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LECCIÓN 218

No soy un cuerpo. Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

1. L-198 «Solo mi propia condenación me hace daño».

2Mi propia condenación oscurece mi visión y, a través de mis ojos invidentes, no puedo experimentar la visión de mi gloria.

3Mas hoy puedo contemplar esa gloria y regocijarme.I

4No soy un cuerpo.

5Soy libre.

6Pues sigo siendo tal como Dios me creó.


I Esta lección expone una de las verdades más radicales delCurso: no existe enemigo externo, ni fuerza fuera de ti que pueda dañarte. Todo sufrimiento nace de lo que tú decides creer sobre ti mismo. Tu experiencia es el eco de una historia interior, y esa historia está escrita por tus propias manos.

La condenación no es más que una identidad asumida, una construcción mental que sostienes por miedo a dejar de controlar. Pero esa identidad es precisamente lo que te encarcela. Cambiar tu experiencia no exige un milagro, sino un acto de honestidad: reconocer que te estás haciendo daño al mantenerte fiel a una imagen que no eres tú.

Jesús lo resume con sencillez y firmeza: “¿Qué es lo que quieres realmente?” Porque aquello que elijas es lo que experimentarás. La salvación consiste en darte cuenta de que puedes elegir de nuevo. No hay mayor poder que este: el de concederte una nueva historia, una nueva manera de mirarte. Y cuando lo hagas, no será porque te hayas vuelto más sabio o más puro, sino porque al fin te cansaste de sufrir. Y estuviste dispuesto a recordar que la gloria nunca estuvo perdida—sólo olvidada.

Padre, ya no me juzgo.

Padre, ¡he despertado!

Padre, ¡ahora recuerdo Quién soy!