La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
1. Hoy seguiremos con el tema de la felicidad.
2Esta es una idea clave para comprender qué significa la salvación.
3Tú todavía crees que la salvación requiere que sufras como penitencia por tus «pecados».
4Pero no es así.
5No obstante, eso es lo que inevitablemente pensarás mientras creas que el pecado es real y que el Hijo de Dios puede pecar.
2. Si el pecado es real, el castigo es justo e ineludible.
2Por lo tanto, la salvación solo puede obtenerse mediante el sufrimiento.
3Si el pecado es real, entonces la felicidad debe ser una ilusión, ya que ambas cosas no pueden ser ciertas.
4Los pecadores solo merecen la muerte y el dolor; y es esto lo que piden.
5Pues saben que esto es lo que les espera, que los buscará y que, finalmente, los encontrará.
6Y lo hará en algún lugar, en algún momento y de forma tal que salde la deuda que tienen con Dios.
7Quieren escapar de Él debido a su miedo.
8Mas Él los perseguirá, y no podrán escapar.
3. Si el pecado es real, la salvación tiene que ser el dolor.I
2El dolor es el coste del pecado, y si el pecado es real el sufrimiento es inevitable.
3La salvación debe ser temida, pues matará, pero lentamente, llevándoselo todo antes de conceder el grato favor de la muerte a sus víctimas, que son poco más que huesos cuando ella se apacigua.
4Su ira es inmensa y despiadada, pero totalmente justa.
4. ¿Quién buscaría un castigo tan brutal?
2¿Quién no huiría de la salvación e intentaría por todos los medios ahogar la Voz que se la ofrece?
3¿Por qué habría de tratar de escuchar y aceptar Su ofrecimiento?
4Si el pecado es real, lo que esa Voz ofrece es una muerte en forma cruel, en consonancia con los perversos deseos en los que nace el pecado.
5Si el pecado es real, la salvación se ha convertido en tu acérrimo enemigo; la maldición de Dios sobre ti, que has crucificado a Su Hijo.
5. Hoy ciertamente necesitas practicar con todo tu corazón.
2Estos ejercicios te enseñan que el pecado no es real, y que todo lo que crees que debe resultar del pecado nunca sucederá, pues carece de causa.
3Acepta la Expiación con una mente abierta, una mente que no albergue la creencia persistente de que has hecho del Hijo de Dios un demonio.II
6. El pecado no existe.III
2Hoy practicaremos con este pensamiento tan a menudo como podamos, pues es el fundamento de la idea de hoy.
3La Voluntad de Dios para ti es la felicidad perfecta, porque el pecado no existe y el sufrimiento no tiene causa.
4La dicha es perfectamente apropiada; el dolor no es sino la señal de que te has malinterpretado a ti mismo.
7. No tengas miedo a la Voluntad de Dios.
2Al contrario, dirígete a Ella con la absoluta confianza de que te liberará de todas las consecuencias que el pecado ha provocado en tu febril imaginación.
3Di:
4La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. IV
5El pecado no existe y no tiene consecuencias.
6Así es como debes comenzar tus sesiones de práctica.
7Luego, intenta de nuevo encontrar la dicha que estos pensamientos introducirán en tu mente.
8Dedica gustosamente estos cinco minutos a eliminar la pesada carga que pusiste sobre ti con la demente creencia de que el pecado es real.
8. Escapa hoy de la locura.
2Ya estás en el camino que lleva a la libertad, y ahora la idea de hoy te da alas para acelerar tu avance, y la esperanza de ir aún más rápido hacia la meta de la paz que te aguarda.
3El pecado no existe.
4Recuerda esto hoy, y dite a ti mismo todas las veces que puedas:
5La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
6Esta es la verdad, porque el pecado no existe.
I Si el pecado (de mi hermano) es real, la salvación (la mía) tiene que ser el dolor (de mi hermano).
Esta es la manera de pensar del mundo; pero, si hay algo que la historia ha demostrado, es que no funciona. No resuelve nada: el miedo al castigo no disuade a los culpables de hacer el mal; todo lo contrario, los estimula. Las sociedades más punitivas son también las que albergan más criminales.
Resulta obvio que hay que pensar de manera diferente.II Este es un punto importantísimo en la ontología de este Curso que conviene entender bien.
El razonamiento «moral» del sistema de pensamiento del mundo es, más o menos, el siguiente: tus pecados merecen castigo en forma de sufrimiento para que aprendas que no has de volver a pecar, y pecar es obrar mal a propósito, es decir, infringir las leyes del mundo de manera voluntaria.
Las personas que pecan creen que el mundo es real, creen que sus malas acciones son reales, y también tienen internalizado un cierto sentido de «justicia», el cual les lleva a creer que sus malas acciones merecen un justo castigo que va a causarles un sufrimiento real.
Todo el mundo cree y acepta —también incluso la inmensa mayoría de los estudiantes de este Curso— que las personas que hacen el mal sufren, y que las personas que hacen el bien son felices, porque en el fondo, todo el mundo asume que existe un cierto sistema retributivo que castiga a los malos y recompensa a los buenos. ¿Y no es eso, acaso, lo que nuestra experiencia vital nos confirma constantemente? ¿No nos sentimos bien cuando obramos bien y mal cuando obramos mal?
El principio moral del bien y del mal está tan profundamente arraigado en nuestras conciencias que resulta casi imposible ver que, en verdad, la moral es la base fundacional del ego, su alimento. Recuerda cómo el Génesis describe el nacimiento del ego y de la culpa tras haber comido del fruto del árbol del bien y del mal.
Este Curso, de una manera muy dulce, y con mucha ternura, te insta, de manera vehemente, a que descartes la idea del mal, y de una manera muchísimo más solapada, te anima también a que perdones la idea del bien como algo relativo al mundo.
¿Qué crees, acaso, que significa que el mundo es una ilusión? ¿Qué vas a encontrar en un mundo ilusorio sino ilusiones de mal e ilusiones de bien?
En este mundo no vas a encontrar nada real, porque este mundo no es real. Reflexiona profundamente y date cuenta de que este Curso no es moral. ¿Cómo podría serlo si Dios no lo es? ¿No lo ves?
La moralidad es un código dualista que considera la existencia del bien, y también la de su opuesto, su ausencia: la existencia del mal.
Probablemente ya recuerdas que las ausencias no existen. ¿Cómo iban a existir? Solo una mente confundida podría tenerlas en cuenta.
Este Curso te insta constantemente a que perdones, a que lo perdones todo, porque todo lo que vas a dejar pasar nunca ha estado ahí: ni lo malo, ni lo bueno. Tu mejor experiencia en este mundo es ser testigo de los milagros que tu mente sanada percibirá, pero entiende que esos milagros que verás serán ilusiones, en las que el único componente real es el Amor que los inspira. Recuerda el tercer principio de los milagros. Solo desde esta perspectiva entenderás expresiones como «el pecado no es real» o «el pecado no existe».
Probablemente te esfuerzas mucho en ser una buena persona, pero ¡despierta! ¡No eres una persona! ¡Eres el Hijo de Dios! Cuando este Curso te anima a que perdones, no es con el objetivo de que te conviertas en una buena persona, te lo dice por la sencilla razón de que no hay nada que perdonar; el pecado, la ofensa, el daño, tu resentimiento y tu dolor no son reales. Por eso tienes que perdonarlo todo. No tiene nada que ver con el bien o con el mal. Tiene que ver con la ausencia de realidad del mal.
Este no es un Curso moral, pero tampoco es un Curso amoral. Este es un Curso sobre la Verdad, y la Verdad es el Bien, la Realidad, el Amor infinito de Dios, tu Ser ilimitado, lo Único que existe. Pero mientras creas estar en este mundo, todo eso, para ti, será poco más que unas bonitas palabras, por eso, lo que ahora te conviene es entrenar tu mente personal con paciencia y perseverancia, para que poco a poco se vaya purificando de las creencias temibles que ahora la atenazan.
III 1 Juan 3:5 «Sabéis que él apareció para quitar los pecados, y en él no hay pecado».
IV La idea de hoy es muy simple, muy bonita y muy obvia, pero fíjate que viene respaldada por otra que es básica: el pecado no es real, y por eso no tiene consecuencias. Y quizás te vuelvas a preguntar: ¿cómo es posible entonces que cuando obro mal me siento mal, y cuando obro bien me siento bien?
De nuevo, nada de eso es real, todo lo que interpretas como algo que ocurre en tu mente y en tu sistema emocional son proyecciones de creencias que aparecen en la mente del Hijo de Dios.
La primera creencia —que deriva de la idea de separación— es que tú eres una persona; un ser separado. A esta creencia —falsa, como todas, y madre de las ilusiones— se superponen un sinnúmero de creencias que, si bien no están realmente relacionadas entre ellas, sí lo parecen: las creencias morales.
Ahora, la creencia de ser persona se convierte en la creencia de ser una persona buena o mala, feliz o sufriente, y por eso siempre te sientes como la mente cree que se tiene que sentir. Son los principios morales que alimentan el principio egoico los causantes de lo que tú —ahora persona separada— interpretas como tus emociones. Todo ello no es más que una fábula de la mente. Nada de eso es verdad. Eres el santo Hijo de Dios.
El ego siempre rechazará con horror la noción de ser un efecto, y no una causa, pero confía; tú no eres un ego ni una persona. Tú eres el santo Hijo de Dios, y los pecados que crees reales —tuyos o de otros— no los son. Para asumir eso, la mente separada necesita la Gracia de la fe. El Ser real que tú eres, sin embargo, desconoce totalmente toda esa intriga.
Pero como mente separada, tú necesitarás toda tu buena voluntad y una práctica constante que te conduzcan a sanar tu sueño de terror y lo conviertan en un sueño feliz, una ficción que no es sino la antesala a tu verdadero despertar.
Alégrate, entonces, pues caminas en la buena dirección.
