Soy el Amor que me creó.
1. Ando buscando mi propia identidad y la encuentro en estas palabras:
2Soy el Amor que me creó.
3Ya no necesito seguir buscando.
4El Amor ha prevalecido.
5Ha aguardado con tanta serenidad mi regreso al hogar que ya no me apartaré por más tiempo de la santa Faz de Cristo.
6Y todo lo que contemplo atestigua la verdad de la identidad que yo pretendía perder, pero que mi Padre ha salvaguardado para mí.
2. Padre,
te doy gracias por lo que soy.
2Te doy gracias por mantener mi identidad intacta e impecable,
en medio de todos los pensamientos de pecado que mi insensata mente inventó.
3Y te doy gracias también por salvarme de ellos.I
4Amén.
I ¿De qué otra cosa tendría que salvarme sino de mis propios pensamientos dementes? ¿Qué, aparte de mis pensamientos, podría afectarme? Y, aun así, ¿pueden esos pensamientos alterar mi verdadera identidad, que Dios creó santa?
Solo tengo un enemigo, y no es otro que la falsa idea que tengo de mí mismo. Hoy reconozco que he debido equivocarme, pues no soy feliz. Y si no soy feliz, es que estoy creyendo algo que no es verdad.
Hoy dejaré de confiar en mi propio criterio y abriré mi mente a la verdad. Renuncio a seguir defendiendo una imagen frágil y limitada de mí mismo, y acepto reconocerme como el Amor que me creó. Esa es la identidad que no puedo perder, la que ha permanecido intacta en la Mente de Dios, esperando a que yo la acepte. Cuando me reconozco como Amor, toda búsqueda termina, pues descubro que lo que anhelaba ya estaba en mí, a salvo, desde siempre.
Soy el Amor que me creó.
En Ti, Padre, lo que soy permanece por siempre igual.
