No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
1. L-185 «Quiero la Paz de Dios».
2La Paz de Dios es lo único que quiero.I
3La Paz de Dios es mi único objetivo.
4La meta de todo mi vivir en este mundo.
5El fin que persigo.
6Mi propósito.
7Mi función.
8Y mi vida mientras resida en un lugar que no es mi hogar.
9No soy un cuerpo.
10Soy libre.
11Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
I Esta es una de esas lecciones imposibles de malentender: lo único que realmente quieres es la paz de Dios. Pero como a veces no te atreves a reconocerlo, lo camuflas. La paz se disfraza de planes, objetos o metas: la casa nueva, unas vacaciones ideales, una conversación pendiente, una factura saldada. No es que esas cosas estén mal, pero ninguna es el verdadero deseo.
Todo el tiempo estás buscando paz —la de verdad— aunque no siempre lo sepas. El truco está en reconocerlo: eso que crees desear es solo una forma, un símbolo pobre del único anhelo que realmente te mueve.
Entrena tu mente para ver con claridad. Detrás de cada búsqueda, cada expectativa o frustración, hay una sola petición: paz. Y esa paz no se encuentra afuera, ni se alcanza resolviendo el mundo. Está en ti, y siempre ha estado ahí.
Decir “quiero la paz de Dios” es dejar de engañarte. Es dejar de pedir poco, cuando en realidad lo quieres todo. Es volver a casa.
Ahora sé qué es lo que siempre he estado buscando.
Solo quería la Paz de Dios,
y ahora sé que Su Paz me envuelve,
porque es todo lo que existe.
