Un mundo sin significado engendra temor.
1. La idea de hoy es una variante de la anterior, salvo que es más específica en cuanto a la emoción que suscita.
2En realidad, un mundo sin significado es imposible.
3No existe nada que no tenga significado.
4Sin embargo, de esto no se deduce que no creas percibir algo que no tiene significado.
5Por el contrario, eres muy propenso a pensar que sí lo percibes.
2. El reconocimiento de la falta de significado despierta una intensa ansiedad en todos los que se perciben como separados.I
2Representa una situación en la que Dios y el ego se «desafían» mutuamente en cuanto al significado que debe adscribirse al espacio vacío que presenta la falta de significado.II
3El ego se apresura frenéticamente a establecer allí sus propias «ideas», temeroso de que el vacío pueda utilizarse para demostrar su propia irrealidad.III
4Y solo en esto tiene razón.
3. Es esencial, por lo tanto, que aprendas a reconocer lo que no tiene significado como tal y lo aceptes sin temor.
2Si tienes miedo, con toda seguridad dotarás al mundo de atributos que no posee y lo llenarás de imágenes que no existen.
3Para el ego, las ilusiones son recursos que proporcionan seguridad, tal como deben serlo para ti, que te identificas con él.IV
4. Los ejercicios de hoy, que deben hacerse unas tres o cuatro veces durante no más de un minuto como máximo cada vez, deben practicarse de una manera algo diferente a los anteriores.
2Con los ojos cerrados, enuncia la idea de hoy.
3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor lentamente, diciendo:
4Estoy contemplando un mundo que no significa nada.
5Repite esta declaración en silencio mientras miras a tu alrededor.
6Luego, cierra los ojos y concluye con:
7Un mundo sin significado engendra temor, porque pienso que estoy compitiendo con Dios.
5. Tal vez te resulte difícil no poner algún tipo de resistencia a esta declaración final.
2Cualquiera que sea la forma en que se manifieste esa resistencia, dite a ti mismo que la verdadera razón por la que tienes miedo de ese pensamiento es debido a la «venganza» del «enemigo».
3No se espera que a estas alturas creas esta afirmación, y probablemente trates de descartarla por absurda.
4No obstante, toma buena nota de cualquier señal de temor evidente o encubierto que esa idea pueda despertar.V
6. Este es nuestro primer intento de establecer una relación explícita de causa y efecto de un tipo que aún eres muy inexperto en reconocer.VI
2No te entretengas en la declaración final, y no trates siquiera de pensar en ella excepto durante los periodos en que haces el ejercicio.
3Eso será suficiente por ahora.
I Si lo que percibo en el mundo carece de significado, entonces el pensamiento en mi interior que lo originó tampoco lo tiene. Y dado que yo me identifico con mis pensamientos, esto implica que yo mismo carezco de significado, es decir, que no existo.
La ansiedad surge porque, en algún nivel, reconozco que esta falta de significado se extiende a mi propia existencia individual, separada y egoica.
II Esta es una forma de explicar lo que sucede en tu mente, aunque, naturalmente, no es como tú lo percibes. Al haberte identificado con el ego, interpretas los acontecimientos de tu mente desde su perspectiva.
III Esta figura algo grotesca del ego, abalanzándose para asignar significados, no debería sorprenderte, porque eso es precisamente lo que ocurre en tu mente constantemente. Eso es lo que llamas «pensar», «mis pensamientos» o tu «diálogo interno». No es más que el frenesí del ego por conferir significado a las ilusiones.
No es que tu mente haya sido poseída por el ego; eso no es así. El ego no es nada, y tú tienes todo el poder. Lo que sucede es que has elegido escuchar esa voz, que no es más que el efecto en tu santa mente de haber aceptado la idea de la separación, lo que podríamos llamar “el ego como efecto”. Tú eres libre, siempre lo has sido y siempre lo serás. Sin embargo, en tu situación actual, esa libertad reside únicamente en decidir qué voz eliges escuchar.
Tú no generas ni produces los pensamientos que crees tener; simplemente los suscribes. Ese «pensar», por llamarlo de alguna manera, es una figuración automática de tu mente que transforma tus miedos y deseos en «formas». Es similar a lo que ocurre en tus sueños nocturnos: un lenguaje figurativo con el que tu subconsciente se comunica con tu conciencia, una fantasía, una ilusión que puedes optar por considerar real, o no.
La idea de estar separado —el ego como causa— no tiene sustancia porque no es real. Tú, que sí eres real, no estás separado. Sin embargo, sostener esa idea genera en tu mente una burbuja de ilusión a la que llamas mundo personal o identidad personal —el ego como efecto—. No podrás escapar de ella mientras le atribuyas realidad y significado. Esa burbuja ilusoria, tan frágil como una pompa de jabón, se mantiene gracias a tu credulidad, y esa es la razón por la que necesitas el perdón para desvanecerla.
IV Como vimos anteriormente en la primera nota de la L-11, las ilusiones son mecanismos compensatorios que intentan mitigar el horror vacui de una supuesta existencia separada de Dios. Reconocer que lo que contemplas no significa nada exige una honestidad impecable, pero es algo que está a tu alcance y que puedes permitirte.
No temas. No perderás nada real al aceptar esta verdad; solo dejarás atrás las limitaciones imaginarias con las que has construido tu insignificante identidad. No temas la expansión de conciencia que la verdad traerá consigo. Tú no fuiste creado para ser esclavo de una idea absurda y sufriente. Trata de recordar aquello a lo que tu corazón te está llamando. Abandona el miedo y camina con confianza hacia Dios, hacia tu verdadero Ser.
V Ese miedo atávico y profundo que inquieta tu mente no es, en realidad, más que un gesto infantil e irrelevante que de ningún modo ofende a tu Padre. A partir de ese supuesto «pecado original», has creado un enemigo imaginario que te ha llenado de temor y que has ocultado en lo más profundo de tu conciencia. Aunque no está realmente ahí, tu creencia en su existencia basta para que lo percibas como real.
Ahora se manifiestan ante ti los descendientes de ese miedo ancestral, los «hijos de los hijos de los hijos» de aquella fantasía que inventaste al imaginar que habías abandonado tu hogar llevándote unos cuantos «tesoros». Tú eres el hijo pródigo, y seguramente recuerdas cómo termina esa historia.
VI Lo que se te presenta aquí es, nada más y nada menos, el temor a Dios, el último obstáculo a la paz. Estas son palabras mayores, y por eso Jesús te aconseja que no te entretengas con la idea más de lo que es necesario para hacer el ejercicio; tan solo tenla presente, porque es la verdad.
Será en la Segunda Parte de este Libro de Ejercicios donde comenzarás a redimir esta profunda confusión que, literalmente, te está amargando la vida.
