Ahora buscaré y hallaré la Paz de Dios.
1. En la Paz fui creado.
2Y en la Paz permanezco.
3No puedo cambiar mi Ser.
4¡Cuán misericordioso es mi Padre Dios, que me dio la Paz eterna cuando me creó!
5Ahora no pido más que ser lo que soy.
6¿Cómo se me va a negar esto, cuando es lo que siempre será? I
2. Padre,
busco la paz que Tú me diste para que fuera mía cuando me creaste.
2Lo que me diste entonces debe estar aquí ahora,
pues mi creación ocurrió al margen del tiempo,
y sigue siendo inalterable.
3La Paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente sigue ahí, resplandeciendo inmutable.
4Soy tal como Tú me creaste.
5Solo tengo que invocarte para encontrar la Paz que Tú me diste.
6Tu Voluntad se la dio a Tu Hijo.
I EsteCurso es, en esencia, un manual para tratar con ilusiones, y sobre todo para que transformes la más relevante de todas: la idea que tienes de ti mismo. Ese es su propósito fundamental. Su labor es humilde, pues opera únicamente en el ámbito de la ilusión, y todo lo que enseña carece de necesidad alguna en la realidad.
Jesús es el maestro del ego, y su alumno no es más que una ilusión. Sin embargo, tú, que te identificas por completo con una imagen falsa de ti mismo —que te hace sufrir, buscar consuelo y aferrarte a placeres—, necesitas una guía que responda a tus anhelos, aunque en verdad sean infundados e improcedentes.
El Hijo de Dios no necesita nada; el ego sí. Mientras tu mente no se aquiete y dejes de temer, seguirás persiguiendo una salvación personal que, en última instancia, es imposible, porque tú no eres una persona. Eres el perfecto Hijo de Dios que olvidó reírse de una idea absurda que cruzó su santa mente, y que, al tomarla en serio, inventó el tiempo, el espacio y las cosas materiales para dar fundamento a una condición imposible.
Tú, ego, dispones del poder ilimitado de tus creencias para construir un mundo personal ilusorio del que no puedes escapar mientras te niegues a soltarlo. Ese mundo no existe, pero lo estimas profundamente porque tú mismo lo engendraste, y ese vínculo hace que te aferres a él con fuerza.
En medio de esta situación sin esperanza, Jesús te propone que adoptes nuevas creencias que te conduzcan a despertar a tu verdadera identidad. Entiende, sin embargo, que todo lo que creas o hagas ocurre, o más bien parece ocurrir, en el ámbito de la ilusión.
Para despertar, es imprescindible que cambies la idea que tienes de ti mismo y comiences a alinearla con la verdad. Ninguna creencia que puedas albergar —por santa que parezca— será nunca estrictamente cierta, porque toda creencia es concreta y tu realidad es infinita. No obstante, elegir creencias que se acerquen a la verdad es lo mejor que puedes hacer dentro de tu imposible situación.
La estrategia es simple: lo que te hace sentir bien es bueno; lo que te hace sentir mal es malo. Practica lo bueno y evita lo malo. ¿Puede haber algo más sencillo que eso?
En este mundo encontrarás muchas cosas que reflejan el Amor del Cielo: celébralas y agradécelas. También te enfrentarás a situaciones donde el amor parezca ausente: perdónalas y pon en ellas todo el amor que puedas.
Camina tu camino en paz, con dignidad y certeza. Pase lo que pase y creas lo que creas, eres y siempre serás el amado Hijo de Dios. La Paz que buscas no es algo que debas conquistar, sino reconocer, pues te fue dada desde el principio y permanece intacta en ti.
Ahora buscaré y hallaré la Paz de Dios.
Esa Paz siempre ha estado en mí.
Esa Paz es lo que yo soy.
