Que recuerde que Dios me creó.
1. Padre,
yo no me hice a mí mismo,
aunque en mi demencia pensé que así había sido.
2Mas, como soy Tu Pensamiento,
no he abandonado mi Fuente,
y sigo siendo parte de Aquello que me creó.
3Padre mío,
Tu Hijo te invoca hoy.
4Que recuerde que Tú me creaste.I
5Que recuerde mi Identidad.
6Y que mi impecabilidad se alce de nuevo ante la visión de Cristo,
con la cual quiero contemplar hoy a mis hermanos y a mí mismo.
2. Ahora recordamos nuestra Fuente, y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad.
2Santos somos en verdad porque nuestra Fuente no conoce el pecado.
3Y nosotros, que somos Sus Hijos, somos semejantes entre sí y semejantes a Él.
I El de hoy es el cuarto recordatorio consecutivo de las últimas Lecciones.
Estos días los hemos dedicado a recordar:
– Cuál es mi propósito.
– Que Dios es mi meta.
– Que el pecado no existe.
– Que Dios me creó.
Estas cuatro ideas no te piden que creas en nada nuevo, sino que recuerdes lo que ya conoces. No se trata de añadir más creencias, sino de soltar las falsas y regresar a la memoria de lo que eres. Ese recuerdo es el hilo conductor de estas lecciones: Jesús insiste una y otra vez en que ejercites tu voluntad para recordar, porque recordar es el camino de la salvación.
Cuando dejas el cuerpo, ves con claridad lo que ahora se te oculta. Pero es aquí, en esta vida, en el tiempo y en el espacio, donde puedes elegir de nuevo. Por eso este instante es tan valioso: ahora puedes recordar que Dios te creó y que tu verdadera Identidad nunca ha cambiado.
El cuerpo, en este contexto, no es un obstáculo. Es un medio para el aprendizaje, un escenario de entrenamiento donde la mente se reeduca y recupera la cordura. No es necesario odiar al cuerpo ni verlo como un enemigo: basta con comprender que es un sueño, y que su función puede transformarse. Lo que fue fabricado para ocultar al Amor puede ser utilizado por el Espíritu Santo para recordarte que solo el Amor es real.
No te pierdas en curiosidades ni desvíes tu atención a especulaciones innecesarias. El Curso tiene un propósito claro y suficiente: entrenar tu mente para perdonar y, de este modo, recordar tu Identidad en Dios. Esa es tu tarea, aquí y ahora. Y es más que suficiente.
Padre, que hoy recuerde que Tú me creaste, que mi Identidad permanece intacta en Ti y que mi impecabilidad resplandece ante la visión de Cristo.
Que vea hoy a mis hermanos y a mí mismo tal como Tú nos creaste: unidos, santos y eternos.
