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LECCIÓN 256

Dios es mi única meta hoy.

1. La manera de llegar a Dios es mediante el perdón.

2No hay otra manera.I

3Si la mente no le hubiera concedido valor al pecado, ¿qué necesidad habría de encontrar un camino para llegar a donde ya te encuentras?

4¿Quién podría albergar incertidumbres?

5¿Quién podría no sentirse seguro de quién es?

6¿Y quién podría continuar dormido y sumido en turbias dudas sobre la santidad de aquel que Dios creó libre de pecado?

7Aquí solo podemos soñar.

8Pero podemos soñar que hemos perdonado a aquel en quien todo pecado es imposible, y esto es lo que elegimos soñar hoy.

9Dios es nuestra meta, y el perdón es el medio por el que nuestras mentes regresan por fin a Él.

2. Y así es,

Padre nuestro,

como queremos llegar a Ti,

de la manera que Tú nos has indicado.

2No tenemos otro afán que oír Tu Voz,

y encontrar el camino que Tu sagrada Palabra nos ha señalado.


I Los sueños no se abandonan muriendo, sino dejando de creer en ellos. Y ¿qué es el perdón sino dejar de creer en el pecado? Tu enemigo no es tu hermano que parece atacarte, ni el mundo atroz que parece oprimirte, ni siquiera tu cuerpo que parece limitarte. Tu verdadero enemigo son tus creencias: esa tendencia obsesiva a pensar que la última ocurrencia de tu mente es verdad.

¡Deja de engañarte a ti mismo! Abandona las historias que te cuentas y quédate en paz. Perdona tus imaginaciones, deja pasar las fantasías, porque ya sabes que no son ciertas. No intentes extraer de ellas un perverso placer, porque la salvación no puede encontrarse en lo ilusorio, sino solo en lo real.

En el sueño del mundo, tú, tu hermano y todos parecéis culpables. Ese es precisamente el argumento del sueño que te cautiva y del que obtienes un falso placer en castigar y castigarte. Ese es el problema: no distingues bien entre el dolor y el placer, y como estás confundido, los confundes. El perdón es la salida de esa confusión. Perdonar es dejar de soñar. Y eso es simple. Solo tú puedes hacerlo difícil.

La manera de llegar a Dios es por medio del perdón. No hay otra. Porque el perdón no es más que dejar pasar las ilusiones, dejar de concederles valor. Si la mente no hubiera otorgado poder al pecado —a las ilusiones—, ¿qué necesidad habría de encontrar un camino para llegar a Dios, si ya te encuentras en Él?

El mayor obstáculo que te separa de Dios no son las cosas del mundo que todavía pueden recordarte Su belleza —un amanecer, una flor, un cielo estrellado—, sino la culpa que proyectas sobre tu hermano. Esa ilusión de pecado es la distracción más poderosa, la que más te aparta de la idea de Dios. Perdonar al hermano en quien el pecado es imposible es el paso más grande hacia tu despertar.

Dios es hoy mi única meta. Este es el ejercicio básico de purificación: enfocar la mente en un solo objetivo. Purificar significa simplificar: elegir solo una cosa, dejar a un lado todos los otros propósitos y centrar la mirada en Dios. Al principio trabajamos con las ilusiones más pesadas, las de la culpa y la condena. Pero más adelante, incluso las experiencias sensoriales se dejan atrás. El camino nos va llevando al interior, allí donde todo se aquieta y Dios revela Su Presencia.

Padre, hoy elijo el perdón como mi único camino hacia Ti.

Que toda ilusión de pecado se disuelva en mi mente, para que pueda recordarte como mi única meta y reconocerme en Tu Amor.