Solo veo mi felicidad presente.
1. A no ser que contemple lo que no está ahí, lo único que veré será mi felicidad presente.I
2Y entonces, los ojos que comienzan a abrirse por fin pueden ver.
3Quiero que la visión de Cristo me llegue hoy mismo.
4Pues lo que veo con la manera de ver que inventé es atemorizante y doloroso de contemplar sin la corrección de Dios.
5Mas no voy a permitir que mi mente se siga engañando ni un instante más creyendo que el sueño que yo concebí es real.
6Hoy solo busco mi felicidad en el presente, y no contemplaré nada más que eso.
2. Con esta resolución acudo a Ti,
y te pido que Tu Fortaleza me sostenga hoy,
al hacer solo Tu Voluntad.
2No puedes dejar de oírme,
Padre,
pues lo que te pido ya me lo has dado.
3Y estoy seguro de que hoy veré mi felicidad.
I El presente es el único aspecto del tiempo que es real; todo lo demás es imaginario. Y como la única realidad es la Felicidad, el presente es un tiempo feliz, rebosante de alegría. Sin embargo, la mente egoica no lo percibe, porque no le interesa la felicidad y ha decidido no verla. Prefiere perderse en sus propias imaginaciones: un mundo personal dibujado sobre el prístino lienzo del presente con las tintas del miedo y del deseo. Ese cuadro no es real, esas figuras que aparecen ahí las has puesto tú, y oscurecen la impecable realidad de lo que siempre es.
La mente ensimismada en sus interpretaciones está siempre ocupada en un perpetuo hacer. Incluso piensa que la salvación llegará como resultado de sus esfuerzos. Y, sin embargo, tu contribución al proceso de la Expiación no es tu hacer, sino tu no-hacer. ¿Qué significa perdonar sino dejar pasar el pasado? ¿Qué significa vivir el presente sino abandonar los juicios que lo sustituyen por lo que ya no existe? La felicidad es patrimonio de los que han dejado de esforzarse en fabricar un yo, porque amar no es hacer, sino ser. Y ser es la Felicidad Misma: la extensión natural de un Ser eterno, ilimitado y absolutamente satisfactorio.
El pasado tiene dos efectos: uno es el peso muerto que cargas como una mochila a tus espaldas, llena de resentimientos, definiciones y memorias inútiles. El otro es el velo que ese mismo pasado coloca ante tus ojos, impidiéndote ver la dicha que el presente ya contiene. Solo perdonando te liberas de ambas cadenas: la de la carga que te agota y la de la visión distorsionada que te impide contemplar lo nuevo.
Por eso, hoy se te invita a mirar el mundo con inocencia, como si fuera la primera vez que lo ves. Ciérrate al pasado y ábrete a la sorpresa del presente. Mira a tu alrededor sin juicios, sin expectativas, como un niño que despierta y descubre la vida con ojos nuevos. Entonces sentirás que el mundo, lejos de ser un lugar hostil, se vuelve un reflejo luminoso de tu mente liberada, un espacio donde cada instante trae la posibilidad de un nuevo milagro.
Padre, que hoy suelte toda carga del pasado y contemple con ojos nuevos la felicidad que ya me has dado en este presente.
