Que no vea en mí ninguna limitación.
1. Que pueda contemplar hoy al Hijo de Dios y dar testimonio de su gloria.I
2Que no trate de empañar la santa luz que hay en él.
3Que no vea su fortaleza menoscabada y convertida en fragilidad.
4Y que no perciba en él carencias con las que atacar su dignidad.
2. Él es Tu Hijo,
Padre mío.
2Y hoy quiero contemplar su ternura
en vez de mis ilusiones.
3Él es lo que yo soy,
y tal como le veo a él,
así me veo a mí mismo.
4Hoy quiero ver de verdad,
para que por fin pueda identificarme con él.
I ¿Qué quiero ver?
¿Qué quiero conocer?
¿Qué quiero ser?
¿Qué quiero?
Lo que deseo con sinceridad es, inevitablemente, lo que veré, conoceré y experimentaré como mi identidad. Por eso, Padre, hoy quiero ver la Verdad, y solo la Verdad, para que eso —y nada más— sea lo que contemple y reconozca como mío.
Pero para ver la Verdad, antes debo soltar toda definición que me haya impuesto sobre mí mismo. Cada definición es un límite, y definir es, literalmente, poner fin, trazar fronteras. “Soy así”, “soy esto”, “soy aquello”… cada etiqueta con la que me identifico reduce lo que realmente soy a un concepto estrecho y falso. Incluso una afirmación aparentemente elevada, como “soy el Hijo de Dios”, si se pronuncia desde el ego —desde la mente personal que cree saber quién es—, se convierte en una cárcel más, un “límite santo” fabricado por la misma mente que me engaña.
La actitud correcta no es definirme, sino permanecer en la nube del no saber, sin límites autoimpuestos. Porque, mientras conserve cualquier idea fija de mí mismo, el ego la usará en su propio beneficio, apropiándose incluso de las verdades más puras para fortalecer su identidad ilusoria. Su poder de distorsión es tan grande que puede utilizar cualquier concepto, por sagrado que parezca, para mantenerme atrapado en sus formas.
Por eso, al pedir hoy que no vea en mí ninguna limitación, estoy pidiendo renunciar a todas mis definiciones, incluso a las espirituales, para poder mirar sin filtros y contemplar al Hijo de Dios tal como es: libre, ilimitado y real. Y tal como le vea a Él, así me veré a mí mismo.
Que no vea en mí ninguna limitación.
Contemplo la gloria de Tu Hijo y me reconozco en su luz.
