la verdad y para disfrutar de la dicha infinita de ser. Pues bien, la respuesta es muy simple: no necesitas creer en nada. Creer es usar mal la mente, eso es precisamente lo que te ha llevado a este estado lamentable. Pero hay algo muy importante que no debes olvidar jamás, pues en eso radica la salvación: pensar que te encuentras en un estado lamentable, en un mundo temible y necesitado de buscar la verdad también es una creencia, y tampoco es verdad. Alégrate, entonces, y date cuenta de que, en realidad, no tienes ninguna necesidad de salvarte de nada, ni de buscar la verdad; ella te encontrará a ti, porque la verdad eres tú.
Pero mientras no te des cuenta de eso, y si te apetece tomarte un tiempo para hacer ese descubrimiento, puedes empezar a desmontar ese complicado andamiaje de creencias que has construido poco a poco, pero de manera implacable. Para empezar, deberías contemplar con un poquito de incredulidad cualquier cosa que te venga a la cabeza: puedes estar absolutamente seguro de que eso es mentira. Nada que pienses con tu mente personal es verdad ni lo será jamás. Quizás algunas cosas que se te ocurran estén alineadas en cierta medida con la verdad, pero es mejor que no te las tomes demasiado en serio y no les des mucha importancia. Recuerda que siempre que le has dado importancia a algo has acabado sufriendo, así que mejor no vayas por ese camino. Deja de dar importancia a las cosas, a todo, incluso a la idea de la salvación de tu alma inmortal. No te preocupes de eso, ten por seguro que ella no lo hace. Vacía la mente de todo y ten una actitud receptiva. Eso siempre te sentará muy bien.
Practica con desapego, pero con buen ánimo y confianza, los ejercicios de este Libro, y sé feliz en el presente, ahora mismo.
Génesis 3:19: «Con el sudor de tu frente comerás tu alimento hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás».
II En esta Lección, el término «ilusiones» no se emplea con el significado habitual que suele tener en el Curso, donde hace referencia a las percepciones falsas o distorsionadas de la realidad. En cambio, aquí alude a otro tipo de engaño: las expectativas que has depositado en los ídolos —las formas del mundo— con la esperanza de que colmen tus supuestas carencias y te proporcionen lo que crees necesitar. Este matiz semántico se acerca más a la acepción cotidiana de la expresión «hacerse ilusiones», es decir, formarse esperanzas infundadas o confiar en algo que, en realidad, carece de sustancia o capacidad real para satisfacerte. Por tanto, en este contexto, «ilusiones» no apunta a lo que ves, sino a lo que esperas recibir, erróneamente, del mundo y sus formas.
Esta Lección asocia la paz y la verdad con la ausencia de expectativas; es decir, con la superación de toda sensación de carencia. Entenderlo así implica reconocer que las expectativas nacen de una percepción de insuficiencia: de la creencia de que algo externo debe venir a completarte. Al desaparecer esa demanda —ese anhelo proyectado hacia el futuro—, se abre espacio para una experiencia directa y presente de plenitud, donde ya no se busca, porque nada falta. Es ahí donde la paz se revela como un estado natural, y la verdad, como algo que siempre estuvo presente, pero velado por el deseo de que las cosas fueran distintas.
III ¡Claro! Cuando habla de la verdad, está hablando de ti, de tu realidad esencial. La verdad es uno de los tres aspectos del Ser (Verdad-Amor-Poder).
IV «Aquel que te acompaña» es tu Ser, Cristo, Quien te acompaña en el viaje a casa como Compañero y Hermano, mas cuando despiertes lo reconocerás como tu propio Ser.
