Que recuerde siempre cuál es mi propósito.
1. Si olvido cuál es mi objetivo, viviré confundido e inseguro acerca de mi propia identidad; por lo tanto, mi comportamiento será conflictivo.
2Nadie puede perseguir objetivos contradictorios y tener éxito.I
3Todo lo hará con profunda angustia y sumido en gran depresión.
4Por eso hoy nos proponemos recordar qué es lo que realmente queremos, para así poder unificar nuestros pensamientos y nuestras acciones de modo que tengan sentido, y lograr solo lo que Dios quiere de nosotros.
2. Padre,
el perdón es el medio que Tú has elegido para que nos salvemos.
2Que no olvidemos hoy que no podemos tener otra voluntad que la Tuya.
3Por lo tanto,
nuestro propósito también debe ser el Tuyo,
si queremos alcanzar la paz que Tú has dispuesto para nosotros.
I La unificación de propósito es la piedra angular sobre la que descansa el entrenamiento mental que has emprendido. Para tener éxito en la consecución de una mentalidad milagrosa, capaz de obrar milagros, es imprescindible que tu mente se enfoque en un solo objetivo. Y el objetivo de esteCurso es que recuerdes y asumas la pureza que eres. «Puro» significa solo uno. No hay peligro mayor para tu santa mente que la dispersión, pues cuando la voluntad se divide, se debilita.
Concentrar tu mente en una sola misión te llevará inevitablemente a tu meta, porque, en realidad, cuando tu propósito está claro, la meta ya está alcanzada. La condición imprescindible de todo camino espiritual es la honestidad. Sé honesto contigo mismo, examina tu mente, mira con claridad cuáles son tus prioridades y ordénalas de nuevo. Antepón la misión que Dios te ha encomendado a todas las demás. No necesitas rechazarlas ni luchar contra ellas; simplemente ponlas en segundo plano. Ellas se desvanecerán por sí solas al dejar de recibir tu amor y tu atención.
Dios te ha asignado una misión muy simple: ser feliz. Tu Padre te creó para eso, y esa felicidad también puedes alcanzarla aquí. Pero solo la alcanzarás si la conviertes en tu objetivo prioritario. La confusión proviene de no saber en qué consiste la felicidad. Por eso conviene recordar siempre: la felicidad es dicha en el corazón, paz y luz en la mente, y la certeza absoluta de que ese estado es eterno.
¿Qué puede haber más desconcertante que no tener propósito, que andar a la deriva sin dirección? Es una situación de angustia y desasosiego. Nadie puede perseguir objetivos contradictorios y tener éxito. Todo lo hará con profunda fatiga y depresión. Por eso hoy nos proponemos recordar qué es lo que realmente queremos, y después ir a por ello.
Jesús nos lo repite una y otra vez: «¿Qué es lo que quieres, hermano mío?». Esa es la pregunta clave. Sé honesto, reconoce tu propósito y conságrate a él. En estas últimas lecciones hemos visto cómo todo está unido: quiero la paz, quiero mantener mi mente fija en Dios, quiero recordar siempre mi propósito. En todas está involucrada la voluntad. Esa es la gran enseñanza: usar la voluntad con claridad, no dejarla a la deriva, sino enfocarla en un único propósito.
Padre, que hoy no olvide cuál es mi propósito.
Que mi voluntad se una a la Tuya, para que mi corazón encuentre la paz y mi mente se asiente en la dicha de recordarte.
