Se me han confiado los Dones de Dios.
1. Se te ha dado todo.I
2La confianza que Dios tiene en ti es infinita.
3Él conoce a Su Hijo.
4Dios da sin hacer excepciones, y no se guarda nada que pueda contribuir a tu felicidad.
5Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus Dones.
6Mas ¿qué te hace pensar que hay otra voluntad distinta de la Suya?
2. He aquí la paradoja subyacente a la formación del mundo.
2Este mundo no es la Voluntad de Dios, y por eso no es real.
3Pero los que piensan que sí lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad que produce efectos opuestos a los que Él dispone.
4Esto es ciertamente imposible, pero toda mente que contempla el mundo y lo considera real, sólido, fiable y verdadero cree en dos creadores; o, más bien, en uno solo: ella misma.
5Pero nunca en un solo Dios.
3. Quien alberga tan extrañas creencias no puede aceptar los Dones de Dios.
2Debe creer que al aceptarlos, por muy evidentes que puedan llegar a ser, por mucho que se le inste a que los reclame como propios, está siendo empujado a traicionarse a sí mismo.
3Por lo tanto, no le queda más remedio que negar su presencia, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo hizo.
4. Ese es el único hogar que cree conocer.
2Ahí es donde cree que está la única seguridad que puede encontrar.
3Sin ese mundo que él mismo forjó se siente un paria, sin hogar y asustado.
4No se da cuenta de que es precisamente ahí donde en verdad tiene miedo y carece de hogar.
5En su propio mundo ciertamente es un paria vagando lejos de su hogar, tan alejado de él que no se da cuenta de que ha olvidado de dónde viene, a dónde va, e incluso quién es él en realidad.
5. No obstante, los Dones de Dios van con él en su solitario e insensato deambular, aunque él no lo sepa.
2No puede perderlos.
3Mas no quiere ver lo que se le ha dado.
4Sigue vagando, consciente de la futilidad de todo lo que ve a su alrededor, y viendo cómo lo poco que tiene no hace más que menguar mientras avanza hacia ninguna parte.
5Sigue errante en la aflicción y en la miseria, solo, aunque Dios está con él, y con un tesoro tan inmenso que ante semejante magnitud todo lo que el mundo contiene carece de valor.
6. Tiene un aspecto lamentable, el pobre está agotado, rendido, harapiento, con sus pies ensangrentados por el camino pedregoso que recorre.
2No hay nadie que no se identifique con él, pues todos los que vienen aquí recorren su mismo camino y han sentido la derrota y la desesperanza tal como él las siente.
3Pero ¿es realmente trágica su situación cuando ves que está yendo por el camino que él mismo eligió, y que no necesita más que darse cuenta de Quién camina con él y descubrir sus tesoros para ser libre?
7. Eso es lo que tú has elegido ser, lo que tú mismo hiciste para reemplazar la realidad.II
2Este es el ser que defiendes ferozmente contra toda razón, contra toda evidencia y contra todos los testigos con pruebas que te demuestran que tú no eres eso.
3Pero tú no les haces caso.
4Y sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no sea que vislumbres la verdad, te liberes de tu propio engaño y quedes en libertad.
8. Te acobardas por miedo a sentir el toque de Cristo en tu hombro, y a percibir su amorosa mano indicándote que contemples tus dones.
2¿Cómo podrías entonces considerarte un mísero exiliado?
3Él haría que te rieras de semejante percepción de ti mismo.
4¿Dónde queda ahora la autocompasión?
5¿Y qué sería entonces de toda esa tragedia que has montado para aquel a quien Dios creó únicamente para la dicha?
9. Ahora tu miedo ancestral ha salido a la luz, y la Justicia por fin te ha alcanzado.III
2La mano de Cristo ha tocado tu hombro, y ahora sientes que no estás solo.
3Incluso piensas que ese miserable ser que tú creías que eras tal vez no sea tu verdadera identidad.
4Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya.
5Tal vez los Dones que Él te ha concedido sean reales.
6Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo en el más profundo olvido, y recorrer por tu cuenta el camino que elegiste separado de tu Ser no haya conseguido engañar a Dios.
10. La Voluntad de Dios no confronta.
2Simplemente es.
3No es a Dios a quien has aprisionado en tu plan para perder tu Ser.
4Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad.
5Hubo una necesidad que Él no comprendió, y a la que dio una Respuesta.
6Eso es todo.
7Y tú, que ya tienes esa Respuesta, no necesitas nada más.
11. Ahora ciertamente vivimos, pues ahora no podemos morir.
2Al deseo de morir se le ha dado una respuesta, y la mirada que contemplaba la muerte ha sido ahora reemplazada por una visión que percibe que tú no eres eso que pretendes ser.
3Aquel que atiende amorosamente todos tus temores camina contigo con esta única respuesta misericordiosa:
4Eso no es verdad.
5Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te muestra todos los dones que ya posees, y cuando te ves a ti mismo solo y asustado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.
12. Y te recuerda también una cosa más que habías olvidado.
2Pues Su toque te ha hecho semejante a Él Mismo.
3Los dones que posees no son solo para ti.
4Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte.
5Esta es la lección implícita en lo que Él da, pues te ha salvado de la soledad que pretendías encontrar para esconderte de Dios.
6Él te ha recordado todos los dones que Dios te concedió.
7Y también te muestra en qué se convertirá tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.
13. Los dones son para ti, y se te han confiado para que los des a todos los que eligieron el mismo camino solitario del que tú has escapado.
2Ellos todavía no entienden que lo único que están haciendo es perseguir sus propios deseos.
3Eres tú quien ahora les enseña.
4Pues has aprendido de Cristo que pueden recorrer otro camino.
5Se lo enseñas mostrándoles la felicidad que embarga a los que sienten el toque de Cristo y reconocen los Dones de Dios.
6No permitas que el sufrimiento que contemplas a tu alrededor te tiente a no cumplir lo que se te ha confiado.IV
14. Tus suspiros truncarían las esperanzas de quienes buscan en ti su liberación.
2Si lloras, tus lágrimas son las suyas.
3Si estás enfermo, tu enfermedad impide su sanación.
4Si tienes miedo, tus temores les enseñan que los suyos están justificados.
5Tu mano es ahora la que otorga el toque de Cristo.
6Tu mente restaurada es la prueba de que quien acepta los Dones de Dios jamás puede sufrir.
7Se te ha encomendado liberar al mundo del dolor.
15. No lo defraudes.
2Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecer a todo el mundo.
3Dios te ha confiado todos Sus Dones.
4Que tu felicidad sea el testimonio de cómo se transforma la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo.
5Esta es tu misión ahora.
6Pues Dios encomienda a todos los que reciben Sus Dones que los compartan.
7Él ha compartido Su Dicha contigo.
8Y ahora tú vas a compartirla con el mundo.
I Esta lección no es una promesa: es un hecho. Se te han confiado los dones de Dios. No se te ofrecerán, no se te darán si te portas bien, no están en camino. Ya están en ti. El problema, como siempre, es que no lo crees. Y por eso vas por el mundo como un mendigo, pidiendo reconocimiento, afecto, seguridad, como si no tuvieras nada.
Pero lo tienes todo. Absolutamente todo. ¿Qué parte de esto no estás dispuesto a aceptar? Esta es la pregunta clave. Porque mientras sigas jugando al papel de víctima, no podrás ejercer tu función. Mientras mendigues amor, no podrás ofrecerlo. Y si no lo das, no lo conoces.
La lección te recuerda que tu felicidad no es opcional. Es tu testimonio. Tu paz, tu gozo, tu presencia son el mensaje. No hace falta que digas nada. Con ser lo que eres, basta. Pero para eso tienes que aceptar lo que eres. Tienes que dejar de representar ese papel de exiliado espiritual que aún no ha sido llamado. Ya se te ha llamado. Ya se te ha dado. Solo falta que lo uses.
Jesús lo dice sin rodeos: conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecer al mundo. No te escondas. No digas que no estás preparado. No es verdad. La preparación no es tuya. Es Suya. Lo único que se te pide es que no lo niegues. Que aceptes. Que digas: «Sí, está bien. Me fío».
Porque si no lo aceptas, ¿quién lo va a aceptar por ti? Si tú no das el paso, nadie lo puede dar en tu lugar. Pero si tú lo das, el mundo cambia contigo. Porque tú y el mundo no sois dos. Sois uno. Y tú eres su salvador. Esa es tu función: dar lo que se te ha dado. Y cuanto más das, más sabes que lo tienes.
No tengas miedo a ser feliz. No tengas miedo a mostrar tu luz. No creas que el mundo no está preparado. El mundo está hambriento. Hambriento de testigos que no prediquen teorías, sino que vivan en paz. Hazlo por ti. Hazlo por todos. No des lástima. Da testimonio.
II Llamas vida a la opinión que tú tienes sobre la vida. Todos tus estados emocionales gravitan en torno a la opinión que tienes sobre ti mismo, sobre los demás y sobre eso que llamas «vida». Aún no eres plenamente consciente de que solo te relacionas con tus propias opiniones, con nada más. De hecho, no conoces otra cosa. Tampoco has asumido, en absoluto, las primeras Lecciones de esteCurso, en las que se te dice claramente que todas tus opiniones son falsas. Y recuerda: eso es lo único que conoces.
Considera con atención cómo construyes esas opiniones que conforman tu «vida». Tomas un pedacito de aquí, otro de allá, un recuerdo del pasado o algo que has leído o que te han dicho, y con todos esos retales construyes caprichosamente un muñeco remendado al que llamas realidad. No conforme con ello, afirmas y defiendes ante cualquiera que esa es la verdad. Ese engendro, unas veces, te hace feliz, y otras, desdichado; y nunca eres plenamente consciente de que tus emociones las gobierna un Frankenstein de tu propia factura.
Quizás te consuele saber que lo que a ti te ocurre no es una anomalía dentro del colectivo humano; esa es, precisamente, la condición humana. Si hay algo totalmente característico de las personas es su increíble propensión a engañarse a sí mismas. En este mundo nadie se dice la verdad: aquí todo el mundo se cuenta su propia historia, y luego se la cree. Todas las personas hacen eso, y lo hacen todo el tiempo.
Si quieres entender este Curso, debes asumir que nada de lo que se te pasa por la cabeza es cierto; nada, absolutamente nada, jamás. La mente personal no puede conocer la verdad, pues su carácter personal es, precisamente, la condición de su desconocimiento, y todo lo que esa mente concibe es falso. Lo único que la mente puede hacer es creer historias, pues ni sabe ni puede hacer otra cosa. Creer es pensar que lo que imaginas es verdad. Esto ya lo has oído antes, pero aún no lo has entendido bien y, desde luego, no has asumido sus consecuencias.
Imaginar es forjar imágenes, y las imágenes son formas simbólicas de las ideas subyacentes que expresan. Las imágenes siempre están en la mente, pues son fruto de la imaginación. No importa si crees que provienen de un mundo externo que captas por medio de tus sentidos o si piensas que proceden de lo más profundo de tu mente: date cuenta de que lo que las diferencia es tan solo tu opinión, nada más que eso. Admitimos que eso que imaginamos en nuestras fantasías son ilusiones caprichosas, pero afirmamos que eso otro que consideramos externo a nosotros es verdad, y que, además, significa exactamente aquello que interpretamos. ¡Pobre de ti! Todo es lo mismo y nada de eso es cierto. No es más que tu fantasía o, como este Curso diría: el sueño del mundo.
Ante semejante panorama, necesitas orientación; necesitas desesperadamente una guía que te ayude a tomar decisiones y te saque de esta pesadilla. Mas no te preocupes: la tienes. Se encuentra dentro de ti, y no hace falta que le atribuyas ningún carácter esotérico, religioso, espiritual o metafísico, pues es tan consustancial a lo que tú eres que es imposible eludirla.
Piensa en lo siguiente: este Curso afirma que fuiste creado por Dios y que eres fruto de Su Amor; estás hecho de amor, y esa es tu condición. Entonces, aun en tus sueños, todo aquello que resuene con ese amor que eres hará que te sientas bien, y todo lo discordante te causará malestar. Tiene su lógica, ¿no? Pues bien, no necesitas más guía que esa para orientarte en la «vida». Cuando pienses algo que te inspire amor, significa que estás yendo bien; cuando no, rectifica.
Sea lo que sea eso que estés pensando, ten por seguro que no es verdad, porque este mundo es un sueño. Pero si eso que piensas refleja el amor que eres, entonces se trata de un sueño feliz por el que no te costará ningún trabajo transitar. Y si eso que acaba de cruzar por tu mente no te inspira amor, deséchalo inmediatamente, porque, aparte de no ser verdad, no te conviene y te sienta mal.
Todavía, y durante un tiempo, vas a tener que convivir con tus opiniones personales. Si al menos eres consciente de que son caprichosas y falsas, serás capaz de no concederles demasiada importancia. La falta de importancia es, precisamente, lo que hará que no tengan un agarre tan fuerte sobre ti; eso dejará tu mente libre para dirigir tu voluntad a expresar y compartir los Dones de Dios que seas capaz de reconocer, y tu corazón te dirá que ahora estás yendo por el buen camino.
Tu mente y tu voluntad son libres y poderosas, y están plenamente a tu disposición para que hagas con ellas lo que quieras. Siempre ha sido así. Tu vida, tus opiniones y tus circunstancias son fruto de tu voluntad. Por eso, responsabilízate de ellas, toma las riendas de tu mente y elige bien. Nunca te quejes ni te lamentes, porque eso que crees que eres, o eso que crees que te pasa, lo has urdido tú mismo. Y, de la misma manera que lo has hecho, lo puedes deshacer. Creer que tu mente gobierna tu vida es una creencia que —sin ser estrictamente cierta— está alineada con la verdad: te conviene asumirla, y te pondrá en la buena dirección para escapar de tanta fantasía.
III Ese miedo ancestral es el temor de Dios, el cuarto de los Obstáculos a la paz que elTexto comenta en T-19.IV.D
IV El maestro de Dios no puede olvidar jamás que todo el dolor que contempla en el mundo no tiene causa real. Si cae en la tentación de pensar que el sufrimiento de sus hermanos está justificado, será incapaz de sanar a nadie y perderá su mentalidad milagrosa. Entonces, él mismo necesitará un milagro que lo rescate del sueño de aflicción. Eso no significa en absoluto que los maestros de Dios sean indiferentes a los pesares de sus hermanos; todo lo contrario: de hecho, dedican su vida enteramente a llevar el único remedio definitivo para todo sufrimiento. No tienen otra cosa en mente. Saben perfectamente que han venido a salvar el mundo y que su única misión es encontrar, proteger e incrementar su propia felicidad llevándosela a otros.
Esto, obviamente, requiere una gran maestría, pues un mundo doliente es reacio a ser liberado de su penosa condición, ya que fue, precisamente, su propia voluntad la que se la impuso. Pero el buen maestro sabe que su maestría no proviene de él, y escucha confiado y seguro de que se le dirá exactamente lo que tiene que hacer.
