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LECCIÓN 220

No soy un cuerpo. Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

1. L-200 «No hay más paz que la Paz de Dios».

2Que no me desvíe del camino de la paz.

3Pues cuando voy por otras sendas ando perdido.

4Mas yo quiero seguir a Aquel que me conduce a mi hogar.

5Donde la paz es tan segura como el Amor de Dios.I

6No soy un cuerpo.

7Soy libre.

8Pues sigo siendo tal como Dios me creó.


I Esta lección nos recuerda con impecable claridad que no existe otra paz que la de Dios. Cualquier otra forma de aparente serenidad—condicionada, circunstancial, transitoria—es apenas una tregua en el campo del conflicto, y no una verdadera liberación.

En nuestro estado de confusión, solemos entender la paz como ausencia de guerra, como pausa en la agitación. Pero esa es una definición invertida. En verdad, el conflicto no es más que la negación de la paz, una sombra proyectada por la mente que ha olvidado su fuente.

La paz de Dios, en cambio, es un estado original, una condición de ser que no depende de los vaivenes del mundo ni de los estados del cuerpo. Es eterna, invulnerable y completamente ajena al pensamiento del ego.

“No soy un cuerpo, soy libre, pues sigo siendo tal como Dios me creó.” Esta afirmación no es un consuelo, es una declaración radical de libertad. La paz no se conquista, se recuerda. Está en ti porque está en Dios, y tú no has salido jamás de su Mente.

Padre, ¡qué fácil es seguir el camino hacia ti!

Es inconfundible, porque es el camino de la paz y la felicidad.

Ya no me volveré a equivocar.