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LECCIÓN 234

Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo.

1. Hoy vamos a anticipar el momento en que los sueños de pecado y de culpa desaparecen y alcanzamos de nuevo el santo lugar que nunca abandonamos.

2Entre la eternidad y la intemporalidad ha transcurrido tan solo un breve instante.

3Y ese intervalo fue tan fugaz que no hubo discontinuidad ni interrupción en esos pensamientos que están eternamente unificados en uno solo.

4Nunca ha ocurrido nada que perturbe la Paz de Dios Padre y Su Hijo.

5Hoy aceptamos esta verdad absoluta.I

2. Padre,

te agradecemos que no podamos perder el recuerdo de Ti y de Tu Amor.

2Reconocemos que estamos a salvo.

3Y te damos gracias por todos los dones que nos has concedido,

por toda la amorosa ayuda que hemos recibido,

por Tu eterna paciencia,

y por la Palabra que nos has dado de que estamos a salvo.


I En verdad, no tienes ninguna necesidad de salvación, porque nunca has estado en peligro. Tu realidad siempre ha sido la misma y siempre lo será, pues existes fuera del tiempo, en la eterna intemporalidad de la pura Existencia: que es Dios, que eres tú como Su Hijo y que son también tus Creaciones.

Sin embargo, sí tienes una gran necesidad de salvarte de tus propias creencias falsas: de ese tremendo malentendido que te lleva a percibirte como separado y vulnerable. En última instancia, tú eres el problema y tú eres la solución. Basta con que dejes de hacerte daño pensando cosas que no son verdad acerca de ti mismo.

Jesús, en esta lección, nos invita a anticipar el momento en que los sueños de pecado y de culpa desaparecen. No nos está diciendo que ya lo hayamos logrado, sino que nos adelantemos mentalmente a ese instante y hablemos como si ya hubiésemos despertado. Es un ejercicio de fe: visualizar el final del sueño y permitir que esa visión empiece a moldear nuestra experiencia presente.

Tal vez hoy no puedas decir con total sinceridad: «Gracias, Padre, porque ya te recuerdo», pero sí puedes practicar la disposición a llegar a ese punto. Y esa disposición es la llave. Reconocer que ahora mismo todavía no sientes plenamente esa unión, pero que la anhelas y la anticipas, es un acto de honestidad y, al mismo tiempo, un compromiso con la verdad.

Aceptar que tienes la clave de tu propia felicidad puede parecer difícil si crees que el poder está fuera de ti. Curiosamente, te resultará más fácil reconocer que eres perfectamente capaz de amargarte la vida si así te lo propones. Si esto es cierto, ¿cómo no iba a serlo también su opuesto? Tú puedes elegir dejar de dañarte, y con esa elección empieza el regreso.

Hoy, al “anticipar” el momento de tu retorno, siéntelo como una certeza que se acerca. Aunque todavía parezca un futuro, es en realidad un instante que ya está disponible, esperando únicamente tu plena aceptación.

Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo.

Cuando estoy en paz reconozco que nunca me he separado de Ti.