Para repasar a la mañana y a la noche: L-107 y L-108
1. L-107 «La verdad corregirá todos los errores de mi mente».I
2Me equivoco al pensar que puedo sufrir algún tipo de daño.
3Soy el Hijo de Dios, Cuyo Ser descansa a salvo en la Mente de Dios.
2. L-108 «Dar y recibir en verdad es lo mismo».
2Hoy lo perdonaré todo, para así aprender a aceptar la verdad acerca de mí y poder reconocer mi impecabilidad.
3. A la hora en punto:
2«La verdad corregirá todos los errores de mi mente».
4. A la media hora:
2«Dar y recibir en verdad es lo mismo».II
I En la Lección «Hoy me aquietaré y escucharé la verdad», la verdad que se menciona es la luz. Es el aspecto luminoso del ser, tan real y esencial como lo son el amor y la felicidad en Lecciones anteriores. Aquí, el enfoque está en ese componente del ser que ilumina y corrige.
Cuando uno se aquieta, busca la verdad y la recibe, lo que llega es la luz.
Y la luz lo corrige todo.
Los errores de la mente no son realidades, sino sombras: ausencias de verdad, construcciones imaginarias. La luz no lucha contra ellas, simplemente las disipa.
Un ejemplo de esos errores es el pensamiento: «Puedo sufrir algún tipo de daño». Jesús lo pone como ilustración de un error mental. Pero hay muchos más: «Me falta algo», «Estoy en peligro», «Necesito hacer algo para estar completo».
Cuando la luz se hace presente, todo eso desaparece. En ese instante atemporal en el que la mente se aquieta y la verdad se revela, todos los errores se corrigen.
II «Dar y recibir en verdad son lo mismo»
Esta idea, tan simple en apariencia, encierra una comprensión profunda sobre la naturaleza del ser. Dar y recibir son, en realidad, un solo acto, porque el ser, por su misma condición positiva y expansiva, necesita expresarse. Y esa expresión es dar.
El ser, para ser, tiene que dar. Y en el acto de dar, es. No dar sería negarse a existir. Cada vez que se ofrece algo con valor real —amor, paz, comprensión, luz— no solo se da, también se recibe inmediatamente.
Esto es clave: no hay separación temporal entre dar y recibir. No se trata de dar ahora y recibir después. En el momento exacto en que das amor, lo estás sintiendo. En el momento en que ofreces paz, la experimentas. En el instante en que compartes una idea luminosa, esa luz también te alcanza. Eso es más que dar, es compartir la extensión de lo que es.
El dar es lo que mantiene vivo al ser. Por eso, al dar amor, paz o luz, experimentamos lo que realmente somos.
Estos tres —amor, paz y luz— son, una vez más, los tres aspectos esenciales del ser. Y al expresarlos, los reconocemos como propios. Esa es la naturaleza del verdadero dar: un acto que confirma el ser, que expande lo eterno, que revela la verdad.
Como crees que vives en el tiempo, piensas que el tiempo tiene el poder de separar las cosas. No es verdad, pero a ti te lo parece. Crees que las causas están separadas de sus efectos. Pero eso es esperable; en tu mundo imaginario, todo está separado de todo. La idea de que todo está en todo y de que el tiempo no existe no puede ser comprendida por una mente fragmentada.
Este Curso usa palabras, te habla de cosas de este mundo en sus términos, solo porque para ti son relevantes y no entiendes otro lenguaje. Te habla de «dar» y de «recibir» porque para ti estos son conceptos diferentes y significativos. En el Cielo, esa distinción no se entiende en absoluto; en la Realidad solo existe lo que es, lo cual es de una obviedad tan abrumadora que a tu mente limitada se le escapa. Por eso, este Curso te habla como a un niño pequeño: usa símbolos que, si bien no son reales, procuran aproximarte a la verdad.
Aquí se te dice que, cuando quieras tener algo, lo des, porque así lo recibirás. Madura un poquito y date cuenta del esfuerzo que Jesús está haciendo contigo con esa alegoría, para que tu mente infinitamente disminuida entienda la obviedad de Lo Real.
Ser, dar, recibir, amar, crear y conocer es todo lo mismo, pero para ti, no. Bueno, no te preocupes; por ahora basta con que te quedes con las palabras de Jesús y las practiques aquí abajo, y verás que son verdad. Elige cualquier cosa que te parezca muy buena —como el amor o la paz— y comienza a darla a todo el mundo y a manos llenas. Eso bastará para que comiences a entender.
