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LECCIÓN 253

Mi Ser gobierna el universo.

1. Es imposible que me pase algo que yo mismo no haya pedido.

2Incluso en este mundo soy yo quien rige mi destino.

3Solo sucede lo que yo quiero. I

4Y lo que no ocurre es porque no quiero que suceda.

5Esto es algo que debo aceptar.

6Pues así es como soy conducido más allá de este mundo, a mis Creaciones, las Extensiones de mi Voluntad en el Cielo, donde mi santo Ser mora con ellas y con Aquel que me creó. II

2. Tú eres el Ser que creó al Hijo,

quien crea como Tú y es Uno contigo.

2Mi Ser, que gobierna el universo,

no es sino Tu Voluntad en perfecta unión con la mía,

que no puede sino ofrecer su feliz beneplácito a la Tuya para que así pueda extenderse hasta Sí Misma.


I Muchas personas que se consideran espirituales buscan la santidad aceptando los «males de este mundo» con resignación, como si fueran pruebas enviadas por Dios. Pero Jesús nos invita a ver algo completamente distinto: lo que ocurre en el mundo no es la Voluntad de Dios, sino la tuya, la voluntad del Hijo de Dios que ha decidido soñar. Dios Padre no concede ilusiones a Su Hijo. Dios simplemente ama. No conoce otra cosa que Su Amor. Y eso es lo que tú eres: Su Hijo y Su Amor.

El mundo que contemplas es el resultado de tu decisión de concederte una voluntad personal e independiente de la de tu Padre. Al hacerlo, imaginaste un escenario de luces y de sombras que no se parece en nada a ti, pues tú eres únicamente luz. El miedo, la sombra y el conflicto son inherentes a la idea ilusoria de estar separado de Dios.

Comprender que las figuras que parecen amenazarte no vienen de fuera, sino que son efecto de tu propia voluntad independiente, es un paso decisivo hacia tu despertar. Pues entonces contemplas cara a cara, y sin miedo, al único enemigo que parecía existir: el ego, esa imagen falsa que fabricaste de ti mismo. Todo lo que percibes es un reflejo de tu decisión. Tu voluntad se cumple siempre, tanto aquí como en el Cielo, pero no olvides que este «aquí» no es real.

No temas a tus falsas creaciones. El Texto enseña que es legítimo y necesario negar el error, y a eso lo llama el uso apropiado de la negación. Por lo tanto: niega el miedo y no temas; niega el pecado y perdona; niega el conflicto y permanece en paz. No temas al mundo, porque lo has hecho tú. Pero tampoco te condenes por ello: perdónate. No ataques a nada ni a nadie que parezca amenazarte, y verás cómo los fantasmas se disuelven en la Paz de Dios, que también es tu paz.

Aprovecha el poco tiempo que aún percibes en este mundo para aprender a ser feliz. Pues aunque aquí la felicidad siempre será un reflejo, este es el único lugar donde puedes comenzar a recordarla. Y recuerda: en el Cielo no puedes «ser feliz», porque en el Cielo tú eres la Felicidad Misma.

II Dios es la idea primigenia de Ser. Ser, existir, extenderse y crear es exactamente lo mismo. El Creador y la Creación son inseparables y constituyen la única realidad.

Dios es el epítome de la simplicidad. La idea de Dios es la más simple posible: la única idea que existe, lo único que existe y que es real. Este Curso llama «Hijo de Dios» a la Extensión de Dios —que es Dios mismo—, y llama «Creaciones del Hijo de Dios» a las extensiones del Hijo. Y esas extensiones son idénticas al Hijo y al Padre, porque comparten la misma Identidad y la misma Voluntad.

La mente egoica no puede comprender la idea de Dios, porque Dios es demasiado simple, demasiado absoluto, demasiado uno. El ego, en cambio, se complace en lo complejo y lo disperso. Solo sabe concebir «algo» que no es «todo». Pero como no existe nada real fuera del todo, ese «algo» no es más que una ilusión: una consideración sin sustancia que puede pensarse pero jamás existir.

No hay conflicto posible entre la Voluntad de Dios Padre, la del Hijo y la de Sus Creaciones. Son una sola Voluntad: la pura manifestación de Ser. Cuando este Curso habla de santidad, de gobierno, de perfección, de unión, lo hace desde nuestra perspectiva dualista, en la que aún creemos en opuestos. Pero en el Cielo no existen opuestos; lo irreal es inconcebible. Allí no hay siquiera noción de atributos positivos, porque lo Real es sin contraste, completo en sí mismo.

La imagen de Dios, el Hijo y las Creaciones del Hijo extendiéndose en perfecta armonía por toda la eternidad es una representación mítica, un símbolo al alcance de nuestra mente, para apuntar hacia la pura idea de Ser: la única Realidad. La mente humana necesita guía y consuelo dentro de su ilusoria existencia. Por eso este Curso utiliza palabras, símbolos, imágenes, que no son la verdad, pero que apuntan hacia ella.

La idea de Ser es absoluta, abstracta y total. La mente humana, en cambio, solo es capaz de percibir diferencias y fragmentos, y así percibe también diferencias donde no las hay, incluso en lo que llama «Seres Celestiales». Pero la verdad es que son Uno. A este lado de la barrera de la ilusión, lo único que podemos contar son mentiras: unas veces malévolas, otras bienintencionadas, pero siempre fantasías.

Padre, que no me detenga en símbolos ni en palabras, sino que vaya más allá de ellos hasta la simple verdad de lo que soy:

Tu Hijo, Tu Extensión, Tu Amor.