Toda la salvación descansa en mi decisión.
1. Padre,
Tu confianza en mí ha sido tan grande que debo merecerla.
2Tú me creaste y me conoces tal como soy.
3Y, aun así,
pusiste en mis manos la salvación de Tu Hijo,
y dejaste que dependiera de mi decisión.I
4¡Cuán grande debe ser Tu Amor por mí!
5Y cuán grande debe ser también mi santidad,
para que me hayas entregado a Tu Hijo,
con la certeza de que está a salvo Aquel que sigue siendo parte de Ti,
y también parte de mí,
porque es mi Ser.
2. Y así, hoy nos paramos a pensar de nuevo cuánto nos ama nuestro Padre.
2Y cuán querido sigue siendo para Él Su Hijo, que fue creado por Su Amor y lo completa.
I La salvación del mundo y del Hijo de Dios depende de mí, tal como su condena dependió exclusivamente de mí. ¿Cómo no iba a ser así, si en última instancia yo soy lo único que existe? Sin embargo, todavía me resulta difícil aceptar plenamente esta verdad, pues sigo entretenido con mi mundo particular y mis historias personales.
Dios me creó como Él: libre e infinitamente poderoso. Ese poder es mi herencia, y también mi responsabilidad. Hoy elijo honrarlo y usarlo correctamente, revocando la sentencia que impuse al mundo y que lo condenaba a la culpa y al miedo. Tal es mi prerrogativa como Hijo de Dios. Hoy perdonaré al mundo, y así me perdonaré a mí mismo.
Jesús nos recuerda aquí que este es un curso sobre la voluntad. Toda la salvación descansa en mi decisión porque, en realidad, todo lo que experimento es el resultado de mi voluntad. El propósito de este entrenamiento es que mi voluntad deje de sostener el sueño del ego y se alinee con la Voluntad de Dios. Ese cambio de voluntad es el núcleo de la salvación: es lo que permite que la Luz reemplace a la oscuridad, que el Amor sustituya al miedo.
Si Dios confía tanto en mí como para depositar la salvación en mis manos, ¿cómo no voy a confiar yo en el poder y la santidad que Él me dio? Hoy elijo hacer de esa confianza mutua mi guía y mi fuerza, y recordar que en la decisión de perdonar se encuentra la liberación de todo el Hijo de Dios.
Toda la salvación descansa en mi decisión.
Acepto Tu confianza, Padre, y elijo el Amor que me une a Ti.
