El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda pérdida.
1. El perdón nos presenta la imagen de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, la idea de perder se ha vuelto imposible y la ira no tiene sentido.
2El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin.
3¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? I
4¿Qué pérdida podría sufrirse?
5El mundo se convierte en un remanso de dicha, abundancia, caridad e infinita generosidad.
6Ahora es tan parecido al Cielo que rápidamente se transforma en la Luz que refleja.
7Y, así, el viaje que inició el Hijo de Dios ha concluido en la misma Luz de la que provino.
2. Padre,
queremos devolverte nuestra mente.
2La hemos traicionado, la hemos aprisionado con una mordaza de amargura y la hemos espantado con pensamientos de muerte y violencia.
3Ahora queremos descansar de nuevo en Ti,
tal como Tú nos creaste.
I Es imposible que algo que has perdonado completamente te siga causando sufrimiento. Perdonar es dejar pasar: soltar de tu mente aquello a lo que has concedido gran importancia porque crees que menoscaba la idea que tienes de ti mismo. Y, en cierto sentido, no te equivocas: tal como te lo cuentas, aquello que crees ser parece haber sufrido un ataque. Si pretendes conservar esa identidad, es natural que te sientas obligado a protegerte o incluso a contraatacar.
Pero este Curso no te pide que actúes de forma irracional ni que niegues la evidencia tal como la percibes; más bien te insta a detenerte, reflexionar y preguntarte si las ideas que sostienen tu pensamiento —y que determinan tu conducta— son verdaderas.
No se te exhorta a perdonar por una meta excelsa y misteriosa que debas aceptar a ciegas. Al contrario: se te invita a reconocer que lo que ahora das por cierto —y que crees sin cuestionar— es falso, y que por eso tu pensamiento es erróneo y tu comportamiento insensato. La prueba es clara: tienes miedo, sufres y no eres feliz.
La raíz del problema es que la idea que tienes de ti mismo, piedra angular de todo tu sistema mental, es falsa. Tal vez esa idea esté en peligro, pero tú no. Por eso, el perdón consiste en dejar pasar no solo las afrentas y resentimientos, sino también —y sobre todo— la idea que tienes de ti mismo. Si sueltas el mundo pero conservas esa idea, te quedarás con el ego “a palo seco”: una experiencia de vacío y horror absolutos.
El mundo, con todo su aparente conflicto, es en realidad una distracción que el ego utiliza para no enfrentarse a sí mismo. Si desapareciera el mundo pero quedara intacta tu autoimagen, experimentarías el infierno psicológico del ego aislado.
El perdón auténtico, por tanto, no es selectivo. Implica pasar de todo lo que crees que es importante —bueno o malo— y también de toda noción de quién crees ser. Cuando lo haces, no te sumerges en el vacío, sino que te encuentras con lo Real: aquello que no puedes definir ni perder, porque es lo que eres. Entonces comprendes que lo único que puede ser dañado o perderse es tu autoimagen. Tú, jamás.
Pregúntate: ¿alguna vez has dejado de ser tú? Si lo miras con honestidad, verás que lo único que ha cambiado son las historias que te cuentas. Perdonar es dejar pasar esas historias hasta que no quede ninguna. En ese momento, la mente descansa en Dios tal como fue creada, y el sufrimiento y la pérdida se vuelven imposibles.
El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda pérdida.
Descanso en Ti, Padre, y dejo que Tu Luz devuelva la paz a mi mente.
