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10. ¿Qué es el Juicio Final? y LECCIÓN 311

10. ¿Qué es el Juicio Final?

1. El Segundo Advenimiento de Cristo le concede al Hijo de Dios el don de oír a la Voz que habla por Dios proclamar que lo falso es falso y que lo que es verdad jamás ha cambiado. I

2Y este es el Juicio en el que toda percepción concluye.

3Al principio ves un mundo que ha aceptado que esto es verdad, pues es un mundo que ha sido proyectado desde una mente ahora corregida.II

4Y con esta santa visión, la percepción imparte una silenciosa bendición, y luego desaparece, al haber alcanzado su objetivo y cumplido su misión.III

2. El Juicio Final sobre el mundo no contiene ninguna condena.

2Pues contempla un mundo totalmente perdonado, libre de pecado y sin propósito.

3Y al no tener ahora causa ni función a los ojos de Cristo, simplemente se disuelve en la nada.

4Ahí nació, y ahí también acaba.

5Y todas las figuras del sueño que dio lugar al mundo desaparecen con él.

6Los cuerpos no tienen ahora ninguna utilidad; por tanto, también se desvanecen, pues el Hijo de Dios es ilimitado.

3. Tú, que creías que el Juicio Final de Dios condenaría al mundo al infierno junto contigo, acepta esta santa verdad:

2El Juicio de Dios es el don de la Corrección que Él otorgó a todos tus errores, que te libera de ellos, y de todos los efectos que parecían tener.

3Temer la Gracia salvadora de Dios no es sino tenerle miedo a la liberación completa del sufrimiento, al retorno a la paz, a la seguridad y la felicidad, y a la unión con tu propia Identidad.

4. El Juicio Final de Dios es tan misericordioso como cada uno de los pasos del plan que tu Padre dispuso para bendecir a Su Hijo y llamarlo a regresar a la paz eterna que comparte con Él.

2No le tengas miedo al Amor.

3Pues solo el Amor puede sanar todo pesar, enjugar todas las lágrimas y despertar dulcemente de sus sueños de dolor al Hijo que Dios reconoce como Suyo.

4No le tengas miedo a esto.

5La salvación te pide que le des la bienvenida.

6El mundo aguarda tu feliz aceptación.

7Y cuando tú aceptes tu propia salvación, el mundo entero se liberará y se salvará contigo.

5. Este es el Juicio Final de Dios:

2Tú sigues siendo Mi santo Hijo,

por siempre inocente,

por siempre amoroso y por siempre amado,

tan ilimitado como tu Creador,

absolutamente inalterable y por siempre puro.

3Despierta entonces,

y vuelve a Mí.

4Yo soy tu Padre,

y tú eres Mi Hijo.


I T-In.3:2-3 «LO REAL NO CORRE PELIGRO. Y LO QUE CORRE PELIGRO NO ES REAL»

Siempre que lees cualquier declaración de este Curso la juzgas desde la perspectiva del mundo. Por eso, aunque las contemples con cierta benevolencia, en el fondo te resultan inasumibles. Tu «yo» personal jamás podrá aceptarlas de corazón porque pertenecen a un ámbito que le es completamente ajeno. Tu mente está siendo testigo de la confrontación de dos sistemas de pensamiento totalmente opuestos, y aunque finalmente se decantará por la verdad, mientras tanto tendrás que atravesar la incomodidad de sostener ambos en simultáneo. Ese tiempo de tensión se acorta eligiendo bien y eligiendo pronto.

Lo falso no es tan falso para ti como lo que este Curso afirma, y la razón es que lo percibes. La percepción es el efecto de «querer percibir», de modo que aceptar que el mundo que percibes es una ilusión va en contra de lo que ahora parece ser tu voluntad. El propósito del Curso es ayudarte a reconocer cuál es tu verdadera voluntad, acelerando ese proceso. La honestidad de admitir dónde te encuentras y cuáles son tus querencias actuales no puede sino favorecerlo. No te mientas: no digas que deseas el Cielo cuando lo que quieres de corazón es que te toque la lotería. Sé honesto, acéptate como eres y confía. No temas, porque serás salvado de todos tus desvaríos.

De acuerdo con la cosmogonía de este Curso, el Primer Advenimiento es el comienzo intemporal de la Creación. Pero como lo intemporal no puede comprenderse desde una mente fragmentada que opera en el tiempo, solo se lo puede describir en palabras como algo que «fue, es y será» en el eterno presente. El Segundo Advenimiento, en cambio, representa el final de la ilusión, lo que en sí mismo lo convierte también en una ilusión.

No despertarás de este sueño asido a ideas abstractas de eternidad, sino mediante el perdón. Despertarás en el Amor, que es tu origen y tu verdad. Por eso no es necesario comprender las paradojas: basta con perdonar tu incomprensión y confiar en la Voz que te asegura tu inocencia, tu pureza inmaculada y tu absoluta ausencia de culpa. Cuando te reconcilies contigo mismo, perdonar al mundo y verlo como el sueño que es será sencillo. Entonces, por un momento, percibirás el mundo real: un mundo sin culpa que ha perdido su función de engañarte y que luego desaparecerá de tu conciencia al no sostenerlo ya tu voluntad.

El juicio final no es condena sino corrección. Es la visión de un mundo totalmente perdonado, libre de pecado, sin propósito alguno. Y al carecer de causa y de función, simplemente se disuelve en la nada. Lo único que permanece es el Amor, pues el Amor nunca puede perderse. Lo que crees amar del mundo no es el mundo mismo, sino el reflejo del Amor que hay en ti. El mundo es un envoltorio, como una caja con lazos y papeles que solo protegen lo que en realidad deseas: el regalo interior. No confundas el envoltorio con el regalo. No tienes que temer la pérdida, porque el Amor no puede desaparecer.

El aparente apego al mundo nace de haber confundido lo esencial con lo accesorio. Y el miedo a perderlo nace de no haber reconocido aún que lo único que quieres es el Amor que eres capaz de percibir en él. Ese Amor no está en peligro, porque no depende del mundo. Cuando sepas distinguir, la ilusión se desvanecerá sin resistencia, y lo único que quedará será lo Real.

II 2 Pedro 3:13 «Pero, según Su promesa, esperamos un nuevo Cielo y una nueva tierra en los que mora la justicia».

Romanos 8:15-24 «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos Hijos de Dios.Y si somos hijos, también somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.Porque el anhelo ardiente de la Creación es el aguardar la manifestación de los Hijos de Dios.Porque la Creación fue prisionera de la vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;porque también la Creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los Hijos de Dios.Porque sabemos que toda la Creación gime como una, y como una está con dolores de parto hasta ahora;y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.Porque en esperanza fuimos salvados; pero la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve ¿a qué esperarlo?».

III Apocalipsis 21:1 «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más».

Padre, enséñame a no confundir el envoltorio con tu regalo.

Que vea en todo lo que me rodea solo reflejos de tu Amor, y que no tema perder lo que nunca existió.

LECCIÓN 311

Juzgo todas las cosas como quiero que sean.

1. Juzgar se concibió como un arma contra la verdad.

2Los juicios te separan de aquello que juzgas y lo apartan de ti.I

3Y así es como haces de eso lo que tú quieres que sea.

4Juzgas lo que no puedes comprender porque no puedes ver la totalidad; por tanto, juzgas falsamente.

5No juzguemos hoy, sino que ofrezcamos nuestros juicios a Aquel que los usa de una manera diferente.

6Él aliviará la agonía de todos los juicios que tú has hecho contra ti mismo y restablecerá tu paz mental ofreciéndote el Juicio de Dios sobre Su Hijo.

2. Padre,

hoy esperamos con una mente receptiva,

para oír Tu Juicio acerca del Hijo que amas.

2No lo conocemos,

y no podemos juzgarlo.

3Por eso,dejamos que Tu Amor decida lo que es Aquel que Tú has creado como Tu Hijo.


I Resulta difícil asumir que una sola idea —y además una idea muy simple— pueda dar lugar a todo un universo. Sin embargo, todo lo que percibes procede de la idea de separación: creer que eres un ser particular, único y aislado. Creer que tu identidad es exclusivamente tuya. Aunque no puedas decir con certeza qué eres, estás convencido de que todo lo que te rodea no eres tú.

La idea que tienes de ti mismo condiciona por completo tu percepción. Si te ves separado, separas todo, porque proyectas tu autoimagen en todo lo que percibes. La totalidad se convierte en un agregado aparentemente infinito de cosas discretas, aisladas unas de otras y separadas de ti. Y al contemplarlas como ajenas, forzosamente les atribuyes significados: eso es juzgar. Juzgar es dar caprichosamente un sentido a lo que crees que no eres tú, y en consecuencia hacerlo a tu medida.

Juzgar, por tanto, es inevitable para quien se cree separado. Pretender no juzgar mientras sigas viendo cosas externas a ti es imposible. Condenarás inevitablemente todo aquello que consideres ajeno a ti, y lo sentenciarás a la misma soledad, miedo e ira que decretaste sobre ti mismo.

No existe otro miedo que el de sentirse solo y separado; la soledad es la raíz de todos los temores. Y no existe otra sanación que la unión: la idea que sustenta al Amor. Todo este Curso gira en torno a esas dos ideas: unión y separación. Una es verdadera y la otra falsa; reconocer esto basta para tu salvación.

Mira hoy al mundo de una manera diferente. Dale la bienvenida a todo lo que percibes. Invita a cada cosa y a cada persona a regresar a su hogar: tu santa mente. Te resultan familiares porque tú los concebiste, son tus propios hijos, las formas de tu fantasía. No rechaces al mundo: míralo con Amor y permite que se disuelva en tu perdón.

Juzgar fue concebido como un arma contra la verdad, pues divide y aparta. Pero en realidad, ¿qué juzgas? Solo juzgas la calidad de la historia que te has contado. Proyectas una película, la ves y dices: «Qué hermosa», o «Qué terrible». En cualquier caso, siempre se trata de una historia. La resonancia emocional de tu propio relato es lo que determina tu juicio.

Por eso, el único juicio verdadero que puedes hacer sobre cualquier cosa es: «Esto es una historia, y no es verdad». Ese es el juicio final sobre el mundo: verlo como un sueño, como un conjunto de relatos que no son reales. Y, tras reconocerlo, puedes decir: «Lo único que quiero es la Realidad». La Realidad que hay en ti, la Realidad que tú eres.

Padre, líbrame de juzgar mis propias historias y recuérdame que solo tu Amor es verdad.