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LECCIÓN 255

Elijo pasar este día en perfecta paz.

1. No me parece posible hoy elegir únicamente la paz.I

2Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él.

3Que hoy tenga fe en Aquel que afirma que soy Hijo de Dios.

4Y que la paz que hoy he decidido experimentar dé testimonio de la verdad de lo que Él dice.II

5El Hijo de Dios no puede tener preocupaciones, y debe morar por siempre en la paz del Cielo.

6En Su Nombre consagro este día a encontrar lo que mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como mío y a concederlo a todos los Hijos de mi Padre y a mí mismo.

2. Y así es como quiero pasar este día Contigo,

Padre mío.

2Tu Hijo no te ha olvidado.

3La paz que Tú le diste sigue estando en su mente,

y es ahí donde elijo pasar este día.


I En realidad, todo lo que experimento en el sueño del mundo depende de la idea que tengo de mí mismo. Esa es la razón por la que el mundo que veo es mi propia responsabilidad. Y esa idea que sostengo acerca de mí mismo, a su vez, depende de lo que yo quiero ser, de lo que deseo creer que soy, pues no es más que una creencia.

Mi idea de mí mismo no es mi realidad, que es inmutable. Es simplemente la expresión de mi voluntad en el sueño, la fantasía que elijo representar aquí. Es evidente que puedo usar esa fantasía para atacarme, castigarme y sufrir, pero también puedo elegir la paz y el amor. Yo soy el amo de mi sueño. Soy libre para soñar lo que quiera, y tengo poder para hacerlo. Puedo creer en cualquier cosa: en límites e impotencia, en ser víctima de los demás o de las circunstancias… y así será. Pero la pregunta clave es: ¿qué quiero hacer con mi libertad, con mi voluntad y con mi poder?

Elijo pasar este día en perfecta paz. Y aunque no siempre me parezca posible elegir solo la paz, Dios me asegura que Su Hijo es como Él. De modo que puedo tener fe en Aquel que afirma que soy Su Hijo. La paz que hoy decido experimentar da testimonio de la verdad de lo que Él dice. El Hijo de Dios no puede tener preocupaciones; debe morar por siempre en la paz del Cielo.

Elegir la paz es un acto de voluntad. Es ejercitar la capacidad de decidir qué estado mental quiero habitar. Aquí no tengo delante un modelo encarnado al que imitar, como sería Jesús en persona. Por eso necesito un modelo mental. El Curso me ofrece esa descripción del Hijo de Dios y me pide que lo encarne como si ya lo fuera. Y en ese «como si» está el poder: porque cuando lo evoco, cuando imito esas cualidades, descubro que ya estaban en mí, esperando a ser usadas.

La mente siempre se cuenta historias: de tristeza, de furia, de miedo, de culpa… Y el cuerpo responde con lágrimas o con rabia como si fueran reales. Eso lo hago constantemente sin darme cuenta. Entonces, ¿por qué no usar esa misma capacidad para evocar paz, fortaleza y amor? No hay nada deshonesto en ello. Los estados mentales de sufrimiento no son más auténticos que los de paz: todos son ilusorios. Si puedo evocar un estado negativo y vivirlo como cierto, también puedo evocar la paz y vivirla como real. Esa es la práctica que propone el Curso: un entrenamiento mental, un Raya Yoga, un arte de elegir pensamientos y sostenerlos durante el día.

Por eso hoy me comprometo a vivir como si ya fuera plenamente el Hijo de Dios. A encarnar la paz, aunque mi mente dude. A ejercer mi libertad para elegir de nuevo. Porque la paz no es solo posible: ya está dentro de mí, esperando a que decida vivir en ella.

II Juan 1:7-8 «Este hombre vino para dar testimonio, para dar testimonio de la Luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era esa Luz, pero fue enviado para dar testimonio de esa Luz».

Juan 18:37 «Pilato le dijo: “¿Eres, pues, un rey?” Jesús respondió: “Dices bien que soy rey. Para eso he nacido, y para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz”».

Padre, hoy elijo la paz como mi única meta.

Ayúdame a recordar que mi voluntad es una con la Tuya y que Tu paz es también mipaz.