No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
1. L-188 «La Paz de Dios refulge en mí ahora».
2Me aquietaré y dejaré que la tierra se aquiete conmigo.
3Y en esa quietud hallaremos la Paz de Dios.
4Está dentro de mi corazón, que da testimonio de Dios Mismo.I
5No soy un cuerpo.
6Soy libre.
7Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
I Esta frase puede parecer inalcanzable cuando estás hasta arriba de tareas, tensiones o cansancio. Pero no se trata de sentir una iluminación divina a cada rato, sino de algo mucho más sencillo: aprender a detenerte.
Buscar, aunque sea por un momento, algo que se parezca a la paz. Un silencio mientras friegas los platos. Una pausa al mirar por la ventana. Un suspiro consciente. No importa la forma. Lo importante es el gesto: ese deseo humilde de querer paz, de hacerle sitio, de recordarla.
Porque cuando la evocas —aunque sea por un segundo— ya estás afirmando que sigue ahí, que no se ha ido, que sigue siendo tuya. Y a veces, eso basta… por ahora.
En la Paz de Dios me pierdo,
y en la Paz de Dios me encuentro.
