No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
1. L-196 «Solo me crucifico a mí mismo».
2Todo lo que hago me lo hago a mí mismo.I
3Si ataco, sufro.
4Pero si perdono, se me concede la salvación.
5No soy un cuerpo.
6Soy libre.
7Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
I Esta lección desenmascara el juego cruel del ego: cada juicio que lanzas, cada ataque que proyectas, cada condena que emites, no hiere al otro, te hiere a ti. Porque no hay “otro”. Todo lo que haces, te lo haces a ti mismo. Y cuando atacas, sufres; no por castigo divino, sino por ley interna de la mente que cree en la separación.
El Curso es, en esencia, un entrenamiento para el ego. No le habla a tu Ser, que no necesita corrección, sino al personaje que fabricaste para justificar tu miedo. Y le dice con firmeza: cada crucifixión que ves afuera es tu propia negación de la inocencia, la tuya. Pero hay una salida, clara y radical: el perdón. No el perdón moralista que encubre superioridad, sino el perdón que reconoce que nunca hubo culpa real.
Perdonar es liberarte de tu propia condena. Es soltar la piedra que llevabas en la mano antes de lanzarla. Y entonces recuerdas: no soy un cuerpo, no soy este personaje que sufre y ataca. Soy libre, porque sigo siendo tal como Dios me creó.
Padre, he usado la omnipotencia que me diste para atacarme a mí mismo.
No quiero sufrir más.
Me levantaré y volveré a casa Contigo.
