Este mundo tan solo dura un instante.
1. Este pensamiento puede expresar que la muerte y el pesar son lo que espera a todo aquel que viene aquí.I
2Pues sus alegrías desaparecen antes de que pueda disfrutarlas, o incluso antes incluso de que llegue a tomar conciencia de ellas.
3Sin embargo, esta es también la idea que no permite que ninguna falsa percepción nos retenga ni represente más que una nube pasajera sobre un firmamento eternamente sereno.
4Y es esta serenidad la que buscamos hoy: clara, evidente y segura.
2. Hoy vamos en busca de Tu santo mundo.
2Pues nosotros,
Tus amorosos Hijos,
hemos perdido el rumbo por un tiempo.
3Mas hemos escuchado Tu Voz,
y hemos aprendido qué hacer exactamente para regresar al Cielo,
y a nuestra verdadera Identidad.
4Y hoy damos gracias de que el mundo tan solo dure un instante.
5Pues queremos ir más allá de ese breve instante,
y llegar a la eternidad.
I En un mundo donde existe la muerte, ella lo gobierna todo, pues la muerte es tan omnipotente como la vida, e incompatible con ella. Allí donde hay muerte, la vida es imposible. Y así, la vida, que es real, no tiene siquiera un aspecto del tiempo en el que manifestarse, salvo como una ilusión en un presente fugaz. Tan pronto nace, muere, pues cambia y se convierte en otra cosa que también ha de morir.
La idea de tiempo encierra en sí la noción de cambio, y el cambio es el rostro de la muerte. ¿Cómo puedes creer en algo que está muriendo constantemente? Para ti, vivir es morir. ¿Y cómo es posible que ser signifique un continuo dejar de ser, desaparecer y perderse? ¿No ves que eso solo puede ser una ilusión?
Este mundo dura tan solo un instante porque tu ego no le permite más que eso. La ilusión de un mundo temporal es como una película compuesta de fotogramas de presentes proyectados en rápida sucesión. Tan pronto aparecen, desaparecen, y esas muertes incesantes dan lugar a la percepción de un espejismo cambiante. El tuyo, en verdad, no es un mundo de sustantivos, pues en él nada se sostiene; es un mundo de verbos, donde todo lo que contemplas son procesos en movimiento constante. El ego aborrece la eternidad, y mientras tu voluntad sea la suya creerás vivir en el tiempo. El ego, esa falsa idea de ti mismo, es una ilusión, y como tal solo puede manifestar su existencia espuria en un ámbito ilusorio. El ego necesita el tiempo; tú, no.
La clave de tu despertar es tu voluntad: ¿qué otra cosa podría ser? ¿No fue ella acaso también la razón de tu sueño de separación? Este es un Curso sobre la voluntad, y solo te pide una cosa: que descubras cuál es en verdad. Y para eso algo sí tendrá que cambiar: tu mente acerca de tu voluntad. Aprender es precisamente eso: cambiar la mente; cambiar de opinión respecto a tu voluntad.
Hijo de Dios, ve hoy en busca del santo mundo de Dios, que es el tuyo. Ciertamente perdiste el rumbo por un tiempo, pero recuerda: el tiempo no existe.
Toda enseñanza espiritual, en el fondo, trata de lo mismo: de que hay dos realidades. Una es ilusoria, la que aquí creemos percibir, marcada por el cambio y, por tanto, por la muerte. La otra es real, eterna, inmutable, y no puede percibirse con los sentidos, sino conocerse y vivirse directamente. Para la mayoría, esta afirmación es solo un relato inspirador, una historia de poder. Pero quienes han tenido experiencias místicas saben por certeza que lo ilusorio es el mundo, y que la verdadera Realidad no puede ser negada.
Ese conocer no se parece al conocimiento del mundo, que consiste en acumular significados y etiquetas. Es un conocimiento por unión, porque el que conoce se convierte en lo que conoce. De ahí la imposibilidad de expresarlo con palabras. Y, sin embargo, desde esa certeza brota el testimonio de quienes señalan que hay otra Realidad.
Así, la misma idea de que «este mundo dura un instante» puede ser vivida con pesar —la voz del ego que se lamenta de la fugacidad y de la muerte— o como motivo de esperanza —la voz del Espíritu Santo que dice: «menos mal que solo dura un instante», porque lo que es eterno te aguarda. La elección está en ti.
Padre, haz que hoy contemplemos la fugacidad de este mundo no con temor, sino con gratitud, sabiendo que Tu Eternidad nos aguarda.
