Para repasar a la mañana y a la noche: L-93 y L-94
1. L-93 «La luz, la dicha y la paz moran en mí».I
2Soy la morada de la luz, la dicha y la paz.
3Les doy la bienvenida al hogar que comparto con Dios, porque soy parte de Él.
2. L-94 «Soy tal como Dios me creó».II
2Permaneceré por siempre tal como fui creado por el Inmutable, a Su semejanza.
3Y soy uno con Él y Él conmigo.
3. A la hora en punto:III
2«La luz, la dicha y la paz moran en mí».
4. A la media hora:
2«Soy tal como Dios me creó».
I Si esta declaración te parece un tanto excesiva y te incomoda enunciarla es porque reconoces que, al menos por ahora, no es ese el caso, formúlala de manera levemente diferente y di:
«Mi voluntad es reconocer que la luz, la dicha y la paz moran en mí, aunque sé que no es eso lo que ahora siento y creo, pero ciertamente eso es lo que quiero ver en mí».
II Tienes motivos para ser feliz porque sigues siendo exactamente igual a como eras cuando Dios te creó. Nada ha cambiado en ti desde entonces: sigues siendo absolutamente perfecto, el santo Hijo de Dios.
Lo que pasa es que se te ha metido en la cabeza una idea rarísima de la que no sabes cómo desprenderte. Piensas que eres un ser humano —lo cual no sabes qué significa exactamente— y que estás en un sitio al que llaman mundo. La situación es un tanto incómoda. Sientes escalofríos cuando piensas en ello, y es normal, porque aquí todo es muy extraño. Te acuerdas vagamente de tu condición anterior, porque te pasas la vida intentando recuperarla, solo que mediante las cosas que vas encontrando por aquí. Y claro, eso no funciona demasiado bien.
En cualquier caso, y mientras dure ese extraño sueño, te conviene recordarte a ti mismo constantemente la verdad. Cada vez que lo hagas, tu corazón se alegrará y te comportarás de manera más sensata. Así que no lo olvides: la luz, la dicha y la paz, en verdad, moran en ti porque sigues siendo tal como Dios te creó.
III De nuevo: hoy, también, intenta ajustarte a estos recordatorios.
