Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
1. L-163 «La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre».I
Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
2. L-164 «Ahora somos Uno con Aquel que es nuestra Fuente».II
Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
I No entiendo lo que significa la muerte.
La muerte no existe. No como idea, no como metáfora, no como esperanza. Simplemente no es real. Y esa afirmación, si se acepta, lo desmantela todo. Porque si la muerte no es real, el miedo pierde su justificación, la culpa su propósito, y el tiempo su sentido. El ego, que ha edificado su reino sobre esa premisa, se queda sin suelo.
No se trata de negar la percepción de la muerte, sino de cuestionar su fundamento. Jesús no dice que no duela, ni que no la veamos; dice que no existe. Que es un pensamiento que no proviene de Dios, y por tanto, carece de realidad. El Hijo de Dios no muere. No puede morir. Lo que muere no es él, sino el ídolo que se creyó ser.
La segunda idea es la consecuencia inevitable de la primera: si no hay muerte, entonces la separación no ocurrió. Y si la separación no ocurrió, seguimos siendo Uno con Aquel que es nuestra Fuente. No como recuerdo poético, sino como estado actual. Ahora. No hay espera, no hay proceso, no hay distancia.
Pero este reconocimiento no llegará mientras se siga pactando con la idea de muerte, aunque sea en formas suaves: sacrificio, pérdida, envejecimiento, culpa. Toda forma de muerte es una defensa contra la verdad. Por eso esta lección no consuela: deshace. No suaviza el miedo: lo deja sin argumento.
Solo hay una libertad real: la de saber que no se está sujeto al tiempo ni al cuerpo. Y esa libertad no se gana. Se acepta.
II ¡Querido hermano, somos iguales y somos uno, por eso te comprendo!
