El Amor de Dios me rodea.
1. Padre,
Tú estás delante y detrás de mí,
a mi lado,
allí donde me encuentro
y dondequiera que voy.I
2Estás en todo lo que contemplo,II
en los sonidos que oigo
y en cada mano que busca la mía.
3En Ti el tiempo desaparece,
y el espacio se convierte en una creencia sin sentido.
4Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo.
5No hay otra Fuente que Ella,
y no hay nada que no comparta Su Santidad,
nada que esté más allá de Tu única Creación
o que carezca del Amor que alberga todas las cosas dentro de Sí.
6Padre,
Tu Hijo es como Tú.
7Hoy venimos a Ti en Tu Nombre,
para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.
2. Hermanos míos, uníos hoy a mí en esta intención.
2Esta es la oración de la salvación.
3¿No vamos a unirnos en lo que salvará al mundo, y a nosotros con él?
I Salmos 139:5 «Me rodeas por todos lados; tienes puesta Tu Mano sobre mí».
Al igual que los peces no son conscientes del agua en la que viven, tú tampoco te das cuenta de que habitas en el Amor de Dios. El sol ilumina a los planetas que giran en torno a él, pero no es consciente de que es luz. Así mismo, tú no percibes la realidad porque la percepción solo funciona con diferencias y contrastes, mientras que la realidad no cambia: simplemente es.
Eres consciente de lo que te falta o de lo que te sobra, pero no de lo que es. El mundo que ves es una narración de supuestas ausencias de amor, y has entrenado tus ojos para fijarse en esas ausencias e instruido a tu mente para atenderlas.
Deja lo que no existe y celebra lo que sí está ahí. Deja de inventar historias y siente el Amor de Dios en ti. Agradece tu propia existencia. Ese Amor te rodea, te sostiene y te acompaña siempre. Pero no lo experimentarás hasta que lo quieras ver y lo vivas compartiéndolo. Entonces no necesitarás que nadie te convenza: lo sabrás por ti mismo.
«El Amor de Dios me rodea» no es solo una frase poética: es una experiencia. Y la preparación para esa experiencia es un acto de voluntad: querer verla. Hoy puedes elegir unirte a esa intención y decir de corazón: quiero ver el Amor de Dios en todo lo que me rodea. Esa voluntad basta para que empieces a percibirlo en lo que ves, en lo que escuchas, en quienes te acompañan.
Haz la prueba: decide querer ver el Amor de Dios a tu alrededor. Esa sola decisión abrirá tu percepción y te mostrará que siempre ha estado ahí, sosteniéndote.
II Lección 29 «Dios está en todo lo que veo».
Padre, abre mis ojos a Tu Amor y haz que recuerde que siempre estoy a salvo en Ti.
