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LECCIÓN 212

No soy un cuerpo. Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

1. L-192 «Tengo una función que Dios quiere que yo cumpla».

2Busco la función que me va a liberar de todas las vanas ilusiones del mundo.

3Solo la función que Dios me ha dado puede darme la libertad.

4Esto es lo único que busco y lo único que aceptaré como mío.I

5No soy un cuerpo.

6Soy libre.

7Pues sigo siendo tal como Dios me creó.


I La función que Dios te ha dado no es una tarea mística ni una meta inalcanzable. Es, simplemente, ser feliz. No tiene que ver con hacer grandes cosas en el mundo, ni con alcanzar estándares ajenos. Tiene que ver con hacer lo que haces —sea lo que sea— con alegría, con presencia, y con un espíritu de entrega.

Puedes vivir esa función limpiando el suelo, cuidando a tu familia o escribiendo un libro. La forma no importa tanto como la actitud con la que te entregas a ella. Lo que sabotea esta dicha no es tu trabajo, ni tu situación, sino la idea de que deberías estar en otro sitio, ser otra cosa, o tener algo distinto.

Tu felicidad no depende del escenario externo, sino de cómo decides vivirlo. Y si hoy no logras sentir esa plenitud, no importa: no renuncies a intentarlo. Porque eres libre. Y ese poder —el de elegir desde qué lugar vives lo que vives— nadie te lo puede quitar.

La función que Dios me ha asignado me entusiasma.

Soy muy afortunado y me siento muy feliz.

La vida es perfecta.