Que acalle en mí toda voz, salvo la de Dios.
1. Padre,
hoy quiero oír solo Tu Voz.
2En el silencio más profundo quiero dirigirme a Ti,
para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra.
3No tengo otra oración que esta:
«Vengo a Ti a pedirte la Verdad».
4Y la Verdad no es sino Tu Voluntad,
que hoy quiero compartir Contigo.
2. Hoy no dejaremos que ningún pensamiento del ego dirija nuestras palabras ni nuestras acciones.I
2Cuando nos vengan esos pensamientos, daremos un paso atrás en calma y los observaremos, y luego dejaremos que se vayan.
3No queremos lo que nos aportan.
4Así que elegimos no conservarlos.
5Ahora se han acallado.
6Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios nos habla y nos revela cuál es nuestra Voluntad, pues hemos elegido recordarle a Él.
I La voz del ego es ese diálogo incesante que mantienes contigo mismo. Te resulta tan próximo y familiar que piensas que son tus propios pensamientos. Tu mente se enreda en ellos, absorta, ensimismada, oyéndose solo a sí misma.
Pero ¿cómo vas a poder oír la Voz de Dios si prestas atención únicamente a esa cháchara interminable? Y, más aún, ¿es esa realmente tu voz? ¿O será la del personaje ilusorio con el que te has identificado en este sueño, olvidando que eres el Hijo de Dios?
Para oír la Voz de Dios hay que silenciar primero la del ego. Deja de contarte historias, porque no son más que mentiras. Y precisamente porque no son verdad deben repetirse sin cesar, ya que, si cesaran, el mundo que inventaron se desmoronaría al instante.
No te mereces vivir en un mundo sostenido por mentiras.
Acalla tu mente, permanece en paz y escucha. La Palabra de Dios está siempre disponible para ti, esperando a que dejes espacio para que pueda ser oída.
Padre, enséñame a distinguir Tu Voz de entre todas las voces del mundo, y a callar mi mente para que solo Ella me guíe hacia la verdad de lo que soy.
