Pongo el futuro en Manos de Dios.
1. Con la idea de hoy damos un paso más hacia una salvación rápida.
2¡Y es un paso gigantesco! I
3Es tan grande la distancia que avanzas que te sitúas casi en el Cielo, con la meta a la vista y los obstáculos superados.
4Ya pisas los prados que te dan la bienvenida ante las puertas del Cielo; un lugar tranquilo de paz donde aguardas con certeza el paso final de Dios.
5¡Qué lejos estamos ya de la tierra!
6¡Qué cerca de nuestra meta!
7¡Y qué corto es el trecho que nos queda por recorrer!
2. Acepta la idea de hoy, y habrás dejado atrás toda ansiedad, los abismos infernales, la negrura de la depresión, los pensamientos de pecado y la devastación que la culpa acarrea.
2Acepta la idea de hoy, y habrás liberado al mundo de toda prisión al romper las pesadas cadenas que cerraban la puerta de la libertad.
3Te has salvado, y tu salvación se convierte en el don que le das al mundo, porque tú lo recibiste.
3. Ya no sientes la depresión ni un solo instante, ni experimentas dolor, ni percibes pérdida alguna.
2Ya no se te ocurre entronizar el sufrimiento y adorarlo con devoción.
3Ya no puedes ni siquiera morir.
4Por eso, entregas a Dios cada instante que pasa, y también el siguiente.
5Este es el tiempo de tu liberación de la tristeza, del dolor e incluso de la muerte misma.
4. Dios sostiene tu futuro, así como tu pasado y tu presente.
2Para Él son lo mismo, y así deberían serlo para ti también.
3Mas en este mundo la progresión temporal sigue pareciendo algo real.
4Por eso no se te pide que comprendas que el tiempo realmente no es secuencial.II
5Tan solo se te pide que te despreocupes del futuro y lo pongas en Manos de Dios.
6Y te darás cuenta de que así también has puesto el pasado y el presente en Sus Manos, porque el pasado ya no te atormentará nunca más y el temor al futuro ya no tendrá sentido.III
5. Libera el futuro.
2Pues el pasado no existe, y el presente, liberado de sus cargas de miseria, aflicción, dolor y pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo escapa del cautiverio de las ilusiones por el que antes transcurría, despiadada e inevitablemente.
3Cada instante, que antes era esclavo del tiempo, se transforma ahora en un instante santo para bendecir al mundo al liberarse la luz que estaba oculta en el Hijo de Dios.
4Ahora el Hijo de Dios es libre, y su gloria resplandece sobre un mundo que se ha liberado junto con él para compartir su santidad.
6. Si consigues ver la lección de hoy como la liberación que realmente supone, no dudarás en esforzarte al máximo para que esa sea siempre tu actitud.
2Cuando se convierta en el pensamiento que gobierne tu mente, en un hábito de tu repertorio para resolver problemas, en un recurso con el que respondas de inmediato a toda tentación, extenderás lo que has aprendido al mundo entero.IV
3Y cuando aprendas a ver la salvación en todas las cosas, el mundo percibirá que se ha salvado.
7. ¿Qué puede preocupar a quien pone su futuro en las amorosas Manos de Dios?
2¿Qué puede hacerle sufrir?
3¿Qué puede causarle dolor o hacerle experimentar un sentimiento de pérdida?
4¿Qué puede temer?
5¿Y cómo va a contemplarlo todo sino con amor?
6Pues quien ha escapado del temor al dolor futuro ha encontrado el camino hacia la paz presente, y la certeza de que jamás podrá sentirse amenazado por el mundo.
7Ahora está seguro de que, aunque todavía pueda percibir erróneamente, nunca le faltará corrección.
8Es libre de elegir de nuevo cuando se engaña a sí mismo; de cambiar de opinión cuando se equivoca.
8. Pon, pues, tu futuro en Manos de Dios.
2Pues así pides que el recuerdo de tu Padre regrese a ti para que reemplace todos tus pensamientos de pecado y maldad por la verdad del amor.
3¿Piensas que el mundo no se beneficiaría con ello, y que toda criatura viviente no respondería con una percepción sanada?
4El que se encomienda a Dios pone también el mundo en las mismas Manos a las que él ha recurrido en busca de consuelo y seguridad.
5Ha dejado a un lado las enfermizas ilusiones del mundo junto con las suyas, y ofrece paz al mundo y a sí mismo.
9. Ahora sí que nos hemos salvado.
2Pues ahora descansamos despreocupados en Manos de Dios, seguros de que solo nos puede acontecer el bien.
3Si lo olvidamos, se nos hace recordar con dulzura.
4Si cruza nuestra mente un pensamiento de rencor, lo veremos reemplazado por el reflejo del amor.
5Y si sentimos la tentación de atacar, apelamos a Aquel que vela nuestro descanso para que tome por nosotros la decisión que nos aleja de la tentación.
6El mundo ha dejado de ser nuestro enemigo, pues nosotros hemos decidido ser su amigo.
I Esta Lección es la última identificada como «paso gigantesco» del Libro de Ejercicios. Repasa la nota de la Lección 61 para ver una lista completa de los pasos gigantescos.
Es muy probable que esta Lección se convierta en una de tus favoritas, pues es increíblemente poderosa y sus resultados se experimentan en el mismo instante en que haces el pronunciamiento.
Pon tu futuro en Manos de Dios de todo corazón. Entrega a tu Padre todas tus preocupaciones y todas tus incertidumbres. Sé humilde y reconoce que, si el futuro te agobia, necesitas ayuda. ¿Y a quién mejor puedes recurrir que a tu Padre, que te creó con amor y que te sigue amando con el mismo Amor que siempre?
En esta vida puedes dudar de todo, pero nunca del Amor y la Ayuda de tu Creador. Dudar de Su Amor y Su Cuidado es el infierno, pues no hay otro infierno que ese, y confiar en Su Amor y Su Cuidado es el Cielo, pues tampoco hay otro Cielo que ese.
Sin Dios solo puede haber fantasías, que inevitablemente se truncarán y se convertirán en pesadillas, pero en Dios… no hay palabras que puedan expresar lo que eso significa.
Es difícil —ciertamente es muy difícil— describir la paz que conlleva confiar en Dios; de hecho, es imposible. Quizás solo se pueda decir, de manera muy simple, que confiar en Dios es la salvación instantánea, y esto es literal, no es ninguna exageración. Además, ten en cuenta que es algo que no requiere de otra cosa que de tu voluntad.
Tu decisión de poner tu futuro en Manos de Dios te sitúa de manera inmediata a las puertas del Cielo. Es el recurso más fácil y más rápido para dejar atrás toda ansiedad, todo miedo y todo dolor. ¿Cómo no vas a enamorarte de esa fórmula? ¿Cómo no vas a recurrir a ella en todo momento?
No tienes que traer a tu mente este pensamiento únicamente cuando te sientes agobiado, tentado o amenazado; no, de hecho, conviene que te vayas familiarizando con la idea cuando te sientes bien, seguro y a salvo. Poner el porvenir en Manos de Dios en todo momento es la manera de reivindicar la filiación que te corresponde y a la que tienes derecho.
Comienza ya a establecer una relación familiar con Dios, pues es tu Padre. Esa relación, poco a poco, irá conformando y rescatando tu verdadera identidad. Si comienzas ahora mismo y de manera constante a delegar en Dios todas tus inquietudes, llegará un momento en el que, para ti, sentirte Hijo de Dios será algo natural y sustituirá a la idea que hoy tienes de ti mismo.
Ten en cuenta que aquello que crees que eres configura de manera absoluta tu percepción, y no hay idea más sublime que reconocer el carácter sublime de tu existencia. En este caso, esta creencia no es una vana fantasía, sino un pensamiento perfectamente alineado con la verdad, incluso si lo considera una mente fragmentada que se ve a sí misma separada del Cuerpo Crístico. Es una creencia profundamente sanadora que disuelve el ego y te lleva hacia Dios.
Eres espíritu, eres eterno, invulnerable e ilimitado; eso es un hecho, pero la mente separada que se adhiere a una identidad personal no lo conoce, porque no puede conocer, solo puede creer. Por eso te conviene creer en ideas verdaderas, que, si bien en sí mismas no son la verdad, sí la reflejan. Instalarse en las ideas que este Curso te presenta es la manera más efectiva para ponerte a disposición del paso final que Dios dará por ti y para ti.
Tu identidad personal es como un barquito que navega por el río de la vida, que tiene su propio fluir. No vayas contracorriente, aparta las manos del timón y mira confiado el horizonte, disfrutando del vaivén de las olas y de las nubes del Cielo. No pasará mucho tiempo para que descubras con sorpresa que el navío ha desaparecido y que tú eres el río, el Cielo, el viento y el sol.
Esta lección no es solo una idea bonita: es una herramienta. De hecho, es una de las más potentes que te ofrece el Curso para lidiar con un tipo muy específico de sufrimiento: la ansiedad por el futuro. Jesús no se anda con rodeos: si de verdad aceptas esta idea, toda incertidumbre desaparece. Toda ansiedad, todo temor al resultado, todo miedo al fracaso se disuelve. ¿Por qué? Porque has soltado el control. Has dejado de intentar manejar lo incontrolable. Has reconocido que no sabes lo que más te conviene, y has entregado la agenda.
Y no es una metáfora. Es literal. Cuando repites de corazón: “Pongo el futuro en manos de Dios”, estás soltando el eje mismo de toda ansiedad: la expectativa de que algo pueda salir mal. Si lo dices con sinceridad, es imposible que al mismo tiempo sientas miedo. Son estados mentales incompatibles. Esta es una de esas ideas que no necesitas creer para comprobar que funciona: solo tienes que practicarla.
La clave está en el uso: no es una frase para repetir sin compromiso, sino una herramienta para aplicar cuando el miedo se presenta. Funciona, pero solo si la usas con seriedad, como quien aprende a manejar un instrumento preciso. No basta con decirla: hay que detenerse, entrar en contacto con el miedo que surge, y elegir conscientemente entregarlo. No para evitar responsabilidades —tienes que hacer la maleta, tomar decisiones, enfrentar lo que toque—, pero sí para soltar el peso del resultado.
Además, esta lección revela algo profundo: el miedo a la muerte no viene de la muerte misma, sino de la idea de muerte que cargas en la mente. Lo que te atormenta no es el fin, sino la anticipación del fin. Es la proyección del ego sobre un futuro que no existe. Y esta práctica desactiva exactamente eso: la proyección. Te devuelve al presente, donde estás a salvo.
Si el perdón es la gran herramienta para sanar el pasado, esta lección es el recurso por excelencia para liberar el futuro. El Curso te da ambos: no como ideas, sino como instrumentos. Úsalos. Úsalos con honestidad, con constancia. No esperes a estar en paz para entregarlo todo: entrégalo y verás la paz.
Esta frase no es relleno: es tu salvavidas. Practícala como un profesional del alma. Pruébala cuando no sepas qué hacer, cuando tengas que decidir, cuando no puedas dormir. No como evasión, sino como rendición amorosa.
Y recuerda: el futuro no es tu enemigo, es tu aula. Todo lo que venga será, sin excepción, una oportunidad para amar más o para aprender más. Y si lo ves así, estarás realmente en manos de Dios.
II No se te pide que comprendas que todo ocurre simultáneamente o, mejor dicho, que en realidad nunca ha sucedido.
III Los conflictos del pasado te persiguen en un presente que desperdicias temiendo que sus consecuencias te alcancen en el futuro. Al poner tu futuro en Manos de Dios, en realidad le has entregado la secuencia completa. Pues al entregarle a Dios tu futuro, también pones en Sus Manos tu pasado y tu presente, y así te liberas totalmente de la esclavitud del tiempo.
IV Ese «repertorio» es el conjunto de afirmaciones de esteCurso que tienes en mente siempre a mano porque te resultan especialmente útiles para resolver dificultades. La idea de hoy debe convertirse en un «hábito», un recurso fundamental ante cualquier cosa que te inquiete.
