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LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y respiro en Él.

1. Dios está conmigo.

2Él es mi Fuente de vida, la Vida que me anima, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y purifica.

3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo.I

4Dios es el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pensamientos y garantiza mi perfecta inmunidad ante todo dolor.

5Me cobija con bondad y me cuida con ternura.

6Y sostiene amorosamente al Hijo sobre el que resplandece, el cual también resplandece sobre Él.

7¡Cuán sereno es aquel que conoce la verdad de lo que Él nos habla hoy! II

2. Padre,

no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otra palabra que Tu Nombre,

cuando venimos en silencio a Tu Presencia,

y solo pedimos descansar Contigo en paz por un rato.III


I Hechos 17:28 «En él vivimos, nos movemos y existimos».

II Esta lección es, ante todo, una oración. No es un discurso ni una explicación: es una invocación directa, una declaración de pertenencia, una confesión de absoluta dependencia amorosa. En sus líneas no hay doctrina ni técnica: solo una entrega silenciosa, confiada, humilde.

Las imágenes son sensoriales: Dios es el aire que respiro, el agua que me renueva, el hogar en el que vivo y me muevo. No se trata de metáforas poéticas sin más, sino de expresiones muy precisas del tipo de experiencia a la que el Curso nos conduce: la vivencia de estar sostenido, protegido, unido a una Fuente invisible, pero infinitamente íntima.

Por eso, más que estudiarse, esta lección pide ser recitada, repetida, saboreada. Su propósito no es informar, sino despertar. De hecho, es posible que al leerla te sientas momentáneamente ajeno a tu antigua manera de pensar, como si te hubieras despojado de la identidad que te atribuías. Esa es la señal de que la lección ha hecho su trabajo: te ha vaciado de tu viejo yo y te ha llevado al silencio donde solo queda Dios.

III Al igual que la oración de la Lección anterior, esta oración contiene la misma instrucción básica de meditación que se encuentra en la Lección 183, donde repetimos el Nombre de Dios excluyendo todos los demás pensamientos y palabras, diciendo Su Nombre como una invitación para que Él venga a nosotros.

Dios es la única Realidad. Incluso en las ilusiones —que es el nombre que le damos a la ausencia imposible de Dios—, el más leve susurro de Su Nombre enciende nuestros corazones, disipa el miedo y nos permite vislumbrar lejanos reflejos de nuestra realidad, que es la Suya.

Dios está conmigo: vivo y respiro en Él.

Su Espíritu me guía y me guarda en paz.