Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que yo aprenda.
1. La idea de aprender es ajena a Dios.
2Mas Su Voluntad se extiende incluso a aquello que Él no entiende, en el sentido de que dispone que la felicidad que Su Hijo heredó de Él no se vea perturbada, sea perpetua y aumente incesantemente; que se expanda por siempre en la dicha de la creación plena, eternamente abierta y totalmente ilimitada en Él.
3Esta es Su Voluntad.
4Y, de ese modo, Su Voluntad proporciona los medios para garantizar que se cumpla.
2. Dios no ve contradicciones.
2Mas Su Hijo cree verlas.
3Por eso necesita a Uno que pueda corregir su manera errónea de ver, le ofrezca una nueva visión y lo guíe de regreso allí donde toda percepción cesa.I
4Dios no percibe en absoluto.
5No obstante, es Él Quien proporciona los medios por los que la percepción se hace lo suficientemente verdadera y bella como para que la luz del Cielo resplandezca sobre ella.
6Es Él Quien responde a lo que Su Hijo quiere contradecir, y mantiene su impecabilidad por siempre a salvo.
3. Dios no ofrece ningún perdón, pues sabe que el pecado es imposible.II
2Mas permitió que a Su santa Ley del Amor se le diera una forma en la que pudiera ofrecerse al mundo.III
3Y, así, creó a Uno que podía percibir la forma que esta ley debía adoptar para que toda mente que la había olvidado la recibiera tal como existe en el Cielo y en Dios.
4De este modo, Él abarcó incluso aquello que no podía ver ni comprender, dando Su Amor y respondiendo a una pregunta que Su Hijo le formuló, aunque carecía de sentido.IV
4. Aquel a Quien Dios creó para reemplazar con la paz y la dicha el absurdo pensamiento que se introdujo en la mente de Su santísimo Hijo cumple ahora Su función.
2Él reconvierte cada lección que tú pretendes enseñar con odio en una lección de perdón.
3Y así, llevando el odio al amor, el miedo desaparece.
4Ahora la culpa no puede surgir, pues su fuente ya no existe.
5Ahora el propósito de la lección ha cambiado, y ya no suscita culpabilidad.
6El odio ha sido desarraigado por el amor.
5. Estas son las lecciones que Dios quiere que tú aprendas.
2En todas ellas se refleja Su Voluntad y Su amorosa bondad hacia el Hijo que Él ama.
3Cada lección encierra un pensamiento central, que es el mismo en todas ellas.
4Tan solo cambia la forma.
5Es una idea subyacente a circunstancias y acontecimientos aparentemente diferentes, con distintos personajes y temas que parecen reales aunque no lo son.V
6Sin embargo, son todas iguales en su contenido fundamental.
7Y es este:
8Perdona, y verás esto de otra manera.
6. Ciertamente, no parece que toda angustia no sea otra cosa que una falta de perdón.
2No obstante, ese es siempre el contenido subyacente a toda forma que adopte.
3Es esta igualdad la que asegura el aprendizaje, porque la lección es tan simple que finalmente no se puede rechazar.
4Nadie puede esconderse por siempre de una verdad tan evidente, que aparece en innumerables formas y, sin embargo, se reconoce con la misma facilidad en todas ellas si en verdad se quiere ver la sencilla lección que contiene.
7. Perdona y verás esto de otra manera.
2Estas son las palabras que el Espíritu Santo pronuncia en todas tus tribulaciones, en todo dolor, y en todo tipo de sufrimiento.
3Estas son las palabras con las que concluye la tentación y se deja de venerar la culpa.
4Estas son las palabras que ponen fin al sueño del pecado y liberan a la mente del miedo.
5Estas son las palabras con las que la salvación llega al mundo entero.
8. ¿No crees que deberíamos aprender a decir estas palabras cuando nos sintamos tentados a creer que el dolor es real y a elegir la muerte en lugar de la vida?
2¿No crees que deberíamos decirlas al comprender su poder para liberar a todas las mentes de la esclavitud?
3Son palabras que te dan poder sobre todos los acontecimientos que parecen tener poder sobre ti.
4Pues si mantienes estas palabras presentes en tu conciencia, los verás correctamente.
5Y no olvides que estas palabras aplican a todo lo que ves, y a todo lo que cualquier hermano interpreta erróneamente.
9. ¿Cómo puedes saber si estás interpretando mal, o si alguien no está percibiendo la lección que debería aprender?
2¿Parece real el dolor que percibes?
3Si es así, ten por seguro que no has aprendido la lección y que aún hay algo que no has perdonado escondido en tu mente.
4Pues la mente ve el dolor a través de los ojos que ella misma envía para que lo encuentren.
10. Dios no quiere que sigas sufriendo así.
2Él quiere ayudarte a que te perdones a ti mismo.
3Su Hijo no recuerda quién es.
4Y Dios quiere que no olvide Su Amor y todos los dones que Su Amor trae consigo.
5¿Renunciarías ahora a tu propia salvación?
6¿Dejarías de aprender estas sencillas lecciones que el Maestro del Cielo pone ante ti para que todo dolor se disipe y el Hijo recuerde a su Padre?
11. Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendas.
2Él no quiere que quede ningún pensamiento de rencor sin corregir, ni una espina ni un clavo que dañe a su santo Hijo de ninguna manera.
3Él quiere asegurar que su santo descanso siga siendo imperturbable y sereno, sin una sola preocupación en un hogar eterno que cuida de él.
4Y quiere que todas las lágrimas sean enjugadas y no derrame ninguna más.VI
5Pues Dios ha dispuesto que la risa las reemplace, y que Su Hijo vuelva a ser libre.
12. Hoy trataremos de superar en un solo día mil aparentes obstáculos para la paz.
2Permite que la misericordia llegue a ti cuanto antes.
3No postergues su llegada un día más, ni un minuto, ni siquiera un instante.
4El tiempo se hizo para esto.
5Úsalo hoy para lo que es.
6Dedica por la mañana y por la noche todo el tiempo que puedas al servicio de su verdadero propósito.
7Y no emplees menos tiempo del que necesitas para satisfacer tu necesidad más profunda.
8Dedica todo lo que puedas, y luego da aún un poco más.VII
9Pues ahora queremos levantarnos apresuradamente para ir a la casa de nuestro Padre.VIII
10Nos hemos ausentado demasiado tiempo, y no queremos demorarnos más aquí.
13. Y mientras practicamos, pensemos en todas las cosas que nos hemos reservado para resolver por nuestra cuenta, y que hemos mantenido al margen de la sanación.
2Entreguémoslas todas a Aquel que sabe cómo contemplarlas para que desaparezcan.
3La verdad es Su mensaje.
4La verdad es Su enseñanza.
5Suyas son las lecciones que Dios quiere que aprendamos.
14. Hoy, y en los días venideros, dedica cada hora un poco de tiempo a practicar la lección del perdón tal como hoy se te propone.
2Y trata de aplicarla a todo lo que ha ocurrido durante esa hora, para que la siguiente hora quede libre de todo lo anterior.IX
3De este modo, las cadenas del tiempo se desatan fácilmente.
4No dejes que una hora proyecte su sombra sobre la siguiente, y, cuando concluya, deja que todo lo que ocurrió en su transcurso se vaya con ella.
5Así es como permanecerás sin ataduras y en paz eterna en el mundo del tiempo.
15. Esta es la lección que Dios quiere que aprendas:
2Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca un poco más a Él y a la salvación del mundo.
3Y a todo lo que te inspire miedo, responde así:
4Perdonaré, y esto desaparecerá.
5Repite estas mismas palabras ante toda aprensión, ante toda preocupación y ante todo tipo de sufrimiento.
6Y entonces tendrás la llave que abre las puertas del Cielo y trae por fin el Amor de Dios Padre a la tierra para elevarla al Cielo.X
7Este último paso lo dará Dios Mismo.
8No te niegues a dar los pequeños pasos que Dios te pide que des hacia Él.
I Esta figura que evoca la Voluntad de Dios dentro del sueño del mundo es el Espíritu Santo.
II Por algún motivo, este párrafo y el siguiente no aparecen ni en el Urtext, ni en la versión de la FIP ni en ninguna de las versiones derivadas de él; sin embargo, sí figuran en las notas manuscritas de Helen. Esto resulta algo sorprendente, ya que en ellos se expone el origen del Espíritu Santo y Su función como mediador entre lo real y lo imposible.
III La «ley del amor» es, como indica la Lección 344: «Lo que le doy a mi hermano es mi don para mí». Es la primera vez en elCurso que se utiliza la expresión «la ley del amor». Anteriormente, se había denominado «la Ley de Dios»: «VOSOTROS necesitáis la bendición que podéis ofrecerle. No hay manera de que la obtengáis salvo dándola. Esta ES la Ley de Dios, y NO TIENE EXCEPCIONES» (T-7.VII.3:3-5). En el fragmento anterior, la «forma» de dar —y, por ende, recibir— el amor en este mundo es el perdón.
IV La pregunta es: ¿qué pasaría si estuviera separado de mi Padre?
V Esta bellísima Lección te propone la actitud perfecta que te permitirá interpretar correctamente cada acontecimiento de tu vida personal. Todo lo que te ocurre, absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle, son lecciones que Dios quiere que aprendas. Todo lo que experimentas en el sueño del mundo es una enseñanza, porque eso que llamas vida es, en realidad, una escuela para aprender a vivir de verdad.
Ahora no estás vivo; estás soñando. Tu única Vida es en Dios, y esa vida permanece inalterable en la eternidad, tal como tu Padre dispuso. Pero la idea recurrente de estar solo y separado, adherida a un pequeño fragmento de tu santa mente, ha generado en ti un sueño extraño, completamente ajeno a tu verdadera identidad.
Este Curso es la solución a esa situación ilusoria, y el perdón de todo lo que contemplas es el remedio. Fíjate bien: si esa idea se ha incrustado en tu mente por tu libre elección, ¿qué otra solución podría haber sino dejar de quererla? ¿Y qué es el perdón sino eso?
Perdonar es negar el error; es decir «no» a algo que tú mismo has convocado. Es dejar pasar lo que percibes y desentenderte de ello. Perdonar equivale a rechazar las ilusiones, y es, por ello, un concepto esencialmente negativo; por eso no se conoce en el Cielo, pues lo negativo necesariamente es ilusorio e irreal. Sin embargo, aquí, en el reino de las ilusiones, es la solución más benigna a una situación imposible. Dicho de un modo coloquial, es como decirle al camarero —la percepción— que el plato que trajiste —lo que tienes delante— ya no te apetece. Has comenzado a recordar que el alimento que verdaderamente nutre jamás lo hallarás en ese restaurante.
Esta lección te entrena para soltar la resistencia, para dejar de pelear con la vida. Te invita a hacer una inversión interior total: pasar del rechazo a la aceptación, del juicio a la confianza, del miedo a la gratitud. No porque disfrutes el sufrimiento, sino porque sabes que incluso el sufrimiento, en manos de Dios, puede volverse sagrado.
Tu vida es tu programa de estudios. Y no está mal diseñado. No te has equivocado de pareja, ni de trabajo, ni de enfermedad. No estás donde no deberías estar. Estás justo en el escenario que tu mente necesita para recordar el amor. La pregunta no es “¿por qué me pasa esto?”, sino “¿qué quiere enseñarme esto sobre mí?”.
La vida se despliega ante ti en absoluta inocencia. Eres tú —el ego— el sistema referencial que evalúa lo percibido y lo tiñe de miedo y carencia al elegir una percepción distorsionada. La vida no debe inspirarte temor, pues es una pizarra inmaculada para que escribas sobre ella la historia que elijas. La pregunta fundamental es: ¿qué historia quieres contarte?
Este enfoque transforma tu manera de caminar por el mundo. Dejas de ser víctima de lo que te sucede y te conviertes en alumno de cada instante. El resentimiento cede paso a la curiosidad espiritual. La queja se convierte en apertura. Y, poco a poco, desarrollas una confianza nueva: la certeza de que no hay nada que temer, porque todo es parte del plan de retorno.
Da saltos de alegría cuando escuches estas palabras en tu mente, pues son la clave de tu liberación. Mientras tengas ojos para ver y un corazón para sentir, seguirás encontrando ante ti oportunidades maravillosas para perdonar y para escribir en el libro de la vida lo que deseas ser.
Eres totalmente libre para decidir, y tu voluntad tiene el poder de formar tus interpretaciones. Solo necesitas discernimiento para elegir bien, y ese ya te está garantizado por la guía del mejor de los maestros, porque Jesús está a tu lado y el Espíritu Santo está a tu servicio. ¿Qué más podrías requerir?
Nunca olvides: todo mal o carencia que percibas en el mundo lo has puesto tú ante ti. Fuera de ti no hay nada. Tú, Hijo de Dios, gobiernas tu propio universo. ¿Vas a ser rey o mendigo? Siempre te asignas tu propio papel; ahora se te ofrece uno que es la Voluntad de Dios, y consiste únicamente en perdonar y ser feliz. ¿No querrías intentarlo y darle una oportunidad? Si eso no te convence, siempre puedes volver a seguir amargándote la vida; eres libre, recuerda, y esa posibilidad siempre está a tu alcance.
Jesús sabe que a veces te dolerá, que te costará ver el propósito, que querrás tirar la toalla. Pero también sabe que puedes elegir de nuevo. Que puedes confiar incluso cuando no comprendes. Y que si lo haces, si te mantienes con el corazón abierto, descubrirás que todas esas cosas que tanto dolían… se vuelven luz.
Perdona y verás el mundo de otro modo. ¿No te llena de dicha saber que tienes en tus manos la clave de la felicidad? Si tu corazón no se estremece ante una noticia tan gozosa, es porque llevas demasiado tiempo muerto. ¿No querrías resucitar?
¡Dios mío! ¡Eres el santísimo Hijo de Dios! ¿Qué has hecho con tu Vida?
VI Apocalipsis 21:4 «Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor; porque las cosas anteriores ya pasaron». En el pasaje anterior, las lágrimas son enjugadas al aprender a perdonar todo lo que nos sucede.
VII Sé sensible a la urgencia de las palabras de Jesús. No pierdas el tiempo. Ya no te queda ninguna excusa para no ser feliz. Ahora ya sabes exactamente lo que tienes que hacer. El mundo espera ansioso tu perdón mientras se revuelve angustiado en su pesadilla. Tus hermanos sufren. Tus hermanos agonizan, acurrucados, esperando una muerte imaginaria y temblando de miedo. Eres el salvador del mundo. Únete a Jesús y ve en su rescate.
VIII Lucas 15:17-20 «Cuando volvió en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra y yo perezco de hambre! Me levantaré e iré a la casa de mi padre”».
IX Cada hora deberías hacer una breve recapitulación y aplicar la Lección de hoy a cualquier cosa de la hora anterior que te haya molestado, utilizando las palabras «Perdona, y verás esto de otra manera» o «Perdonaré, y esto desaparecerá», y quizás utilizando también la idea del día.
Y deberías hacer lo mismo en los días siguientes, utilizando las palabras de la Lección de cada día. Esta es una nueva instrucción para tu práctica de cada hora, la primera desde la Lección 153: «Y nos sentaremos en silencio a esperarle para escuchar Su Voz, y conoceremos lo que Él quiere que hagamos en la hora venidera; mientras le damos las gracias por los dones que nos dio en la anterior» (L-153.17:2).
X Mateo 16:19 «Y os daré las llaves del reino de los Cielos, y todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo».
