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LECCIÓN 204

No soy un cuerpo. Soy libre.

Pues sigo siendo tal como Dios me creó.

1. L-184 «El Nombre de Dios es mi herencia».

2El Nombre de Dios me recuerda que yo soy Su Hijo.

3Que no soy esclavo del tiempo.

4Que no estoy sujeto a las leyes que rigen el mundo de las ilusiones enfermizas.

5Y que soy por siempre libre en Dios, eternamente Uno con Él.I

6No soy un cuerpo.

7Soy libre.

8Pues sigo siendo tal como Dios me creó.


I Recordar el Nombre de Dios no es un ejercicio místico ni una fórmula sagrada: es un gesto de regreso a ti mismo. Es acordarte de quién eres de verdad, más allá de tus ideas, tus emociones, tus circunstancias. No estás limitado por el cuerpo, el tiempo ni el miedo. Eres tal como Dios te creó: libre, completo, intacto.

Esta lección te pone frente a una verdad simple pero radical: todo lo que crees que te domina —el sufrimiento, la escasez, el conflicto— no viene de Dios, sino de tu mente. Es un hechizo que tú mismo has tejido. Y el Nombre de Dios, cuando lo invocas sinceramente, corta ese hechizo. No porque sea mágico, sino porque al nombrarlo, algo en ti se acuerda.

No eres tu historia ni tus problemas. No eres lo que el mundo dice de ti. Eres el hijo de Dios, y eso sigue siendo verdad, te lo creas o no. Y lo más hermoso es que no necesitas estar iluminado para recordar esto. Basta con que en medio de cualquier día, en cualquier estado, pronuncies ese Nombre con honestidad. A veces, eso es suficiente para que la mente se detenga y el corazón se abra. Y ahí, sin esfuerzo, recuerdas.

El Nombre de Dios me libera de todo lo que yo creía ser,

por eso lo tengo siempre presente en mi mente.

El Nombre de Dios es mi verdadera identidad.