Es imposible ver dos mundos.
1. La percepción es congruente.
2Lo que ves refleja lo que estás pensando.
3Lo que piensas simplemente refleja lo que has elegido ver.
4Y lo que quieres ver está determinado por tus valores.
5Pues necesariamente querrás ver aquello a lo que le otorgas valor.
6Y entonces creerás que eso que estás viendo realmente se encuentra ahí.
7Nadie puede ver algo que su mente no valore.
8Y nadie puede dejar de ver aquello que cree desear. I
2. Mas ¿quién puede realmente odiar y amar a la vez?
2¿Quién puede desear aquello que no quiere que sea real?
3¿Y quién puede desear ver un mundo que le causa temor?
4El miedo necesariamente te ciega, pues esa es su arma; no puedes ver aquello que temes ver.
5El amor y la percepción van de la mano.
6Pero el miedo oculta en la oscuridad lo que realmente está ahí.II
3. ¿Qué es entonces lo que el miedo puede proyectar sobre el mundo?
2¿Qué puede verse en la oscuridad que sea real?
3El miedo eclipsa la verdad, y solo queda lo que imaginas.
4Mas ¿qué puede ser real en las ciegas imaginaciones engendradas por el pánico?
5¿Qué es entonces lo que tú quieres para que sea esto lo que se te muestre?
6¿Qué es lo que quieres conservar en semejante sueño?
4. El miedo ha forjado todo aquello que crees ver.
2Toda separación, todas las distinciones y las innumerables diferencias que crees que conforman el mundo en realidad no existen.
3El enemigo del amor las ha inventado.
4Sin embargo, el amor no puede tener ningún enemigo.
5Y por eso no tienen ninguna causa, ninguna existencia y ninguna consecuencia.
6Se les puede atribuir valor, pero siguen siendo irreales.
7Se puede ir tras ellas, pero no se pueden encontrar.
8Hoy no iremos en su busca, ni desperdiciaremos el día buscando lo que no se puede encontrar.
5.Es imposible ver dos mundos que no tienen nada en común.
2Si vas tras uno de ellos, el otro desaparece.
3Pero el que buscas siempre está ahí.
4Estos dos mundos son las únicas opciones entre las que puedes elegir, pues no hay más.
5Solo puedes elegir entre lo real y lo irreal, y solo eso.
6. Hoy procuraremos no llegar a ningún compromiso entre ambos mundos, pues eso es imposible.
2El mundo que ves es la prueba de que ya has elegido algo tan abarcador como su opuesto.
3Hoy queremos aprender algo más que la lección de que no puedes ver dos mundos al mismo tiempo.
4Esta lección también te enseña que el mundo que has elegido es absolutamente coherente desde tu punto de vista.
5Todo él es de una sola pieza porque surge de una sola emoción, y refleja su origen en todo lo que ves.III
7. Seis veces hoy, agradecidos, dedicamos gustosamente cinco minutos al pensamiento que elimina todo compromiso y trasciende toda duda.
2No haremos miles de distinciones sin sentido, ni intentaremos llevar con nosotros un trozo de irrealidad cuando consagremos nuestra mente a encontrar solo lo que es real.
8. Comienza tu búsqueda de ese otro mundo pidiendo una Fortaleza muy superior a la tuya, y sé consciente de qué es lo que estás buscando.
2Tú ya no quieres ilusiones.
3Y te preparas para estos cinco minutos vaciando completamente tus manos de todos los insignificantes tesoros de este mundo.
4Y así, esperas la Ayuda de Dios, diciendo:
5Es imposible ver dos mundos.
6Aceptaré la fortaleza que Dios me ofrece.
7No valoraré nada de este mundo.
8Y así encontraré mi libertad y mi salvación.
9. Dios estará allí esperándote.
2Pues has invocado al Gran Poder infalible que, agradecido, dará este paso gigantesco contigo. IV
3Verás Su agradecimiento expresado en una nueva percepción nítida y verdadera.
4Y no pondrás en duda lo que contemplarás.
5Pues aunque siga siendo algo percibido, es de un tipo que tus ojos jamás han contemplado.
6Y sabrás que la Fortaleza de Dios Mismo te respaldó en tu elección.
10. Descarta hoy fácilmente toda tentación que te asalte, simplemente recordando las opciones entre las que eliges.
2Pues solo puedes ver lo irreal o lo real, lo falso o lo verdadero, y solo eso.
3La percepción es congruente con tu elección, y así, verás el Cielo o el infierno.
11. Si aceptas una pequeña parte del infierno como real, habrás condenado tus ojos y maldecido tu vista, y lo que contemplarás, en efecto, será el infierno.
2Mas puedes elegir la liberación del Cielo en vez de todo lo que el infierno pretende mostrarte.
3A cualquier vislumbre del infierno, no importa la forma que adopte, dile simplemente esto:
4Es imposible ver dos mundos.
5Yo busco mi libertad y mi salvación
6Y esto no forma parte de lo que quiero.
I Primero piensas, y luego ves. No al revés. La percepción es el resultado de tu voluntad. Y tú, inevitablemente, pones tu voluntad en conseguir aquello que valoras. Por eso es fundamental que elijas cuidadosamente qué es valioso para ti, pues eso es lo que aparecerá ante ti. Así es como «creas» el mundo que crees ver.
El proceso perceptual es el siguiente:
IDEA DE VALOR
↓
CONCEPCIÓN DE UNA FORMA QUE LO MATERIALIZA
↓
PERCEPCIÓN DE LA ILUSIÓN QUE LO REPRESENTA
Así, primero le atribuyes valor a algo. Debido a que lo valoras, lo deseas. Como lo deseas, lo quieres ver. Y como lo quieres ver, lo proyectas en la pantalla de tu conciencia. Es decir: lo ves. Ese es el poder de tu voluntad en acción
Y este es un proceso que ocurre en tu mente, tanto con la percepción de ilusiones que representan valores, como con las que representan ausencias de valor (aquello que temes); lo cual, desgraciadamente, es algo que te ocurre con demasiada frecuencia. Pues te has acostumbrado a percibir un mundo imaginario construido con ausencias de amor, y ese es el sueño que hipnotiza a la mente que se siente sola en el universo, embelesada con la idea de poseer una identidad individual y separada de todo.
Y luego te dices a ti mismo que no tienes voluntad, y que tu mente es impotente, lo cual es sorprendente. ¡Cómo te engañas!
Consideras que tu voluntad no es más que un anhelo vacilante, a lo sumo una raquítica fuerza mental que te impele a abordar con esfuerzo las penosas tareas que tus deseos te imponen. Y no eres consciente de que, en verdad, ha sido tu voluntad la que ha conformado la totalidad del escenario en el que se representa ese triste drama.
¡Despierta y aprende Quién eres! Tú lo eres todo. Eres el autor absoluto de tu vida personal. Todo lo que percibes está en ti, pero tú no eres nada de eso.
Tan solo experimentas tus propias creencias, pues la mente que se cree separada no puede experimentar otra cosa. Y de todas ellas, la más absurda es la patética idea que tienes de ti mismo.
Ese «tú» que crees ser no es más que eso: una creencia que ocurre en tu mente, Hijo de Dios.
Fíjate en que lo que haces «aquí», en ese lugar mental imaginario que llamas mundo, es la versión disminuida e ilusoria de lo que haces en la realidad del Cielo, donde en verdad te encuentras.
En el Cielo Eres.
Ser es amar.
Y amar es dar.
Lo que eres lo das, lo extiendes.
Y eso es crear.
Y lo que creas son tus Creaciones; la Realidad que tu Ser extiende por medio de su creación, tal como Él mismo —tú— fue creado por su Padre.
II El mundo que crees ver es el mundo del ego, esa enfermedad que afecta tu mente con la extraña idea de que tú eres «algo» diferente de todo, diferente de Dios. Y ese «algo» —el ego— también está sujeto a las leyes de la percepción cuando niega la realidad.
El ego teme al amor, porque la realidad del amor disipa la irrealidad del ego. Como teme al amor, no lo quiere ver. Y como no lo quiere ver, lo oculta. Por eso no puedes ver el mundo real con los ojos del ego, pues ese es un mundo que refleja el Amor de Dios. Pero basta con eliminar el ego de la ecuación de la percepción para que el mundo real aparezca ante tus ojos. Y eso es algo tan sencillo como dejar de darle importancia a la idea que tienes de ti mismo, a tu ego. Cuando la mente deja de tener en cuenta la idea de una identidad personal, el ego desaparece.
El sueño que tu mente aún dormida cree percibir ya no está afectado por la noción de ausencias, y lo que ve refleja el amor subyacente a toda ilusión. Tus ojos, por un breve tiempo, aún conservan el recuerdo de los viejos símbolos que contaban historias de separación, mas ahora aparecen delineados sobre un fondo de amor radiante. Y esa visión, que ya no tiene propósito, acaba desapareciendo en la inmensidad gloriosa de la Existencia.
III La emoción que hace que veas el mundo del ego es el miedo, y la que te muestra el mundo real es el amor. Es imposible ver ambos mundos de manera simultánea, simplemente porque las emociones son únicas y excluyentes. La mente puede albergar multitud de ideas diversas en un momento dado, incluso contradictorias, pero el corazón solo te ofrece, en el presente, una única emoción, que es, precisamente, el resultado de las relaciones que establecen entre sí las ideas de tu mente.
El corazón es el gran simplificador, y sus dictados son la conclusión de lo que la mente propone. No mires con la mente lo que tienes en la mente, pues te perderás; mira con la mente al corazón, y ahí encontrarás la respuesta de lo que ocurre en tu mente. La emoción de tu corazón es el sonido que generan las ideas en tu mente al tratar entre ellas, y tu Alma sabe bien cómo interpretarlo.
IV Esta Lección es otro de los «pasos gigantescos» del Libro de Ejercicios. Las otras Lecciones en las que se mencionan son: 66, 94, 127, 130, 135 y 194.
