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LECCIÓN 252

El Hijo de Dios es mi Identidad.

1. La santidad de mi Ser trasciende toda idea de santidad que ahora pueda concebir.I

2Su resplandeciente y perfecta pureza brilla infinitamente más que cualquier luz que haya visto jamás.

3Su amor es ilimitado y tan intenso que alberga dentro de sí todas las cosas en la calma de una quieta certeza.

4Su fortaleza no proviene de los ardientes impulsos que mueven el mundo, sino del infinito Amor de Dios.

5¡Cuán lejos de este mundo debe encontrarse mi Ser y, sin embargo, cuán cerca de mí y cuán próximo a Dios!

2. Padre,

Tú conoces mi verdadera Identidad.

2Revélamela ahora a mí,

que soy Tu Hijo,

para que pueda despertar a la verdad en Ti

y saber que el Cielo me ha sido restituido.


I Yo soy.

Yo existo.

Y si existo es porque he sido creado.

Aunque ahora no lo recuerde, es evidente que he de ser como aquello que me creó.

Si me creó, puedo llamarle Padre.

Yo soy como mi Padre; yo soy Su Hijo.

Y si mi Padre me creó fue porque quiso crearme.

Y si eso quiso, y además yo soy como Él, entonces debe amarme.

Y si me ama, también debe cuidar de mí.

Mi Padre me ama y cuida de mí.

Yo soy Su Hijo, y Dios es Su Nombre.

Yo soy el Hijo de Dios, y nada puede cambiar esta verdad. No hay otro nombre que me describa ni otra identidad que me pertenezca. Todo lo que he pensado de mí, todo lo que me he inventado, todas las imágenes que fabriqué para sustituir a mi Ser, se desvanecen ante esta simple certeza: soy el Hijo de Dios.

Y en esa certeza todo miedo desaparece, porque no puedo estar en peligro si Dios es mi Padre. No puedo estar perdido si Él es mi Fuente. No puedo carecer de nada si Su Voluntad es que comparta con Él la plenitud de Su Amor.

Padre, que hoy no olvide Quién soy.

Que recuerde que Tu Voluntad es también la mía, y que mi Identidad no se encuentra en este mundo, ni en el cuerpo, ni en el tiempo, sino en Ti.