Cuando yo sano, no sano solo yo.
1. La idea de hoy sigue siendo el pensamiento central sobre el que descansa la salvación.
2Pues la sanación es lo opuesto a todas las ideas del mundo, que se centran en la enfermedad y en estados de separación.
3Enfermar es alejarse de los demás y negarse a unirse a ellos.
4La enfermedad es una puerta que encierra a un ser separado, y lo mantiene aislado y solo.
2. La enfermedad es aislamiento.I
2Pues parece mantener a un ser separado del resto para que sufra lo que otros no sienten.
3La enfermedad le otorga al cuerpo el poder definitivo de hacer realidad la separación y de mantener la mente en solitario confinamiento, dividida y sujeta en pedazos por un sólido muro de carne enferma del que no puede escapar.
4El mundo acata las leyes a las que la enfermedad sirve, pero la sanación opera al margen de ellas.
3. Es imposible que alguien sane solo.II
2En la enfermedad no se puede sino estar aparte y separado.
3Sanar, sin embargo, es el resultado de su propia decisión de volver a ser uno y de aceptar su Ser con todas sus partes intactas e inexpugnables.
4En la enfermedad, su Ser parece estar desmembrado y sin la unidad que le da vida.
5Mas la sanación se logra al comprender que el cuerpo no tiene poder para atacar la Unicidad universal del Hijo de Dios.
6La enfermedad pretende demostrar que las mentiras tienen que ser la verdad.
7Pero la sanación demuestra que la verdad es verdad.
4. La separación que la enfermedad pretende imponer nunca ha ocurrido realmente.
2Sanar no es más que aceptar lo que siempre fue la simple verdad, y que seguirá siendo exactamente como siempre ha sido.
3Mas a los ojos acostumbrados a las ilusiones hay que mostrarles que lo que contemplan es falso.
4Por eso, la sanación, que la verdad nunca ha necesitado, tiene que demostrar que la enfermedad no es real.
5. La sanación podría, entonces, considerarse un «contra sueño», algo que anula el sueño de la enfermedad en nombre de la verdad, pero no de la verdad misma.III
2Tal como el perdón pasa por alto todos los pecados que nunca se cometieron, la sanación no hace más que eliminar las ilusiones que nunca ocurrieron.
3Y al igual que el mundo real surgirá para ocupar el lugar de lo que nunca sucedió, la sanación repara los estados imaginarios y las ideas falsas que los sueños presentan como imágenes de la verdad.
6. Mas no pienses por ello que sanar no es algo digno de tu función aquí.
2Pues el anticristo se vuelve más poderoso que Cristo para los que sueñan que el mundo es real.IV
3El cuerpo parece más sólido y más estable que la mente.
4Y el amor se convierte en un sueño, mientras que el miedo sigue siendo la única realidad que puede verse, justificarse y comprenderse plenamente.
7. Del mismo modo que el perdón hace desaparecer todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que tú has hecho, la sanación tiene que reemplazar las fantasías de enfermedad que opones a la simple verdad.
2Cuando se ve que la enfermedad desaparece a pesar de todas las leyes que sostienen que tiene que ser real, entonces todas las preguntas quedan contestadas.
3Y esas leyes ya no pueden ser respetadas ni obedecidas.
8. La sanación es libertad.
2Pues demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad.
3La sanación se comparte.
4Y este atributo demuestra que sus leyes son más poderosas que sus opuestas enfermizas, que sostienen que la enfermedad es inevitable.
5La sanación es fortaleza.
6Pues por medio de su bondadosa mano se supera la debilidad.
7Y las mentes que estaban amuralladas dentro de un cuerpo quedan libres para unirse a otras mentes y ser fuertes por siempre.
9. La sanación, el perdón y el feliz intercambio del mundo del dolor por otro donde la tristeza no tiene cabida son los medios que el Espíritu Santo te propone para que le sigas.
2Sus dulces lecciones enseñan qué fácilmente puedes alcanzar la salvación, y qué poco tienes que hacer para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú hiciste para que te mantuvieran prisionero de la muerte.
3Tu vida se convierte en la que Él te propone cuando le prestas la pequeña ayuda que te pide para liberarte de todo lo que alguna vez te causó dolor.V
10. Y cuando permites ser sanado, ves que contigo sanan todos los que te rodean; aquellos en los que piensas o están a tu lado e incluso aquellos que parecen no tener ningún contacto contigo.
2Tal vez no los reconozcas a todos, ni repares en cuán grande es la ofrenda que haces a todo el mundo cuando permites que la sanación te llegue a ti.
3Pues nunca sanarás solo.
4Cuando tú sanas, un número incontable de hermanos recibe el don que tú recibes.
11. Aquellos que han sanado se convierten en instrumentos de sanación.
2Y en el mismo instante en que son sanados se les concede toda la Gracia de la sanación para que puedan darla.
3Lo que se opone a Dios no existe, y aquel que no acepta esas ilusiones en su mente se convierte en un refugio donde sus hermanos fatigados pueden hallar descanso.
4Porque ahí es donde se otorga la verdad, y donde todas las ilusiones se llevan a ella.VI
12. ¿No le ofrecerías refugio a la Voluntad de Dios?
2Pues así invitas a tu Ser a morar en su hogar.
3¿Podría acaso rechazarse semejante invitación?
4Pide que ocurra lo inevitable y nunca fracasarás.
5La otra opción no es sino pedir que sea lo que no puede ser, y esto jamás puede tener éxito.
6Hoy pedimos que solo la verdad ocupe nuestras mentes; que este día los pensamientos de sanación vayan de lo que ya ha sanado a lo que aún debe sanar, conscientes de que las dos cosas ocurrirán a la vez.
13. Cuando el reloj marque la hora, recordaremos que nuestra función es permitir que nuestras mentes sean sanadas para poder llevar la sanación al mundo, y así intercambiar maldición por bendiciones, dolor por dicha, y separación por la Paz de Dios.
2¿Acaso no vale la pena dar un minuto de cada hora a cambio de semejante regalo?
3¿No es una mínima inversión a cambio de un don que lo es todo?
14. Mas para semejante don hay que prepararse.
2Por eso, dedicaremos diez minutos al comenzar el día, y otros diez también por la noche a estos pensamientos:
3Cuando yo sano, no sano solo yo.
4Y quiero compartir mi sanación con el mundo,
5Para así desterrar la enfermedad de la mente del Hijo Único de Dios,
6Quien es mi único Ser.
15. Permite que hoy mismo ocurra la sanación a través de ti.
2Y mientras descansas en la quietud, prepárate para dar aquello que recibas.
3Prepárate para quedarte únicamente con aquello que des.
4Y prepárate para recibir la Palabra de Dios, para que ocupe el lugar de todos los insensatos pensamientos que alguna vez imaginaste.
5Ahora nos unimos para sanar todo lo que estaba enfermo, y ofrecer bendiciones donde imperaba el ataque.
16. No dejaremos que se nos olvide esta función a lo largo del día, recordando nuestro propósito con este pensamiento:
2Cuando yo sano, no sano solo yo.
3Y bendeciré a mis hermanos,
4Pues sanaré con ellos
5Tal como ellos sanarán conmigo.
I Pocas ideas resultan tan difíciles de aceptar como esta: la enfermedad es voluntaria. Y, sin embargo, esta Lección no se puede aprender sin asumirlo. Mientras que otras enseñanzas del Curso —referidas a relaciones, actitudes o percepciones— parecen más accesibles o al menos simbólicas, cuando el Curso afirma que la sanación del cuerpo también es una cuestión de decisión, muchos empiezan a desconfiar.
Pero aquí no se nos pide que creamos sin más. Se nos invita a observar, con radical honestidad, el mecanismo mental mediante el cual elegimos enfermarnos y luego lo olvidamos. Esa es la clave: tomamos la decisión rápidamente, por miedo, por culpa o por deseo de especialismo, y después la ocultamos. Así, la enfermedad se convierte en una coartada del ego para reforzar la separación: “mi dolor me distingue”, “mi caso es diferente”, “nadie puede entender lo mío”. Y en esa autoimagen, el ego se fortalece.
Sanar, en este contexto, no consiste en hacer nada físico, ni siquiera en lograr un resultado clínico. Sanar es dejar de prestarse al juego del ego. Por eso, el primer paso que se nos propone es muy concreto: restarle importancia al cuerpo y a sus síntomas. No dramatizar. No comentarlo. No hacerlo identidad. Ni siquiera con uno mismo. La enfermedad solo tiene poder si le damos un propósito. Si se lo quitamos, pierde fuerza.
Esta enseñanza no está dirigida a místicos perfectos, sino a estudiantes sinceros que, aunque todavía dudan, están dispuestos a dejar de autoengañarse. Y eso ya es un gran paso. No se nos promete la curación física, pero sí algo más importante: poner en evidencia el truco del ego, dejar de usar el cuerpo como excusa para no amar, y acercarnos a esa otra curación, más real y profunda, que es la paz.
Sanar es dejar de justificar la separación y elegir, por fin, la paz.
II Nadie sana solo, porque nadie está solo, salvo en sueños. Sanar es, precisamente, reconocer que no estás separado.
Cuidado: no hay que confundir sanar con dejar de tener síntomas de enfermedad; puedes dejar de tenerlos y seguir enfermo. Los síntomas son la manera en la que articulas el diálogo que mantienes contigo mismo con respecto a tu cuerpo; son la manifestación de las cosas que te dices.
Solo hay una mente que sueña estar fragmentada en una miríada de formas separadas. La mente se ataca a sí misma enfermando los cuerpos que concibe y, de la misma manera, los sana cuando recupera la cordura y retorna al amor, su verdadera identidad, al perdonar sus ilusiones.
Esa mente eres tú. Eso es lo que tú eres. Y tanto en el sueño como en la realidad tienes todo el poder que Dios te concedió en tu creación. Y así, creerás o crearás, según sea lo que tu santa mente conciba.
III Este carácter ilusorio de la sanación —como la reparación de algo que en la realidad nunca ocurrió— la equipara con los milagros, tal como se ve en el Principio 8 de los Milagros (T-1.P.8): «Los milagros son una forma de sanación».
Es crucial que entiendas que los milagros no son para «mejorar» nada que esté «mal» en el mundo, tal como la sanación no es para sanar el cuerpo. ¡El mundo no existe, y el cuerpo tampoco! ¿Qué sentido puede tener sanar una ilusión? La sanación, si es verdadera, ocurre en la mente, que es lo único que existe y, en consecuencia, lo único que puede sanar. Las maravillas que pueden hacer los milagros en el mundo —o la sanación del cuerpo— son los resultados que contempla en su sueño una mente que ha sanado, pero que todavía no ha despertado.
Por eso, es fundamental que entiendas que la mente no debiera jamás buscar la sanación o los milagros con el propósito de sanar el cuerpo o mejorar algo en el mundo. Ese no es el propósito de los milagros ni de la sanación en absoluto, pues, si lo fuera, la mente aún seguiría soñando, creyendo que su sueño es real, y no habría sanado realmente. Los milagros y la sanación son efectos cuya causa es el reconocimiento de la simple verdad: sigues siendo tal como Dios te creó.
¡Criatura de Dios, no temas! No permitas que el sueño del mundo te asuste. El mundo no tiene ningún poder sobre ti, y tampoco contiene nada que te pueda interesar en absoluto. ¡El mundo no es nada! Tú, sin embargo, sí eres real; eres el amado Hijo de tu Padre. Toma perfecta conciencia de que tienes todo el derecho a reclamar tu patrimonio divino en cualquier momento —ahora mismo, si así lo deseas—, pero date cuenta también de que eso debe ser lo único que quieras: el Amor de Dios, y nada más.
Quizás recuerdes estas palabras de Jesús en el Texto: «No hay nada acerca de mí que tú no puedas alcanzar. Yo no tengo nada que no provenga de Dios. La principal diferencia entre nosotros, por ahora, es que yo no tengo NADA MÁS. Eso me deja en un estado de verdadera santidad, lo cual solo es un POTENCIAL en ti» (T-1.P.84.3).
Busca la claridad de entendimiento, busca comprensión, busca la Luz y el Amor de Dios: nada más. Si pones tu mente a ello, tu mundo mejorará, tu cuerpo sanará, pero eso no tiene la más mínima importancia. Si se la das, te habrás vuelto a equivocar. Tu cuerpo no es importante; el mundo no es importante: solo son la representación de tus miedos y aparentes carencias.
Mientras creas estar en el tiempo, míralos de reojo, justo lo suficiente para cumplir con tu expediente mundano; nada más. Aplícate única y exclusivamente a ser feliz. Recuerda que ya se te orientará sobre lo que más conviene con respecto a «lo que no es importante». Esa es la tarea del Espíritu Santo en el mundo. Aunque te sorprenda, Él se encarga tan solo de lo que no tiene importancia; Él se ocupa de las minucias, para que tú puedas despreocuparte, aún en este mundo, y dedicarte a lo que sí importa: a tu función, que es disfrutar de la felicidad que te corresponde como Hijo de Dios y extenderla a otros.
Por eso, Dios puso a Su Guía para que sirviera a Su Santo Hijo en su desvarío.
IV 1 Juan 2:18 «Hijitos, es la última hora; y como habéis oído que viene el Anticristo, ya han venido muchos anticristos, por lo que sabemos que es la última hora».
1 Juan 2:22 «¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Es anticristo el que niega al Padre y al Hijo».
V Fíjate en lo importante que es lo que aquí se dice. Reflexiona sobre ello. Date cuenta de que es crucial que aprendas a desarrollar la comunicación entre la parte inferior de tu mente —en la que normalmente estás instalado todo el tiempo— y la parte superior, donde reside la Voz de Dios. Para ello, tendrás que aprender a preguntar desde el silencio mental y a desarrollar una escucha confiada.
VI Ese lugar es la mente que no acepta las ilusiones.
