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LECCIÓN 233

Hoy entrego mi vida a Dios para que Él la guíe.

1. Padre,

hoy te entrego todos mis pensamientos.

2No quiero quedarme con ninguno de los míos.

3Dame los Tuyos en su lugar.

4También te entrego todos mis actos,

para que pueda hacer Tu Voluntad,

en vez de perseguir metas inalcanzables,

y desperdiciar el tiempo en vanas ilusiones.

5Hoy acudo a Ti.

6Me haré a un lado y simplemente Te seguiré.I

7Sé Tú el Guía,

y yo el seguidor que no cuestiona la sabiduría del Infinito

ni el Amor Cuya ternura no puedo siquiera comprender,

pero que, sin embargo,

es el don perfecto que me concedes.

2. Hoy nos dirige un solo Guía.

2Y le entregaremos a Él este día sin reserva alguna mientras caminamos juntos.

3Este es Su día.

4Y por eso es un día de incontables dones y gracia infinita para nosotros.


I ¿Por qué te complicas la vida? ¿Crees que puedes resolver por tu cuenta las mil complicaciones del mundo? Sabes bien que no puedes, pero lo intentas porque crees estar solo y que todo depende de ti. No caigas en esa trampa: no es así.

Lo que ocurre es que te precipitas y no te detienes a escuchar la respuesta que ya está ahí, deslumbrante ante ti. Tus ojos permanecen cerrados solo porque no te has dado cuenta de que puedes abrirlos en cualquier momento, con tan solo quererlo.

Jesús nos habla en estas lecciones de la meta, no porque supongamos haber llegado, sino precisamente porque no hemos llegado todavía. Son recordatorios constantes de dónde poner la atención y la voluntad. Si a lo largo del día pronuncias estas palabras de corazón, es imposible que tu jornada no mejore de manera espectacular. Te centran, te alinean y te recuerdan qué es lo que realmente quieres.

Solo se te pide un poco de buena voluntad y que abras tu mente a la posibilidad de que existe una Ayuda que no proviene de ti. Invítala a participar en tu vida y cuenta con Ella para todos tus problemas. Esa Ayuda tan solo espera tu aceptación.

No te compliques la vida. No estás solo. Abre tu mente y tu corazón a un Amor que no puedes siquiera imaginar, y confía en que, al seguir a tu Guía, estarás aprendiendo a ser verdaderamente feliz.

Hoy entrego mi vida a Dios para que Él la guíe.

Camino confiado, dejando que Su Voluntad me conduzca.