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  • LECCIÓN 105

    La Paz y la Dicha de Dios son mías.I

    1. Tuyas son la Paz y la Dicha de Dios.

    2Hoy las aceptaremos, sabiendo que estos dones son nuestros.

    3Y trataremos de comprender que aumentan a medida que los recibimos.II

    4No son como los regalos que el mundo puede dar, en los que quien da el regalo lo pierde al darlo, y el que lo recibe se enriquece con su pérdida.

    5Esos no son dones, sino tratos hechos de manera culpable.

    6El don que se da de verdad no conlleva ninguna pérdida.

    7Es imposible que uno gane a costa de la pérdida de otro.

    8Pues eso implicaría que los límites y la insuficiencia son conceptos reales.

    2. Ningún don se da así.

    2Tales «regalos» no son más que tratos para obtener un retorno más valioso; préstamos con intereses que hay que pagar en su totalidad; créditos temporales que conllevan el compromiso de devolver una cantidad superior a la recibida.

    3Esta rara distorsión de lo que significa dar impera en todos los niveles del mundo que ves.III

    4Despoja de significado a todo lo que das, y hace que aquello que recibes no te aporte nada.

    3. Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir la noción que tú tienes acerca de dar, para que así puedas recibir.

    2Pues dar se ha convertido en una fuente de temor, y de este modo te privas del único medio por el que puedes recibir. 

    3Acepta la Paz y la Dicha de Dios, y verás aquello que das de forma diferente.

    4Los Dones de Dios nunca disminuyen cuando se dan.

    5Al contrario, aumentan.

    6Al igual que la Paz y la Dicha del Cielo se intensifican cuando las aceptas como un Don de Dios para ti, la dicha de tu Creador aumenta cuando aceptas Su Dicha y Su Paz.

    4. El verdadero dar es la Creación.

    2Dar extiende lo que no tiene límites a lo que es ilimitado, la eternidad a lo que es intemporal y el amor a sí mismo.

    3El verdadero dar añade a una totalidad que ya es completa, pero no en el sentido de añadir más de algo, pues eso implicaría que antes era menos.

    4Dar añade en el sentido de que permite que lo que no puede contenerse cumpla su objetivo de darse a sí mismo todo lo que tiene, incrementándolo y conservándolo así por siempre para sí mismo. 

    5. Acepta hoy la Paz y la Dicha de Dios como tuyas.

    2Permite que Él se complete a Sí Mismo, tal como Él define la compleción.

    3Comprenderás que lo que le completa a Él debe completar también a Su Hijo.

    4Él no puede dar por medio de la pérdida.

    5Ni tú tampoco.

    6Acepta hoy Su Don de Dicha y Paz, y Él te agradecerá el don que tú le haces a Él.

    6. Hoy nuestras sesiones de práctica comenzarán de forma un poco diferente.

    2Comienza el día pensando en aquellos hermanos a los que les has negado la paz y la dicha a las que tienen derecho según las equitativas Leyes de Dios.

    3Actuando así te las negaste a ti mismo.

    4Y a ese punto debes volver para reclamarlas como tuyas.

    5Piensa un rato en tus «enemigos», y dile a cada uno de ellos que te venga a la mente:

    6Hermano mío, te ofrezco paz y dicha.

    7Para que la Paz y la Dicha de Dios sean mías.

    7. Así te preparas para reconocer los Dones de Dios para ti, y permites que tu mente se libere de todo lo que pueda impedir el éxito hoy.[iv]

    2Ahora estás preparado para aceptar el don de la paz y la dicha que Dios te ha dado.

    3Ahora estás preparado para experimentar la dicha y la paz que te has negado a ti mismo.

    4Ahora puedes decir: «La Paz y la Dicha de Dios son mías», pues has dado lo que querías recibir.

    8. Si preparas tu mente como te sugerimos, hoy tendrás éxito, pues habrás permitido que se retiren todos los obstáculos a la paz y a la dicha, para que por fin te llegue lo que es tuyo.

    2Así que dite a ti mismo: «La Paz y la Dicha de Dios son mías», cierra los ojos un rato, y deja que Su Voz te asegure que las palabras que dices son sinceras.

    9. Hoy dedícale a Él cinco minutos cada vez que puedas, pero si no puedes darle tanto, no pienses que ese poco que das no sirve de nada.

    2Al menos, acuérdate de decir cada hora las palabras que lo exhortan a que te dé lo que es Su Voluntad darte y que tú lo recibas.[v]

    3Proponte no interferir hoy en Sus Designios.

    4Y si parece que un hermano te tienta a que le niegues el Don de Dios, considéralo como otra oportunidad para permitirte recibir los Dones de Dios tú mismo.  

    5Bendice entonces a tu hermano con agradecimiento, y dile:

    6Hermano mío, te ofrezco paz y dicha.

    7Para que la Paz y la Dicha de Dios sean mías.


    I La Paz y la Dicha de Dios son lo que yo soy, porque tener y ser es lo mismo.

    II Los Dones de Dios son ideas, y aumentan tanto cuando se dan como cuando se reciben porque las ideas crecen al tomar conciencia de ellas, lo cual ocurre en ambos casos.

    III Probablemente, lo más sorprendente acerca del pensamiento que gobierna el mundo es que nadie se da cuenta de lo absurdo que es. Todo el mundo piensa más o menos de la misma manera, y cree más o menos en las mismas cosas. Eso es lo que podríamos llamar «la condición humana». Las variaciones entre la manera de pensar de unos y de otros son mínimas, pero la visión de las personas está tan increíblemente enfocada en esa locura compartida que esas variaciones parecen significativas, aunque en realidad no lo son en absoluto.

    Una de las características de este sistema de pensamiento demente compartido es que, cuanto menos significativa es una idea, más importante es.

    Piensa, por ejemplo, en la noción de «tener». Ciertamente, «tener» es una idea importantísima en el pensamiento del mundo, pero ¿qué significa «tener»? ¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Qué significa «tener» algo?

    Piensa ahora en el hombre más rico del mundo. ¿Qué significa realmente que tenga tantísimo dinero? Si no hace nada con ese dinero, ciertamente tener esa cantidad fabulosa no significa nada en absoluto; podríamos decir que, en ese caso, esa persona es igual que tú, que no tienes eso que él sí tiene. Si ese millonario no gasta su dinero, sois exactamente iguales, lo cual significa que la noción de «tener», en sí misma, no es significativa en absoluto; sin embargo, a eso el mundo le da una enorme importancia.

    La diferencia entre esa persona y tú es que él puede dar muchísimo, y tú no puedes. Pero, de nuevo, date cuenta de que la diferencia entre tú y él solo se manifiesta cuando él da, no porque él tenga. La única manera de tomar conciencia de lo que se tiene es darlo.

    Solo «dar» hace que «tener» sea significativo. El valor y el poder de «tener» no residen en la posesión, sino en la dación, es decir, precisamente en lo contrario de «tener»: en dejar de tener.

    Esto, a simple vista, puede parecer un juego de palabras, pero no lo es. El valor reside en dar, no en tener, y por eso la felicidad se encuentra en dar, no en tener. Pero eso el mundo lo interpreta al revés. El mundo interpreta «tener» como un hecho feliz, y «dar» como algo estresante.

    ¿Te das cuenta ahora de que es una locura? Cuanto más absurda es una idea, más importante es para el mundo.

    Pues bien, lo contrario también es verdad. Las ideas que son plenamente significativas el mundo no las entiende en absoluto, y su sistema de pensamiento no sabe qué hacer con ellas. ¿Crees que hay algo que sea más significativo que la idea de «ser»? Pero ¿entiendes tú lo que significa «ser»? Probablemente no.

    Quizás los dos primeros párrafos de esta Lección te resulten atractivos y simpatices con lo que dicen, pero reconoce que tú todavía te encuentras entre aquellos que cuando dan algo experimentan un cierto sentido de pérdida.

    Eso te ocurre porque todavía no entiendes bien lo que significa «dar», y esto, a su vez, es debido a que no entiendes la idea de «ser». Si la entendieras, puedes estar seguro de que jamás experimentarías ninguna sensación de pérdida, es más, jamás tendrías ningún problema ni ninguna preocupación, y ciertamente sabrías con absoluta certeza que la Dicha y la Paz de Dios son tuyas.

    Poner en palabras la idea de «ser» no es difícil, es imposible. Comprender la idea de ser colapsa la percepción, y entonces el mundo desaparece. Y eso quizás te asuste un poquito, cierres los ojos y te digas a ti mismo: «¡Dios mío! ¡No quiero que el mundo desaparezca!». Pero no te preocupes, cuando los abras el mundo seguirá ahí; tal es el poder de tu voluntad, y tu voluntad se cumple siempre, porque eres el santo Hijo de Dios y tienes el poder para percibir el mundo si esa es tu voluntad. Y como parece ser que lo es, ¡voilà, he ahí el mundo!

    IV Pocos ejercicios de este Libro tienen un poder mayor que este. Date cuenta de que se trata de una práctica increíblemente poderosa cuando la haces de corazón y que, además, produce efectos inmediatos. Si la realizas correctamente, en el mismo momento en que ofreces la paz a tu hermano, la sentirás tú mismo y saldrás de la práctica fortalecido, sereno y feliz.

    Cuando la haces honestamente, estás proclamando con todas tus fuerzas, y en la condición más extrema, que prefieres ser feliz a tener razón, que estás dispuesto a no escuchar a tu ego cuando te cuenta todas esas barbaridades que tu hermano te ha hecho, porque deseas la paz y la dicha más que prestarle atención.

    Practica con sinceridad y ten la seguridad de que ya te encuentras en el camino a la felicidad. No te apartes de él.

    V Quizás, si has leído la nota anterior, te muestres ahora más dispuesto a congraciarte con la idea de dar. Eso está bien, pero solo es la mitad de la historia.

    Es imprescindible también que admitas, y hagas tuya en tu mente y en tu corazón, la noción de recibir, que es igualmente valiosa. De hecho, dar y recibir es lo mismo.

    En este mundo muy pocos saben dar de corazón, pero aún menos son los que saben recibir con naturalidad.

    Ahora, en tu actual condición, antes que dar es prioritario que aprendas a reconocer y recibir los Dones de tu Padre, pues si no te abres a recibirlos jamás podrás darlos.

    Todo lo que tienes y puedes dar es prestado, te ha sido dado para que lo recibas con agradecimiento y lo des con alegría, pues así es como funciona la extensión del amor en la Creación.

    Mira a tu alrededor y constata qué poca gente conoces que se muestre dispuesta a ser amada, cuán pocos piensan que merecen el Amor de Dios, el tuyo propio o el que la vida misma siente por ellos.

    La mala opinión que tienen de sí mismos los ha vuelto ingratos, huraños, cínicos resentidos. No seas de esos, y sánalos mostrándote tú dispuesto a recibir el amor que tienen, para que así ellos tomen conciencia del amor que son.

  • LECCIÓN 104

    Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.I

    1. La idea de hoy continúa con la noción de que la dicha y la paz no son sueños vanos.

    2Tienes derecho a ellas por razón de lo que eres.

    3Provienen de Dios, Quien no puede fallar en darte lo que Él dispone.

    4Pero antes debe haber un lugar preparado para recibir Sus Dones.

    5Pues Sus Dones no son bien acogidos por una mente que ha recibido los regalos que ella misma hizo en lugar de los Suyos, para reemplazarlos.

    2. Hoy queremos deshacernos de todos los absurdos regalos que nosotros mismos nos hemos hecho, y que hemos colocado en el sagrado altar al que están destinados los Dones de Dios.II

    2Estos son los dones que en verdad nos corresponden.

    3Estos son los dones que heredamos antes de que el tiempo existiera, y que seguirán siendo nuestros cuando el tiempo se haya adentrado en la eternidad.

    4Estos son los dones que están dentro de nosotros ahora, pues son intemporales.

    5Y no tenemos que esperar para tenerlos.

    6Son nuestros hoy.

    7Por eso queremos tenerlos ahora, sabiendo que, al elegirlos en vez de lo que nosotros hicimos, simplemente estamos uniendo nuestra voluntad a lo que Dios dispone, y reconociendo que Su Voluntad y la nuestra son Una.

    3. Nuestras sesiones de práctica más largas de hoy, los cinco minutos de cada hora dedicados a la verdad para tu salvación, deberían comenzar con esto:

    2Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

    3Y la dicha y la paz son mi herencia.

    4Deja entonces a un lado los conflictos mundanos que te ofrecen otros regalos y otras metas que atestiguan ilusiones, y que solo se encuentran en un mundo de sueños.

    4. Hoy dejamos todo eso a un lado, y buscamos en su lugar lo que verdaderamente es nuestro, pidiendo reconocer lo que Dios nos ha dado.

    2Hoy despejamos en nuestras mentes un lugar sagrado ante Su altar, donde Sus Dones de paz y dicha son bienvenidos, y al que vamos para encontrar lo que Él nos ha dado.

    3Hoy venimos llenos de confianza, conscientes de que lo que en verdad nos pertenece es lo que Él nos da.

    4Y no desearemos nada más, pues solo eso en verdad nos pertenece.

    5. Así pues, hoy despejamos el camino para Él, simplemente reconociendo que Su Voluntad ya se ha cumplido, y que la dicha y la paz nos pertenecen por ser Sus Dones eternos.

    2No nos permitiremos perderlos de vista en el tiempo que transcurre entre nuestras prácticas de buscarlos donde Él los ha depositado.

    3Para ello, traeremos a la mente tan a menudo como podamos este recordatorio:

    4Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.

    5Lo único que quiero son los Dones de Dios: la dicha y la paz.


    I Busco únicamente lo que en verdad soy.

    Esta Lección habla de cómo la mente puede enfocarse en dos direcciones opuestas en su búsqueda de aquello que tanto anhela. Una de ellas es fuera de sí misma, en un ámbito imaginario al que llama mundo, donde ha proyectado sus supuestas carencias en unos símbolos a los que llama «cosas» o «circunstancias», y que este Curso denomina «símbolos».

    El otro enfoque es hacia el interior de sí misma, para encontrar la realidad de su propio Ser.

    II Esta es la parte más importante de la Lección de hoy.

    Quizás digas de corazón que buscas los dones que Dios te dio, pero en realidad no los buscas, más bien los rebuscas entre todas esas cosas que has procurado para ti y que ahora abarrotan tu mente. «¡Dios mío!», te preguntas. «¿Dónde pueden estar esos dones que dicen que Dios me ha dado? Desde luego deben estar en algún sitio ¡pero es que aquí hay tantas cosas!».

    ¿Crees que en verdad tienes que buscar los Dones de Dios? ¿Piensas que Él te esconde las cosas que te da? La verdad es que no tienes que buscar nada, basta con que te deshagas de todo eso que fuiste acumulando en tu mente porque pensaste que te haría feliz. Pero date cuenta de que no se trata de objetos, sino de ideas; las cosas materiales que quizás vengan a tu mente no son más que «ídolos», símbolos físicos a los que atribuías las ideas subyacentes que en verdad estabas buscando. Esas cosas, lugares, circunstancias, o incluso personas, simplemente representaban anhelos profundos tuyos, que si reflexionas un poco no te costará demasiado identificar.

    Cualquier cosa que imagines y encuentres atractiva es un ídolo para ti; es lo que el mundo te ofrece para que encuentres la dicha y la paz que tanto deseas. La lista es casi infinita. Lo primero que te vendrá a la mente probablemente sean cosas físicas, como ropa bonita, comida deliciosa, una casa confortable o un cuerpo que te atrae. Pero a eso también puedes añadir cosas más abstractas, como un amanecer espectacular, una música inspiradora, prestigio social, ser más inteligente, un amor romántico… Y también forman parte de la lista esas cualidades espirituales que tú piensas que te harían mejor persona, lo cual, por otra parte, es bien cierto. Virtudes como la bondad, la paciencia, la generosidad, o incluso la confianza.

    Fíjate en que, sin darte cuenta, has construido una pirámide con una base instalada en las cosas más groseras, de las que quizás te avergüenzas, y con pisos superiores cada vez más abstractos.

    El mundo tiene a la venta los más básicos, los más elevados los buscas en tu interior, y hay un montón que encontrarás entremedias. Pero todos ellos tienen algo en común: los deseas porque crees que no los tienes y los necesitas.

    Pero ¿crees de verdad que Dios creó a Su Hijo para que se preocupara de esas cosas?

    Tú no necesitas buscar nada, ni siquiera los dones que Dios te ha dado. Jesús, en verdad, no quiere que los busques; quiere que los encuentres. Te dice que los busques, pero solo para llamar tu atención, para que te des cuenta de que ya los tienes, que todo eso ya está en ti. Fíjate en cómo habla de «reconocer lo que Dios nos ha dado».

    Lo que sí es imperativo es que dejes de buscar cualquier otra cosa, porque simplemente estarás perdiendo el tiempo y la poca energía que crees que tienes, y por eso te exhorta a despejar «un lugar sagrado».

    No te angusties, y tampoco te culpes cuando te veas a ti mismo buscando algo que crees que necesitas y que quieres, incluso ese problema angustioso que te atormenta, a ti o a alguien a quien amas.

    Perdónatelo, pero toma plena conciencia de que estás perdiendo el norte y también el tiempo en este mundo de ilusiones.

    No necesitas nada, salvo un milagro para ti mismo que te traiga esa comprensión. ¡No necesitas nada! Bueno, quizás solo un poquito de fe.

    Queda en paz.

  • LECCIÓN 103

    Como Dios es Amor, es también felicidad.

    1. La felicidad es un atributo del amor.

    2No puede estar al margen de él, ni tampoco puede experimentarse donde no hay amor.

    3El amor no tiene límites, pues está en todas partes.

    4Y, por tanto, la dicha también está en todas partes.

    5Pero la mente puede negar que esto sea así, al creer que hay brechas en el amor, a través de las cuales puede introducirse el pecado y traer dolor en lugar de dicha.I

    6Esta extraña creencia pretende limitar la felicidad al redefinir el amor como algo limitado, e introducir opuestos en aquello que no tiene límite ni nada que se le oponga.II

    2. El miedo se asocia entonces con el amor, y sus resultados se convierten en el patrimonio de las mentes que piensan que lo que han hecho es real.III

    2Estas imágenes, que en verdad son irreales, dan testimonio del temor a Dios, olvidando que al ser Amor, Dios también debe ser Dicha.

    3Hoy trataremos nuevamente de llevar este error básico a la verdad, y enseñarnos a nosotros mismos que:

    4Como Dios es Amor, es también felicidad.

    5Temer a Dios es tener miedo a la dicha.

    6Comienza tus ejercicios más largos de hoy asociando estas ideas, que corrigen la falsa creencia de que Dios es miedo.

    7Y también resaltan la idea de que la felicidad es algo que te corresponde por razón de lo que Dios es.IV

    3. Permite hoy que esta corrección aparezca en tu mente cada hora del día.

    2Luego, da la bienvenida a toda la felicidad que conlleva reemplazar el miedo con la verdad; y así la dicha se convierte en lo que esperas que ocupe el lugar del dolor.

    3Y como Dios es Amor, eso es lo que se te concederá.

    4Refuerza esta esperanza a menudo a lo largo del día, y acalla todos tus temores con esta benévola certeza completamente verdadera:

    5Como Dios es Amor, es también felicidad.

    6Y la felicidad es lo que busco hoy.

    7No puedo fracasar, porque busco la verdad.


    I Tal como el Texto señala, las «brechas en el amor» son la aparente “brecha entre tú y tu hermano” (T-28.VII.3:1) y el propio mundo: “¿Qué es el mundo sino una diminuta brecha que parece desgarrar la eternidad y fragmentarla en días, meses y años?” (T-28.III.6:4).

    Repasa también la primera sección del capítulo 29 del Texto: «La clausura de la brecha».

    II La «extraña creencia» es concebir, apreciar y sustentar la idea de que las ausencias existen, lo cual ya se ha comentado en la Lección precedente y en muchas otras.

    Sin embargo, y debido a que se trata de la idea matriz de todas las ilusiones, seguirá apareciendo con frecuencia a lo largo del Libro de Ejercicios.

    Tomar conciencia de este nefasto sesgo cognitivo es crucial para la sanación de tu mente. Trata de ser consciente de que todo lo que percibes, sientes o piensas está en continuo cambio; por lo tanto, no tiene ninguna realidad y, en verdad, no existe: es ilusión, todo lo es.

    En este mundo de ilusiones, lo único que te salva de él —de creer que es real y permitir que te afecte— es tu perdón.

    Perdónalo todo. Déjalo pasar, porque no es real.

    III Cuestionar el mensaje procedente de un sistema perceptual que considera las ausencias como entidades es el siguiente paso en el proceso de liberar tu mente de las historias terroríficas que te cuentas a ti mismo ahora. Lo que ves y lo que piensas que hiciste no es real. Estás usando mal tu mente; por eso, las conclusiones a las que llegas son erróneas, y tu corazón te avisa de ello en todo momento.

    Presta atención a tu corazón y entiende que, una ausencia de amor. No te lo permitas, no caigas en el ensimismamiento del mundo; no hay nada para ti en lo que no existe.

    Tu corazón te avisará de ello, pues, cuando no lo alimentas con algo real —con amor—, el pobre pasa hambre y protesta: tu corazón reacciona como un bebé cuando dejas de alimentarlo… con el Amor de Dios.

    IV Jesús te habla como a un niñito asustado porque, en verdad, eso es lo que ahora eres debido a la manera en que piensas. Madura un poquito, sé razonable, ordena tu mente, piensa con claridad. Aquieta tu mente y toma conciencia de tu propia existencia; no pienses en nada más. Quédate solo con eso, con tu existencia misma, descansa en la existencia.

    La Existencia es tu Madre, es tu Padre y es lo que eres tú: la infinita plenitud de tu Ser. No temas; madura, crece, hazlo dando, amando.

  • LECCIÓN 102

    Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.

    1. Tú no quieres sufrir.

    2Tal vez pienses que el sufrimiento te aporta algo, y puede que aún creas, hasta cierto punto, que puede proporcionarte aquello que deseas.I

    3Sin embargo, es probable que esta creencia ahora se tambalee, al menos lo suficiente como para permitirte cuestionarla y sospechar que realmente no tiene sentido.

    4Aún no ha desaparecido, pero ya no tiene las raíces que antes la sujetaban firmemente en los tenebrosos y ocultos recovecos de tu mente.

    2. Hoy trataremos de aflojar aún más su debilitado agarre, y de darnos cuenta de que el dolor no tiene objeto, causa ni poder alguno para lograr nada.

    2El dolor no puede aportarte nada en absoluto.

    3No te ofrece nada, y no existe.

    4Y todo lo que tú piensas que te ofrece tampoco existe.

    5Has sido esclavo de algo que no es nada.II

    6Sé libre hoy para unirte a la feliz Voluntad de Dios.

    3. Durante varios días seguiremos dedicando nuestras sesiones más largas a ejercicios diseñados para ayudarte a alcanzar la felicidad que la Voluntad de Dios ha puesto en ti.

    2Ahí es donde se encuentran tu hogar y tu seguridad.

    3Ahí se encuentra tu paz, y ahí no hay miedo.

    4Ahí se encuentra la salvación.

    5Ahí es donde finalmente encuentras descanso.

    4. Comienza hoy las prácticas más largas aceptando lo que la Voluntad de Dios dispone para ti:

    2Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.

    3Y acepto ahora la felicidad como mi función.

    4Busca entonces esta función en lo más profundo de tu mente, pues ahí se encuentra, aguardando tan solo tu decisión.III

    5No puedes dejar de encontrarla si te das cuenta de que, en realidad, tu función es también tu voluntad: la misma que compartes con Dios.

    5.  Sé feliz, pues tu única función aquí es la felicidad.

    2No seas menos amoroso con el Hijo de Dios que Aquel Cuyo Amor lo creó tan amoroso como Él Mismo.

    3Además de estos descansos de cinco minutos cada hora, haz hoy pausas frecuentes para recordarte a ti mismo que ahora has aceptado la felicidad como tu única función.

    4Y puedes estar seguro de que al hacerlo te estás uniendo a la Voluntad de Dios.


    I Hoy continuamos profundizando en la moralidad del mundo. Puede que te parezca innecesario repetir conceptos ya tratados, pero no te equivoques: invertir tu manera de pensar es una hazaña tan grande que no se logra con una simple aceptación intelectual. Tu mente tiene una fuerte tendencia a volver a sus antiguos hábitos, y si no permaneces muy alerta, pronto te descubrirás pensando como antes. La repetición de las ideas fundamentales es, durante un tiempo, un recurso pedagógico imprescindible.

    Sin embargo, existe un modo aún más eficaz de afianzar estos nuevos conceptos en tu mente: enséñalos a otros. Verás cómo al hacerlo se vuelven realmente tuyos.

    La idea de que el sufrimiento es redentor está profundamente arraigada en la conciencia de casi todo el mundo. El origen de esta idea tan extraña es la consecuencia necesaria de creer en la existencia del mal, es decir, en la ausencia de bien.

    Los humanos son esencialmente utilitaristas, y todo lo entienden en términos de utilidad, así que, si el mal existe, se piensa que ha de tener algún tipo de utilidad y ha de ser positivo.

    Según esta lógica demente, entonces, lo negativo también ha de ser positivo, lo cual es obviamente una necedad. De ahí a atribuirle a Dios la creación del mal y su función, solo hay un paso. Ahora Dios no solo ha creado el bien, sino que también ha creado el mal, probablemente con algún oscuro propósito.

    Dios, entonces, debe querer el mal, y debe ser Su Voluntad que Sus Hijos sufran por su maldad. El sufrimiento es la medicina que sanará al Hijo de Dios para que no vuelva a transgredir Sus Leyes. Y de todo ello se deduce en pura lógica que, si Dios ha creado criaturas defectuosas, Dios Mismo ha de ser un chapucero, porque hace cosas que funcionan mal.

    Como se puede ver con claridad, todo el razonamiento anterior, demencial, proviene de concebir la existencia del mal, de pensar que la ausencia de algo que existe también existe. Una vez más: el sesgo cognitivo de creer en la existencia de las ausencias está tan generalizado que no puede siquiera ser identificado. Los humanos piensan que lo que falta es real, y lo consideran como si fuera algo que existiera, y por eso las ausencias gobiernan sus tristes vidas.

    Cuando este Curso te dice que fijes tu vista en la luz y en el amor, y que no consideres el pecado, porque no existe, simplemente está intentando sanar ese sesgo cognitivo que afecta tu mente con consecuencias terribles. Por eso es importante que prestes atención y reconozcas en ti esa distorsión tan perniciosa.

    La idea de que el sufrimiento es redentor también deriva de la idea del sacrificio. En un mundo en el que todo tiene un precio, y donde para conseguir algo es necesario perder otra cosa, es inevitable concluir que el coste de la salvación es el sufrimiento.

    Así, el sufrimiento se convierte en un concepto venerado y valioso que, desgraciadamente, ha logrado introducirse en la médula de muchas religiones.

    II El dolor, el mal, el sufrimiento, la oscuridad, la separación, la muerte… son todos conceptos negativos y, por lo tanto, imaginarios. No son reales: son interpretaciones, no hechos. No existen, pero la mente es libre para considerarlos, y, a partir de ahí, puede tanto tenerlos en cuenta como rechazarlos. Por eso, has de vigilar tu mente con mucho cuidado y ser consciente de qué aceptas y qué decides rechazar. Elige bien, pues todo aquello que no exista y aceptes que more en tu santa mente te hará sufrir, y luego, probablemente, le echarás la culpa a Dios por ello.

    Dios solo ha creado lo positivo. ¿No te das cuenta de que es imposible crear de otra manera? Dios no ha creado el mal por la sencilla razón de que no puede hacerlo. Nadie puede crear lo imposible; Dios tampoco. Por eso precisamente se llama «imposible».

    La Voluntad de Dios es que tú seas feliz, pero esto no es debido a que Dios sea bueno; esto es simplemente porque Dios es Dios, punto.

    No es que Dios sea bueno porque no es malo: es bueno porque ser malo es no ser, y Dios Es.

    Contigo pasa lo mismo, y con tu hermano también. Ser malo, sufrir, morir o estar solo no es una realidad: es la consideración de la condición de no ser.

    ¡Por el amor de Dios! ¡No pienses esas locuras! No te tortures más. No sirve de nada y, además, esa no es la Voluntad de Aquel que te creó. Aquieta tu mente, mira en tu interior y toma conciencia de tu propia existencia, y de que la existencia es absolutamente satisfactoria y es felicidad.

    Regocíjate y disfruta de tu Ser, pues, cuando tomes plena conciencia de Él, te darás cuenta de que no necesitas nada más, y de que no hay nada más.

    En cualquier caso, no te agobies, ni te deprimas, ni te angusties por tu aparente incapacidad para ser feliz. Date cuenta de que, cuando eso ocurre, es simplemente porque te estás dedicando de nuevo a tu actividad favorita: hacerte daño a ti mismo. Llevas mucho tiempo confundiendo el dolor con el placer, y por eso necesitas entrenar tu mente en hábitos más saludables.

    Puedes tener la absoluta seguridad de que lo conseguirás. Tu felicidad no solo es posible: es segura, porque es intemporal, y tu confusión se encuentra en un tiempo ilusorio y caduco.

    Todo el sufrimiento que experimentas proviene de tus enormes esfuerzos por proteger el error. Llegará un momento en el que desistirás de hacerlo y descansarás, finalmente, en la verdad. Este Curso tan solo se propone acelerar ese proceso.

    III La felicidad que tanto anhelas se encuentra en lo más profundo de tu mente, esperando a que la aceptes, la hagas tuya y la disfrutes por siempre.

    La felicidad no es algo que tengas, sino lo que tú eres.

  • LECCIÓN 101

    La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.

    1. Hoy seguiremos con el tema de la felicidad.

    2Esta es una idea clave para comprender qué significa la salvación.

    3Tú todavía crees que la salvación requiere que sufras como penitencia por tus «pecados».

    4Pero no es así.

    5No obstante, eso es lo que inevitablemente pensarás mientras creas que el pecado es real y que el Hijo de Dios puede pecar.

    2. Si el pecado es real, el castigo es justo e ineludible.

    2Por lo tanto, la salvación solo puede obtenerse mediante el sufrimiento.

    3Si el pecado es real, entonces la felicidad debe ser una ilusión, ya que ambas cosas no pueden ser ciertas.

    4Los pecadores solo merecen la muerte y el dolor; y es esto lo que piden.

    5Pues saben que esto es lo que les espera, que los buscará y que, finalmente, los encontrará.

    6Y lo hará en algún lugar, en algún momento y de forma tal que salde la deuda que tienen con Dios.

    7Quieren escapar de Él debido a su miedo.

    8Mas Él los perseguirá, y no podrán escapar.

    3. Si el pecado es real, la salvación tiene que ser el dolor.I

    2El dolor es el coste del pecado, y si el pecado es real el sufrimiento es inevitable.

    3La salvación debe ser temida, pues matará, pero lentamente, llevándoselo todo antes de conceder el grato favor de la muerte a sus víctimas, que son poco más que huesos cuando ella se apacigua.

    4Su ira es inmensa y despiadada, pero totalmente justa.

    4. ¿Quién buscaría un castigo tan brutal?

    2¿Quién no huiría de la salvación e intentaría por todos los medios ahogar la Voz que se la ofrece?

    3¿Por qué habría de tratar de escuchar y aceptar Su ofrecimiento?

    4Si el pecado es real, lo que esa Voz ofrece es una muerte en forma cruel, en consonancia con los perversos deseos en los que nace el pecado.

    5Si el pecado es real, la salvación se ha convertido en tu acérrimo enemigo; la maldición de Dios sobre ti, que has crucificado a Su Hijo.

    5. Hoy ciertamente necesitas practicar con todo tu corazón.

    2Estos ejercicios te enseñan que el pecado no es real, y que todo lo que crees que debe resultar del pecado nunca sucederá, pues carece de causa.

    3Acepta la Expiación con una mente abierta, una mente que no albergue la creencia persistente de que has hecho del Hijo de Dios un demonio.II

    6. El pecado no existe.III

    2Hoy practicaremos con este pensamiento tan a menudo como podamos, pues es el fundamento de la idea de hoy.

    3La Voluntad de Dios para ti es la felicidad perfecta, porque el pecado no existe y el sufrimiento no tiene causa.

    4La dicha es perfectamente apropiada; el dolor no es sino la señal de que te has malinterpretado a ti mismo.

    7. No tengas miedo a la Voluntad de Dios.

    2Al contrario, dirígete a Ella con la absoluta confianza de que te liberará de todas las consecuencias que el pecado ha provocado en tu febril imaginación.

    3Di:

    4La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. IV

    5El pecado no existe y no tiene consecuencias.

    6Así es como debes comenzar tus sesiones de práctica.

    7Luego, intenta de nuevo encontrar la dicha que estos pensamientos introducirán en tu mente.

    8Dedica gustosamente estos cinco minutos a eliminar la pesada carga que pusiste sobre ti con la demente creencia de que el pecado es real.

    8. Escapa hoy de la locura.

    2Ya estás en el camino que lleva a la libertad, y ahora la idea de hoy te da alas para acelerar tu avance, y la esperanza de ir aún más rápido hacia la meta de la paz que te aguarda.

    3El pecado no existe.

    4Recuerda esto hoy, y dite a ti mismo todas las veces que puedas:

    5La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.

    6Esta es la verdad, porque el pecado no existe.


    I Si el pecado (de mi hermano) es real, la salvación (la mía) tiene que ser el dolor (de mi hermano).

    Esta es la manera de pensar del mundo; pero, si hay algo que la historia ha demostrado, es que no funciona. No resuelve nada: el miedo al castigo no disuade a los culpables de hacer el mal; todo lo contrario, los estimula. Las sociedades más punitivas son también las que albergan más criminales.
    Resulta obvio que hay que pensar de manera diferente.

    II Este es un punto importantísimo en la ontología de este Curso que conviene entender bien.

    El razonamiento «moral» del sistema de pensamiento del mundo es, más o menos, el siguiente: tus pecados merecen castigo en forma de sufrimiento para que aprendas que no has de volver a pecar, y pecar es obrar mal a propósito, es decir, infringir las leyes del mundo de manera voluntaria.

    Las personas que pecan creen que el mundo es real, creen que sus malas acciones son reales, y también tienen internalizado un cierto sentido de «justicia», el cual les lleva a creer que sus malas acciones merecen un justo castigo que va a causarles un sufrimiento real.

    Todo el mundo cree y acepta —también incluso la inmensa mayoría de los estudiantes de este Curso— que las personas que hacen el mal sufren, y que las personas que hacen el bien son felices, porque en el fondo, todo el mundo asume que existe un cierto sistema retributivo que castiga a los malos y recompensa a los buenos. ¿Y no es eso, acaso, lo que nuestra experiencia vital nos confirma constantemente? ¿No nos sentimos bien cuando obramos bien y mal cuando obramos mal?

    El principio moral del bien y del mal está tan profundamente arraigado en nuestras conciencias que resulta casi imposible ver que, en verdad, la moral es la base fundacional del ego, su alimento. Recuerda cómo el Génesis describe el nacimiento del ego y de la culpa tras haber comido del fruto del árbol del bien y del mal.

    Este Curso, de una manera muy dulce, y con mucha ternura, te insta, de manera vehemente, a que descartes la idea del mal, y de una manera muchísimo más solapada, te anima también a que perdones la idea del bien como algo relativo al mundo.

    ¿Qué crees, acaso, que significa que el mundo es una ilusión? ¿Qué vas a encontrar en un mundo ilusorio sino ilusiones de mal e ilusiones de bien?

    En este mundo no vas a encontrar nada real, porque este mundo no es real. Reflexiona profundamente y date cuenta de que este Curso no es moral. ¿Cómo podría serlo si Dios no lo es? ¿No lo ves?

    La moralidad es un código dualista que considera la existencia del bien, y también la de su opuesto, su ausencia: la existencia del mal.

    Probablemente ya recuerdas que las ausencias no existen. ¿Cómo iban a existir? Solo una mente confundida podría tenerlas en cuenta.

    Este Curso te insta constantemente a que perdones, a que lo perdones todo, porque todo lo que vas a dejar pasar nunca ha estado ahí: ni lo malo, ni lo bueno. Tu mejor experiencia en este mundo es ser testigo de los milagros que tu mente sanada percibirá, pero entiende que esos milagros que verás serán ilusiones, en las que el único componente real es el Amor que los inspira. Recuerda el tercer principio de los milagros. Solo desde esta perspectiva entenderás expresiones como «el pecado no es real» o «el pecado no existe».

    Probablemente te esfuerzas mucho en ser una buena persona, pero ¡despierta! ¡No eres una persona! ¡Eres el Hijo de Dios! Cuando este Curso te anima a que perdones, no es con el objetivo de que te conviertas en una buena persona, te lo dice por la sencilla razón de que no hay nada que perdonar; el pecado, la ofensa, el daño, tu resentimiento y tu dolor no son reales. Por eso tienes que perdonarlo todo. No tiene nada que ver con el bien o con el mal. Tiene que ver con la ausencia de realidad del mal.

    Este no es un Curso moral, pero tampoco es un Curso amoral. Este es un Curso sobre la Verdad, y la Verdad es el Bien, la Realidad, el Amor infinito de Dios, tu Ser ilimitado, lo Único que existe. Pero mientras creas estar en este mundo, todo eso, para ti, será poco más que unas bonitas palabras, por eso, lo que ahora te conviene es entrenar tu mente personal con paciencia y perseverancia, para que poco a poco se vaya purificando de las creencias temibles que ahora la atenazan.

    III 1 Juan 3:5 «Sabéis que él apareció para quitar los pecados, y en él no hay pecado».

    IV La idea de hoy es muy simple, muy bonita y muy obvia, pero fíjate que viene respaldada por otra que es básica: el pecado no es real, y por eso no tiene consecuencias. Y quizás te vuelvas a preguntar: ¿cómo es posible entonces que cuando obro mal me siento mal, y cuando obro bien me siento bien?

    De nuevo, nada de eso es real, todo lo que interpretas como algo que ocurre en tu mente y en tu sistema emocional son proyecciones de creencias que aparecen en la mente del Hijo de Dios.

    La primera creencia —que deriva de la idea de separación— es que tú eres una persona; un ser separado. A esta creencia —falsa, como todas, y madre de las ilusiones— se superponen un sinnúmero de creencias que, si bien no están realmente relacionadas entre ellas, sí lo parecen: las creencias morales.

    Ahora, la creencia de ser persona se convierte en la creencia de ser una persona buena o mala, feliz o sufriente, y por eso siempre te sientes como la mente cree que se tiene que sentir. Son los principios morales que alimentan el principio egoico los causantes de lo que tú —ahora persona separada— interpretas como tus emociones. Todo ello no es más que una fábula de la mente. Nada de eso es verdad. Eres el santo Hijo de Dios.

    El ego siempre rechazará con horror la noción de ser un efecto, y no una causa, pero confía; tú no eres un ego ni una persona. Tú eres el santo Hijo de Dios, y los pecados que crees reales —tuyos o de otros— no los son. Para asumir eso, la mente separada necesita la Gracia de la fe. El Ser real que tú eres, sin embargo, desconoce totalmente toda esa intriga.

    Pero como mente separada, tú necesitarás toda tu buena voluntad y una práctica constante que te conduzcan a sanar tu sueño de terror y lo conviertan en un sueño feliz, una ficción que no es sino la antesala a tu verdadero despertar.

    Alégrate, entonces, pues caminas en la buena dirección.

  • LECCIÓN 100

    Mi papel es esencial en el plan de Dios para la salvación.

    1. Tal como el Hijo de Dios completa a su Padre, tu contribución completa el plan de tu Padre.

    2La salvación debe invertir la demente creencia en pensamientos separados y cuerpos separados, que llevan vidas separadas y van por caminos separados.

    3Cuando mentes separadas comparten una misma función, se unen en un solo propósito, pues cada una de ellas es igualmente esencial para todas las demás.

    2. La Voluntad de Dios para ti es la perfecta felicidad.

    2¿Por qué preferirías ir en contra de Su Voluntad?

    3El papel que Él te ha reservado en Su plan te lo ha dado para que puedas ser restituido a lo que Él dispone.

    4Ese papel es tan esencial para Su plan como para tu felicidad.

    5Tu dicha ha de ser completa para que aquellos a los que Él te envía comprendan Su plan.I

    6Ellos verán su propia función en tu rostro resplandeciente, y oirán a Dios llamándoles en tu feliz sonrisa.

    3. En verdad eres esencial en el plan de Dios.

    2Sin tu dicha, la Suya está incompleta.

    3Sin tu sonrisa, el mundo no se puede salvar. 

    4Mientras tú te sientas triste, la luz que Dios Mismo designó como medio para salvar al mundo es tenue y carece de brillo.

    5Y nadie sonríe, pues toda risa no es sino un eco de la tuya.

    4. En verdad, tú eres esencial para el plan de Dios. 

    2Del mismo modo en que tu luz aumenta el fulgor de toda luz que refulge en el Cielo, tu dicha en la tierra llama a todas las mentes a que abandonen sus penas y ocupen su lugar junto a ti en el plan de Dios.

    3Los mensajeros de Dios son jubilosos, y su dicha sana todo pesar y desesperación.

    4Ellos son la prueba de que Dios dispone perfecta felicidad para todos los que acepten los dones de su Padre.

    5. Hoy no nos permitiremos estar tristes.

    2Pues entonces no estamos asumiendo nuestro papel, que es esencial para el plan de Dios y para nuestra visión.

    3Estar triste es la señal de que prefieres desempeñar otro papel, en lugar del que Dios te ha asignado.

    4De esa manera, eres incapaz de mostrar al mundo cuán grande es la felicidad que Él ha dispuesto para ti.

    5Y así, no reconoces que ya es tuya.

    6. Hoy trataremos de comprender que nuestra función aquí es ser dichosos. 

    2Si estás triste, no cumples tu papel, y entonces todo el mundo se ve privado de la dicha junto contigo.

    3Dios te pide que seas feliz para que el mundo pueda ver cuánto ama Él a Su Hijo, y que Su Voluntad es que ningún pesar disminuya su dicha, ni le asalte ningún temor que perturbe su paz.

    4Hoy eres el mensajero de Dios.

    5Llevas Su Felicidad a todos los que contemplas, y Su paz a todos los que te contemplan a ti y ven Su mensaje en tu feliz semblante.

    7. Hoy nos prepararemos para ello en nuestras prácticas de cinco minutos, sintiendo que la felicidad surge en nosotros, tal como es la Voluntad de nuestro Padre y la nuestra.

    2Comienza los ejercicios con el pensamiento que contiene la idea de hoy.

    3Luego, comprende que tu papel es ser feliz.

    4Esto es lo único que se te pide a ti o a cualquiera que quiera ocupar el lugar que le corresponde entre los mensajeros de Dios.

    5Piensa en lo que esto significa.

    6En verdad estabas muy equivocado al creer que lo que se te pide es que te sacrifiques.

    7Según el plan de Dios tú solo recibes, y nunca pierdes nada, ni te sacrificas, ni mueres.

    8. Ahora tratemos de encontrar esa dicha que nos demuestra a nosotros y a todo el mundo la verdadera Voluntad de Dios para nosotros.

    2Tu función es encontrarla aquí y ahora.

    3Para esto viniste.II

    4¡Que este sea el día en que lo consigas!

    9. Mira en lo más profundo de tu ser, sin desanimarte por todos los absurdos pensamientos y las metas sin sentido que atraviesas mientras asciendes para encontrarte con el Cristo en ti.

    2Él estará allí.

    3Y puedes llegar a Él ahora.

    4¿Qué preferirías contemplar en lugar de Aquel que aguarda a que le contemples a Él?

    5¿Qué insignificante pensamiento podría retenerte? 

    6¿Qué objetivo insensato podría impedirte lograrlo cuando es Dios Mismo Quien te llama?

    10. Él estará allí.

    2Tú eres esencial para Su plan.

    3Hoy eres Su mensajero.

    4Y sin duda encontrarás lo que Él quiere que tú des. 

    5No olvides la idea de hoy entre tus prácticas más largas.

    6Es tu Ser Quien hoy te llama.

    7Y es a Él a Quien respondes cada vez que te dices a ti mismo que eres esencial en el plan de Dios para la salvación del mundo.


    I Juan 15:11 «Estas cosas os las he dicho para que mi gozo permanezca en vosotros y vuestra dicha sea completa».

    Juan 16:24 «Hasta ahora no habéis pedido nada en Mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestra dicha sea completa».

    II ¡Por fin se nos dice cuál es nuestra función y nuestro papel en el plan de Dios para la salvación del mundo! Esta es la respuesta a esa pregunta fundamental que pocos se hacen: ¿Para qué vivo?

    Quizás nunca te lo hayas preguntado de forma tan directa, y resulta curioso que, aun cuando todo el mundo es capaz de reconocer la importancia de hacerse esta pregunta, el mundo no te ofrezca una respuesta satisfactoria, ni nadie probablemente te la haya propuesto. También es bastante sorprendente que, si bien encontrarás infinitos manuales acerca de para qué sirve cualquier cosa que puedas encontrar, en ninguno de ellos se explique para qué sirves tú, cuál es tu función, la razón por la que has venido.

    Pues bien, ahora ya sabes para qué fuiste creado, ahora ya sabes cuál es tu papel, lo cual tampoco te ha de extrañar. ¿No es acaso eso lo que has intentado conseguir de manera instintiva durante toda tu existencia: ser feliz? Porque es bastante evidente que todo lo que haces y has hecho jamás, absolutamente todo, siempre ha tenido exactamente ese propósito: la felicidad. No encontrarás nada que sea más cierto que eso: has nacido para ser feliz.

    Entonces, cuando no eres feliz, también es evidente que estás funcionando mal, lo mismo que cualquier aparato que tenga algún mecanismo interno estropeado. De hecho, cuando estás triste, deprimido, o tienes miedo, ira o cualquier otro estado de ánimo que no sea la felicidad, es porque tú también tienes un mecanismo interno estropeado: tu mente. Siempre que no eres feliz, es porque tu mente está funcionando mal, es porque estás pensando cosas que no son verdad. Así de simple.

    Quizás entiendas este razonamiento, que es perfectamente lógico, y probablemente lo suscribas, y aun así te encontrarás en muchísimas ocasiones sintiéndote mal, dándote perfecta cuenta de que no eres feliz, e incapaz de escapar de esa situación.

    Cuando eso ocurra, recuerda que eso es debido a que tu mente concibe falsedades, pensamientos erróneos e injustas condenas. Unas veces se trata de contenidos conscientes, y esos son relativamente fáciles de tratar, siempre y cuando tengas la humildad suficiente para reconocer que debías haber estado equivocado cuando pensaste así. Solo tu orgullo puede impedir la sanación de este tipo de pensamientos; solo si te aferras a la idea de querer tener razón te puedes privar a ti mismo de ser feliz en ese instante.

    Pero otras veces —y eso ocurre en la gran mayoría de los humanos, y la mayor parte del tiempo— se trata de viejos contenidos mentales profundamente enterrados en la conciencia, que si bien no afloran de manera identificable, se manifiestan como una depresión sin nombre, una anónima apatía, o una propensión a la ira que delata oscuros miedos. Son antiguos hábitos de pensamiento erróneo ya olvidados para la mente consciente, pero que siguen vigentes en sus profundidades.

    Este Curso sana en ambos casos, y si se hace de corazón, sana siempre. Sé honesto y valiente con lo primero. Reconoce el pensamiento dañino que envenena tu corazón y rectifica de inmediato. De eso puedes sanar en un instante. Es muy fácil. Mira con ojos limpios la situación y rectifica. Cambia de manera de pensar buscando la luz que hay en toda circunstancia; tú ya sabes cómo, solo tienes que poner tu voluntad en ello. ¡Y claro que merece la pena! El alivio es inmediato y la recompensa es enorme. Lo dicho: esto es muy fácil y solo requiere honestidad, humildad y valentía.

    Los viejos resentimientos ocultos requieren otra estrategia. Aquí se necesita paciencia, perseverancia y fe. Te habrás dado cuenta del gran énfasis que este Curso pone en la disciplina mental. También habrás notado que se te pide que hagas lo mismo, muchas veces, y a lo largo de muchos días. Cambiar tus viejos hábitos mentales requiere un trabajo profundo a lo largo de mucho tiempo. Entiende que te has estado engañando a ti mismo la mayor parte de tu vida. No se trata aquí de un error concreto que puedas identificar fácilmente y rectificar de inmediato. Se trata de invertir completamente todo un sistema de pensamiento. No es una tarea trivial. Aun así, también lo conseguirás.

    Quizás recuerdes que al principio del Texto de este Curso se te dijo que todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero que antes es necesaria una purificación. Pues se trata precisamente de eso, de la purificación que tu mente necesita para obrar milagros como un hábito natural, debido a tu mentalidad milagrosa, y a que eres feliz; siempre ves el lado luminoso de la vida porque vives en la certeza de ser el Hijo de Dios; lo sabes, lo vives y eres dichoso. Ya has sanado, y ahora tú sanas a otros inevitablemente. No tienes siquiera que proponértelo, sanas porque eres feliz y te has convertido en un sanador.

    Alégrate de estar haciendo hoy la Lección feliz; la número cien. No la olvides jamás. Piensa en lo muchísimo que has avanzado y descubierto acerca de ti mismo y acerca de la verdad. Es un auténtico privilegio y un honor estar donde estás y haciendo lo que haces. No te equivoques, no has llegado aquí por casualidad; te lo mereces.

    Aprovecha la oportunidad y reconoce lo que la verdadera felicidad es: dicha en el corazón, paz en la mente y la absoluta certeza de que siempre va a ser así.

    ¡Qué simple es ser feliz!

    ¡Pero qué difícil es ser simple!

    (Gururaj Ananda Yogui)

    Ser feliz es muy fácil, pero requiere una condición que suele resultar bastante difícil de cumplir: no te puedes fijar ni seguir la interpretación que el mundo hace de la realidad. Necesitas otra bien diferente, prácticamente la opuesta.

    Este individuo que ha dicho que sí al plan de Dios para la salvación y que ha encontrado la felicidad, ¿qué es lo que tiene que hacer para conservar esa felicidad y llevarla y ofrecerla a los demás?

    Tiene que desentenderse completamente de todas las historias del mundo y mantener su mente fija en Dios. Si eso no es así, es totalmente imposible ser verdaderamente feliz en este mundo.

    Si te crees la historia que el mundo te cuenta acerca de sí mismo, ¿cómo vas a ser feliz?

    ¿Cómo vas a ser feliz si te crees las historias que ves en la televisión, las que lees en los periódicos, los males que te cuentan tus amigos, tus vecinos, tu familia o las que te cuentas tú mismo la mayor parte del tiempo?
    Creyendo eso, ¿cómo vas a poder ser feliz? Así, ser feliz es imposible.
    ¿Cómo vas a ser feliz si, tras escuchar esas historias, crees que… son verdad, son importantes y te conciernen?

    Porque, fíjate bien: todos los esfuerzos de comunicación que hace el mundo son para que te involucres en su manera demencial de interpretar la realidad.

    ¿Te das cuenta de que así es imposible?

    Así es imposible cumplir tu plan para la salvación; es imposible ser feliz; no puedes sanar a nadie; y, además, así tampoco puedes resolver ninguno de los problemas que el mundo afirma tener.

    Ante esa deprimente situación, lo primero que tienes que decirte es: esos problemas no son reales, no son importantes, pero sí me conciernen, porque tengo la responsabilidad de asumir mi papel en el plan de Dios para la salvación. Y, a continuación: los remedios que el mundo propone no son la solución. Nunca funcionarán. Tan solo perpetuarán y agravarán los problemas.

    El plan de Dios para la salvación es espiritual, porque el problema también lo es. Al mundo le perturban los efectos, pero desconoce la verdadera causa. El problema del mundo es la separación, y atendiendo a esa única causa se resuelven todos los problemas del mundo.

    La mente del Hijo de Dios está fraccionada, como dos placas tectónicas que colisionan entre sí en el fondo marino. El mundo anda preocupado por los efectos devastadores de las olas que el maremoto causa en la superficie, pero el problema está en el fondo.

    Sana eso, y lo habrás sanado todo.

  • LECCIÓN 99

    Mi única función aquí es la salvación.

    1. La salvación y el perdón son lo mismo.I

    2Ambos conceptos implican que algo ha ido mal; algo de lo que necesitas ser salvado o perdonado; algo erróneo y que necesita un cambio correctivo; algo aparte o diferente de la Voluntad de Dios.

    3Ambos términos, por lo tanto, implican algo imposible, pero que sin embargo ha ocurrido, dando ahora lugar a un estado de conflicto entre lo que es y lo que nunca podría ser.

    2. La verdad y las ilusiones están ahora equiparadas, pues ambas han ocurrido.

    2Lo imposible se convierte en aquello que necesitas perdonar, o de lo que necesitas salvarte.

    3La salvación es el territorio fronterizo entre la verdad y la ilusión.

    4Refleja la verdad, porque es el medio por el que puedes escapar de las ilusiones.

    5Pero no es la verdad, porque deshace lo que nunca ocurrió.

    3. ¿Cómo puede haber un punto de encuentro en el que la tierra y el Cielo puedan reconciliarse dentro de una mente donde ambos existen?

    2La mente que ve ilusiones piensa que son reales.

    3Existen, en cuanto que son pensamientos.

    4Mas no son reales, porque la mente que piensa esos pensamientos está separada de Dios.II

    4. ¿Qué podría unir la mente y los pensamientos separados con la Mente y el Pensamiento que son por siempre Uno?

    2¿Qué plan podría preservar la verdad intacta, y aun así reconocer las necesidades que conlleva la creencia en ilusiones, y ofrecer medios para deshacerlas sin atacarlas y sin causar dolor?

    3¿Qué plan podría ser este sino un Pensamiento de Dios mediante el cual se pasa por alto lo que nunca ocurrió y se olvidan los pecados que nunca fueron reales?

    5. El Espíritu Santo conserva este plan de Dios exactamente como lo recibió de Él, dentro de la Mente de Dios, y en la tuya propia.

    2Este plan no está relacionado con el tiempo, debido a que su Fuente es intemporal.

    3Mas opera en el tiempo, porque tú crees que el tiempo es real.

    4El Espíritu Santo no se inmuta ante todo lo que tú ves; el pecado, el dolor, la muerte, la aflicción, la separación y la pérdida.

    5Pues Él sabe que una cosa sigue siendo cierta: Dios sigue siendo Amor, y eso que tú ves no es Su Voluntad.III

    6. Este es el Pensamiento que lleva las ilusiones a la verdad, y las ve como apariencias tras las cuales se encuentra lo inmutable y lo cierto.

    2Este es el Pensamiento que salva y perdona, porque no deposita su fe en lo que no ha sido creado por la única Fuente que Él conoce.

    3Este es el Pensamiento cuya función es salvar, al ofrecerte Su Función como la tuya propia.

    7. La salvación es la función que tú has de desempeñar, junto con Aquel a Quien se le confió el plan.

    2Ahora este plan se te ha confiado a ti, junto con Él.

    3Él tiene una única respuesta para todas las apariencias, sin importar su forma, su tamaño, su intensidad, o cualquier atributo que parezcan tener:

    4Mi única función aquí es la salvación.    

    5Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad.

    8. Tú, que llegarás a obrar milagros, asegúrate de practicar bien la idea de hoy.

    2Trata de percibir la fortaleza que se encuentra en esto que dices, pues en esas palabras radica tu libertad.

    3Tu Padre te ama.

    4Todo ese mundo de dolor no es Su Voluntad.

    5Perdónate a ti mismo por haber pensado que Él quería eso para ti.

    6Y luego deja que el Pensamiento con el que Él ha sustituido todos tus errores se adentre en los lugares sombríos de tu mente, que concibió esos pensamientos que nunca fueron Su Voluntad.

    7Esa parte de tu mente le pertenece a Dios, al igual que el resto.

    8No tiene pensamientos solitarios, ni los hace reales al esconderlos de Él.

    9. Deja que entre la luz, y no verás ningún obstáculo que te impida lograr lo que Él quiere para ti.

    2Abre tus secretos a Su bondadosa Luz, y comprueba cuán brillante es esta Luz que aún refulge en ti.

    3Practica hoy Su Pensamiento, y deja que Su Luz encuentre e ilumine todos tus tenebrosos rincones, y resplandezca sobre ellos para unirlos al resto de tu mente.

    10. La Voluntad de Dios es que tu mente sea Una con la Suya.

    2La Voluntad de Dios es tener un solo Hijo.

    3La Voluntad de Dios es que Su único Hijo seas tú. 

    4Reflexiona sobre esto durante la práctica de hoy, y comienza las sesiones más largas con esta enseñanza del camino a la verdad:

    5Mi única función aquí es la salvación.

    6La salvación y el perdón son lo mismo.

    7Luego, vuélvete hacia Aquel que comparte tu función contigo, y deja que Él te enseñe lo que necesitas para aprender a dejar atrás todo miedo, y conocer a tu Ser como Amor que no tiene opuesto en ti.

    11. Perdona todos los pensamientos que se opongan a la verdad de tu plenitud, de tu unidad y de tu paz.

    2Los dones que tu Padre te dio no puedes perderlos.

    3Tú no quieres ser otro ser.

    4Tú no tienes ninguna función que no sea la que Dios te dio.

    5Perdónate a ti mismo la función que creías haber concebido para ti.

    6El perdón y la salvación son lo mismo.

    7Perdona lo que crees haber hecho, y te habrás salvado.

    12. Hoy se te ha dado un mensaje especial que tiene el poder de eliminar para siempre de tu mente todo tipo de duda y temor.

    2Si sientes la tentación de creer que tus dudas y miedos son reales, recuerda que las apariencias no pueden resistir la verdad que contienen estas poderosas palabras:

    3Mi única función aquí es la salvación.    

    4Dios sigue siendo Amor, y esto no es Su Voluntad.

    13. Tu única función te dice que tú eres Uno.

    2Recuérdate esto a ti mismo con frecuencia cuando no estés compartiendo tus cinco minutos con la Voz que habla en Nombre de Dios.

    3Recuérdate a ti mismo:

    4Mi única función aquí es la salvación.

    5De este modo, depositas el perdón en tu mente y, dulcemente, dejas de lado todo el miedo, para que el Amor pueda encontrar en ti el lugar que le corresponde y te muestre que tú eres el Hijo de Dios.  


    I Perdonar es dejar de dar importancia a la ilusión, es decir, a lo que no existe, y en ese mismo momento… ya te has salvado porque a partir de entonces te quedas solo con lo real. ¿Cómo no iba a ser lo mismo entonces perdonar que salvarse?

    II Sin ninguna duda, esta es la Lección más difícil de este Curso. Es una Lección tan difícil que, de hecho, no se puede entender. Es imposible que tu mente particular la entienda, por la sencilla razón de que tu mente particular no existe; es ilusoria. Y esta declaración también es imposible de entender, y la mente personal no la entenderá jamás, porque la mente no es personal. Este es el principio ontológico en que este Curso se basa: tú no eres el ser que crees ser, y el lugar donde te encuentras es una ilusión que concibe una mente confundida. Tú eres todo lo que anhelas y crees que no tienes.

    Reconoce que te resulta difícil aceptar que el mundo que percibes es una ilusión, aun cuando la razón te lo confirme, pues no ves nada permanente en él; todo cambia. Lo que ahora es luego deja de ser, y eso te perturba. No puedes detener ese cambio permanente que el tiempo infunde a la materia; la física también confirma eso. A nivel microscópico, todo se mueve a velocidad vertiginosa, entonces, ¿qué significa ser? Pues en esa manera de ser no hay ser, tan solo devenir, pero eso ya lo dijo Heráclito hace un montón de tiempo. En cambio, Parménides, el iluminado, dice que eso no es existir, que es una ilusión de existencia; no es ser, solo parecer ser. ¿Qué otra cosa va a ser entonces sino un engaño de la mente?

    A estas alturas del Curso, si bien no has asumido totalmente el carácter ilusorio del mundo, sí has abierto tu mente a esa posibilidad, e incluso, probablemente, la consideres con simpatía porque entiendes que en eso precisamente radica tu liberación. Sin embargo, lo que hace saltar todas las alarmas es que tu mente personal, el «instrumento» con el que percibes ese mundo ilusorio, también es una ilusión, y por lo tanto, no existe. El ser que crees ser no existe en realidad. Y contra eso, tu mente se rebela, ¿cómo no iba a ser así?

    Pues bien, eso que se opone fervientemente a reconocer su propia inexistencia es precisamente tu ego. Pero ¿no es acaso perfectamente legítimo que algo se niegue a reconocer que no existe? ¿Puede haber algo más legítimo que eso? ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Dónde está la verdad? ¿Entiendes ahora por qué esta es la Lección más difícil del Curso? Ahora, probablemente sí.

    La idea que tienes de ti mismo es falsa. Tú no eres lo que crees ser. ¿Cómo es posible entonces que eso sea así?

    Intenta verlo de esta manera: tú, ciertamente, eres real, eres una mente real; existes. Lo que pasa es que esa mente real que tú eres ha concebido un pensamiento cuyo contenido no es verdad: la idea de que ella es un ser separado, y se ha identificado con ese contenido que ella misma ha concebido. Ahora, la mente no cree ser la mente que ha concebido ese pensamiento, sino el propio contenido de esa idea falsa, ese ser separado.

    La situación es simple, pero absolutamente perversa. La mente ha quedado fijada en esa concepción bastarda en un tiempo ilusorio aparentemente enorme. Y ahora, esa mente sostiene con «amor» de madre a esa aberrante «criatura» sola y separada, pues ella misma la parió. Ese contenido espeluznante es la idea que alberga la mente confundida. ¿Está la mente separada? ¡No! Pero ella cree que sí.

    Este es el entuerto que Jesús procura resolver con este Curso: la restauración de la mente a su condición natural disipando la idea ficticia de la separación, y a esto le llama la sanación de la mente. Date cuenta, sin embargo, de que Jesús te invita a sanar una mente que en sí misma es perfectamente sana, porque sigue siendo exactamente tal como Dios la creó, pero como esa mente cree en la locura que ella misma concibió, no le queda más remedio a Jesús que relacionarse con ella en sus propios términos, pues para poder comunicarse con una mente que cree ser un individuo solo y separado tiene que usar su propio lenguaje.

    Este Curso no opera en un ámbito real, opera en un ámbito ilusorio, pues es ahí donde se necesita, ya que la mente individual a quien va dirigido sí cree que lo que concibe en su alucinación es real. En el ámbito del mundo todo lo que dice este Curso es estrictamente cierto y absolutamente conveniente, por eso, más vale que le prestes toda tu atención. Sin embargo, en la Realidad, este Curso es completamente superfluo, pues ahí no solo no se necesita, sino que es inconcebible. Pero, recuerda, tu mente personal no conoce la Realidad, solo percibe ilusiones, y mientras creas ser un individuo que está en este mundo, así será, y por eso Jesús te insta a que «perdones», a que no tengas en cuenta lo que percibes, ni siquiera tus propios pensamientos.

    No te preocupes si no entiendes todo esto; no es comprensible, pero tampoco te hace falta comprenderlo. A pesar de ello, probablemente sí captes de manera intuitiva la idea de que la mente de tu Ser Uno, que es la Mente de Dios, no comprende nada. Comprender es aprehender e incorporar, y la mente real no hace eso; la mente real lo es todo. Así que vuelve a tus asuntos, feliz en tu nueva consagración, y celebra que te encuentras en el camino hacia la paz. No hace falta nada más.

    Llegará un momento en el que el tiempo concluirá para ti, y con él todos tus miedos y tus dudas. Recuerda estas palabras que encontrarás en T-7.I.7: «Hemos dicho que el paso final en el redespertar del conocimiento lo da Dios. Esto es verdad, pero es difícil de explicar con palabras porque las palabras son símbolos y lo que es verdad no NECESITA explicación. No obstante, el Espíritu Santo siempre tiene la tarea de traducir lo inútil en útil, lo que carece de significado en algo significativo, y lo temporal en intemporal. Él PUEDE, por lo tanto, decirte algo acerca de este paso final, mas esto tú ya debes saberlo, porque POR MEDIO de ese paso es como conoces lo que tú eres. Ese paso ES tu ser».

    III 1 Juan 4:8 «El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor».

    1 Juan 4:16 «Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él».

  • LECCIÓN 98

    Aceptaré mi papel en el plan de Dios para la salvación.

    1. Hoy es un día de una consagración especial.

    2Hoy nos posicionamos en un solo lado.

    3Nos ponemos del lado de la verdad y abandonamos las ilusiones.

    4No vacilaremos entre estas dos opciones, sino que tomaremos una posición firme a favor de lo que es Uno.

    5Hoy nos consagramos a la verdad y a la salvación tal como Dios la planeó.

    6No argumentaremos que es otra cosa, ni la buscaremos donde no está.

    7Aceptamos gustosamente la salvación tal como es, y asumimos el papel que Dios nos ha asignado.I

    2. ¡Qué dicha tener certeza!

    2Hoy dejamos a un lado todas nuestras dudas, y asumimos nuestra postura con certeza de propósito, agradecidos de que hayan desaparecido las dudas y de que haya llegado la certeza.II

    3Tenemos un poderoso propósito que lograr, y se nos ha dado todo lo que necesitamos para alcanzar la meta.

    4Ni una sola equivocación se interpone en nuestro camino.

    5Pues hemos sido absueltos de todo error.

    6Todos nuestros pecados han sido perdonados al comprender que no eran más que errores.

    3. Los que están libres de culpa no tienen miedo, pues se sienten seguros y reconocen que están a salvo.III

    2No recurren a la magia, ni inventan maneras de escapar de supuestas amenazas imaginarias.

    3Descansan en la serena certeza de que harán lo que se les ha encomendado.

    4No ponen en duda su propia capacidad, porque saben que cumplirán su función completamente, en el momento y lugar perfectos.

    5Ellos tomaron la decisión que nosotros tomaremos hoy, para que pudiéramos compartir su certeza, y así aumentarla al aceptarla nosotros mismos.

    4. Todos los que adoptaron la misma postura que nosotros asumiremos hoy estarán a nuestro lado, y nos ofrecerán encantados todo lo que aprendieron y todos sus logros.

    2También se unirán a nosotros los que aún se sienten inseguros, y, al compartir nuestra certeza, la harán aún más fuerte.

    3E incluso los que aún no han nacido oirán la llamada que nosotros hemos oído, y responderán a ella cuando vengan aquí para elegir de nuevo.IV

    4Hoy no elegimos únicamente para nosotros mismos.V

    5. ¿No vale la pena que le dediques cinco minutos de tu tiempo cada hora para poder aceptar la felicidad que Dios te dio?

    2¿No merece acaso la pena dedicar cinco minutos de cada hora a reconocer tu función especial aquí?

    3¿No crees que cinco minutos de cada hora es una ínfima petición para conseguir una recompensa tan grande que es inconmensurable?

    6.Has hecho miles de tratos en los que siempre saliste perdiendo.

    2Mas aquí se te presenta una oferta que garantiza tu total liberación de todo tipo de dolor, y una dicha que no es de este mundo.

    3Se te propone que intercambies un poco de tu tiempo por paz mental y certeza de propósito, con la promesa de que tendrás un éxito total.

    4Y como el tiempo no significa nada, se te está dando todo a cambio de nada.

    5Este es un trato en el que no puedes perder.VI

    6¡Y lo que ganas es en verdad ilimitado!

    7. Dale a Él hoy cada hora tu pequeña ofrenda de solo cinco minutos.

    2Él infundirá a las palabras que utilices para practicar la idea de hoy la convicción profunda y la certeza que a ti te falta.

    3Sus palabras se unirán a las tuyas, y harán que cada repetición de la idea de hoy sea una consagración absoluta, hecha con una fe tan perfecta y tan firme como la que Él tiene en ti.

    4Su confianza en ti aportará luz a todas las palabras que pronuncies, e irás más allá de su sonido a lo que realmente significan.VII

    8. Hoy practica con Él, al decir:

    2Aceptaré mi papel en el plan de Dios para la salvación.

    3En cada uno de los cinco minutos que pases con Dios, Él aceptará tus palabras y te las devolverá radiantes de fe y de confianza, tan firmes y sólidas que iluminarán el mundo con esperanza y alegría.

    4No pierdas ni una sola oportunidad de ser el feliz receptor de Sus Dones, para poder darlos tú hoy al mundo.

    9. Ofrécele a Dios tus palabras, y Él hará el resto.

    2Él te ayudará a comprender tu función especial.

    3Él te abrirá el camino de la felicidad, y la paz y la confianza serán Sus Dones y Su respuesta a tus palabras.

    4Dios responderá con toda Su fe, Su dicha y Su certeza de que lo que dices es verdad.

    5Y entonces dispondrás de la misma convicción de Aquel que conoce la función que te ha sido asignada, así en la tierra como en el Cielo.VIII 

    6Dios te acompañará en cada práctica que compartas con Él, e intercambiará cada instante del tiempo que le ofrezcas por intemporalidad y paz.

    10. Pasa el resto de la hora preparándote felizmente para los siguientes cinco minutos en que volverás a estar con Él.IX

    2Repite la idea de hoy mientras esperas ese momento de dicha.

    3Repítela a menudo, y no olvides que cada vez que lo haces preparas tu mente para el gozoso momento que se avecina.

    11.  Y cuando haya trascurrido la hora, y Él esté ahí una vez más para pasar otro rato contigo, sé agradecido y deja a un lado todas las tareas mundanas, todos los pensamientos insignificantes y las ideas limitadas, y disfruta de nuevo de un momento de dicha con Él.

    2Dile una vez más que aceptas ese papel que Él quiere que asumas, y que te ayuda a desempeñar, y Dios te dará la certeza de que tú en verdad quieres esta elección que Él ha tomado contigo, y tú con Él.


    I La Lección de hoy es un pronunciamiento firme de la voluntad. Hoy se te insta a que pongas toda tu voluntad, única y exclusivamente en una sola opción: cumplir el papel que te ha sido asignado por Dios para la salvación del mundo.

    Todavía no sabes exactamente qué es lo que se requiere de ti. No te preocupes: dentro de dos Lecciones lo sabrás. En las Lecciones precedentes hemos aprendido quiénes somos verdaderamente, y ahora ha llegado la hora de ponerse a trabajar. Hemos pasado de la contemplación a ser instados a lanzarnos a la acción y a profesar nuestra nueva fe.

    II Como ya has elegido, han desaparecido de tu mente las alternativas, y con ellas también todas las dudas. Ahora puedes descansar aliviado de toda tensión. Ya no hay conflictos que drenen tu energía. Hoy te has consagrado a una sola causa.

    III No solo vas a dejar de atacarte a ti mismo con tus dudas, sobre todo vas a dejar de atacarte a ti mismo sintiéndote culpable. ¿Para qué? Bajo la nueva interpretación ya has asumido que la culpa no sirve para nada bueno. Ya te has dado cuenta de que la culpa no sirve para hacer de ti una mejor persona, todo lo contrario. Ahora sabes que nunca has pecado. Ahora entiendes que ciertamente te has equivocado, ¿pero pecar? ¡Jamás!

    Ahora puedes usar toda tu energía para rectificar tu mente, e incluso para reparar todo daño que tus errores pudieran haber ocasionado, pero lo vas a hacer feliz y aliviado, ¡ya no te sientes culpable! Ahora sí que vas a ser eficaz.

    IV Esta es una velada alusión al proceso ilusorio de la reencarnación en los cuerpos.

    V Con tu consagración de hoy ingresas en el club de los mensajeros de Dios, no estás solo, formas equipo con otros muchos que han tomado la misma decisión que tú has tomado hoy. Con el Amor de Dios en tu corazón y tu mente rebosante de luz, encarnas en ti mismo el evangelio de Jesús.

    Ahora ya te has decidido por la salvación del mundo, pues esa es la misión que se te ha encomendado. Y para ello no necesitas pronunciar ninguna palabra ni hacer cosa alguna por tu cuenta. En un par de Lecciones se te definirá perfectamente tu único papel.

    VI Ciertamente, es enternecedor cómo Jesús te propone la salvación en términos casi mercantiles. Además, ¡es una oferta verídica! Pon ese poquito que se te pide de todo corazón, y verás lo que ocurre. No hace falta decir más.

    VII El respaldo a tu pequeña fe es muy real, no es ninguna entelequia, solo tienes que darle la oportunidad a que se manifieste para que aparezca en tu conciencia. Lo único que se te pide es un poco de buena voluntad por tu parte, y verás cómo se abre en tu mente el camino a una nueva comprensión. Haz la prueba. No te cuesta nada y lo verás por ti mismo.

    VIII La función que te ha sido asignada la conocerás en breve.

    Mateo 6:10 «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo».

    IX Durante esos cinco minutos reafirmas tu consagración a tu nueva función, y el resto del tiempo disfrutas de la certeza y la paz que proviene de haber unificado tu voluntad. No tienes que desatender para ello tus asuntos mundanos; todo lo contrario, los llevas a cabo felizmente y de manera impecable aplicando tu nueva manera de ver. Comprobarás que todo te va a salir mucho mejor. Ya no estás solo. Caminas por el mundo haciendo tus tareas acompañado de Jesús, pues él va a tu lado y está a tu disposición para todo cuanto necesites.

    Y cuando las dudas te asalten y te sientas sin fuerzas, date cuenta de que:

    ① Tu consagración es una idea.

    ② Tus dudas también son una idea.

    ③ Sentir que te has quedado sin fuerzas también es una idea que puedes asociar a cualquiera de las otras dos.

    Y entonces…

    ④ Asocia la idea de quedarte sin fuerzas a la idea de albergar dudas, y verás que te has quedado sin fuerzas para dudar.

    Luego, descansa tu mente, confirma tu consagración especial, y sigue adelante.

  • LECCIÓN 97

    Soy Espíritu.

    1. La idea de hoy te identifica con tu Ser Uno.I

    2No admite ninguna identidad dividida, ni trata de formar una unidad entrelazando factores opuestos.

    3Simplemente declara la verdad.

    4Practica hoy esta verdad tan a menudo como puedas, pues sacará tu mente del conflicto y la llevará a los serenos campos de la paz.

    5Ahora, ningún escalofrío de miedo puede introducirse, pues tu mente ha sido absuelta de la locura al haber abandonado la ilusión de ser una identidad dividida.

    2. Hoy volvemos a declarar la verdad acerca de tu Ser, el santo Hijo de Dios que descansa en ti, Cuya mente ha sido restituida a la cordura.  

    2Tú eres el Espíritu amorosamente investido de todo el Amor, la Paz y la Dicha de tu Padre.

    3Eres el Espíritu que completa a Dios Mismo, y comparte Su Función de Creador.

    4Él siempre está contigo, tal como tú siempre estás con Él.II

    3. Hoy tratamos de acercar aún más la realidad a tu mente.

    2Cada vez que practicas, te vuelves cuando menos un poco más consciente, y a veces se ahorran mil años o más.III

    3Los minutos que dedicas a tu práctica se multiplican una y otra vez, pues el milagro se sirve del tiempo, mas no se rige por él.

    4La salvación es un milagro, el primero y el último.

    5El primero es también el último, pues el milagro de la salvación es uno.

    4. Tú eres el Espíritu en Cuya Mente mora el milagro en el que todo tiempo se detiene; el milagro en el que un minuto empleado en el uso de estas ideas se convierte en un tiempo ilimitado e infinito.

    2Entrega, pues, estos minutos de buena gana, y cuenta con Aquel que prometió infundirles intemporalidad.IV

    3Él respaldará cada pequeño esfuerzo que tú hagas con toda Su Fortaleza.

    4Dale hoy los minutos que Él necesita para que pueda ayudarte a comprender con Él que tú eres el Espíritu que mora en Dios, Quien llama por medio de Su Voz a todo ser viviente.

    5Él ofrece Su visión a todo el que la pida, y remplaza los errores por la simple verdad.

    5. El Espíritu Santo estará encantado de tomar de tus manos cinco minutos de cada hora, para llevarlos a este mundo doliente, en el que el dolor y la miseria parecen gobernar.

    2Él no pasará por alto ni una sola mente receptiva que esté dispuesta a aceptar los dones de sanación que tus minutos de práctica brindan, y los depositará en todos los lugares donde Él sabe que serán bienvenidos.V

    3Y cada vez que alguien los acepte como sus propios pensamientos, y los use para sanar, aumentarán su poder de sanación.

    6. Así, cada don que le ofrezcas se multiplicará mil veces y decenas de miles más.

    2Y cuando te sea devuelto, superará en poderío la pequeña ofrenda que le diste, tal como el resplandor del sol supera al pequeño destello de una luciérnaga, que solo dura un fugaz instante antes de extinguirse.

    3El constante fulgor de esta luz permanecerá contigo, te guiará fuera de las tinieblas, y ya no podrás volver a olvidar el camino.

    7. Comienza estos felices ejercicios con las palabras que el Espíritu Santo pone en tu mente, y deja que resuenen en el mundo a través de Él:

    2Espíritu soy.

    3Un santo Hijo de Dios.

    4Libre de toda limitación.

    5A salvo, sano y pleno.

    6Libre para perdonar.

    7Y libre para salvar al mundo.

    8Y una vez que hayas expresado esto, el Espíritu Santo aceptará este don que recibiste de Él, aumentará su poder y te lo devolverá.

    8. Ofrécele con gusto cada práctica de hoy.

    2Y Él te hablará y te recordará que eres Espíritu, que eres uno con Él y con Dios, con tus hermanos, y con tu Ser.

    3Escucha Su promesa cada vez que pronuncies las palabras que Él te ofrece hoy, y deja que le diga a tu mente que son verdad.

    4Úsalas en todo momento de incertidumbre, y escaparás de las lamentables consecuencias de ceder a la tentación de creer que eres otra cosa.

    5El Espíritu Santo te trae hoy la paz.

    6Recibe Sus palabras, y ofréceselas a Él.


    I Esta es la quinta y última Lección consecutiva dedicada a tu Ser Uno, señal de la importancia crucial que el Curso le concede a este concepto. Este es un término que expresa la consistencia e integridad de tu realidad. Eres mucho más que análogo a Dios; eres idéntico a Él, pues fuiste creado exactamente a Su imagen y semejanza. Eres Su Extensión, Su amado Hijo.

    Siendo Uno, idéntico y por siempre inalterable, las alternativas son imposibles, y con ellas, el conflicto y la duda. Esta es la perfecta monopolaridad de la Existencia, de Lo Que Es, de Dios, de lo que tú eres.

    Tú eres eso; puro Ser, Ser puro. Tu única función es ser Lo Que Eres; la perfecta y única expresión de los tres aspectos del Ser: Amor, Conocimiento y Voluntad, manifestados de modo ilimitado, infinito y eterno. Amas con amor infinito la Realidad, todo lo que existe, y que es lo que tú eres, y que conoces perfectamente porque es tu propio Ser, al Cual creas en la eternidad extendiendo de modo ilimitado tu propia existencia.

    Las palabras se quedan demasiado cortas para describir tu Realidad. Ese es tu Ser Uno. Tu ego queda absolutamente deslumbrado ante la más tenue visión de tu Ser. Y no se puede decir siquiera que tu luz disipa la oscuridad de tu ego, pues no hubo jamás ninguna oscuridad, tan solo la ínfima creencia de que una vez la hubo en un tiempo ilusorio. Eso eres tú; todo lo que hay, ha habido y por siempre habrá.

    II Mateo 28:20 «… he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

    Amén.

    III En el sueño se ahorran mil años de sueño; la Realidad continúa en su propia continuidad. La Realidad es por siempre jamás.

    IV Aquí, y en las tres líneas siguientes, se está refiriendo al Espíritu Santo.

    V Estas líneas ponen en relieve la importancia y el valor profundo que tiene el tiempo dedicado a la contemplación y la oración sincera. Nos recuerdan que cualquier momento entregado al Espíritu Santo se convierte en una poderosa herramienta de sanación para el mundo. Cada mente receptiva recibe el beneficio de esta dedicación, ya que la mente, al ser compartida, se ve influida positivamente por la práctica espiritual de unos pocos.

    En este sentido, resalta particularmente la labor silenciosa pero extraordinariamente eficaz de aquellas personas que, como las monjas y los monjes de clausura, ofrecen su vida entera en contemplación y oración. Su compromiso callado, constante y humilde contribuye significativamente a transformar y sanar la conciencia colectiva, expandiendo así la paz y aliviando el sufrimiento en un mundo donde parece predominar el dolor.

  • LECCIÓN 96

    La salvación proviene de mi Ser Uno.

    1. Aunque eres un Único Ser, tú te experimentas como si fueras dos.

    2Te ves a ti mismo como si fueras a la vez bueno y malo, como alguien que ama y odia, mente y cuerpo.

    3Esta sensación de estar dividido en opuestos induce en ti agudos y constantes sentimientos de conflicto, y te lleva a intentar reconciliar frenéticamente los aspectos contradictorios de esta percepción de ti mismo.

    4Tú has buscado muchas soluciones reconciliadoras, pero ninguna de ellas ha funcionado.

    5Los opuestos que ves en ti jamás serán compatibles.

    6Tan solo uno de ellos existe.I

    2. Para salvarte, debes aceptar el hecho de que la verdad y la ilusión no se pueden conciliar.

    2No importa cómo lo intentes, los medios que utilices, ni dónde veas el problema.

    3Hasta que no aceptes esto, intentarás una lista interminable de objetivos que no podrás alcanzar.

    4Te empeñarás en una larga serie de inversiones de tiempo y esfuerzo, de esperanzas y de dudas.

    5Y cada intento será tan inútil como el anterior, pues también fracasará, al igual que el siguiente.

    3. Los problemas que no tienen sentido no pueden resolverse en el contexto en que se plantean.

    2Dos seres en conflicto supone una condición que no se puede resolver.

    3No hay un punto de encuentro entre el bien y el mal.

    4El ser que tú hiciste jamás puede ser tu Ser.

    5Y tu Ser no puede dividirse en dos y seguir siendo lo que es y por siempre será.

    4. Una mente y un cuerpo no pueden coexistir.

    2No intentes conciliarlos, cada uno niega que el otro sea real.

    3Si tú eres un ser físico, tu mente desaparece del concepto que tienes de ti mismo, pues no tiene ningún lugar en el que pueda ser realmente parte de ti.

    4Mas si eres Espíritu, el cuerpo es entonces el que carece de sentido en tu concepción de la realidad.

    5. La mente es el medio del que se vale el Espíritu para expresar su Ser.II

    2Y la mente que sirve al Espíritu está en paz y llena de dicha.

    3Su poder proviene del Espíritu, y de esta manera desempeña felizmente su función.

    4Sin embargo, la mente también puede verse a sí misma divorciada del Espíritu, y percibirse dentro de un cuerpo al que confunde con ella misma.

    5En tal caso, no cumple su función, no tiene paz, y es incapaz de albergar la idea de felicidad.

    6. Además, una mente separada del Espíritu no puede pensar.

    2Ha negado la Fuente de su fortaleza, y se ve a sí misma desvalida, limitada y débil.

    3Disociada de su función, ahora cree estar sola y separada, atacada por ejércitos que se movilizan contra ella, y se esconde en el frágil soporte del cuerpo.

    4Ahora debe reconciliar lo diferente con lo similar, pues piensa que esa es su función.III

    5No pierdas más tiempo en eso.

    6¿Quién puede resolver los insensatos conflictos que plantea un sueño?

    7¿Qué podría en verdad significar su resolución?

    8¿Qué objeto tendría?

    9¿De qué serviría?

    7. La salvación no puede hacer realidad las ilusiones, ni tampoco resolver un problema que no existe.

    2Tal vez albergas esperanzas de que pueda hacerlo.

    3Pero ¿quieres que el plan de Dios para la liberación de Su querido Hijo tan solo le cause dolor y no le libere?

    4Tu Ser conserva Sus Pensamientos, y Ellos permanecen en tu mente y en la Mente de Dios.

    5El Espíritu Santo conserva la salvación en tu mente, y le ofrece el camino hacia la paz.

    8. La salvación es un Pensamiento que compartes con Dios, porque Su Voz la aceptó por ti y respondió en tu nombre que se había consumado.

    2Por eso, la salvación se encuentra entre los Pensamientos que tu Ser atesora y custodia para ti.

    3Hoy intentaremos encontrar este Pensamiento, cuya presencia en tu mente está garantizada por Aquel que te habla desde tu Ser Uno.

    4Nuestras prácticas de cinco minutos cada hora se dedicarán a la búsqueda de tu Ser dentro de tu mente.

    5La salvación proviene de este Ser Uno a través de Aquel que sirve de puente entre tu mente y Él.IV

    9. Espera pacientemente, y deja que el Espíritu Santo te hable de tu Ser y de lo que tu mente puede hacer, una vez restaurada a Él y libre para servir a Su Voluntad.

    2Comienza diciendo esto:

    3La salvación proviene de mi Ser Uno.

    4Sus Pensamientos están a mi disposición.

    5Luego, busca Sus Pensamientos y reclámalos como tuyos.

    6Estos son tus propios verdaderos pensamientos, los cuales has negado mientras dejabas que tu mente vagara por un mundo de sueños para encontrar ilusiones que los sustituyesen.

    7He aquí tus Pensamientos, los únicos que tienes.

    8La salvación se halla entre Ellos.

    9Encuéntrala ahí.

    10. Si lo consigues, los Pensamientos que vengan a ti te dirán que te has salvado y que tu mente ha encontrado la función que quería perder.

    2Tu Ser acogerá a tu mente y la colmará de paz.

    3Y una vez que su fortaleza haya sido restaurada, tu mente volverá a fluir desde tu Espíritu hacia el Espíritu que se encuentra en todas las cosas, las cuales fueron creadas por el Espíritu a semejanza de Sí Mismo.

    4Ahora tu mente bendecirá todas las cosas.

    5Ahora que la confusión ha concluido, eres de nuevo restaurado a tu Ser, pues por fin lo has encontrado.

    11. Tu Ser sabe que hoy no puedes fracasar.

    2Tal vez tu mente siga insegura todavía un rato.

    3Mas no te desanimes por ello.V

    4La dicha que tu Ser experimenta Él la conservará para ti, y volverás a tener plena conciencia de ella.

    5Cada vez que dedicas cinco minutos de cada hora a buscar a Aquel que une tu mente con tu Ser, le ofreces un tesoro más para que lo guarde para ti.

    12. Cada vez que hoy le dices a tu agitada mente que la salvación proviene de tu Ser Uno, depositas otro tesoro en tu creciente reservorio.

    2Y todo él se le dará a cualquiera que lo pida y acepte ese don.

    3¡Piensa, entonces, lo mucho que puedes dar hoy para que así se te conceda a ti!


    I La idea fundamental de esta Lección es la monopolaridad de la existencia, lo cual, desde un punto de vista estrictamente ontológico, es evidente: la existencia es una y positiva. Esta es la idea base del paradigma no dualista, que en sí mismo es una declaración tautológica: solo existe lo que existe. Pero las ideas más simples y verdaderas suelen resultar inaccesibles para las mentes que funcionan mal.

    El sistema de pensamiento del mundo, suscrito a un paradigma dualista, es complejo, de carácter mágico y, en el fondo, extraordinariamente ingenuo. El mundo, no se sabe muy bien por qué, considera que si existe algo, también debe existir la ausencia de ese algo, y con eso construye todo su pensar. Aceptar la existencia de las ausencias es la conclusión a la que llega una mente enferma, y constituye en sí mismo un nefasto sesgo cognitivo. Se trata de un sesgo que, por estar tan universalmente extendido, el mundo no lo identifica como tal. Esa creencia es devastadora para la mente, que ahora deriva de eso todo un mundo imaginario basado en algo que no está ahí, y no existe.

    Solo existe lo que hay, lo que está ahí, y eso es siempre positivo. Esta es una verdad tan simple que cualquier niño pequeño puede entenderla, pero cuando las personas maduran, desgraciadamente, comienzan a ver fantasmas, pues entrenan sus ojos para que les muestren lo que no está ahí; así es como enloquecen y comienzan a soñar y a temer.

    Considerar la existencia de lo inexistente es la enfermedad mental de este mundo. Pensar que si el amor es real su opuesto —su ausencia, el miedo— también debe serlo es una locura, pero así es como piensa todo el mundo. Y entonces a las ausencias de luz les llaman sombras, y las ven por todas partes, y las temen, pues, ¿acaso no están ahí?, dicen. Mas las sombras ni están ni existen, pues son ausencias de lo que sí existe. Y así, entonces, construyen en sus mentes fragmentadas un mundo con ausencias de amor, y creen verlo, y en él viven. ¿Te parece lógico pensar de ese modo? Probablemente no. Estás demasiado acostumbrado a ella, y a ti la existencia única del amor te parece una propuesta atractiva, pero nada más que una fantasía.

    La idea de la separación en la mente del Hijo de Dios —el ego como causa— lo ha llevado a considerar la ausencia de ser como una posibilidad real, la cual se ha vuelto ahora significativa. Ahora, la mente egoica —el ego como efecto— cree en las ausencias, se percibe a sí misma como carente y proyecta, y cree vivir, en un mundo imaginario construido con ausencias de amor.
    ¡Por Dios, las ausencias no existen! Solo existe lo que existe. Lo real no corre, no ha corrido nunca ni puede correr ningún peligro. Y todo eso que tú crees que corre peligro no es real y no debería preocuparte en absoluto. Esa es la razón por la que la paz de Dios está garantizada.

    Eres un Único Ser, ¿¡qué vas a ser si no!?, ¿¡lo que a la vez eres y no eres!? Deja de soñar que eres malvado o que careces de algo. La existencia es una condición estrictamente positiva, y eso es algo tan evidente que hasta da un poco de vergüenza tener que declararlo. Solo existe la Existencia. Puedes verlo, si quieres, como amor, como luz y como voluntad, pero eso es tan solo una manera de considerarlo, pues en esencia, la Existencia es Una e inefable. Lo que existe no se puede percibir, porque eso es la Realidad, y eso solo se puede conocer. Y, de hecho, eso es lo que conoces bien, y, además, no conoces más que eso. Todo lo demás son añadidos que tú mismo has inventado y que embotan tu mente con siniestras imaginaciones. Esa es tu realidad eterna, y no es experimentable, porque solo los sujetos (fíjate en la palabra) perciben y experimentan, pero tú no eres un sujeto, eres la Existencia Misma.

    Tú, como sujeto (a tus propias interpretaciones de la realidad), vas a percibir este Curso como algo profundamente negativo, precisamente porque este Curso es absolutamente positivo. Aquí se niega el error, se niega todo lo que no es verdad, y eso es todo aquello en lo que ahora crees, pues creer es lo que te ha llevado a esa triste condición. ¡No necesitas creer en nada! ¡Sí necesitas, sin embargo, dejar de creer! Cuando dejes de hacerlo, de repente y por un breve instante, comprenderás tu inmenso error con asombro, y luego lo verás disolverse en la nada que jamás ha sido.

    También es cierto que, desde el pensamiento conflictivo del mundo, estas declaraciones son incomprensibles, pero lo que en verdad es incomprensible es el pensamiento del mundo. Ahora, en tu actual estado de confusión, simplemente permite otra posibilidad, otra manera de ver. Practica de manera diligente estas Lecciones de luz, y confía. El Amor de Dios y tu Ser Uno esperan ese pequeño gesto tuyo.

    Lee esta Lección con cariño y atención. Cada una de sus líneas está llena de luz y de verdad. Relaja la mente y busca la comprensión. No luches, no te defiendas, no ataques y no creas nada, simplemente abre tu mente y confía.

    II En muy pocas instancias de este Curso se habla sobre la naturaleza ontológica de la mente. Esta es una de ellas. Otra se encuentra en el Glosario:«El término “mente” se utiliza para representar el principio activo del espíritu, el cual le proporciona su energía creativa». (G-2.1:1)

    La mente aquí no es el origen último, sino un instrumento, un canal, un medio de comunicación. El Espíritu —el carácter espiritual— es la verdadera esencia del Ser: eterno, ilimitado y perfecto. Sin embargo, para manifestar su identidad, el Espíritu utiliza la mente, que opera como un medio capaz de reflejar, reconocer y expresar su auténtica realidad.

    Por decirlo de alguna manera y en términos abstractos, la mente sería el vehículo de la Voluntad; el Amor, su contenido; la luz de la Verdad, la dirección; y la Creación, su destino.

    De esta manera, la mente no tiene autonomía o poder independiente, pues es un ámbito potencial que adquiere sentido cuando se somete al servicio del Espíritu, permitiendo que su Luz, su Amor y su Verdad fluyan a través de ella. Cuando la mente reconoce y acepta este papel, se convierte en un instrumento transparente que facilita la manifestación del verdadero Ser. Por el contrario, cuando la mente se identifica erróneamente con el ego, bloquea esa comunicación y oscurece el conocimiento de nuestra identidad real.

    La enseñanza fundamental implícita aquí es que la sanación y el despertar espiritual se producen cuando permitimos conscientemente que nuestra mente cumpla su función verdadera: expresar fielmente el Ser que somos, es decir, la perfecta presencia del Espíritu.

    III La mente, que es de naturaleza espiritual, es diferente de todas las cosas del mundo, que son similares entre ellas porque son «físicas». La mente cree que su función es gestionar sus intereses con las cosas del mundo, lo cual es imposible, porque pertenecen a ámbitos completamente diferentes. La mente es abstracta y real, mientras que las cosas del mundo son concretas e ilusorias.

    IV El Espíritu Santo es el puente que une tu mente dividida y afectada por el ego con tu Ser.

    V La expresión «No te desanimes» aparece varias veces en la Biblia. Por ejemplo, en Isaías 41:10 «No temas, porque yo estoy contigo, no te desanimes, porque yo soy tu Dios; te fortaleceré, te ayudaré, te sostendré con mi diestra victoriosa».

  • LECCIÓN 95

    Soy un Único Ser, unido a mi Creador.

    1. La idea de hoy describe con precisión cómo te creó Dios.

    2Eres uno en ti mismo, y Uno con Él.

    3Tuya es la unidad de toda la Creación.

    4Tu perfecta unidad hace que el cambio sea imposible en ti.

    5Mas tú no aceptas esto, y no te das cuenta de que así debe ser.

    6Y eso se debe únicamente a que crees que tú ya te has cambiado a ti mismo.

    2. Te ves a ti mismo como una ridícula parodia de la Creación de Dios; débil, perverso, feo y pecador, miserable y acosado por el dolor.

    2Esa es la versión que tienes de ti mismo; un ser dividido en muchas facetas en conflicto, separadas de Dios y que a duras penas se mantienen unidas por su errático y caprichoso hacedor, a quien rezas.

    3Él no oye tus plegarias, pues es sordo.

    4Él no ve la Unicidad en ti, pues es ciego.

    5Él no comprende que tú eres el Hijo de Dios, pues es insensato y no entiende nada.I

    3. Hoy intentaremos ser conscientes solo de lo que tu Ser puede oír y ver, y tiene perfecto sentido.II

    2Dirigiremos de nuevo nuestros ejercicios a llegar a tu Ser Uno, unido a su Creador.III

    3Llenos de paciencia y esperanza, hoy volvemos a intentarlo.

    4. Dedicar los primeros cinco minutos de cada hora a practicar la idea del día tiene ciertas ventajas en la etapa de aprendizaje en la que ahora te encuentras.

    2Te resulta difícil no permitir que tu mente divague a lo largo de una práctica prolongada.IV

    3Seguramente ya te habrás dado cuenta de esto.

    4Has visto hasta qué punto te falta disciplina mental, y lo mucho que necesitas entrenar tu mente.

    5Es necesario que seas consciente de ello, pues eso ciertamente constituye un verdadero obstáculo para tu progreso.

    5. Las prácticas breves y frecuentes tienen otras ventajas para ti en esta etapa.

    2Además de reconocer tus dificultades para mantener la atención, también debes haber notado que, a menos que se te recuerde tu propósito con frecuencia, tiendes a olvidarlo durante largos periodos.

    3Olvidas a menudo las aplicaciones breves de la idea del día, y todavía no has formado el hábito de utilizarla como respuesta automática a toda tentación.

    6. Por lo tanto, en este momento necesitas una estructura planificada que incluya recordatorios frecuentes de tu objetivo, e intentos regulares de alcanzarlo.

    2Un horario regular no es el requisito ideal de una práctica que te conduzca a la salvación.

    3No obstante, es beneficioso para aquellos cuya motivación es inconsistente y siguen defendiéndose fuertemente del aprendizaje.

    7. Por eso, seguiremos manteniendo las prácticas de cinco minutos por hora durante un tiempo, y te instamos a que omitas las menos posibles.

    2Utilizar los primeros cinco minutos de la hora te resultará especialmente útil, ya que impone una estructura más firme.

    3Pero no utilices tus desviaciones de este horario como excusa para no volver a él en cuanto puedas.

    8. Puede que tengas la tentación de considerar el día como perdido simplemente porque ya has dejado de hacer lo que se te pide.

    2Mas reconoce esto sencillamente como lo que es: una negativa a corregir tu error y una falta de voluntad para volver a intentarlo. 

    3Tus errores no retrasan al Espíritu Santo en Su enseñanza.

    4Tu falta de voluntad para abandonarlos, sí.

    9. Por lo tanto, tomemos la determinación, sobre todo durante la próxima semana, de estar dispuestos a perdonarnos a nosotros mismos por nuestras faltas de diligencia, y por nuestros fallos a la hora de seguir las instrucciones para practicar la idea del día.

    2Esta tolerancia con la debilidad nos permitirá pasarla por alto, en lugar de otorgarle poder para retrasar nuestro aprendizaje.

    3Si le otorgamos ese poder, creeremos que la debilidad es fortaleza, y estaremos confundiendo fortaleza con debilidad.

    10. Cuando no cumples los requisitos de este curso, simplemente estás cometiendo un error.

    2Esto requiere corrección, y nada más.

    3Permitir que un error siga repitiéndose es cometer errores adicionales, basados en el primero, y que lo refuerzan.

    4Es precisamente este proceso el que hay que dejar de lado, pues no es más que otra forma de defender a las ilusiones de la verdad.

    11. Abandona todos esos errores reconociéndolos simplemente como lo que son.

    2Solo son intentos de mantener alejada de tu conciencia la idea de que eres un Único Ser, unido a tu Creador, uno con todos los aspectos de la Creación, y con un poder y una paz ilimitados.

    3Esta es la verdad, y nada más es cierto.

    4Hoy volveremos a afirmar esta verdad, e intentaremos alcanzar el lugar en el que no cabe la menor duda de que solo esto es verdad.

    5Comienza las prácticas más largas de hoy ofreciéndole a tu mente esa garantía con toda la certeza que puedas transmitirle:

    6Soy un Único Ser, unido a mi Creador,

    Uno con todos los aspectos de la Creación,

    y con un poder y una paz ilimitados.

    12. Luego, cierra los ojos y repite lo siguiente para ti mismo de manera lenta y reflexiva, intentando que el significado de las palabras se sumerja en tu mente, y reemplace así tus falsas ideas:

    2Soy un Único Ser.

    3Repite esto varias veces, y luego intenta sentir el significado que estas palabras transmiten.

    4Eres un Único Ser, unido, y a salvo en la luz, la dicha y la paz.

    5Eres el Hijo de Dios, un Único Ser con un Creador y un objetivo: llevar la conciencia de esta Unicidad a todas las mentes, para que la verdadera Creación pueda extender la Totalidad y Unidad de Dios.

    13. Eres un Único Ser, completo, sano y pleno, con el poder para retirar del mundo el velo de oscuridad, y dejar que salga la luz que hay en ti para que le enseñe al mundo la verdad acerca de sí mismo.

    2Eres un Único Ser, en perfecta armonía con todo lo que existe y existirá jamás.

    3Eres un Único Ser, el santo Hijo de Dios, unido a tus hermanos en ese Ser, y unido a tu Padre en Su Voluntad.

    14. Siente este Ser Uno en ti, y deja que disipe con su fulgor todas tus ilusiones y tus dudas.

    2Este es tu Ser, el Hijo de Dios Mismo, impecable como Su Creador, con Su Fortaleza dentro de ti, y Su Amor eternamente tuyo.

    3Eres un Único Ser, y puedes sentir este Ser dentro de ti, y expulsar todas tus ilusiones de esa Única Mente que es este Ser; la santa verdad en ti.

    15. No olvides esto hoy.

    2Necesitamos tu ayuda, tu pequeña contribución para llevar la felicidad a todo el mundo.

    3Y el Cielo te contempla confiando en que hoy lo intentarás.

    4Comparte, entonces, su certeza, pues es tuya.

    5Mantente alerta.

    6No olvides esto hoy.

    16. No olvides tu objetivo a lo largo del día.

    2Repite la idea de hoy tan a menudo como puedas, y comprende que cada vez que lo hagas alguien oirá la voz de la esperanza, la sacudida de la verdad dentro de su mente, el suave murmullo de las alas de la paz.

    3Tu propio reconocimiento de que eres Un Ser, unido a tu Padre, es un llamamiento a todo el mundo para que se haga uno contigo.

    17. Asegúrate de ofrecerles la promesa que encierra la idea de hoy a todos aquellos con los que te encuentres, y diles en silencio:

    2Tú y yo somos un Único Ser, unidos a nuestro Creador.

    3Yo te honro por razón de lo que soy, y por razón de lo que es Aquel que nos ama a ambos como uno.


    I Esta es, más o menos, la idea que tienes de Dios en tu fuero interno. Observa que habitualmente tus oraciones están plagadas de instrucciones e imperativos. En ellas le «informas» a Dios de tus aparentes necesidades, porque das por supuesto que Él es un ignorante y no se entera de nada, y encuentras de lo más natural ser tú quien tenga que informarle de lo que ocurre. Además, también asumes que Dios está a tu servicio y presto a cumplir tus órdenes.

    Acostumbras a conjugar los verbos de tus oraciones en modo imperativo: «Dame, perdona, escucha, sana…». Reflexiona sobre la inmensa demencia de tu ego que, por una parte, te dice que eres un perverso pecador, miserable, limitado, impotente ante los azares de este mundo y condenado a morir, sin embargo, te incita a dirigirte a tu Creador con una arrogancia pasmosa.

    II Hoy vas a aprender a relacionarte con las cosas del mundo desde tu Ser. Y esa manera tiene perfecto sentido por razón de lo que en verdad eres. Establecer cualquier otro tipo de relación sería una impostura y una traición a tu verdadera identidad.

    Prepárate para conocer cómo se relaciona con el mundo un Ser que tiene la dignidad del santo Hijo de Dios, ni más ni menos.

    III Vas a ver que a lo largo de toda la Lección se pone un gran énfasis en la idea de que tu Ser es Uno. Esta es una idea que contrasta radicalmente con la idea que tú tienes ahora de ti mismo, pues crees que eres un ser disperso en muchos aspectos, con frecuencia conflictivos entre sí; que una parte de ti quiere una cosa y otra parte quiere otra, y eso te estresa y te produce una gran tensión.

    Eso no es más que una fantasía, una ilusión y el resultado de la atención que le prestas a la voz de tu ego. Tú en verdad no eres así. Estás perfectamente unificado y eres absolutamente íntegro, pleno y completo. Tú tienes un solo propósito y una sola voluntad, y esa es la mismísima Voluntad de Dios.

    IV Presta mucha atención a lo que se dice en este párrafo y en los seis siguientes. Fíjate en qué bien te conoce Jesús. Los consejos que ahí te da son cruciales para tu aprendizaje. Jesús te advierte de las dificultades y tentaciones que va a experimentar tu mente mal entrenada. Lee bien, y hazle caso. Ten presente que no importa tanto la precisión con la que sigues las instrucciones para la práctica del día como tu voluntad de cumplir con tu función.

    Si tu voluntad por alcanzar el objetivo es genuina, pero tu mente es deficiente, no te preocupes; progresarás. Pero si tu práctica no obedece a un anhelo sincero y profundo de cambiar tu mente, también avanzarás, aunque no llegarás muy lejos. Sé honesto. Busca en tu interior lo mejor de ti mismo y ponlo sobre el altar de tu devoción. Los ángeles de Dios bajarán para alzarte mucho más allá de donde llegarías con tus pequeñas fuerzas. Recuerda, Jesús siempre está a tu lado. Persevera con toda tu alma. Hay mucho en juego.

  • LECCIÓN 94

    Soy tal como Dios me creó.I

    1. Hoy continuamos con la idea que por sí sola trae la completa salvación.

    2Es la declaración que hace que toda tentación sea impotente.

    3Es el pensamiento que silencia al ego y lo deshace por completo.

    4Tú eres tal como Dios te creó.

    5Esta única idea acalla los sonidos de este mundo, elimina para siempre todos los pensamientos que jamás contuvo, y el mundo mismo desaparece de la vista.

    6Con ella se logra la salvación.

    7Con ella se restablece la cordura.

    2. La verdadera luz es fortaleza, y la fortaleza es impecabilidad.II

    2Si sigues siendo tal como Dios te creó, necesariamente debes ser fuerte, y la luz debe estar en ti.

    3Aquel que garantizó tu impecabilidad debe ser también la garantía de tu fortaleza y de tu luz.

    4Eres tal como Dios te creó.

    5Las tinieblas no pueden oscurecer la gloria del Hijo de Dios.III  

    6Tú estás en la luz, y eres fuerte en la impecabilidad en la que fuiste creado, y en la que permanecerás por toda la eternidad.

    3. Hoy volveremos a dedicar los primeros cinco minutos de cada hora del día a intentar sentir la verdad acerca de ti.

    2Comienza esos momentos de búsqueda con estas palabras:

    3Soy tal como Dios me creó.

    4Soy eternamente Su Hijo.

    5Ahora trata de llegar al Hijo de Dios en ti.

    6Este es el Ser que jamás pecó, ni concibió ninguna imagen para reemplazar la realidad.

    7Este es el Ser que jamás abandonó Su hogar en Dios para caminar por el mundo con incertidumbre.

    8Este es el Ser que no conoce el miedo, ni puede concebir la pérdida, el sufrimiento o la muerte.

    4. No se te pide nada para alcanzar esta meta, excepto que dejes de lado todos los ídolos y las imágenes que tienes de ti mismo.

    2Que vayas más allá de la larga lista de atributos que te has adjudicado, tanto «buenos» como «malos».

    3Y que aguardes en expectante silencio la verdad.IV

    4Dios Mismo ha prometido que la verdad le será revelada a todos los que la pidan.V  

    5Tú la estás pidiendo ahora.

    6No fracasarás, porque Él no puede fracasar.

    5. Si no cumples el requisito de practicar los primeros cinco minutos de cada hora, al menos recuerda decirte a ti mismo cada hora:

    2Soy tal como Dios me creó.

    3Soy eternamente Su Hijo.

    4Dite hoy a ti mismo con frecuencia que eres tal como Dios te creó.VI

    5Y asegúrate de responder a todo aquel que te irrite con estas palabras:

    6Eres tal como Dios te creó.

    7Eres eternamente Su Hijo.

    8Esfuérzate hoy por hacer los ejercicios de cada hora.

    9Cada uno de ellos supondrá un paso gigantesco hacia tu liberación, y un hito en el aprendizaje del sistema de pensamiento que este curso propone.VII


    I Esta declaración resume a la perfección y de manera sucinta todas las enseñanzas de este Curso. Este es el luminoso mensaje evangélico de Jesús. Este es el único pensamiento que la mente dormida debe recordar para trascender el sueño de separación. No hace falta nada más.

    Pero para aceptar una nueva idea, es necesario abandonar la que postula lo contrario. Por eso, esta en una Lección para sustituir creencias.

    He pasado más de noventa días entrenando mi mente para poder usarla de manera diferente a como la estaba usando hasta ahora, y por fin entiendo el sentido de toda esa práctica. Todo ese trabajo simplemente era para comprender quién soy en realidad y por qué creía ser otra cosa. La idea de hoy me lo explica: «Soy el santo Hijo de Dios». Esta es la respuesta a la famosa pregunta: ¿qué soy yo?

    Ahora entiendo por qué nada de lo que veo significa nada; yo he sido el autor de esos significados insustanciales. Pero eso me perturba, porque en el fondo de mi ser yo sé que no son verdad. Me he creído mis propias historias, y ahora las rememoro constantemente trayéndolas al presente, pero lo que en verdad sucede es que mi mente está ensimismada por lo que yo mismo imaginé en el pasado.

    Esas historias —mis pensamientos— ciertamente no tienen ningún significado intrínseco, pero para mí son muy importantes, porque yo las inventé y pensé que eran verdad, y todo eso que he imaginado me asusta.

    Ahora quiero verlo todo de manera diferente, porque me he dado cuenta de que todo lo que creo ver es una forma de venganza contra mí mismo. Eso no me conviene, porque me hace sufrir, pero ahora sé que si renuncio a mis propias interpretaciones puedo escapar de todo ese desatino. No tengo que hacer más que eso.

    En realidad, no sé para qué es nada, pero como tengo miedo de ese vacío, lo intento llenar con mis propios contenidos.

    ¡Yo quiero ver! ¡Quiero verlo todo de otra manera!

    Si Dios me creó perfecto, como Su santo Hijo, mi mente es la Mente de Dios; mi mente es santa y yo soy bendito. Mi santidad es omnipotente, y en mi mente solo hay Paz, Luz y Amor. ¡Qué más podría haber!

    Si creo ver otra cosa, no pueden ser sino ilusiones, cosas que no son verdad y que puedo, y debo, dejar pasar; cosas que debo perdonar.

    El Amor de Dios me sustenta, y yo soy el Amor de Dios.

    Como yo soy el Amor de Dios, yo soy la Luz del mundo. Mi única función en este mundo ilusorio es perdonar las ilusiones que creo ver.

    Es muy importante que no me olvide de esa función; si la olvido, volveré a creer que las ilusiones son reales y albergaré resentimientos, y eso es terrible, porque los resentimientos opacan completamente la Luz en mí, y yo quiero que haya Luz.

    No hay más Voluntad que la Voluntad de Dios, porque Dios es todo lo que existe.

    Dios no ordena, pero en este mundo de luces y sombras me conviene centrar mi atención en la Luz, que es el único componente real de mi mente, pues las sombras no tienen ninguna entidad.

    Ante todo panorama, fijaré mi vista en la Luz, no en las sombras, y entonces veré milagros. Así tomaré conciencia de que en verdad no hay ningún problema ni lo ha habido nunca.

    Yo creía ver conflicto por doquier, porque pensaba que las sombras tenían algún significado. Ahora sé que no.

    Ahora la Luz, la Dicha y la Paz moran en mí.

    II Recuerda que el término «impecabilidad» (sinlessness en inglés) que este Curso lo emplea en sentido etimológico literal de «ausencia de pecado»; la condición del Ser por la cual la idea de pecado es totalmente inconcebible.

    En sentido coloquial, sin embargo, se entiende como la cualidad de lo que es intachable o está sin defecto ni mancha.

    III Mateo 25:31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria».

    IV Como la mayoría de las prácticas de cinco minutos por hora, la de hoy es un ejercicio de meditación. Aquí, dejas a un lado todos los atributos que te has asignado a ti mismo, y entonces, en lugar de sumergirte en tu mente —como en la mayoría de las meditaciones anteriores—, simplemente «esperas» en un estado de quietud en el que lo único que ocupa tu mente es la expectativa: la anticipación de que tu verdadero Ser se te revelará.

    Se trata de la primera aparición de un método de meditación que se convertirá en la forma predominante del Libro de Ejercicios durante la segunda mitad del año.

    V Mateo 7:7 «Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá».

    VI Cada vez que algo te perturbe, dite a ti mismo: «Soy tal como Dios me creó», y serás testigo de una lucha titánica. Vas a ser testigo de cómo tu ego lucha contra la verdad. En el momento en que pronuncies esas palabras verás cómo el ego, de mil maneras diferentes, intentará convencerte de que eso no es verdad.

    Lo primero que hará será intentar persuadirte de que él es tú. Esa es la parte más difícil de superar de toda su estrategia, pues, aunque su único argumento es que él es una voz que está en tu mente, lo cual es cierto, de ahí no se concluye en absoluto que esa voz sea lo que eres tú. Tú no eres esa voz. De hecho, tú no eres ninguna voz. Eso es absurdo. Es crucial que comprendas eso, porque si no eres capaz de disociarte del pensamiento de creer que tú eres esa voz que oyes en tu mente, estás perdido. A partir de entonces empezarás a verlo todo en sus propios términos, y pensarás que eres tú quien está pensando. Lo cual no es en absoluto cierto. Eso no es más que el ego manifestando en tu mente la idea misma que lo concibió: la idea de la separación.

    Para entender lo que está pasando, necesitas notar que en el proceso de oír esa voz tu voluntad no interviene en absoluto. La voz del ego siempre surge en tu mente por su propia iniciativa, de forma totalmente inopinada; surge de repente, sin invocarla, y de por sí. Y a eso tú le llamas «pensar». En realidad, no estás pensando en absoluto. Simplemente estás siendo testigo de la locura; lo que ocurre es que estás tan familiarizado con esa voz que piensas que esa es tu realidad. Reconoce que, aunque esa voz aparezca en tu mente constantemente, y que sea tu experiencia más fiable en tu vida personal, no significa en absoluto que sea válida, que sea real y que te esté aconsejando bien. Ese fenómeno solamente indica que has estado engañado todo el tiempo; nada más. La prueba de ello es que esa voz jamás te ha dado nada de lo que te había prometido, jamás te ha hecho feliz de verdad.

    De nuevo, estate preparado, y verás que cuando digas: «Soy tal como Dios me creó», la voz del ego intentará convencerte de que eso es una fantasía, y que lo que él dice, sin embargo, es tan real como el mundo que contemplas, como todos tus recuerdos, como todos tus temores y como todos tus deseos. No es así. Todo eso es tan real como ese sueño que tuviste la noche pasada, y ahora piensas que tu sueño de vigilia es la realidad, tal como pensabas que era real tu sueño nocturno cuando lo soñabas. Es casi el mismo sueño, con pequeñas variaciones, pero su sustancia es idéntica: este también está hecho de mentiras.

    Despertar a tu verdadero Ser puede ser muy fácil o muy difícil, depende de ti. Mientras creas estar en este mundo siempre oirás la voz de tu ego. Eso ocurrirá siempre, pero depende de ti escucharla o no. Oír y escuchar son dos cosas bien distintas, y lo único que las distingue es tu voluntad. Tu ego quiere secuestrar tu voluntad. No se lo permitas. Tú sí eres tu voluntad, y tu voluntad es libre, precisamente porque eres tal como Dios te creó.

    No estás en absoluto indefenso ante el ego; tú sigues teniendo todo el poder. Úsalo bien, y no te dejes engañar por sus propuestas. Sé perseverante en tu propósito, e inevitablemente despertarás. Además, y si eliges bien, mientras sigas dormido tendrás absoluto control sobre tu sueño y serás testigo de muchos milagros. No despertarás por tu propio esfuerzo, pero serás despertado, porque esa es tu voluntad, y tu voluntad se cumple siempre, porque eres tal como Dios te creó.

    VII Esta Lección es el tercer «paso gigantesco» del Libro de Ejercicios. Consulta la nota de la Lección 61 para ver la lista de todos los pasos gigantescos.

  • LECCIÓN 93

    La luz, la dicha y la paz moran en mí.

    1. Piensas que eres el hogar del mal, de las tinieblas y del pecado.

    2Piensas que si alguien pudiera ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se apartaría como de una serpiente venenosa.

    3Piensas que si la verdad acerca de ti te fuera revelada, te asaltaría un horror tan intenso que tú mismo te quitarías la vida, pues te resultaría imposible seguir viviendo después de haber visto semejante atrocidad.I

    2. Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil ayudarte a ver que no tienen fundamento. II

    2Que has cometido errores es evidente.

    3Y teniendo en cuenta lo que ahora piensas acerca de ti mismo, también es cierto que has buscado la salvación por extraños caminos.

    4Que te has dejado engañar y que tú mismo has engañado.

    5Que has tenido miedo de absurdas fantasías y de sueños crueles.

    6Y que te has postrado ante ídolos de polvo.

    3. Hoy cuestionaremos todo eso, no desde tu punto de vista, sino desde otro muy diferente, desde el cual esos vanos pensamientos carecen de sentido.

    2Esos pensamientos no están de acuerdo con la Voluntad de Dios.

    3Esas extrañas creencias Dios no las comparte contigo.

    4Esto es suficiente para demostrar que son erróneas.

    5Mas tú no lo ves así.

    4. ¿Cómo no vas a estar rebosante de alegría si se te asegura que nunca hiciste todo el mal que crees haber hecho?

    2Que todos tus «pecados» no son nada.

    3Que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado.

    4Y que la luz, la dicha y la paz moran en ti.

    5La imagen que tienes de ti mismo no puede resistir la Voluntad de Dios.

    6Tú piensas que Su Voluntad es la muerte, pero es la vida.

    7Piensas que estás siendo destruido, pero estás siendo salvado.

    5.  El ser que tú hiciste no es el Hijo de Dios.

    2Por lo tanto, ese ser no existe en absoluto.

    3Y todo lo que parece hacer y pensar no significa nada.

    4No es ni malo ni bueno.

    5Es irreal, y solo eso.

    6No lucha contra el Hijo de Dios.

    7No lo lastima, ni ataca su paz.

    8No ha cambiado la Creación en absoluto, ni ha convertido la eterna impecabilidad en pecado, o el amor en odio.

    9¿Qué poder puede poseer ese ser que tú hiciste, cuando lo que quiere es contradecir la Voluntad de Dios?

    6. Tu Padre garantiza tu impecabilidad. 

    2Esto hay que repetirlo una y otra vez hasta que se acepte.

    3Esta es la verdad.

    4Dios Mismo garantiza tu impecabilidad.

    5Nada puede afectarla, ni puede cambiar lo que Él creó eterno.

    6El ser que tú hiciste, malvado y lleno de pecado, no significa nada.

    7Tu impecabilidad está garantizada por Dios, y la luz, la dicha y la paz moran en ti.

    7.  La salvación requiere que aceptes este único pensamiento:

    2Tú eres tal como Dios te creó, y no lo que tú hiciste de ti mismo.

    3Sea cual sea el mal que piensas que hiciste, tú eres tal como Dios te creó.

    4Sean cuales sean los errores que cometiste, la verdad acerca de ti no ha cambiado.

    5La Creación es eterna e inalterable.

    6Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

    7Eres, y siempre serás, exactamente tal como fuiste creado.

    8La luz, la dicha y la paz moran en ti porque ahí las puso Dios.

    8. En nuestras sesiones más largas de hoy, que serían más provechosas si las hicieras durante los primeros cinco minutos de cada hora del día, comenzaremos afirmando la verdad acerca de tu creación:

    2La luz, la dicha y la paz moran en mí.

    3Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

    4Luego deja de lado todas las absurdas imágenes que tienes de ti mismo, y dedica el resto de la práctica a intentar experimentar lo que Dios te ha dado, en vez de lo que tú has decretado para ti mismo.

    9. Tú solo puedes ser, o bien lo que Dios creó, o lo que tú hiciste.

    2Un Ser es verdadero, el otro no existe.

    3Trata de experimentar la unidad de tu Ser Uno.

    4Trata de apreciar Su santidad y el Amor a partir del Cual fue creado.

    5Intenta no interferir con el Ser que Dios creó como lo que eres, ocultando Su majestad tras los insignificantes ídolos de maldad y pecado que tú has concebido para reemplazarlo.

    6Deja que ese Ser sea lo que es.

    7Eso es lo que tú eres.

    8Eso eres tú.

    9Y la luz, la dicha y la paz moran en ti porque eso es así.

    10.  Puede que no te apetezca, o no puedas dedicar los primeros cinco minutos de cada hora a estos ejercicios.

    2Pero trata de hacerlos cuando puedas.

    3Al menos, recuerda repetir estos pensamientos cada hora:

    4La luz, la dicha y la paz moran en mí.

    5Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

    6Luego, cierra los ojos e intenta dedicar al menos un minuto a darte cuenta de que esta es una afirmación de la verdad acerca de ti.

    11.  Si surge alguna situación que pueda perturbarte, disipa rápidamente la ilusión de miedo repitiendo de nuevo estos pensamientos.

    2Y si tienes la tentación de enfadarte con alguien, dile en silencio:

    3La luz, la dicha y la paz moran en ti.

    4Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

    12.  Hoy puedes hacer mucho por la salvación del mundo.

    2Hoy puedes hacer mucho para acercarte a aceptar el papel que Dios te ha asignado en la salvación.

    3Y hoy puedes hacer mucho para convencer a tu mente de que la idea de hoy es una verdad indudable.III


    I Es muy posible que esta afirmación te parezca un tanto exagerada. Tal vez pienses que, si bien no eres perfecto, en el fondo eres una buena persona, que no te parece que seas tan malo como ahí lo pintan.

    Abre tu mente a la posibilidad de que, más bien, esa es la idea de ti mismo con la que puedes seguir adelante; la que hace que todavía te fíes de tu propio criterio; la que te permite levantarte por las mañanas para atender a tus quehaceres y relacionarte con otras personas que son más o menos como tú; la que es responsable de que juzgues a los demás y a todo desde una posición de cierta superioridad.

    ¿Has pensado alguna vez por qué te repugna tanto la idea de abrir tu mente completamente a los demás? Y no digamos ya tu corazón. ¿Has pensado por qué tienes miedo a las alturas, a la oscuridad o a la muerte?

    ¿Por qué piensas que en el mundo hay mucha maldad y mucho sufrimiento? ¿Por qué te aterran el dolor, la pérdida y la soledad? ¿Por qué se te encoge el corazón si alguien no te ama? ¿Por qué, a veces, sientes que te entran ganas de matar ante una pequeña ofensa?

    Al igual que piensas que el mundo es un lugar peligroso con lugares a los que nunca te atreverías a ir, tu mente también está llena de profundas sombras que prefieres no visitar.

    ¿Dónde has conocido todo el mal que has creído ver en el mundo? ¿Dónde has experimentado todo el dolor y todo el miedo que hayas sentido jamás? ¿No ha sido acaso en tu mente? ¿Y qué es tu mente sino tú mismo?

    Si todo el horror del que has sido testigo, y también todo el que eres capaz de imaginar, ha estado o está en tu mente, y si tu mente eres tú, entonces, es evidente que tienes un bonito problema.

    Además, si tú eres causa, efecto o condición de tanta maldad, es bastante improbable que la solución de tamaña abominación también se encuentre en ti, al menos, no tal como lo has estado gestionando hasta ahora.

    Parece que lo más prudente sería buscarla en algún otro lugar, o por algún otro método. ¿Será eso posible?

    II Esta noche he tenido un sueño terrible. La pura encarnación del horror me perseguía, y yo corría absolutamente aterrorizado intentando escapar, pero ha llegado un momento en el que me ha encontrado, me ha acorralado y ya no he podido huir. El horror se ha abalanzado sobre mí, y yo, en un movimiento desesperado por zafarme, me he girado rápidamente y… me he caído de la cama.

    Creo que nunca he sido tan feliz, a pesar del daño que me he hecho. Luego me he vuelto a subir a la cama, pero ya no me he podido dormir. Me he puesto a pensar en lo tonto de toda esa situación, y entonces me he preguntado: «¿Qué pasaría si todo eso que llamo “mi vida personal” no fuera más que un sueño, un sueño del que por alguna razón no puedo despertar?». A fin de cuentas, eso es lo que son los sueños: algo que parece muy real y de lo que no puedes despertar, pues si despiertas, ya no es un sueño.

    Bien mirado, la pregunta misma no tiene mucho sentido, pues si efectivamente es un sueño, y si mientras estás soñando no puedes, o no quieres, despertar, ¿qué puedes hacer?

    En vista de que estaba desvelado, y de que ya no podía volver a dormirme, me he puesto a elucubrar sobre qué le diría yo a mi otro yo que estaba sumido en esa terrible pesadilla; ese mismo yo de hacía un rato al que todavía recordaba con escalofríos.

    He pensado largo rato sobre el asunto, y al final he llegado a dos posibles estrategias.

    Lo primero, lo que me ha parecido esencial, es susurrarle a ese personaje asustado que no se preocupe, que todo es un sueño, y que todo lo que tiene que hacer para salir de esa situación tan apurada es despertar. Eso es evidente.

    A medida que pensaba eso, y me iba imaginando cómo susurrarle eso a mi otro yo, me he dado cuenta de que eso no es tan fácil como parece.

    ¿Y si mi otro yo se asusta de esa voz que le susurra cosas? ¿Y si en lugar de ayudarle, lo que estoy haciendo es empujarlo a un pánico más profundo? A lo mejor ahora piensa que, además del horror que le persigue, hay un extraño ente de otra dimensión que está tratando de confundirle con algún oscuro propósito.

    ¿O a lo peor, mi pobre yo dormido piensa que se está volviendo loco el pobrecito? Desde luego, no es una situación fácil de resolver.

    Además, eso de despertar es más fácil de decir que de hacer. ¿Cómo se despierta uno? Yo no recuerdo haber hecho jamás nada para despertarme. Es algo que simplemente ocurre.

    Lo segundo que he pensado, si eso de despertar no funciona, es aconsejarle a mi asustado yo que por lo menos maneje bien la situación; que toda esa maldad que le amenaza no es real; que solo es fruto de su imaginación; y que si quiere, la puede controlar.

    Le diría que no se preocupara, que en realidad está tranquilamente dormido en su cama, y que tarde o temprano despertará. Eso es inevitable.

    Como mi pesadilla era tan reciente, me ha resultado muy fácil prever las reacciones de mi yo dormido ante mis comentarios desde fuera del sueño, y después de darle muchas vueltas, no se me han ocurrido muchas más cosas que decirle.

    Al final, se me ha agotado la paciencia y le he espetado: «¿Sabes? Si no puedes despertar, y no puedes o no quieres hacer nada para cambiar ese horror, deja que te atrape, total, no te va a pasar nada. ¡A lo mejor así despiertas de una vez!».

    Creo que ahora entiendo mejor qué difícil es el trabajo de Jesús.

    III Dictado el 24 de septiembre de 1969.

  • LECCIÓN 92

    Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una misma cosa.

    1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior.

    2Tú no asocias la luz con la fortaleza, ni la oscuridad con la debilidad.

    3Esto se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, y a sus ojos y cerebro.

    4Por eso crees que puedes cambiar lo que ves poniendo delante de tus ojos pequeños trozos de vidrio u otro material transparente, sujetados en un marco, o colocados contra el ojo.

    5Esta es una de las muchas creencias mágicas que se derivan de la convicción de que eres un cuerpo, y de que los ojos del cuerpo pueden ver.

    2. Tú también crees que el cerebro de tu cuerpo puede pensar.

    2Si comprendieras la naturaleza del pensamiento, no podrías sino reírte de esa idea demente.

    3Es como si pensaras que eres tú quien sostienes la cerilla que enciende el sol y le da todo su calor; o que mantuviste el mundo aprisionado en tu mano, firmemente sujeto, hasta que lo soltaste.

    4Sin embargo, eso no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver, o que el cerebro puede conocer.

    3. La Fortaleza de Dios en ti es la luz en la que ves, y Suya es la mente con la que piensas.

    2Su Fortaleza niega tu debilidad.

    3Es tu debilidad la que ve a través de los ojos del cuerpo, la que se asoma a la oscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: lo pequeño, lo débil, lo enfermo y lo moribundo, lo necesitado, lo desvalido y lo temeroso, lo triste, lo pobre, lo hambriento y lo infeliz.

    4Esto es lo que se ve a través de ojos que no pueden ver y no pueden bendecir.I

    4. La fortaleza pasa por alto estas cosas al ver más allá de las apariencias.II

    2Mantiene su mirada fija en la luz que reside más allá de ellas.

    3Se une a la luz, de la que forma parte.

    4Y se ve a sí misma.

    5Es ella la que te brinda la luz en la que aparece tu Ser.

    6En la oscuridad tú percibes un ser que no existe.

    7La fortaleza es la verdad acerca de ti.

    8Pero la debilidad es el ídolo que veneras falsamente, y al que adoras, para que disipe la fortaleza y así reinen las tinieblas donde Dios dispuso que hubiera luz.III

    5. La fortaleza proviene de la verdad y refulge con la luz que su Fuente le ha otorgado.

    2La debilidad, sin embargo, refleja la oscuridad de su hacedor.

    3Está enferma, y tan solo ve la enfermedad, que es como ella misma.

    4La verdad es salvadora, y solo puede disponer felicidad y paz para todo el mundo.

    5Y proporciona su fortaleza en ilimitada abundancia a todo el que se la pide.

    6Reconoce que si a alguien le faltara algo, les faltaría a todos.

    7Y por eso da su luz para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo.

    8La verdad comparte su fortaleza, para que pueda brindar a todos el milagro en el que se unirán en propósito, en perdón y en amor.

    6. La debilidad, que mira en la oscuridad, no puede ver ningún propósito en el perdón o en el amor.

    2Ve a todos diferentes de ella misma, y no ve nada en el mundo que quiera compartir.

    3Juzga y condena, pero no ama.

    4Permanece en la oscuridad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vencedora de limitaciones que no cesan de crecer en las tinieblas hasta alcanzar enormes proporciones.

    5La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la oscuridad cubre todo lo que ve, dejándola en sueños tan temibles como ella misma.

    6Ahí no hay milagros, solo odio.

    7La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola.

    7. La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves.

    2No cambia, ni vacila, ni se apaga.

    3No pasa de la noche al día, y de nuevo a la oscuridad, hasta que regresa la mañana.

    4La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor, y por siempre encantada de entregarse, pues lo que da siempre se lo da a Sí Misma.

    5Nadie puede pedir en vano compartir su visión, y nadie que entre en su morada puede salir sin un milagro ante sus ojos, y sin fortaleza y luz en su corazón.

    8. La fortaleza en ti te ofrecerá la luz y guiará tu visión, para que no te quedes en las vanas sombras que los ojos del cuerpo proporcionan para que te engañes a ti mismo.

    2La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí, donde ellas se encuentran, se halla tu Ser esperando para abrazarte como Suyo.

    3Ese es el lugar de encuentro que hoy tratamos de encontrar y en el que descansaremos.

    4Pues en la Paz de Dios es donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse de nuevo Consigo Mismo, y hacerse Uno.

    9. Dediquemos hoy veinte minutos en dos ocasiones para unirnos a este encuentro.

    2Déjate conducir hasta tu Ser.

    3Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión.

    4Deja hoy entonces la oscuridad por un rato, y practiquemos ver en la luz.

    5Cierra los ojos del cuerpo, y pídele a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, allí donde la luz y la fortaleza son una.IV

    10. Practicaremos de esta manera por la mañana y por la noche.

    2Tras la sesión de la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de la noche, en la que, llenos de esperanza y confianza, nos volveremos a encontrar con nuestro Ser.

    3Repite tan a menudo como puedas la idea de hoy.

    4Date cuenta de que estás siendo introducido en el don de la visión.

    5Y reconoce que estás siendo conducido de las tinieblas a la luz, que es donde únicamente se perciben los milagros.


    I Jeremías 5:21 «Oíd ahora esto, pueblo necio, sin entendimiento, que tienen ojos y no ven, y que tienen oídos y no oyen».

    Marcos 8:18 «Teniendo ojos, ¿no veis? Y teniendo oídos, ¿no oís? ¿Y no recordáis?».

    II Lo ves todo al revés porque estás mirando mal, y la prueba de ello es que lo que ves no te gusta. Cuando tu corazón está incómodo, te está advirtiendo de que tu mente está funcionando mal.

    Tu «sistema emocional» es la «resonancia» de tu «sistema intelectual». El corazón —el símbolo del amor— es el «órgano» que refleja el estado de la mente —el símbolo del conocimiento—.

    Recuerda de nuevo las funciones del alma: amar, conocer y crear. Son funciones que se atribuyen al corazón, a la mente y a la voluntad. En este mundo todas las personas disponen de un corazón funcional, un «órgano» que responde de manera fidedigna y fiable a sus estados mentales, sin embargo, no es menos cierto que sus mentes están enfermas y funcionan mal.

    Esto es debido a que están afectadas por la idea de la separación, de hecho, la misma creencia de tener una mente individual es el resultado de esa idea perversa.

    Por eso, este Curso pone un énfasis inmenso en sanar la mente, y para conseguirlo te propone que la pongas bajo la guía del Espíritu Santo.

    La Voz del Espíritu Santo —Maestro del Conocimiento, y, por ello, de la mente— alinea tu percepción con el Conocimiento y te permite interpretar el sueño de la manera más conveniente y benévola posible. La prueba de que eso es así es que cuando sigues Sus indicaciones, tu corazón está gozoso y tu mente está en paz.

    Eso significa que ahora tu sistema emocional y el intelectual están funcionando «bien». El trabajo que este Curso hace con la mente tiene como objetivo abrirla a la «luz» del conocimiento, que es el estado propio de la Mente del Ser.

    Todo esto referente al corazón y a la mente, a estas alturas, más o menos ya lo sabes. Pero ahora se te propone algo más. En esta Lección se introduce la idea de la «fortaleza». La fortaleza es precisamente la condición de la voluntad; lo que hace del Ser un «creador».

    Ten en cuenta que una mente enferma —sin luz, que funciona mal— implica un corazón miedoso y una voluntad débil.

    Esto representa la perfecta inversión de la dicha, la luz y la fuerza —o la paz, que es lo mismo— del Ser.

    Es fundamental comprender que el elemento central en esta ecuación es la mente. Por eso, este es un Curso de entrenamiento mental, que por medio de símbolos —pues eso es lo único con lo que sabe relacionarse tu mente fragmentada— te proporciona una visión perfectamente integrada de tu condición actual y de tu objetivo futuro —ser Hijo de Dios—, que es tu pasado y tu presente eterno.

    Por todo ello, presta mucha atención a la idea de «fortaleza» que aquí se te propone. La fortaleza es tu condición natural, y la idea de debilidad es una aberración que se ha introducido en tu mente de la mano de esa otra idea demencial de estar separado.

    Tu actual condición, totalmente artificial, tú mismo la mantienes en tu mente mediante un sinfín de falsedades que te repites a ti mismo de manera compulsiva.

    No eres consciente de hacerlo, pero basta con que analices con honestidad el lenguaje con el que te comunicas, y comprobarás que su propia sintaxis, cuajada de pronombres personales, mayoritariamente de primera persona, es una constante reafirmación de tu mente dual.

    Procura entender —aunque te costará mucho— que todo eso es completamente ficticio, y por eso necesita de tu constante esfuerzo para permanecer en tu santa mente como una creencia hipnótica que te disminuye infinitamente.

    En realidad no haría falta que evocaras lo que ciertamente eres para serlo, bastaría con que dejaras de engañarte a ti mismo, pero como estás tan malito, cualquier medio es útil para que se haga la luz en tu mente y vuelvas a disfrutar de lo que siempre has sido, y sigues siendo.

    III Génesis 1:3 «Y dijo Dios: “Hágase la luz”; y se hizo la luz».

    IV Si los hados te son propicios, y aunque tan solo sea por una fracción infinitesimal de tiempo, apenas roces levemente la experiencia de Ser que aquí se te propone, tus dudas habrán acabado para siempre, y a partir de entonces vivirás en un estado de permanente incredulidad ante lo que los ojos de tu cuerpo te reportan.

    No entenderás cómo todo eso es posible, y, de hecho, no lo es. Sin embargo, ya no perderás la predisposición, que ahora será natural en ti, a ser paciente y practicar el perdón.

    Ahora todo cobrará sentido, y no necesitarás que nadie te convenza de nada, ni siquiera de hacer un Curso como este. Ya no hará falta; te habrás convertido en el Curso mismo.

  • LECCIÓN 91

    Los milagros se ven en la luz.

    1. Es importante recordar que los milagros y la visión necesariamente van juntos.I

    2Esto es necesario repetirlo, y hacerlo con frecuencia.

    3Es una idea fundamental en tu nuevo sistema de pensamiento y en la percepción que produce tu nueva manera de pensar.

    4Los milagros siempre están ahí.

    5Tu visión no es lo que hace que estén.

    6Tu visión no es su causa.

    7Y si no están no es debido a que no veas.

    8No son el efecto de tu visión.

    9Lo único que ocurre es que no eres consciente de ellos.

    10Los verás en la luz.

    11Pero no podrás verlos en la oscuridad.II

    2. Para ti, pues, la luz es crucial.

    2Mientras permanezcas en la oscuridad seguirás sin ver milagros.

    3Por lo tanto, estarás convencido de que no se encuentran ahí.

    4Esto se deduce de las mismas premisas que causan la oscuridad.

    5Negar la luz hace que no la percibas.III

    6Y al no percibir la luz, percibes la oscuridad.

    7La luz, entonces, no te sirve de nada, a pesar de que está ahí.

    8No la puedes usar porque no sabes que está.

    9Y la aparente realidad de la oscuridad hace que la idea de la luz no tenga sentido.

    3. Que te digan que lo que no ves sí está ahí suena a locura.

    2Es muy difícil convencerse de que lo que es una locura es precisamente no ver lo que está ahí, y en cambio ver lo que no existe.IV

    3Tú no dudas de que los ojos del cuerpo puedan ver.

    4No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran.

    5Has depositado tu fe en la oscuridad y no en la luz.

    6¿Cómo puedes revertir esto?

    7Por ti mismo es imposible.

    8Pero no estás solo en esto.V

    4. Tus esfuerzos, por pequeños que sean, tienen un fuerte respaldo. 

    2Si te dieras cuenta de lo poderosa que es esa fortaleza, tus dudas desaparecerían. 

    3Hoy dedicaremos el día a tratar de sentirla.

    4Cuando hayas sentido la fortaleza en ti, la cual pone fácilmente todos los milagros a tu alcance, dejarás de dudar.

    5Los milagros que tu sensación de debilidad ocultan saltarán a tu conciencia cuando sientas la fortaleza en ti.

    5. Reserva hoy unos diez minutos, tres veces, para tener un momento de tranquilidad en el que intentarás dejar atrás tu debilidad.

    2Esto se consigue de forma muy sencilla si te dices a ti mismo que no eres un cuerpo.

    3La fe acompaña aquello que quieres, y tú vas a instruir a tu mente para ello.

    4Tu voluntad sigue siendo tu maestra, y dispone de toda la fortaleza necesaria para hacer lo que desea.VI

    5Puedes escapar del cuerpo si así lo decides.

    6Tú puedes experimentar la fortaleza en ti.

    6. Comienza las prácticas más largas con esta declaración de verdaderas relaciones de causa y efecto:

    2Los milagros se ven en la luz.

    3Los ojos del cuerpo no perciben la luz.

    4Pero yo no soy un cuerpo.

    5¿Qué soy yo?

    6 La pregunta con la que finaliza esta declaración es absolutamente necesaria para los ejercicios de hoy.

    7Lo que tú piensas que eres es una creencia que hay que deshacer.

    8Mas lo que realmente eres te debe ser revelado.

    9La creencia de que eres un cuerpo requiere corrección, ya que es un error.

    10La verdad de lo que tú eres apela a la fortaleza en ti para traer a tu conciencia lo que el error ocultaba.

    7. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces?

    2Necesitas tomar conciencia de aquello que el Espíritu Santo emplea para reemplazar en tu mente la imagen de un cuerpo.

    3Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe, al retirarla del cuerpo.

    4Necesitas tener la experiencia real de alguna otra cosa, de algo más sólido y más seguro.

    5Algo más digno de tu fe, y que en verdad se encuentra ahí.VII

    8. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres?

    2Pregúntate esto con sinceridad, y luego dedica varios minutos a dejar que tus pensamientos erróneos acerca de tus atributos sean corregidos, y que sus opuestos ocupen su lugar.

    3Di, por ejemplo:

    4No soy débil, soy fortaleza.

    5No soy desvalido, soy omnipotencia.

    6No soy limitado, soy ilimitado. 

    7No tengo dudas, soy pura certeza.    

    8No soy una ilusión, soy la realidad.

    9No puedo ver en la oscuridad, sino en la luz.

    9. En la segunda fase del ejercicio, trata de experimentar estas verdades acerca de ti mismo.VIII

    2Concéntrate especialmente en experimentar fortaleza.IX

    3Recuerda que toda sensación de debilidad viene asociada a la creencia de que eres un cuerpo, una creencia que es errónea y que no merece ninguna fe.

    4Deja de tener fe de ella, aunque solo sea por un instante.

    5A medida que avancemos, te irás acostumbrando a depositar tu fe en lo realmente valioso que hay en ti.

    10. Relájate durante el resto de la práctica, confiando en que tus esfuerzos, por escasos que sean, están plenamente respaldados por la Fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos.

    2Tu fortaleza te vendrá de Ellos.

    3Gracias a Su fuerte respaldo sentirás la fortaleza en ti.

    4Dios y todos Sus Pensamientos se unen a ti en esta práctica en la que compartes un propósito semejante al Suyo.

    5Suya es la Luz en la que verás los milagros, porque Su Fortaleza es la tuya.

    6Su Fortaleza se convierte en tus ojos, para que así puedas ver.

    11. Cinco o seis veces por hora, a intervalos razonablemente regulares, recuérdate a ti mismo que los milagros se ven en la luz.

    2Asegúrate también de hacer frente a cualquier tentación con la idea de hoy.

    3Este formato puede ser útil para ese propósito específico:

    4Los milagros se ven en la luz.

    5No voy a cerrar mis ojos a causa de esto.  


    I Esta Lección fue dictada el 21 de septiembre de 1969.

    Los milagros son lo que se percibe cuando se mira de cierta manera. No tienen nada de especial, y en realidad no cambian nada. Simplemente te muestran lo que ya estaba ahí, pero que antes no veías. Porque la verdad es que antes tampoco veías nada, solo imaginabas cosas; construías historias en tu mente con sombras que los ojos de tu cuerpo te traían, y que te hacían pensar que eso que creías ver era cierto. Y a eso que creías ver le llamabas la «realidad».

    Piensa ahora en una pizarra blanca en la que hay escrita con tinta negra la siguiente frase: «El cielo es azul y el mar es inmenso». ¿Qué pasa por tu mente cuando ves eso? Lo más probable es que comiences a imaginar un cielo de color azul y un amplio horizonte marino. También es posible que empieces a elucubrar acerca de que por ahí debe haber pasado alguien con un cierto sentido poético, y quizás te preguntes por las razones que le han llevado a escribir eso. Es posible incluso que tu mente se arrebate y vaya aún más allá, y te entren deseos de ver el mar, de conocer a esa persona, ¡o vete tú a saber qué!

    Considera ahora la situación de otra manera, y esto es una alegoría. ¿Qué estás viendo en realidad? La verdad es que tus ojos simplemente han llevado al nervio óptico, a través de las pupilas, cierta cantidad de fotones provenientes de la superficie blanca de la pizarra. Ciertas zonas de la pizarra —donde había tinta negra— no han reflejado ningún fotón, y tu cerebro ha hecho el resto.

    ¡Una historia ha aparecido en tu mente! Quizás incluso comiences una discusión con la persona que te acompaña acerca de lo que tú interpretas. Pero lo que es intrínsecamente cierto es que simplemente has sido testigo de un juego de luces y de sombras, y tu mente ha optado por elaborar una historia teniendo en cuenta exclusivamente la oscuridad; aquello donde no había nada.

    La ilusión del mundo funciona de una manera muy parecida. Tu voluntad puede decidir en qué te vas a fijar: en la luz o en la oscuridad, en lo que hay o en lo que falta. El mundo que ves lo construyes en tu mente con ausencias de luz, con ausencias de amor. No te das cuenta de ello, pero la verdad es que tu mente está embelesada con cosas que no existen, y que, sin embargo, tú crees ver.

    Y el poder convincente de tu creencia es tal que estás dispuesto a luchar por defender que lo que tú interpretas es cierto; de hecho, eso es lo que haces todo el tiempo, mas no eres consciente de ello.

    Este es un Curso de entrenamiento mental para que, comenzando a mirar de un modo diferente, empieces a verlo todo de una manera distinta. En cierto sentido, lo que te propone es que inviertas los mecanismos que rigen tu percepción, por eso el Curso habla de «invertir» el sistema de pensamiento.

    Donde antes veías un agravio muy real, te dice que solo es una ilusión, donde antes percibías un ataque, te propone que lo interpretes como una petición de ayuda, y de aquel a quien tú consideras tu enemigo, te dice que es tu Salvador. ¿Ves? Todo al revés.

    Este Curso también te dice que no es necesario en absoluto que creas en sus propuestas, solo te pide que las consideres con respeto y que las pongas a prueba, luego, tú mismo decidirás por sus resultados.

    De hecho, más bien te previene contra cualquier creencia, sea «buena» o «mala». Te advierte de que creer es hacer un mal uso de la mente, y que más vale que te muevas guiado únicamente por certezas, desconfiando siempre de tus «buenas» intenciones.

    Nunca has sido un buen guía para ti mismo, y nunca lo serás.

    II Esta acepción del término «milagro» —como algo que ves— es la misma que el de la Lección 78. El Curso habitualmente usa el término milagro como agente (causa), algo que provoca un cambio perceptual, pero aquí es lo que la percepción verdadera contempla (efecto).

    III Date cuenta de que el hecho de que no veas la luz es debido a tu voluntad de negarla. La luz efectivamente está ahí, pero tú lo niegas, y entonces no la ves. Recuerda que percibes aquello que quieres ver y tener.

    IV Fíjate en que, si bien se dice constantemente que este Curso es muy simple, de ahí no se deduce necesariamente que sea fácil.

    Aquí, Jesús te dice que ver la luz es difícil, pero no porque lo sea en sí mismo, pues ver la luz es lo natural. Es difícil porque te has identificado con el ego, y eso hace que sea prácticamente imposible ver la luz de la que te habla.

    Para conseguirlo, debes romper con esa identificación. Ver la luz es tan fácil o tan difícil como deshacerte de tu ego.

    V Mateo 19:26 «Pero Jesús los miró y les dijo: “Para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible”».

    VI Date cuenta de que, principalmente, este es un Curso sobre la voluntad. Notarás que a lo largo de él se te insta constantemente al perdón de las ilusiones, y también te habla todo el tiempo del amor, pero se te exhorta aún muchísimo más a que uses tu voluntad y la alinees con la Voluntad de Dios, siguiendo las instrucciones de tu Voz interior y de tu corazón.

    VII Es crucial que te des cuenta de que lo que andas buscando es una experiencia, no una explicación. No intentes conceptualizar lo que eres poniéndole atributos o imágenes que tú mismo hayas encontrado en el almacén de la memoria. Nada de eso es real.

    Si quieres hacer un viaje, necesitas un coche, no el dibujo de un coche. No te conformes con nada que venga a tu mente mientras sigues reteniendo la idea que tienes de ti mismo. Eso solo son atributos artificiales que recargarán aún más tu atribulado y pequeño ser.

    La experiencia de ser carece de atributos, es absoluta.

    VIII Repara en que, estrictamente hablando, el Ser es una idea absoluta y no tiene atributos, pero las ideas que se mencionan arriba son rasgos característicos del Ser —tal como se consideran desde la mente individual— con los que a esta le conviene asociarse.

    En realidad, este es un ejercicio de enderezar o alinear la mente individual con su verdadera identidad.

    No pienses que lo que se te está proponiendo es una entelequia bienintencionada, posibilista, pero insustancial. Nada más lejos de la verdad. Las ideas que se te proponen constituirán para ti experiencias tan reales como sea tu voluntad tenerlas.

    Puedes usar tu mente para concederte tanto lo pequeño como lo ilimitado, tal es el poder de tu mente. Elige bien, y no te permitas pensar en cosas que te sientan mal.

    Recuerda que tu corazón siempre te avisará con su estado de ánimo si estás usando la mente bien o no. Es muy simple: atiende a sus dictados.

    IX Esta es una técnica mental fundamental que conviene practicar con la mayor frecuencia posible a lo largo del día. Consiste, en primer lugar, en evocar en tu mente la idea de fortaleza de la manera más vívida y auténtica que puedas; no basta con pensarla: has de sentirla dentro de ti.

    Para lograrlo, trae a tu memoria una imagen que represente energía y poder: un mar embravecido, un viento huracanado, los motores de un avión rugiendo a plena potencia antes de despegar… cualquier escena que despierte en ti la sensación de una fuerza inmensa.

    Después, amplía esa sensación todo lo que puedas y permanece en ella, disfrutándola plenamente.

    Finalmente, aprópiate de esa idea y hazla tuya con carácter permanente, como algo que te pertenece para siempre. Esto es lo más cercano que la mente individual puede hacer a lo que en realidad es la auténtica creación.

    Ten sumo cuidado de no permitir que el ego se adueñe de las poderosas ideas que evoques. El ego las codicia con todas sus fuerzas; no se lo permitas.

    Recuerda: tú, como ego, no eres eso. Más bien, eso es lo que eres tú: el Hijo de Dios.

    A lo largo del día, inevitablemente te verás en situaciones que te inviten a deslizarte hacia la debilidad, la pequeñez o la impotencia.

    No cedas.

    Concéntrate en experimentar la fortaleza que hay en ti y que, en verdad, eres tú. En la próxima Lección comprenderás por qué.

  • LECCIÓN 90

    Para este repaso utilizaremos estas ideas: L-79 y L-80

    1. L-79 «Que reconozca el problema para que pueda ser resuelto».I

    2. Que hoy comprenda que todo problema es siempre alguna forma de resentimiento que deseo conservar.II

    2Que también comprenda que la solución es siempre un milagro al que permito que reemplace ese resentimiento. III

    3Hoy quiero recordar la simplicidad de la salvación aplicando la lección que dice que solo hay un problema y solo hay una solución.

    4El problema es un resentimiento, y la solución es un milagro.

    5E invito a que me llegue la solución cuando perdono el resentimiento y le doy la bienvenida al milagro que lo sustituye.

    3. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían ser así:

    2Esto supone un problema para mí, y quiero que se resuelva.

    3El milagro que se encuentra tras este resentimiento me lo resolverá.

    4La solución a este problema es el milagro que el problema oculta.

    4. L-80 «Que reconozca que mis problemas se han resuelto».IV

    5. Creo que tengo problemas solo porque estoy malinterpretando el tiempo.  

    2Creo que el problema ocurre primero, y que debe transcurrir un tiempo antes de que pueda resolverse.

    3No veo que el problema y la solución aparecen de forma simultánea.

    4Esto se debe a que aún no me he dado cuenta de que Dios ha colocado la solución junto al problema, de modo que no pueden estar separados en el tiempo.

    5El Espíritu Santo me enseñará esto si yo se lo permito.

    6Y entonces comprenderé que es imposible que pueda tener un problema que no haya sido ya resuelto.

    6. Estas formas de plantear la idea serán útiles para aplicaciones concretas:

    2No necesito esperar a que esto se resuelva.

    3Ya se me ha dado la solución a este problema, si estoy dispuesto a aceptarla.

    4El tiempo no puede separar este problema de su solución.


    I En la Lección 79 aprendimos que el problema es la separación. Pero, en realidad, ese no es exactamente el problema, porque si la separación fuera real, el problema sería irresoluble. La separación no es real.

    El verdadero problema es el deseo de estar separado de todo; el deseo enquistado en la mente de encapsularse en sí misma; el deseo de construirse una identidad aparte; el deseo de ser yo, y nada más. Ese es el problema: el deseo de poner la voluntad al servicio de una idea imposible; la creencia de que yo estoy solo.

    Ese movimiento de retracción de la mente sobre sí misma crea un agujero negro en la conciencia tan imaginario como ella misma, un agujero de oscuridad en el que la inmensa fuerza de atracción del ego en su centro tenebroso impide que la luz del amor se extienda más allá de sus propios límites, y hace que se vuelva hacia ese pozo de nada. El ego, enamorado de sí mismo, consume el amor de la mente.

    La creencia en la idea de la separación no es más que un ataque de egoísmo, la condición básica de una mente deprimida y angustiada por un miedo esencial que la precipita en la nada del ego; la idea del yo separado. Es la condición de una mente enferma incapaz de amar. La mente abomina de la idea que ella misma ha concebido y se odia por ello. Enferma, demente y aterrorizada, proyecta su miedo y su propia fragmentación en un mundo temible, en un sueño de dificultad y castigo.

    Ese es el pecado original; el abandono voluntario del paraíso de una mente confundida que no supo interpretar la idea de libertad, y la usó para esclavizarse a sí misma bajo el yugo de una identidad espuria. Solo hay un problema, y, además, se trata de un problema artificial, un problema que solo existe para la mente que así lo considera. La mente ensimismada por la idea del yo no puede liberarse a ella misma, no puede salvarse ella misma por la sencilla razón de que no es ella misma; nunca lo ha sido.

    No existe tal cosa como «una mente individual», lo que existe es la creencia en la idea de que puede haberla, y esa concepción maligna da lugar a un mundo ilusorio que solo es real para la propia mente, tal es la naturaleza de los agujeros negros.

    El rescate de la mente enferma ha de ser tan imaginario como imaginaria es la idea que la enfermó. El agujero negro colapsa cuando la idea del yo personal se debilita lo suficiente como para que la luz lo disipe con su fulgor. La salvación no es real. La separación nunca ocurrió. La salvación la experimenta únicamente la mente individual, que no existe.

    La humildad y la honestidad son el camino. El perdón y la caridad son las herramientas que le permiten a la mente romper las cadenas que la mantienen aferrada a una idea perversa. El Amor de Dios es el panorama que la mente contempla cuando levanta la mirada absorta en lo imposible.

    II Que hoy comprenda que el verdadero problema es que mi voluntad está mal ubicada, pues la he enfocado en alguna forma de resentimiento.

    ¿Por qué tengo ese resentimiento si no fuera porque «quiero» tenerlo?
    ¿Te das cuenta de que es imposible estar enfadado si no quieres estarlo?

    El resentimiento, la ira, el miedo y la culpa son sufrimientos autoinfligidos, pero no reconocidos como tales.

    La culpa siempre es del otro; siempre encuentro una justificación a mi malestar. Pero esa no es la realidad; esa es «mi» realidad.

    III Para comprender esta línea, y la anterior, fíjate en los efectos, porque eso te permitirá identificar las causas.

    Date cuenta de la similitud que existe entre las emociones que suscita albergar resentimientos y sentirse agobiado por un problema percibido.

    ¿Puedes ver que es el mismo malestar? Un resentimiento ciertamente supone un gran problema en el discurrir feliz de tu vida, y cualquier problema hará que te sientas resentido con la vida.

    Problemas y resentimientos son lo mismo.

    Y, en la misma dirección, date cuenta también de que un milagro es la solución de una situación problemática que te causaba dolor, y que siempre que solucionas un problema ves las cosas de manera diferente, que es precisamente lo que hace un milagro.

    Por eso, siempre que creas que tienes un problema, piensa que estás resentido por tu interpretación de lo que contemplas y que para solucionarlo necesitas verlo de manera diferente, es decir, necesitas invocar un milagro.

    IV Mis problemas no se resolverán jamás. Eso es imposible. ¿¡Cómo va a resolverse un problema que no existe!? Los problemas no se resuelven; se disuelven.

    Nada que consideres importante dejará jamás de ser un problema para ti, pero la verdad es que nada es importante. La importancia es la manera en la que el ego se relaciona con sus falsas creaciones, el «amor» que les profesa a sus criaturas. La mente, que concedió importancia a la idea conflictiva del yo personal, proyecta esa misma importancia en forma de conflicto en todo lo que considera.

    Sin sentido de importancia no hay problema; eso es el perdón: dejar de considerar importante algo, nada más que eso. Mis problemas ya se han resuelto porque ya nada es importante para mí.

    Dar importancia a algo es separar esa cosa de todo lo que existe, destacarla de manera especial y valorarla en mayor medida. ¿Por qué habría yo de hacer eso? ¿Por qué habría yo de quedarme solo con una pequeña porción de todo lo que existe? ¿Qué voy a hacer con esa nimiedad? ¿Servirá eso acaso para aplacar mi vocación de tenerlo todo? Quizás por un tiempo la fórmula funcione, pero pronto regresará un nuevo afán, una nueva ilusión.

    El problema y la solución son coetáneos, porque ambos son frutos de mi imaginación, al igual que el tiempo y el espacio en el que los sitúo. Conferir importancia a algo no debería constituir en sí mismo un problema, a no ser que esto se asocie a la idea perversa de la impotencia.

    Primero considero que algo está separado y lo destaco, luego considero que eso me amenaza, y finalmente considero que soy impotente para resolver esa situación: así he inventado un bonito problema.

    Para que pueda creerme toda esa historia es imprescindible que la proyecte fuera de mí y me desentienda perfectamente de todas mis consideraciones. ¡No fui yo! ¡A mí que no me echen la culpa de lo que aparece en mi mente!

    Aparentemente, las cosas importantes son como extraños champiñones que brotan por sí mismos sobre estiércol en las bóvedas oscuras de mi mente ensimismada. ¡Hágase la luz! Y los problemas desaparecerán irremediablemente.

  • LECCIÓN 89

    Estas son nuestras ideas para repasar hoy: L-77 y L-78

    1. L-77 «Tengo derecho a los milagros».I

    2. Tengo derecho a los milagros porque solo me gobiernan las Leyes de Dios.II

    2Sus Leyes me liberan de todos los resentimientos y los sustituyen por milagros.

    3Y quiero aceptar milagros en vez de resentimientos, que no son más que ilusiones que ocultan los milagros que se encuentran tras ellos.

    4Ahora quiero aceptar únicamente lo que las Leyes de Dios me dan derecho a tener, para poder utilizarlo en beneficio de la función que Él me ha dado.

    3. Podrías utilizar estas sugerencias para aplicar esta idea de manera concreta:

    2Detrás de esto hay un milagro al que tengo derecho.

    3No voy a albergar ningún resentimiento contra ti, (nombre), sino que te voy a ofrecer el milagro al que tienes derecho.

    4Esto me ofrece un milagro, si lo veo correctamente.

    4. L-78 «Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos».

    5. Con esta idea uno mi voluntad con la del Espíritu Santo, y percibo ambas como una sola.

    2Con esta idea acepto mi liberación del infierno.

    3Con esta idea expreso mi voluntad de que todas mis ilusiones sean reemplazadas por la verdad, tal como establece el plan de Dios para mi salvación.III

    4No haré excepciones ni sustituciones.

    5Lo que quiero es todo el Cielo, y solo el Cielo, tal como Dios dispone que sea.

    6. Algunas formas específicas útiles para aplicar esta idea serían:

    2No quiero que este resentimiento me aparte de mi salvación.

    3Que nuestros resentimientos sean reemplazados por milagros, (nombre).

    4Detrás de esto se encuentra el milagro que reemplaza todos mis resentimientos.


    I Si la palabra «milagro» no la entiendes bien, quizás comprendas mejor su sinónimo, otro vocablo que significa lo mismo: «solución». Un milagro es una solución de un problema a nivel perceptual basada en la verdad. Y cuando esa verdad te llega de manera absoluta, incluso las apariencias cambian.

    Para que lo percibido cambie por el poder de tu voluntad de ver la luz —porque ahora has «querido» ver las cosas de otra manera— has tenido que pasar a través de esas nubes hechas de miedos imaginarios que el Curso menciona; entonces es cuando percibes milagrosamente. Y si tu hermano se une a tu visión, lo percibido cambia para los dos.

    II Los milagros no tienen nada de extraño, son algo de lo más natural. De la misma manera que las leyes del mundo conducen al miedo, las Leyes de Dios llevan a los milagros. Tanto el miedo como los milagros ocurren en el ámbito de la percepción. Son tan solo maneras diferentes de percibir.

    Percibir es interpretar, es el lenguaje con el que se comunican las «cosas» que el perceptor considera ajenas a él mismo. La sintaxis es el conjunto de leyes que organizan los diferentes elementos de un lenguaje para hacer comprensible el mensaje al receptor.

    En el mundo se habla un lenguaje universal: el lenguaje del ego, y si bien hay muchos dialectos diferentes, la sintaxis de todos ellos sustancialmente es la misma.

    En el Cielo no se habla ningún lenguaje, allí no hace falta, porque mensaje, contenido, comunicación, emisor y receptor son todos lo mismo, pero si lo hubiera, a la sintaxis de ese lenguaje se le podría llamar «las Leyes de Dios».

    Estas leyes en el Cielo son absolutamente innecesarias, mas aquí, en la tierra, sirven para interpretar la experiencia alucinatoria en términos que no resulten disonantes a la verdadera identidad celestial.

    No es que el Cielo considere en absoluto las cosas del mundo, pero las Leyes de Dios son muy útiles para que los humanos no se enreden con la jerigonza del ego en sus interpretaciones.

    De hecho, la primera norma de esta divina sintaxis reza así: «Haz oídos sordos a toda interpretación que no proceda de Dios».

    En realidad, se trata de una instrucción muy simple y muy fácil de observar, pues en verdad no te pide nada, a menos que pienses que pedirte que no hagas algo supone un esfuerzo, claro.

    Esa es la razón por la que los milagros son lo natural, pues, de acuerdo con las Leyes de Dios, no se desnaturaliza la realidad con interpretaciones ajenas a ella misma.

    Las interpretaciones son como envoltorios que encapsulan la realidad, disfraces para revestir fantasmas.

    Y es que a los humanos les encantan las historias de miedo; eso hay que reconocerlo. Si algo no les pone los pelos de punta no les interesa en absoluto; así son.

    Parece que disfrutan con esa extraña dinámica de padecer ahora para salvarse después; pecado en el pasado, expiación en el presente y redención en el futuro.

    Ciertamente, los humanos son muy peculiares.

    III En realidad, la verdad no reemplaza nada, no sustituye a nada, no va a ninguna parte, ni hace nada. La verdad simplemente es, ¡faltaría más! Nunca ha habido nada más que la verdad, nunca lo habrá, ni puede haberlo. La simple tentación de pensar que eso es posible es un vergonzoso absurdo y una gran tontería.

    Para llegar a pensar que es posible que la verdad esté oculta o ausente, que tenga grados, o que unos dispongan de ella y otros no, es necesario tener una mente enferma, un montón de mentiras y muchas ganas de sufrir.

    La mente puede enajenarse a sí misma con ilusiones, puede contarse a sí misma historias terroríficas, puede engañarse, culpar a otros y renegar de su propia identidad, pero no puede en absoluto alterar la realidad.

    Ciertamente, puede distorsionar la verdad, pero solo para ella misma.

    Cuando la mente se canse de padecer, solo tiene que dejar de concederse ilusiones y de coleccionar resentimientos. No necesita hacer nada más. Basta con que deje de mancillar la realidad con sórdidas interpretaciones.

    Nada de eso ha sido verdad. No ha tenido pesadillas porque se haya quedado dormida sin querer. Eso no es posible. La mente se precipitó en el sueño de la muerte por su propia voluntad, y tal como lo hizo también así despertará, por su propia voluntad.

    La mente ha de manifestar su más íntimo deseo de manera inequívoca, y su voluntad será cumplida, porque su voluntad es su propia realidad.

    No hace falta hincarse de rodillas y clamar al Cielo para salvarse, basta con un poco de honestidad.

    Aquí, como en todas las Lecciones, Jesús siempre nos insta a lo mismo: a que pongamos nuestra voluntad en una determinada dirección, una muy precisa, la misma en la que la pone él. Y así, cuando nuestra voluntad es exactamente esa, nuestros problemas y nuestros resentimientos desaparecen… milagrosamente.

    Es la voluntad de querer lo mismo que él quiere, pero desde lo más profundo de nuestro corazón, de verdad de la buena, como dicen los niños. Hacer las Lecciones y repetir sus ideas de manera rutinaria y mecánica no vale de nada. Solo vale lo verdadero; solo vale tu voluntad de corazón.

    Estas prácticas son efectivas por razón de su calidad, no de su cantidad. Y la prueba de que se han hecho bien es que el beneficio de su práctica se encuentra siempre en el presente, pues, si el beneficio es real, solo puede encontrarse en el único aspecto real del tiempo: el presente.

    No tiene ningún sentido pensar: «Voy a hacer las Lecciones y al cabo de un año me habré convertido en una persona mejor». Eso no es así. La salvación solo puede ocurrir aquí y ahora. Lo que no sea eso no es otra cosa que comprar tiempo.

    La salvación instantánea es una aspiración plenamente legítima porque se ajusta a las leyes de Dios.

  • LECCIÓN 88

    Hoy repasaremos estas ideas: L-75 y L-76

    1. L-75 «La luz ha llegado».

    2. Al elegir la salvación en lugar del ataque, simplemente estoy eligiendo reconocer lo que ya se encuentra ahí.I

    2La salvación es una decisión que ya se ha tomado.

    3El ataque y los resentimientos no son una opción.

    4Por eso, siempre elijo entre la verdad y la ilusión, entre lo que está ahí y lo que no está.

    5La luz ha llegado.

    6Solo puedo elegir la luz, porque no hay otra alternativa.

    7La luz ha reemplazado a la oscuridad, y la oscuridad ha desaparecido.

    3. Aquí, algunas formas útiles para aplicar esta idea de manera concreta:

    2Esto no puede mostrarme la oscuridad, pues la luz ha llegado.

    3La luz en ti es todo lo que quiero ver, (nombre).

    4Solo quiero ver en esto lo que realmente hay ahí.

    4. L-76 «No estoy sujeto a otras leyes que las de Dios».

    5. He aquí la perfecta declaración de mi libertad.

    2No me gobiernan otras leyes que las de Dios.

    3Estoy constantemente tentado a inventar otras leyes y darles poder sobre mí.II

    4Sufro únicamente porque creo en ellas.

    5Pero en realidad no me afectan en absoluto.

    6Soy perfectamente inmune a los efectos de toda ley, salvo las de Dios.

    7Y las Suyas son las leyes de la libertad.

    6. Para las aplicaciones concretas de esta idea, te pueden ser útiles las siguientes declaraciones:

    2Mi percepción de esto me muestra que creo en leyes que no existen.

    3Veo únicamente las Leyes de Dios operando en esto.

    4Que sean las Leyes de Dios las que operen en esto, y no las mías.


    I ¡La luz ha llegado! Es la exclamación de una mente sana y feliz; es lo que declara aquel que ha perdonado al mundo para concederse a sí mismo la salvación.

    Tenía aparentemente ante sí dos opciones: condenar o perdonar. Pero ha elegido bien, ha elegido no escuchar esa voz furibunda que le gritaba desde las tripas cómo tenía que ser la «realidad», y qué defectuosa.

    Hasta ahora, y sin darse cuenta, había dado por buenos los preceptos de esa voz áspera, porque era lo primero que llegaba a su mente. Nunca había cuestionado lo apropiado de esa interpretación; de hecho, en su alucinación, ni siquiera se había dado cuenta de que era solo eso: una historia que le estaban contando, o, mejor dicho, una historia que él se estaba contando a sí mismo, porque pensaba que era él quien pensaba así. Pero ¿lo era?

    Un día, quizás cansado de tanto sufrimiento, empezó a poner en duda su propio criterio, empezó a dudar de sí mismo. Lo cual, por otra parte, es bastante sorprendente, porque quien duda debe de ser diferente de aquello de lo que duda.

    ¡Qué confusión! ¿Soy uno o dos?

    ¡La luz ha llegado! ¡No soy dos! No soy esa voz que me dicta cómo ha de ser la realidad. No soy esa voz que me dice que tengo razón. Tampoco soy la que me dice que no la tengo. Yo no soy ninguna voz, ni tampoco soy nada de lo que ninguna voz me diga que soy.

    Yo soy. Punto. ¡La luz ha llegado!

    Ya no creo a esa voz. Ya no creo en nada. Ahora la luz ha llegado, y ya no necesito creencias, ni interpretaciones, ni que me cuenten ninguna historia.

    ¡Ahora veo! Ahora veo la luz y me he quedado sin palabras, me he quedado sin historias, y sin ellas no puedo juzgar ni albergar resentimientos.

    Ahora mi corazón está rebosante de dicha, y mi mente está en paz. Soy uno. Yo soy el que es.

    II Érase una vez un hombre que buscaba. Érase una vez un coleccionista de normas, de historias y de descripciones. Érase una vez un leguleyo. Érase una vez un hombre con miedo que buscaba leyes que lo gobernaran.

    A su mente, en realidad, no le ocurría nada en particular, solo se le introdujo la extraña idea de que necesitaba explicaciones, y por eso se había echado al mundo para encontrarlas.

    Las cosas —se decía a sí mismo— no son tan solo cosas, son cosas con explicaciones, pero estas no son evidentes, están escondidas y hay que encontrarlas. Por eso, andaba inquieto por el mundo buscando las descripciones de las cosas.

    Las cosas —también se decía— vienen con normas e instrucciones que te dicen lo que son, para qué sirven y cómo hay que usarlas, como los prospectos de los medicamentos.

    El pobre hombre andaba un tanto perdido. Se mostraba incierto e inseguro sin algo que le dijera cómo debía vivir. Tenía miedo a la libertad, y la responsabilidad era un concepto que lo hacía enfermar. Le aterraba equivocarse. Tenía miedo a la vida. Tenía miedo a crear. Tenía miedo al amor. Tenía miedo de sí mismo.

    Su primer instinto era encontrar un agujero en el que esconderse, y solo se atrevía a salir de noche, con poca luz, mirando frenético por el suelo en busca de algún papelucho con instrucciones sobre algún asunto.

    Cuando lo encontraba, se alzaba entusiasmado y comenzaba a gritar a los cuatro vientos lo que allí había escrito, para que todo el mundo se enterara del feliz descubrimiento, y celebraran con él que a partir de ahora ya sabrían a qué atenerse con respecto a alguna tontería.

    Y eso no era lo peor. A veces se juntaba con algún otro demente al que encontraba por ahí cargado con bolsas de papeles mugrientos garabateados con normas e instrucciones, y construían entre ellos una extraña amistad basada en valores comunes, como la intolerancia, el rigor y el fanatismo.

    La demencia compartida se multiplica y se vuelve cruel y agresiva. Y es entonces cuando los locos furiosos se lanzan sobre los ignorantes que aún no han descubierto el perverso placer del miedo a la libertad.

    Las Leyes de Dios son las antileyes del mundo. Son leyes que conceden la omnipotencia y lo ilimitado; Leyes que prohíben terminantemente cualquier cosa que sea menos que todo, y también, de manera imprescindible, aplican de igual manera a todo lo que existe.

    Son las Leyes eufóricas de Dios, y, además, son inviolables.

  • LECCIÓN 87

    Nuestro repaso de hoy trata estas ideas: L-73 y L-74

    1. L-73 «Mi voluntad es que haya luz».

    2. Hoy usaré el poder de mi voluntad.I

    2No es mi voluntad andar a tientas en las tinieblas, temiendo a las sombras y asustado por cosas invisibles e irreales.

    3Hoy mi guía será la luz.

    4La seguiré allí donde me lleve, y solo contemplaré lo que ella me muestre.

    5Hoy experimentaré la paz de la verdadera percepción.

    3. Las siguientes presentaciones de esta idea te resultarán útiles para aplicaciones específicas:

    2Esto no puede ocultar la luz que es mi voluntad ver.

    3Tú estás conmigo en la luz, (nombre).

    4En la luz, veré esto de otra manera.

    4. L-74 «La única voluntad que existe es la de Dios».II

    5. Hoy estoy a salvo porque no hay más voluntad que la Voluntad de Dios.

    2Solo puedo tener miedo cuando creo que hay otra voluntad.

    3Solo intento atacar cuando tengo miedo.

    4Y solo cuando intento atacar puedo creer que mi eterna seguridad está amenazada.

    5Hoy reconoceré que nada de eso ha ocurrido.

    6Estoy a salvo porque no hay más voluntad que la Voluntad de Dios.

    6. A continuación, algunas formas útiles de esta idea para aplicaciones concretas:

    2Quiero percibir esto de acuerdo con la Voluntad de Dios.

    3La Voluntad de Dios es que tú, (nombre), seas Su Hijo, y esa también es mi voluntad.

    4Esto forma parte de la Voluntad de Dios para mí, no importa cómo yo lo vea.


    I La voluntad es uno de los tres aspectos del Ser que aprendimos en el Texto (T-3.IX.1:2): «Las verdaderas funciones del Alma son conocer, amar y crear». La voluntad es el aspecto por el cual el Ser crea. Crear es la función de la voluntad. En estas Lecciones se mencionan los tres aspectos relacionados entre sí, pues son consustanciales al Ser. La luz de la que aquí se habla es el símbolo del conocimiento.

    Cuando el ser humano integra su mente, utiliza sus funciones de manera armoniosa en el ámbito de la percepción y pone su voluntad en ver el amor que la luz le muestra. Es fundamental destacar el papel crucial de la voluntad en este proceso, ya que percibiremos aquello que sea nuestra voluntad percibir.

    También es importante comprender que lo que vamos a ver no es algo que debamos decidir nosotros. Nuestra función es poner la voluntad en que haya luz, en nada más. Sin embargo, nuestro primer impulso será poner la voluntad en alcanzar nuestras expectativas, lo cual no es más que la voz del ego manifestándose una vez más.

    Recuerda que no sabes qué es lo que más te conviene. Solo pide luz; solo pide comprensión.

    Ahora reflexiona: ¿quién está aquí pidiendo luz? Obviamente, quien no la tiene. Esta Lección no trata sobre la luz en sí misma, sino sobre la voluntad. Es una Lección para trabajar la voluntad, el aspecto más básico del Ser. Primero está la voluntad de Ser, que se extiende a Sí Mismo en su amar y se realiza en el conocimiento de su propia creación.

    En la tradición esotérica y espiritual del hinduismo y el yoga, la voluntad está representada por el chakra Manipura, situado en el plexo solar, encima del ombligo y justo debajo del diafragma, marcando la frontera con los chakras superiores. Por encima de él se encuentra Anahata, que simboliza el amor, y más arriba Ajna, que representa la luz del conocimiento. Esta disposición sugiere una progresión natural: desde la voluntad, que es la base, pasando por el amor, hasta alcanzar la luz del conocimiento.

    Este carácter fundamental de la voluntad es la razón por la que este Curso insiste tanto en ella como aspecto esencial del Ser. A partir de la voluntad se manifiestan los siguientes aspectos en una progresión ascendente. Por ello, es imprescindible rescatar la voluntad de las garras del ego, pues actualmente se encuentra confundida, secuestrada y perdida en caminos que no la conducirán a ninguna parte.

    II Esto no es un mandamiento ni una orden, sino la afirmación de un hecho: la Voluntad de Dios es el aspecto del Ser que crea la realidad. Y la Realidad es aquello que es, aquello que existe. Su cualidad esencial es la inmutabilidad. «Ser» e «inmutable» son, en última instancia, sinónimos. Cambiar implica dejar de ser algo para convertirse en otra cosa. Por lo tanto, lo cambiante es lo que simultáneamente es y no es, una imposibilidad ontológica, un absurdo.

    En este mundo —el ámbito de lo ilusorio— se confunde el «ser» con el «parecer ser». Se llama «ser» a todo aquello que solo parece existir, pero que en realidad no es, porque cuando lo observas atentamente, ya se ha transformado en otra cosa. Las ilusiones reciben ese nombre precisamente porque son ilusiones de ser: aparentan existencia, pero no son nada, no son reales y, por lo tanto, no existen, aunque parezcan hacerlo.

    El tiempo pertenece al reino de la ilusión, porque es la conciencia del cambio, la percepción de que lo imposible —el devenir de lo inmutable— parece posible. La mente humana, que opera dentro del tiempo, proyecta así concepciones ilusorias, y todas sus relaciones de causa y efecto son igualmente ilusorias.

    La conciencia del cambio genera un profundo miedo en la mente humana, pues introduce la idea de la pérdida del ser: la noción de la muerte. Pero eso es imposible, porque lo que existe verdaderamente no puede dejar de existir. La Voluntad de Dios solo crea lo real: lo que no cambia, lo que es, lo que permanece.

    Cuando la mente humana se alinea con la Voluntad de Dios, el miedo desaparece. Pero para que eso ocurra, debe superar su problema de autoría: la creencia de que ella misma se ha creado, que está separada de Dios y que actúa de forma autónoma. Esa idea es la raíz del miedo, pues engendra la sensación de estar solo, separado y carente de Amor.

    En última instancia, se trata de una falsa concepción de la libertad: la creencia de que la voluntad humana puede “crear” lo imperfecto, lo limitado o lo carente, es decir, algo intrínsecamente distinto de su Autor —el Ser—, lo único que verdaderamente existe.

    La mente humana no puede concebir lo real en sentido estricto, porque ella misma es una ilusión demente. Sin embargo, puede alinearse con la Realidad y llegar a percibir con precisión. Tampoco puede sanarse a sí misma, ya que ella es, por naturaleza, una contradicción existencial. Su redención consiste en despertar a la conciencia de su verdadera identidad; pero incluso eso trasciende la noción de conciencia, pues ocurre cuando se alcanza el conocimiento directo de ser.

    Los seres humanos no se salvan de nada, porque las ilusiones no pueden salvarse. Simplemente se disipa la ilusión de ser humano. Eso, que aterra al ego, es al mismo tiempo motivo de una alegría inmensa para ti.

  • LECCIÓN 86

    Estas ideas son para repasar hoy: L-71 y L-72

    1. L-71 «Solo el plan de Dios para la salvación funcionará».

    2. No tiene sentido que busque desesperadamente la salvación por todas partes.I

    2La he visto en muchas personas y cosas, pero cuando he tratado de alcanzarla, no estaba allí.

    3Estaba equivocado sobre dónde se encuentra.

    4Estaba equivocado sobre lo que es.

    5Ya no emprenderé más búsquedas inútiles.

    6Solo el plan de Dios para la salvación funcionará.

    7Y me regocijaré de que Su plan jamás pueda fallar.

    3. Estas son algunas propuestas para aplicar esta idea de forma específica:

    2El plan de Dios para la salvación me salvará de la manera en que percibo esto.

    3Esto no es una excepción en el plan de Dios para mi salvación.

    4Quiero percibir esto solo a la luz del plan de Dios para la salvación.II

    4. L-72 «Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación».

    5. Albergar resentimientos es un intento de demostrar que el plan de Dios para la salvación no funcionará.

    2Sin embargo, solo Su plan tendrá éxito.

    3Por lo tanto, al albergar resentimientos estoy excluyendo de mi conciencia mi propia y única esperanza de salvación.

    4No quiero seguir atacando mis propios intereses de esta manera tan demente.III

    5Quiero aceptar el plan de Dios para la salvación y ser feliz.

    6. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían ser así:

    2Cuando contemplo esto estoy eligiendo entre percibir erróneamente y la salvación.

    3Si veo motivos de resentimiento en esto, no veré los motivos de mi salvación.

    4Esto invita a la salvación, no al ataque.


    I En este Curso, el término «salvación» se usa apropiadamente para denominar aquello que colma completamente todos tus anhelos, responde perfectamente a todas tus dudas y, en consecuencia, inunda tu corazón de dicha y establece tu mente en la paz para siempre; es decir, restaura tu mente al estado original en el que Dios la creó.

    Salvarse es recordar quién eres.

    ¿Necesita lo que Dios creó perfecto ser restaurado, sanado o salvado de alguna manera? Obviamente, no. Eso es imposible.

    ¿Necesita la mente del Hijo de Dios ser salvada de lo imposible, de lo que nunca ocurrió? ¡Por supuesto que no! Eso no puede ser, y si no puede ser, nunca ha sido.

    Por eso este Curso empieza diciendo: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real, en eso radica la paz de Dios».

    La idea de la salvación, en sí misma, es un concepto incomprensible, porque es la respuesta a una idea imposible: la idea de la separación. Un concepto irreal solo puede ser corregido con otro que se encuentre en su mismo nivel, también irreal.

    Este Curso opera en un ámbito tan irreal como la idea que lo concibió. Y su estrategia —el plan de Dios para la salvación— es tan incomprensible como la idea de la separación que pretende sanar, por eso, su propuesta es puramente negativa: el perdón, es decir, que la mente no tenga en cuenta lo irreal y desestime la ilusión.

    Mas, como este Curso también advierte, ninguna enseñanza puede ser puramente negativa; tiene que apuntar hacia algún contenido positivo, de ahí la noción de niveles: uno irreal e inexistente en el que opera, y otro real, absolutamente pleno y positivo; la idea de Ser.

    Confundir y entremezclar ambos niveles es el error básico de la mente que está absorta en el primero, esa es la única tentación, eso es la mentalidad incorrecta.

    Lo que tú buscas, que es recuperar tu verdadera identidad dejando de creer en lo imposible, no se encuentra en el ámbito perceptual, que ha surgido precisamente para sustentar esa idea perversa de estar separado.

    El plan de Dios para la salvación funciona por el simple hecho de que niega el error. No hace falta nada más.

    II Todo lo que percibo es una proyección de la mente fragmentada para apoyar la idea equivocada que tiene de sí misma. Nada de lo que percibes es real. Lo real no lo puedes percibir, solo lo puedes conocer, pero como conocer es lo mismo que ser, el conocimiento no se puede dar en una identidad falsa.

    Nunca conoces desde tu perspectiva humana; solo el Ser conoce, y ese Ser es lo que tú ciertamente eres, pero no te dejes engañar creyendo que como persona puedes conocer; a nivel personal solo puedes tener creencias.

    Esto que contemplas ahora como humano no lo puedes conocer, pero sí lo puedes desestimar como motivo de salvación, que será la primera idea que aparecerá en tu mente cuando lo percibas. Desestímala, pues lo que intenta convencerte de que ahí se encuentra tu salvación es la voz del ego.

    Mira bien, pide una interpretación diferente, detén tu mente y escucha. Recibirás una propuesta mejor, y la identificarás porque es pacífica, benévola y benéfica.

    Eso que oirás tampoco es la verdad en sentido estricto, pero es lo mejor a lo que puedes acceder en el ámbito de la percepción, y a eso el Curso lo denomina «percepción verdadera».

    Si salvarse es recordar quién eres, el plan de Dios para la salvación consiste en utilizar todas las cosas que la vida pone ante ti para propiciar ese recuerdo, y eso ocurre cuando las contemplas con una percepción verdadera.

    En el plan de Dios para la salvación, todo lo que te ocurre se interpreta de manera positiva, porque todo puede verse como algo que funciona a favor de ese plan. Así, cuando los acontecimientos responden a tus anhelos y expectativas, son motivo de celebración, y cuando los contradicen —las dificultades de la vida—, representan oportunidades para aprender y cambiar.

    La vida es la escuela perfecta y todo lo que ocurre es para tu bien. Cuando algo te perturbe, no digas: «La vida está mal, tengo que cambiarla». Di, más bien: «La vida está bien, tengo que cambiar mi manera de verla». Eso no significa que dejes de hacer lo que resulte oportuno, pero no trates de hacerlo antes de haber cambiado tu interpretación y recuperado la paz.

    Recuerda que el mundo que crees percibir es una ilusión y no significa nada en sí mismo, así que es irrelevante. Pero tu paz sí es significativa y necesaria. Has venido aquí precisamente para eso.

    III Albergar resentimientos es simplemente arrogancia. Ocurre cuando te atribuyes a ti mismo capacidades que no tienes. En este caso, crees que estás capacitado para juzgar lo que tienes ante ti y condenarlo. No es así, pero tú lo crees.

    Como no te gusta lo que ves, según tu propia razón —la del ego—, lo condenas y lo atacas.

    En primer lugar, piensa que lo que tienes ante ti no es real, y luego piensa que la manera en la que lo estás considerando es inconveniente, pues tu corazón te lo hace saber, y por eso te sientes mal.

    Además, albergar resentimientos es un estado emocional negativo, un ataque contra ti mismo que no te ayudará en absoluto a conseguir lo que realmente quieres: la paz mental. Recuerda este principio ontológico fundamental: los medios no pueden contradecir los fines. Si quieres paz, no prepares la guerra.

    Probablemente estés convencido de que la única manera de alcanzar esa paz es lograr ciertos objetivos que se encuentran fuera de ti. No te engañes. No hallarás la paz en nada externo; la paz es una idea real y se encuentra en tu mente, que también es real. De hecho, la paz es la condición natural de tu mente cuando no se deja engañar por las falsas promesas de ídolos externos.

    No insistas en ese camino; rectifica. Aquieta tu mente y ora. Pide ayuda.

  • LECCIÓN 85

    El repaso de hoy abarcará estas ideas: L-69 y L-70

    1. L-69. «Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí».I

    2. Mis resentimientos me muestran algo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver.

    2Si reconozco esto, ¿para qué quiero mis resentimientos?

    3Mis resentimientos me mantienen en la oscuridad y me ocultan la luz.

    4Los resentimientos y la luz no pueden coexistir, pero la luz y la visión han de unirse para que yo pueda ver.

    5Para poder ver debo desprenderme de todos mis resentimientos.

    6Yo quiero ver, y así es como lo lograré.II

    3. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían ser así:

    2Que esto no me impida ver.

    3La luz del mundo hará que todo esto desaparezca con su fulgor.

    4No tengo necesidad de esto; lo que yo quiero es ver.

    4. L-70. «Mi salvación procede de mí».

    5. Hoy reconoceré dónde está mi salvación.

    2Está en mí, porque es ahí donde se encuentra su Fuente.

    3Mi salvación no ha abandonado su Fuente, por lo tanto, no puede haber salido de mi mente.

    4Dejaré de buscarla fuera de mí mismo.

    5No es algo que se encuentre fuera y tenga que traerse adentro.

    6Sino que se extenderá desde mi interior hacia afuera, y todo lo que vea reflejará la luz que resplandece en mí y en lo que contemplo.III

    6. Estas formas de expresar la idea son adecuadas para aplicaciones más específicas:

    2Que esto no me tiente a buscar mi salvación fuera de mí mismo.  

    3No dejaré que esto interfiera en mi conciencia de ser la Fuente de mi propia salvación.

    4Esto no tiene el poder de privarme de la salvación.


    I Hoy no te pondrás a pensar si tus resentimientos están justificados o no, porque, si lo haces, la voz del ego en ti te proporcionará una infinidad de falsos argumentos para justificarlos que te abrumarán. Sé sabio y humilde. Simplifica. Céntrate en los efectos que esos resentimientos están teniendo en ti y toma conciencia de que te perjudican, te duelen y te enferman.

    No discutas nunca con tu ego, porque tienes todas las de perder. El ego es ingenioso y perverso; tú eres inocente, y tu ámbito natural no es el ingenio, sino la verdad. Así que no lo escuches, mira con candidez dentro de ti, consulta a tu corazón y no te quedará ninguna duda sobre lo que debes hacer con tus resentimientos.

    Este es un camino de opciones sobre las que hay que elegir. A unas hay que decir sí, a otras hay que decir no, y el contraste entre ambas es tan grande que la elección no puede resultar difícil, a menos que permitas que el ego te enrede con sus argucias.

    II Tengo clarísimo que quiero ver un mundo luminoso que inunde mi corazón de dicha y mi mente de paz, mas eso no es lo que veo. Ahora contemplo otra cosa. Veo un mundo triste, oscuro, carente de amor y peligroso.

    Pero ¿estoy viendo realmente? ¿No será que no estoy viendo lo que realmente está ahí? ¿Qué estoy viendo entonces?

    ¿Qué significa albergar resentimientos? ¿Qué pasa en mi mente cuando estoy resentido? ¿Cuándo y por qué ocurre eso?

    Para albergar resentimientos, es imprescindible que yo haya condenado algo o a alguien. Es imprescindible que yo afirme que algo está mal. También es imprescindible que yo crea firmemente que mi evaluación de esa cosa es absolutamente cierta y apropiada. Para albergar resentimientos es necesario que yo tenga una fe absoluta en mis propios juicios.

    Si tengo absoluta fe en mis juicios, es evidente que estoy absolutamente loco. Además, la mía no es una locura cualquiera, es el estado demencial de un loco furioso que se ataca a sí mismo, pues solo se cuenta historias que lo hacen sufrir.

    Cuando miro al mundo, lo único que veo son mis resentimientos. Mas, en realidad, no estoy viendo nada, simplemente estoy escuchando las opiniones de mi ego; por cierto, las opiniones de un loco. No es de extrañar que no vea ahí fuera un mundo luminoso.

    Para que esa condición terrible de mi mente alucinada cambie, es incuestionable que tengo que dejar de seguir prestando atención a historias aterradoras sobre el mundo, sobre la gente y sobre mí mismo.

    Simplemente tengo que dejar de pensar que cualquier bobada que acude a mi mente es cierta. Tengo que abrir mi mente a la posibilidad de que los juicios que escucho acerca de todo lo que contemplo sean erróneos, de que en realidad no sé nada acerca de ninguna cosa.

    Tengo que parar mi mente y pedir que se me conceda una manera de ver mejor. La que ahora estoy usando me está sentando fatal, y para eso, más vale no tener ninguna. Voy a quedarme quieto a ver qué pasa.

    III La verdad es que no estoy completamente convencido de que mi salvación se encuentre en mí. Si lo estuviera, ya habría ido a mi interior, habría asumido que estoy salvado y no estaría haciendo este Curso.

    Lo que sí tengo clarísimo es que mi salvación no está fuera de mí, porque llevo muchísimo tiempo buscándola ahí fuera y no he encontrado ni rastro de algo que pudiera llamarse una verdadera salvación. Es más, eso no es algo que me pase solo a mí, no conozco absolutamente a nadie que la haya encontrado fuera de sí mismo.

    Sin embargo, sí he leído algunos testimonios bastante fiables de gente que afirma haberla encontrado, y todos coinciden en lo mismo: encontraron una dicha inmensa yendo a su interior, y ahí experimentaron algo que no podían explicar con palabras, algo más real que cualquier otra cosa que hubieran conocido jamás.

    Por otra parte, y pensándolo mejor, en cierta medida a mí también me ha pasado. Ha habido ocasiones en las que, sin saber cómo ni por qué, me he sentido muy feliz. No he tenido que hacer nada para lograrlo; simplemente ha ocurrido. Creo que es algo que todo el mundo, hasta cierto punto, también ha experimentado.

    Además, también es bastante lógico que la salvación se encuentre en el interior, porque, evidentemente, es ahí donde se experimentan sus frutos. Lo que resulta bastante sorprendente es que, después de este simple razonamiento, asequible a cualquiera, todo el mundo siga insistiendo en buscar la dicha y la paz fuera de sí mismos. No deja de ser chocante.

    Creo que merece la pena, al menos por un tiempo, invertir la dirección de mis afanes. A partir de ahora, voy a prestar poca atención y voy a poner poco interés en lo que ocurre fuera de mí, solo lo imprescindible; y voy a viajar tranquilamente en silencio al interior de mí mismo con una mente callada, con los ojos muy abiertos y sin esperar nada.

  • LECCIÓN 84

    Estas son las ideas para el repaso de hoy: L-67 y L-68

    1. L-67. «El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo».

    2. Yo soy semejante a mi Creador.I

    2No puedo sufrir, no puedo experimentar ninguna pérdida y no puedo morir.II

    3Yo no soy un cuerpo.III

    4Hoy quiero reconocer mi realidad.

    5No adoraré a ningún ídolo, ni alzaré las ideas que yo tengo de mí mismo para reemplazar a mi Ser.IV

    6Soy semejante a mi Creador.

    7El Amor me creó como a Sí Mismo.

    3. Puede que estas formas concretas te resulten útiles para aplicar la idea:

    2Que no vea en esto una ilusión de mí mismo.

    3Que recuerde a mi Creador al contemplar esto.

    4Mi Creador no creó esto tal como yo lo veo.

    4. L-68. «El Amor no alberga resentimientos».

    5. Los resentimientos son completamente ajenos al amor.V

    2Los resentimientos atacan al amor y oscurecen su luz.

    3Si albergo resentimientos, estoy atacando al amor y, por tanto, a mi Ser.

    4De ese modo mi Ser se convierte en algo ajeno a mí.

    5Estoy decidido a no atacar a mi Ser hoy, para que así pueda recordar quién soy.VI

    6. Estas formas específicas de aplicar esta idea pueden ser útiles:

    2Esto no justifica que niegue mi Ser.

    3No usaré esto para atacar al amor.

    4No dejaré que esto me tiente a atacarme a mí mismo.


    I Génesis 1:26 «Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”».

    Mas bien, Dios dijo: «Hago a mi Hijo a mi imagen y semejanza», y así Dios creó a Su Hijo. Y luego dijo el ego: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…», y entonces el hombre apareció en la mente dormida del Hijo de Dios.

    II Sufrimiento, pérdida y muerte son tan solo ideas que mi Ser real jamás ha experimentado en la Realidad. Mi conciencia de ser ha sido siempre la misma y nunca ha cambiado, aunque es cierto que a esa pura conciencia de ser yo mismo le he sobrepuesto ideas de sufrimiento, pérdida y muerte, pero incluso en esos momentos, mi conciencia de ser ha seguido inalterable.

    III A lo largo de mi vida personal mi cuerpo ha cambiado dramáticamente, pero mi conciencia de ser no. Lo que no cambia en mí tiene que ser real, y lo que cambia, una ilusión. La única solución plausible es que mi mente fragmentada concibe esas ideas de sufrimiento, pérdida, muerte y cuerpo; sin embargo, no son más que eso, ideas cambiantes que yo imagino y considero reales, pero que no son más que ilusiones.

    IV Todas las ideas que mi mente personal concibe cambian: primero aparecen en mi mente; luego, con el tiempo, evolucionan y cambian; finalmente ya no las considero «existentes» y las llamo «recuerdos». Pero mientras están en mi mente las considero reales, verdaderas, y las tengo en gran estima, entonces, ¿por qué me engaño constantemente a mí mismo de esa manera?

    ¿Por qué llamo a eso vivir? ¿No será más bien que me encuentro ensimismado por una historia que yo me cuento a mí mismo?

    V Los resentimientos son completamente ajenos a lo que yo soy: el Amor de Dios. ¿Por qué crees, si no, que los resentimientos te incomodan y te hacen sentir mal? Simplemente porque son antinaturales, ideas incompatibles con lo que eres.

    No toleres el malestar. Sé sensible a toda perturbación y muéstrate intransigente con ella. No permitas que entre en tu mente; si ya se ha introducido, expúlsala rápidamente y, sobre todo, no la acojas ni la alimentes, porque estarás albergando a un extraño que se ha instalado en tu hogar con el único propósito de amargarte la vida.

    Tú no te mereces eso. Has sido creado en la Felicidad y para la felicidad. Cualquier cosa que no sea una felicidad genuina es impropia de tu gloriosa condición y no la mereces.

    No transijas con esto. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es que familiarice con el sufrimiento y lo admita sin escándalo.

    Aprende a escandalizarte con todas esas posiciones mentales que no le corresponden a un Hijo de Dios. Aprende a vivir como tu Padre, aprende a vivir como Dios.

    VI La imagen que tengo de mí mismo —que acepto como verdadera con una mezcla de credulidad y arrogancia asombrosas— es tan distorsionada que me resulta casi imposible reconocerme como Amor y Luz. Sin embargo, comprendo perfectamente que los resentimientos son formas de ataque y que me hacen sentir profundamente mal. Es evidente que cuando guardo resentimientos, me estoy atacando a mí mismo, porque el único que sufre soy yo.
    Si albergar resentimientos es una decisión mía, y si me hacen tanto daño, ¿por qué los mantengo?, ¿para qué los mantengo? Tal vez sea porque mi mente no está funcionando correctamente. Es urgente poner fin a esta locura. No quiero seguir sufriendo.

  • LECCIÓN 83

    Hoy vamos a repasar estas ideas: L-65 y L-66

    1. L-65. «Mi única función es la que Dios me dio».

    2. No tengo otra función que la que Dios me dio.I

    2Reconocer esto me libera de todo conflicto, porque significa que no puedo tener objetivos conflictivos.

    3Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de qué hacer, qué decir y qué pensar.

    4Toda duda desaparece cuando reconozco que mi única función es la que Dios me dio.II

    3. Las aplicaciones más específicas de esta idea podrían ser así:

    2Mi percepción de esto no altera mi función.III

    3Esto no me asigna una función distinta a la que Dios me dio.IV

    4Que no use esto para justificar una función que Dios no me dio.V

    4. L-66. «Mi felicidad y mi función son una».

    5. Todas las cosas que proceden de Dios son una.VI

    2Vienen de la Unicidad, y deben ser recibidas cual una sola.VII

    3Desempeñar mi función es mi felicidad, porque ambas cosas proceden de la misma Fuente.VIII

    4Y para encontrar la felicidad debo aprender a reconocer lo que me hace feliz.

    6. Algunas variaciones útiles para aplicar de forma concreta esta idea son:

    2Esto no puede apartar mi felicidad de mi función.    

    3La unicidad de mi felicidad y mi función no se ven afectadas por esto en modo alguno.

    4Nada, ni siquiera esto, puede justificar la ilusión de que puedo ser feliz si dejo de cumplir mi función.IX


    I La función de cualquier cosa la asigna su creador. Yo no puedo tener una función distinta de la que me asignó Aquel que me creó. Es obvio que no me creé a mí mismo —aunque a veces tenga la tentación de creerlo, tal es mi confusión—, por lo que no puedo asignarme mi propia función.

    Ahora no recuerdo Quién me creó, cómo me creó ni para qué me creó, pero esas preguntas deben tener una respuesta, porque yo existo. Lo único que sé con certeza es que, cuando he intentado asignarme mi propia función, he fracasado, porque no he logrado mi propósito; no he conseguido ser feliz. Ahora quiero intentar algo diferente.

    Simplificar siempre es bueno, y aquí se me dice que solo tengo una función. Por lo menos esto es simple y claro. Además, también se me indica que mi función es ser feliz y hacer felices a mis hermanos, es decir, sanarlos, porque también se me ha dicho que sanar es hacer feliz (T-5.I.1:1). Entonces, si mi función es tan simple y tan acorde con mis más profundos anhelos, ¿cómo es que no me pongo a ello inmediatamente?

    II Esto también es obvio. Si concentro todos mis esfuerzos en hacer una sola cosa, mi mente no estará dispersa y no experimentaré ningún conflicto, porque así no me estaré atacando a mí mismo, y de este modo también estoy seguro de que, al menos, tendré paz. Voy a intentar cumplir impecablemente esta función que dicen que Dios me ha asignado, porque parece bastante probable que también encuentre la felicidad.

    III Todavía estoy interpretando todo acontecimiento con mi antiguo sistema de pensamiento, y es normal que experimente la tentación de volver a asignarme yo mismo una función.

    IV Si miro bien, puedo aplicar mi nueva función también a esto, por lo tanto, he de interpretar esto de manera diferente a como estaba acostumbrado.

    V No me dejaré tentar por ese viejo hábito; eso arruinaría mi nuevo propósito.

    VI Dios es muy simple. No hay nada más simple que Dios. Dios es el epítome de la simplicidad.

    VII Dios es Uno, y todo lo que procede de Él es como Él. Todo lo que procede de Dios es uno.

    VIII ¿Cómo iba Dios a disponer para mí algo diferente que mi felicidad? Desde que comencé a creer que estaba separado de Dios no he hecho otra cosa que buscar la felicidad.

    ¿Es tan difícil concluir que mi felicidad está en Dios?

    IX Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida personal no ha tenido otro propósito que el de intentar conseguir un poco más de felicidad.

    También voy a intentar ser feliz con esto que tengo ahora delante de mí. Que no me deje tentar por la idea de conseguir la felicidad por un medio diferente al que se me ha propuesto: el perdón. Si lo hago, fracasaré de nuevo.

  • LECCIÓN 82

    Hoy repasaremos estas ideas: L-63 y L-64

    1. L-63. «La luz del mundo trae paz a todas las mentes gracias a mi perdón».I

    2. Mi perdón es el medio a través del cual la luz del mundo se expresa a través de mí.

    2Mi perdón es el medio a través del cual tomo conciencia de la luz del mundo en mí.II

    3Mi perdón es el medio a través del cual el mundo sana junto conmigo.

    4Por lo tanto, que perdone al mundo para que sane junto conmigo.

    3. Algunas sugerencias de formas concretas de aplicar esta idea son:

    2Que la paz se extienda de mi mente a la tuya, (nombre).

    3Comparto la luz del mundo contigo, (nombre).

    4Gracias a mi perdón puedo ver esto tal como es.III

    4. L-64. «Que no olvide mi función».

    5.  No olvidaré mi función, porque quiero recordar mi Ser.IV

    2No puedo cumplir mi función si la olvido.

    3Y si no cumplo mi función no podré experimentar la dicha que Dios ha dispuesto para mí.V

    6.  Algunas variaciones específicas adecuadas de esta idea son:

    2Que no use esto para ocultarme a mí mismo mi función.

    3Quiero usar esto como una oportunidad para cumplir mi función.    

    4Esto puede parecer una amenaza para mi ego, pero en nada altera mi función.VI


    I Del mismo modo que los juicios generan inevitablemente conflicto, miedo e ira, el efecto directo del perdón es la paz.

    Esta Lección es una continuación lógica y natural de la anterior: la luz que hay en mí es la causa del perdón, y la paz es su consecuencia inmediata, tanto para mí como para aquellos a quienes otorgo ese perdón.

    En la práctica de hoy, no centres demasiado tu atención en ti mismo, en tus propios problemas o en tu necesidad personal de paz. En su lugar, dirige tus pensamientos hacia tus hermanos. Reflexiona sobre el efecto transformador que tu aceptación y tu perdón sincero pueden tener en ellos. ¿Crees acaso que tu perdón no tendrá ningún efecto sobre sus mentes? Si dudas de ello, es porque aún no comprendes plenamente el poder extraordinario e irresistible del perdón.

    Perdonar genuinamente las supuestas ofensas de tus hermanos y aceptarlos profundamente desde el corazón genera una fuerza poderosa e irresistible que nadie puede rechazar ni evitar. Cuando ofreces aceptación en lugar de juicio, transformas inevitablemente a quienes considerabas enemigos en aliados valiosos. Al perdonar y aceptar, liberas la energía que habrías utilizado para defenderte o atacar, y esa misma energía se convierte ahora en cooperación y ayuda mutua.

    La conversión de enemigos en aliados no solo es una práctica espiritual elevada, sino también la inversión más sabia y provechosa que puedas realizar en cualquier ámbito de la vida. Al perdonar, eliges vivir desde la paz y la cooperación, y descubres que el apoyo y la colaboración de tus hermanos te llevan más fácilmente hacia la realización de tus objetivos más elevados.

    II Cuando perdono, mi mente se ilumina y mi corazón se alegra.

    III Al perdonar, el mundo sigue siendo el mismo y yo también, pero ahora percibo claramente que no existe ningún problema real. El perdón no cambia la realidad externa, sino mi percepción de ella. Cuando dejo de proyectar mis juicios sobre lo que veo, puedo contemplar el mundo tal como realmente es, libre de la distorsión generada por mi mente.

    En otras palabras, el perdón elimina las interpretaciones erróneas, revelando una visión clara, sencilla y auténtica. De este modo, aunque externamente nada haya cambiado, internamente todo se transforma, desapareciendo así la sensación de conflicto, ansiedad o malestar. Al ver con claridad, experimento una paz verdadera y constante, pues reconozco que lo que antes consideraba un problema era tan solo un juicio equivocado en mi mente.

    IV Si me olvido de mi función, no sé quién soy ni qué hago aquí. Si me olvido de mi función, nada tiene sentido.

    Recuerda: En este Curso se menciona explícitamente que la función del Hijo de Dios es ser feliz. Esto se encuentra en el Libro de Ejercicios, en la Lección 66, donde se afirma: «Mi felicidad y mi función son una. […] El ego libra una constante batalla con el Espíritu Santo sobre la cuestión fundamental de cuál es tu función. Y también sobre qué es tu felicidad. […] Dios te da únicamente felicidad. Por lo tanto, la función que Él te dio debe ser la felicidad, aunque parezca ser algo diferente».

    También en la Lección 101 se enfatiza: «La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad».

    En otras secciones del Curso, se refuerza que el propósito del Hijo de Dios es desempeñar la función que le fue dada, y que en ese cumplimiento se encuentra su felicidad inevitable.

    Así que, según el Curso, tu función es ser feliz, y esta felicidad se alcanza mediante el perdón y el alineamiento con la Voluntad de Dios. Lo único que te puede separar de tu felicidad es tu falta de perdón.

    V Es tan imposible que experimente dicha si condeno como inevitable es experimentarla si perdono.

    VI El perdón es el medio más poderoso para trascender al ego, porque este no tiene acceso a él. El ego jamás perdona: solo sabe juzgar, culpar y dividir. Perdonar es, por tanto, un acto que lo deshace, un gesto que proviene de una dimensión más alta de la mente, donde el amor y la comprensión reemplazan al juicio y al miedo.

  • SEGUNDO REPASO y LECCIÓN 81

    Introducción

    1.  Ya estamos preparados para otro repaso.

    2Comenzaremos donde terminamos el repaso anterior y abordaremos dos ideas por día.

    3La primera parte del día se dedicará a una de estas ideas, y la segunda a la otra.I

    4En cada uno de esos periodos realizaremos una práctica más larga, complementada con sesiones más breves y frecuentes, dedicadas a cada idea.II

    2.  Las prácticas más largas seguirán esta forma general:

    2Dedica unos quince minutos a cada una, comenzando con la idea y los comentarios que la acompañan.

    3Dedica tres o cuatro minutos a leerlos lentamente, varias veces si lo deseas, y luego cierra los ojos y escucha.

    4Si tu mente divaga, regresa a la idea y vuelve a reflexionar sobre ella, pero procura dedicar la mayor parte de la práctica a escuchar en silencio y con atención.III

    3.  Hay un mensaje esperándote.

    2Confía en que lo recibirás.

    3Recuerda que es algo a lo que tienes derecho, y que lo quieres.

    4No dejes que tu voluntad vacile frente a pensamientos que intenten distraerte.

    5Date cuenta de que, sea cual sea la forma que adopten esos pensamientos, no significan nada y no tienen ningún poder.IV

    6Reemplázalos por tu determinación a triunfar.V

    4.  No olvides que tu voluntad es más poderosa que las fantasías y los sueños.VI

    2Confía en ella para que te acompañe y te lleve más allá de todos ellos.VII

    3Considera que estos periodos de práctica están consagrados al camino, la verdad y la vida.VIII 

    4Rehúsa dejarte arrastrar por distracciones, ilusiones y pensamientos de muerte.IX

    5Tú estás comprometido con la salvación.

    6Ten la determinación de cumplir cada día tu función.X

    5.  Reafirma tu determinación en las prácticas más breves, utilizando la forma original de la idea para una aplicación general y adaptándola cuando sea necesario.

    2Los comentarios que acompañan incluyen algunas variaciones específicas.

    3Pero son simples sugerencias.

    4Las palabras concretas que uses no son lo que importa.


    I Por la mañana practicamos una idea, y por la tarde la otra.

    II Tanto por la mañana como por la tarde dedica quince minutos a reflexionar sobre la idea correspondiente, y luego tómate breves momentos durante el resto de la jornada, tan frecuentes como sea posible, pero, sobre todo, ten en cuenta esas ideas si las circunstancias del día te ofrecen oportunidades para practicarlas.

    Sin ninguna duda, eso ocurrirá, y aplicar una idea a un problema concreto es la mejor manera de asimilarla, y así convertir esa aplicación en un hábito mental. Esa respuesta automática te beneficiará de manera indescriptible a lo largo de tu vida y se convertirá en un nuevo hábito benéfico. Nada volverá a ser como antes.

    Esa manera de vivir es simplemente la aplicación práctica de tu nuevo sistema de pensamiento; el objetivo de este Curso.

    III Esta es una actitud mental receptiva y expectante. Es una manera de orar: primero pides; luego esperas la respuesta. La parte más importante es la segunda, obviamente.

    En realidad, con estas prácticas estás entrenando tu mente para escuchar la Voz del Espíritu Santo, y esa deberá ser la posición natural de tu mente el resto de tu vida en la tierra.

    Una mente serena, disciplinada, en paz, atenta a la Voz interior y en armonía con su propio corazón es una mente correcta, sana y milagrosa. Esa es la mente de un obrador de milagros.

    Date cuenta de que este Curso es un entrenamiento mental que te llevará a vivir desde una nueva definición de ti mismo. Pero, para lograrlo, primero debes abandonar la idea previa con la que te has identificado. Ese proceso implica renunciar y dejar atrás lo que crees que es tu verdadera voluntad. Sin embargo, como estás tan inmerso en esa falsa identidad, es probable que te resulte muy difícil dar ese paso.

    Al final del Texto, hay una práctica específica que representa la culminación de todo lo aprendido hasta ese momento: la primera sección del capítulo 30, «Reglas para tomar decisiones», donde aprendes a dejarte guiar por la Voz del Espíritu Santo. Esta parte del Libro de Ejercicios marca el inicio de tu entrenamiento en esa dirección, la cual se consolidará en la Segunda Parte del libro, que comienza en la Lección 220.

    IV Tu viejo sistema de pensamiento tratará de interferir constantemente en tu aprendizaje. No le hagas caso. Eso no eres tú. Solo es el mecanismo auto-mático que tu mente ha estado usando hasta ahora.

    Te ha amargado la vida y no lo quieres. No le permitas que ahora se entrometa. El único contenido real de tus pensamientos son las infinitesimales cantidades de amor que hayan podido albergar. Ese ha sido, en todo caso, su único microscópico significado.

    En cuanto a su poder, por sí mismos jamás han tenido ninguno, tan solo el que tú les has conferido creyendo en ellos.

    V Es una respuesta a la que tienes pleno derecho. Recuerda, se te ha prometido: «Pedid, y se os dará». Y puedes estar seguro de que así es.

    Pero fíjate en que también debe ser una respuesta que realmente quieras. Esta es la parte más importante, pues es lo que permite que los resultados de tu voluntad se manifiesten.

    Jesús no te engaña, puedes fiarte de él, pero no necesitas hacerlo a ciegas; haz lo que te dice y mira con absoluta honestidad los resultados.

    VI Fíjate en el énfasis que se pone en la voluntad. Tu voluntad es lo único que existe, y las fantasías y los sueños que has tenido han sido el resultado de aplicar mal tu voluntad.

    VII Muchos estudiantes de este bendito Curso, al practicar la escucha de la Voz del Espíritu Santo en su mente, experimentan dudas acerca de la veracidad de las respuestas que reciben. Con frecuencia, sospechan que lo que oyen podría provenir del ego y no del Espíritu Santo, especialmente cuando dichas respuestas resultan incómodas o desafiantes. Es importante comprender que esta duda es precisamente la voz del ego, pues el ego es siempre quien cuestiona y genera incertidumbre.

    Para realizar correctamente este ejercicio, es esencial abandonar de corazón, con absoluta honestidad, cualquier expectativa personal y toda interpretación previa de las circunstancias. Solo en este terreno virgen y fértil, libre de condicionamientos, puede manifestarse la verdadera respuesta.

    Lo que escuchas en sí mismo no es lo más importante. Lo que realmente santifica la respuesta es la confianza con la que la recibes. Confía plenamente en el Espíritu Santo, confía también en ti mismo, y santifica así lo que recibes mediante el poder transformador de tu confianza. La confianza es santa, posee poder, y santifica aquello sobre lo cual se deposita.

    En última instancia, lo decisivo no es tanto lo que hagas, sino la actitud desde la cual lo haces. La confianza auténtica favorece un estado mental que este Curso llama «milagroso». En dicho estado, la mente, liberada del ego y de las dudas, permanece constantemente apoyada en la confianza. Por esa razón, accede de forma continua al Poder de Dios, vive desde la inocencia, expresa benevolencia y experimenta una absoluta sensación de protección e invulnerabilidad.

    Ese es el estado mental que te mereces.

    VIII Juan 14:6 «Jesús le dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por mí”».

    Estas prácticas guiadas por Jesús son tu camino hacia la Verdad y la Vida.

    IX Cada vez que te sientas tentado, date cuenta de que siempre se trata de una lucha de ti contra ti mismo, y, si lo piensas bien, comprenderás que eso de las tentaciones no es más que una solemne tontería y una falta de honestidad, consistencia y compromiso.

    Todavía tienes la mente escindida en dos sistemas de pensamiento opuestos, y eso te está estresando. Simplemente, elige uno y abandona el otro.

    X Cada día no; cada minuto, cada segundo. Date cuenta de que no eres hijo del pasado; naces nuevo e inocente en el instante presente. El tú que habita el presente siempre es nuevo e inmaculado. En el presente solo te afectan tus pensamientos del presente, si bien estos pueden referirse al pasado o al futuro, pero siempre son del presente, e hijos de tu voluntad.

    Sé impecable, ejerce tu voluntad, escucha y confía.

    LECCIÓN 81

    Nuestras ideas para el repaso de hoy son:  L-61 y L-62

    1. L-61. «Soy la luz del mundo».I

    2. ¡Cuán santo soy, pues se me ha encomendado la función de iluminar el mundo!

    2Que permanezca en calma ante mi santidad.II

    3Que todos mis conflictos se desvanezcan en su serena luz.III

    4Y que en su paz recuerde quién soy.IV

    3.  Algunas formas concretas de aplicar la idea cuando parezca que surgen dificultades podrían ser:

    2Que no oscurezca la luz del mundo en mí.

    3Que la luz del mundo resplandezca a través de esta apariencia.V

    4Esta sombra se desvanecerá ante la luz.VI

    4. L-62. «Mi función es perdonar porque soy la luz del mundo».VII

    5.  Al aceptar mi función, veré la luz en mí.VIII

    2Y en esa luz mi función se presentará clara y perfectamente inequívoca ante mi vista.

    3No necesito comprender aún cuál es mi función para aceptarla, pues todavía no sé qué es perdonar.IX

    4Mas confío en que en la luz veré lo que es.X

    6.  Las fórmulas específicas de utilizar la idea podrían ser:

    2Que esto me ayude a aprender lo que significa perdonar.XI

    3Que no separe mi función de mi voluntad.XII

    4Que no desvíe esto hacia un propósito ajeno a mi función.XIII


    I Yo —mi verdadero Ser-— soy la luz que disipa las sombras de un mundo tenebroso hecho de ausencias de luz, de ausencias de amor.

    II En mi callada santidad cesan las historias que me cuento sobre la «realidad» del mundo.

    III Sin mis propias descripciones —sin mi diálogo interno— los conflictos simplemente desaparecen.

    IV Y recuerdo y soy el Ser que soy.

    V Pido que se me muestre la luz que hay tras esa forma.

    VI La forma desaparece y se me muestra lo que hay tras la forma: el Amor de Dios subyacente a toda apariencia.

    VII No me dejaré engañar con las descripciones siniestras que la voz del ego pone en mi mente; las perdonaré todas.

    VIII No puedo ver mi propia luz porque yo soy el emisor de la luz, pero veré los efectos de mi luz, pues las sombras que veo a mi alrededor se desvanecerán.

    IX La prueba de que todavía no comprendo lo que es perdonar es que todavía sigo viendo un mundo; aún no lo he perdonado.

    X Perdonando comprenderé lo que es perdonar, pues veré los efectos de mi perdón al iluminar el mundo con la luz de mi perdón. Perdonar me permitirá ver el mundo transformado por mi luz.

    XI Esto es una oportunidad para ejercitar mi perdón y comprender que perdonar significa liberarse de interpretaciones dolorosas.

    Convertiré esta situación de conflicto en una oportunidad para aprender a liberarme del sufrimiento. Cada vez que perdono, doy un paso más en el camino hacia la Paz de Dios, que me merezco.

    No perderé esta oportunidad. Aprenderé esta Lección en mi propio beneficio.

    He nacido para ser feliz, y el perdón es la manera de conseguirlo.

    XII Mi función y mi voluntad son lo mismo. Yo solo quiero perdonar.

    XIII No me permitiré ver en esto nada más que una oportunidad para ejercer mi función y perdonar.

  • LECCIÓN 80

    Que reconozca que mis problemas se han resuelto.

    1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno.

    2Tu único gran problema ya se ha resuelto y no tienes ningún otro.

    3Por lo tanto, debes sentirte en paz.

    4La salvación, entonces, depende de que reconozcas que ese es el único problema, y que comprendas que ya se ha resuelto.

    5Un único problema, una única solución.I

    6La salvación se ha consumado.

    7Se te ha proporcionado la liberación del conflicto.

    8Acepta este hecho, y estarás preparado para ocupar el lugar que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.

    2. ¡Tu único problema ya se ha resuelto!

    2Repítelo hoy una y otra vez en tu interior, con gratitud y convicción.

    3Has reconocido tu único problema, abriendo así el camino para que el Espíritu Santo te dé la respuesta de Dios.

    4Has dejado de lado el engaño y has visto la luz de la verdad.

    5Has aceptado la salvación para ti mismo al llevar el problema a la respuesta.

    6Y puedes reconocer la solución porque has identificado el problema.II

    3. Hoy tienes derecho a la paz.

    2Un problema que se ha resuelto no te puede perturbar.

    3Asegúrate únicamente de no olvidar que todos los problemas son el mismo problema.

    4Sus múltiples formas no te engañarán si recuerdas esto.

    5Un solo problema, una sola solución.

    6Acepta la paz que conlleva esta simple afirmación.

    4. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy reclamaremos la paz que nos corresponde cuando el problema y la respuesta se ven a la vez.

    2El problema debe desaparecer, porque la Respuesta de Dios no puede fallar.

    3Al haber reconocido el problema, has reconocido la solución.

    4La solución está contenida en el problema.

    5Se te ha respondido, y tú has aceptado la respuesta.

    6Te has salvado.

    5. Ahora, deja que se te conceda la paz que conlleva tu aceptación.

    2Cierra los ojos y recibe tu recompensa.

    3Reconoce que tus problemas se han resuelto.

    4Reconoce que estás fuera del conflicto, libre y en paz.

    5Pero, sobre todo, recuerda que solo tienes un problema, y que ese problema tiene una sola solución.

    6En esto radica la simplicidad de la salvación.

    7Esta es la razón que garantiza su eficacia.

    6. Afirma con frecuencia hoy que todos tus problemas ya están resueltos.

    2Repite la idea con absoluta convicción tan a menudo como sea posible.

    3Y recuerda especialmente aplicar la idea de hoy a cualquier problema concreto que pueda surgir.

    4Di rápidamente:

    5Que reconozca que este problema ya se ha resuelto.

    7. Hoy, decidamos no acumular resentimientos.

    2Decidamos liberarnos de problemas que no existen.

    3La clave para lograrlo es la pura honestidad.

    4No te engañes a ti mismo sobre cuál es el problema, y así reconocerás que ya se ha resuelto.


    I Jesús nos dice:

    EL PROBLEMA:

    «En la eternidad, donde todo es uno, se introdujo una diminuta y alocada idea de la cual el Hijo de Dios olvidó reírse». (T-27.X.6:1)

    El problema eres tú. El problema es tu yo, el ego en ti. Los problemas seguirán acechándote mientras tú insistas en querer ser tú.

    El problema es que crees que eres una persona que habitas en un mundo con otras personas: cuerpos, como tú. El problema es que crees que tienes una mente para tu uso particular que tiene pensamientos que siempre son apropiados y verdaderos. El problema es que crees que estás separado de Dios, de tus hermanos y de todas las cosas que pueblan tu mundo, y que todo ello es algo distinto a ti.

    El problema es que te sientes solo, desvalido e impotente ante las cosas que te ocurren; que eres frágil, que puedes sufrir todo tipo de daños y que finalmente vas a morir.

    El problema es que tu mente está permanentemente absorta en cosas que piensas que sucedieron en algo que llamas pasado, y tienes miedo de lo que piensas que pueda ocurrir en un tiempo que está por venir y que llamas futuro.

    El problema es que en tu mente aparecen constantemente y de manera irrefrenable historias que te cuentas a ti mismo, y que, aunque hasta cierto punto sabes que no son ciertas, no puedes dejar de considerarlas importantes, porque tú, que también te consideras importante, eres el protagonista de todas ellas.

    El problema es que, aunque ya comienzas a darte cuenta de que todo eso no es más que una locura, no sabes cómo ponerle fin.

    LA SOLUCIÓN:

    «El Espíritu Santo fue la Respuesta de Dios a la separación, el medio por el cual la Expiación podía reparar la mente hasta que la totalidad de ella volviera a crear». (T-5.II.10:5)

    El problema no es real. Nada de todo eso es cierto. Lo real no corre ningún peligro, y lo que tú piensas que corre peligro no es real. En eso radica la Paz de Dios.

    Y Jesús nos dice:

    «No temas, hermano querido. Solo es un sueño. Yo sé que estás soñando; tú todavía no. Te tomo ahora de la mano y te acompaño en tu pesadilla. Es todo lo que puedo hacer, pero eso es suficiente.

    No puedo despertarte de tu sueño porque tú todavía no quieres, pero sé que sí anhelas con toda tu alma un sueño mejor, y sí te puedo ayudar a alcanzar eso.

    Hazme caso. Haz lo que te digo y confía. Mi voz te acompaña siempre porque tu mente también es la mía, y yo ya he despertado, pero sigo viendo tu sueño y por eso te puedo guiar.

    Te hablo siempre de lo que yo hice, pues así desperté. Somos iguales, tú y yo, por eso no hay nada de mí que tú no puedas lograr.

    El sueño ya ha acabado, y, con él, el mundo y el tiempo. Estamos juntos, como siempre ha sido, juntos en el Corazón de Dios. Ten fe, abre los ojos y verás».

    II Quizás te ayude plantearte estas preguntas: ¿Existe algún problema fuera de mí? ¿Quién tiene realmente un problema?

    Los problemas carecen de existencia propia fuera de la mente que los percibe; no poseen una entidad ontológica real. Podríamos incluso decir que son ilusorios en grado extremo, pues ni siquiera pueden percibirse objetivamente.

    Los problemas son, en esencia, opiniones, creencias o ataques dirigidos contra la idea que uno tiene de sí mismo. Si abandonas o reduces esta idea, disminuyendo el sentido de importancia personal —que es el alimento del ego—, verás cómo el problema se desvanece naturalmente.

    Experimentarás problemas en la misma medida en que permanezcas identificado con tu ego: cuanto más fuerte sea el ego, mayores y más numerosos serán los problemas que percibas.

    Para recuperar la paz mental y dejar de sufrir por interpretaciones dolorosas de la realidad, no se requiere necesariamente una visión espiritual elevada; basta con un poco de auténtica humildad.

  • LECCIÓN 79

    Que reconozca el problema para que pueda ser resuelto.

    1. No puedes resolver un problema si no sabes lo que es.

    2Incluso si ya está realmente resuelto, lo seguirás teniendo porque no puedes reconocer que se ha solucionado.

    3Esa es la situación del mundo.

    4El problema de la separación, que es realmente el único problema que hay, ya se ha resuelto.

    5Pero no se reconoce la solución porque no se ha reconocido el problema.I

    2. En este mundo, cada persona parece tener sus propios problemas especiales.

    2Pero todos son el mismo, y deben ser reconocidos como uno solo para aceptar la única solución que los resuelve todos.

    3¿Quién va a poder ver que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa?

    4Incluso si se le da la respuesta, no puede ver su relevancia.

    3. Esa es la situación en la que tú te encuentras ahora.

    2Tienes la respuesta, pero aún no estás seguro de cuál es el problema.

    3A ti te parece que te estás enfrentando a una larga serie de problemas diferentes, y cuando uno se resuelve, surge el siguiente, y luego otro más.

    4Esto parece no tener fin.

    5Nunca te sientes completamente libre de problemas y en paz.

    4. La tentación de considerar que los problemas son muchos es la tentación de dejar el problema de la separación sin resolver.

    2El mundo parece presentarte un gran número de problemas, y cada uno parece requerir una respuesta diferente.

    3Esta percepción te coloca en una posición en la que tu manera de resolver los problemas forzosamente es inadecuada, y el fracaso es inevitable.

    5. Nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener.

    2Parecen estar en tantos niveles, en formas tan variadas y contenidos tan diversos que crees enfrentarte a una situación imposible.

    3Tal como tú los percibes, el desaliento y la depresión son inevitables.

    4Algunos surgen inesperadamente, justo cuando creías haber resuelto los anteriores.

    5Otros permanecen sin resolver bajo una nube de negación, y emergen de vez en cuando para atormentarte, solo para ocultarse de nuevo, aún sin resolver.

    6. Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema, y, por lo tanto, de no dejar que se resuelva.

    2Si pudieras reconocer que tu único problema es la separación, sin importar la forma que adopte, podrías aceptar la respuesta porque verías su relevancia.

    3Si pudieras ver la subyacente igualdad de todos los problemas a los que te enfrentas, comprenderías que dispones de los medios para resolverlos todos.

    4Y entonces utilizarías esos medios, porque habrías reconocido el problema.

    7. En nuestras sesiones más largas de hoy, preguntaremos cuál es el problema y cuál es su solución.

    2No asumiremos que ya lo sabemos.

    3Trataremos de liberar nuestra mente de todos los tipos de problemas que pensamos que tenemos.

    4Intentaremos darnos cuenta de que solo tenemos un problema que no hemos sabido reconocer.

    5Preguntaremos cuál es y esperaremos la respuesta.

    6Se nos dirá.

    7Entonces preguntaremos cuál es su solución.

    8Y también se nos dirá.II

    8. Los ejercicios de hoy tendrán éxito siempre que no insistas en querer definir el problema tú mismo.

    2Tal vez no consigas desprenderte de todas tus opiniones preconcebidas, pero eso no es necesario.

    3Lo único que se requiere es que dudes de la veracidad de tu versión de esos problemas.III

    4Estás tratando de darte cuenta de que al reconocer el problema se te ha dado la respuesta, para que así el problema y la respuesta puedan verse conjuntamente, y tú puedas quedarte en paz.

    9. Hoy, las prácticas más cortas no seguirán un horario fijo, sino que se realizarán según la necesidad.

    2Hoy verás muchos problemas, y cada uno exige una respuesta.

    3Esfuérzate en reconocer que solo hay un problema, y solo una respuesta.

    4Reconociendo esto, se resuelven todos los problemas.

    5Reconociendo esto hay paz.

    10. Hoy no te dejes engañar por la forma en que se manifiestan los problemas.IV

    2Cada vez que surja una dificultad, di de inmediato:

    3Que reconozca el problema para que pueda ser resuelto.

    4A continuación, intenta suspender todo juicio sobre cuál es el problema.

    5Si es posible, cierra los ojos un momento y pregunta de qué se trata.

    6Serás escuchado, y se te responderá.


    I Se nos dice aquí que el problema es la separación, pero ¿qué significa realmente eso? ¿De qué manera saber que la separación es el problema puede ayudarme aquí y ahora, en el día a día?

    Es muy probable que la Lección de hoy se te haga muy difícil; eso es normal. Quizás lo más conveniente sea que la leas con atención, hagas la práctica como se te indica y veas qué pasa. En la Lección de mañana encontrarás una nota explicativa sobre la naturaleza del problema que aquí se menciona.

    Es importante que tu experiencia de hoy no se vea influenciada por las descripciones de otros. Trabaja la Lección con cariño, una mente abierta y toda tu buena voluntad.

    Ten la certeza de que eres amado en una medida que eres incapaz de concebir o imaginar. Se te mira con infinita ternura y se te protege en cada paso que das, aunque todavía no lo sepas.

    Trabaja bien hoy y espera una respuesta; pero, si no llega, no te preocupes.

    II No esperes que la respuesta te vaya a venir de una determinada manera que tú hayas imaginado. ¡Vete tú a saber cómo te llegará la respuesta! Te llegará en una forma específica para ti. Será una experiencia absolutamente personal.

    III Esta línea es importante. Date cuenta de que, para escuchar la respuesta, es necesaria una mente receptiva. Si tu mente está aferrada a su propia interpretación de la realidad, difícilmente podrá escuchar una respuesta y, si lo hace, es muy probable que la perciba como un ataque a sus creencias y responda con un contraataque.

    Solo se te pide que pongas en duda tu manera de describir el problema, no que la niegues o la rechaces; dudar de ella es suficiente, no hace falta más que eso.

    Trae a tu mente cualquier problema de esos que te dices a ti mismo que tienes. Con toda seguridad, tienes una explicación para justificar tu perturbación ante esa circunstancia, pero pregúntate: ¿qué es lo que hace que eso sea un problema? ¿Por qué te perturba?

    No te respondas. Mantén tu mente abierta y receptiva a una respuesta que debe llegarte desde más allá de ti mismo.

    IV También es muy importante: no confundas forma con contenido. El problema no es la forma que adopta, sino aquello que lo convierte en un problema. Todos los problemas del mundo no son más que distintas manifestaciones de la idea de separación. Esa es la raíz del problema. Cuando la reconozcas, estarás en condiciones de resolverlos todos, porque son hijos de la misma madre.

    A modo de ejercicio, intenta observar los diferentes problemas que crees que tiene el mundo desde esta perspectiva. No te costará demasiado comprobar que la idea de separación subyace en todos ellos. No es necesario hacer más. Simplemente, reconoce cuál es el verdadero problema. Esta Lección no te pide más que eso.

  • LECCIÓN 78

    Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos.

    1. Tal vez aún no tengas muy claro que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro.

    2Cada resentimiento se alza como un tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar.

    3Y al alzarlo ante tus ojos, no ves el milagro que se encuentra tras él.

    4El milagro sigue allí, esperándote en la luz, pero tú contemplas tus resentimientos en su lugar.

    2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos, para contemplar el milagro en vez de ellos.

    2Hoy invertiremos tu manera de ver, y no permitiremos que tu mirada se detenga antes de que consigas ver realmente.

    3No nos detendremos ante el escudo del odio, sino que lo dejaremos caer, y suavemente alzaremos nuestros ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.

    3. El Hijo de Dios te aguarda tras tus resentimientos, y, cuando los abandones, Él aparecerá radiante de luz donde antes se encontraba cada uno de ellos.

    2Porque cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, y cuando se elimina puedes ver al Hijo de Dios allí donde siempre ha estado.

    3Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas.

    4Pues cada resentimiento hacía más profunda la oscuridad, y no podías ver.

    4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios.

    2No nos permitiremos estar ciegos a él.

    3No vamos a contemplar nuestros resentimientos.

    4Pues así es como se invierte la visión del mundo: mirando hacia la verdad más allá del miedo.I

    5. Para ello, seleccionaremos a una persona que haya sido blanco de tus resentimientos y, dejándolos a un lado, la contemplaremos.

    2Alguien a quien temes, e incluso odias.

    3Quizás alguien a quien crees amar, pero que también te enfada.

    4Alguien a quien llamas amigo, pero que a veces te resulta difícil de tratar o de complacer.

    5O alguien que te parece exigente, irritante, o que no se ajusta al ideal que tú le asignas.

    6Tú ya sabes de quien se trata.

    7Su nombre ya ha aparecido en tu mente.

    6. Esta será la persona en la que pedimos que se nos muestre el Hijo de Dios.

    2Al contemplarla sin los resentimientos que has albergado en su contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando tú no la veías así se encuentra en todo el mundo, y es algo que se puede ver.

    3Cuando liberas al que antes era enemigo para que asuma el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado, se convierte en algo más que un amigo.

    4Permite que él sea hoy tu Salvador.

    5Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.

    7. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo verás en ese papel.

    2Intenta primero verlo en tu mente tal como lo consideras ahora.

    3Repasa sus defectos, las dificultades que has tenido con él, el dolor que te ha causado, sus negligencias y todos los disgustos, grandes y pequeños, que te ha ocasionado.

    4Considera su cuerpo, tanto sus imperfecciones como sus mejores atributos.

    5Piensa también en sus errores, e incluso en sus «pecados».

    8. Luego, pidamos a Aquel que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios poder contemplarle de otra manera, y ver en él a nuestro Salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido.

    2En el Santo Nombre de Dios y en el de su Hijo, tan santo como Él Mismo, le pedimos:

    3Que vea en este hermano a mi Salvador,

    ese que Tú has designado para que sea

    aquel a quien debo pedir que me conduzca

    a la santa luz en la que él se encuentra

    para que así pueda unirme allí con él. II

    4Cierra ahora los ojos y, al pensar en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que refulge en él más allá de tus resentimientos.

    9. No se te puede negar lo que has pedido.

    2Tu Salvador lleva mucho tiempo aguardando esto.

    3Él quiere ser libre, y que su libertad también sea tuya.

    4El Espíritu Santo se extiende desde él hacia ti, pues no ve ninguna separación en el Hijo de Dios.

    5Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos.

    6Permanece muy quedo ahora, y contempla a tu resplandeciente Salvador.

    7Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de Él.

    8Has permitido que el Espíritu Santo exprese en él el papel que Dios le asignó para que tú te pudieras salvar.

    10. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego de hoy, en que dejas de lado las imágenes que tú concebiste y contemplas en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra.III

    2El mundo y el Cielo te dan las gracias conjuntamente, pues no hay un solo Pensamiento de Dios que no se regocije por tu salvación y la de todo el mundo contigo.

    11. Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación, no del nuestro.

    2La tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel con quien nos encontramos sea nuestro Salvador, y rehusamos ocultar su luz tras el escudo de nuestros resentimientos.

    3Otorga el papel de Salvador a todos aquellos que conozcas, a todos en quienes pienses o recuerdes del pasado, para que así lo compartas con ellos.IV

    4Por ti, por ellos, y también por todos los que no pueden ver, rogamos:V

    5Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos.


    I Este es el mensaje principal de esta Lección: siempre que sientas que algo te perturba, no te conformes; invoca una nueva manera de percibir la situación. Pide un milagro que te permita verla de otra forma y te inspire paz. Lo que contemplarás con esos nuevos ojos no será la Verdad, que es inefable, pero sí lo más acorde con el plan de Dios para tu salvación. No necesitas más que eso.

    Así que recuerda: tienes todo el derecho del mundo a mostrarte intolerante al malestar. Eres el Hijo de Dios y no lo mereces, así que nunca lo justifiques ni lo aceptes; invoca un milagro. Dios te ha dado la misión de ser feliz allí donde creas encontrarte. Si piensas que vives en el mundo, es aquí donde puedes y debes reclamar tu felicidad. No esperes experimentarla en el futuro; pídela ahora.

    II Esta es la primera Lección que está escrita en pentámetro yámbico. Pasarán veinte Lecciones más antes de que el Libro de Ejercicios cambie al pentámetro yámbico continuo.

    Dado que el Manual para Maestros adopta esta métrica en pasajes especialmente importantes, como los versos finales de alguna Sección, el hecho de que se haya escogido el verso blanco para esta Lección parece darle una importancia especial, tal vez por el poderoso significado que encierra ver a un enemigo como el Hijo de Dios y como nuestro salvador.

    III El uso en esta Lección de la palabra «milagro» como algo que contemplamos —específicamente, la verdadera naturaleza de nuestro hermano— no es el uso habitual del término en el Curso.

    En el lenguaje habitual de este dictado, el milagro es un agente: corrige, deshace, disuelve, reorganiza, ajusta, cambia, induce e invierte. Así, nos lleva —o a alguien a través de nosotros— de la percepción falsa a la percepción verdadera.

    Esto es algo diferente del uso que se hace en esta Lección, en la que el milagro es lo que la verdadera percepción contempla. Esto puede reflejar el uso minoritario que hace el Curso del término «milagro» para referirse al Hijo de Dios: «Es cierto que TÚ eres un milagro» (T-1.P32.3:1),  o a los niños: «Los niños son milagros por derecho propio». (T-1.P25.1:1)

    IV La Lección de hoy va un paso más allá del simple perdón ante cualquier ofensa percibida. Ya no se trata tan solo de dejar pasar el agravio por no considerarlo real, sino que ahora, además, pedimos contemplar un milagro en su lugar. El milagro que pedimos es, ni más ni menos, que ver al Hijo de Dios en nuestro enemigo, verlo como nuestro Salvador. Mas no solo eso, la Lección concluye pidiéndonos que procuremos ver a todas las personas que conocemos, o hemos conocido alguna vez, como nuestros salvadores.

    Ten en cuenta que lo que tú consideras tu vida personal es una experiencia ilusoria, un sueño, y, como tal, todos los elementos que aparecen en él son símbolos. Los símbolos son imágenes que representan algo diferente de ellos mismos, y siempre son objetos de interpretación. El mensaje que obtengas de ellos conformará el carácter de ese sueño para ti. Recuerda que no es el sueño en sí lo que te hace feliz o desgraciado, sino cómo lo interpretas, y eso es algo que depende totalmente de ti. Esa es la clave de tu felicidad y de tu liberación. Las llaves de las puertas del Cielo están en tus manos; siempre han estado ahí.

    Piensa ahora en el extraordinario poder transformador que tiene esta práctica en tu vida y en tus relaciones personales. La mente humana es estrictamente utilitarista; para tu mente, el significado de todo proviene de la función que le asignas a eso. La práctica de la Lección de hoy es una inversión absoluta de las funciones que les has asignado a todos aquellos con los que te relacionas. Así, a partir de ahora, su papel ya no es el que tú les atribuiste en el pasado, sea el que fuere; su única función ahora es ser tu Salvador.

    Todos aquellos con los que tratas están ahí, en ese preciso momento, para salvarte de la condena que te has impuesto a ti mismo. Y a la luz de este nuevo respeto, trátalos como se merecen. Son el Hijo de Dios que ha venido a salvarte de la muerte y a llevarte con él hasta tu Padre. ¡¡¡Qué función!!!

    V «Los que no pueden ver» son aquellos que tienen sus ojos cegados por el resentimiento.

  • LECCIÓN 77

    Tengo derecho a los milagros.

    1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que tú eres.

    2Recibirás milagros debido a lo que Dios es.

    3Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Él.

    4Una vez más, ¡qué simple es la salvación! I

    5Es tan solo una declaración de tu verdadera identidad.

    6Y esto es lo que vamos a celebrar hoy.

    2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que albergas acerca de ti mismo.

    2No depende de ningún poder mágico que te hayas atribuido, ni de ninguno de los rituales que hayas ideado.II

    3Es inherente a la verdad de lo que tú eres.

    4Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es.

    5Tu derecho a los milagros es algo que quedó establecido en tu creación, y que las Leyes de Dios garantizan.

    3. Hoy reclamaremos los milagros a los que tienes derecho, pues son tuyos.

    2Se te ha prometido la plena liberación del mundo que tú hiciste.

    3Y también se te ha asegurado que el Reino de Dios está en tu interior, y que nunca podrás perderlo.III

    4Hoy solo pedimos lo que en verdad es nuestro.

    5Pero también nos aseguraremos de no conformarnos con menos.

    4. Comienza las sesiones de práctica más largas diciéndote a ti mismo con absoluta confianza que tienes derecho a los milagros.

    2Cierra los ojos y recuerda que solo estás pidiendo lo que por derecho propio te corresponde.

    3Recuérdate asimismo que los milagros nunca se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reclamar tus derechos estás defendiendo los de todo el mundo.

    4Los milagros no obedecen a las leyes de este mundo.

    5Simplemente derivan de las Leyes de Dios.

    5.  Después de esta breve fase introductoria, aguarda en silencio la confirmación de que tu petición te ha sido concedida.

    2Has pedido la salvación del mundo y la tuya propia.

    3Has pedido que se te den los medios para conseguirlo.

    4Es imposible que esto no se te confirme.

    5Tan solo estás pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.

    6. Al hacer esto, en realidad no pides nada.

    2Simplemente afirmas un hecho innegable.

    3El Espíritu Santo no puede sino asegurarte que tu petición te ha sido concedida.

    4El hecho de que hayas aceptado ese derecho lo confirma.

    5Hoy no hay lugar para la duda y la incertidumbre.

    6Por fin estamos pidiendo algo real.

    7Y la respuesta es la simple declaración de un hecho bien simple.

    8Así que recibirás la confirmación que buscas.

    7.  Nuestras sesiones más breves serán frecuentes y también se dedicarán a recordar este simple hecho.

    2Repite hoy con frecuencia:

    3Tengo derecho a los milagros.

    4Pídelos siempre que surja una situación en la que sean necesarios.IV

    5Reconocerás perfectamente esas situaciones.V

    6Y como no dependes de ti mismo para encontrar los milagros, tienes por tanto pleno derecho a recibirlos siempre que los pidas.

    7Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta.

    8Si te asalta la tentación, no dudes en decirte de inmediato:

    9No intercambiaré milagros por resentimientos.

    10Solo quiero lo que me pertenece.

    11Pues Dios ha establecido que tengo derecho a los milagros.


    I L-76.2:3 «La idea de hoy te dice una vez más lo simple que es la salvación».

    II Aquí, los poderes mágicos te los atribuyes a ti, a tu ego, en lugar de a la materia (mira la nota explicativa sobre la magia de la Lección anterior). Creer que tú (ego) tienes el «poder mágico» de obrar milagros (por ejemplo, sanar un cuerpo) es sustancialmente lo mismo que pensar que una determinada medicina puede sanarlo. Tanto tu ego como la medicina son ilusiones, al igual que ese cuerpo que la mente considera enfermo. No hay otra relación entre ellos que la que la propia mente establece creyendo en ella.

    Tú no tienes ni puedes tener «poderes mágicos». El único poder real de la mente es el poder de crear que Dios le confirió en su creación. La mente puede pervertir ese poder de crear y, en vez de extender su propia identidad amorosa, puede creer en lo que le venga en gana y hacer «reales» los efectos de su creencia —las ilusiones— para ella misma.

    Los «rituales mágicos» son las historias fantasiosas que la mente se cuenta a sí misma y que describen las supuestas relaciones causa-efecto en las que ella cree. Esas historias pueden ser de carácter metafísico, y las llamamos «brujería», o bien pueden ser de carácter físico, y las llamamos «ciencia».

    En ambos casos podrían considerarse una forma de literatura o de poesía que denota el carácter creativo de la mente; son las descripciones de las relaciones causa-efecto que la mente establece de manera caprichosa y en las que cree debido a su fiabilidad. Esta fiabilidad está fundamentada en su carácter repetitivo, y es consecuencia de la perseverancia de la propia mente en su relato.

    Obviamente, esta fiabilidad no establece en absoluto su validez (repasa el Capítulo 2 del Texto para recordar los conceptos de fiabilidad y validez).

    Estos rituales —estas descripciones— requieren una cierta consistencia y estabilidad para que sean creíbles, si bien acostumbran a ser de carácter «evolutivo». En términos científicos, a esa evolución se le denomina «progreso científico».

    III Lucas 17:21 «Tampoco dirán: “¡Mira aquí!” o “¡Mira allí!”. Porque, en efecto, el Reino de Dios está dentro de vosotros».

    IV ¡Presta mucha atención a la Lección de hoy! ¡Es muy diferente a todas las precedentes! Hoy comienza una nueva fase de nuestro aprendizaje.

    Recuerda el Principio 7 de los milagros: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación». Pues bien, esa purificación es precisamente lo que hemos hecho a lo largo de las Lecciones precedentes.

    Hoy Jesús nos suelta por primera vez en el mundo y nos anima a pedir milagros. Pero fíjate bien, se trata de «pedir» un milagro para una situación de conflicto; no se te dice que tú mismo te pongas a hacerlo por tu cuenta, pues de ser así, sería el ego quien estaría atribuyéndose «poderes mágicos».

    Hoy es un día muy especial. Hasta ahora nos hemos estado preparando; hoy comenzamos a ejercer de obradores de milagros.

    La situación es muy simple: siempre elegimos entre dos opciones. En el nivel «pasivo», elegimos entre escuchar la voz del ego o la Voz del Espíritu Santo; en el nivel «activo», elegimos entre «arreglar» lo que está «mal» o hacer milagros.

    En realidad, se trata de una sola elección acerca de nuestra propia identidad, acerca de la idea que tenemos de nosotros mismos. Elegimos entre la verdad y el error, entre la luz y las tinieblas, entre la dicha y el sufrimiento, entre ser un cuerpo o ser el Hijo de Dios.

    La elección es muy simple, muy fácil y muy clara, ¿puede haber alguna duda al respecto?

    La Lección de hoy es una auténtica maravilla que te insta a la confianza y a la fe en el Poder de Dios para resolver toda situación. No tengas miedo; confía. El mundo que ves es un sueño de la mente.

    Lo que la mente contempla «fuera» de ella, en realidad, es su propia actitud; una imagen de ella misma proyectada «fuera», pero que en verdad está «dentro», pues no hay nada que no sea la mente. Por eso, tras pedir un milagro, lo que contemplarás es tu propia actitud impecable.

    Es razonable que te digas a ti mismo que todo esto, por ahora, no es más que una hipótesis. Es lícito pensar así y absolutamente comprensible. Lo que no es razonable, lógico o comprensible es que no pongas todo tu corazón y toda tu voluntad en intentarlo.

    Inténtalo hoy de todo corazón. Niégate a condenar y pide que un milagro resuelva perfectamente toda situación problemática que se te presente, y luego estate muy atento y espera.

    Sé muy honesto e intenta ser un poco lúcido al evaluar los resultados. Quizás no sean los que tú esperabas, pero un corazón puro siempre llama a la luz del Cielo, y el Cielo siempre responde.

    V Esas son todas las situaciones en las que tú percibas un conflicto. Obviamente, el conflicto está en tu mente, y tú experimentas un malestar. Tu corazón te lo advierte: «Algo anda mal en tu mente». Tu mente necesita sanar… y entonces pides un milagro, es decir, pides ver eso de otra manera.

    Date cuenta de que el milagro no es para sanar el mundo, porque ¡el mundo no existe! Los milagros son para sanar tu mente, y entonces tu mente cambiará y pensarás de otra manera, y como no eres el único que experimenta los efectos de tu manera de pensar (L-18), todo cambiará contigo.

  • LECCIÓN 76

    No estoy sujeto a otras leyes que las de Dios.

    1. Ya hemos visto antes cuántas cosas sin sentido te han parecido representar la salvación.I

    2Cada una te ha aprisionado con leyes tan insensatas como ella misma.

    3Tú no estás sujeto a ellas.

    4Mas para comprender que esto es así, primero debes darte cuenta de que la salvación no se encuentra ahí.

    5Si la buscas en cosas que no significan nada, te atas a leyes que no tienen ningún sentido.

    6Así intentas demostrar que la salvación está donde no se encuentra.

    2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo.

    2Pues, si pudieras, buscarías eternamente la salvación donde no está, y jamás la encontrarías.

    3La idea de hoy te dice una vez más lo simple que es la salvación.II

    4Búscala donde te está esperando, y allí la encontrarás.

    5No la busques en ningún otro lugar, pues no está en ningún otro lugar.

    3. Piensa en la liberación que supone reconocer que no estás sujeto a todas las extrañas y retorcidas leyes que has establecido para salvarte.

    2Tú realmente piensas que te morirías de hambre si no tuvieras montones de papeles de colores y discos de metal.

    3Realmente piensas que una pequeña bolita que ingieres o algún líquido introducido en tus venas a través de una fina aguja evitarán que mueras.

    4Realmente piensas que estás solo si no hay otro cuerpo contigo.

    4. Es la demencia la que piensa estas cosas.

    2Tú las llamas leyes, y las pones bajo diferentes nombres en un largo catálogo de rituales que no tienen ninguna utilidad ni sirven para nada.

    3Piensas que debes obedecer las «leyes» de la medicina, de la economía y de la salud.

    4Protege el cuerpo y te salvarás.

    5Eso no son leyes, sino locura. III

    5. El cuerpo está en peligro a causa de la mente que se hace daño a sí misma.

    2El cuerpo sufre solo para que la mente no vea que es víctima de sí misma.

    3El sufrimiento del cuerpo es una máscara que la mente sostiene para ocultar lo que realmente está sufriendo.

    4No quiere comprender que ella es su propio enemigo, que se ataca a sí misma y que quiere morir.

    5Es de esto de lo que tus «leyes» quieren salvar al cuerpo.

    6Para esto piensas que eres un cuerpo.

    6. No hay más leyes que las de Dios.

    2Esto hay que repetirlo una y otra vez hasta que te des cuenta de que aplica a todo lo que tú has hecho en oposición a Su Voluntad.

    3Tu magia no tiene ningún sentido.

    4Aquello de lo que pretendes salvarte no existe.

    5Solo te salvará lo que la magia pretende ocultar.IV

    7. Las Leyes de Dios nunca pueden ser reemplazadas.

    2Hoy dedicaremos el día a alegrarnos de que eso sea así.

    3Esa ya no es una verdad que queramos seguir ocultando.

    4En cambio, nos damos cuenta de que es una verdad que por siempre nos mantiene libres.V 

    5La magia aprisiona, pero las Leyes de Dios liberan.

    6La luz ha llegado, porque no hay más leyes que las Suyas.VI

    8. Comenzaremos hoy las prácticas más largas repasando brevemente los distintos tipos de «leyes» que hemos creído que debemos obedecer.

    2Entre ellas estarían, por ejemplo, las leyes de la nutrición, de la inmunización, de la medicación y de la protección del cuerpo en innumerables maneras.

    3Piensa aún más allá; también crees en las leyes de la amistad, de las «buenas» relaciones y de la reciprocidad.VII

    4Quizás incluso pienses que hay leyes que establecen lo que es de Dios y lo que es tuyo.

    5Muchas «religiones» se han basado en esto.VIII

    6No salvan, sino que condenan en nombre del Cielo.

    7Sin embargo, no son más extrañas que otras «leyes» que crees que debes obedecer para salvarte.

    9. Las únicas leyes que existen son las de Dios.

    2Desecha hoy todas esas absurdas creencias mágicas, y mantén tu mente en callada disposición para oír la Voz que te cuenta la verdad.

    3Escucharás a Uno que te dice que según las Leyes de Dios es imposible perder.

    4Ni se dan ni se reciben pagos.

    5No se pueden hacer intercambios, no hay sustitutos, y ninguna cosa se reemplaza por otra.

    6Las Leyes de Dios siempre dan y nunca toman.

    10. Oye a Aquel que te dice esto, y date cuenta de lo insensatas que son las leyes que tú pensabas que sustentaban el mundo que creías ver.

    2Luego, escucha aún con más atención.

    3Él te dirá más.

    4Te hablará del Amor que tu Padre siente por ti.

    5De la dicha infinita que te ofrece.

    6De Su anhelo por Su Único Hijo, creado como Su canal de creación, que le ha sido negado por la creencia de Su Hijo en el infierno.

    11. Hoy abramos los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotros hasta Él.

    2Así la Creación se incrementa infinitamente.  

    3Su Voz nos hablará de todo esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes preservan por siempre ilimitados.

    4Ahora, repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que las Leyes de Dios son las únicas que existen.

    5Y después, como una consigna con la que concluye la práctica, nos diremos a nosotros mismos:

    6No estoy sujeto a otras leyes que las de Dios.

    12. Repetiremos esta consigna tan a menudo como sea posible hoy; al menos cuatro o cinco veces por hora, y también como respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día.

    2Así declaramos que estamos libres de todo peligro y de toda tiranía. 3Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre, y de que Su Hijo se ha salvado.


    I L-50.1:3 «Depositas tu fe en los símbolos más triviales y descabellados: en píldoras, dinero, ropa “protectora”, “influencia”, “prestigio”, caer bien a otros, conocer a la gente “correcta”, y en una lista interminable de formas que no son nada y a las que dotas de poderes mágicos».

    T-27.X.2:1-3 «… el cuerpo intenta DEMOSTRAR de muchas maneras que es autónomo y real. Se pone cosas que ha comprado con pequeños discos metálicos o tiras de papel que el mundo proclama como valiosas y buenas. Trabaja para conseguirlas haciendo cosas sin sentido, y las desperdicia por cosas sin sentido que no NECESITA, y ni siquiera QUIERE».

    II T-12.II.7:1 «¡Qué simple, entonces, es el plan de Dios para la salvación!».

    T-15.X.11:6 «Al ser de Dios, la salvación es simple, y, por lo tanto, es MUY fácil de entender».

    T-31.I.1:1 «¡Qué simple es la salvación!».

    La salvación, ciertamente, es algo muy simple, pero eso no significa que necesariamente te resulte fácil, pues puedes hacer que para ti sea tan difícil como quieras. Ten en cuenta que el factor determinante en esto, como en todo, es tu voluntad.

    El problema es que crees conocer tu voluntad individual y afirmas desconocer la de Dios, cuando la verdad es que, debido a tu legendaria falta de honestidad, la situación es exactamente la contraria. Sabes perfectamente cuál es la Voluntad de Dios, pues tu corazón te la indica constantemente a través de tus estados de ánimo. Sin embargo, el intenso miedo que el Amor de Dios suscita en ese pequeño ego con el que te has identificado te lleva a engañarte respecto a lo que realmente quieres. Dices que deseas el cielo y el Amor de Dios, pero sé sincero contigo mismo: en realidad, no quieres dejar de ser tú. Y eso es lo que hace que un Curso tan simple te resulte tan difícil, porque la cuadratura del círculo que pretendes alcanzar es inviable.

    La verdadera dificultad de este Curso radica en el intenso miedo que la Verdad despierta en ti. Reconoce, al menos, que, aunque anhelas profundamente alcanzar el conocimiento, también te aterra perder tu querido mundo.

    No te tomes esto a la ligera ni pretendas querer lo que en verdad no quieres. La realidad es que tu voluntad se cumple siempre y, por ello, siempre tienes lo que realmente deseas. Trabaja con humildad y enfrenta tus miedos esenciales. En verdad, no son nada, pero el miedo que sientes hacia tu propio miedo te impide reconocerlo.

    La paradoja es que, con tu pequeña voluntad, solo conseguirás fantasías de salvación; renuncia a ella y ya estarás salvado. En definitiva, perdona también tus esfuerzos de santidad. No los necesitas; ya eres santo.

    En última instancia, la salvación ni siquiera es algo simple: es un mito propio de un mundo de ilusiones, pues, en verdad, nunca ha existido, del mismo modo que no existe ese mundo que tanto la necesita. Salvarse es, simplemente, darse cuenta de que siempre has estado en el Corazón de Dios y que todo lo demás no ha sido más que un mal sueño.

    III Desde la perspectiva del Curso, la «magia» es la creencia en que una ilusión posee la capacidad intrínseca de afectar a otra ilusión. Esta creencia es consustancial al pensamiento del mundo, que interpreta las relaciones entre las ilusiones como si fuesen verdaderas relaciones de causa y efecto. Pero no lo son.

    Las ilusiones no pueden ser causa de nada, porque ellas mismas son efectos. Son proyecciones de la mente, y solo la mente es causa. Por lo tanto, las ilusiones no guardan relación alguna entre sí: cada una existe únicamente como un reflejo de los pensamientos que la engendran. La única «realidad» ontológica de la materia consiste precisamente en ser una proyección ilusoria de la mente que la concibe; y solo para esa mente tiene algún tipo de realidad.

    Pensar que una «cosa» del mundo —una imagen del sueño— puede afectar o alterar a otra es pensar mágicamente. Es como creer que una figura proyectada en un fotograma de una película puede influir, por sí misma, en otra figura del mismo fotograma o de uno posterior. En verdad, no existe entre ellas relación causal alguna: ambas dependen por completo del proyector que las origina.

    Eso es lo que Jesús quiere decir cuando afirma que una medicina —una ilusión— no puede sanar un cuerpo —otra ilusión—. No existe una relación real de causa y efecto entre ambas; son simples símbolos generados por la mente. Es la mente la que decide qué relación «tendrán» entre sí, según la creencia que sostenga en ese momento.

    El «pensamiento mágico» es, por tanto, el opuesto exacto de la «mentalidad milagrosa». Es el sistema de pensamiento del mundo, el modo en que tú —y todo el mundo aquí— interpretas lo que percibes. Esta forma de pensar lo abarca todo y condiciona completamente tu manera de entender los procesos y relaciones que crees observar. Es la base misma de la interpretación causal del mundo y el fundamento de lo que se llama «pensamiento científico», que, en última instancia, intenta predecir el futuro mediante la aplicación de las llamadas «leyes físicas». Sin embargo, esas «leyes» no existen en la Realidad: son solo acuerdos dentro de la mente fragmentada del Hijo de Dios, afectada por la creencia en la separación.

    Considera este ejemplo: estás dormido y sueñas con un hombre en la selva. De repente, aparece un tigre que se abalanza sobre él y lo devora. Cuando despiertas, no dudas en reconocer que tanto el hombre como el tigre eran proyecciones de tu imaginación; símbolos que tú habías puesto ahí. Pero observa esto: la manera en que se relacionaron —el tigre devorando al hombre— también fue creación tuya. Tú imaginaste el desenlace y podrías haber soñado cualquier otra cosa: que el hombre escapa subiéndose a un árbol o que simplemente se eleva por el aire. En los sueños todo es posible, y lo aceptas sin dificultad.

    Pues bien, eso que llamas tu vida «real» funciona del mismo modo. Proyectas todo lo que percibes y también la manera en que esos elementos se relacionan entre sí.

    Podrías objetar que eso resulta difícil de aceptar, ya que te sientes incapaz de alterar las leyes físicas que parecen regir por igual para todo y para todos. Pero ese «tú» al que aludes no es más que una expresión de la mente fragmentada del Hijo de Dios, que comparte esos acuerdos mentales —esas «leyes»— que aparentan afectar a todo por igual. Esa es la «fiabilidad» de la que se habla en el texto, contrapuesta a la «validez»: las leyes del mundo son fiables solo dentro del sueño, pero no son válidas en la Realidad.

    La mayoría de los estudiantes del Curso aceptan sin dificultad que tomar una pastilla para curar una enfermedad es pensamiento mágico. Sin embargo, les cuesta mucho más admitir que creer que necesitan respirar para vivir también lo es, o que si sueltan un objeto no necesariamente tiene que caer al suelo. Podría permanecer suspendido en el aire, pues las leyes de Newton no son más que acuerdos dentro de la mente compartida. Si pudieras descender a las profundidades de tu verdadero Ser y liberarte de esas creencias colectivas, comprenderías que podrías caminar sobre las aguas o mover montañas, tal como dijo Jesús.

    Es esencial comprender esto, porque solo así entenderás la naturaleza de los milagros y por qué éstos pueden trascender las llamadas «leyes físicas». El Curso lo expresa con absoluta claridad:

    «Los milagros colocan al hombre más allá de las leyes físicas y lo elevan al ámbito del orden celestial». (T-1.P-54.1)

    «Los milagros son un tipo de intercambio. Como todas las expresiones de amor —que siempre son milagrosas en el verdadero sentido de la palabra—, el cambio revierte las leyes físicas». (T-1.P-9)

    IV Lo que la magia pretende ocultar es «… que ella (la mente) es su propio enemigo, que se ataca a sí misma y quiere morir» (5:4).

    V Juan 8:32 «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

    VI Este Curso se refiere en muchas ocasiones a la vida en este mundo, a la vida personal, como un viaje de regreso al Corazón de Dios. Te habla constantemente de recorrer un camino y de que tus pasos son guiados por la amorosa Voz del Espíritu Santo; un camino por el que transitas de la mano de Jesús. Esta es la parte del Curso que te gusta y lees entusiasmado.

    En otras ocasiones —como en esta Lección—, Jesús describe con gran precisión tus creencias mundanas, los valores de tu sistema de pensamiento y esos deseos tan humanos que te asaltan provenientes de las necesidades que percibes. Jesús te conoce muy bien. Él fue humano, como tú. Mas luego, a esas creencias tan íntimas, tan comunes y tan absolutamente generalizadas, Jesús las califica de absurdas y sin sentido; incluso te dice que son fruto de la demencia.

    Esa otra parte del Curso ciertamente te perturba, te interpela profundamente y te deja un tanto preocupado, pues te identificas plenamente con ese personaje que se describe de forma tan degradada. ¿No te preocupas tú acaso cuando tu cuerpo, o el de tus seres queridos, enferma? ¿No te angustia no saber cómo pagar las facturas a final de mes? Entonces te preguntas: ¿dónde estoy yo en ese camino? ¿Estoy cerca del final o todavía al comienzo?

    Entiende bien esto: nunca lo sabrás. Y, además, eso no importa. No importa en absoluto dónde te encuentras; lo único que importa es adónde vas. Date cuenta de que todo lo que te dices a ti mismo acerca de lo que tú eres o dónde estás es falso; todo eso son los pensamientos que las primeras Lecciones te enseñaron que no significan nada, y por eso no son importantes y solo requieren tu perdón; son ilusiones.

    Lo único que importa es tu actitud. No te preocupes por lo que deseas, ni tampoco te culpes por verte a ti mismo seguir creyendo que tienes necesidades que satisfacer. En lugar de eso, ocúpate de lo que quieres querer. Ocúpate de dónde pones tu voluntad en el presente. Desentiéndete completamente de tu pasado y de tu futuro, y con tus pies firmes en el ahora di: «No tengo otras leyes que las de Dios», y sé libre ahora mismo. No hay otro tiempo, ni hay otro tú que ese.

    VII Jesús te pide que te des cuenta de que tu vida no solo se rige por las leyes que usas para gestionar el miedo, sino también por otras que usas para gestionar el amor, y a todas ellas las califica de perversas. Luego, en el siguiente párrafo, te va a explicar por qué.

    Las leyes del mundo son espadas de doble filo; sirven tanto para defender como para atacar. En verdad, solo fueron concebidas para aprisionarte. Las Leyes de Dios, sin embargo, son perfectamente unívocas: solo dan, siempre.

    Date cuenta de que las leyes que te gobiernan en asuntos de «amor» son tan crueles como las otras. ¡Ay de aquel que no corresponda a tu amor! Lo destruirás. Olvídate de las leyes que gobiernan tus relaciones personales; contienen la semilla del odio. Míralo bien.

    VIII La palabra «religiones» aparece entre comillas —tal como figura en las Notas— porque Jesús no considera que las religiones formales e institucionalizadas sean verdaderos caminos espirituales. Según su enseñanza, estas estructuras tienden a “humanizar” a Dios, proyectando sobre Él los rasgos del ego: ira, castigo, favoritismo o culpa. De este modo, convierten el anhelo natural de unión con el Creador en un sistema de mediaciones y jerarquías humanas que se atribuyen un poder espiritual inexistente. Son, en realidad, intentos de traer la verdad a las ilusiones en lugar de llevar las ilusiones a la verdad.

    Jesús alude a esta distorsión en el capítulo 3 del Texto cuando comenta la visión tradicional de la crucifixión: «… Dios permitió, e incluso animó, a uno de Sus Hijos a sufrir PORQUE era bueno» (T-3.IV.2:1), y añade: «Este concepto particularmente antirreligioso sucede que se introduce en muchas religiones, y esto no es ni por casualidad ni por coincidencia» (T-3.IV.2:4). Tales creencias reflejan las proyecciones irracionales del ego, que pervierten la imagen del Amor divino y transforman el mensaje de salvación en un discurso de culpa y condena. Por eso Jesús advierte que esas «religiones» no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo.

  • LECCIÓN 75

    La luz ha llegado.

    1. La luz ha llegado.

    2Has sanado y puedes sanar.

    3La luz ha llegado.

    4Te has salvado y puedes salvar.

    5Estás en paz, y llevas la paz contigo allí donde vas.

    6Las tinieblas, el conflicto y la muerte han desaparecido.

    7La luz ha llegado.

    2. Hoy celebramos el feliz desenlace de tu largo sueño de desastres.

    2Ya no habrá más sueños tenebrosos. 

    3La luz ha llegado.

    4Hoy comienza la era de la luz para ti y para todos.

    5Es una nueva era, en la que nace un nuevo mundo.

    6El antiguo no ha dejado ninguna huella a su paso.

    7Hoy vemos un mundo diferente, porque la luz ha llegado.

    3. Nuestros ejercicios de hoy serán unos ejercicios felices, en los que daremos gracias por la desaparición de lo viejo y el comienzo de lo nuevo.

    2Ya no quedan sombras del pasado que nublen nuestra visión ni oculten el mundo que el perdón nos ofrece.

    3Hoy aceptaremos el nuevo mundo, tal y como lo queremos ver.

    4Se nos concederá lo que anhelamos.

    5Nuestra voluntad es ver la luz.

    6La luz ha llegado.

    4. Nuestras prácticas más largas las dedicaremos a ver el mundo que nuestro perdón nos muestra.

    2Eso es lo que queremos ver, y solo eso.

    3Nuestro único propósito hace que nuestra meta sea inevitable.

    4Hoy el mundo real se alza jubiloso ante nosotros, para que por fin lo podamos ver.

    5Se nos concede la visión, ahora que la luz ha llegado.

    6Hoy no vemos la sombra del ego sobre el mundo.

    7Vemos la luz, y cómo se extiende por el mundo el reflejo del Cielo gracias a ella.I

    5. Comienza las sesiones de práctica más largas dándote a ti mismo la buena nueva de tu liberación.II

    2La luz ha llegado.

    3He perdonado al mundo.

    6. No te entretengas hoy con el pasado.

    2Mantén una mente completamente abierta, purificada de todas las ideas del pasado, y despejada de todo concepto que hayas concebido.

    3Hoy has perdonado al mundo.

    4Puedes contemplarlo ahora como si nunca antes lo hubieras visto.

    5Todavía no sabes cómo es.

    6Simplemente esperas a que se te muestre. 

    7Mientras aguardas, repite varias veces lentamente y con absoluta paciencia:

    8La luz ha llegado.

    9He perdonado al mundo.

    7. Date cuenta de que tu perdón te da derecho a la visión.

    2Comprende que el Espíritu Santo nunca deja de conceder el don de la visión a los que perdonan.

    3Confía en que Él no te fallará ahora.

    4Has perdonado al mundo.

    5El Espíritu Santo estará contigo mientras observas y esperas.III

    6Él te mostrará lo que la verdadera visión contempla.

    7Esa es Su Voluntad, y tú te has unido a Él.

    8. Aguárdale con paciencia.

    2Él llegará.

    3La luz ha llegado.

    4Has perdonado al mundo.

    5Dile que sabes que no puedes fracasar porque confías en Él.

    6Y dite a ti mismo que esperas lleno de certeza para contemplar el mundo que Él te ha prometido.

    7A partir de ahora verás de otra manera.

    8Hoy ha llegado la luz.

    9Y verás el mundo que se te ha prometido desde el principio de los tiempos, en el cual el fin de los tiempos está garantizado.

    9. Las prácticas más cortas también serán gozosos recordatorios de tu liberación.

    2Recuérdate a ti mismo, más o menos cada cuarto de hora, que hoy es un día de especial celebración.

    3Da gracias por la Misericordia y el Amor de Dios.

    4Regocíjate por el poder que tiene el perdón para sanar tu vista por completo.IV

    5Confía en que este día supone un nuevo comienzo.

    6Sin las tinieblas del pasado sobre tus ojos, hoy no puedes dejar de ver.

    7Y lo que veas te colmará hasta tal punto que gustosamente prolongarás el día de hoy para siempre.

    10. Di, entonces:

    2La luz ha llegado.

    3He perdonado al mundo.

    4Si te sientes tentado, di a cualquiera que parezca hacerte volver a las tinieblas:

    5La luz ha llegado.

    6Te he perdonado.

    11. Dediquemos este día a la serenidad en la que Dios quiere que estemos.

    2Mantenla en la conciencia que tienes de ti mismo, y contémplala en todas partes.3Hoy celebramos que has comenzado a ver el mundo real, que ha venido a reemplazar a ese otro no perdonado que tú pensabas que era real.


    I Es muy posible que la declaración de la Lección de hoy a primera vista te parezca una entelequia, una bonita afirmación que describe una experiencia un tanto fantasiosa cargada de buenas intenciones. Puede dar la impresión de que Jesús es un idealista que se expresa de forma poética para animarte a ir hacia la consecución de algo que en tu fuero interno consideras imposible.

    Nada más lejos de la verdad. Su declaración es absolutamente precisa, totalmente cierta y se cumple de manera inexorable. Lo que pasa es que no has leído bien. No has reparado en lo que Jesús realmente está diciendo. Vuelve a leer la primera línea de este párrafo. Fíjate en que dice que veremos «… el mundo que nuestro perdón nos muestra». La clave de todo es «nuestro perdón».

    Es imposible ver refulgir la luz del Cielo sobre el mundo si no lo perdonas, pero también es imposible no verla si lo haces.

    Luego, lee con atención la siguiente línea: «Eso es lo que queremos ver, y solo eso». Si, efectivamente, esa es tu voluntad, recuerda que tu voluntad se cumple absolutamente siempre. Eres el Hijo de Dios y tal es tu poder.

    Si eliges creer que eres un ser humano frágil y vulnerable, condenado a morir, eso es lo que creerás ver, pues ese es el poder de tus creencias. Mas si asumes tu verdadera identidad, harás milagros en el sueño del mundo, y mientras tus ojos aún no se hayan abierto por completo, contemplarás un mundo sobre el que refulge la luz del Cielo.

    Esto sigue siendo un sueño, pero gracias a tu perdón la luz se ha introducido en tu pesadilla y la ha cambiado por completo; ahora es un sueño feliz. A eso, Jesús lo llama «el mundo real». Ciertamente no es real, pero había que llamarlo de alguna manera. En él sigues viendo formas cambiantes y contrastes, pero ahora la luz se refleja en todo, y todo comienza a tener el sabor del Cielo, donde todo es uno.

    Entiende bien que este Curso es muy simple. Solo te propone una única idea: pon toda tu voluntad en perdonarlo todo absolutamente, y ponla solo en eso.

    Y puedes estar seguro de que la tercera línea de este mismo párrafo es completamente cierta: «Nuestro único propósito hace que nuestra meta sea inevitable». Y entonces llega la luz.

    Esta Lección es la conclusión lógica de las anteriores: L-72: «Quiero perdonar y perdono»; L-73: «Quiero que haya luz»; L-74: «Dios quiere que haya luz»; L-75: «Ahora veo la luz». La Lección de hoy es motivo de celebración, el resultado natural de haber perdonado las ilusiones y alineado la mente con la verdad.

    II Lucas 1:19 «El ángel respondió y le dijo: “Soy Gabriel, aquel que se halla en la presencia de Dios y que ha sido enviado para hablarte y traerte esta buena nueva”».

    III Puede que consideres que perdonar de corazón es muy difícil, pero esa es una opinión de tu mente egoica, que es completamente irracional y absolutamente falaz. Tu ego te está engañando. Tú te estás engañando a ti mismo.

    La situación es exactamente la siguiente: imagina a una persona que, con su mano derecha, se está apretando la garganta y grita con lágrimas en los ojos: «¡Socorro, me estoy ahogando!». Pues tu situación es precisamente esa. ¡Por supuesto que te estás ahogando! ¡Te estás ahogando a ti mismo!

    Dices que perdonar es muy difícil. Eres consciente de que tus juicios te están amargando la vida. Sabes perfectamente que tus propios juicios dependen exclusivamente de ti.

    ¿Qué está pasando ahí? Míralo bien, porque ahí se encuentra la clave de tu liberación.

    IV Fíjate de nuevo aquí en que la clave de tu salvación está en tus manos: en tu propio perdón.

  • LECCIÓN 74

    La única voluntad que existe es la de Dios.

    1. La idea de hoy se puede considerar el pensamiento central hacia el que se dirigen todos nuestros ejercicios.

    2La Voluntad de Dios es la única voluntad.

    3Cuando hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya.

    4La creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido.

    5La paz habrá reemplazado a esa extraña idea de que estás desgarrado por objetivos conflictivos.I

    6Como expresión de la Voluntad de Dios, tú no tienes otro objetivo que el Suyo.II

    2. La idea de hoy contiene una gran paz.

    2Y los ejercicios de hoy están dirigidos a encontrarla.

    3La idea en sí es totalmente verdadera.

    4Por lo tanto, no puede dar lugar a ilusiones.

    5Sin ilusiones, el conflicto es imposible.

    6Intentemos hoy reconocer esto, y experimentar así la paz que este reconocimiento nos trae.

    3. Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lentamente estos pensamientos varias veces, y con la firme determinación de comprender lo que significan y de retenerlos en la mente:

    2La única voluntad que existe es la de Dios.

    3No puedo estar en conflicto.

    4Luego, dedica varios minutos a añadir algunos pensamientos relacionados, como:

    5Estoy en paz.

    6Nada puede perturbarme.

    7Mi voluntad es la Voluntad de Dios.

    8Mi voluntad y la Voluntad de Dios son una sola.

    9La Voluntad de Dios para su Hijo es la paz.

    10Durante esta fase introductoria, asegúrate de resolver rápidamente cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar tu mente.III

    11Si eso ocurre, di de inmediato:

    12La única voluntad que existe es la de Dios.

    13Estos pensamientos conflictivos no tienen sentido.

    4. Si algún conflicto te resulta especialmente difícil de resolver, tenlo presente de manera específica.

    2Piensa en ello de forma breve, pero muy concreta, identifica a las personas involucradas y la situación de que se trate, y dite en silencio:

    3La única voluntad que existe es la de Dios.

    4Y yo la comparto con Él.

    5Mis conflictos con respecto a ___ no pueden ser reales.

    5. Tras despejar tu mente de este modo, cierra los ojos e intenta experimentar la paz a la que tu realidad te da derecho.IV

    2Sumérgete en ella y siente cómo te envuelve.

    3Puedes tener la tentación de confundir estos intentos con el ensimismamiento, pero la diferencia se detecta fácilmente.

    4Si lo consigues, sentirás una profunda dicha y un mayor estado de alerta, en lugar de una sensación de somnolencia y enervamiento.V

    5La dicha es lo que identifica a la paz.

    6Cuando la experimentes reconocerás que la has alcanzado.

    6. Si sientes que estás cayendo en el ensimismamiento, repite de inmediato la idea de hoy y vuelve a intentarlo.

    2Hazlo tantas veces como sea necesario.

    3Es fundamental que no te dejes llevar por la ensoñación, aunque no experimentes la paz que buscas.

    7. En las prácticas más breves, que hoy deberías emprender a intervalos regulares y predeterminados, dite a ti mismo:

    2La única voluntad que existe es la de Dios.

    3Y hoy busco Su paz.

    4Luego, intenta encontrar esa paz que buscas.

    5Dedicar hoy uno o dos minutos a esto cada media hora, preferiblemente con los ojos cerrados, será una excelente manera de emplear el tiempo.


    I El conflicto aquí es entre los objetivos que consideras que reflejan la Voluntad de Dios y los que consideras que satisfacen tus propios deseos, los del ego en ti. Ambas voluntades tienen el mismo objetivo: la salvación. La Voluntad de Dios se encuentra en tu conciencia de tu verdadero Ser: en tu interior. El ego, sin embargo, insiste que los portadores de tu salvación son una serie de ídolos, que no tienen nada que ver contigo y que están fuera de ti.

    II No es que la Voluntad de Dios sea la misma que la tuya y que la compartas con Él, no, es mucho más que eso: tú eres la expresión de la Voluntad de Dios.

    Es muy probable que encuentres la idea de hoy un tanto desmesurada, y ciertamente lo es… para tu ego. Recuerda una cosa, y recuérdala muy bien: todo lo que crees que piensas, en realidad, lo piensas con tu ego. Y con toda seguridad, esta idea te resultará estremecedora, porque lo es. ¿Por qué crees, si no, que tuviste que aprender en la Lección 10: «Mis pensamientos no significan nada»?

    Es también muy probable que entonces aceptaras hasta cierto punto la idea, y la repitieras para ti mismo con disciplina, pero es indudable que todavía no la has asumido. Si así fuera, tu mente ahora se mostraría perfectamente receptiva a la idea de hoy, pues la mente no puede quedar en blanco. Tu mente no puede rechazar como impropios los pensamientos del ego y mostrarse reacia a aceptar en su lugar la Idea de Dios. Tu mente, indefectiblemente, se va a posicionar en un sistema de pensamiento o en el otro, si bien también es posible que durante un tiempo osciles entre ambos, lo cual es bastante incómodo y lo más habitual.

    No te preocupes por ello, ni te desesperes. Jesús conoce muy bien la dificultad que entraña su propuesta y también tu renuencia a aceptarla. ¿Por qué crees que emplea constantemente expresiones como «intenta…», «trata…», «procura…»? Porque sabe que tienes una mente muy bien entrenada… en el sistema de pensamiento del ego, y eso cuesta bastante cambiarlo. La clave para propiciar ese cambio es quererlo de todo corazón.

    Pero ¿por qué ibas a querer de todo corazón adoptar una nueva manera de pensar? Eso solo va a ocurrir en dos supuestos. El primero —el más favorable— es que veas con absoluta claridad que todo lo que Jesús te dice es verdad, y eso suscite en tu corazón un grandísimo entusiasmo por abrazar sus planteamientos. Este es el camino del discernimiento, el más fácil y el más rápido, pero es un camino que requiere una gran lucidez y una gran humildad.

    La otra opción es que te encuentres absolutamente desesperado y profundamente desengañado con las propuestas del mundo. Tu sufrimiento te llevará a abrazar con la esperanza de los desesperados cualquier alternativa al dolor del pasado, en el que eres un experto, y este Curso encontrará en ti un buen alumno y también avanzarás rápido.

    La situación, sin embargo, se complica un poco cuando no te encuentras claramente en ninguno de esos dos supuestos. Esto es debido a que no tienes como «ayudas» la llamada de la certeza, ni la aversión al dolor. Eres una persona más o menos «normal», con una vida más o menos «normal», pero tienes una cierta inclinación por los asuntos espirituales. En tal caso, mentalízate en que vas a tener que tomar ciertas medidas para practicar este Curso de una manera efectiva.

    En primer lugar, y antes de nada, vas a tener que ser muy honesto contigo mismo y decidir si estás dispuesto, o no, a acometer la tarea titánica de cambiar tu sistema de pensamiento, porque puedes estar seguro de que lo que vas a acometer es una verdadera proeza.

    Si aun así decides seguir adelante, tienes que concentrar toda tu voluntad en este propósito y, con una firme determinación, imponerte una férrea disciplina que vas a tener que mantener durante bastante tiempo. Uno de los aspectos claves de esta nueva disciplina es mantener siempre los ojos muy abiertos para ver qué pasa en tu mente y cómo se relaciona con el mundo que percibes. Que no te extrañe esto, pues estamos en un camino que nos lleva a despertar, y las personas despiertas tienen los ojos abiertos, ¿no?

    También es extraordinariamente importante que abras los ojos, no solo para vigilar tu mente, sino para comprobar los efectos que tiene en tu vida la práctica en la que te ves inmerso. Esto es crucial, porque, a falta de las «ayudas» que se han mencionado, tienes que procurarte las tuyas propias. Estas ayudas, que te resultarán preciosas, son tus logros. Tus logros te aportarán certeza, fortalecerán tu confianza, y rápidamente harán que tus esfuerzos dejen de serlo, pues, ¿acaso supone un esfuerzo hacer aquello que te reporta dicha?

    A medida que va pasando el tiempo, el camino se vuelve más fácil. Tu nueva manera de interpretar la realidad se convierte en un hábito y viene de manera automática a tu mente. La tentación de seguir a tu viejo guía cada vez es menor, pues te has vuelto más sensible e intolerante al sufrimiento. No lo quieres para ti ni para nadie, y lo que ahora se ha vuelto incómodo son tus viejos hábitos de juzgar.

    Has probado las mieles de caminar seguro por un mundo incierto de la mano de un guía poderoso que resuelve por ti todos los conflictos; tú solo has de poner la confianza, el resto va solo. Y si bien la vida todavía te da alguna que otra bofetada —¡hay tantas lecciones que aprender!—, por lo general, caminas con una sonrisa en la cara.

    Ahora nadie tiene que convencerte de que no hay otra voluntad que la Voluntad de Dios, ahora tú ya lo sabes.

    III El pensamiento conflictivo aparece cuando lo que percibes contradice tus propias expectativas. El conflicto surge cuando interpretas como adversa una situación o el comportamiento de otra persona. Eso te perturba porque contradice tu interpretación de la realidad.

    IV Date cuenta de que tu pequeña mente egoica solo sabe gestionar creencias. Tu decisión de querer estar separado de Dios para «vivir» tu propia «vida» ha hecho que olvidaras tu verdadera función: crear. Por eso, mientras sigas encarnando esa falsa identidad, solo te queda la opción de creer.

    Entiende que tus creencias no son neutras. Aunque ninguna de ellas es la verdad absoluta, algunas están alineadas con la esencia de tu Ser, pues reflejan el Amor, la Verdad y el Poder a partir de los cuales fuiste creado; otras, en cambio, reflejan lo contrario y te inducen miedo, confusión y debilidad. Así que, mientras sigas creyendo ser humano, tu única alternativa es elegir entre estos dos grupos de aparentes verdades.

    No es una elección complicada. Basta con que estés atento a cómo te hacen sentir, pues comprobarás con absoluta certeza que generan en ti estados emocionales opuestos, lo que te ayudará a discernir lo que más te conviene.

    V Jesús te advierte que no debes caer en una «paz» somnolienta, aletargada y sin vitalidad (enervada). Esto convertiría la meditación en un «ensimismamiento», un acto de retirada de los conflictos de la vida en una somnolienta falsa paz.

    En cambio, la que nosotros buscamos —la paz característica de una meditación fructífera— se caracteriza por «una profunda dicha y un mayor estado de alerta».

  • LECCIÓN 73

    Mi voluntad es que haya luz.I

    1. Hoy vamos a examinar la voluntad que compartes con Dios.

    2Esa voluntad no es lo mismo que los vanos deseos del ego, de los que surgen las tinieblas y la nada.

    3La voluntad que compartes con Dios contiene todo el poder de la Creación.

    4Los vanos deseos del ego no se pueden compartir; por lo tanto, no tienen ningún poder.

    5Sus deseos no son infructuosos, en el sentido de que pueden dar lugar a un mundo de ilusiones en el que tú puedes llegar a creer ciegamente.

    6Mas ciertamente son inútiles en lo que respecta a la Creación.

    7Pues no crean nada que sea real.

    2. Los vanos deseos y los resentimientos son aliados en la creación del mundo que ves.II

    2Los deseos del ego lo originaron.

    3Y la necesidad que tiene el ego de los resentimientos, indispensables para sustentarlo, puebla este mundo con figuras que parecen atacarte, lo cual «justifica» tus juicios.

    4Estas figuras se convierten en los «intermediarios» que el ego emplea para traficar con resentimientos que se interponen entre tu conciencia y la realidad de tu hermano.III

    5Al contemplarlos así, no conoces a tus hermanos ni a tu Ser.

    3. En ese extraño trueque pierdes conciencia de tu voluntad, pues la culpa se intercambia entre vosotros una y otra vez, y los resentimientos aumentan con cada intercambio.IV

    2¿Podría haber creado un mundo así la Voluntad que el Hijo de Dios comparte con su Padre?

    3¿Podría Dios acaso haber creado el desastre para su Hijo?

    4La Voluntad conjunta de Ambos es la Creación.

    5¿Crearía Dios un mundo que pretende destruirle?

    4. Hoy trataremos una vez más de alcanzar el mundo que sí es acorde con tu verdadera voluntad.

    2En él hay luz, porque no se opone a la Voluntad de Dios.

    3No es el Cielo, pero la luz del Cielo resplandece sobre él.

    4Es un mundo en el que las tinieblas se han desvanecido y los vanos deseos del ego se han retirado.

    5Mas la luz que aquí resplandece refleja tu voluntad.

    6Por eso, es en ti donde debemos buscarla.

    5.  La imagen que tienes del mundo solo puede ser un reflejo de lo que hay en tu interior.

    2Ni el origen de la luz ni el de la oscuridad pueden encontrarse fuera de ti.

    3Tus resentimientos oscurecen tu mente, y por eso contemplas un mundo tenebroso.

    4El perdón, sin embargo, disipa la oscuridad, reafirma tu voluntad y te permite contemplar un mundo de luz.

    5Hemos insistido muchas veces en que es fácil superar la barrera de los resentimientos, pues no puede interponerse entre tu salvación y tú.V

    6La razón es muy simple.

    7¿Realmente quieres estar en el infierno? 

    8¿Realmente quieres llorar, sufrir y morir?

    6. Olvida los argumentos del ego que pretenden demostrar que todo esto es realmente el Cielo.

    2Tú sabes bien que no es así.

    3No puedes querer eso para ti.

    4Hay un punto más allá del cual las ilusiones no pueden ir.

    5El sufrimiento no es felicidad, y lo que tú realmente quieres es la felicidad.

    6Esa es en verdad tu voluntad.

    7Y tu voluntad también es la salvación.

    8Tú quieres tener éxito en lo que nos proponemos hacer hoy.

    9Así que lo emprendemos con tu bendición y tu feliz conformidad.

    7.  Hoy ciertamente tendremos éxito si recuerdas que lo que realmente quieres es la salvación.

    2Pondrás tu voluntad en aceptar el plan de Dios, porque lo compartes. 

    3No hay nada en tu voluntad que pueda realmente oponerse a ese plan, ni tampoco quieres hacerlo.

    4La salvación es para ti.

    5Por encima de todo quieres la libertad de poder recordar quién eres realmente.

    6Hoy es el ego el que se muestra impotente ante tu voluntad.

    7Tu voluntad es libre, y nada puede prevalecer contra ella.VI

    8. Por lo tanto, emprendemos los ejercicios de hoy con entusiasmo y confianza, seguros de que encontraremos lo que es tu voluntad encontrar, y que recordaremos lo que es tu voluntad recordar.

    2Ningún vano deseo puede detenernos ni engañarnos con la ilusión de que es fuerte.

    3Deja que hoy se haga tu voluntad.VII

    4Y acaba para siempre con la absurda creencia de que prefieres el infierno al Cielo.

    9. Comenzaremos nuestras prácticas más largas reconociendo que el plan de Dios para la salvación, y solo el Suyo, está totalmente de acuerdo con tu voluntad.

    2No es el propósito de un poder ajeno a ti que se te impone en contra de tu voluntad.

    3Tu Padre y tú estáis absolutamente de acuerdo en este objetivo.

    4Hoy tendrás éxito.

    5Hoy es el día señalado para la liberación del Hijo de Dios del infierno y de todos los deseos vanos.

    6Su voluntad ha regresado a su conciencia.

    7Hoy mismo está dispuesto a mirar la luz que hay en él, y salvarse.VIII

    10.  Una vez que te hayas recordado esto a ti mismo, y te hayas propuesto mantener tu voluntad claramente en mente, dite con suave firmeza y tranquila certeza:

    2Mi voluntad es que haya luz.

    3Quiero contemplar la luz que refleja la Voluntad de Dios y la mía.

    4Luego, deja que tu voluntad se reafirme, unida al Poder de Dios y a tu Ser.

    5Pon el resto de la práctica bajo Su guía, y únete a Ellos que te señalan el camino.

    11.  En las sesiones de práctica más cortas, declara de nuevo lo que realmente quieres.IX

    2Diciendo:

    3Mi voluntad es que haya luz.

    4La oscuridad no es mi voluntad.

    5Repite esto varias veces por hora.

    6Pero lo más importante es que apliques la idea de hoy de esta forma en cuanto sientas la tentación de albergar cualquier tipo de resentimiento.

    7Esto te ayudará a desprenderte de todos ellos, en vez de atesorarlos y esconderlos en las tinieblas.


    I Génesis 1:3 «Entonces Dios dijo: “Hágase la luz”; y hubo luz».

    II Esto es similar a la observación que hizo Freud en su célebre obra La interpretación de los sueños, al identificar correctamente los miedos y los deseos como generadores de los símbolos que contemplamos en los sueños nocturnos. Aquí, Jesús nos dice lo mismo, solo que lo aplica a la percepción del mundo en la vigilia. Cuando creemos despertar por la mañana, en realidad seguimos soñando, y los elementos del mundo que vemos con los ojos del cuerpo también son símbolos de nuestros deseos y resentimientos.

    III Un intermediario es alguien que compra bienes a un productor y los vende a los consumidores. En este caso, el ego (el productor) se sirve de cuerpos atacantes (los intermediarios) —cuyo comportamiento exige un juicio «justo»— para hacerte llegar a ti (el consumidor) resentimientos (las mercancías).

    En otras palabras, aquellos que te atacan son el medio que el ego emplea para conseguir que adquieras lo que él vende: el sufrimiento y el dolor de tus resentimientos.

    IV Tú los culpas a ellos, y ellos te culpan a ti, en un proceso que aumenta los resentimientos entre vosotros.

    V L-69.5:2-5 «Proponte ir más allá de esas nubes. En tu mente, extiende la mano y tócalas. Luego, apártalas con la mano y, mientras las atraviesas, siente cómo rozan tus mejillas, tu frente y tus párpados. Sigue adelante; las nubes no pueden detenerte».

     L-70.8:1-2 «Puesto que todas las ilusiones de salvación te han fallado, ciertamente no querrás permanecer buscando en vano ídolos en las nubes, cuando podrías llegar muy fácilmente hasta la luz de la verdadera salvación. Intenta traspasar las nubes por cualquier medio que te resulte atractivo».

    VI Mateo 16:18 «Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

    VII Mateo 6:10«Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo». En este caso, en lugar de pedir a Dios que se haga Su Voluntad, Jesús nos pide que se haga la nuestra: la Voluntad de salvarnos.

    VIII Fíjate muy bien aquí en que el que se salva no es el «tú» que crees que eres y a quien pones nombre y apellidos; es el Hijo de Dios el que se salva, es decir, tu verdadero Ser.

    Tú haces la Lección de hoy, y el que se salva es el Hijo de Dios en ti. No te equivoques con eso.

    IX Aunque en toda la Lección de hoy se habla mucho de la luz y también de los resentimientos, la verdadera protagonista de la práctica de hoy es la voluntad. Toda la Lección está diseñada para que, primero, te des cuenta de qué es lo que realmente quieres y, luego, para que pongas tu voluntad en conseguirlo. Primero te aclaras y luego vas a por ello.

    Jesús comienza haciéndote ver cómo pierdes miserablemente el tiempo amargándote la vida con absurdos resentimientos hacia unos hermanos a los que, si bien son Hijos de un mismo Padre y buscan en esta vida exactamente lo mismo que tú —ser felices—, tú has convertido en tus enemigos, truncando así toda expectativa de conseguir la felicidad que anhelas. Por eso, y en primer lugar, es imprescindible que renuncies a tus resentimientos para dejar de sabotear tu legítimo objetivo de alcanzar la felicidad.

    Es muy importante que te des cuenta de que, si reprochas algo a tus hermanos, es porque tienes una pésima idea de ti mismo. Piensas que te pueden perjudicar de manera efectiva porque te consideras frágil y vulnerable, y crees que puedes perder algo del único y mísero patrimonio que eres capaz de reconocer: tu cuerpo.

    Es obvio que tu cuerpo puede sufrir y ser menoscabado, y también es cierto que tus opiniones y valores pueden ser ultrajados, mas ¿tiene eso algo que ver con lo que realmente eres? ¿Te ha afectado eso jamás en alguna medida? A lo largo de tu vida personal, tu cuerpo, tus ideas y todas las circunstancias externas han cambiado sin cesar, y, si eso realmente es así, puedes concluir que nada de todo eso puede estar relacionado con tu verdadera identidad.

    Sin embargo, hay algo que jamás ha cambiado una pizca a lo largo de todo ese tiempo, pues siempre ha permanecido exactamente igual: tu conciencia de ser tú mismo. Esa conciencia de ser, de existir, ha permanecido por siempre inalterable y es el fino hilo que une tu mente personal con tu alma inmortal. Esa conciencia de puro ser, que es la fuente de todo amor y felicidad, es invulnerable y eterna; es el único vestigio de realidad en tu mente egoica, el asiento de tu voluntad y la morada de la luz. Eso sí es real. ¿Cómo vas a albergar resentimientos si los únicos ataques que puedes sufrir tan solo pueden afectar a ilusiones?

    Recuerda: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real…»

    La segunda parte de la Lección de hoy es la más importante, pues es toda una declaración de intenciones y la reafirmación de tu verdadera voluntad, la cual has identificado en la primera parte. Ahora, te repites constantemente a lo largo del día lo que verdaderamente quieres. Este es un largo proceso que tiene como objetivo cristalizar tu mente en una sola dirección para instaurar un nuevo hábito.

    Si tu mente fuera virginal, ese proceso sería bastante simple y breve, mas no es así. Tu mente está condicionada por un insidioso mecanismo automático: el sistema de pensamiento del mundo que ha regido tu mente hasta ahora. Si tomas conciencia de cuánto tiempo y esfuerzo has dedicado a «educarte» e imponerte a ti mismo esa penosa forma de pensar, entenderás las dificultades que vas a encontrar para cambiarlo.

    Pero eso no es todo. También has de tomar conciencia de algo que complica aún más la situación: gratificas tu ira y tus resentimientos con placer. El ego es una enfermedad mental que pervierte la mente, y uno de los recursos más pérfidos que utiliza para ello es la inversión de tu sistema cognitivo para interpretar tus sentimientos y tus sensaciones. Así, lo que te hace daño lo interpretas como placentero, y sentirte mal te atrae. Date cuenta de que tendrás que oponerte a esa tentación.

    Te enfadas, culpas y atacas porque te sientes atraído a ello. Cada vez que lo haces, el ego te proporciona su venenosa recompensa. Es probable que eso te escandalice, pero no requiere demasiada honestidad reconocer que eso es así. ¿Por qué, si no, lo ibas a hacer? Pero no te preocupes, «conocerás la verdad y la verdad te hará libre»; pues bien, ahora ya sabes la verdad.

    Sé realista. Toma conciencia y acepta que te encuentras al comienzo de un largo proceso de deshacimiento de antiguos patrones. Ese es un requisito previo para instaurar en tu mente el nuevo sistema de pensamiento que te hará feliz. Ten paciencia y sé perseverante. Si recorres la senda con fe, caminando siempre en la misma dirección, el resultado es indudable.

    No te desanimes. Te encontrarás muchas recompensas en el camino, y de manera creciente te acompañarán, primero, la confianza y, luego, la certeza de que ahora tu vida tiene un verdadero propósito y de que por fin estás cumpliendo tu función. Alégrate. En verdad, todo son buenas noticias. Eso precisamente es el evangelio.

  • LECCIÓN 72

    Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.

    1. Aunque hemos reconocido que el plan de salvación del ego es opuesto al de Dios, aún no hemos subrayado que también es un ataque directo a Su plan y un intento deliberado de destruirlo.

    2En este ataque, a Dios se le adjudican atributos que en realidad son propios del ego, mientras que el ego parece asumir los atributos de Dios.I

    2. El deseo fundamental del ego es reemplazar a Dios.

    2De hecho, el ego es la encarnación física de ese deseo.

    3Pues es este deseo lo que hace que la mente parezca estar envuelta por un cuerpo, que la mantiene sola y separada, e incapaz de llegar a otras mentes, salvo a través del mismo cuerpo que fue hecho para aprisionarla.II

    4Imponerle límites a la comunicación no puede ser la mejor manera de extenderla.

    5No obstante, el ego quiere hacerte creer que sí lo es.

    3. Aunque es obvio que esto es un intento de mantener las limitaciones que un cuerpo necesariamente impone, quizá no sea tan evidente la razón por la que albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.

    2Pero consideremos el tipo de cosas que te llevan a albergar resentimientos.

    3¿No están acaso siempre asociadas con algo que un cuerpo hace?

    4Puede que una persona diga algo que no te gusta, o haga alguna cosa que te desagrada.

    5En cualquier caso, siempre es su comportamiento el que «pone en evidencia» sus pensamientos hostiles.

    4. Aquí no se trata de lo que esa persona es en realidad.

    2Por el contrario, tú solo te fijas en lo que hace con su cuerpo.

    3Con esto, no solo no la ayudas a liberarse de las limitaciones del cuerpo.

    4Al confundirla con su cuerpo, también la encarcelas en él de forma activa, pues consideras que ella y su cuerpo son una misma cosa.III

    5Esto es un ataque a Dios, pues si Su Hijo no es más que un cuerpo, Él también debe serlo.

    6Y es inconcebible que un creador sea completamente diferente de aquello que crea.

    5. Si Dios fuera un cuerpo, ¿cuál sería entonces Su plan para la salvación? 

    2¿Qué podría ser sino la muerte?

    3Y al tratar de presentarse a Sí Mismo como el Autor de la Vida, y no de la muerte, no podría sino ser un mentiroso y un embaucador lleno de falsas promesas; alguien que ofrece ilusiones en lugar de la verdad.

    4La aparente realidad del cuerpo hace que esta visión de Dios parezca bastante convincente.

    5De hecho, si el cuerpo fuera real, sería realmente difícil eludir esta conclusión.

    6Y todo resentimiento que albergas insiste en que el cuerpo es real.

    7Tus resentimientos hacen que pases por alto completamente lo que tu hermano es.

    8Refuerzan tu creencia de que él es un cuerpo, y lo condenan por serlo.

    9Y afirman que su salvación debe ser la muerte, al proyectar este ataque sobre Dios y responsabilizarle a Él de ello.

    6. A este escenario cuidadosamente preparado, donde bestias enfurecidas acechan a sus presas y la misericordia no puede entrar, el ego viene para salvarte.

    2Dios te hizo un cuerpo.

    3Pues muy bien.

    4Aceptémoslo y alegrémonos.

    5Como eres un cuerpo, no te prives de nada de lo que el cuerpo te puede ofrecer.

    6Toma lo poco que puedas conseguir.

    7Dios no te ha dado nada.

    8El cuerpo es tu único salvador.

    9Es la muerte de Dios y tu salvación.

    10Esta es la creencia universal del mundo que ves.

    7. Algunos odian el cuerpo, y tratan de dañarlo y humillarlo.

    2Otros lo veneran, y tratan de glorificarlo y exaltarlo.

    3Pero mientras tu cuerpo siga siendo el centro del concepto que tienes de ti mismo, estarás atacando el plan de Dios para la salvación y albergando resentimientos contra Él y Sus Creaciones, para no oír la Voz de la Verdad y acogerla como Amiga.

    4El salvador que tú has elegido ocupa Su lugar.

    5Ese salvador es tu amigo, y Dios, tu enemigo.

    8. Hoy trataremos de poner fin a esos absurdos ataques contra la salvación.IV

    2En vez de eso, trataremos de darle la bienvenida.

    3Tu percepción invertida ha sido devastadora para tu paz mental.

    4Te has visto a ti mismo en un cuerpo y a la verdad fuera de ti, bloqueada de tu conciencia por las limitaciones del cuerpo.

    5Ahora vamos a tratar de ver esto de otra manera.

    9. La luz de la verdad está en nosotros, donde Dios la puso. 

    2El cuerpo está fuera de nosotros y no nos concierne.

    3Estar sin cuerpo es estar en nuestro estado natural.

    4Reconocer la luz de la verdad en nosotros es reconocernos tal como somos.

    5Contemplar nuestro Ser como algo separado del cuerpo es poner fin al ataque contra el plan de Dios para la salvación y, en lugar de ello, aceptarlo.

    6Y dondequiera que se acepte Su plan, ya se ha cumplido.

    10. Nuestro objetivo en las sesiones de práctica más largas de hoy es tomar conciencia de que el plan de Dios para la salvación ya se ha cumplido en nosotros.

    2Para lograr este objetivo debemos reemplazar el ataque por la aceptación.

    3Mientras sigamos atacando, no podremos comprender cuál es el plan de Dios para nosotros.

    4Por lo tanto, estamos atacando algo que no comprendemos.

    5Ahora vamos a tratar de dejar de lado todo juicio y preguntar cuál es el plan de Dios para nosotros:

    6¿Qué es la salvación, Padre?

    7Yo no lo sé.

    8Dímelo Tú, para que lo comprenda.

    9Luego, esperaremos en silencio Su respuesta.

    11. Hemos atacado el plan de Dios para la salvación sin esperar a oír cuál es.

    2Hemos vociferado tan alto nuestros resentimientos que no hemos escuchado Su Voz.

    3Hemos utilizado nuestros resentimientos para cubrirnos los ojos y taparnos los oídos.

    4Ahora queremos ver, oír y aprender.

    5¿Qué es la salvación, Padre?

    6Pregunta y se te responderá.

    7Busca y encontrarás.V

    12. Ya no le preguntamos al ego qué es la salvación y dónde encontrarla.

    2Se lo estamos preguntando a la Verdad.

    3Ten la certeza, entonces, de que la respuesta será verdadera por razón de a Quién le has preguntado.

    4Cada vez que sientas que tu confianza flaquea, y que tu esperanza de tener éxito vacila y se apaga, repite la pregunta y tu petición, recordando que se lo estás preguntando al infinito Creador de lo infinito, Quien te creó a semejanza de Sí Mismo:

    5¿Qué es la salvación, Padre?

    6Yo no lo sé.

    7Dímelo Tú, para que lo comprenda.

    8Él te responderá.

    9Tú, ten la firme voluntad de oír.

    13. Hoy bastará con una, o quizás dos prácticas breves por hora, ya que serán algo más largas de lo habitual.

    2Estos ejercicios debieran comenzar así:

    3Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.

    4En vez de atacarlo, lo aceptaré.

    5¿Qué es la salvación, Padre?

    6Luego, espera en silencio un minuto más o menos, preferiblemente con los ojos cerrados, y escucha Su respuesta.


    I Al ego, encarnado en un cuerpo, se le asignan los aspectos del ser, los atributos de Dios: crear, amar y conocer. Dios los manifiesta de un modo perfectamente abstracto e ilimitado; crea a Su Hijo como una extensión de Su Amor y lo conoce, pues Su Hijo es Él Mismo.

    Los cuerpos «crean» otros cuerpos mediante algo que se denomina «hacer el amor» y los «conocen» con los sentidos de sus cuerpos. El ego no es «creativo», sino tan solo el chapucero remedo del Ser; su torpe imitación.

    II Hay una pregunta genérica fundamental que, en algún momento, cruza la mente de todo ser humano de manera más o menos consciente. Si bien la mayoría de las personas la obvian y la olvidan, para algunos es motivo de incesante preocupación. La pregunta es: ¿de qué va todo esto?

    Esta pregunta puede tener múltiples enfoques y adoptar formas más específicas. Puede ser formulada en términos filosóficos: ¿qué es la realidad?; científicos: ¿qué es la materia?; o psicológicos: ¿quién soy yo? En cualquier caso, este cuestionamiento denota una inquietud, un malestar que necesita ser aplacado de alguna manera, o bien debe ser olvidado completamente.

    Básicamente, hay dos paradigmas que resuelven esta cuestión y que son perfectamente antitéticos; cada uno es una visión especular del otro; las formulaciones de uno son la inversión de las del otro. Así, uno dice: «Yo soy real y la idea de Dios es una sublimación de mis deseos». El otro, el paradigma de este Curso, afirma que Dios es la única realidad y que el ego —simbolizado en el cuerpo— es la encarnación de la idea de ser Dios.

    Ambos paradigmas son perfectamente consistentes en sí mismos, pero llevan a diferentes conclusiones y experiencias de ser. También es importante constatar que la mente no puede operar simultáneamente con ambos paradigmas, ni tampoco puede alternar entre uno y otro, pues eso la estresa y la deprime.

    Para un funcionamiento eficiente y para conseguir algún tipo de resultado, es necesario optar por una de estas dos descripciones de lo real y atenerse a ella de manera consistente.

    Esta Lección describe el paradigma del mundo visto desde la perspectiva del Curso. Quizás lo más relevante aquí es tomar conciencia de las consecuencias que conlleva creer en la propuesta del ego para la salvación. Hay que entender que la descripción que hace Jesús de lo que el ego afirma es absolutamente precisa, y es algo que todo ser humano conoce a la perfección, pues, de una manera u otra, lo ha suscrito a lo largo de toda su vida personal.

    Jesús ahora está haciendo una propuesta bien distinta, que, obviamente, llevará a experimentar algo muy diferente. Él entiende que su propuesta no puede ser aceptada a la ligera como cierta; solo pide que le demos una oportunidad y comprobemos por nosotros mismos su veracidad.

    III Dejar de albergar resentimientos es un requisito ineludible para trascender la identificación con el cuerpo. La práctica de esta enseñanza —perdonar nuestros resentimientos— es fundamental para asumir la premisa de la Lección 97: Soy espíritu.

    IV El razonamiento de Jesús para demostrar que albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación es poner en evidencia el mecanismo inconsciente que guía tu mente, y que básicamente es el siguiente:

    PREMISAS:

    1) Tus resentimientos son causados por el comportamiento de otros hacia ti.

    2) El comportamiento es algo propio de los cuerpos.

    3) Albergar resentimientos refuerza en tu mente la idea de que los cuerpos son tu única realidad y la de los otros.

    4) Si tú eres un cuerpo, tu Creador también debe serlo. Esta idea es inconsciente, pero está plenamente operativa en tu mente.

    5) Salvarse de algo es dejar de ser ese algo; por lo tanto, la salvación del cuerpo es la muerte.

    6) Dios miente; dice que crea la vida, pero la vida que Él crea siempre acaba en la muerte.

    7) La salvación de tu hermano y la tuya propia es la muerte, pues eso es lo que ese Dios mentiroso instauró.

    8) En este mundo de muerte, todos matan para seguir viviendo y todos acaban muriendo.

    9) Tu cuerpo es lo único que tienes, tu único consuelo y donde experimentas placer al satisfacer las necesidades que percibes.

    CONCLUSIÓN:

    Identificarte con tu cuerpo y buscar tu salvación en él sabotea el plan de Dios para la salvación que este Curso propone. Cada vez que albergas un resentimiento, refuerzas en tu mente esta visión deprimente de ti mismo y de todo.

    V Esta variante de la cita evangélica se repite a lo largo del Curso en muchas ocasiones. Jesús te insta constantemente a la oración sincera y sentida desde lo más hondo de tu corazón, y te confirma que todos tus anhelos serán colmados. Esto no es debido a que en las alturas, en un hipotético Cielo, hay un ser que te observa, escucha tus peticiones y luego decide caprichosamente si te las concede o no.

    Dios ha creado a Su Hijo perfecto, y eso será así por siempre. Él es real e inmutable.

    El mecanismo de la manifestación en el sueño ilusorio de la vida corporal de lo que pides en tus oraciones, en verdad, es muy diferente. Ese sueño ilusorio es de tu propia factura; una proyección de tus miedos y deseos. Es la mente del Hijo de Dios confundida porque cree ser un cuerpo en el tiempo y el espacio. Esa mente, infinitamente poderosa, dialoga con ella misma a través de los personajes con los que se identifica en ese ámbito ilusorio, pues se encuentra fragmentada debido a que ha creído en la idea imposible de la separación, que en sí misma es fragmentante.

    Así, concibe un sueño de pecado y culpa, que, por medio del perdón y la oración, transforma en redención y salvación.

    La mente del Hijo de Dios —que es la Mente de Dios— se concede a sí misma todo aquello que pide de corazón; tanto lo bueno como lo malo, tanto las ilusiones como la salvación. Tal es su poder de crear, pues tal es su poder de creer.

    Mateo 7:7: «Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá».

  • LECCIÓN 71

    Solo el plan de Dios para la salvación funcionará.

    1. Puede que no te des cuenta de que el ego ha establecido un plan de salvación que se opone al de Dios.

    2Ese es el plan en el que tú crees. 

    3Como es opuesto al de Dios, también crees que aceptar el plan de Dios en lugar del plan del ego es condenarse.I

    4Esto parece absurdo, por supuesto.

    5No obstante, tras examinar el plan del ego, tal vez te des cuenta de que, por absurdo que sea, tú crees en él.

    2. El plan de salvación del ego se basa en albergar resentimientos. 

    2Ese plan sostiene que, si alguien hablara o actuara de forma diferente, si cambiara alguna circunstancia o acontecimiento externo, tú te salvarías.

    3Así, el origen de la salvación lo percibes constantemente como algo externo a ti. 

    4Cada resentimiento que albergas es una declaración, una afirmación en la que crees, y que dice: «Si esto fuera diferente, yo me salvaría».

    5El cambio de mentalidad imprescindible para salvarte, entonces, se lo exiges a todos y a todo, excepto a ti mismo.II

    3. El papel que le asignas a tu propia mente en este plan, por lo tanto, es simplemente determinar qué debe cambiar —salvo ella misma— para que tú puedas salvarte.

    2Según este plan demente, cualquier cosa que percibas como fuente de salvación es aceptable, siempre y cuando no funcione.III

    3Esto garantiza que seguirás buscando en vano, pues persiste la ilusión de que, aunque esta expectativa siempre ha fracasado, aún hay esperanza en otros lugares y cosas.

    4Quizás otra persona resulte mejor, puede que tengas más éxito en otra situación.

    4. Tal es el plan del ego para tu salvación.

    2Seguramente te habrás dado cuenta de que este plan está en estricta consonancia con la doctrina básica del ego: «Busca, pero no encuentres».IV

    3Pues ¿qué mejor garantía de no encontrar la salvación que canalizar todos tus esfuerzos en buscarla donde no está?

    5. El plan de salvación de Dios, en cambio, sí funciona, simplemente porque cuando sigues Su dirección buscas la salvación ahí donde se encuentra.

    2Mas, si quieres tener éxito tal como Dios te promete, debes estar dispuesto a buscarla solo allí.

    3De lo contrario, tu propósito estará dividido, e intentarás seguir dos planes de salvación que son diametralmente opuestos en todos los sentidos. 

    4El resultado solo puede traer confusión, desdicha, y una profunda sensación de fracaso y desesperanza.

    6. ¿Cómo puedes liberarte de todo esto?

    2Muy fácilmente.

    3La idea de hoy es la respuesta.

    4Solo el plan de salvación de Dios tendrá éxito.

    5No puede haber ningún conflicto real acerca de esto, porque no hay ninguna alternativa posible al plan de Dios que te pueda salvar.

    6El Suyo es el único plan cuyo resultado es seguro.

    7El Suyo es el único plan que tendrá éxito.

    7. Practiquemos hoy reconociendo esta certeza.

    2Y alegrémonos de que haya una respuesta a lo que parece un conflicto sin posible solución.

    3Para Dios todo es posible.V

    4Alcanzarás la salvación gracias a Su plan, el cual no puede fallar.

    8. Comienza las dos sesiones de práctica más largas reflexionando sobre la idea de hoy y reconociendo que tiene dos partes, cada una igualmente importante.

    2La primera es que el plan de Dios para tu salvación tendrá éxito.

    3La segunda es que los otros planes no funcionarán.

    4No te permitas deprimirte o enfadarte por la segunda parte, pues es inherente a la primera.VI

    5Y en la primera se te exime totalmente de intentar tus dementes y descabellados planes para liberarte a ti mismo.

    6Todos ellos te han llevado a la depresión y a la ira, pero el plan de Dios tendrá éxito.

    7Te conducirá a la liberación y a la dicha.

    9. Teniendo esto presente, dediquemos el resto de la práctica prolongada a pedirle a Dios que nos revele Su plan.

    2Pregúntale de forma muy concreta:

    3¿Qué quieres que haga?

    4¿Adónde quieres que vaya?

    5¿Qué quieres que diga, y a quién?

    6Deja que Él se haga cargo del resto de la sesión, y que te diga lo que tienes que hacer en Su plan para tu salvación. 

    7Él te responderá en la misma medida en que tú te muestres dispuesto a oír Su Voz.

    8No te niegues a oírla.

    9El mero hecho de que hagas los ejercicios demuestra que tienes una cierta disposición a escuchar.

    10Esto es suficiente para que puedas reclamar tu derecho a la Respuesta de Dios.

    10. En las sesiones de práctica breves, repite con frecuencia que el plan de Dios para la salvación, y solo el Suyo, tendrá éxito.

    2Mantente alerta a toda tentación de albergar resentimientos, y responde a esos impulsos con esta forma de expresar la idea de hoy:

    3Albergar resentimientos es lo opuesto al plan de Dios para la salvación.

    4Y Su plan es el único que tendrá éxito.

    5Trata de recordar la idea de hoy unas seis o siete veces por hora.

    6No hay mejor manera de emplear medio minuto, o menos, que recordando cuál es la Fuente de tu salvación, y verla ahí donde se encuentra.


    I Aquí, Jesús utiliza los términos «salvación» y «condenación» desde la perspectiva del ego. Para este, «salvarse» significa salirse con la suya y obtener lo que desea, mientras que «condenarse» implica la frustración de sus expectativas. Por ejemplo, aceptar el plan de Dios para la salvación ante una ofensa percibida lleva al perdón, pero esto frustra las expectativas del ego, que busca venganza. Así, el ego interpreta el perdón como una condena.

    Dicho de manera simple, el ego te insta a buscar la salvación fuera de ti, donde no está, porque fuera de ti no hay nada, solo ilusiones. La verdadera salvación, en este mundo—pues en la Realidad no es necesaria—consiste en lo contrario: mirar dentro de ti y reconocer que sigues siendo tal como tu Padre te creó. Es comprensible, entonces, que el ego interprete ese viaje al interior como una condena. Y, en cierto sentido, no se equivoca, pues supone su propia condena, aunque no la tuya.

    Es muy probable que con frecuencia se te pase por la cabeza que aceptar el plan de Dios para tu salvación implica que renuncies a buscarla en las cosas que el mundo te ofrece, y en eso estás en lo cierto. No puedes estar en misa y a la vez repicando campanas. Pero eso te lleva a pensar que seguir el plan de Dios te condena a una permanente insatisfacción de tus anhelos más profundos, que hasta ahora, con mayor o menor éxito, has ido aplacando con nimiedades. En esto, sin embargo, te equivocas completamente.

    Lo que ocurre es que nunca has aceptado y seguido de manera consistente el plan de Dios; siempre has mantenido un ojo puesto en los regalos del ego. Esta falta de consistencia y determinación ha dividido tu mente y te ha creado una tensión perfectamente evitable. Es absolutamente imposible que sientas carencias de ningún tipo, ni ninguna necesidad, si asumes el plan de Dios de todo corazón. Y aquí, la clave es precisamente hacerlo con todo tu corazón y con toda tu mente.

    La unidad de propósito consiste en enfocar la mente únicamente en una dirección. Esto hace que la mente dedique toda su energía a conseguir una sola cosa; de este modo, se olvida de todo lo demás, que entonces desaparece para ella y ya no lo considera, no lo tiene en cuenta, y simplemente se desvanece de su conciencia porque ha dejado de ser importante para ella. La mente se ha vuelto devota a un único amor, por lo que ¿cómo va entonces a echar de menos nada?

    II El ego es una enfermedad mental. Es la condición de una mente sumida en la arrogancia hasta tal punto que le resulta imposible concebir siquiera la posibilidad de que sus planteamientos sean erróneos. Por esta razón, es una condición extraordinariamente estable. No es que el ego piense que tiene razón, sino que es la condición de la mente de pensar que ella tiene razón, que la última bobada que acaba de concebir es perfectamente apropiada. Cuando la mente egoica se enfrenta a una contrariedad, siempre piensa que la vida está mal; jamás se le ocurre que sus expectativas pueden ser inconvenientes.

    El ego es el epicentro de un sistema de pensamiento que gestiona la percepción en relación consigo mismo. Es el centro del universo que percibe. Los atributos que asigna a sus percepciones son las coordenadas de un sistema referencial que tiene su origen en sí mismo. De esa manera, interpreta todo lo que percibe en función de cómo esa cosa se relaciona con él, tanto en términos positivos como negativos. Cuando el ego mira cualquier cosa, siempre valora si eso que percibe le va a aportar algo o le puede quitar alguna cosa. Es perfectamente utilitarista, manipulador, rapaz y cobarde.

    El ego experimenta un vacío interno permanente y se lanza voraz hacia ese espacio externo a sí mismo para saciar sus apetitos depredando su entorno de manera inmisericorde. Solo le contiene el miedo a que sus ansias sean percibidas como desmesuradas y eso le ocasione una mayor dificultad para lograr los objetivos de su particular sentido de la salvación. La única dirección a la que le lleva su código de comportamiento es a negociar un acuerdo que le permita conseguir lo máximo posible en toda relación.

    Así, el ego es incapaz de verdadero altruismo, pues ese es un concepto antitético con su propia esencia. Basta recordar que altruismo viene de alter, «el otro» en latín, y eso es lo opuesto a ego, «yo». Egoísmo y altruismo son perfectos opuestos. Por eso, el ego siempre exigirá el cambio en los demás, nunca en sí mismo; ese es el principio que sustenta su estabilidad y permanencia. Esto hace que el ego nunca quiera aprender nada, pues aprender es cambiar, y el único cambio que entiende y acepta es aquel que pueda engrandecer la idea que tiene de sí mismo.

    III Esta es una idea que se repite con frecuencia a lo largo de este Curso y que resulta difícil de captar y de aceptar, porque es incomprensible, y ciertamente lo es para toda mente racional. Sin embargo, hay que entender que el ego solo usa la racionalidad en su propio beneficio y solo cuando conviene a sus propósitos, porque su propia naturaleza es intrínsecamente irracional.

    La «razón» por la que el ego abomina de la verdadera salvación, la cual colmaría perfectamente todo anhelo, es precisamente su aversión al cambio. El ego, en verdad, no quiere dejar de buscar. Proclamará a los cuatro vientos, con gritos estridentes y lágrimas en los ojos, que busca desesperadamente el amor que colme su corazón y la paz que proporcione descanso a su mente, y eso es perfectamente cierto. No obstante, recuerda que la Voluntad del Hijo de Dios se cumple siempre, también la de su mente enferma, y eso siempre se cumple en el presente.

    La clave para comprender este disparate es exactamente esa: que siempre se cumple en el presente. El ego lo que quiere es «buscar» la salvación, y eso es lo que obtiene: la «búsqueda» de la salvación. Si el ego, ese agujero negro, el símbolo de la ausencia, la carencia y la nada, encontrara la salvación, simplemente desaparecería, y eso le aterra al ego, eso le aterra al «yo», eso te aterra a ti, que tanto deseas buscar la salvación. Pero ¿deseas en verdad encontrarla? Pues si así fuera, al desearla de todo corazón, sin duda sería tuya. ¿Y cuándo? Pues ahora mismo, en el presente. ¿Cuándo si no?

    IV Mateo 7:7 «Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá».

    T-12.VI.1:4: «Sus dictados, por tanto, pueden resumirse simplemente en “Busca y no encuentres”».

    V Mateo 19:26 «Pero Jesús los miró y les dijo: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”».

    VI Si eso te ocurre, si sientes alguna punzada de malestar al pensar que las cosas del mundo te pueden proporcionar algún tipo de «salvación», es porque todavía hay cosas que te hacen ilusión, es decir, aún hay algo que te «ilusiona». No te preocupes, no te agobies, ni, desde luego, te sientas culpable en absoluto por ello.

    Este Curso no es para que te sientas mal por nada, ¡todo lo contrario! Perdona tus ilusiones, perdónate por albergarlas en tu corazón y perdónate por sentirte culpable por tenerlas. Perdónalo todo y sigue adelante. Estás en el camino correcto. Lo estás haciendo todo lo mejor que puedes, y, sobre todo, ten la absoluta seguridad de que Jesús va contigo.

    Y aunque no le hagas demasiado caso, tampoco te preocupes; su paciencia es perfecta y él no va a permitir que te desvíes demasiado. Después de todo, ya has llegado demasiado lejos como para eso.

    Recuerda lo que Jesús nos dice en el anexo Psicoterapia: «Los retrocesos son temporales. Desde una perspectiva más amplia, siempre se progresa hacia la verdad». (P-3.II.1:8-9)

  • LECCIÓN 70

    Mi salvación procede de mí.

    1. Toda tentación no es más que una variante de la tentación básica de no creer la idea de hoy.

    2La salvación parece proceder de cualquier parte excepto de ti.

    3Lo mismo ocurre con la fuente de la culpa.

    4En verdad, tú solo ves la culpa y la salvación en tu propia mente, y en ningún otro lugar.

    5Cuando te des cuenta de que toda la culpa que percibes es únicamente una invención de tu mente, también comprenderás que la culpa y la salvación deben encontrarse en el mismo lugar. 

    6Y al comprender esto estarás salvado.I

    2. El aparente «coste» de aceptar la idea de hoy es este: significa que nada externo a ti puede salvarte y nada externo a ti puede darte paz.

    2Pero también significa que nada externo a ti puede hacerte daño, perturbar tu paz o disgustarte en modo alguno.

    3La idea de hoy te pone a cargo del universo, y te coloca en el lugar que te corresponde por ser quien eres.II

    3. Este no es un papel que pueda aceptarse parcialmente, y seguramente habrás empezado a ver que aceptarlo es la salvación.

    2Mas puede que aún no te quede claro por qué el reconocimiento de que la culpa está en tu propia mente conlleva la comprensión de que la salvación también está ahí.

    3Dios no habría puesto el remedio para la enfermedad donde no pudiera servirte de nada.

    4Así es como ha funcionado tu mente, pero no la Suya.

    5Él quiere que tú sanes, y por eso ha mantenido la Fuente de la sanación ahí donde se halla la necesidad de sanar.

    6Tú has intentado justo lo contrario, haciendo todo lo posible, por muy retorcido y extravagante que fuera, por separar la sanación de la enfermedad a la que estaba destinada, y así poder conservar la enfermedad. 

    7Tu propósito fue asegurar que la sanación no se produjera; el propósito de Dios, asegurar que sí.

    4. Hoy practicaremos dándonos cuenta de que la Voluntad de Dios y la nuestra son realmente la misma con respecto a esto.

    2Dios quiere que sanemos, y nosotros no queremos realmente estar enfermos, pues eso nos hace infelices.

    3Por lo tanto, al aceptar la idea de hoy estamos de acuerdo con Dios.

    4Él no quiere que estemos enfermos.

    5Nosotros tampoco. 

    6Él quiere que sanemos.

    7Nosotros también.

    5. Hoy estamos preparados para hacer dos sesiones de práctica largas, cada una de ellas debería durar entre diez y quince minutos.

    2Mas dejaremos que seas tú quien decida cuándo llevarlas a cabo.

    3Seguiremos esta norma durante varias lecciones, y de nuevo se te recuerda que sería conveniente que decidieras de antemano cuándo sería un buen momento para dedicarte a cada una de ellas, y que luego te ciñeras a tu propio horario lo más que pudieras.

    6. Comienza estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy, y añadiendo una afirmación que exprese tu reconocimiento de que la salvación no procede de nada externo a ti.

    2Podrías decirlo de esta manera:

    3Mi salvación procede de mí.

    4No puede proceder de ningún otro lugar.

    5Dedica luego unos minutos, con los ojos cerrados, a repasar algunas de las cosas externas a ti en las que has buscado la salvación en el pasado, por ejemplo: en otras personas, en posesiones, en diversas situaciones y acontecimientos, y en concepciones de ti mismo que intentabas hacer realidad.III

    6Reconoce que la salvación nunca ha estado ahí. 

    7Y dite a ti mismo:

    8Mi salvación no puede proceder de ninguna de estas cosas.

    9Mi salvación procede de mí, y solo de mí.

    7. Ahora intentaremos nuevamente llegar a la luz que hay en ti, donde realmente se encuentra tu salvación.

    2No puedes encontrarla en las nubes que rodean la luz, y date cuenta de que es en ellas donde la has estado buscando.

    3Tu salvación no se encuentra ahí.

    4Está más allá de las nubes, en la luz que se encuentra tras ellas.

    5Recuerda que tendrás que atravesar las nubes antes de llegar a la luz.

    6Pero recuerda también que nunca has encontrado nada que perdurara o que desearas en las formaciones nubosas que imaginabas.IV

    8. Puesto que todas las ilusiones de salvación te han fallado, ciertamente no querrás seguir buscando en vano ídolos en las nubes, cuando podrías llegar muy fácilmente hasta la luz de la verdadera salvación. 

    2Intenta traspasar las nubes por cualquier medio que te resulte atractivo.

    3Si te sirve de ayuda, piensa que yo te llevo de la mano y te guío.

    4Y te aseguro que eso no será una mera fantasía.V

    9. Durante los breves y frecuentes periodos de práctica de hoy, recuérdate a ti mismo que tu salvación procede de ti, y que nada, salvo tus propios pensamientos, puede obstaculizar tu progreso.

    2Estás libre de toda interferencia externa.

    3Estás a cargo de tu salvación.

    4Estás a cargo de la salvación del mundo.

    5Di, entonces:

    6Mi salvación procede de mí.

    7Nada externo a mí puede retenerme.

    8En mí se encuentra la salvación del mundo y la mía propia.


    I Todas las ideas de este Libro de Ejercicios son importantes, pero no hay palabras que hagan justicia a la importancia que tiene la idea de la Lección de hoy.

    Todo tu mundo está en tu mente, porque no hay nada más que tu mente. Todo lo que hay en ese mundo está ahí porque lo has puesto tú, pues en tu mente no opera otra voluntad que la tuya. Nada externo puede afectarte, porque no hay nada externo a ti. Si ahora piensas que eso no es verdad, que eres un cuerpo condenado a morir que vive un breve tiempo marcado por la limitación y la impotencia, es porque esa idea también la has puesto tú en tu mente. Eso es precisamente tu ego; esa manera de pensar. Tu ego no es alguien convencido de que eso es así; tu ego es el convencimiento de que eso es así.

    Tu vida, en el fondo, no es más que una historia que tú te cuentas a ti mismo. Cuando alguien te pregunta: «¿Qué tal estás?», y tú le respondes: «¡Soy muy feliz!» o «¡Soy muy desgraciado!», en realidad, simplemente estás expresando una opinión. Tu condición de ser feliz o desgraciado la estás estableciendo tú mismo, y será el resultado de aplicar el criterio de valoración que tú hayas establecido en ese momento; sin embargo, insistirás una y mil veces en que esa condición es un hecho «objetivo», pero ¿puede haber algo más subjetivo que eso?

    La primera línea de esta Lección es crucial. La tentación básica es pensar que tú no eres responsable de tu vida, y, en consecuencia, le echas la culpa siempre a algo externo. Cuando te sientes tentado por algo que encuentras moralmente repudiable, date cuenta de que la norma moral que lo cuestiona la has elaborado tú, el deseo de suscribirla también es tuyo, y, aunque te resulte difícil de aceptar, la percepción de ese evento también es de tu propia factura. Lo que ocurre es que no te responsabilizas en absoluto de los contenidos de tu conciencia, y llamas «tentación» a la relación que existe entre algo que dices  «externo» a ti y unos impulsos tuyos que afirmas que provienen de un oscuro «subconsciente». Desde luego, esa es una manera de contar lo que está ocurriendo, pero esa solo es la manera que tú has elegido.

    Pensar que eres un ser impotente, sometido a los azares de la vida, es una opción. Jesús ahora te propone que consideres otra perfectamente opuesta. Este Curso te presenta el dilema muy claramente. Ahora sabes que puedes elegir entre dos maneras muy diferentes de verte a ti mismo. La primera, que conoces muy bien, es la propuesta del ego y del mundo; la otra es la que Jesús o el Espíritu Santo te proponen. Cada una de ellas hará que camines por el sueño recorriendo muy distintas sendas que te llevarán a metas bien dispares. La propuesta del ego te lleva en agonía hacia la muerte; Jesús te insta a que elijas mejor y reconozcas tu poder para conformar tu realidad. Ese poder es absoluto porque es el Poder de Dios en ti, ese fue Su Don. Úsalo bien y no lo desperdicies en sueños de miedo.

    Toda la estrategia del ego en tu mente se basa en convencerte de que no eres responsable de tus estados mentales, haciéndote creer que la causa de tu sufrimiento está en algo externo, cuando en realidad eres tú quien lo ha colocado ahí. Su objetivo es disminuirte, debilitarte y sumirte en la impotencia, proyectando en ti su propia fragilidad.

    II Eres el Hijo de Dios, creado perfecto por su amoroso Padre, libre y capaz de crear tal como Él te creó. En tu libertad, puedes extender infinitamente el Amor, que es tu condición. Tú puedes hacer eso, y eso es efectivamente lo que haces en la eternidad, pues esa es tu voluntad, idéntica a la de tu Padre, pero no puedes crear lo imposible, porque lo imposible no existe.

    No obstante, sin embargo, y si ese es tu deseo, también puedes «crear» lo imposible, pero en ese caso, ese «crear» no es real, sino que solo es real para ti, y entonces lo llamas «creer». Puedes creer en las ilusiones que tú mismo elaboras, y entonces las concibes como ausencias que expresan tu anhelo de recobrar tu verdadera condición. Por eso, las ilusiones que crees percibir en la pantalla imaginaria de tu conciencia son inversiones de los valores que ya disfrutas en el Cielo.

    III Esas «concepciones de ti mismo» son roles que consideraste deseables, como ser una buena madre, un profesional excelente, un buen amigo, más inteligente, más rico, más compasivo o cualquier otra idea de ti mismo que encuentres atractiva. Siempre ha sido tu ego el que ha deseado todas esas cosas. Tú, como Hijo de Dios, estás infinitamente más allá de toda posibilidad de «mejora». Recuerda que fuiste creado perfecto. Tu salvación es precisamente recordar eso.

    IV Mientras que las nubes de la Lección de ayer estaban compuestas por tus resentimientos, las nubes de hoy están formadas por «… las cosas externas a ti en las que has buscado la salvación en el pasado» (6:5).

    V Cree a Jesús en esto. Es imposible que te esté engañando. Él está ahí para guiarte; esa es su función. Si quieres, puedes recorrer el camino pensando que caminas solo, pero no es así. Jesús te acompaña todo el tiempo. Él te habla, te aconseja y te consuela sin cesar. Si no lo escuchas, es porque no le prestas atención y, en el fondo, confías más en tu propio criterio. El camino te resultaría muchísimo más fácil si tomaras conciencia de que Jesús camina a tu lado.

    No es un fantasioso amigo imaginario ni la voz que oye una mente enferma. Es tu hermano mayor que te ama, te acompaña y te guía hacia tu felicidad, que es también la suya. Haz la prueba. Dale la oportunidad de que lo tengas en cuenta. No te defraudará. Es la mejor manera que tienes de usar tu mente.

    No consideres establecer una relación personal con Jesús algo extraño o diferente a entablar cualquier otra relación; es exactamente lo mismo: un asunto de voluntad, confianza y propósito. Y sé sensato; usa esa relación para sus propios fines, no los tuyos. En realidad, también lo son, pero tú aún no estás plenamente convencido de ello porque estás casi ciego.

  • LECCIÓN 69

    Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

    1. Nadie puede ver lo que tus resentimientos ocultan.I

    2Debido a que tus resentimientos están ocultando la luz del mundo en ti, tu hermano está en las tinieblas, y tú a su lado. 

    3Sin embargo, cuando el velo de tus resentimientos se alza, tú eres liberado con él.

    4Comparte ahora tu salvación con aquel que estuvo a tu lado cuando estabais en el infierno.

    5Él es tu hermano en la luz del mundo que os salva a ambos.II

    2. Hoy vamos a hacer otro verdadero intento de alcanzar la luz que hay en ti.III

    2Antes de emprender esto en nuestro periodo de práctica más extenso, dediquemos varios minutos a reflexionar sobre lo que estamos tratando de hacer.

    3Estamos intentando, literalmente, ponernos en contacto con la salvación del mundo.

    4Estamos procurando ver más allá del velo de oscuridad que la mantiene oculta.

    5Estamos tratando de dejar que se levante el velo, y ver cómo las lágrimas del Hijo de Dios desaparecen a la luz del sol.

    3. Comencemos hoy nuestro periodo de práctica más largo plenamente conscientes de que esto es así, y con verdadera determinación intentemos alcanzar lo que para nosotros es más valioso que cualquier otra cosa. 

    2La salvación es nuestra única necesidad.

    3En este mundo no hay otro propósito, ni otra función que cumplir.

    4Aprender la salvación es nuestro único objetivo.

    5Pongamos hoy fin a la ancestral búsqueda, descubriendo la luz en nosotros, y mostrándola para que todos los que buscan con nosotros la vean y se regocijen.IV

    4. Ahora, muy tranquilo y con los ojos cerrados, intenta desprenderte de todo lo que normalmente ocupa tu conciencia.

    2Piensa en tu mente como una inmensa esfera envuelta con una capa de densas nubes oscuras.

    3Solo puedes ver las nubes, porque parece que te encuentras fuera de la esfera y bastante apartado de ella.

    4Desde tu posición, no hay ninguna razón para creer que hay una luz brillante oculta tras las nubes.

    5Las nubes parecen ser la única realidad.

    6Parece que son lo único que hay ahí.

    7Por eso, no intentas ir a través de ellas y traspasarlas, que es la única manera en la que te convencerías realmente de su falta de sustancia. 

    8Eso es lo que intentaremos hacer hoy.V

    5. Tras reflexionar sobre la importancia que tiene para ti y para el mundo lo que intentas hacer, quédate en perfecta quietud, recordando solo cuánto deseas alcanzar hoy —ahora mismo— la luz que se encuentra en ti.

    2Proponte ir más allá de esas nubes. 

    3En tu mente, extiende la mano y tócalas.

    4Luego, apártalas con la mano, y siente cómo rozan tus mejillas, tu frente y tus párpados mientras las atraviesas.

    5Sigue adelante; las nubes no pueden detenerte.

    6. Si estás haciendo los ejercicios correctamente, empezarás a tener la sensación de ser elevado y transportado hacia arriba.

    2Ese mínimo esfuerzo, y tu escasa determinación, invocan el poder del universo para que venga en tu ayuda, y Dios Mismo te elevará de las tinieblas a la luz. 

    3Estás actuando en perfecto acuerdo con Su Voluntad.

    4No puedes fracasar, porque tu voluntad es la Suya.

    7. Confía en tu Padre hoy, y ten la certeza de que te ha oído y te ha respondido.

    2Puede que aún no reconozcas Su respuesta, pero sí puedes estar seguro de que te la ha dado, y de que la recibirás.

    3Procura mantener esta confianza en tu mente mientras intentas atravesar las nubes e ir hacia la luz.

    4Intenta recordar que por fin estás uniendo tu voluntad a la Voluntad de Dios.

    5Trata de mantener claro en tu mente el pensamiento de que todo lo que emprendes con Dios no puede sino tener éxito.

    6Deja entonces que el Poder de Dios obre en ti y a través de ti, para que se haga Su Voluntad y la tuya.VI

    8. En las prácticas más breves, que querrás hacer tan a menudo como sea posible, en vista de la importancia que tiene la idea de hoy para ti y para tu felicidad, recuerda que tus resentimientos están ocultando la luz del mundo a tu conciencia.VII

    2Recuérdate a ti mismo también que no la estás buscando solo, y que sabes dónde buscarla. 

    3Di entonces:

    4Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí.

    5No puedo ver lo que he ocultado.

    6Mas por mi salvación,

    y por la salvación del mundo,

    quiero dejar que me sea revelada.

    7Y si hoy tienes la tentación de albergar algún resentimiento contra alguien, asegúrate de decir también en silencio:

    8Si conservo este resentimiento no podré ver la luz del mundo.


    I Es posible que esta frase no tenga mucho sentido para ti, porque tal vez no comprendas cómo tus resentimientos pueden ocultar algo. Sueles pensar que solo reflejan la ira que sientes por un agravio. Pero Jesús aquí está hablando de realidades, no de apariencias. Recuerda: solo el amor es real. La ira —o el miedo— no son más que la ausencia de amor, y lo que es ausencia no tiene existencia real.

    El ego nunca podrá entender esto, porque solo se ocupa de las ausencias, de lo que no está ahí. Por eso este Curso le resulta tan difícil: habla un lenguaje que no comprende. Sin embargo, tú —Hijo de Dios— sí puedes entenderlo. Aunque los principios de este Curso te parezcan inspiradores, también pueden resultarte incomprensibles o incluso inaceptables. Pero esos juicios no provienen de tu verdadera mente, sino de la parte de tu mente santa que aún está bajo el dominio del ego. Y precisamente esa es la parte que este Curso busca sanar y recuperar.

    Una mente resentida no puede expresar amor —la luz del mundo en ti— porque está atrapada en la idea de haber sido atacada o agraviada en el pasado. Pero todo eso no es más que una ilusión, consecuencia de una percepción equivocada de ti mismo, basada en la pequeñez y la vulnerabilidad con las que el ego te engaña. Los fundamentos de esos juicios son falsos, pero si crees en ellos, los harás reales para ti.

    Afortunadamente, siempre puedes recurrir a tu corazón como guía. Si te sientes mal, es porque lo que estás pensando no es verdad, y tus resentimientos son injustificados. Si persistes en engañarte y sigues causándote sufrimiento moral, es porque tu ego ha aprendido a interpretar ese dolor como placer. Recuerda: el ego lo ve todo del revés. Así de confundido y loco está.

    II Recuerda lo que aprendiste en la Lección 19: «No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos». Tus resentimientos no solo te afectan a ti, sino que también proyectan una sombra sobre los demás, perpetuando la ilusión de separación.

    Lo contrario es igualmente cierto. Para comprobarlo, practica esta técnica:

    1) Bloquea la condena que estás emitiendo contra tu hermano.

    2) Invoca la idea de la paz en tu mente.

    3) Busca en tu hermano esa paz que estás reclamando para ti.

    4) Mira bien y la verás. Está ahí porque la has puesto tú.

    5) Celebra la paz que has encontrado en tu hermano y dale las gracias en silencio.

    Esta técnica, si la haces de corazón, se cumple siempre, porque tu voluntad se cumple siempre. Si lo haces bien, todo el proceso ocurre en unos pocos segundos. Si necesitas más tiempo que eso, pregúntate qué es, en verdad, lo que quieres concederte.

    III L-41.4:3: «Hoy haremos nuestro primer verdadero intento de superar esta densa nube oscura, y atravesarla hasta la luz que se encuentra más allá». Tras este primer ejercicio de meditación guiada de la Lección 41, siguen ejercicios similares en las Lecciones 44, 45, 47 y 49.

    IV En realidad, el ejercicio que vas a hacer a continuación es un tipo de oración: vas a pedir ver la luz del mundo en ti, el amor que tú eres. Por eso, ahora Jesús te insta a que lo hagas de todo corazón, porque es la única manera en que las oraciones tienen éxito. Recuerda que lo que pides en oración se concede siempre, y eso es así, no porque haya alguien ahí arriba que te está mirando y va a decidir si te concede algo o no; en verdad, todo te lo concedes tú a ti mismo. 

    Si no te concedes algo, es porque en verdad no lo quieres. Sé muy honesto con esto y date cuenta de que es así. Si pides cosas que en verdad no quieres, simplemente te estás agotando a ti mismo, estás pidiendo desesperación, y eso es lo que conseguirás. De nuevo, sé muy honesto: si realizar tu verdadera identidad no es más valioso para ti que cualquier otra cosa que creas percibir en el mundo, no estás preparado para esto. Pero no te preocupes ni te culpes por ello; simplemente estás pidiendo más tiempo, y eso es lo que conseguirás. Recuerda que la vida es perfecta, y tu voluntad se cumple siempre.

    V Jesús aquí te propone que visualices tu mente como un planeta completamente cubierto por densas nubes que se encuentra elevado encima de ti. También te dice que, aunque no la puedes ver, y más allá de las nubes que estás viendo desde el espacio exterior, en ese planeta —tu mente— hay una luz brillante; la luz del mundo. Esa luz es más tu propia identidad que cualquier otra cosa que pudieras pensar acerca de ti mismo.

    El único planeta del sistema solar que obedece a esa descripción —un planeta cubierto de densas nubes— es Venus. Y, curiosamente, a Venus se le conoce como «el lucero del alba», pues aparece brillando sobre el horizonte al amanecer de un nuevo día.

    VI Mateo 6:10 «Venga a nosotros tu Reino. Hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo». Aquí Jesús nos dice que «… se haga Su Voluntad y la tuya», y tu voluntad es perfectamente coincidente con la Voluntad de Dios. El mundo percibido también es el resultado de una voluntad, como no podría ser de otra manera, pues incluso en el ámbito de lo ilusorio no puede haber efectos sin causa, lo que ocurre es que la voluntad que ahí se manifiesta es la voluntad del ego.

    VII Estas prácticas breves te van a servir muchísimo, y son enormemente sanadoras, sobre todo las que hagas relacionadas con punzadas de ira ocasionadas por motivos muy concretos que sobrevienen a lo largo del día. Todo esto forma parte del entrenamiento mental que está purificando tu mente, y que eventualmente te capacitará para obrar milagros.

    Cambiar tus hábitos mentales y adquirir otros nuevos normalmente implica un largo proceso que conlleva múltiples repeticiones, hasta que los nuevos hábitos se vuelven automáticos y la nueva manera de percibir es lo primero que viene a tu mente cuando ocurre algo que contradice tus expectativas. Ten paciencia y sé perseverante.

  • LECCIÓN 68

    El Amor no alberga resentimientos.I

    1. Tú, que fuiste creado por el Amor a Su Propia Semejanza, no puedes albergar resentimientos y conocer tu Ser.II

    2Albergar un resentimiento es olvidar quién eres.

    3Albergar un resentimiento es considerarte un cuerpo.

    4Es la decisión de permitir que el ego gobierne tu mente y condenar al cuerpo a morir.

    5Tal vez aún no te has dado cuenta de lo que supone para tu mente albergar resentimientos. 

    6Parece separarte de tu Fuente, y te hace diferente a Él.

    7Te lleva a creer que Dios es como aquello en lo que tú piensas que te has convertido, pues nadie puede concebir que su Creador sea diferente a lo que él es.

    2. Desconectado de tu propio Ser, que sigue siendo consciente de su semejanza con su Creador, tu Ser parece dormir, mientras que la parte de tu mente que teje ilusiones en su sueño parece estar despierta.

    2¿Puede todo esto surgir por el hecho de albergar resentimientos?

    3¡Desde luego que sí! 

    4Pues quien alberga resentimientos niega haber sido creado por el Amor, y en su sueño de odio su Creador se ha vuelto temible para él.

    5¿Quién puede soñar con el odio y no temer a Dios?

    3. Es tan cierto que los que albergan resentimientos redefinirán a Dios a su propia imagen como que Dios los creó a semejanza de Sí Mismo y los definió como parte de Él.III  

    2Tan cierto es que los que albergan resentimientos se sentirán culpables como que los que perdonan encontrarán la paz.

    3Y es igualmente cierto que los que albergan resentimientos olvidarán quiénes son, tal como los que perdonan lo recordarán.

    4. ¿No estarías dispuesto a abandonar tus resentimientos si creyeras que todo esto es cierto?

    2Tal vez pienses que no puedes desprenderte de todos tus resentimientos.

    3Sin embargo, eso es simplemente una cuestión de motivación.IV

    4Hoy intentaremos averiguar cómo te sentirías sin ellos.

    5Si lo consigues, aunque solo sea un poco, jamás tendrás problemas de motivación.

    5. Comienza hoy el periodo de práctica prolongado buscando en tu mente a aquellos contra quienes albergas un fuerte resentimiento.

    2Algunos serán muy fáciles de identificar.

    3Piensa luego en resentimientos aparentemente insignificantes que albergas contra aquellos a quienes aprecias, e incluso crees amar.

    4Muy pronto verás que no hay nadie contra quien no albergues algún tipo de resentimiento.

    5Esto es lo que ha hecho que te veas a ti mismo solo en todo el universo.

    6. Proponte ahora ver a todas esas personas como amigos.

    2Diles a todas ellas en conjunto, pero pensando en cada una mientras lo haces:

    3Quiero verte como mi amigo para que pueda recordar que tú eres parte de mí, y así pueda conocerme a mí mismo.

    4Pasa el resto de la práctica intentando imaginarte a ti mismo en paz con todos y con todo, a salvo en un mundo que te protege, te ama y al que tú también amas.

    5Trata de sentir que la seguridad te rodea, te envuelve y te sustenta.

    6Trata de creer, aunque sea brevemente, que nada puede hacerte daño de ninguna manera.

    7Al final de la sesión, dite a ti mismo:

    8El amor no alberga resentimientos.

    9Cuando abandone todos mis resentimientos, sabré que estoy perfectamente a salvo.

    7. Las prácticas más breves deben incluir una rápida aplicación de las ideas de hoy de la siguiente forma, y también siempre que surja cualquier tipo de resentimiento contra alguien, esté presente físicamente o no:

    2El amor no alberga resentimientos.

    3Que no traicione a mi propio Ser.

    4Además, repite la idea varias veces por hora de esta manera:

    5El amor no alberga resentimientos.

    6Quiero conocer a mi Ser abandonando todos mis resentimientos, pues así Él despertará en mi conciencia.


    I Esta Lección es la contraparte de la anterior, en la que exploramos nuestra santidad y aquello que, por naturaleza, nos corresponde sentir. La de hoy, en cambio, nos confronta con lo opuesto: la aparente vulnerabilidad del personaje con el que nos hemos identificado erróneamente. Mientras que la Lección anterior nos invitaba a celebrar afirmando nuestro verdadero Ser, la de hoy nos enseña a discernir y rechazar la voz del ego en nuestra mente.

    II La Lección de hoy gira en torno a los «resentimientos», por eso, conviene entender bien qué significa este concepto.

    Desde un punto de vista etimológico, el término resentimiento significa «aquello que me hace volver a sentir», es decir, es un recuerdo de algo ocurrido en el pasado que vuelve a aparecer en la conciencia. Un resentimiento es el sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia algo o alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño; es la emoción sentida en el presente por el recuerdo de un ataque sufrido en el pasado.

    La pregunta crucial que hay que hacerse es: ¿quién o qué sufrió ese ataque? Pues el resentimiento solo es posible si aquel o aquello que sufrió el ataque percibido puede ser menoscabado. En realidad, un resentimiento conlleva implícitamente un reconocimiento y definición de uno mismo como algo frágil y vulnerable, y esa es precisamente la idea que tiene el ego de lo que tú eres. Siempre que te muestras resentido, estás afirmando que suscribes la idea que el ego tiene de ti, y que estás dispuesto a defenderla, incluso si eso implica perder tu paz mental, sufrir y enemistarte con tus hermanos y con el mundo.

    Es fundamental que te des cuenta de una cosa: pensar que eres vulnerable y que puedes sufrir a causa de los ataques de otros no es un hecho, es una opinión. Si albergar esa opinión tiene tan graves consecuencias, y por ella tienes que pagar un precio tan alto, es fundamental que antes tengas la absoluta certeza de que eso es verdad, porque si no, estarás pagando con tu felicidad por algo que solo es una ilusión.

    Fíjate cuán injusto eres en tus apreciaciones. Sometes los postulados de este Curso a un escrutinio feroz, y tu mente analiza cuidadosamente toda posibilidad de que estés siendo engañado por una propuesta falaz, lo cual es perfectamente comprensible; sin embargo, aceptas con una candidez sorprendente y sin ningún tipo de prevención la primera tontería que el ego pone en tu mente. Eso, en sí mismo, ya es una nefasta imprudencia, pero, siendo evidente que el ego te ha engañado absolutamente siempre en el pasado proponiéndote falsedades y amargándote la vida con sus engaños, el que todavía le sigas haciendo caso es la más grande de las locuras. ¿No lo ves?

    Al comienzo de este Libro de Ejercicios se te dijo que no tienes que creer en las ideas que aquí se te proponen, ni siquiera tienes que aceptarlas de buen grado, solo tienes que practicar lo que se te propone y ver con imparcialidad si son verdad o no (L-In.6-7). Lee con atención esta Lección y date cuenta de que albergar resentimientos no sirve para otra cosa que para enfermar tu mente, separarte de tus hermanos y privarte de la felicidad que te mereces. Y si viendo todo esto con claridad aun te cuesta renunciar a tus resentimientos, piensa que eso es debido a que, en realidad, te odias y quieres castigarte a ti mismo, y estás usando a tus hermanos y al mundo para hacerlo. El Texto explica muy bien la razón de este desvarío. No te preocupes, eso pasará. Lo mejor que puedes hacer ahora para conseguirlo es practicar la Lección de hoy de todo corazón.

    III Génesis 1:26: «Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”».

    El resentimiento no solo te aleja de tus hermanos, sino que también te aleja de ti mismo. Cada vez que albergas un resentimiento, estás reforzando la ilusión de que eres un ser separado, vulnerable y limitado. Esta ilusión no solo te causa sufrimiento, sino que también te impide recordar tu verdadera identidad como Hijo de Dios, creado a imagen y semejanza del Amor.

    La práctica de hoy te invita a soltar estos resentimientos y a ver a todos como amigos. Al hacerlo, no solo estás sanando tus relaciones, sino que también estás sanando tu mente. Cada vez que eliges perdonar, estás recordando que no hay separación entre tú y tus hermanos, y que todos formáis parte de la misma unidad en Dios.

    Recuerda que el perdón no es un acto de condescendencia hacia los demás, sino un regalo que te das a ti mismo. Al perdonar, estás liberándote de las cadenas del pasado y abriendo tu corazón a la paz y la felicidad que son tu herencia natural.

    IV Quizás te cueste comprender, aceptar y asumir que todo el sufrimiento que experimentas es voluntario, es decir, que te lo has otorgado libremente porque crees que es lo que mereces. Sin embargo, esa es la dolorosa «verdad» de este mundo de ilusiones.

    La buena noticia es que, al ser tú el único responsable de tus estados mentales, del mismo modo y con la misma facilidad con la que te has concedido aquello que te perjudica y hace sufrir, también puedes perdonarlo y liberarte de ello en un instante. Todo se reduce a la motivación, a un acto de voluntad.

    Jesús nos plantea una pregunta fundamental: «Hermano mío, ¿qué quieres?», y nos recuerda constantemente: «Hermano mío, une tu voluntad a la mía y desea lo mismo que yo».

  • LECCIÓN 67

    El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo.

    1. La idea de hoy es una declaración completa y precisa de lo que eres.

    2Por eso tú eres la luz del mundo.

    3Por eso Dios te ha designado como salvador del mundo.

    4Por eso el Hijo de Dios confía en ti para su salvación.

    5Él se salva por razón de lo que tú eres.

    6Hoy nos esforzaremos por alcanzar esta verdad acerca de ti, y por darnos cuenta plenamente, aunque solo sea por un instante, de que eso es verdad.

    2. En la sesión de práctica más larga pensaremos en tu realidad y en su naturaleza totalmente inalterada e inalterable.I

    2Comenzaremos repitiendo esta verdad acerca de ti, y luego dedicaremos unos minutos a añadir algunos pensamientos relevantes, como por ejemplo:

    3La Santidad me creó santo.

    4La Bondad me creó bondadoso.

    5El Servicio me creó servicial.

    6La Perfección me creó perfecto.

    7Cualquier atributo que esté de acuerdo con la definición que Dios tiene de Sí Mismo es apropiado con respecto a ti. 

    8Hoy estamos tratando de deshacer la definición que tú tienes de Dios y sustituirla por la Suya Propia.

    9También intentamos subrayar que tú formas parte de la definición que Él tiene de Sí Mismo.

    3. Después de haber repasado varios pensamientos afines, trata de dejar que todos ellos desaparezcan por un momento, e intenta ir más allá de todos los conceptos e imágenes preconcebidas que tienes de ti mismo para llegar hasta la verdad en ti.II

    2Si el Amor te creó a semejanza de Su Propio Ser, este Ser debe estar en ti.

    3Y ese Ser se halla en algún lugar de tu mente para que tú lo encuentres.III

    4. Quizás necesites repetir la idea de hoy de vez en cuando para reemplazar los pensamientos que te distraigan.

    2Es posible también que esto no sea suficiente, y que necesites seguir añadiendo más atributos relacionados con la verdad acerca de ti.

    3Pero tal vez consigas ir más allá y, en un instante en que tu mente quede vacía de todo pensar, tomes conciencia de una luz resplandeciente en la que te reconoces a ti mismo tal como el Amor te creó.

    4Confía en que hoy harás mucho para acercarte a esa toma de conciencia, tanto si sientes que lo has conseguido como si no.IV

    5. Hoy será especialmente útil que practiques la idea de esta lección lo más a menudo que te sea posible.

    2Necesitas oír la verdad con respecto a ti tanto como puedas, porque tu mente está completamente ensimismada con falsas imágenes de ti mismo.

    3Sería muy beneficioso que te repitieras cuatro o cinco veces por hora, y tal vez incluso más, que el Amor te creó a Su Propia Semejanza.

    4Percibe que es en esto precisamente donde se encuentra la verdad acerca de ti.

    6. En los periodos de práctica más breves, intenta darte cuenta de que no es tu insignificante y solitaria voz la que te lo dice.

    2Es la Voz de Dios la que te está recordando a tu Padre y a tu Ser.

    3Esa es la Voz de la Verdad reemplazando todo lo que el ego te cuenta sobre ti por la simple verdad acerca del Hijo de Dios.

    4El Amor te creó a semejanza de Sí Mismo.


    I La Lección de hoy emplea la técnica de la evocación, que consiste en invocar una idea y centrar la mente en ella.

    En el Glosario, la mente se describe como el «principio o agente activo del espíritu», es decir, el potencial del espíritu para manifestar ideas. De manera simplificada, podríamos decir que la mente es un «instrumento» generador de realidad, que opera «convirtiéndose» en aquello que evoca al invocarlo. La mente «produce» realidad a través de la voluntad y lo hace por sí misma y para sí misma, pues no existe nada más.

    Esta Lección te invita a evocar una idea que refleja diversos atributos de Dios, ya que estos coinciden plenamente con los de tu Ser porque tu Padre te creó a Su imagen y semejanza. Este proceso permite que tu mente individual se familiarice con las cualidades de tu verdadero Ser, facilitando su recuerdo y, en última instancia, la experiencia directa de Él.

    II En la primera parte del ejercicio, nos hemos definido a nosotros mismos a través de cualidades que reflejan la realidad de Dios y de nuestro verdadero Ser. Para ello, podemos recurrir a recuerdos o imaginar situaciones en las que nos vemos manifestando esas cualidades excelsas, permitiéndonos visualizar nuestra santidad al ayudar a otros o de cualquier otra manera que surja en nuestra mente.

    Ahora, en la segunda parte del ejercicio, dejamos a un lado esas imágenes concretas que nos han permitido experimentar estados emocionales benéficos y dirigimos nuestra atención, no a los efectos de la santidad, sino a su fuente: tu Ser.

    El propósito de este ejercicio mental es reconocer que esas cualidades sublimes no provienen de tu mente personal, sino de tu verdadera esencia. En otras palabras, estás utilizando las «hazañas» de bondad de tu personaje como un puente para conectar con el origen de todo lo bueno.

    III Es imposible expresar con palabras la importancia crucial de la experiencia que se describe en estas líneas, y que se menciona de pasada anteriormente. Todo este Curso, todas sus enseñanzas y las prácticas que propone tienen como único objetivo llegar a esta experiencia. Cuando la hayas alcanzado, ya no necesitarás estudiar este Curso en absoluto, ni someterte a ninguna norma de comportamiento. Tu tiempo en este mundo ya casi habrá acabado. Habrás visto lo que tú eres en realidad; conocerás a Dios. Esta es la experiencia mística última; el ego ya no es ni siquiera un recuerdo. Ahora sabes con certeza —conoces— que no eres un ser humano, que nunca lo has sido; eres el Amor de Dios.

    Como se menciona en G-1.2:5-6: «Una teología universal es imposible, mas una experiencia universal no solo es posible, sino que es necesaria. El objetivo de este Curso es alcanzar esta experiencia».

    Esta experiencia no es algo que puedas alcanzar mediante el esfuerzo mental o la acumulación de conocimientos. Es un regalo que se te concede cuando tu mente está lo suficientemente quieta y abierta para recibir la verdad. No se trata de un logro personal, sino de una rendición a lo que siempre ha sido verdad.

    IV No te preocupes si hoy no lo consigues. Tienes todo el tiempo del mundo; en sentido literal. El único significado de todas las innumerables «vidas», de toda conciencia, es alcanzar esto. Es el final de los sueños, del tiempo, del espacio y de toda experiencia. Es el final de la percepción y el regreso al conocimiento. Es el regreso al hogar.

    Recuerda que este proceso no es lineal ni depende del tiempo. Cada momento de práctica, cada instante en el que eliges recordar la verdad, te acerca más a esta experiencia. No importa cuántas veces te distraigas o te sientas alejado de la verdad; lo importante es que sigas volviendo a ella.

    En la práctica de hoy, es esencial recordar que no estás buscando algo fuera de ti. La verdad ya reside en tu mente, y tu función es simplemente despejar los obstáculos que te impiden reconocerla. Cada vez que repites la idea de hoy —El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo— estás recordando tu verdadera naturaleza y deshaciendo las falsas imágenes que el ego ha construido sobre ti.

    No te desanimes si al principio parece difícil o si no sientes una conexión inmediata con la verdad. La práctica constante y la disposición a soltar tus conceptos preconcebidos son clave. Confía en que, con el tiempo, tu mente se volverá más receptiva a la luz de la verdad, y esa experiencia transformadora llegará.

  • LECCIÓN 66

    Mi felicidad y mi función son una.

    1. Seguramente has notado el énfasis que hemos puesto a lo largo de nuestras últimas lecciones en la relación que hay entre el cumplimiento de tu función y alcanzar la felicidad.

    2Esto se debe a que tú, realmente, aún no ves esa relación.

    3Sin embargo, entre esas dos ideas hay algo más que una relación: son lo mismo.

    4Su forma es diferente, pero su contenido es exactamente el mismo.

    2. El ego libra una constante batalla con el Espíritu Santo sobre la cuestión fundamental de cuál es tu función.

    2Y también sobre qué es tu felicidad.

    3No es una batalla en dos direcciones.

    4El ego ataca, pero el Espíritu Santo no responde.

    5Él sabe en qué consiste tu función.

    6Él sabe que tu función es tu felicidad.

    3. Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla totalmente sin sentido, y llegar a la verdad con respecto a tu función.

    2No nos enzarzaremos en interminables discusiones acerca de en qué consiste.

    3No nos involucraremos de manera desesperada en definir la felicidad ni en determinar los medios para alcanzarla.I

    4No complaceremos al ego escuchando sus ataques a la verdad.

    5Simplemente nos alegraremos de poder descubrir qué es la verdad.

    4. Nuestra sesión de práctica más larga de hoy tiene como objetivo que aceptes el hecho de que no solo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, en realidad son idénticas.

    2Dios te da únicamente felicidad. 

    3Por lo tanto, la función que Él te dio debe ser la felicidad, aunque parezca ser algo diferente. 

    4Los ejercicios de hoy son un intento de ir más allá de estas aparentes diferencias y reconocer el contenido común que verdaderamente comparten.

    5. Comienza la sesión reflexionando de diez a quince minutos sobre estos pensamientos:

    2Dios me da únicamente felicidad.

    3Él me ha dado mi función.

    4Por lo tanto, mi función debe ser la felicidad.

    5Intenta ver la lógica de esta secuencia, aunque aún no aceptes la conclusión.II

    6La conclusión solo puede ser falsa si los dos primeros pensamientos son erróneos.

    7Entonces, consideremos las premisas durante un rato.

    6. La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad.

    2Esto podría ser falso, desde luego, pero para que sea falso es necesario definir a Dios como algo que Él no es.

    3El Amor no puede dar maldad, y lo que no es felicidad es maldad.

    4Dios no puede dar lo que no tiene, ni tener lo que Él no es.

    5Si Dios no da únicamente felicidad, debe ser malvado.

    6Y si no aceptas que Dios te da únicamente felicidad, es porque estás creyendo que debe ser malvado.

    7. La segunda premisa es que Dios te ha dado tu función.

    2Hemos visto que tu mente solo tiene dos partes.

    3Una está gobernada por el ego, y está conformada por las ilusiones.

    4La otra es el hogar del Espíritu Santo, y es donde reside la verdad.

    5Tú solo puedes elegir entre estos dos guías.

    6Y tu elección solo tiene dos resultados posibles: el miedo que el ego siempre engendra, y el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.

    8. Así, o bien Dios estableció tu función por medio de Su Voz, o la estableció el ego que tú hiciste para reemplazar a Dios.

    2¿Cuál de estas alternativas es cierta?

    3Si tu función no te la ha dado Dios, tiene que haber sido un regalo del ego.

    4Mas ¿qué regalos puede realmente darte el ego, cuando él mismo es solo una ilusión y solo ofrece la ilusión de regalos? III

    9. Piensa en esto durante la práctica más larga de hoy.

    2Piensa también en las muchas formas que ha adoptado en tu mente la ilusión de tu función, y en las muchas maneras en que intentaste encontrar la salvación siguiendo la guía del ego.IV

    3¿La encontraste?

    4¿Fuiste feliz? 

    5¿Te aportaron paz?

    6Hoy necesitamos ser muy honestos.V

    7Recuerda los resultados con ecuanimidad, y considera también si alguna vez fue razonable esperar felicidad de cualquier cosa que el ego te hubiera propuesto.

    8Sin embargo, el ego es la única alternativa que tienes a la Voz del Espíritu Santo.

    10. Escucharás la locura, o bien oirás la verdad.

    2Trata de hacer esta elección considerando las premisas sobre las que descansa nuestra conclusión. 

    3Podemos estar de acuerdo en esa conclusión, pero en ninguna otra.VI

    4Pues Dios Mismo la comparte con nosotros.

    11. La idea de hoy es otro paso gigantesco para percibir lo que es igual como lo mismo, y lo que es distinto como diferente.

    2A un lado están todas las ilusiones.

    3Al otro, toda la verdad. 

    4Intentemos comprender hoy que solo la verdad es verdad.

    12. En las sesiones de práctica más cortas, que hoy serán más beneficiosas si las haces dos veces cada hora, se sugiere aplicar la idea de esta forma:

    2Mi felicidad y mi función son una sola cosa, porque ambas me las ha dado Dios.

    3No te llevará más de un minuto, probablemente menos, repetir estas palabras lentamente y pensar en ellas un poco mientras las dices.


    I La felicidad es un concepto real y, como tal, no se puede definir; es decir, no se puede limitar describiéndolo con palabras. La felicidad, como la paz, es la condición del Ser. Sin embargo, puede resultar útil describir la resonancia humana de la verdadera felicidad, que, dicho muy simplemente, se caracteriza por dicha en el corazón, paz en la mente y la absoluta certeza de que esa condición es permanente. En este mundo, todo lo que hagas desde este estado mental estará bien porque estarás cumpliendo bien tu función.

    Jesús nos invita a sentirnos dichosos y a compartir nuestra dicha con los demás; a vivir en paz y a reflejar esa paz en nuestras relaciones; a liberarnos del temor al reconocer que estamos a salvo y protegidos de todo mal, y a transmitir esa seguridad a nuestros hermanos, sanándolos al disipar su miedo y culpa.

    Y todo esto, ¿hasta qué punto? Hasta donde nos sea posible. Recuerda: en tus manos no está decidir adónde llegas, pero sí adónde te diriges.

    II Es evidente la gran importancia que este Curso concede al pensamiento racional y a la lógica. Como se menciona en T-14.I.1:4: «El Espíritu Santo usa la lógica con la misma facilidad y tan bien como el ego, solo que SUS conclusiones NO son dementes». Jesús utiliza en varias ocasiones los silogismos, una forma de razonamiento deductivo que forma parte de la lógica de origen griego, y que consta de dos proposiciones como premisas y otra como conclusión, siendo la última una inferencia necesariamente deductiva de las otras dos. Quizás, lo más notable de esta manera de razonar es que sus conclusiones son vinculantes, es decir, obligan a un determinado comportamiento derivado de las conclusiones. Aceptar las premisas, asumir la conclusión como verdadera y no actuar en consecuencia supone una ruptura con el pensamiento racional, un comportamiento demente y, muy probablemente, una incursión en el pensamiento mágico, que es irracional.

    Todo el razonamiento que viene a continuación tiene como objetivo convencer a la mente de que el perdón consistente es la mejor manera de actuar en toda circunstancia, y la única que garantiza la felicidad. Ya no se trata tanto de seguir un mandamiento divino o un consejo de Jesús, aquí se nos demuestra que debemos cumplir la función que el Espíritu Santo nos ha asignado porque es la única que nos va a proporcionar lo que realmente queremos: la felicidad.

    III Quizás todavía no estés completamente convencido de que los regalos del ego son tan solo «ilusiones de regalos», algo que no tiene un valor real. Para empezar, fíjate muy bien en por qué Jesús usa el término ilusión. Date cuenta de que es una palabra que proviene del verbo latino illúdere, que significa mofarse o burlarse. El ego «juega» contigo cuando te propone sus «regalos», porque lúdere significa «jugar», e illúdere es «jugar contra», es decir, mofarse. El ego te engaña y se está burlando de ti.

    Para ver el truco que el ego usa para engañarte, puedes usar una cadena de «para qués». Cuando pienses que algo de este mundo te va a hacer feliz, pregúntate para qué quieres eso, y probablemente te respondas que lo quieres porque eso te va a proporcionar alguna otra cosa también deseable. Pregúntate ahora de nuevo para qué quieres esa otra cosa, e irás desentrañando toda una secuencia de intereses que no te habían resultado demasiado evidentes al principio. Si haces este procedimiento de manera impecable, el último para qué es siempre un para ser feliz. Date cuenta también de que, en realidad, los elementos intermedios de esa secuencia solo son peldaños de una escalera que piensas que te va a llevar a la felicidad futura. Nada más lejos de la verdad. Te pasas la vida construyendo una escalera hacia ninguna parte.

    La felicidad es un concepto real, que como tal solo existe en un tiempo real, y el único aspecto real del tiempo es el presente. Si no eres feliz en el presente, no lo serás jamás. Cumplir la función que Dios te ha asignado sí te hace feliz en el presente, y cumplirla perfectamente no requiere de nada externo a la propia función; es algo íntegro, completo y que existe en el presente. Sin embargo, lo que el ego te promete siempre se encuentra en el futuro, es decir, nunca, porque el futuro no existe. Jamás ha existido otra cosa que el presente.

    IV Así como la salvación que te propone el Espíritu Santo es una, absoluta y definitiva, el ego te propone un sinfín de «salvaciones» parciales a los muchos problemas y carencias que percibes cuando tu mente interpreta la realidad siguiendo su consejo.

    V Siempre tienes que ser muy honesto. Engañarte a ti mismo es la mayor de las locuras. Pero hoy es especialmente importante que consideres lo que se te dice con mucha atención y que seas especialmente honesto al responderte, porque lo que te digas va a tener importantes consecuencias…, a menos que, aun sabiendo la verdad, decidas seguir desperdiciando tu vida. Si es así, no te preocupes demasiado, eso solo significa que todavía no has alcanzado el suficiente nivel de dolor que te llevará a cambiar. Solo es cuestión de tiempo, pero recuerda, este Curso es para ahorrar tiempo, es decir, sufrimiento. La decisión por la verdadera salvación es inevitable.

    VI Porque no hay ninguna otra. Recuerda que solo hay dos voces: la del ego y la del Espíritu Santo. Si piensas que hay una tercera, y que esa otra voz es tu propio criterio, date cuenta de que te estás engañando; eso es el ego. No existen el ego, el Espíritu Santo y tú. ¡No! En tu mente solo están el ego y el Espíritu Santo, y el ego es una ilusión.

    El ego te ofrece una falsa sensación de control y autonomía, pero en realidad solo te mantiene atrapado en un ciclo interminable de deseos y miedos. Cada vez que sigues sus dictados, estás renunciando a tu verdadero poder y felicidad. Por el contrario, cuando eliges escuchar la Voz del Espíritu Santo, estás eligiendo la paz y la claridad que surgen de reconocer tu verdadera identidad como Hijo de Dios.

    La felicidad no es algo que debas buscar en el futuro o en circunstancias externas. Es un estado natural que surge cuando alineas tu mente con la verdad y cumples con la función que Dios te ha dado. Al perdonar, estás liberándote de las cadenas del ego y abriendo tu corazón a la alegría que siempre ha estado presente en ti.

    Así que, hoy, toma consciencia de las ilusiones que te han distraído y elige volver a la verdad. No hay nada que temer, porque la felicidad y tu función son una sola cosa, y ambas son un regalo de Dios. Al aceptar esto, estás dando un paso decisivo hacia la paz y la plenitud que son tu herencia.

  • LECCIÓN 65

    Mi única función es la que Dios me dio.I

    1. La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación.

    2También te recuerda que no tienes ninguna otra función que esa. 

    3Obviamente, ambos pensamientos son necesarios para llegar a un compromiso total.

    4Mas la salvación no podrá ser tu único propósito mientras sigas concediendo valor a otros.II

    5Aceptar plenamente la salvación como tu única función conlleva necesariamente dos fases.

    6La primera es el reconocimiento de que tu función es la salvación.

    7Y la segunda es la renuncia a todos los otros objetivos que has inventado para ti mismo.III

    2. Solo así podrás ocupar el lugar que te corresponde entre los Salvadores del mundo.

    2Solo así podrás decir de verdad: «Mi única función es la que Dios me dio».

    3Y solo así podrás encontrar paz mental.

    3. Hoy, y durante los próximos días, reserva de diez a quince minutos para una práctica más prolongada en la que vas a intentar comprender y aceptar lo que realmente significa la idea de hoy.

    2Esta idea te ofrece la escapatoria de todas las dificultades que percibes.

    3Pone en tus manos la llave de la puerta a la paz, que tú mismo cerraste.

    4Y es la respuesta a todas las búsquedas que has emprendido desde el principio de los tiempos.

    4. Si es posible, trata de realizar las sesiones diarias de práctica más largas aproximadamente a la misma hora cada día.

    2Trata también de determinar esa hora de antemano, y de cumplirla lo mejor posible.

    3El propósito de hacerlo así es organizar tu día de manera que reserves un tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y metas triviales que perseguirás.

    4Esto forma parte del entrenamiento a largo plazo que necesitas para disciplinar tu mente, a fin de que el Espíritu Santo pueda utilizarla de manera consistente para alcanzar el propósito que comparte contigo.IV

    5. Comienza esta práctica más larga repasando la idea de hoy.

    2Luego, cierra los ojos, repite la idea en silencio una vez más, y examina tu mente cuidadosamente para detectar cualquier pensamiento que surja.

    3Al principio, no intentes concentrarte solo en los pensamientos relacionados con la idea de hoy.  

    4Mejor, trata de descubrir todo pensamiento que surja y que interfiera con ella.

    5Observa cada uno de ellos tal como te llegan sin implicarte ni preocuparte lo más mínimo, y deséchalos diciendo:

    6Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función.

    6. A medida que pase el tiempo, los pensamientos que interfieren serán más difíciles de encontrar.

    2No obstante, sigue un minuto más intentando descubrir algunos de los pensamientos vanos que antes escapaban a tu atención, pero no te agobies ni te esfuerces demasiado.

    3Luego, di para tus adentros:

    4Que sobre esta pizarra limpia aparezca escrita mi verdadera función.

    5No es necesario que utilices estas palabras exactas, pero trata de alcanzar una buena predisposición para que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad.

    7. Por último, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la práctica a reflexionar sobre la importancia que esto tiene para ti.

    2Piensa en el alivio que te proporcionará el aceptarla, pues resolverá tus conflictos de una vez por todas.

    3Y date cuenta también de lo mucho que deseas realmente la salvación, a pesar de tus propias ideas insensatas en sentido contrario.

    8. En las sesiones más cortas, que deben realizarse al menos una vez por hora, utiliza esta forma de aplicar la idea de hoy:

    2Mi única función es la que Dios me dio.

    3No quiero ni tengo ninguna otra.

    4Unas veces cierra los ojos mientras practicas, y otras mantenlos abiertos y mira a tu alrededor.

    5Lo que ahora ves cambiará completamente cuando aceptes la idea de hoy de corazón.


    I La identidad de algo es su significado, y el significado de algo es su función, así que la identidad de cualquier cosa es su función. La identidad es lo mismo que la función.

    Tu función, entonces, es ser aquello que eres, ejercer tu identidad. Tu función es realizar y vivir plenamente el Amor, la Verdad y el Poder (los tres aspectos del Ser) con los que viniste a la existencia cuando Dios te creó.

    II Si pretendes ser algo diferente de lo que realmente eres, estarás completamente perdido en ese yo periférico que es tu ego. Vas a «funcionar» mal, y tu corazón, esa guía infalible de tu mente, te lo hará saber.

    Tu función en este mundo es la salvación, lo cual, en realidad, no es otra cosa que recuperar tu verdadera función: crear en la eternidad como tu Padre crea. Así que podemos interpretar la salvación como una función «transitoria» que solo es comprensible en términos ilusorios. Tú, Hijo de Dios, no necesitas salvarte de nada, pues Dios te creó eternamente perfecto. Pero tú, ego, ciertamente tienes una gran necesidad de salvarte de eso que nunca ocurrió, pero en lo que crees en tu sueño de separación. Date cuenta de que en esta Lección se habla de la función del personaje, de la mente egoica, de aquel que está haciendo este Curso.

    Ese pequeño ser solo conoce y gestiona ilusiones, así que ¿de qué le vas a hablar sino de ilusiones? La salvación o expiación es la ilusión benévola por medio de la cual la mente individual despierta a su verdadera identidad.

    Así que, sálvate siendo en este mundo quien realmente eres: el Amor, la Verdad y el Poder de la Paz de Dios, pues esa es tu felicidad.

    III La idea de hoy tiene una dinámica perfectamente opuesta a la de las Lecciones precedentes. Es una Lección en quitar, no en poner.

    Imagina tu mente como si fuera un jardín desatendido al que has invitado a un jardinero —Jesús— para dejarlo arreglado y hermoso. Ahora fíjate en lo que ha hecho ese jardinero. En las Lecciones 61, 62 y 63, ha plantado unas semillas, que con el tiempo se convertirán en una hermosa planta que dará maravillosos frutos: los frutos de tu perdón. En la Lección de ayer, la 64, el jardinero se ha dedicado a cuidar la planta y a regarla.

    La Lección de hoy, sin embargo, es muy diferente. El jardinero sabe que ahora es necesario quitar todas las malas hierbas que crecen salvajes en el jardín abandonado. Lo que pasa es que este jardinero no puede realizar esa tarea; él solo puede plantar semillas, no puede quitar nada de lo que hay en el jardín, porque eso lo has plantado tú, que eres el señor, amo y dueño del jardín. Él no puede quitar nada que tú hayas puesto allí.

    Es muy probable que niegues haber plantado esas cosas aberrantes por ti mismo. Quizás digas que las han plantado otros, o que las ha traído el viento. Pero eso no es verdad. Solo tú tienes la llave de tu jardín; nadie puede hacer nada ahí sin tu permiso. Si crees que eso es posible, es que no te conoces bien. Nadie, ni Jesús, ni siquiera Dios Mismo, puede alterar en lo más mínimo tu jardín. De hecho, decir que Jesús ha plantado algunas semillas en tu jardín, o que las ha regado, no es exactamente cierto. Él solo te ha traído las semillas y las ha dejado en la puerta del jardín para que las plantes tú, las cuides y las riegues. Nadie puede entrar en tu jardín ni tocar nada ahí; es estrictamente privado.

    Bueno, eso tampoco es exactamente así, porque la cerca del jardín también la has puesto tú mismo, y es precisamente eso lo que ha hecho de ese pequeño trocito de un paraje infinito que se extiende más allá del horizonte, un espacio privado y personal. Y si queremos ser aún más precisos, habría que decir que el cercado que limita tu «propiedad» es imaginario. En realidad, esa valla es más bien una proclama que tú hiciste a los cuatro vientos reclamando ese pequeño espacio solo para ti mismo, y, por supuesto, eso tuvo que ser respetado hasta que tú decidieras revocarlo. Tal es tu poder.

    Vista la situación, en la Lección de hoy el jardinero te dice, muy sensatamente, que a menos que desarraigues esas plantas estériles que nunca han dado ningún fruto, tu nuevo cultivo no prosperará; es imposible. La tierra fértil de tu jardín no puede nutrir eficazmente todo lo que ahí has puesto. Todas las plantas competirán entre sí por alimento. Así que vas a tener que elegir qué vas a dejar y qué vas a quitar. Y recuerda, el proceso de desarraigado te compete exclusivamente a ti, pues ya has advertido a todo el mundo que en tu jardín no entra ni Dios.

    Este proceso de desarraigar las malas hierbas de tu jardín mental es esencial para que las semillas del perdón y la paz puedan florecer. Las malas hierbas representan esos pensamientos de juicio, resentimiento y miedo que has cultivado a lo largo del tiempo. Aunque puedan parecer arraigadas y difíciles de eliminar, tienes el poder de elegir soltarlas.

    Cada vez que desarraigas una mala hierba, estás haciendo espacio para que la luz del amor y la verdad brille con más fuerza en tu mente. Este acto de limpieza no es un castigo, sino una liberación. Al dejar ir lo que no te sirve, estás permitiendo que tu jardín se convierta en un reflejo de la belleza y la armonía que siempre han estado presentes en ti.

    Así que, hoy, toma consciencia de las malas hierbas que han crecido en tu jardín. Reconoce que tú las plantaste, pero también recuerda que tienes el poder de quitarlas. Con cada pensamiento de perdón, estás arrancando una de esas hierbas estériles y haciendo espacio para que los frutos de la paz y la felicidad crezcan en abundancia.

    El jardinero —Jesús— está ahí para guiarte y apoyarte, pero la elección de despejar tu jardín es tuya. Confía en que, al hacerlo, estarás cumpliendo con tu función de ser la luz del mundo y contribuyendo a la salvación de todos.

    IV La verdad es que, si tu pequeño jardín está hecho un desastre, es porque has sido perezoso e irresponsable. Primero, se te ocurrió esa tonta idea de tener un jardín solo para ti, y luego no hiciste nada al respecto con él. Tu poder es inmenso, tu voluntad se cumple siempre, pero tus decisiones también tienen siempre consecuencias. Si plantas un limonero, no esperes cosechar naranjas. Si piensas que sí es posible, es porque crees en la magia y piensas que es posible burlar la sacrosanta ley de causa y efecto.

    El ser humano no es malvado, sino infantil; no necesita aprender cosas nuevas, sino madurar; no ha de buscar grandes revelaciones, sino más bien dejar de drogarse con fantasías pueriles. Una vida feliz requiere una mente sana; esto es, una mente ordenada y orientada hacia un único propósito en la que no haya multitud de aspiraciones y deseos antitéticos que compiten entre sí, y la estresan y debilitan. Por eso, esta Lección está dedicada a que tomes conciencia de tu dispersión mental y de los múltiples intereses que fragmentan tu mente y perturban tu corazón.

    Es muy probable que la llamada a la disciplina te amedrente, pero sé honesto, ¿crees que es posible que puedas conseguir algo sin ella? Si piensas que sí, es que todavía crees en la magia, y tu mente pueril alberga fantasías de que algún hada madrina arreglará por ti los problemas que tú mismo has creado. No pierdas el tiempo, madura, ponte manos a la obra, elige bien y comienza a descartar lo que no te conviene.

    Si todavía te atemoriza hacer cambios tan radicales en tu manera de pensar, haz lo siguiente: dite que vas a hacer exactamente lo que se dice en estas Lecciones, y tal como aquí se indica, pero solo durante un periodo determinado. Pon toda tu voluntad y todas tus fuerzas en cumplir lo que se te pide escrupulosamente, y abre bien los ojos. Mira con absoluta honestidad los efectos que eso está teniendo en tu vida, y luego toma una decisión: sigue adelante con esta propuesta, ahora con más confianza y lleno de fe; o tira este libro a la basura y busca otra cosa, o sigue como antes, pero nunca te quedes a medias.

    Recuerda que el proceso de ordenar tu mente y tu vida no es un castigo, sino una liberación. Al despejar el desorden y enfocarte en lo esencial, estás creando espacio para que la paz y la claridad florezcan. No se trata de renunciar a todo lo que amas, sino de discernir qué es lo que realmente te nutre y te acerca a tu propósito.

    La disciplina no tiene por qué ser sinónimo de rigidez o sufrimiento. Puede ser un acto de amor hacia ti mismo, una manera de honrar tu potencial y tu capacidad para crear una vida significativa. Cada vez que eliges enfocarte en lo que realmente importa, estás dando un paso hacia la madurez y la plenitud.

    Así que, aunque al principio pueda parecerte difícil, confía en el proceso. Los frutos de la disciplina y el orden interior son incomparables: una mente tranquila, un corazón en paz y una vida alineada con tu verdadero Ser. No temas tomar decisiones radicales si es necesario; a veces, es el único camino hacia la auténtica felicidad.

  • LECCIÓN 64

    Que no olvide mi función.

    1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: «No me dejes caer en la tentación».I

    2El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proporcionarte una justificación para olvidarla.

    3Es la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo, adoptando una apariencia física.

    4Es esto lo que los ojos del cuerpo contemplan.II

    2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que este fue el propósito inherente del cuerpo.

    2Mas hemos aprendido que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por tanto, Él ve otro propósito en ellas.

    3Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar donde tú aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras que son tus pecados.III

    4Bajo esta nueva percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.IV

    3. Nuestras últimas lecciones te dicen que tu función aquí es ser la luz del mundo; una función que Dios te ha dado.

    2Es solo la arrogancia del ego la que te lleva a cuestionar esto, y son solo sus miedos los que te inducen a considerarte indigno de la tarea que Dios Mismo te ha encomendado.

    3La salvación del mundo aguarda tu perdón, porque así es como el Hijo de Dios escapa de todas las ilusiones y, en consecuencia, de toda tentación.

    4Y ese Hijo de Dios eres tú.V

    4.  Solo cumpliendo la función que Dios te dio serás feliz.

    2Y esto es así porque tu función es ser feliz utilizando los medios que hacen que la felicidad sea algo inevitable.

    3No hay otra manera.

    4Por eso, cada vez que eliges si cumples o no tu función, en realidad estás eligiendo entre ser feliz o no.VI

    5. Recordemos esto hoy.

    2Hagámoslo por la mañana, por la noche, y también durante todo el día.

    3Prepárate de antemano para todas las decisiones que vayas a tomar hoy, recordando que todas ellas realmente son muy simples.

    4Cada una de ellas te llevará a la felicidad o a la infelicidad.

    5¿Cómo va a ser difícil tomar una decisión tan simple?

    6. No dejes que te engañe la forma que adopte la decisión.

    2Que la forma sea compleja no implica que el contenido lo sea.

    3Es imposible que ninguna decisión en la tierra pueda tener un contenido diferente a esta simple elección.VII

    4Esa es la única elección que el Espíritu Santo ve.

    5Por lo tanto, es la única elección que existe.

    7. Practiquemos hoy, entonces, estos pensamientos:

    2Que no olvide mi función.

    3Que no trate de sustituir la función que Dios me dio por la mía.

    4Quiero perdonar y ser feliz.

    5Dedica al menos diez o quince minutos, una vez al día, a reflexionar sobre esto con los ojos cerrados.

    6Pensamientos afines a estos acudirán a tu mente en tu ayuda, si recuerdas la importancia crucial que tiene tu función para ti, y para el mundo.

    8. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos, y luego piensa en ellos y en nada más.

    2Esto quizás te resulte difícil, sobre todo al principio, ya que aún no dominas la disciplina mental que ello requiere.

    3Tal vez necesites repetir muy a menudo: «Que no olvide mi función», para que eso te ayude a concentrarte.

    9. Las sesiones de práctica más cortas se han de hacer de dos maneras diferentes.

    2Unas veces haz los ejercicios con los ojos cerrados, tratando de concentrarte en los pensamientos que estás usando.

    3Otras, mantén los ojos abiertos tras repasar los pensamientos, y luego mira lentamente a tu alrededor sin fijarte en nada concreto y diciéndote a ti mismo:

    4Este es el mundo que he de salvar.


    I Mateo 6:13 «Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria por siempre jamás».

    Caer en la tentación no es más que traicionarte a ti mismo, adoptando un papel que no te corresponde y alejándote de tu verdadera esencia. Es asumir una identidad falsa, una máscara que oculta lo que realmente eres. El resultado siempre es predecible: sufrimiento, confusión y desasosiego, porque estás intentando ser algo que no eres.

    Imagina que eres como una herramienta diseñada con un propósito específico. Cuando se utiliza conforme a su diseño, todo fluye con naturalidad y eficacia. Del mismo modo, tú fuiste creado por el Amor a Su semejanza, con una única función: amar. En este mundo de ilusiones, esa función se despliega amando lo real y perdonando lo que no lo es. Cuando amas y perdonas, cumples con tu propósito; el resultado es armonía, paz y una profunda satisfacción interior.

    Pero cuando sucumbes a la tentación de actuar fuera de tu propósito, cuando intentas atacar, juzgar o aferrarte a las ilusiones, inevitablemente experimentarás malestar y conflicto. Simplemente, no estás diseñado para eso. Recuerda siempre tu propósito: amar y perdonar. Todo lo demás es tentación, un desvío que solo puede llevarte al sufrimiento.

    Repasa un poco tus experiencias pasadas y tendrás que reconocer que esa lógica se aplica de manera implacable. Cada vez que te has apartado de tu función de amar y perdonar, el resultado ha sido el mismo: dolor, conflicto y una sensación de vacío. En cambio, cuando has elegido amar y perdonar, has encontrado paz y plenitud. La experiencia es la evidencia más contundente de esta verdad inmutable.

    II El propósito de lo que ven nuestros ojos, bajo la forma de una apariencia física, es proporcionar una excusa para justificar nuestros ataques. Las imágenes que nuestros ojos captan nos gritan: «¿No ves que esto es real? ¡Tienes que protegerte de esto! ¡Atácalo o te destruirá!».

    III Sin embargo, el Espíritu Santo te dice: «Perdónalo, déjalo pasar, no es real. Lo que estás viendo son tus propios “pecados”, aquellos que crees haber cometido, y, como los detestas, los proyectas fuera de ti y es ahí donde los ves. Esos pecados son imaginarios, las amenazas que crees ver también lo son, y el mismo cuerpo que aparenta sufrirlas no es más que una ilusión de ti mismo en tu santa mente».

    Pero, claro, esto resulta «increíble», porque tu mente solo puede «creer» en ilusiones. Tu mente no fue creada para creer, sino para crear, y esto no es un juego de palabras, sino la verdad. Sin embargo, nunca podrás «creerlo»; eso es lo que tú eres. Quizás te convenga irte acostumbrando a la idea de que, con tu mente limitada, nunca podrás «creer» en la verdad, y eso es cierto, por la sencilla razón de que tu mente no está limitada. Creer que sí lo está no es más que otra creencia.

    Relájate, ora y confía en la Voz del Espíritu Santo. Solo tienes que hacer eso. Sigue Sus dictados, perdona, y verás cómo el mundo que te rodea cambia por sí mismo y comienza a iluminarse. Tampoco necesitas creer en eso; simplemente hazlo y abre los ojos.

    IV Esto quiere decir que, como estás soñando —y así seguirás hasta que el mundo desaparezca—, verás desarrollarse la historia de tu propia salvación también dentro de tu sueño; imágenes que no son más que símbolos de tus deseos y tus miedos.

    ¿Qué otra cosa va a ser tu salvación, la Expiación y los milagros, sino una historia feliz en un sueño tenebroso? Tú, Hijo de Dios, no te andas con historias; sigues siendo perfecto, íntegro y pleno, tal como Dios te creó en la eternidad.

    V Date cuenta de que ese incesante diálogo interno con el que siempre estás parloteando contigo mismo es precisamente la voz de tu ego. Esos pensamientos que no puedes parar son los que «no significan nada», algo que has aprendido en Lecciones precedentes. En realidad, eso es lo único que tienes que perdonar, lo único que tienes que dejar pasar, sin darle importancia.

    Date cuenta también de que una cosa son tus pensamientos y otra muy diferente es la «conciencia de esos pensamientos». Ambas cosas son ilusorias, pero son de un orden diferente. Puedes identificarte con tus pensamientos y precipitarte a la acción, pero también puedes identificarte con la parte de tu mente que es consciente de esos contenidos. Cuando haces esto, de alguna manera «retrocedes», te apartas de ellos y te desvinculas de sus predicamentos. Se podría decir que así te liberas un poquito de ese pensar compulsivo y de sus dictados. Meditar no es más que eso, pero tampoco menos.

    Por lo tanto, cuando tu ego trate de convencerte de que considerarte la «luz del mundo» es una locura, no le des ninguna importancia. Entiende que el ego simplemente está cumpliendo impecablemente su función, pues para eso apareció en tu mente: para convencerte de que, efectivamente, estás separado de Dios. Deja que él cumpla su función, y tú dedícate tranquilamente a la tuya, que es la que Dios Mismo te asignó.

    VI Para aceptar esto, en verdad, solo hace falta un poquito de honestidad; no se requiere nada más. Revisa brevemente la historia de tu vida e intenta recordar aquellos momentos en los que sentiste dicha en tu corazón y paz en tu mente. Tu pasado te confirmará que alcanzaste ese estado en momentos de perdón y Expiación con el mundo. Pero no hace falta ir tan lejos; perdona ahora, y el presente te lo confirmará igualmente. Y, si sigues perdonando, tu futuro también será sin duda dichoso y pacífico.

    VII Es posible que a veces te sientas un poco abrumado por tener que decidir entre dos opciones que se presentan ante ti, ambas con un fuerte carácter negativo: «condenar o perdonar». Quizás te convenga interpretar el perdón de una manera más positiva.

    El binomio anterior también puedes verlo en términos de «sufrir o celebrar», porque, en definitiva, perdonar es celebrar la verdad; es la feliz celebración de que eres inocente, invulnerable y amado por Dios; y, si tú lo eres, también lo es todo lo que contemplas.

    El perdón no es un acto de condescendencia ni de sacrificio, sino una celebración de la verdad. Cada vez que eliges perdonar, estás recordando que el amor es lo único real y que las ilusiones de separación y conflicto no tienen poder sobre ti. Al perdonar, no solo te liberas a ti mismo, sino que también irradias luz a todo tu alrededor, contribuyendo a la sanación de la mente única que todos compartimos.

    Recuerda que tu función no es cambiar el mundo, sino cambiar tu percepción del mundo, pues, ¿qué sentido tiene cambiar ilusiones? Al hacerlo, estás cumpliendo con tu papel como salvador del mundo, trayendo paz a todas las mentes a través de tu perdón. Y en ese acto de amor, encuentras la felicidad y la paz que son tu herencia natural.

    Así que, cuando te enfrentes a una situación que te desafíe, recuerda quién eres y para qué estás aquí. Eres la luz del mundo, y tu perdón es el medio a través del cual esa luz brilla. Elige perdonar, elige ser feliz, y deja que el mundo vea la gloria de Dios a través de ti.

  • LECCIÓN 63

    La luz del mundo trae paz a todas las mentes gracias a mi perdón.

    1. ¡Cuán santo eres tú, que tienes el poder de llevar la paz a todas las mentes!

    2¡Cuán bendito, que puedes aprender a reconocer los medios para permitir que eso ocurra gracias a ti!

    3¿¡Qué otro propósito te podría brindar mayor felicidad!? I

    2. Con semejante función, ciertamente eres la luz del mundo.

    2El Hijo de Dios confía en ti para su redención.

    3Y tú puedes dársela, pues te pertenece.

    4No aceptes en su lugar ningún propósito trivial o deseo insustancial, u olvidarás tu función y dejarás al Hijo de Dios en el infierno.

    5No se te está haciendo una vana petición. 

    6Se te pide que aceptes la salvación, para que así sea tuya y entonces puedas darla.II

    3. Conscientes de la importancia de esta función, hoy estaremos encantados de recordarla muy a menudo.III

    2Comenzaremos el día reconociendo nuestra función, y lo acabaremos pensando en ella.

    3Y a lo largo del día repetiremos con tanta frecuencia como podamos:

    4La luz del mundo trae paz a todas las mentes gracias a mi perdón.

    5Yo soy el medio que Dios ha designado para la salvación del mundo.

    4. Si cierras los ojos probablemente te resulte más fácil dejar que te vengan pensamientos relacionados con estas ideas durante el minuto o dos que debes dedicarles.

    2Mas no esperes a que se presente esa oportunidad.

    3No pierdas ninguna ocasión que se te presente para reforzar la idea de hoy.

    4Recuerda que el Hijo de Dios confía en ti para salvarse.

    5¿Y quién es Su Hijo, sino tu propio Ser?


    I El propósito del perdón es liberar de la culpa y el miedo. En este mundo, todos se sienten culpables y tienen miedo por innumerables razones. ¿Cómo no vas a traer paz a tus hermanos cuando los perdonas y los animas a liberarse de la culpa y el temor?

    ¡Tienes el poder de llevar la paz a otros! ¡Puedes aprender a hacerlo! No lo harás tú, pero se hará a través de ti. Tú eres el canal, y el Poder de Dios obrará el resto. Esa es la Voluntad de Dios, y puedes estar seguro de que nada te hará más feliz.

    Esta Lección es un poderoso recordatorio de tu verdadera identidad y función en el mundo. No eres un ser separado y limitado, sino la luz del mundo, un canal a través del cual el Amor y la Paz de Dios pueden fluir para sanar todas las mentes. Al perdonar, estás despejando los obstáculos que impiden que esta luz brille, permitiendo que el milagro de la salvación se manifieste.

    La idea de que el Hijo de Dios confía en ti para su redención puede parecer abrumadora, pero es importante recordar que no estás solo en esta tarea. El Poder de Dios actúa a través de ti, y tu función es simplemente estar dispuesto a ser un instrumento de Su Amor. Al aceptar esta función, no solo estás contribuyendo a la salvación del mundo, sino que también estás reconociendo tu propia salvación.

    La práctica de repetir la idea de hoy a lo largo del día te ayuda a mantener tu mente enfocada en tu verdadero propósito. Cada vez que recuerdas que eres la luz del mundo y que tu perdón trae paz a todas las mentes, estás reforzando tu conexión con la verdad y fortaleciendo tu compromiso con la sanación.

    Así, esta Lección no solo te invita a perdonar, sino también a reconocer el poder transformador que reside en ti. Al hacerlo, estás dando un paso crucial hacia la realización de tu función como maestro de Dios y hacia la experiencia de la Paz y la Felicidad que son tu herencia natural.

    II ¡Cómo no vas a ser la luz del mundo si te dedicas a eso! Los ángeles de Dios se quedan pasmados cuando te ven obrar así, y saludan reverentes al humano que salva al Hijo de Dios. ¡Qué función tienes a tu alcance! ¿Cómo se te podría ocurrir hacer otra cosa que eso? Además, te pagan por ello con tu propia salvación. Y no te pagan en el futuro. ¡Te pagan al contado! En el mismo instante en que perdonas, tu corazón se llena de dicha. ¿Podría haber una propuesta mejor? 

    Este pasaje es un recordatorio poderoso y alentador de la magnitud de tu función y de la recompensa inmediata que recibes al cumplirla. No hay tarea más noble ni más gratificante que ser un instrumento de perdón y, por tanto, de salvación. Cada vez que eliges perdonar, no solo estás liberando a otros de las cadenas de la ilusión, sino que también te estás liberando a ti mismo. 

    La dicha que experimentas al perdonar es una muestra tangible de que estás alineándote con la Verdad de tu Ser. Esa alegría no es algo que debas esperar en un futuro lejano; es un regalo que recibes en el momento mismo en que decides soltar los juicios y abrirte al Amor. Es la confirmación de que estás cumpliendo con tu función y de que estás recordando quién eres realmente. 

    Los ángeles de Dios, seres de luz y amor, celebran tu elección de perdonar porque reconocen que, al hacerlo, estás contribuyendo a la sanación de la mente única que todos compartimos. Tu perdón no solo te beneficia a ti, sino que también tiene un impacto profundo en la conciencia colectiva, ayudando a disipar las sombras de la separación y a restaurar la unidad. 

    Así que, ¿por qué elegirías otra cosa? ¿Por qué te conformarías con propósitos triviales o deseos insustanciales cuando tienes la oportunidad de participar en la salvación del mundo? Cada acto de perdón es un paso hacia la paz, tanto para ti como para todos. Y la recompensa, esa dicha que llena tu corazón, es la prueba de que estás en el camino correcto. 

    Recuerda: no hay mayor felicidad que la que experimentas al perdonar, porque en ese acto estás recordando tu verdadera naturaleza y tu conexión con Dios. ¡Elige perdonar, elige ser la luz del mundo, y deja que tu corazón se llene de la dicha que solo el Amor puede brindar!

    III Hoy, ciertamente te alegrarás al recordarte que tu función es traer la paz a otros por medio de tu perdón, pero la verdadera dicha llegará cuando tengas la inmensa suerte de encontrarte en una situación que requiera tu perdón. Entonces podrás lucirte e iluminar el mundo haciendo aquello que Dios te pide y para lo que estás perfectamente preparado; entonces podrás cumplir tu función de verdad perdonando.

    Cuando eso ocurra, cuando algo te perturbe, cuando las tinieblas se ciernan sobre ti y tu corazón se encoja, dudando entre el miedo y la ira, abre los ojos y recuerda: eres el salvador del mundo, y estás perfectamente capacitado para aprender, resolver y sanar esa Lección que la vida ha puesto ante ti y que Dios quiere que aprendas.

    En ese momento, invoca el Poder de Dios en ti, e investido de semejante magnificencia, perdona. Y verás lo que ocurre de inmediato. Tu mente se llenará de luz, tu corazón saltará de alegría, y los ángeles de Dios se darán la mano contemplándote con fervor. Y Jesús sonreirá, ¡tan orgulloso de ti!

    Este pasaje es un llamado a la acción, una invitación a vivir plenamente tu función como salvador del mundo. No hay mayor oportunidad para brillar que cuando te enfrentas a una situación que parece oscura o difícil. Es en esos momentos cuando puedes elegir perdonar, y al hacerlo, no solo transformas tu propia experiencia, sino que también irradias luz a todo tu alrededor.

    El perdón no es un acto de debilidad, sino de Fortaleza divina. Al perdonar, estás eligiendo ver más allá de las apariencias y reconocer la verdad de que todos somos uno en el Amor de Dios. Este acto de valentía y fe no pasa desapercibido en los reinos celestiales. Los ángeles celebran tu elección, y Jesús, tu hermano y guía, se llena de orgullo al verte cumplir con tu función sagrada.

    Así que, cuando te encuentres frente a una situación que te desafíe, recuerda Quién eres y para qué estás aquí. Eres la luz del mundo, el salvador que trae paz a través del perdón. Y cada vez que eliges perdonar, estás recordando tu verdadera identidad y contribuyendo a la sanación de la mente única que todos compartimos.

    ¡Permite que tu luz brille, y deja que el mundo vea la Gloria de Dios a través de ti!

  • LECCIÓN 62

    Mi función es perdonar porque soy la luz del mundo.

    1. Tu perdón es lo que llevará este mundo de tinieblas a la luzI

    2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves.

    3El perdón es la prueba de que eres la luz del mundo.

    4Gracias a tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti mismo.

    5Por lo tanto, en tu perdón encuentras tu salvación.II

    2. Las ilusiones que albergas acerca de ti mismo y acerca del mundo son la misma cosa.III

    2Por eso, todo perdón es un don que te concedes a ti mismo.IV

    3Tu meta es descubrir Quién eres, ya que has negado tu identidad atacando a la Creación y a su Creador.

    4Ahora estás aprendiendo cómo recordar la verdad.

    5Para ello, debes reemplazar todo ataque por perdón, de modo que los pensamientos de vida puedan reemplazar a los de muerte.

    3. Recuerda que cada vez que atacas estás invocando tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas invocas la Fortaleza de Cristo en ti.V

    2¿Empiezas entonces a comprender lo que el perdón puede hacer por ti?

    3El perdón eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, tensión y fatiga.

    4Eliminará todo miedo, culpa y dolor.

    5Y restaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el Poder que Dios otorgó a Su Hijo.

    4. Alegrémonos de comenzar y terminar este día practicando la idea de hoy, y de recurrir a ella tanto como sea posible a lo largo del día.

    2Esto hará que tu día sea tan feliz para ti como Dios quiere que sea.

    3Y también hará que aquellos próximos a ti compartan esa felicidad contigo, al igual que los que parecen estar lejos de ti en el espacio y en el tiempo.VI

    5. Tan a menudo como puedas, y cerrando los ojos si es posible, dite a ti mismo:

    2Mi función es perdonar porque soy la luz del mundo.

    3Quiero cumplir mi función para poder ser feliz.

    4Luego, dedica uno o dos minutos a considerar tu función, y la felicidad y liberación que traerá consigo.

    5Deja que te vengan pensamientos afines a la idea de hoy, pues tu corazón reconocerá esas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad.

    6Y si te distraes, repite la idea y añade:

    7Quiero recordar esto porque quiero ser feliz.


    I Estás aquí para salvar el mundo… en tu mente, que es donde realmente se encuentra. Ese es el único mundo que «existe», y el único que necesita ser salvado. Y lo salvarás perdonándolo, abandonando todos los juicios que has hecho sobre él.

    Es un mundo construido con ausencias de amor, pero recuerda: las ausencias no existen. En realidad, solo perdonas —abandonas— tus concepciones erróneas, precisamente porque no son ciertas, porque no te convienen y porque te perjudican. Tu corazón te lo recuerda constantemente. Escúchalo. Siempre que te «sientes» mal, es porque lo que estás pensando no es verdad.

    ¿Para qué vas a retener en tu santa mente todas esas mentiras? 

    Cuando perdonas, te sientes bien. El mundo se ilumina. ¿No te das cuenta? ¿No quieres ser feliz? ¿Prefieres insistir en concebir interpretaciones que te causan dolor?

    Ya has visto en Lecciones previas, y ha quedado bastante claro, que solo te relacionas con tus propias interpretaciones, que eso que llamas «realidad» no significa nada en sí mismo. Tú eres quien le ha dado a todo el significado que tiene para ti. Y que esos significados parezcan coincidir con los de otros muchos no significa que sean válidos; eso solo indica que son fiables, porque así lo habéis decidido de manera conjunta. 

    Tú tienes un control absoluto sobre tu mente, pero no eres consciente de él porque reniegas de ello y usas ese poder para convencerte a ti mismo de que eres impotente. Puedes usar tu mente para interpretar como creas oportuno, y así vivir en el mundo que desees.

    Por eso, desea bien. Desea ver de otra manera; pide una manera de ver el mundo que te haga feliz, y tu corazón te indicará que ahora sí estás usando tu mente correctamente.

    Alíate con los dictados de tu corazón, no con los dictados del mundo; estos fueron concebidos para sostener la idea deprimente de que estás separado de todo, y eso no es verdad, pero, lamentablemente, sí puedes creerlo. De nuevo, eso no te conviene.

    Confía en tu sentir, confía en tu corazón. 

    Al elegir perdonar y abandonar los juicios, estás liberando tu mente de las cadenas de la ilusión y permitiendo que la luz de la verdad brille a través de ti.

    Este acto de perdón no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la felicidad y la paz que son tu herencia natural.

    Recuerda que el mundo que ves es un reflejo de tu mente, y al cambiarla, cambias todo lo que experimentas. Elige ver con los ojos del amor, y el mundo se convertirá en un lugar de luz y armonía.

    II Quizás recuerdes estas palabras que aparecen en la Introducción del Texto: «Este Curso no tiene como objetivo enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, sin embargo, despejar los obstáculos para tomar conciencia de la presencia del amor, que es tu herencia natural». Pues bien, perdonar es exactamente eso: despejar los obstáculos para tomar conciencia de la presencia del amor.

    El perdón no es un acto de condescendencia ni de sacrificio; es un proceso de liberación mental. Al perdonar, no estás justificando ni aceptando lo que consideras errores o daños, sino que estás soltando los juicios que nublan tu visión y te impiden reconocer la verdad. Esos juicios son los obstáculos que te separan de la conciencia del amor, que es tu esencia y tu herencia divina.

    Cuando perdonas, en realidad, te estás perdonando a ti mismo el haber condenado a tu hermano, pues ese ha sido tu «pecado»: pensar mal de él; ese es el único elemento de tu universo mental que tiene sentido llamar «pecado».

    Estás diciendo: «Prefiero ver más allá de esta ilusión. Elijo liberar mi mente de las sombras del miedo y el resentimiento, para que la luz del amor pueda brillar sin impedimentos». Este acto de desapego no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la experiencia directa del amor, que siempre ha estado presente pero que habías velado con tus interpretaciones erróneas.

    El perdón, por tanto, no es algo que haces por los demás, sino por ti mismo. Es un regalo que te das, una decisión consciente de dejar atrás lo que te duele y te limita, para abrirte a la plenitud de tu Ser. Al perdonar, te alineas con la verdad de que el amor es lo único real, y que todo lo demás son meras ilusiones que puedes elegir soltar.

    Así, el perdón se convierte en la llave que abre la puerta a la conciencia del amor, permitiéndote recordar quién eres realmente: un ser de luz, amor y paz, eternamente conectado a la Fuente de todo lo que es.

    III Porque el mundo no es otra cosa que la proyección de la idea que tienes de ti mismo.

    Esta afirmación es fundamental para comprender la naturaleza de tu experiencia. El mundo que percibes no es más que un espejo que refleja las creencias, juicios y percepciones que albergas en tu mente. Si te ves a ti mismo como separado, limitado, vulnerable o carente, el mundo que proyectas estará lleno de conflictos, miedos y escasez. Por el contrario, si reconoces tu verdadera identidad como el Hijo de Dios, pleno y perfecto, el mundo que experimentas comenzará a reflejar esa luz y esa paz.

    El mundo, en sí mismo, no tiene significado propio. Es un lienzo en blanco sobre el que proyectas tus pensamientos y creencias. Por eso, Jesús enseña que «el mundo que ves es lo que tú has puesto ahí para ver». Cada situación, cada relación, cada circunstancia es una oportunidad para observar lo que hay en tu mente y elegir ver de otra manera.

    Cuando tomas conciencia de que el mundo es una proyección de tu mente, comprendes que no necesitas cambiar el mundo externo para ser feliz. Lo que necesitas es cambiar la idea que tienes de ti mismo. Al liberarte de las creencias falsas y abrazar la verdad de tu Ser, el mundo que proyectas se transforma automáticamente.

    Este es el poder del perdón: al soltar los juicios y las interpretaciones erróneas, despejas los obstáculos que te impiden ver la luz del amor en ti y en todo lo que te rodea. El mundo, entonces, deja de ser un lugar de conflicto y se convierte en un reflejo de la paz y la unidad que siempre han estado presentes en tu mente.

    Recuerda: el mundo no es más que un sueño, una proyección temporal de la mente. Tu verdadera realidad está más allá de él, en la eternidad del amor. Al cambiar tu percepción, no estás cambiando el mundo en sí, sino despertando a la verdad de que el mundo nunca fue real. Y en ese despertar, encuentras la paz que siempre ha sido tu herencia.

    IV Has construido una idea de ti mismo basada en limitaciones, y por eso lo limitas todo. Limitar es separar. Lo que está funcionando ahora en tu mente es simplemente la idea fragmentante de la separación, infinitamente fractalizada y proyectada fuera de ti. No es más que eso, y además, es falsa, pero, una vez más, sí puedes creer en ella y así brindarle una existencia espuria.

    Cada vez que perdonas, es un don que te concedes a ti mismo, y tu corazón se alegra por ello. Tu mente está ahora confundida, porque es libre y puede pensar lo que le venga en gana. Puede pensar cualquier tontería, pero no puede hacer que eso sea verdad, y nunca lo será. Tu corazón no es libre, porque no es causa, sino efecto del pensar de tu mente. Tú eres libre para pensar, mas no para sentir. Siempre sentirás en función de cómo piensas; en eso no hay opción.

    El perdón es un presente que le haces al Cielo y a ti mismo, y tu corazón simplemente te lo confirma. Al perdonar, estás eligiendo soltar las ilusiones que te atan y abrirte a la verdad de que eres libre, completo y eternamente unido a la Fuente de todo amor. Este acto de liberación no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la experiencia directa de la paz y la felicidad que son tu herencia natural.

    Recuerda: el perdón no es un acto de debilidad, sino de fortaleza. Es la decisión consciente de dejar atrás lo que te limita y abrazar la verdad de tu Ser. Al hacerlo, no solo te liberas a ti mismo, sino que también contribuyes a la sanación del mundo, pues al cambiar tu mente, cambias el mundo que proyectas.

    Así, el perdón se convierte en un puente entre la ilusión y la verdad, entre el miedo y el amor. Es el regalo más grande que puedes darte a ti mismo y al mundo, porque al perdonar, estás recordando quién eres realmente: un ser de luz, amor y paz, eternamente conectado a la Fuente de todo lo que es.

    V Esta es la fortaleza de la mansedumbre. Como se menciona en el Manual para Maestros, en M-5.IV.2:1-2: «… los maestros de Dios son absolutamente mansos. Necesitan la fortaleza que proporciona la mansedumbre, pues gracias a ella les resulta fácil cumplir su función de salvación». La mansedumbre no es debilidad, sino una poderosa cualidad que surge de la comprensión de que no hay necesidad de luchar, defenderse o imponerse. Al ser manso, reconoces que tu verdadera fortaleza no proviene de ti mismo, sino de Dios, y que es en la rendición donde encuentras tu poder más auténtico.

    Recuerda también que, mediante tu perdón, invocas el Poder de Dios. Como se señala en M-5.I.1:5-8: «… (el mundo) está gobernado por un Poder que está en ellos, pero que no es de ellos. Este Poder es lo que mantiene todas las cosas a salvo. Mediante este Poder, los maestros de Dios contemplan un mundo perdonado. Una vez que se ha experimentado este Poder, es imposible confiar de nuevo en la insignificante fuerza de uno mismo».

    El perdón es el medio a través del cual te conectas con este Poder divino. Al soltar los juicios, los resentimientos y las ilusiones, te abres a la presencia de Dios en tu mente y permites que Su amor y Su fuerza fluyan a través de ti. Este Poder no es algo que puedas generar por ti mismo; es un regalo que recibes cuando eliges alinearte con la verdad y dejar atrás las falsedades del ego.

    La mansedumbre y el perdón van de la mano, pues ambos requieren que renuncies a la idea de que tú estás a cargo o que necesitas controlar algo. En lugar de confiar en tu propia fuerza limitada, confías en el Poder de Dios, que es infinito y siempre presente. Al hacerlo, te conviertes en un canal de Su amor y Su paz, y el mundo que percibes se transforma en un reflejo de esa luz.

    Así, la mansedumbre se convierte en una expresión de tu verdadera fortaleza, y el perdón en la llave que te permite acceder al Poder divino. Juntos, te guían hacia la realización de tu función como maestro de Dios, ayudándote a ver un mundo perdonado y a recordar la unidad que siempre ha existido.

    VI Es importante que te des cuenta de que el perdón tiene el poder sanador del milagro. El perdón, de hecho, es la antesala del milagro. Al deshacer las ilusiones, el perdón deja tu mente limpia y receptiva, permitiendo que la luz de la verdad obre el milagro. Por eso, el perdón no solo induce el milagro sanador en tu mente, sino también en la mente de aquellos que parecen estar separados de ti en el ámbito ilusorio del espacio-tiempo, porque, en definitiva, es la misma mente.

    El perdón actúa como un puente entre la ilusión y la verdad. Al soltar los juicios, los resentimientos y las falsas percepciones, estás despejando el camino para que el amor y la luz de Dios fluyan libremente a través de ti. Este acto de liberación no solo te beneficia a ti, sino que también tiene un impacto profundo en la mente colectiva, pues en realidad no hay separación. Lo que sanas en ti, lo sanas en todos.

    El milagro es la expresión natural de una mente que ha sido purificada por el perdón. No es un evento mágico o sobrenatural, sino un cambio de percepción que te permite ver más allá de las ilusiones y reconocer la verdad. Cuando perdonas, estás eligiendo ver con los ojos del amor en lugar de los del miedo, y eso es lo que hace posible el milagro.

    Recuerda que el perdón no es un acto de condescendencia ni de sacrificio; es un regalo que te das a ti mismo y al mundo. Al perdonar, estás afirmando que prefieres la paz al conflicto, el amor al miedo, y la verdad a la ilusión. Y al hacerlo, estás contribuyendo a la sanación de la mente única que todos compartimos.

    Así, el perdón se convierte en una herramienta poderosa para transformar no solo tu vida, sino también el mundo que percibes. Al elegir perdonar, estás eligiendo la luz sobre la oscuridad, la unidad sobre la separación, y el amor sobre el miedo. Y en esa elección, encuentras la paz y la felicidad que siempre han sido tu herencia.

  • LECCIÓN 61

    Soy la luz del mundo.

    1. ¿Quién es la luz del mundo sino el Hijo de Dios? I  

    2Esto, entonces, no es más que declarar la verdad acerca de ti mismo.

    3Es lo opuesto a una declaración de orgullo, arrogancia o autoengaño.

    4No describe el concepto de ti mismo que tú has forjado.

    5No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos.

    6Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios.

    7Simplemente afirma la verdad.

    2. Para el ego, la idea de hoy es el epítome de la autoglorificación.

    2Mas el ego no entiende la humildad, pues la confunde con el autodesprecio.

    3La humildad consiste en aceptar tu papel en la salvación, y en no aceptar ningún otro.

    4No es humildad insistir en que tú no puedes ser la luz del mundo si esa es la función que Dios te asignó.

    5Afirmar que esa no puede ser tu función es solo arrogancia, y la arrogancia es siempre cosa del ego.II

    3. La verdadera humildad requiere que aceptes la idea de hoy, porque es la Voz de Dios la que te dice que eso es verdad.III

    2Este es un paso inicial para que aceptes tu verdadera función en la tierra.

    3Es un paso gigantesco para ocupar el lugar que te corresponde en la salvación.IV

    4Es una clara afirmación de tu derecho a ser salvado, y un reconocimiento del poder que se te ha otorgado para salvar a otros.

    4. Hoy te conviene pensar en esta idea tan a menudo como sea posible.

    2Es la respuesta perfecta a todas las ilusiones y, por lo tanto, a toda tentación.

    3Esta idea lleva todas las imágenes que has concebido acerca de ti mismo ante la verdad, y te ayuda a partir en paz, sin cargas y seguro de tu propósito.V

    5. Hoy deben realizarse tantas sesiones de práctica como sea posible, aunque cada una no necesita durar más de uno o dos minutos.

    2Debieras comenzar diciéndote a ti mismo:

    3Soy la luz del mundo.

    4Esa es mi única función.

    5Esa es la razón por la que estoy aquí.

    6Luego, piensa en estas afirmaciones durante un rato, preferiblemente con los ojos cerrados si la situación lo permite.VI

    7Deja que te vengan algunos pensamientos relacionados, y repite la idea para ti mismo si ves que tu mente divaga y se aleja del pensamiento central.VII

    6. Asegúrate de empezar y terminar el día hoy con esta práctica.

    2Así te despertarás reconociendo la verdad acerca de ti mismo, la reforzarás a lo largo del día, y te irás a dormir reafirmando tu función y tu único propósito aquí. 

    3Estas dos prácticas pueden ser más largas que las otras, si te resultan útiles y deseas prolongarlas.

    7. La idea de hoy va mucho más allá de las mezquinas opiniones del ego sobre lo que tú eres y sobre cuál es tu función.

    2Como portador de la salvación, esto, obviamente, es necesario.

    3Este es el primero de una serie de pasos gigantescos que daremos a lo largo de las próximas semanas.

    4Intenta hoy comenzar a construir una base firme para estos avances.VIII

    5Eres la luz del mundo.

    6Y Dios ha edificado Su plan para la salvación de Su Hijo sobre ti.


    I Mateo 5:14 «Tú eres la luz del mundo. Una ciudad asentada en una colina no puede ocultarse».

    Juan 8:12 «Entonces Jesús volvió a hablarles diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”».

    Juan 9:5 «Cuando estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo».

    La expresión «luz del mundo» aparece 42 veces en el Curso; 9 en el Texto y 33 en el Libro de Ejercicios.

    En las siguientes Lecciones se abordarán de manera consecutiva los tres aspectos del Ser, conocidos como la célebre tríada divina: Luz (Lecciones 61, 62, 63 y 75), Amor (Lecciones 67 y 68) y Voluntad (Lecciones 73 y 74). El propósito de estas Lecciones es ayudarte a identificarte con estos tres aspectos de tu verdadero Ser.

    II Ante este tipo de ideas, es posible que sientas la tendencia a buscar un curioso compromiso. Entiendes y aceptas la noción del «ego», y también, hasta cierto punto, comprendes el concepto de «Hijo de Dios», simpatizando con la idea de que esa es tu verdadera identidad. Sin embargo, sorprendentemente, concibes una tercera identidad, a la que no das nombre pero que consideras como «tú mismo». Este peculiar personaje oscila de manera incierta entre el nefasto ego —cuando te ves pensando o haciendo algo que consideras malo— y un estado mental «más neutro» o quizás «más bondadoso». Esto surge de la repugnancia que sientes al identificarte plenamente con tu ego, al que atribuyes cualidades esencialmente malignas. 

    En realidad, esto no es así. En primer lugar, es importante entender que el ego no es una entidad ni tiene existencia alguna. El término «ego» se utiliza en este Curso para referirse a un mal uso de la mente, y eso es una cuestión de grados. Jesús te explica que una parte de tu santa mente funciona mal; la llama «la parte inferior o errónea» de la mente, y también te dice que ese es el reino del ego, el ámbito de las ilusiones. Absolutamente toda tu experiencia humana ocurre en ese ámbito; en esa mente. Es el escenario del mundo, del tiempo y del espacio. Es la ilusión en la que se sumerge la mente del Hijo de Dios que cree en la idea de la separación. La idea en sí misma es una locura, y lo que esa mente experimenta no es verdad: es una alucinación. 

    Tú, Hijo de Dios, estás eternamente en el Corazón de Dios. Tú, como ser humano, estás siempre en el ego, en un estado de mentalidad errónea en mayor o menor grado. Cuando condenas, estás absolutamente equivocado; cuando perdonas, estás muchísimo menos confundido, pero sigues en tu ego. Y el Hijo de Dios ignora por completo lo que significa una cosa o la otra. 

    Este Curso es un entrenamiento mental para la mente egoica, para que funcione mejor, para que deje de experimentar pesadillas y finalmente despierte a su condición divina. La enfermedad mental que padeces es extraordinariamente insidiosa, y la identidad que has construido para ti mismo está completamente sumergida en ella, hasta el punto de que no tienes ninguna perspectiva válida; los peces no saben que viven en el agua. Tú no puedes salvarte a ti mismo. No sabes lo que más te conviene. Por eso, la Expiación no depende de ti. 

    Tú eres el Amor de Dios y no estás en este mundo, pero mientras creas que sí, te conviene verte a ti mismo como la luz del mundo, y así disipar un poco las sombras de este tenebroso lugar imaginario.

    III La Lección de hoy es de una importancia capital, ya que abre el camino hacia la verdadera humildad, la humildad de tu ego, la única que realmente se necesita. La palabra humildad proviene del latín humus, que se refiere a la tierra fértil que resulta de la descomposición de las cosas vivas. Fíjate bien en el símbolo: el deshacimiento de aquello que parece vivo, de los aparentes «seres» vivos, propicia un ámbito fértil para que nazca la verdadera Vida, tu Ser. 

    Tú, sin duda, tienes un montón de opiniones acerca de ti mismo, y también es evidente que crees que esas definiciones son correctas, pues, de lo contrario, no las sostendrías. Ese carácter omnisciente que te atribuyes —creer que lo que piensas es verdad— es la arrogancia del ego que Jesús expone aquí. Tu ego, que no sabe nada, te dicta una definición de tu propia identidad que aceptas sin cuestionarla en absoluto, y a partir de esa idea demente de ti mismo proyectas un mundo igualmente demencial. 

    Esta Lección te ofrece una visión diferente de lo que tú eres. No es necesario que la creas de inmediato, pero sí es esencial que le des una oportunidad. Desde la humildad, abre tu mente e invita a esta nueva perspectiva a que se instale en ti. Luego, observa cómo te sientes al albergar a semejante invitado. 

    La verdadera humildad no consiste en menospreciarte, sino en reconocer que las definiciones que has aceptado sobre ti mismo son ilusorias y que, en tu esencia, eres algo mucho más grande y verdadero de lo que tu ego jamás podría concebir. Al abrirte a esta idea, permites que la luz de la verdad comience a disipar las sombras de la ilusión, preparando el terreno para que florezca la conciencia de tu Ser real.

    IV Esta Lección es la primera de los «pasos gigantescos» del Libro de Ejercicios. Las otras Lecciones identificadas como pasos gigantescos son la 66, 94, 127, 130, 135 y 194.

    V Lucas 2:29-30, 32 «Señor, deja que tu siervo parta en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación […] luz para iluminar a los gentiles».

    Esto lo expresa Simeón, quien, tras haber visto al niño Jesús —la luz del mundo—, declara que ya puede morir en paz. De manera similar, aquí, al haber reconocido que tu verdadera condición es ser la luz del mundo, puedes dar el primer paso gigantesco y comenzar a alejarte en paz de tu falsa identidad. 

    Al igual que Simeón, que encontró plenitud y paz al contemplar la luz divina, tú también puedes experimentar una profunda liberación al reconocer tu verdadera esencia. Este reconocimiento no es un mero acto intelectual, sino un despertar espiritual que te permite soltar las ataduras de la ilusión y avanzar hacia la verdad de tu Ser. 

    Este primer paso no implica un esfuerzo titánico, sino una rendición consciente a la verdad que ya reside en ti. Al dejar atrás la identidad falsa que has construido, te acercas a la paz que surge de saber quién eres realmente: la luz del mundo, un reflejo puro del amor y la perfección divina. 

    Así como Simeón pudo descansar en paz tras su encuentro con lo sagrado, tú también puedes encontrar tranquilidad y certeza al abrazar tu verdadera naturaleza. Este es el comienzo de un viaje transformador, en el que cada paso te aleja de las sombras de la ilusión y te acerca a la plenitud de tu Ser.

    VI Esta práctica de reflexionar sobre los enunciados se asemeja, sin duda, a la práctica del Primer Repaso que acabas de completar. En ambos casos, se trata de un ejercicio mental en el que te invitas a ti mismo a adoptar las ideas presentadas, recordándote sus beneficios y respaldando tu decisión con razonamientos claros y conscientes. 

    Durante el Primer Repaso, te enfocaste en internalizar las ideas clave, recordando su significado y cómo pueden transformar tu percepción. De manera similar, al pensar en los enunciados que se te presentan ahora, estás reforzando tu compromiso con un nuevo marco mental, uno que te libera de las ilusiones del ego y te acerca a la verdad de tu Ser. 

    Este proceso no es meramente repetitivo, sino profundamente transformador. Al recordarte los beneficios de estas ideas y apoyar tu decisión de aceptarlas de manera racional, estás cultivando una mente más abierta y receptiva a la verdad. Cada vez que repasas estos conceptos, estás despejando un poco más el camino hacia la claridad y la paz interior. 

    En esencia, esta práctica es un entrenamiento mental que te prepara para vivir desde una perspectiva más elevada, donde las ilusiones pierden su poder y la luz de la verdad brilla con mayor intensidad. Así como el Primer Repaso sentó las bases para un cambio profundo, esta práctica continúa construyendo sobre ese cimiento, guiándote hacia una comprensión más plena de tu identidad verdadera.

    VII Se trata de la práctica de dejar venir los pensamientos afines, que se introdujo formalmente en la Lección 42. Consulta esa Lección para obtener instrucciones detalladas.

    VIII Lucas 6:48 «Es como un hombre que construye una casa, que cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando la inundación se produjo, la corriente golpeó con fuerza esa casa, y no pudo derribarla porque estaba fundada sobre la roca».

  • LECCIÓN 60

    Estas ideas son para el repaso de hoy: L-46 a L-50

    1. L-46 «Dios es el Amor en el que perdono».

    2Dios no perdona porque Él jamás ha condenado.

    3Los que están libres de culpa no pueden culpar, y aquellos que han aceptado su inocencia no ven nada que perdonar.

    4No obstante, el perdón es el medio por el que reconoceré mi inocencia.I

    5El perdón es el reflejo del Amor de Dios en la tierra.

    6El perdón me acercará tanto al Cielo que el Amor de Dios podrá descender hasta mí y elevarme a mi hogar.

    2. L-47 «Dios es la Fortaleza en la que confío».

    2No perdono por medio de mi propia fortaleza.

    3Perdono por medio de la Fortaleza de Dios en mí, la cual recuerdo al perdonar.II

    4Cuando comienzo a ver, reconozco Su reflejo en la tierra.

    5Entonces, lo perdono todo, porque siento el despertar de Su Fortaleza en mí.

    6Y empiezo a recordar el Amor que yo decidí olvidar, pero que no se olvidó de mí.

    3. L-48 «No hay nada que temer».

    2¡Qué seguro me parecerá el mundo cuando pueda verlo de verdad!

    3No se parecerá en nada a lo que ahora imagino ver.

    4Todo el mundo, y todo cuanto vea, se inclinará ante mí para bendecirme.

    5Y en todos reconoceré a mi Amigo más querido.

    6¿¡Qué podría temer en un mundo al que he perdonado y que me ha perdonado a mí!?III

    4. L-49 «La Voz de Dios me habla durante todo el día».

    2No hay un solo instante en el que la Voz de Dios no invoque mi perdón para salvarme.

    3No hay un solo instante en el que Su Voz no dirija mis pensamientos, guíe mis actos y encamine mis pies.IV

    4Camino con paso firme hacia la verdad.

    5No hay ningún otro lugar al que pueda ir, porque la Voz de Dios es la única voz y la única guía que le ha sido dada a Su Hijo.

    5. L-50 «El Amor de Dios me sustenta».

    2Cuando escucho la Voz de Dios, Su Amor me sustenta.

    3Cuando abro mis ojos, Su Amor ilumina el mundo para que yo lo vea.

    4Cuando perdono, Su Amor me recuerda que Su Hijo está libre de pecado.

    5Y cuando contemplo el mundo con la visión que Él me ha otorgado, recuerdo que yo soy Su Hijo.V


    I Esta es una idea muy simple y perfectamente asequible, ya que es fácil de experimentar; funciona en toda circunstancia sin excepción. Siempre que perdonas de verdad, tu corazón da un brinco de alegría, liberándose de una pesada carga y alzándose ligero y feliz. Esto ocurre siempre, sin posibilidad de excepción. Si perdonas de verdad, tu corazón te confirmará con certeza que eso beneficia profundamente a tu alma.

    ¡Atención! Lo contrario también es cierto. Siempre que te sientas mal, cuando tu corazón esté compungido y grite de dolor, es porque estás pensando algo que no es verdad y te estás haciendo daño a ti mismo. Tu corazón es una guía certera hacia la verdad. Escúchalo. Presta atención a tus estados emocionales, pues están ahí precisamente para indicarte cómo estás usando la mente. No ignores sus advertencias. Elige siempre ser feliz. Y, cuando te sientas mal, cuando tu corazón te lo advierta, recuerda que aquello en lo que estabas pensando debe ser falso; busca una nueva manera de contemplarlo y rectifica tu mente.

    La toma de conciencia de tus emociones y una sana vigilancia mental son requisitos imprescindibles para navegar con seguridad a través de un mundo de ilusiones. Usa bien estos recursos, porque, literalmente, te salvarán la vida.

    II Estas dos líneas son fundamentales porque revelan la clave del perdón verdadero. Tú eres quien decide perdonar; esa es tu elección y tu papel en el proceso. Sin embargo, el perdón se lleva a cabo gracias a la Fortaleza de Dios en ti.

    No puedes perdonar por ti mismo, lo cual es lógico, ya que tú fuiste quien condenó. Ahora, eres quien ha optado por el perdón, quien ha tomado una nueva decisión y ha elegido liberarse de la condena. Pero el perdón se hace efectivo a través de la Fortaleza de Dios en ti, que es infalible.

    Por lo tanto, no hay justificación para decir que «no puedes perdonar». Sé sincero contigo mismo y admite, en todo caso, que «no quieres perdonar», porque lo único que se requiere de ti en este proceso es tu buena voluntad, nada más. Una vez que estés dispuesto, la Fortaleza de Dios se encargará del resto, liberándote del rencor y devolviéndote la paz.

    Cuando Jesús menciona aquí la «propia fortaleza», se refiere a aquella que tú mismo te atribuyes, la fortaleza de tu ego. En realidad, tu verdadera y única fortaleza es la Fortaleza de Dios, pues Él te otorgó Su Propia Fortaleza al crearte. No posees otra fortaleza que esa, ya que la que ahora crees tener pertenece al ámbito de las ilusiones y solo existe en tu imaginación. 

    Siempre que pienses en alguna cualidad que te asignas, y que puedas medir o comparar con la de otros, date cuenta de que estás hablando de tu ego, y que aquello en lo que piensas no es real. Todas esas cualidades o virtudes que percibes en ti mismo o en los demás son solo imaginaciones tuyas; no tienen realidad. Puede que hables de cualidades excelsas que contemplas con complacencia, incluso esforzándote por cultivarlas para ser más humilde, generoso, confiado, valiente, amable, cortés o lo que sea; no importa. Todo eso es imaginario y se refiere a características de tu ego. 

    Y no hay nada malo en ello. No hay nada malo en querer ser una persona mejor. Pero date cuenta de un pequeño detalle: tú no eres una persona ni lo serás jamás; tú eres el Hijo de Dios, y eres perfecto tal como eres ahora mismo. No necesitas mejorar; solo necesitas reconocer tu legítima gloria. 

    Seguir fielmente lo que este Curso te propone puede parecer que te convierte en una mejor persona, más amorosa y menos crítica, pero eso se debe a que este Curso opera en el ámbito de la ilusión. Recuerda G-1.3:1: «Este Curso opera en el ámbito del ego, pues es ahí donde se necesita». 

    Tú, Hijo de Dios, no necesitas mejorar; fuiste creado perfecto… y lo sigues siendo en la Realidad. En verdad, lo único que necesitas es dejar de tomar en serio esa idea descabellada de que estás separado de tu Padre. No es verdad, y, además, te hace daño; te perjudica. 

    Fíjate en todas las ideas que repasas hoy: simplemente son declaraciones de la condición de tu verdadera identidad. Te hablan de características de diferentes aspectos de tu propio Ser, pero contemplados desde la perspectiva de la ilusión. Todo esto forma parte de tu entrenamiento mental, de la purificación de esa «parte inferior» de la mente en la que crees vivir y que te permitirá acceder a los milagros. Recuerda el Principio 7 de los milagros: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación». Esta purificación ocurre cuando estas ideas se convierten en tu manera habitual de pensar.

    III El resultado del perdón verdadero es la aceptación total de aquello que has perdonado. Cuando perdonas de verdad, ofreces una aceptación sin reservas, y no existe poder más grande en este mundo que el de aceptar plenamente, porque tampoco hay anhelo más profundo en el corazón humano.

    Nadie puede resistirse a tu aceptación, porque eso es precisamente lo que todos buscan en los demás y en sí mismos. En la aceptación genuina, el miedo no tiene cabida. Por eso, en un mundo perdonado no hay nada que temer, ya que la aceptación disuelve todo juicio y todo temor, revelando la paz que siempre ha estado presente.

    IV Lucas 1:79 «Para alumbrar a los que viven en tinieblas y a la sombra de la muerte, para guiar nuestros pies por el camino de la paz».

    La Voz de Dios me habla durante todo el día, eso es cierto, pero ¿le presto atención? ¿No será que, en realidad, mi mente está absorta en el incesante monólogo interno, en la voz del ego?

    Para escuchar la Voz de Dios, es necesario aquietar la mente. Solo en el silencio interior se puede percibir Su guía.

    Recuerda cómo Jesús reformula la cita bíblica: «Muchos son los llamados, pero pocos son elegidos». En realidad, debería decir: «Todos son llamados, pero pocos eligen escuchar» (T-3.VIII.19:2).

    V Concluimos la Lección de hoy con este bello pensamiento, eco de los antiguos salmos bíblicos: 

    En la quietud de mi corazón, reconozco Tu Presencia.

    En la luz de Tu Amor, encuentro mi verdadero Ser.

    No hay oscuridad que pueda ocultar Tu Gloria, ni ilusión que pueda nublar mi visión.

    Tú eres mi fortaleza, mi refugio y mi paz.

    En Ti, todo temor se desvanece, y solo queda la certeza de Tu Amor eterno.

    Hoy elijo recordar quién soy en Ti, y descansar en la seguridad de Tu Creación Perfecta.

    Amén.

    Esta oración, inspirada en la profundidad y el ritmo de los salmos, nos invita a conectar con la esencia divina que reside en nosotros, recordándonos que, más allá de las ilusiones del ego, nuestra verdadera identidad es eterna y perfecta en Dios.

  • LECCIÓN 59

    Estas ideas son para repasar hoy: L-41 a L-45 I

    1. L-41 «Dios va conmigo dondequiera que yo voy».II

    2¿Cómo puedo estar solo cuando Dios siempre va conmigo?

    3¿Cómo puedo dudar y sentirme inseguro de mí mismo cuando en Él reside la perfecta certeza?

    4¿Cómo puedo estar perturbado por algo cuando Él descansa en mí en absoluta paz?

    5¿Cómo puedo sufrir cuando el amor y la dicha me rodean gracias a Él?

    6Que no albergue ilusiones acerca de mí mismo.

    7Soy perfecto porque Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

    2. L-42 «Dios es mi Fortaleza; la visión es Su Don».III

    2Que hoy no recurra a mis propios ojos para ver.

    3Que me muestre dispuesto a cambiar mi lamentable ilusión de ver por la visión que Dios me ha dado.

    4La visión de Cristo es Su Don, y Él me la ha concedido.

    5Que invoque hoy ese don para que este día me ayude a comprender la eternidad.

    3. L-43 «Dios es mi Fuente; no puedo ver separado de Él».IV

    2Yo puedo ver aquello que Dios quiere que vea.

    3No puedo ver ninguna otra cosa.

    4Más allá de Su Voluntad solo hay ilusiones.

    5Eso es lo que elijo cuando pienso que puedo ver separado de Él.

    6Eso es lo que elijo cuando trato de ver mediante los ojos del cuerpo.

    7Mas se me ha dado la visión de Cristo para reemplazarlos.

    8Hoy elijo ver por medio de esa visión.

    4. L-44 «Dios es la Luz en la que veo».V

    2No puedo ver en la oscuridad.

    3Dios es la única Luz.

    4Por lo tanto, si he de ver, debe ser por medio de Él.

    5He tratado de definir lo que significa ver, y me he equivocado.

    6Ahora se me ha otorgado la comprensión de que Dios es la Luz en la que veo.

    7Que dé la bienvenida a la visión y al mundo feliz que me mostrará.

    5. L-45 «Dios es la Mente con la que pienso».VI

    2No tengo ningún pensamiento que no comparta con Dios.

    3No tengo ningún pensamiento separado de Él, porque mi mente no está separada de la Suya.

    4Al ser yo parte de Su Mente, mis pensamientos son Suyos y Sus Pensamientos son míos.


    I Las cinco ideas de hoy son absolutamente ciertas, pero también es cierto que son absolutamente increíbles. Tú no las crees. Si las creyeras, no estarías aquí. De hecho, no lo estás, pero, como en lugar de creer la verdad que estas Lecciones expresan, has elegido creer otra cosa, ahora crees estar en este mundo, lo cual no es en absoluto cierto.

    Creer es pensar que lo que imaginas es verdad. Mas la verdad no la puedes imaginar; la verdad solo la puedes ser, porque tú eres la verdad. Pero eso también es increíble, porque tampoco lo puedes imaginar. Lo único que puedes imaginar son las ilusiones, porque eso es precisamente lo que las ilusiones son: imaginaciones. Las imágenes no son reales, porque la realidad es perfectamente abstracta, y tú eres real; por eso, no puedes imaginar lo que eres, solo lo puedes ser.

    Creer es hacer un mal uso de la mente. Tu mente fue creada para crear, no para creer. Creer no sirve para nada bueno, así que no te preocupes en absoluto si no puedes creer en las cinco ideas de hoy; es algo perfectamente natural. Nunca podrás creer en ellas; son intrínsecamente increíbles porque son la verdad. No te preocupes. Eres el Hijo de Dios, aunque no lo creas, ni lo puedas creer. No pierdas el tiempo intentando creer; simplemente confía y trabaja.

    Jesús no te pide que creas en las ideas que te propone. Hoy merece especialmente la pena que vuelvas a leer despacio la introducción a este Libro de Ejercicios:

    «Algunas de las ideas expuestas te resultarán difíciles de creer, y otras te parecerán bastante sorprendentes. Todo eso no importa. Simplemente se te pide que las apliques a lo que ves. No se te pide que las juzgues, ni siquiera que las creas. Se te pide simplemente que las uses. Su uso es lo que hará que tengan sentido para ti y te demostrarán que son verdaderas. Recuerda solo esto: No es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptas. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de esto importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que los ejercicios contienen. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas. No se requiere nada más que eso».

    II Este es un pensamiento sumamente poderoso. Cuanto más lo utilices, mayores serán sus efectos. Transformará tu vida y te llenará de confianza y seguridad. No basta con repetirlo; necesitas reflejarlo en cada una de tus acciones. Esfuérzate por encarnar esta idea poderosa en todo momento.

    Para que el aprendizaje sea verdaderamente efectivo, debe experimentarse plenamente en sus dos dimensiones. La primera es receptiva: consiste en abrirse por completo a la idea que deseas arraigar en tu mente. La segunda, igual de importante o incluso más, es cuando interiorizas esa idea al compartirla con otros.

    Por eso, no solo te repitas a ti mismo que Dios siempre te acompaña; actúa como alguien que realmente siente su presencia. Hazlo así y observa los resultados.

    III Este pensamiento apela a la humildad. Con Dios lo puedes todo; sin Él, solo vivirás un sueño de miedo, soledad y muerte. Al vincular tu fortaleza con Dios, te haces invulnerable al desánimo, al peligro y a la tentación.

    Aplica esta idea del mismo modo que la anterior: no te limites a repetirla; pon la Fortaleza de Dios en acción y utilízala en todo lo que hagas. Rechaza siempre cualquier pensamiento de debilidad y sé realista: Dios está contigo e infunde Su Fortaleza en todo lo que emprendas con fe.

    IV Pensar que puedes ver algo significativo sin Dios es tan iluso como creer que puedes conocer la realidad mirando el televisor. Puedes convencerte de ello, pero no deja de ser una idea absurda. Siempre que el mundo te deprima o te atemorice, puedes estar absolutamente seguro de que no estás viendo nada real; simplemente estás soñando. Has caído en un profundo sopor hipnótico, y eso que crees ver no es más que una ilusión.

    Los ojos del cuerpo no fueron hechos para ver la realidad, sino para soñar. El problema es que tu sistema de pensamiento está invertido y lo interpretas todo al revés. La Realidad no está fuera de ti; la Realidad es el Reino de Dios que reside en tu interior y que, en esencia, eres tú.

    En este mundo, solo puedes vislumbrar «aspectos» de la Realidad en forma de reflejos de amor en todo aquello que contemplas. Estos destellos de amor son los ecos de la verdad que trascienden las ilusiones del mundo y te recuerdan tu origen divino. Cuando logras ver con los ojos del espíritu, reconoces la luz detrás de las apariencias y percibes la esencia divina que conecta a todo y a todos.

    Aceptar esto requiere un cambio profundo en tu manera de ver y comprender. Se trata de una transformación interior que te lleva a mirar más allá de las formas y apariencias para reconocer lo eterno e inmutable. Al hacerlo, comienzas a despertar del sueño del mundo y a recordar tu verdadera identidad.

    V Fíjate en que todo depende de qué es lo que quieres ver. Si usas la luz del mundo para interpretar lo que tienes ante ti, seguirás viendo el mundo triste y culpable que casi todos ven aquí, que es el que tú te has concedido hasta ahora. Pero, ¿es eso lo que quieres seguir viendo? ¿Es eso lo que quieres seguir sintiendo?

    VI Reconoce que todavía no entiendes bien qué es la mente ni lo que significa pensar. Le llamas pensar a relacionar conceptos mediante funciones previamente establecidas. Eso no es pensar verdaderamente; eso solo es procesar datos.

    El mundo distingue entre «inteligencia humana» e «inteligencia artificial» y se sorprende de que una máquina pueda «pensar» igual que un humano o mejor. El mundo todavía no se ha dado cuenta de que eso no tiene nada de sorprendente, de que la inteligencia humana también es artificial, y por eso las máquinas la pueden emular. Eso no es más que pensamiento algorítmico; aplicar determinadas funciones a determinados conceptos. Solo eso.

    Pensar es crear, es engendrar Vida a partir de la Vida. Pensar es extender la existencia; es lo que haces cuando creas en la realidad celestial, y así es como engendras tus Creaciones, Hijo de Dios.

  • LECCIÓN 58

    Estas son las ideas para repasar hoy: L-36 a L-40

    1. L-36 «Mi santidad envuelve todo lo que veo».I

    2La percepción del mundo real proviene de mi santidad.

    3Al haber perdonado, ya no me veo culpable.II

    4Puedo aceptar la inocencia que es la verdad acerca de mí. 

    5Cuando miro al mundo con ojos que comprenden, únicamente veo su santidad, pues solo visualizo los pensamientos que albergo acerca de mí mismo.

    2. L-37 «Mi santidad bendice al mundo».III

    2La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí.

    3Todo el mundo y todas las cosas que veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda.

    4No hay nada que esté excluido de esta dicha, porque no hay nada que no comparta mi santidad.

    5Al reconocer mi propia santidad, la santidad del mundo resplandece para que todos la vean.

    3.  L-38 «No hay nada que mi santidad no pueda hacer».IV

    2El poder de sanación de mi santidad es ilimitado, porque su poder de salvación también lo es.

    3Mas ¿de qué he de salvarme sino de las ilusiones?

    4¿Y qué son todas las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí mismo?

    5Mi santidad las deshace todas, afirmando la verdad acerca de mí .

    6En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos se desvanecen.

    4. L-39 «Mi santidad es mi salvación».V

    2Puesto que mi santidad me salva de toda culpa, reconocerla es reconocer mi salvación.

    3Y también es reconocer la salvación del mundo.

    4Una vez que he aceptado mi santidad, nada puede atemorizarme.

    5Al no tener miedo, todos comparten mi comprensión, que es el Don de Dios para mí y para el mundo.VI

    5. L-40 «Soy bendito por ser un Hijo de Dios».VII

    2En esto reside mi derecho a todo lo bueno, y solo a lo bueno.

    3Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

    4Todo lo bueno es mío porque Dios lo destinó para mí.

    5No puedo sufrir ninguna pérdida, privación o dolor por ser quien soy.

    6Mi Padre me sustenta, me protege y me guía en todo.

    7Su cuidado por mí es infinito, y por siempre me acompaña.

    8Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.VIII


    I Mi santidad envuelve todo lo que veo porque ahora todo lo veo desde mi santidad. Siempre ha estado ahí, la diferencia es que ahora la reconozco en mí.

    II El perdón y la oración son los únicos recursos de los que dispones en este mundo de ilusión. Caminas atemorizado y absorto en tus propios pensamientos de condena, pecado y muerte; los ves como si estuvieran fuera de ti mismo, sin darte cuenta de que son de tu propia factura. Esa falta de responsabilidad del mundo que crees ver es lo que te convierte en víctima de ti mismo. Perdona lo que crees ver, no con un sentido de superioridad moral y bondad, sino porque todo eso no es real; es fruto de tus propias alucinaciones, y tú no quieres seguir sufriendo.

    La mayor dificultad con la que te vas a enfrentar para abordar tu propia liberación es que todavía no has decidido de verdad que, efectivamente, quieres dejar de sufrir. Has confundido el placer con el dolor, y los percibes de manera invertida. Fíjate en el perverso placer que encuentras en la culpa y la venganza, y te darás cuenta de que es así. Con frecuencia, el sufrimiento de otros te consuela; tu propio sufrimiento, a veces, lo encuentras redentor.

    Lo que este Curso denomina «percepción verdadera» te liberará de esas interpretaciones erróneas. Todavía eso no es la visión verdadera, pero es lo que te conduce hacia ella. Es el necesario proceso de purificación por el que debes pasar para que puedas reclamar tu derecho a obrar milagros.

    III Mi santidad bendice al mundo porque eso es lo que hace la santidad, esa es su condición. La santidad es la condición de la existencia; la existencia es santa y crea extendiéndose a sí misma. En el mundo, a esa extensión, a esa creación, se le llama «bendecir».

    IV En realidad, la santidad solo puede hacer una cosa: extender lo que ella es. No le pidas a la santidad otra cosa, porque no puede dártela. No le pidas que “mejore” tus ilusiones ni que ajuste la realidad a tus expectativas, porque eso sería perpetuar el engaño. La santidad no acomoda ilusiones; simplemente las disuelve afirmando la verdad.

    Lo que sí hará, sin embargo, es verse a sí misma en todo lo que contemple. Al reconocer su propia esencia en todo, deshace las falsas ideas acerca de ti mismo, liberándote de las ilusiones. El mundo no es real; es un espejo en el que ves reflejada la idea que tienes de ti. Pero cuando miras con santidad, ya no ves proyecciones distorsionadas, sino un reflejo de la verdad que compartes con Dios. Entonces, todos los ídolos se desvanecen, y lo único que permanece es lo que siempre ha sido: la santidad misma, tu verdadera condición.

    V Mi santidad es mi salvación porque mi santidad es mi condición. Mi santidad es la verdad acerca de mí, la reconozca o no.

    VI Desde este lado del espejo, aquí, en este mundo de ilusiones, los valores reales como la santidad te resultan incomprensibles. Has limitado tantísimo tu propia mente que solo eres capaz de manejar conceptos ilusorios; por eso, la noción de santidad se te hace inasequible. El ámbito en el que crees vivir es una perfecta inversión del Cielo, y esa es la razón por la que te resulta mucho más fácil tratar con conceptos negativos.

    Dada tu triste situación, quizás entiendas mejor esta idea si dices: «Mi inocencia es mi salvación». La idea de inocencia la entiendes bien, porque es un concepto negativo. Proviene del latín innocens, término formado por el prefijo negativo in- y la palabra nocens, que viene del verbo nocere, «hacer daño». Por lo tanto, inocente significa «no dañino», y eso lo puedes comprender y aceptar.

    Que no te extrañe, entonces, el carácter «negativo» de este Curso, que propugna conceptos tales como «perdonar» —NO tener en cuenta—, «meditar» —NO considerar tus propios pensamientos— o «escuchar la Voz del Espíritu Santo y seguir sus dictados» —NO decidir por ti mismo—. El Jesús evangélico ya lo advierte: «Mi Reino NO es de este mundo».

    Cielo y mundo son conceptos antitéticos, como lo son Dios y yo. La inversión del sistema de pensamiento que este Curso propone te lleva a la realidad mediante la negación de lo ilusorio. Si estos postulados tan «negativos» te inspiran algún temor o pesadumbre, date cuenta de que esto es debido a que todavía albergas alguna esperanza de encontrar algo valioso en este mundo en el que crees vivir.

    Mas date cuenta de dos cosas: esto NO es vida, y tus legítimas aspiraciones de ser feliz nunca las satisfarás en lo que cambia. No solo te mereces más de lo que crees que quieres; te lo mereces todo porque se te dio todo, y jamás te conformarás con menos que eso.

    VII Soy bendito porque Dios me creó mediante su bendición. Esto es irremediable, como todo lo que Dios crea; esto tampoco puede cambiar. Yo puedo decirme a mí mismo lo que me plazca y creérmelo, pero eso es incapaz de cambiar la realidad. Lo único que pueden cambiar, y que de hecho cambian, son mis opiniones acerca de mí mismo y acerca de todo, lo cual demuestra su insustancialidad.

    VIII Estas cinco Lecciones, tan inspiradoras, resultan, sin embargo, bastante difíciles de aceptar desde nuestra perspectiva humana de identificación con falsas identidades personales. Pero esa es precisamente la razón por la que estamos haciendo este Curso: para cambiar la idea que tenemos acerca de nosotros mismos.

    Yo me sentiré tan santo como me lo permita, y tal como me vea, así veré todo lo demás. Lo que contemple con ojos benévolos confirmará la santidad que me he concedido. Es un círculo virtuoso de afirmaciones positivas fundamentado en una verdad que todavía me cuesta reconocer, pero que se hará más evidente a medida que la practique.

    Si estas cinco ideas maximalistas te parecen excesivas porque confrontan demasiado la imagen que tienes de ti mismo, no te rindas. Úsalas, pero modéralas un grado: en lugar de leer «santidad», lee «bondad», y quizás así te resulten más aceptables. Recuerda: lo importante no es que llegues a verte santo —aunque lo eres—, sino que avances en esa dirección.

    Si todavía no eres capaz de reconocer la santidad en ti, al menos mejora la opinión que tienes acerca de los demás y del mundo. Deja de pensar en ti y enfócate solo en lo bueno, en los aspectos positivos de todo lo que te rodea. Sé agradecido con Dios, con los demás y con la vida, y así, sin darte cuenta, acabarás congraciándote contigo mismo.

  • LECCIÓN 57

    Hoy vamos a repasar estas ideas: L-31 a L35

    1. L-31 «No soy víctima del mundo que veo».I

    2¿Cómo puedo ser víctima de un mundo que puede deshacerse por completo si así lo decido?

    3Mis cadenas están sueltas.

    4Puedo desprenderme de ellas solo con desearlo.

    5La puerta de la prisión está abierta.

    6Puedo abandonarla simplemente saliendo de ella.

    7Nada me retiene en este mundo.

    8Solo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisionero.

    9Quiero renunciar a mis dementes deseos y salir, por fin, a la luz del sol.

    2. L-32 «Yo mismo he inventado el mundo que veo».II

    2Yo concebí la prisión en la que me veo.

    3Basta con que reconozca esto, y seré libre.

    4Me he engañado a mí mismo creyendo que es posible encarcelar al Hijo de Dios.

    5Me equivoqué amargamente al creer esto, pero no quiero seguir creyéndolo.

    6El Hijo de Dios no puede sino ser por siempre libre.

    7Él es tal como Dios lo creó, y no lo que yo he querido hacer de él.

    8Él se encuentra donde Dios ha dispuesto que esté, y no donde yo quise mantenerlo prisionero.

    3. L-33 «Hay otra manera de ver el mundo».III

    2Como la finalidad del mundo no es la que yo le atribuía, tiene que haber otra manera de contemplarlo.

    3Todo lo veo al revés, y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad.

    4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios.

    5El mundo, entonces, debe ser realmente un lugar donde él puede ser liberado.

    6Quiero ver el mundo tal como es: un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.

    4. L-34 «Podría ver paz en lugar de esto».IV

    2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las Leyes de Dios en lugar de las normas que yo mismo he concebido para obedecerlas.

    3Comprenderé que en él mora la paz, no la guerra.

    4Y percibiré que la paz también mora en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.

    5. L-35 «Mi mente forma parte de la Mente de Dios. Soy muy santo».V

    2Al compartir la paz del mundo con mis hermanos, empiezo a comprender que esta paz proviene de lo más profundo de mí mismo.

    3El mundo que contemplo adquiere así la luz de mi perdón, y la irradia de vuelta a mí.

    4En esta luz, empiezo a ver lo que ocultaban las ilusiones que yo albergaba acerca de mí mismo.

    5Ahora comienzo a comprender la santidad de todos los seres vivos, incluida la mía, y la unidad que compartimos.


    I Solo eres víctima de ti mismo: de tus propias interpretaciones, de las historias que te cuentas. Fíjate bien: te pasas todo el tiempo parloteando contigo mismo en tu mente. Sustentas tu particular descripción del mundo con esa charla incesante que te absorbe. Observa bien ese diálogo compulsivo e irrefrenable: nunca cesa. No puedes pararlo. Es una historia interminable que te repites todo el tiempo y que refleja los miedos y deseos de tu ego. Está plagada de pequeños o grandes rencores y venganzas, de pequeños o grandes gestos mediante los cuales tu ego expresa su sentido de grandiosidad, revancha y vanagloria. Nada de eso eres tú. Tan solo es una inmensa bobada que te mantiene hipnotizado en un mundo inexistente.

    A eso es a lo que Jesús se refiere cuando dice en la Lección 10: «Mis pensamientos no significan nada». Quizá conozcas a alguna persona que padece logorrea y que habla incesantemente de manera compulsiva. No son conscientes de los demás y no usan sus palabras para comunicar nada a otros. Son totalmente insensibles a las necesidades o intereses de quienes tienen ante sí. Sus mentes funcionan muy, muy mal. Es el monólogo cansino y penoso de los borrachos.

    Pues a ti te pasa exactamente lo mismo, solo que no sueles expresar en voz alta esa aburrida narrativa. Ten en cuenta que, mientras te dices todas esas tonterías —esas historias engendradas a partir de aparentes afrentas y deseos del pasado—, te estás perdiendo el presente que tienes ante ti. Por eso tu mente «está absorta en pensamientos del pasado»; por eso «tú has inventado el mundo que ves».

    Parar el diálogo interno y ver con ojos inocentes lo que tienes ante ti es una proeza descomunal que tú eres totalmente incapaz de lograr; mas, si lo pides de corazón, se te concederá. Para abordarlo, puedes comenzar primero tomando conciencia de ese parloteo compulsivo, que en realidad es un monólogo. En cuanto lo hagas, cesará, pero, al cabo de un rato, y sin darte cuenta, volverá de nuevo. Entonces, vuelve a tomar conciencia de él, y volverá a detenerse. No te desesperes; todo lo contrario: alégrate. Simplemente estás comenzando a tomar conciencia de cómo funciona el ego en tu mente. Eso, sin duda, es una percepción desagradable, pero solo te afectará si te identificas con él. En realidad, estás comenzando a disociarte de esa manera enfermiza de usar tu mente.

    Perdona ese diálogo que mantienes contigo mismo; déjalo pasar, no lo juzgues ni lo condenes: no es real. De hecho, esa voz que escuchas no tiene nada que ver contigo; eso no eres tú. Mas el discurso contiene, entretejido dentro de sí, la noción de que eso que oyes proviene de ti y son tus propios pensamientos. Y, en verdad, no es cierto; pero es la razón por la que te cuesta tanto abandonarlo.

    II Mi mente solo conoce las historias que se cuenta a sí misma acerca de todo. El mundo no existe, pero mi mente se cuenta una historia acerca de un mundo que imagina, exactamente igual que lo hace mientras duerme y dice que sueña. Mi mente inventa mundos sin parar. A veces, reconozco que esos mundos que imagino son fantasías, pero la mayor parte del tiempo, las historias que me cuento llevan pegada una etiqueta donde pone: «Esto es real». Una vez que he leído esa etiqueta y he creído en lo que allí pone, estoy totalmente perdido para la verdad, y solo el sufrimiento me llevará a buscar una alternativa.

    Sin embargo, sufrir no es necesario en absoluto. Entrena y disciplina tu mente para perdonar sistemáticamente la narrativa del ego.

    III Ciertamente hay otra manera de ver el mundo, pero no me corresponde a mí decir cuál es. De hecho, me encuentro ahora en una situación penosa precisamente porque me he atribuido a mí mismo esa función de decidir cómo es el mundo. No lo sé, pero se me dirá. Es un conocimiento que aflorará en mi mente cuando, simplemente, yo lo permita.

    IV ¡Por supuesto! La paz es un concepto absolutamente real; el conflicto, sin embargo, es una invención. Sé radical con esto. Es una realidad innegociable. Rehúsa siempre las interpretaciones conflictivas; son irreales y no las quieres.

    V Esta es la única verdad. Atrévete a asumirla, aunque solo sea un instante, y habrás abierto las puertas de tu liberación. Familiarízate con esta idea, y no importa si no la crees todavía.

    La mejor manera, la más rápida y la más eficaz para asumirla es atribuir la santidad a otros. Pon tu voluntad en ver santo a tu hermano, aunque tu mente y tus tripas rechacen esa idea. Insiste en ella con absoluta determinación.

    Puedes estar seguro de que, con el tiempo, tus esfuerzos se verán recompensados y comenzarás a ver el mundo y a todos en él con ojos benévolos, y al final de todo, incluso a ti mismo.

  • LECCIÓN 56

    Nuestro repaso hoy incluye lo siguiente: L-26 a L-30

    1. L-26 «Mis pensamientos de ataque están atacando mi invulnerabilidad».I

    2¿Cómo puedo saber quién soy cuando me veo sometido a un ataque constante?

    3El dolor, la enfermedad, la pérdida, la vejez y la muerte parecen acecharme.

    4Todas mis esperanzas, deseos y planes parecen estar a merced de un mundo que no puedo controlar.

    5Mas la seguridad perfecta y la completa plenitud son mi herencia.

    6He tratado de intercambiar mi herencia por el mundo que veo.II

    7Pero Dios la ha salvaguardado para mí. 

    8Mis propios Pensamientos reales me enseñarán cuál es mi herencia.

    2. L-27 «Por encima de todo, quiero ver».III

    2Al reconocer que lo que veo es un reflejo de lo que creo ser, me doy cuenta de que mi mayor necesidad es la visión.

    3El mundo que veo da testimonio de la naturaleza temible de la imagen que he forjado de mí mismo. 

    4Si he de recordar quién soy, es esencial que abandone esa imagen de mí mismo.

    5Cuando sea reemplazada por la verdad, con toda seguridad se me concederá la visión.

    6Y con esa visión contemplaré el mundo y a mí mismo con caridad y amor.

    3. L-28 «Por encima de todo, quiero ver las cosas de otra manera».IV

    2El mundo que veo sustenta la imagen temible que tengo de mí mismo y garantiza su permanencia.

    3Mientras siga viendo el mundo tal como lo veo ahora, no podré ser consciente de la verdad.

    4Dejaré que se me abra la puerta que hay tras este mundo, para que pueda mirar más allá de él al mundo que refleja el Amor de Dios.

    4. L-29 «Dios está en todo lo que veo».V

    2Tras cada imagen que yo he concebido, la verdad permanece inalterable.

    3Tras cada velo que he desplegado sobre el rostro del amor, su luz permanece intacta.

    4Más allá de todos mis dementes deseos se encuentra mi voluntad unida a la Voluntad de mi Padre.

    5Dios sigue estando en todas partes y en todas las cosas por siempre.

    6Y nosotros, que somos parte de Él, miraremos más allá de todas las apariencias y reconoceremos la verdad que se encuentra tras todas ellas.

    5. L-30 «Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente».VI

    2En mi propia mente, tras todos mis descabellados pensamientos de separación y ataque, reside el conocimiento de que todo es uno por siempre.

    3No he perdido el conocimiento de quién soy por haberlo olvidado.

    4Ese conocimiento ha sido salvaguardado para mí en la Mente de Dios, Quien no ha abandonado a Sus Pensamientos.

    5Y yo, que soy uno de Ellos, soy uno con Ellos y Uno con Él.


    I Sentirse vulnerable, es decir, pensar que puedes perder o que se puede menoscabar algo que tiene un valor real para ti, socava los cimientos de la confianza, que es la característica fundamental de los maestros de Dios. No puedes perder nada real, porque todo lo real te fue dado por Dios para siempre, y eso no puede cambiar en toda la eternidad.

    Sin embargo, es evidente que sí puedes estar confundido respecto a lo que eres y decirte a ti mismo otra cosa. De ahí que este Curso se resuma con el reconocimiento de que «Lo real no corre peligro». Recuerda que «solo tus propios pensamientos pueden afectarte», y tus pensamientos de ataque y condena —que son lo mismo— ciertamente ponen en peligro la idea que tienes de ti mismo en tu mente.

    En realidad, tus ataques y condenas no pueden cambiar en absoluto tu verdadera condición de Hijo de Dios, pero sí afectan a tu identidad ficticia, que es todo lo que conoces mientras crees estar en el tiempo. El perdón, e incluso la oración tal como ahora la entiendes, sirven para sanar esa pequeña parte de tu santa mente en la que reside tu ego. Esa parte de tu mente es absolutamente real, pero lo que concibe no lo es.

    El propósito de este Curso es precisamente sanar eso. La parte de tu mente donde mora el Espíritu Santo no necesita ninguna sanación.

    II En Génesis 25:29-34 se narra la historia de Esaú, que entrega su herencia a cambio de un plato de lentejas.

    En este caso, tu herencia es la «perfecta seguridad y la completa plenitud» del Cielo, de la que has intentado desprenderte a cambio del mundo que ahora contemplas.

    III Esta es una declaración muy seria. Expresa la firme voluntad de anteponer la verdadera visión a todo a lo que otorgas valor en este mundo. Decir esto de corazón es la expresión de un anhelo profundo; es la verdadera «llamada espiritual». Con esto —como con todo— has de ser muy honesto.

    La visión es algo que se le concede indefectiblemente a todo aquel que la desea de todo corazón, y en eso no hay excepciones. Si no ves verdaderamente el Amor de Dios subyacente en todo, es porque prefieres ver otra cosa. Tu falta de honestidad, tu resistencia a reconocer tus auténticas querencias, es lo que te lleva a atacar a este Curso, que es perfectamente honesto; tú no.

    La honestidad es una característica básica de los maestros de Dios; de hecho, es la primera en el tiempo. Sin honestidad, no hay nada que hacer. Trabájala antes de nada y pregúntate a ti mismo si, de verdad, lo más importante para ti es la visión. Si no es así, probablemente lo mejor sea que te zambullas en el mundo e intentes alcanzar aquello que consideras más importante que ver. Pronto verás que fue un error, y comenzarás a entender la importancia de la visión para liberar tu mente del sufrimiento inevitable que encontrarás.

    Siempre es mejor retroceder en tu camino con los ojos abiertos que avanzar con los ojos cerrados, engañándote a ti mismo. Pero eso no es necesario. En el fondo de tu corazón se encuentra un profundo anhelo por disfrutar de tu legítimo patrimonio. Persevera con humildad y confianza en encontrarlo, y no te será difícil, pues es lo que se halla detrás de todos tus deseos mundanos. Tú, en verdad, quieres eso, pero estás un poco confundido.

    IV Esta es la idea que tiene que surgir en tu mente siempre que tu corazón te indique, con su malestar, que estás usando mal tu mente. Pides una nueva interpretación del sueño en el que estás inmerso porque la que tu ego te ha proporcionado te hace sufrir. Estás en tu perfecto derecho de hacer eso, y es lo que te conviene. Si no lo haces, lo que oirás a continuación será la propuesta del ego para «arreglar» esa situación, y eso, inevitablemente, te llevará al desastre… como siempre ha sido.

    V Solo los inocentes, los que se saben sin pecado, pueden ver a Dios en todo. Los que se condenan a sí mismos tan solo ven sus propios «pecados» a su alrededor. No te condenes ni condenes; no merece la pena, te sienta mal y no sirve para otra cosa que para hacerte sufrir. Perdona, y verás a Dios.

    VI Puedes tener la absoluta seguridad de que esto es así; el asunto es que has reservado una parte de tu mente solo para ti mismo. Lo que te ha llevado a eso es tu propio sentido de importancia personal. La idea que tienes de ti mismo no es importante, porque es absolutamente falsa; no la sostengas, apoyes ni defiendas. En el mismo instante en que abandones todo sentido de importancia personal, te volverás absolutamente inasequible al sufrimiento y disfrutarás de la seguridad y la paz de los verdaderamente humildes.

  • LECCIÓN 55

    El repaso de hoy incluye lo siguiente: L-21 a L-25 I

    1. L-21 «Estoy decidido a ver las cosas de otra manera».II

    2Lo que ahora veo no son sino signos de enfermedad, desastre y muerte.

    3Esto no puede ser lo que Dios creó para Su amado Hijo.III

    4El hecho mismo de que vea tales cosas demuestra que no entiendo lo que Dios es.

    5Por tanto, tampoco entiendo lo que es Su Hijo.

    6Lo que estoy viendo me confirma que no sé quién soy.IV

    7Estoy decidido a ver los testigos de la verdad en mí en lugar de los que me muestran una ilusión de mí mismo.

    2. L-22 «Lo que veo es una forma de venganza».V

    2El mundo que veo no es precisamente la representación de pensamientos amorosos.

    3Es una imagen en la que todo es atacado por todo.VI

    4Es cualquier cosa menos un reflejo del Amor de Dios y del amor de Su Hijo.

    5Son mis propios pensamientos de ataque los que dan lugar a esta imagen.

    6Mis pensamientos amorosos me salvarán de esta percepción del mundo, y me darán la paz que Dios dispuso que yo tuviera.

    3. L-23 «Puedo escapar del mundo si renuncio a mis pensamientos de ataque».

    2En esto, y solo en esto, radica mi salvación.

    3Sin pensamientos de ataque no podría ver un mundo de ataque.

    4A medida que el perdón permita que el amor vuelva a mi conciencia, veré un mundo de paz, seguridad y dicha.VII

    5Y esto es lo que elijo ver, en lugar de lo que contemplo ahora.

    4. L-24 «No percibo lo que más me conviene».VIII

    2¿Cómo voy a poder reconocer lo que más me conviene si no sé quién soy?

    3Lo que yo creo que más me conviene simplemente me encadenaría aún más al mundo de las ilusiones. 

    4Estoy dispuesto a seguir al Guía que Dios me ha dado para descubrir qué es lo que más me conviene, pues reconozco que no puedo percibirlo por mí mismo.

    5. L-25 «No sé para qué es nada».

    2Para mí, el propósito de todas las cosas es demostrar que mis ilusiones acerca de mí mismo son reales.IX

    3Con ese fin trato de utilizarlo todo y a todos.

    4Yo creo que el mundo es para eso.

    5Y esa es la razón por la que no reconozco su verdadero propósito.

    6El propósito que yo le he atribuido al mundo me ha llevado a formarme una imagen aterradora de él.

    7Que abra mi mente a su verdadero propósito retirando el que yo le he dado, y así aprender la verdad acerca del mundo.


    I Las cinco ideas de los repasos pueden unirse para construir frases llenas de sentido, redactadas a tu gusto. Por ejemplo, hoy podrías decir: «Quiero verlo todo de manera diferente, porque es evidente que lo que veo ahora es una forma de venganza, pero estoy seguro de que puedo escapar de este mundo tan malvado que percibo simplemente renunciando a mis juicios de condena. También está clarísimo que nunca percibo lo que más me conviene, y esto debe ser así, porque, en verdad, no sé para qué es nada».

    Formular las ideas de este Curso en tus propios términos, tal como tú las entiendes, es un recurso de aprendizaje muy poderoso; ayuda enormemente a hacerlas tuyas e incorporarlas a tu sistema de pensamiento. Este es un recurso que Jesús nos propone con frecuencia, y su efectividad radica en que, al hacerlo, en lugar de simplemente aprender el Curso, lo enseñas, aunque en este caso, a ti mismo. A lo largo del Curso se repite que enseñar y aprender son lo mismo, y que cuando enseñas una idea, la refuerzas en tu mente.

    Conviene recordar que tus pensamientos están bajo la Guía de Cristo, pero no bajo su control. Esto significa que están única y exclusivamente bajo tu propio control. De hecho, solo tú controlas tu mente, y dado que aprender es cambiar la mente, solo tú puedes cambiar la tuya. Si lo ves con claridad, solo tú eres capaz de enseñarte a ti mismo. En definitiva, este Curso es un compendio de propuestas para cambiar tu manera de pensar.

    Aunque el tercer volumen de esta obra se llama Manual para Maestros, en realidad, la totalidad del Curso es un verdadero manual para maestros; para ti, maestro de ti mismo. Por ello, todo esfuerzo que hagas tomando el contenido de este Curso y transformándolo, al ponerlo en tus propias palabras para ti mismo, elevará la calidad de tu aprendizaje y llevará la enseñanza a una nueva dimensión.

    II Esta es la famosa frase que Bill le dijo a Helen y que dio lugar a la aparición de este Curso en el mundo.

    Jesús encontró en las mentes de los escribas, unidas en un propósito compartido de salvación, el canal ideal para transmitir al mundo su verdadera enseñanza.

    III Mateo 3:17 «Y he aquí una voz del Cielo que decía: “Este es mi amado Hijo, en quien me complazco”».

    IV Veo lo que quiero ver, y «querer» es poner la voluntad en algo. Si existiera esa palabra en español, podríamos decir que «querer» es «voluntar». Y la voluntad es la función del alma responsable de crear, es decir, de extender la propia existencia. Por eso, cuando «creamos» en la ilusión, estamos proyectando la idea que tenemos acerca de nosotros mismos. De ahí que los que se creen inocentes extienden inocencia, y los que se sienten culpables proyectan su propia culpa y ven un mundo culpable.

    V Proyecto afuera mi propia culpa y mis resentimientos. La mente, al no poder tolerar el peso de su propia culpa, la arroja hacia fuera, construyendo un mundo en el que esa culpa parece perseguirme. Esto es lo que el Curso llama la «venganza del mundo»: la proyección de mi propia maldad sobre todo lo que me rodea, que luego parece atacarme.

    Es un ciclo cerrado: proyecto mi culpa y, al verla reflejada en el mundo, la percibo como una amenaza externa. Así justifico mi miedo y mi defensa, reforzando la creencia en un mundo hostil y peligroso. El mundo que veo no es, pues, más que un espejo de mis propios pensamientos de ataque. Por eso, tal como lo percibo, es «una imagen en la que todo es atacado por todo».

    Este mecanismo de proyección es el mismo que ocurre en los sueños nocturnos. Al soñar, visualizo mis miedos y resentimientos, creyendo que me amenazan desde afuera, cuando en realidad son creaciones de mi propia mente. La diferencia es que, al despertar, reconozco que no eran reales, sino meras proyecciones de mi mente dormida.

    De la misma manera, al practicar esta Lección, empiezo a despertar del sueño del mundo. Comienzo a darme cuenta de que la percepción de ataque y venganza no proviene del mundo en sí, sino de mis pensamientos de ataque proyectados afuera. Entonces comprendo que el problema no está en el mundo, sino en mi mente.

    La solución, por lo tanto, no consiste en intentar cambiar el mundo o defenderme de sus aparentes ataques, sino en cambiar mis pensamientos. «Mis pensamientos amorosos me salvarán de esta percepción del mundo», porque al elegir pensamientos amorosos en lugar de pensamientos de ataque, proyecto amor en lugar de culpa.

    Esto es lo que me permite experimentar la paz que Dios dispuso que tuviera. Al cambiar mi percepción, el mundo que veo deja de ser una amenaza y se convierte en un reflejo de mi propio amor. Así es como «lo que veo» deja de ser «una forma de venganza» y se convierte en un espejo del Amor de Dios y del amor de Su Hijo.

    VI Porque antes me he atacado a mí mismo, definiéndome como culpable.

    VII Mi perdón me hará ver un mundo perdonado: el mundo real, una ilusión que refleja el Amor de Dios a los ojos de una mente aún fragmentada.

    VIII Lo que me conviene es lo que me merezco. El problema aquí es que Dios y yo tenemos ideas diferentes respecto a eso.

    IX «No sé para qué es nada». Esta afirmación revela la raíz de mi ignorancia: he asignado significado y propósito a todo lo que veo para sostener mi identidad separada y falsa. Lo he hecho sin cuestionarlo, creyendo que el mundo está aquí para confirmar mis ilusiones acerca de mí mismo.

    Mi propósito inconsciente es utilizarlo todo y a todos para demostrar que mi identidad como un «yo» separado es real. Así justifico mi existencia personal, reforzando mis creencias sobre lo que soy y cómo debería ser el mundo para mantener ese sentido de identidad. Todo y todos se convierten en medios para un fin: confirmar que mi visión de mí mismo y del mundo es correcta.

    Este uso egocéntrico de todo lo que veo me lleva a percibir el mundo como una amenaza constante. ¿Por qué? Porque, al proyectar mi culpa y mi miedo, veo un mundo que parece conspirar contra mí, que parece atacarme y desafiar mi identidad constantemente. Así construyo una imagen aterradora del mundo, llena de competencia, conflicto, pérdida y muerte.

    El propósito que le he dado al mundo es, por lo tanto, mantener mi sentido de separación. He decidido inconscientemente que el mundo está aquí para demostrarme que estoy solo, vulnerable y necesitado de defensa. Esto me obliga a vivir en un estado constante de alerta, viendo amenazas por todas partes.

    Sin embargo, el mundo no tiene un propósito inherente; todo propósito que le atribuyo proviene de mi mente. Esta es una de las enseñanzas más liberadoras de Un Curso de Milagros: el propósito no está en las cosas, sino en la mente que las percibe. Al darme cuenta de esto, puedo elegir dejar de lado el propósito que he proyectado sobre el mundo.

    «Que abra mi mente a su verdadero propósito retirando el que yo le he dado». Esta línea revela el camino hacia la libertad. Solo cuando dejo de proyectar mis propios propósitos sobre el mundo, puedo aprender la verdad acerca de él. Solo entonces puedo permitir que el Espíritu Santo me muestre el verdadero propósito de todas las cosas: reflejar el Amor de Dios.

    La función del mundo, según Un Curso de Milagros, es ser un aula de aprendizaje. No está aquí para confirmar mis ilusiones ni para atacar mi identidad. Está aquí para que pueda aprender a ver de manera diferente, para aprender a perdonar, para aprender a amar. Al retirar el propósito que le he dado, permito que se me muestre su verdadero propósito, y al hacerlo, transformo mi percepción del miedo al amor.

    Este cambio de propósito es el milagro que el Curso ofrece. Al dejar de usar el mundo para confirmar mi identidad separada y permitir que se convierta en un aula de perdón y amor, comienzo a recordar quién soy en realidad. Entonces el mundo deja de ser una prisión para convertirse en un puente hacia la paz de Dios.

  • LECCIÓN 54

    Estas son las ideas de repaso para hoy: L-16 a L-20

    1. L-16 «No tengo pensamientos neutros».

    2Es imposible tener pensamientos neutros porque todos los pensamientos tienen poder.

    3Mis pensamientos, o bien construyen un mundo falso, o bien me conducen al mundo real.

    4Pero los pensamientos no pueden dejar de tener efectos.I

    5Tal como el mundo que veo surge de los errores de mi manera de pensar, igualmente el mundo real se alzará ante mis ojos cuando permita que mis errores sean corregidos.

    6Mis pensamientos no pueden ser a la vez verdaderos y falsos.

    7Deben ser una cosa o la otra.

    8Lo que veo me muestra cómo son.

    2. L-17 «No veo cosas neutras».II

    2Lo que veo da testimonio de lo que pienso.

    3Si no pensara, no existiría, pues la vida es pensamiento.III

    4Que contemple el mundo que veo como la representación de mi propio estado mental.IV

    5Sé que mi estado mental puede cambiar.

    6Y por eso sé que el mundo que veo puede igualmente cambiar.V

    3. L-18 «No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver».VI

    2Si no tengo pensamientos privados, no puedo ver un mundo privado.

    3Incluso la descabellada idea de la separación tuvo que ser compartida antes de que pudiera constituir la base del mundo que veo.

    4Mas eso fue compartir lo que no es nada.VII

    5Puedo invocar también mis Pensamientos reales, que comparten todo con todos.VIII

    6Tal como mis pensamientos de separación apelan a pensamientos de separación en otros, igualmente mis Pensamientos reales despiertan Pensamientos reales en ellos.

    7Y el mundo que mis Pensamientos reales me muestran despuntará ante su vista al igual que ante la mía.

    4. L-19 «No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos».

    2No soy el único en nada.IX

    3Todo lo que pienso, digo o hago afecta a todo el universo.X

    4Un Hijo de Dios no puede pensar, hablar o actuar en vano.

    5No puede ser el único en nada.

    6Por lo tanto, tengo el poder de cambiar todas las mentes junto con la mía, pues mío es el Poder de Dios.

    5. L-20 «Estoy decidido a ver».

    2Reconociendo la naturaleza compartida de mis pensamientos, estoy decidido a ver.XI

    3Quiero contemplar los testigos que me muestran que la manera de pensar del mundo ha cambiado.

    4Quiero contemplar la prueba de que lo que ha ocurrido a través de mí ha permitido que el amor reemplace al miedo, la risa al llanto y la abundancia a la pérdida.

    5Quiero contemplar el mundo real, y dejar que me enseñe que mi voluntad y la Voluntad de Dios son una.XII


    I El efecto de un pensamiento es el contenido de ese pensamiento; la idea que expresa.

    Contenido, causa y efecto son simultáneos y lo mismo.

    Los pensamientos no pueden dejar de tener efectos porque son la expresión de la voluntad que los sustenta. Tú tienes los pensamientos que quieres tener porque tu voluntad es la causa de todo lo que percibes.

    La cuestión aquí es: ¿cuál es tu voluntad, Hijo de Dios?

    Recuerda, aun más que un Curso sobre el perdón, este es un Curso sobre la voluntad.

    II No veo cosas neutras porque la voluntad nunca es neutra; siempre es positiva y asertiva.

    Manifiesta aquello que quiere manifestar.

    III Esto es una referencia al famoso principio de Descartes: «Pienso, luego existo», solo que aquí se formula en negativo: «Si no pensara, no existiría».

    Jesús comenta que esto tuvo un efecto positivo en Descartes: «Ya no cuestionó realmente la realidad de lo que percibía, porque CONOCÍA que él estaba allí» (T-3.XI.11:6).

    «La vida es pensamiento». Esta idea es muy difícil de captar porque es muy simple. No se puede comprender, pero sí se puede conocer y experimentar.

    Vivir es pensar; pensar es vivir. No hay vida sin pensamiento, pues sin pensamiento no hay realidad; no hay nada.

    Y esto no lo entiende la mente que cree en lo físico, si bien, a estas alturas, tú ya has aprendido que todo eso que llamas «físico» no es otra cosa que haber conferido atributos «no ideales» a una idea que está en la propia mente.

    Lo «físico», lo «material», no existe aparte de la mente que lo concibe, y la mente particular no ha podido concebirlo, pues ella no deja de ser también una idea en la mente confundida del Hijo de Dios.

    Ser, Existir, Dios, Vida… es todo lo mismo: una idea.

    Esta idea se puede considerar desde diferentes perspectivas e interpretar como diferentes aspectos, pero, desde un punto de vista estrictamente ontológico, todo Ello es lo mismo, y la negación de esa idea es la no existencia, lo que no existe.

    IV Esta otra idea, sin embargo, es plenamente funcional.

    El mundo está en mi mente y es de mi propia factura, pero el ego siempre elude asumir esa responsabilidad.

    No obstante, asumirla confiere a la mente el poder natural del milagro: el poder de transformar la ilusión para que refleje el Amor de Dios subyacente en todo lo que existe.

    La mente todo lo puede porque la mente es todo lo que hay, lo único que existe.

    V Recuerda: percibir es proyectar, así que verás aquello que quieras ver.

    Entender y ejercer este principio exige una honestidad radical.

    VI No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver porque esos «otros» que creo ver también son la expresión de mi voluntad, y los veo como los veo porque quiero verlos así.

    VII Compartir una idea que no tiene un contenido real no es un verdadero compartir, y es lo que da pie a la noción de que los pensamientos son privados y las mentes son particulares.

    No es cierto, pero sí lo puede creer aquella parte de la mente que lo considera cierto.

    No se puede compartir una idea que no tiene contenido y, en consecuencia, no tiene causa y carece de efectos reales.

    Ese tipo de idea solo puede operar en el ámbito de la ilusión.

    VIII Mis Pensamientos reales, o verdaderos, son los que comparto con Dios y con todas las Almas que conforman el Cuerpo Crístico. Esos Pensamientos son las Creaciones del Hijo de Dios y son semejantes al Hijo y al Padre.

    Sin embargo, esta idea, entendida en el ámbito del mundo ilusorio, significa que solo los pensamientos amorosos se pueden compartir de manera efectiva, porque solo el amor es real.

    Por otra parte, mis pensamientos ilusorios, carentes de amor, no se pueden compartir, pero sí se pueden «contagiar». En ese caso, no se comparte nada, aunque se puede albergar la ilusión de que así ha sido.

    Las mentes particulares pueden albergar ilusiones privadas similares, pero siempre serán interpretaciones propias, diferentes y exclusivas. Parecerá que estoy comunicando algo cuando lo hago, pero, en realidad, solo estoy suscitando en ese aparente otro las mismas ausencias que yo experimento, aunque, en este caso, son las suyas propias.

    Por eso, en la siguiente línea se usa la palabra «apelan».

    IX Esta línea en inglés, «I am alone in nothing», también se puede traducir como «Jamás estoy solo», y eso es cierto, pues, en verdad, no me he separado de Dios ni de nada.

    X No solo «afecta», sino que «conforma» el universo en el que creo vivir.

    Ya se ha visto eso en la cuarta línea del segundo párrafo.

    XI Es decir, quiero ver la Realidad que tengo ante mí, la expresión del Amor de Dios subyacente a este sueño de miedo que ahora creo contemplar. No quiero imaginar las ausencias de amor que la voz del ego suscita en mí. Ver es Conocer, y es Ser y Amar. El hecho de compartir una sola mente es lo que hace posible la visión verdadera, el conocimiento de lo real, el amor que compartimos.

    XII Estas cinco Lecciones de hoy son una invitación a vigilar nuestra mente y estar atentos a lo que pensamos, ya que son nuestros pensamientos los que dan forma a la realidad que percibimos y a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo, esta tarea no es agotadora; todo lo contrario, es una práctica energizante, porque te libera de aferrarte a una visión limitada y deprimente de la realidad. Lo que realmente agota es prestar atención a los cansinos y repetitivos pensamientos del ego.

  • LECCIÓN 53

    Hoy repasaremos lo siguiente: L-11 a L-15

    1. L-11 «Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado».

    2Debido a que los pensamientos de los que soy consciente no significan nada, el mundo que me muestran tampoco puede tener ningún significado.I

    3Lo que está dando lugar a este mundo es una locura, y así es el mundo que produce.II

    4La realidad no es una locura, y yo tengo tanto Pensamientos reales como dementes.III

    5Por lo tanto, puedo ver un mundo real si recurro a mis Pensamientos reales como guía para ver.IV

    2. L-12 «Estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada».V

    2Los pensamientos dementes son perturbadores, y producen un mundo en el que no hay orden en ninguna parte.

    3Solo el caos gobierna un mundo que representa una manera caótica de pensar, y el caos no tiene leyes.

    4Yo no puedo vivir en paz en un mundo así.

    5Estoy agradecido de que este mundo no sea real y de que no necesite verlo en absoluto, a menos que elija otorgarle valor.VI

    6Y yo elijo no darle valor a lo que es totalmente demencial y no tiene ningún significado.

    3. L-13 «Un mundo sin significado engendra temor».

    2Lo que es totalmente demente engendra temor, porque es del todo imprevisible y no inspira ninguna confianza.VII

    3En la locura, nada es fiable.

    4No ofrece ninguna seguridad ni ninguna esperanza.

    5Mas un mundo así no es real.

    6Yo le he otorgado la ilusión de realidad, y he sufrido por haber creído en él.

    7Elijo ahora dejar de creer en él y depositar mi confianza en la realidad.VIII

    8Al elegir esto, escaparé de todos los efectos de un mundo temible, porque estoy reconociendo que ese mundo no existe.

    4. L-14 «Dios no creó un mundo sin significado».IX

    2¿Cómo va a existir un mundo sin significado si Dios no lo creó?

    3Él es la Fuente de todo significado, y todo lo que es real está en Su Mente.

    4También está en mi mente, porque Él lo creó conmigo.

    5¿Por qué he de seguir sufriendo los efectos de mis propios pensamientos dementes, cuando mi hogar es la perfección de la Creación? X

    6Que recuerde el poder de mi decisión, y reconozca dónde habito realmente.

    5. L-15 «Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado».

    2Todo lo que veo refleja mis pensamientos.XI

    3Son mis pensamientos los que me dicen dónde estoy y qué soy.

    4El hecho de que vea un mundo en el que hay sufrimiento, pérdida y muerte me demuestra que solo estoy viendo la representación de mis propios pensamientos dementes, y que no estoy permitiendo que mis Pensamientos reales proyecten su benéfica luz sobre lo que veo.XII

    5Mas el camino de Dios es seguro.

    6Las imágenes que yo mismo he fabricado no pueden prevalecer contra Él, porque no es mi voluntad que lo hagan.XIII

    7Mi voluntad es la Suya, y no antepondré otros dioses a Él.XIV


    I Para comprender esto, es clave recordar que percibir es proyectar. Lo único que veo, a lo que llamo «mundo», no son más que mis propios pensamientos proyectados sobre la pantalla de la conciencia. Y dado que esos pensamientos, en realidad, no tienen significado, lo que creo ver —el mundo— tampoco lo tiene. Esa es la verdad. Sin embargo, si soy honesto conmigo mismo, debo admitir que mi mente no funciona así en la práctica. Para mí, el mundo está lleno de significado, y aunque estoy dispuesto a reconocer —con gran esfuerzo— que soy yo quien ha puesto esos significados, el mundo en el que vivo sigue pareciéndome profundamente significativo.

    Piensa en esto: vas en el autobús, de pie, leyendo en tu móvil la Lección del día de este bendito Curso, que resulta ser la Lección 11: «Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado». Crees entenderla y estás dispuesto a aceptar que lo que dice es verdad. Pero entonces, alguien te empuja, se te cae el teléfono al suelo y, de repente, te llenas de ira. Cinco segundos antes, habías asumido que el mundo no significa nada, y sin embargo, un pequeño incidente basta para que tu viejo sistema de pensamiento se active al instante, reconociendo implícitamente que, en realidad, hasta la más mínima nimiedad tiene una enorme importancia para ti.

    Por eso, al practicar estas Lecciones, es fundamental ser honesto y realista. Comprende y acepta la enorme distancia que existe entre conocer el enunciado de la verdad y asumirla plenamente. Esa distancia se llama aprendizaje, y como todo proceso, requiere tiempo, paciencia, confianza y una determinación inquebrantable.

    Tu principal desafío con este Curso no es entender lo que dice, ni siquiera reconocerlo como cierto, sino encontrar la motivación para aplicarlo en todo momento y en toda circunstancia. Pero recuerda esto: solo los logros construyen certeza, y esa certeza es esencial para consolidar tu aprendizaje.

    II Mis pensamientos dementes, que lo son porque están generados sin amor, dan lugar a un mundo demencial, igualmente desprovisto de amor.

    Lo contrario también es cierto: mis pensamientos amorosos me harán ver un mundo lleno de amor. Mis pensamientos son la causa, y el mundo es el efecto.

    III La Realidad son los Pensamientos que pienso con Dios, mis Creaciones.

    IV Cuando recurro a mis Pensamientos reales para interpretar la realidad, solo veo amor, belleza y paz, que es lo que he creado con Dios.

    V Me perturba profundamente ver un mundo que no tiene ningún significado porque eso está en absoluto desacuerdo con mi verdadera identidad como Hijo de Dios, que es puro significado, amor y paz infinita.

    VI Darle valor al mundo que contemplo es lo que lo hace real, pero solo para mí mismo, pues, en sí, ese mundo que veo no tiene ninguna realidad; es solo fruto de mi imaginación.

    Lo he inventado yo, el Hijo de Dios, del mismo modo que he inventado una personalidad espuria para mí mismo.

    VII La falta de significado es lo opuesto al conocimiento, al igual que el miedo es lo opuesto al amor.

    VIII Esto es lo mismo que decir que, de ahora en adelante, elijo únicamente pensar los Pensamientos que comparto con Dios, y sabré distinguirlos de los otros porque me inspiran paz, amor y seguridad.

    IX Solo un dios demente podría haber creado un mundo que no significa nada, pero eso ni siquiera sería posible, porque eso no sería crear, sino creer; fabricar ilusiones.

    Así opera la parte de la mente del Hijo de Dios que cree haberse separado de su Padre; ese es su dios demente en una ecuación imposible.

    X Desde luego, eso no tiene ningún sentido y sería una locura; no obstante, así es como piensan quienes se aferran obstinadamente a sus falsas identidades, separadas e independientes de la realidad de Dios: las personas que han venido a morar en un mundo demente.

    XI Mis pensamientos conforman ese diálogo interno incesante con el que me cuento a mí mismo una historia fantástica de carencias, pecados, culpas, rencores, deseos y venganzas.

    Si bien, de vez en cuando, también se cuela entre ellos algún pensamiento amoroso, y entonces respiro aliviado.

    XII Sin embargo, en esa situación desesperada, a veces despunta algún pensamiento de perdón; en algunas ocasiones contemplo a mis hermanos con ternura y misericordia, y entonces mi corazón da un brinco de alegría: la luz ha llegado y el mundo refleja tímidamente el Amor de Dios.

    No me hace falta más guía que esa para saber que, en esos momentos, me encuentro en mi Mente Correcta; la locura se ha disipado y ahora puedo ver verdaderamente.

    ¿Qué otra guía que esa necesito?

    XIII Mateo 16:18 «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán contra ella».

    XIV Éxodo 20:3 «No antepondrás a otros dioses a Mí».

  • LECCIÓN 52

    El repaso de hoy abarca estas ideas: L-6 a L-10

    1.L-6 «Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí».I

    2La realidad nunca da miedo.II

    3Es imposible que me disguste.

    4La realidad brinda solo perfecta paz.

    5Cuando estoy disgustado es siempre porque he reemplazado la realidad por ilusiones que yo he imaginado.

    6Las ilusiones son perturbadoras porque yo les he otorgado realidad; por ello, contemplo la realidad como una ilusión.

    7Nada en la Creación de Dios se ve afectado en modo alguno por esta confusión mía.

    8Siempre estoy disgustado por algo que no es nada.III

    2.L-7 «Solo veo el pasado».IV

    2Cuando miro a mi alrededor, condeno el mundo que contemplo.

    3Y a eso le llamo ver.

    4Uso el pasado en contra de todos y de todo, y así es como los convierto en mis «enemigos».

    5Cuando me haya perdonado a mí mismo y recuerde quién soy, bendeciré a todos y a todo lo que vea.

    6No habrá pasado, y, por lo tanto, tampoco «enemigos».

    7Y contemplaré con Dios todo aquello que antes era incapaz de ver.

    3.L-8 «Mi mente está absorta en pensamientos del pasado».V

    2Solo veo mis propios pensamientos y mi mente está absorta en el pasado.

    3¿Qué puedo ver, entonces, tal como es?

    4Permite que recuerde que contemplo el pasado para evitar que el presente aflore en mi mente.VI

    5Que comprenda que estoy tratando de usar el tiempo en contra de Dios.VII

    6Que aprenda a desprenderme del pasado, dándome cuenta de que al hacerlo estoy renunciando a lo que no es nada.

    4.L-9 «No veo nada tal como es ahora».VIII

    2Si no veo nada tal como es ahora, verdaderamente se puede decir que no veo nada.

    3Solamente puedo ver lo que está aquí ahora.

    4La elección no es entre ver el pasado o el presente; es, simplemente, entre ver o no ver.

    5Lo que he elegido ver me ha costado la visión.

    6Ahora quiero elegir de nuevo, para poder ver.

    5.L-10 «Mis pensamientos no significan nada».IX

    2Yo no tengo pensamientos privados.

    3Sin embargo, solo soy consciente de mis pensamientos privados. 

    4¿Qué pueden significar esos pensamientos?

    5No existen; luego, no significan nada.

    6Pero mi mente es parte de la Creación y parte de su Creador.

    7¿No sería preferible que me uniera al pensamiento del universo, en vez de ensombrecer todo lo que realmente es mío con mis lamentables pensamientos «privados» que no significan nada?


    I Veo «lo que no está ahí» porque, en verdad, solo me relaciono con mis propias interpretaciones, las historias que me cuento a mí mismo, que no están en otro lugar que en mi mente, pues, al ser ideas, nunca han abandonado la fuente de la que provinieron. Ahí fuera no hay nada, porque no hay nada fuera de mi mente, ya que mi mente, que es la de Dios, es todo lo que existe. Lo que me disgusta no es nada que esté ahí «fuera», sino la historia que me acabo de contar, que es la historia de un disgusto.

    II Eso todavía no lo sé, porque no recuerdo lo que es «la Realidad», y esto se debe a que la he olvidado al sustituirla por la voz del ego, eso a lo que he llamado «mis pensamientos». Ahora mi mente se encuentra en una especie de estado «hipnótico», contemplando imágenes que estoy proyectando en la pantalla de la conciencia. Algo parecido a ver una película en el cine.

    La Realidad es la Existencia, una abstracción perfecta que podemos interpretar en sus tres aspectos de Amor, Verdad y Poder, la tríada divina. Existir es una condición absolutamente satisfactoria que no inspira miedo, sino certeza, amor y poder en modo infinito.

    III No es nada porque es una ilusión que no tiene entidad en sí misma; es el símbolo de una idea imposible: la noción de ser una entidad individual separada de Dios. Y eso que digo ver no es más que la «historia» que me estoy contando a mí mismo.

    IV «Solo veo el pasado» porque mi mente solo se relaciona con significados que otorgué en el pasado, y las formas que creo ver son símbolos de esos significados antiguos. Es exactamente lo mismo que ocurre en los sueños nocturnos, donde todo lo que veo no son más que formulaciones de significados que yo mismo atribuí en el pasado.

    V El original en inglés de la Lección 8 es: «My mind is preoccupied with past thoughts». El verbo «preocuparse» es muy peculiar, pues pre-ocuparse es ocuparse de algo antes de ocuparse de ello, lo cual es absurdo. Es un concepto que hace referencia al estado mental anterior a tomar la decisión de actuar.

    Que la mente esté absorta en esa «pre-ocupación» implica la conciencia de que algo debe ser cambiado porque está «mal», o al menos podría estar «mejor». La percepción de esa necesidad de cambiar algo siempre conlleva un cierto desasosiego e incomodidad —la motivación— que puede llegar a ser muy aguda.

    En verdad, pre-ocuparse no es otra cosa que sufrir al contemplar con miedo e impotencia una demanda de respuesta de la vida que excede aquello de lo que te consideras capaz.

    VI Es importante entender que la mente no puede manejar dos cosas simultáneamente: o se ocupa del pasado, o se ocupa del presente. Hay que elegir entre esas dos únicas opciones.

    Tienes la tendencia a elegir el pasado porque ahí es donde se encuentran el pecado y la culpa, y tratar con ellos es el perverso placer del ego. En la inocencia del presente, el ego se disuelve. La culpa es lo que garantiza la continuidad del ego.

    La inocencia del presente es el precio que pagas por ensimismarte en el pasado.

    VII El tiempo, en sus aspectos imaginarios de pasado y futuro, es el gesto que hace la mente para separarse de conceptos a los que se niega a sí misma el acceso.

    Dios es real y solo existe en el aspecto real del tiempo: el presente.

    VIII Las características fundamentales del presente son la inocencia y la paz; la perfecta ausencia de culpa y de amenaza.

    El presente es siempre perfectamente satisfactorio. Si no lo es, es síntoma indudable de que estás contemplando el pasado o previendo el futuro, los aspectos inexistentes del tiempo.

    IX De nuevo se repite la idea de la Lección 4. Se trata de una idea crucial en el paradigma de este Curso. Tal es su importancia que es imposible ser demasiado consciente de ella, pues se olvida constantemente.

    Date cuenta de que la mente fue creada para contemplar la verdad; por eso, considera cierta cualquier cosa que aparezca ante ella, no importa si es realidad o ilusión. La mente siempre tiende a considerar veraz aquello que contempla; de ahí que perdonar sea el deshacimiento de ese impulso mental.

    Perdonar, en el fondo, es deshacer un error comprensible, pues la mente ha de lidiar con formas extrañas e impropias que surgen de una idea primordial absolutamente falsa: que estás separado de Dios. Una vez que tu mente ha aceptado ese error monumental, es inevitable que de él surjan fantasmas, y tu pobre mente, acostumbrada a la verdad, inevitablemente se engaña con esos engendros de la locura.

    Así que, siempre que algo te perturbe, recuerda que el pensamiento que ha motivado ese malestar —la voz del ego en ti— realmente no significa nada. Perdónalo, no lo tengas en cuenta y contempla el presente con el amor que se merece.

  • PRIMER REPASO y LECCIÓN 51

    Introducción

    1. Hoy comenzaremos una serie de sesiones de repaso.I

    2Cada una de ellas abarcará cinco de las ideas ya presentadas, comenzando por la primera y terminando con la quincuagésima.

    3A cada idea le sigue un breve comentario que debes tener en cuenta al repasarla.

    4Los ejercicios deben practicarse de la siguiente manera:

    2. Comienza el día leyendo las cinco ideas y los comentarios.

    2Después, no es necesario seguir ningún orden concreto al considerarlas, aunque cada una debe practicarse al menos una vez.

    3Dedica dos minutos o más en cada periodo de práctica a pensar en la idea y en los comentarios correspondientes.

    4Hazlo con la mayor frecuencia posible durante el día.

    5Si alguna de las cinco ideas te atrae más que las otras, concéntrate en ella.

    6Pero asegúrate de repasarlas todas una vez más al final del día.

    3. No es necesario abordar los comentarios de forma literal o exhaustiva en los periodos de práctica.

    2Trata, más bien, de destacar el punto central de cada idea y piensa en él.II

    3Estos ejercicios de repaso deben hacerse con los ojos cerrados y, si es posible, cuando estés solo en un lugar tranquilo.

    4. Esto es especialmente importante para los repasos en tu actual estadio de aprendizaje.

    2Sin embargo, es importante que aprendas a no necesitar ningún entorno especial para aplicar lo que has aprendido.

    3De hecho, necesitarás aún más aplicar lo que has aprendido en situaciones que te parezcan perturbadoras que en aquellas que parezcan tranquilas y apacibles.

    4El propósito de tu aprendizaje es permitirte llevar la quietud contigo dondequiera que vayas y sanar la angustia y la agitación.

    5Esto no se consigue eludiendo las situaciones complicadas ni buscando un refugio para aislarte.

    5. Aprenderás que la paz forma parte de ti y que solo se requiere que tú estés presente para que tu paz envuelva cualquier situación en la que te encuentres.

    2Finalmente, aprenderás que no importa en absoluto dónde te encuentres para ver tu paz reflejada en todo, tal como está en ti.III

    6. Observarás que, en el repaso, las ideas no siempre se presentan en la forma original en que fueron enunciadas.

    2Utilízalas como se dan ahora.

    3No es necesario que vuelvas a las formulaciones originales ni que apliques las ideas como se sugirió entonces.

    4Ahora hacemos hincapié en la manera en que se relacionan entre sí estas primeras cincuenta ideas que hemos considerado y en la consistencia del sistema de pensamiento al que te conducen.


    I Fíjate en la pedagogía que está aplicando Jesús en este Libro de Ejercicios. En primer lugar, la repetición. Cuando se presenta por primera vez la idea a practicar durante el día, te pide que la repitas, trayéndola a tu mente con una determinada frecuencia a lo largo del día. La razón de esto es que, en sentido figurado, para que un determinado estímulo se convierta en una respuesta específica, en un comportamiento o interpretación concreta, debe recorrer un determinado camino a través de la jungla impenetrable de tu mente. Por eso, es necesario abrir un sendero entre esos dos puntos y mantenerlo abierto, accesible y conocido recorriéndolo muchas veces. De esta manera, transitar a través de él se vuelve fácil y familiar.

    Ahora, con este repaso, volvemos a transitar de nuevo a través de ese sendero por el que no habíamos pasado en varias semanas, y así nos aseguramos de que conocemos bien el trayecto. Pero en esta ocasión el recorrido lo hacemos de manera algo diferente. Ahora Jesús añade un nuevo recurso: utilizamos diferentes vehículos para transitarlo, usamos palabras levemente diferentes e, incluso, nos anima a que usemos las que se nos ocurran a nosotros. Así aprendemos que la formulación de la idea no es una especie de conjuro mágico, sino que lo que realmente importa es el concepto que las palabras transmiten. Así aprendemos a distinguir entre forma y contenido.

    II Quizás esto sea lo más importante del ejercicio: trata de comprender la esencia de lo que Jesús intenta transmitirte con cada idea. Intenta expresarlo con tus propias palabras o, mejor aún, intenta llegar al concepto en cuestión sin que cruce ninguna palabra por tu mente; intenta llegar a la esencia de la idea a través de un sentimiento. Si eres capaz de comprender la idea sin palabras, es que la has comprendido de verdad.

    A partir de ahí, no trates la idea como una declaración o una formulación; quédate con la pura comprensión y entiende que esa comprensión es la verdad. Esta es la manera más efectiva de incorporarla a tu sistema de pensamiento como algo funcional.

    Entiende que un sistema de pensamiento no es un conjunto de ideas que deben ser necesariamente formuladas de una determinada manera. Es cierto que se puede describir de esa manera, pero también de muchas otras.

    Un sistema de pensamiento, en sí mismo, es una «posición» específica de la mente, un paradigma mental; es una manera de usar la mente o, más bien, la manera en que tu mente afronta lo que percibe o concibe.

    III Ten muy en cuenta estas últimas líneas. Recuerda que este es un Curso de entrenamiento mental. En realidad, es un entrenamiento para la parte «inferior» de tu mente; la otra parte no necesita ningún entrenamiento, pues es la morada del Espíritu Santo y funciona perfectamente en la eternidad. Lo que estás haciendo ahora es simplemente limpiar y ordenar la casa en la que habita el ego, aunque quizás sería más apropiado decir que lo que estás haciendo con estas prácticas es expulsar al ego de esa parte de tu santa mente en la que se había instalado de manera desvergonzada. No tiene ningún derecho a estar ahí. Simplemente te estás deshaciendo de un inquilino extraordinariamente molesto y perturbador.

    También puedes interpretar la situación de una manera aún más apropiada. Entiende que el ego, en realidad, no existe; no es nadie ni es nada, solo es una mala manera de usar tu mente. En este Curso se usa el término «ego» con un propósito puramente didáctico y como un recurso de aprendizaje, pero el ego no tiene ninguna entidad en absoluto. Por eso, cuando leas que se habla de «mentalidad incorrecta», en realidad se está haciendo referencia al ego: la manera incorrecta de usar tu santa mente. Lo que ocurre es que, por ahora, es la única que conoces; la otra manera casi no la recuerdas en absoluto, pero ciertamente la añoras.

    En este proceso de «limpiar y ordenar» tu casa, es fundamental que uses los recursos que se te proponen con la mayor frecuencia posible y, sobre todo, siempre que te enfrentes a una situación perturbadora, un problema o un disgusto. Recuerda la introducción del Capítulo 30: «Estos pasos no son algo nuevo para ti, pero aún no son más que ideas, y no las normas que rigen tu manera de pensar. Por lo tanto, tenemos que practicarlas por un tiempo hasta que se conviertan en las reglas que gobiernen tu vida. Lo que andamos buscando es que esas reglas se conviertan en hábitos y las tengas a tu disposición para CUALQUIER necesidad» (T-30.I.1:6-8).

    LECCIÓN 51

    El repaso de hoy abarca las siguientes ideas: L-1 a L-5 I

    1.  L-1 «Nada de lo que veo significa nada».

    2La razón de que esto sea así es que veo lo que no es nada, y lo que no es nada no tiene ningún significado.II

    3Es necesario que reconozca esto para poder aprender a ver.  

    4Lo que creo estar viendo ahora ocupa el lugar de la visión.

    5Debo abandonarlo al darme cuenta de que no significa nada, para que así la visión ocupe su lugar.

    2.L-2 «Yo soy quien le ha dado significado a todo lo que veo».III

    2He juzgado todo lo que contemplo.

    3Y es eso y solo eso lo que veo.

    4Eso no es ver.

    5Es simplemente una ilusión de realidad, porque he hecho mis juicios totalmente al margen de la realidad.

    6Estoy dispuesto a reconocer la falta de validez de mis juicios porque quiero ver.

    7Mis juicios me han hecho daño, y no quiero seguir viendo a través de ellos.

    3.L-3 «No entiendo nada de lo que veo».

    2¿Cómo voy a poder entender lo que veo si lo he juzgado erróneamente?

    3Lo que veo es la proyección de mis propios errores de pensamiento.

    4No comprendo lo que veo porque no es comprensible.IV

    5No tiene sentido tratar de entenderlo.

    6Sin embargo, está totalmente justificado abandonarlo para dejar espacio a lo que sí se puede ver, entender y amar.V

    7Puedo cambiar lo que ahora veo por eso, simplemente estando dispuesto a hacerlo.

    8¿No es acaso esta una elección mejor que la que antes hice?

    4.L-4 «Estos pensamientos no significan nada».VI

    2Los pensamientos de los que soy consciente no significan nada porque estoy tratando de pensar sin Dios.

    3Lo que yo llamo «mis» pensamientos no son mis Pensamientos reales.VII

    4Mis Pensamientos reales son los Pensamientos que pienso con Dios.

    5No soy consciente de ellos porque he permitido que «mis» propios pensamientos ocupen su lugar.

    6Estoy dispuesto a reconocer que «mis» pensamientos no significan nada y a abandonarlos.

    7Elijo reemplazarlos por aquello que ellos pretendían sustituir.

    8«Mis» propios pensamientos no significan nada, pero toda creación reside en los Pensamientos que pienso con Dios.VIII

    5.L-5 «Nunca estoy disgustado por la razón que creo».

    2Nunca estoy disgustado por la razón que creo porque estoy constantemente tratando de justificar «mis» propios pensamientos.

    3Estoy constantemente intentando hacer que sean verdad.

    4Hago de todas las cosas mis «enemigos» para justificar así mi ira y mis ataques.IX

    5No me he dado cuenta de hasta qué punto he hecho un mal uso de todo lo que veo al asignarle ese papel a mis propios pensamientos.

    6Lo he hecho para defender un sistema de pensamiento que me ha hecho daño y que ya no quiero.

    7Estoy dispuesto a abandonarlo.


    I Helen era una editora algo maniática y le disgustaba la idea de repetir los subtítulos de las Lecciones de repaso. Por eso, Jesús le ofreció una formulación distinta para cada uno.

    II Esta línea explica muy bien lo que está ocurriendo en tu mente. Nada de lo que ves significa nada porque, en realidad, no estás viendo absolutamente nada; solo estás proyectando imágenes en la pantalla de tu conciencia, y a eso lo llamas «ver». Lo que crees ver no es más que una ilusión, solo que tu mente ha etiquetado como «algo» o «cosas» lo que ha concebido. También les ha puesto las etiquetas de «exterior a mí» y «realidad». Y, para completar, les ha adscrito una etiqueta aún más larga que describe su función: «para qué sirve» esa cosa.

    Lo que aparece en todas esas etiquetas no es exactamente «falso», sino más bien «ficticio», de carácter completamente caprichoso y arbitrario. De todas las etiquetas, la que más daño te hace es la que dice «real», porque es precisamente la que te tiene totalmente confundido y la que más te perjudica. Si no hubieras puesto esa etiqueta, nada podría afectarte o perturbarte, y comprenderías que todo es fruto de tu fecunda imaginación, de tu capacidad para crear mundos imaginarios; una especie de producción artística.

    III Esto debería resultar evidente, incluso para ti, que estás comenzando a estudiar este Curso. Seguramente te das cuenta de que interpretas el momento presente de manera muy diferente a la persona que tienes a tu lado, aún más distinta que el perro que te acompaña y, ni hablar, de la hormiga que acabas de pisar, por poner un ejemplo. En realidad, no te relacionas con otra cosa que con tus propias interpretaciones de lo que percibes.

    Es más, lo que percibes ni siquiera está «fuera» de ti; está en tu mente, al igual que eso que llamas «mi cuerpo» y la idea que tienes de ti mismo. Aunque esto pueda asustarte un poco, todo ello es ficticio. Sin embargo, no hay motivo para temer; si sientes miedo, es señal de que estás haciendo bien los ejercicios.

    No obstante, si trabajar con estas ideas no te provoca al menos un cierto desasosiego, es posible que aún no estés comprendiendo del todo su significado. No te preocupes por ello, pero procura profundizar en el verdadero sentido de lo que se te propone.

    IV ¡Por supuesto que no entiendes nada de lo que ves! De hecho, ni siquiera comprendes lo que significa «entender», ya que lo confundes con «recordar» tus propias interpretaciones y juicios. Sin embargo, si haces un pequeño ejercicio de honestidad, notarás que, al quitarle a lo que ves todas las «etiquetas» que tú mismo has puesto ahí, tu mente queda en blanco. Entonces, lo que contemplas no te evoca nada que no provenga de ti.

    En realidad, el único componente genuino de los contenidos de tu mente es el amor que contienen.

    V Para entender esta línea, quizá te convenga echar un rápido vistazo a la Lección 29.

    VI La magnitud de lo que esta idea implica es tal que difícilmente se puede expresar con palabras, pues la idea en sí niega y desvirtúa las palabras mismas. Además, si lo recuerdas, la idea se reitera y refuerza en la Lección 10 con una declaración similar. Esta es una de las muchas declaraciones devastadoras para el ego que el estudiante de este Curso suele admitir y aceptar a la ligera, sin mayores consecuencias en su vida personal.

    Quizá te consideres estudiante de Un Curso de Milagros, quizá digas que aceptas sus postulados y estés dedicado a su lectura; incluso puede que intentes practicarlo con toda la honestidad de la que eres capaz, pero probablemente hayas notado que los problemas siguen surgiendo. Tu antiguo sistema de pensamiento tiene su propia inercia y se resiste a cambiar. Y eso es normal. No te preocupes por ello. Persevera y confía.

    Entiende que, si bien el cambio podría ser instantáneo, lo habitual es que implique un proceso que se despliega a lo largo del tiempo. Piensa también que, en última instancia, tu antiguo sistema de pensamiento no se va a cambiar a sí mismo. Eso es imposible. Jesús te dice que el paso final lo da Dios. A ti te corresponde hacer lo posible por crear las condiciones para que eso se produzca cuanto antes, nada más.

    VII Date cuenta de que eso que llamas «mis» pensamientos no es otra cosa que la voz del ego en tu mente. No temas dejar de lado esa voz insidiosa y desistir de esos pensamientos «tuyos». No seas posesivo, pues esa pulsión codiciosa es precisamente el efecto del ego en tu mente. Tú no puedes perder nada real; no lo olvides.

    VIII «Los pensamientos que pienso con Dios» son precisamente la Creación, toda la Creación; lo único que existe: la Realidad.

    IX No te juzgues a ti mismo con dureza por pensar así y operar de esa manera. Tienes que darte cuenta de que haces eso porque, aunque no lo reconozcas, estás muy asustado; tienes mucho miedo. El terror profundo que sientes, pero que te ocultas a ti mismo, te resulta tan intolerable que no lo soportas dentro de ti y tratas de liberarte de él proyectándolo fuera en formas iracundas. Tus ataques hacia tus hermanos, y los de ellos hacia ti, no son más que eso: la proyección de un miedo intolerable. Tanto ellos como tú, en realidad, estáis pidiendo ayuda en esa difícil situación. Perdónate a ti mismo por eso y perdónalos a ellos también. Solo el perdón y la oración os salvarán. Recuerda que no importa dónde te encuentres; lo único que importa es adónde te diriges.

  • LECCIÓN 50

    El Amor de Dios me sustenta.

    1. He aquí la respuesta a todos los problemas que afrontes hoy, y mañana, y a lo largo del tiempo.

    2Tú crees que lo que te sustenta en este mundo es cualquier cosa menos Dios.

    3Depositas tu fe en los símbolos más triviales y descabellados: en píldoras, dinero, ropa «protectora», «influencia», «prestigio», caer bien a otros, conocer a la gente «correcta», y en una lista interminable de formas que no son nada a las que atribuyes poderes mágicos.

    2. Todas esas cosas son tus sustitutos del Amor de Dios.I

    2Les das valor a todas esas cosas para asegurar la identificación con el cuerpo.

    3Son himnos de alabanza al ego.

    4No pongas tu fe en lo que carece de valor; eso no puede sustentarte.

    3. Solo el Amor de Dios te protegerá en toda circunstancia.

    2Te sacará de todas las dificultades y te elevará por encima de todos los peligros que percibes en este mundo hasta un clima de perfecta paz y seguridad.

    3Te llevará a un estado mental en el que nada puede amenazarte, perturbarte o interferir con la calma eterna del Hijo de Dios.

    4. No deposites tu fe en ilusiones.

    2Te fallarán.

    3Deposita toda tu fe en el Amor de Dios dentro de ti, eterno, inmutable y por siempre infalible.

    4Esa es la respuesta a todo lo que tengas que afrontar hoy.

    5Gracias al Amor de Dios en ti, puedes resolver todas las aparentes dificultades sin esfuerzo y con absoluta confianza.

    6Repítete esto a menudo hoy.

    7Es una declaración de liberación de la creencia en ídolos.

    8Es tu reconocimiento de la verdad acerca de ti.II

    5. Deja que la idea de hoy se sumerja profundamente en tu conciencia durante diez minutos dos veces, una por la mañana y otra por la noche.

    2Repítela, reflexiona sobre ella, deja que vengan pensamientos relacionados que te ayuden a reconocer su verdad y permite que la paz te envuelva como un manto protector.III

    3No permitas que ningún pensamiento vano e insensato se introduzca para perturbar la santa mente del Hijo de Dios.

    4Pues así es el Reino de los Cielos.IV

    5Así es el lugar de descanso donde tu Padre te ha ubicado para siempre.


    I El mundo es una patética parodia del Reino de los Cielos. En el mundo no hay nada que sea intrínsecamente nuevo y original. Todo lo que encontrarás en él es una versión infinitamente disminuida de lo que disfrutas en el Cielo. Cuando la loca idea de estar separado de Dios cruzó fugazmente por la mente del Hijo de Dios, no creó nada en absoluto, pues es imposible crear separado de Dios; de hecho, es imposible estar separado de Dios. En vez de crear, aquel que se creyó humano comenzó a creer en ilusiones; la primera, su propia identidad: el ego.

    Esa versión de sí mismo —también infinitamente disminuida y cualitativamente distinta, pues es limitada y carente— tiene que ser satisfecha con lo único que ahora conoce: ilusiones. Y las ilusiones sustitutorias que persigue, forzosamente y debido a su absoluta falta de creatividad, tienen que emular lo que el Hijo de Dios conoce y disfruta en el Reino de Dios.

    Por eso, y en cierta manera, se podría decir que el mundo es la triste analogía del Cielo, donde lo abstracto se ha vuelto concreto, lo ilimitado, limitado, y lo eterno, temporal. No obstante, y aun así, lo mundano inevitablemente conserva un paralelismo con lo divino. Todo lo que aquí anhelas y persigues lo tienes en el Cielo en medida infinita. Aquí no encontrarás nada intrínsecamente original; todo es una mala copia de lo que ya tienes y disfrutas en la casa de tu Padre.

    II El Amor de Dios es algo que tú, ego, no comprendes; sin embargo, tú, Hijo de Dios, no conoces otra cosa que eso. Y fíjate en que aquí se habla de «aparentes» dificultades, porque, en realidad, no hay ninguna dificultad en absoluto. Date cuenta también de que este es un Curso para ti, ego, porque el Hijo de Dios no necesita ningún Curso en absoluto, ¡faltaría más! El Amor de Dios, en realidad, no resolverá nada, porque no hay nada que resolver, mas, cuando sientas el Amor de Dios dentro de ti, ciertamente todas las dificultades se desvanecerán. El problema con tus problemas es que son importantes para ti y, de nuevo, el único problema que realmente tienes es la importancia que les concedes. Cambia tu mente, perdona, prioriza el Amor de Dios por encima de todo y verás lo que ocurre.

    III Esta línea es muy importante. Ese dejar que te vengan pensamientos afines es lo que va a hacer que tu mente se «coloree» con el «color» del Amor de Dios y resuene con esa experiencia. Esto se debe a que, como ya se ha comentado antes, la mente es como un camaleón: tiene el potencial de mimetizarse con aquello que evoca y se convierte en eso mismo. Pensar o leer algo que traiga a tu mente la idea de que el Amor de Dios te protege y te cuida te llevará a vivir esa experiencia.

    Lo que te va a conducir al Amor de Dios es tu anhelo de Él, no las cábalas y elucubraciones que hagas en tu mente sobre semejante concepto. Tu anhelo, de hecho, es una forma de oración. Anhela de corazón y confía. No hace falta nada más. La experiencia de Su Amor se te concederá.

    IV Mateo 3:2: «Arrepentíos, pues el Reino de los Cielos está a mano». Esto se ha entendido a menudo como «confiesa tus pecados porque el fin del mundo ocurrirá pronto». Otra forma de entenderlo, más plausible cuando miramos el original griego en la Biblia y lo examinamos a la luz de este Curso, es: «Cambia tu mente; el Cielo está tan cerca de ti como tu mano».

    Mateo 19:14: «Pero Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de los Cielos es de los que son como ellos”».

    La expresión «Reino de los Cielos» aparece 32 veces en la Biblia, todas ellas en el Evangelio según Mateo, y también aparece 20 veces en los siete volúmenes de este Curso. En otros lugares se usa la expresión «Reino de Dios», como en Marcos 1:15.

  • LECCIÓN 49

    La Voz de Dios me habla durante todo el día.

    1. Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin interrumpir en absoluto tus actividades habituales.I

    2La parte de tu mente en la que mora la verdad está en constante comunicación con Dios, seas o no consciente de ello.

    3Es la otra parte de tu mente, la que opera en el mundo y obedece sus leyes.

    4Esa es la parte que está constantemente distraída, desorganizada y muy insegura.

    2. La parte que está escuchando la Voz de Dios es serena y tranquila, siempre en reposo, y se siente totalmente segura.

    2Es la única parte de tu mente que verdaderamente existe.

    3La otra es una ilusión salvaje, frenética y perturbada, pero carece de realidad.

    4Intenta no escucharla hoy.

    5Intenta identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan eternamente.

    6Intenta oír la Voz de Dios que te llama amorosamente, recordándote que tu Creador no ha olvidado a Su Hijo.

    3. Hoy necesitaremos al menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos, y más si es posible.

    2Hoy intentaremos oír verdaderamente la Voz de Dios que te recuerda a Él y a tu Ser.II

    3Nos acercaremos con confianza a este pensamiento, el más feliz y santo, sabiendo que al hacerlo estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.

    4Él quiere que oigas Su Voz.

    5Te la dio para que la oyeras.

    4. Escucha en profundo silencio.

    2Permanece muy quedo y abre tu mente.III

    3Deja atrás los gritos estridentes y las imaginaciones enfermizas que ocultan tus verdaderos pensamientos y oscurecen tu vínculo eterno con Dios.

    4Sumérgete profundamente en la paz que te aguarda más allá de los frenéticos y alborotados pensamientos, y de las vistas y sonidos de este enloquecido mundo.

    5Tú no vives en ese mundo.

    6Estamos intentando llegar a tu verdadero hogar.

    7Estamos intentando llegar al lugar donde eres realmente bienvenido.

    8Estamos intentando llegar a Dios.

    5. No te olvides de repetir la idea de hoy con frecuencia.IV

    2Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos cuando sea posible.

    3Y asegúrate de sentarte en la quietud, repitiendo la idea de hoy siempre que puedas, cerrando los ojos al mundo y reconociendo que estás invitando a la Voz de Dios a hablarte.


    I Así es. Eso es simplemente un hecho, aunque tú probablemente no lo entiendas así. La razón por la que no la oyes también es muy simple: no la escuchas. No pones tu voluntad en escucharla, y eso hace que no la oigas. Quizá no seas consciente tampoco del hecho de que el poder de tu mente para bloquear la Voz de Dios es tan grande como el Poder de Dios para hacerse oír, porque el poder de tu mente es precisamente el Poder de Dios. Mediante ese Poder Él te creó y te lo dio completamente a ti, así como la libertad para usarlo como fuera tu voluntad.

    No puedes escuchar dos voces a la vez. Tu mente siempre elige una de ellas y descarta la otra. Eso es inevitable. Este Curso te dice que una es la voz del ego y la otra, la del Espíritu Santo. Y quizá esto te tenga un tanto confundido, porque no ves con claridad a qué voces se refiere. En realidad, es muy simple. La voz del ego es esa que tú conoces como tu propia voz. Es ese diálogo interno que mantienes de manera incesante contigo mismo y también esas palabras que aparecen en tu boca cuando hablas, sin saber muy bien cómo se te ocurren o de dónde vienen. Todo eso es la voz del ego, y es algo que en realidad no tiene nada que ver contigo, aun cuando eres testigo de ella. Lo que ocurre es que se da la triste circunstancia de que tú confundes ser testigo con ser autor y te apropias de eso que escuchas y dices que es tuyo. La verdad es que no es así, pero tú lo crees.

    La voz del Espíritu Santo también ocurre en ti, proviene de Dios y es la respuesta perfecta para cualquier asunto que consideres. En este caso, no se trata de una voz compulsiva, como la del ego, sino de una voz que tienes que «activar» por medio de tu invitación a escucharla. En realidad, el Espíritu Santo no tiene un discurso propio: es la respuesta de tu Padre a todas tus peticiones, nada más, pero tampoco nada menos que eso.

    Escuchar la voz del Espíritu Santo es lo mismo que querer oírla y creer que te va a decir lo que te conviene y necesitas, porque, en definitiva, es una creencia que descansa sobre una realidad. Por ello, oírla requiere que involucres tu voluntad y tu confianza. Date cuenta de que este, en verdad, es un Curso en el ejercicio de la voluntad, y recuerda que la confianza es la característica primordial de los maestros de Dios.

    II Esta es la cuarta vez en que se te exhorta a que intentes prestar atención a la parte de tu mente donde reside la Voz de Dios. El de hoy es un ejercicio de pura voluntad que requiere una gran determinación y honestidad, pero también una gran candidez y confianza. Date cuenta de que vas a hacer el ejercicio desde la parte inferior de tu mente que rige el ego, pero, si lo haces bien, te encontrarás con sorpresa en la otra parte, en tu mente superior, pues ambas son tú.

    III Salmos 46:10 «Permanece muy quedo y conoce que Yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones, seré exaltado en la tierra!».

    IV El que te acuerdes de hacerlo te dará una indicación de lo que verdaderamente demanda tu corazón. No tengas miedo. No vas a oír una altisonante declaración celestial; vas a oír exactamente lo que más te conviene para ese preciso momento. El contenido de lo que oirás lo determinará la posición de tu corazón en ese instante. Si estás ocupado con trivialidades, oirás una sabia respuesta a esa trivialidad. Si estás angustiado por cualquier motivo, recibirás un mensaje de consuelo, seguridad y paz. Intenta acordarte a lo largo del día de lo que verdaderamente te conviene; escucha.

  • LECCIÓN 48

    No hay nada que temer.I

    1. La idea de hoy simplemente afirma un hecho.

    2Para quienes creen en las ilusiones, no lo es.

    3Pero las ilusiones no son hechos.

    4En realidad, no hay nada que temer.II

    5Esto es algo muy fácil de reconocer.

    6Mas para los que quieren que las ilusiones sean verdad es muy difícil reconocerlo.III

    2. Las prácticas de hoy serán breves, sencillas y frecuentes.

    2Simplemente repite la idea tan a menudo como sea posible.

    3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento, y en cualquier situación.

    4Aunque se recomienda encarecidamente que siempre que sea posible te tomes un minuto para cerrar los ojos y repetir la idea en silencio lentamente varias veces.

    5Es particularmente importante que utilices la idea de inmediato si algo perturba tu paz mental.

    3. La presencia del miedo es una señal segura de que estás confiando en tus propias fuerzas.IV

    2La conciencia de que no hay nada que temer muestra que, en algún lugar de tu mente, aunque no lo reconozcas todavía, has recordado a Dios y permitido que Su Fortaleza reemplace la tuya.

    3En el instante en que te muestras dispuesto a hacer esto, dejas de temer.


    I Esta breve Lección es una de las más queridas para muchos estudiantes de este Curso, y con razón.

    Esta Lección es profundamente apreciada por su simplicidad y su profunda capacidad de consuelo. «No hay nada que temer» habla directamente al corazón, ofreciendo una sensación de paz y tranquilidad en medio de los desafíos de la vida diaria. Su mensaje atraviesa la complejidad de nuestras preocupaciones y ansiedades, recordándonos que el miedo es una ilusión arraigada en el ego.

    La idea de que siempre estamos a salvo en la presencia del amor de Dios, más allá de las ilusiones del mundo, aporta un inmenso alivio. Su verdad universal resuena en todos, convirtiéndola en un poderoso mantra para momentos de duda, ansiedad o angustia.

    II Recuerda las célebres líneas introductorias de este Curso: «Este Curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de esta manera: Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real. En eso radica la Paz de Dios».  

    Esta afirmación encapsula la esencia de su enseñanza: «No hay nada que temer». 

    Si la interpretamos de un modo más libre, poniendo estas palabras en labios de Jesús, podrían decir algo así:  «Hermano mío, disfruta de la Paz de Dios y no temas, porque lo que es real en ti no corre ningún peligro. Todo aquello que crees que podrías perder, en verdad no existe y nunca ha sido real». 

    Este es un Curso acerca de la sanación, y como señala el Texto: «Sanar es quitar miedo».

    El mensaje evangélico de Jesús siempre ha sido: «No temas, alégrate, pues tu verdadera realidad reside en Dios y por ello es inmutable».

    Eso es todo. Es lo que el hermano despierto le dice al hermano que sigue soñando, mientras lo ve sufrir en sus pesadillas: «No hay nada que temer».

    Ahora bien, nuestra experiencia en el mundo parece mostrarnos lo contrario. Sentimos que el peligro nos acecha continuamente, tememos los desastres que imaginamos a la vuelta de la esquina y vivimos pendientes de perder algo valioso para nosotros. Además, la certeza de nuestra muerte futura no deja de acecharnos. Así es como la mayoría de nosotros percibimos la «realidad». 

    La pregunta es: ¿es eso realmente cierto? ¿Hemos perdido alguna vez algo que sea verdaderamente real? Sin duda, con el paso del tiempo hemos visto cómo cambia todo aquello que considerábamos «nuestro»: cuerpo, empleo, relaciones o ideas. Todo va transformándose. En rigor, el tiempo parece destruir cualquier cosa que creamos poseer. 

    Pero hay algo que nunca cambia: nuestra consciencia de ser. 

    Cuando Jesús nos dice que no hay nada que temer porque lo real en nosotros no corre peligro, se refiere a esa consciencia inmutable, a nuestro verdadero Ser. Todo lo demás pertenece al ámbito de la ilusión. Y no solo es que podamos perderlo: en verdad, jamás ha existido.  Era una ilusión.

    La Paz de Dios protege lo que Él ha creado, no las ilusiones que nuestra mente egoica fabrica. Todo miedo a perder nace de la devoción inconsciente que seguimos brindando a nuestras fantasías, a esa historia de miedos, deseos y supuestas carencias que hemos levantado a nuestro alrededor, aun siendo nosotros Hijos gloriosos de Dios. 

    Reconozcamos que, en última instancia, lo que nos asusta es despertar de una pesadilla, y conviene plantearnos: ¿acaso es razonable tener miedo a dejar de temer y volver a la realidad?

    III Lee esta línea con mucha atención. Piensa detenidamente en ella, y luego reflexiona si es ese tu caso.

    IV 2 Corintios 12:9 «Y me ha dicho: “Mi Gracia te basta; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”».

    Aquí, Pablo reconoce una profunda paradoja espiritual: es precisamente al reconocer nuestra fragilidad humana cuando nos abrimos a la fortaleza divina. Cuando dejamos de confiar en nuestras capacidades limitadas y, en su lugar, descansamos en la gracia de Dios, descubrimos un poder que no es propio, sino infinitamente mayor. Esto se alinea perfectamente con la enseñanza del Curso, que sostiene que el miedo surge de confiar en nuestra propia fuerza, mientras que la paz proviene de confiar en la fortaleza de Dios dentro de nosotros.

    De manera similar, Filipenses 4:13 afirma:«Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece». Esto no es un llamado a logros personales impulsados por el ego, sino una invitación a reconocer que, a través de nuestra unión con Cristo—símbolo de nuestro verdadero Ser—tenemos acceso a una fortaleza ilimitada. No hay situación que no podamos afrontar, ni miedo que no podamos disolver, porque no lo enfrentamos solos.

    Ambos versículos desplazan suavemente nuestro enfoque de la autosuficiencia a la dependencia de lo divino. Cuando realmente abrazamos esta verdad, el miedo pierde su poder. Después de todo, si «Mi gracia te basta» y «Todo lo puedo en Cristo», ¿qué podría quedar por temer?

  • LECCIÓN 47

    Dios es la Fortaleza en la que confío.I

    1. Si confías en tus propias fuerzas, tienes todos los motivos para estar aprensivo, ansioso y asustado.

    2¿Qué puedes predecir o controlar?

    3¿Qué hay en ti con lo que puedes contar?

    4¿Qué te puede dar la capacidad de ser consciente de todas las facetas de cualquier problema y resolverlas de tal manera que solo pueda resultar algo bueno?

    5¿Qué hay en ti que te permita reconocer la solución correcta y garantice que se logre?

    2. Por ti mismo no puedes hacer ninguna de estas cosas.II 

    2Creer que puedes es depositar tu confianza donde no está justificada, lo que da lugar al miedo, la ansiedad, la depresión, la ira y el pesar.

    3¿Quién puede poner su fe en la debilidad y sentirse seguro?

    4¿Y quién puede poner su fe en la fortaleza y sentirse débil?

    3. Dios es tu refugio seguro en toda circunstancia.

    2Su Voz habla por Él en todas las situaciones y en todos los aspectos de cada situación, diciéndote exactamente lo que tienes que hacer para invocar Su Fortaleza y Su protección.

    3En esto no hay excepciones, porque Dios no tiene excepciones.III

    4Y la Voz que habla por Él piensa como Él.

    4. Hoy trataremos de ir más allá de tu debilidad para alcanzar la Fuente de la verdadera fortaleza.

    2Hoy son necesarios cuatro periodos de práctica de cinco minutos, y se insta a que sean más largos y frecuentes que eso.

    3Cierra los ojos y empieza como siempre repitiendo la idea del día.

    4Luego, dedica uno o dos minutos a buscar situaciones de tu vida que hayas investido de miedo, y descarta cada una de ellas diciéndote a ti mismo:

    5Dios es la Fortaleza en la que confío.

    5. Ahora, intenta dejar de lado todas las preocupaciones relacionadas con tu propia sensación de incapacidad.

    2Es obvio que cualquier situación que te preocupe está vinculada a la creencia de que no estás a la altura de las circunstancias, pues, de lo contrario, creerías que puedes afrontar la situación con éxito.

    3Confiando en ti mismo no aumentará tu confianza.

    4Mas la Fortaleza de Dios en ti triunfará en todo.IV

    6. Reconocer tu fragilidad es un paso necesario para corregir tus errores.

    2Pero no es suficiente para ganar la confianza que necesitas y a la que tienes derecho.

    3También debes tomar conciencia de que tu confianza en tu verdadera fortaleza está plenamente justificada con respecto a todo y en toda circunstancia.V

    7. En la última parte de la práctica, trata de llegar muy hondo dentro de tu mente, a un lugar de verdadera seguridad.

    2Reconocerás que lo has alcanzado si sientes una profunda paz, aunque sea breve.

    3Deja ir las trivialidades que bullen en la superficie de tu mente y desciende por debajo de ellas hasta llegar al Reino de los Cielos.

    4Hay un lugar en ti donde hay una perfecta paz.

    5Hay un lugar en ti donde nada es imposible.

    6Hay un lugar en ti donde reside la Fortaleza de Dios.

    8. Repite a menudo la idea de hoy.

    2Úsala como respuesta a cualquier perturbación.

    3Recuerda que la paz es tu derecho porque confías en la Fortaleza de Dios.


    I Fíjate cómo estas últimas Lecciones tratan de los tres aspectos del Ser, la triada divina de Conocer, Amar y Crear.

    L-44: Dios es la Luz en la que veo. (Ver-Ajna/Yo comprendo)

    L-45: Dios es la Mente con la que pienso. (Mente-Sahasrara/Yo soy)

    L-46: Dios es el Amor en el que perdono. (Amar-Anahata/Yo amo)

    L-47: Dios es la Fortaleza en la que confío. (Poder-Voluntad-Manipura/Yo puedo)   

    II Reconocer esto no es más que un ejercicio de simple honestidad; es algo que ni siquiera el Hijo de Dios, por sí mismo, puede hacer, pues el Hijo de Dios, por sí mismo, no es más que un humano.

    Tal como nos lo recuerda Jesús: «Respondiendo, Jesús les dijo: “En verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace también lo hace el Hijo de igual manera”» (Juan 5:19).

    III Aquí Jesús nos recuerda nuevamente que la Voz del Espíritu Santo siempre está a nuestro alcance. Nos habla en toda circunstancia, pues habita en la parte correcta de la mente, a la que a veces se refiere como la “mente superior”. Si en ocasiones no la escuchamos, no es que la Voz no esté presente, sino que para oírla necesitamos estar dispuestos a escuchar y detener por un momento nuestro diálogo interno. Al fin y al cabo, ¿cómo podríamos oír la Voz del Espíritu Santo si no le damos un espacio y seguimos conversando con nosotros mismos sin cesar?

    IV En tu situación actual, es natural que esta afirmación —por más bella y gozosa que te parezca— no te resulte del todo creíble. Tal vez la leas con buena disposición, pero la consideres apenas una historia bienintencionada, un tanto idealista.

    Escucha con atención y abre tu mente a la verdad: ¡nada está más cerca de la verdad que esto! Albergar la idea de Dios en tu mente —pensar en tu Padre, aunque solo sea un instante— te hace absolutamente invulnerable bajo cualquier circunstancia. Recordarlo, aunque sea por un breve momento, te sitúa más allá de cualquier amenaza en este sueño ilusorio de muerte y destrucción. Pensar en Dios te colma de un poder y una alegría tales que, aunque no te separen físicamente de este mundo, te protegen con un manto de cordura y te resguardan de todo mal.

    ¿No te das cuenta de que evocar a Dios es llevar la Realidad a la ilusión, el Amor al temor, la Verdad al error y la Fortaleza a la debilidad? Pero no confíes solo en estas palabras: ¡compruébalo por ti mismo! Piensa en Dios cuando sientas miedo, cuando te asalten las dudas o cuando no sepas qué camino tomar… y observa con atención lo que sucede. Te sorprenderá.

    V «La verdadera fortaleza» alude a la Fortaleza de Dios que mora en ti, no a la que tu ego pretende atribuirse.

    Recuerda, además, que la confianza es la primera y más importante característica de los maestros de Dios, y se fundamenta precisamente en esa Fortaleza. Tal como afirma el Curso:

    «Los maestros de Dios confían en el mundo porque han aprendido que no se rige por las leyes que el mundo ha inventado. Está gobernado por un Poder que está en ellos, pero no es de ellos» (M-5.1.1:4-5).

    Ese Poder, en última instancia, es la Fortaleza de Dios.

  • LECCIÓN 46

    Dios es el Amor en el que perdono.

    1. Dios no perdona, porque Él nunca ha condenado.

    2Y antes de que el perdón sea necesario, debe haber habido previamente condena.

    3El perdón es la mayor necesidad de este mundo, pero eso es porque este es un mundo de ilusiones.

    4Los que perdonan se liberan de las ilusiones; los que no perdonan, se atan a ellas.I

    5Tal como tú en verdad solo te condenas a ti mismo, igualmente, solo te perdonas a ti mismo.

    2. Aunque Dios no perdona, Su Amor es, no obstante, la base del perdón.

    2El miedo condena, y el amor perdona.II

    3El perdón deshace lo que el miedo ha fabricado, devolviendo a la mente la conciencia de Dios.

    4Por esta razón, al perdón se le puede llamar verdaderamente salvación.

    5El perdón es el medio por el que desaparecen las ilusiones.

    3. Los ejercicios de hoy requieren al menos tres sesiones completas de cinco minutos, y tantas aplicaciones más cortas como sea posible.

    2Comienza las prácticas largas repitiendo para tus adentros la idea de hoy, como de costumbre.

    3Cierra los ojos mientras lo haces, y dedica uno o dos minutos a buscar en tu mente a aquellos a quienes no has perdonado.

    4No importa «cuánto» no los has perdonado.

    5O bien los has perdonado completamente, o no los has perdonado en absoluto.III

    4. Si haces bien los ejercicios no deberías tener ninguna dificultad para encontrar bastantes personas a las que no has perdonado.

    2Es una regla segura considerar que cualquiera que no te caiga bien es un sujeto adecuado.

    3Menciona a cada uno por su nombre y di:

    4Dios es el Amor en el que te perdono, [nombre].

    5. El propósito de la primera parte de la práctica es prepararte mejor para perdonarte a ti mismo.IV

    2Después de haber aplicado la idea de hoy a todas las personas que te han venido a la mente, dite a ti mismo:

    3Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo.

    4Dedica luego el resto de la práctica a añadir ideas afines, tales como:

    5Dios es el Amor con el que me amo a mí mismo.

    6Dios es el Amor en el que soy bendito.

    6. La forma de estas aplicaciones puede variar considerablemente, pero no hay que perder de vista la idea central.

    2Podrías decir, por ejemplo:

    3No puedo ser culpable, porque soy un Hijo de Dios.

    4Ya he sido perdonado.

    5No es posible albergar miedo en una mente a la que Dios ama.

    6No hay necesidad de atacar, porque el amor me ha perdonado.

    7No olvides que la práctica debe concluir repitiendo la idea de hoy en su forma original.

    7. Las aplicaciones más breves pueden consistir en una repetición de la idea en su forma original, en una forma relacionada si lo prefieres, o en aplicaciones más específicas si son necesarias.

    2Estas aplicaciones específicas serán necesarias en cualquier momento del día en que te des cuenta de que experimentas algún tipo de reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no.

    3En ese caso, repite en silencio:V

    4Dios es el Amor en el que te perdono.


    I Mateo 16:19: «Y yo os daré las llaves del Reino de los Cielos, y todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo».

    Juan 20:23: «Si perdonáis los pecados a alguno, le son perdonados; si se los retenéis, le son retenidos».

    Esta es la clave del perdón. Cuando perdonas, te estás diciendo a ti mismo que eso no es importante, precisamente porque es una ilusión. Además, date cuenta de que este no es solo un proceso mental, pues tu corazón también te implora, con su malestar, que cambies tu manera de pensar.

    Perdonar es saludable para tu Alma; siempre que perdonas, tu Alma se regocija, y eso no es ninguna fantasía, pues lo sientes en todo tu ser. Recuperar tu salud espiritual repercute también en tu cuerpo, que también sana.

    Recuerda que tu cuerpo no es más que una idea en tu mente acerca de ti mismo, y cuando fuerzas a esa idea a convivir con otras ponzoñosas de condena, entra en sintonía con esas ideas malignas y enferma.

    La condena es el juicio que te ata inevitablemente a la ilusión, no tanto por su carácter negativo, sino porque la hace ineludiblemente real para ti. Solo condenas aquello que consideras cierto y real.

    Este es el gran embrujo de la condena: dar carácter de realidad a lo ilusorio. De la misma manera, pero en sentido perfectamente opuesto, el fundamento del perdón es precisamente el reconocimiento de que aquello que se considera no es real, y por eso se perdona, se deja pasar.

    ¿Quién se entretendría con una ilusión si supiera que lo es?

    II Esta afirmación contiene una luz extraordinaria y un enorme poder de liberación.

    Si tomas conciencia de que todo juicio condenatorio, en el fondo, no es más que una expresión de miedo, no te dedicarías con tanto ahínco a tu actividad favorita: culpar.

    Los humanos culpan alegremente porque, al condenar, se ven a sí mismos como dignísimos jueces en posesión de la verdad. Sin embargo, si tomaran conciencia de que, con esa condena, en realidad simplemente están expresando su miedo, serían mucho más cautos en sus juicios, pues difícilmente encontrarían dignidad alguna en estar asustados.

    III Esta, como prácticamente todas las declaraciones de este Curso, es maximalista y verdadera, en claro contraste con los planteamientos relativistas del mundo, fundamentados en compromisos.

    El perdón, o es total, o no es perdón en absoluto, porque perdonar es soltar, dejar ir, y esto solo ocurre cuando se suelta por completo.

    Si retienes algo, aunque sea en su forma más leve, eso sigue estando totalmente contigo. No ver esto es como no entender por qué te estás electrocutando cuando tocas el cable eléctrico «solo un poco».

    Así como el error implica separarse de la verdad, el perdón implica separarse del error. Y la separación es un concepto absoluto: o bien es, o bien no es.

    IV El ejercicio de hoy es extraordinariamente práctico y efectivo, y, si se hace de todo corazón, conlleva una gran liberación y sanación.

    Pero para hacerlo bien se requiere una absoluta honestidad. La manera de formular la propuesta no tiene mayor importancia; lo que sí es fundamental es que exista una verdadera voluntad de perdonar y olvidar los juicios pasados.

    V … y de todo corazón:

  • LECCIÓN 45

    Dios es la Mente con la que pienso.

    1. La idea de hoy contiene la clave para entender cuáles son tus verdaderos pensamientos.I

    2No son nada de lo que tú piensas que piensas, tal como nada de lo que piensas que ves está relacionado con la visión de ningún modo.II

    3No hay ninguna relación entre lo que es real y lo que tú piensas que es real.

    4Nada de lo que tú consideras tus pensamientos reales se parece en nada a tus verdaderos pensamientos.

    5Nada de lo que tú piensas que ves se parece en nada a lo que la visión te mostrará.

    2. Tú piensas con la Mente de Dios.

    2Por tanto, compartes tus pensamientos con Él, tal como Él comparte los Suyos contigo.

    3Son los mismos pensamientos, porque los piensa la misma Mente.

    4Compartir es hacer semejante, o hacer uno.

    5Los pensamientos que piensas con la Mente de Dios tampoco salen de tu mente, porque los pensamientos no abandonan su fuente.III

    6Por tanto, tus pensamientos están en la Mente de Dios, tal como lo estás tú.

    7Tus pensamientos también están en tu mente, donde Él está.

    8Tal como tú eres parte de Su Mente, del mismo modo tus pensamientos son parte de Sus Pensamientos.

    3. ¿Dónde se encuentran entonces tus pensamientos reales?

    2Hoy intentaremos llegar a ellos.

    3Tendremos que buscarlos en tu mente, porque es ahí donde se encuentran.

    4Aún deben estar ahí, porque no pueden haberse ido.

    5Lo que la Mente de Dios piensa es eterno, pues forma parte de la Creación.

    4. Nuestras tres sesiones de práctica de hoy, de cinco minutos cada una, adoptarán la misma forma general que utilizamos al aplicar la idea de ayer.

    2Hoy intentaremos abandonar las ilusiones y buscar lo real.

    3Hoy negaremos el mundo en favor de la verdad.

    4No permitiremos que las creencias del mundo nos detengan ni nos hagan pensar que lo que Dios quiere es imposible.

    5. En vez de eso, trataremos de reconocer que solo lo que Dios quiere que hagamos es posible.

    2También intentaremos comprender que solo lo que Dios quiere que hagamos es lo que queremos hacer.

    3Y también trataremos de recordar que no podemos fracasar al hacer lo que Él quiere que hagamos.

    4Hay muchas razones para confiar en que hoy tendrás éxito.

    5Ya que esa es la Voluntad de Dios.

    6. Comienza los ejercicios de hoy repitiendo la idea para tus adentros con los ojos cerrados.

    2Luego, dedica un tiempo bastante breve a considerar algunos de tus propios pensamientos que consideres relevantes, y mantén en tu mente la idea de hoy mientras lo haces.

    3Una vez que hayas añadido unos cuatro o cinco pensamientos tuyos, repite la idea de nuevo, y dite a ti mismo tranquilamente:

    4Mis Pensamientos reales están en mi mente.

    5Me gustaría encontrarlos.

    6Trata entonces de ir más allá de todos los pensamientos irreales que cubren la verdad en tu mente, y ve hacia lo eterno.IV

    7. Bajo todos los pensamientos sin sentido y todas las ideas insensatas con las que has abarrotado tu mente, se encuentran los pensamientos que pensaste con Dios antes del principio de los tiempos.

    2Esos pensamientos se encuentran en tu mente ahora mismo, completamente inalterados.

    3Siempre estarán en tu mente, idénticos a como siempre han estado.

    4Todo lo que tú has pensado desde entonces cambiará, pero los cimientos sobre los que descansan son absolutamente inmutables.

    5Los ejercicios de hoy se dirigen a estos cimientos.

    6Ahí es donde tu mente está unida a la Mente de Dios.

    7Ahí es donde tus pensamientos son uno con los Suyos.

    8. Para este tipo de práctica solo se necesita una cosa.

    2Que te acerques a ella como si se tratara de un altar consagrado en el mismo Cielo a Dios Padre y a Dios Hijo.

    3Pues ese es el lugar al que intentas llegar.

    4Es probable que aún no comprendas cuán alto estás intentando elevarte.

    5Pero, incluso con la poca comprensión que ya has adquirido, deberías ser capaz de entender que no se trata de un juego vano, sino de un ejercicio de santidad y un intento de alcanzar el Reino de los Cielos.

    9. Al aplicar la idea de hoy de forma más breve, intenta recordar cuán importante es para ti comprender la santidad de la mente que piensa con Dios.

    2Cuando repitas la idea a lo largo del día, tómate uno o dos minutos para tomar conciencia de la santidad de tu mente.

    3Deja a un lado, aunque sea brevemente, todos los pensamientos indignos de Aquel de Quien eres anfitrión.

    4Y dale las gracias por los pensamientos que Él está pensando contigo.


    I La práctica de hoy es un ejercicio de respeto hacia tu propia mente. La palabra respeto proviene del latín respectus, participio del verbo respicere, compuesto del prefijo re- y el verbo specere, que significa mirar. Respetar, en su sentido etimológico, es mirar dos veces, mirar con atención.

    Eso es lo que este ejercicio te propone: que contemples con atención tu mente y tomes conciencia de su intrínseca santidad, yendo más allá de eso que tú llamas «mis pensamientos», que no es otra cosa que la voz del ego en ti.

    Jesús nos habla aquí de nuestros «verdaderos pensamientos», nuestros pensamientos «reales», y nos dice que no tienen nada que ver con eso a lo que nosotros llamamos «pensar». La diferencia entre ambos es que unos son forma y los otros contenido, entendiendo el contenido como la «sustancia» de la realidad en sus tres aspectos: amor, verdad y poder creador.

    Estos conceptos son abstractos e inaprensibles para la mente humana egoica, que es ilusoria, limitada y solo conoce lo concreto. Los pensamientos humanos, por otra parte, son historias insustanciales elaboradas con ausencias de amor, que es la sustancia de la Realidad. Unos son lo opuesto de los otros.

    Para entenderlo, considera esta alegoría: imagina una pizarra blanca en la que hay algo escrito con tinta negra. Cuando la miras, tu mente se fija exclusivamente en esos símbolos y elabora una historia. En realidad, lo único que estás considerando es la ausencia de luz que la tinta negra provoca en el fondo de tu retina, pues desprecias la luz subyacente.

    Piensa que la pizarra es la Realidad y que esa luz es el Amor de Dios, tus pensamientos reales. Los otros, eso que tú llamas «mis pensamientos», son las historias que la tinta negra te ha llevado a construir considerando las ausencias de luz que ocasiona al manchar la pizarra.

    En realidad, lo único que hay allí es luz; sin embargo, lo que tú ves son sombras. Y a eso lo llamas «pensar».

    II Piensas que ves y que vives en un mundo de formas, pero la visión espiritual considera esas figuras que percibes como símbolos de causas que así se te manifiestan.

    La visión espiritual interpreta el «sueño del mundo» de forma análoga a como Freud propone en su célebre tratado La interpretación de los sueños. Esas figuras que conforman tu percepción son símbolos, efectos cuya causa radica en la propia naturaleza del ego en ti.

    Tus miedos y tus deseos aparecen en esa «realidad» como formas en un mundo que imaginas, Hijo de Dios. El mecanismo de ese «ver» es el mismo que da lugar a los escenarios que contemplas en tus sueños nocturnos.

    III Esta es una noción fundamental en el paradigma de este Curso. Las ideas no abandonan la fuente que las concibió para ser consideradas «cosas» en un «espacio» externo a la mente que las piensa.

    Date cuenta de que eso a lo que llamas «cosas» no son sino ideas cuyo contenido es, precisamente, ser una cosa externa a ti. Esas ideas, al igual que todo lo que crees que existe en un imaginado mundo exterior, se encuentran en tu mente.

    Los pensamientos reales, que son lo mismo que tú y cuya verdadera naturaleza escapa completamente a tu actual comprensión porque no recuerdas Quién eres, también siguen estando en tu mente, que es una con la Mente de Dios.

    IV El propósito de esta parte del ejercicio es darte cuenta del contraste entre tus pensamientos habituales y tus pensamientos reales, que son perfectamente abstractos y eternos. Más adelante, a estos pensamientos se les llamará las «Creaciones del Hijo de Dios».

    Es importante que te des cuenta de que eso que tú llamas «mis pensamientos» no tiene absolutamente nada que ver contigo y no son «tuyos» en absoluto. Eso es, precisamente, la voz del ego, que tú suscribes cuando, confundido, los llamas «mis pensamientos».

    Tú simplemente eres testigo de las historias que esa voz te cuenta, elaboradas con fantasmas de viejas afrentas y deseos provenientes de esa vocación egoica de sentirse especial y carente. Nada de eso es tuyo, pero la falsa identidad con la que te has identificado —el ego como efecto— ha heredado el carácter codicioso de su progenitor —el ego como causa—.

  • LECCIÓN 44

    Dios es la Luz en la que veo.

    1. Hoy continuamos con la idea de ayer, añadiéndole otra dimensión.

    2Tú no puedes ver en la oscuridad, ni tampoco puedes fabricar luz.

    3Puedes fabricar oscuridad y luego pensar que ves en ella, pero la luz refleja la vida, y es, por tanto, un aspecto de la Creación.

    4La Creación y la oscuridad no pueden coexistir, pero la luz y la vida deben ir juntas, pues no son más que diferentes aspectos de la Creación.

    2. Para ver tienes que reconocer que la luz está dentro de ti, no fuera.

    2Tú no ves nada fuera de ti mismo.I

    3Lo que te permite ver no está fuera de ti.

    4Una parte esencial de lo que te permite ver es la luz.

    5Y la luz siempre está contigo, haciendo posible la visión en toda circunstancia.II

    3. Hoy vamos a tratar de alcanzar esa luz.III

    2Para ello, utilizaremos una manera de practicar que ya hemos sugerido una vez, y que usaremos cada vez más.IV

    3Es una práctica especialmente difícil para la mente indisciplinada, y representa una de las principales metas de entrenamiento mental.

    4Esta práctica requiere precisamente aquello de lo que carece una mente no entrenada.

    5Sin embargo, si quieres ver, debes realizar este entrenamiento.

    4. Practica hoy al menos tres veces, cada una de ellas de tres a cinco minutos.

    2Se recomienda encarecidamente que sean de mayor duración, pero solo si ves que el tiempo transcurre con poca o ninguna sensación de esfuerzo.

    3La manera de practicar que utilizaremos es tan natural y fácil para una mente entrenada como antinatural y difícil para una no entrenada.

    5. Pero tu mente ya está algo entrenada.

    2Ya estás bastante preparado para aprender la forma de la práctica de hoy, aunque puede que encuentres una fuerte resistencia.

    3La razón es muy simple.

    4Cuando practicas de esta forma, dejas atrás todas las creencias y pensamientos que te has inventado.

    5Esto es, en esencia, la liberación del infierno.

    6Mas, a los ojos del ego, esto representa la pérdida de la identidad personal y el descenso a los infiernos.

    6. Si puedes apartarte del ego, aunque sea mínimamente, reconocerás que sus miedos no tienen sentido.

    2Tal vez te resulte útil decirte a ti mismo de vez en cuando que llegar a la luz es escapar de la oscuridad, aunque creas lo contrario.

    3Dios es la Luz en la que ves.

    4Y estás tratando de llegar a Él.

    7. Comienza la práctica repitiendo la idea de hoy con los ojos abiertos, y luego ciérralos lentamente repitiendo la idea varias veces más.

    2A continuación, trata de sumergirte en tu mente, dejando ir todo tipo de interferencias e intrusiones, descendiendo tranquilamente más allá de ellas.

    3No hay nada que le impida a tu mente hacer esto, excepto tú mismo.

    4Tu mente simplemente está siguiendo su curso natural.

    5Trata de observar los pensamientos que te lleguen sin involucrarte, y deslízate tranquilamente más allá de ellos.V

    8. Aunque este ejercicio no requiere ningún enfoque en particular, sí es necesario que consideres importante lo que estás haciendo, su inestimable valor para ti, y que seas consciente de que estás intentando algo muy sagrado.

    2La salvación es tu logro más dichoso y el único que tiene un verdadero significado porque es el único que te beneficia.

    9. Si experimentas cualquier tipo de resistencia, haz una pausa para repetir la idea de hoy con los ojos cerrados, a menos que sientas miedo.

    2En ese caso, probablemente te tranquilice abrir brevemente los ojos.

    3Trata, sin embargo, de reanudar el ejercicio lo antes posible.

    10. Si practicas correctamente, deberías experimentar una cierta relajación, una sensación de acercarte a la luz, e incluso de adentrarte en ella.

    2Deja atrás los pensamientos del mundo y trata de pensar en una luz sin forma ni límites.

    3Y no olvides que no pueden retenerte en él a menos que tú les concedas ese poder.VI

    11. Repite la idea de hoy a menudo a lo largo del día, tanto con los ojos abiertos como cerrados, según te venga mejor en ese momento.

    2Y, por supuesto, no la olvides.

    3Por encima de todo, proponte firmemente no olvidarla hoy.VII


    I Tú no ves nada fuera de ti mismo porque fuera de ti no hay nada. Todo lo que percibes está dentro de ti y lo has hecho tú; lo que ocurre es que te has convencido de que eso que has concebido está fuera de ti.

    La Lección de hoy es para que aprendas a dejar de asociar la idea de ver con la experiencia de percibir «cosas». Eso no es ver, eso es imaginar, porque en esa experiencia no estás conociendo nada; simplemente estás proyectando imágenes en la pantalla de la conciencia, y a eso lo llamas «ver».

    La verdadera visión es una relación directa con la verdad, y como la verdad es precisamente lo que tú eres, cuando ves algo de verdad tienes la sensación de que te has convertido en eso que estás viendo, de que «eres eso». Lo cual, si lo piensas bien, tiene mucho sentido, porque Conocer es uno de los tres aspectos del Ser, es decir, Conocer y Ser es lo mismo.

    Por eso, en el ámbito del Conocimiento, no hay distinción entre el que conoce y lo conocido. Solo existe la unidad. Lo que llamamos «visión» en el Curso es el comienzo del regreso a esa unidad. No se trata de percibir diferentes objetos con una nueva claridad, sino de experimentar la esencia detrás de todas las apariencias, reconociendo que lo que ves no está separado de ti.

    Cuando realmente «ves», ya no hay una sensación de distancia entre tú y lo que percibes. No existe un «observador» y un «observado». En su lugar, hay una experiencia directa e inmediata de unidad. Por eso la verdadera visión se describe a menudo como un estado de paz profunda, porque no hay conflicto en la unidad: no hay división, ni oposición, ni «otro».

    Esto es radicalmente diferente de la percepción del ego, que se construye sobre la dualidad: sujeto y objeto, yo y otro, dentro y fuera. La «visión» del ego siempre está filtrada por el juicio, la comparación y la interpretación. Pero la visión real trasciende todo eso. No interpreta; simplemente reconoce lo que es.

    La práctica de la Lección de hoy consiste en empezar a aflojar el control de la forma de ver del ego. Se te invita a notar que lo que crees ver «ahí fuera» es, en realidad, una proyección desde tu interior. Y al cuestionar la realidad de estas apariencias externas, abres tu mente a la posibilidad de otro tipo de visión, una que revela la verdad que siempre ha estado ahí, dentro de ti.

    II El término «luz», que este Curso utiliza tan profusamente, es un símbolo que representa la comprensión, el entendimiento y el conocimiento de los aspectos de la realidad que se reflejan y se perciben en la ilusión.

    En el contexto del Curso, la «luz» no es simplemente una metáfora de la claridad visual, sino un símbolo de la conciencia espiritual: el reconocimiento de la verdad más allá de las apariencias. Representa el cambio de percibir a través de la distorsionada lente del ego a percibir mediante la visión de Cristo, que ve más allá de la forma hacia la esencia eterna de todas las cosas.

    La luz representa el estado mental en el que la oscuridad de la ignorancia, el miedo y la separación ha sido disipada. No es algo externo que debamos buscar, sino una presencia interior que siempre ha estado ahí, esperando ser reconocida. El Curso nos recuerda que la luz no está fuera de nosotros porque nada está fuera de nosotros.

    Esta luz interior no revela las ilusiones del mundo, sino la realidad inmutable que existe más allá de ellas. Es la conciencia de que lo que creíamos oculto siempre ha estado presente, y que nuestra verdadera naturaleza no está definida por las formas que percibimos, sino por la verdad inmutable que se encuentra más allá de la percepción.

    Por lo tanto, cuando el Curso nos invita a «alcanzar la luz», no nos está pidiendo que logremos algo nuevo, sino que recordemos lo que ya somos. Se trata de eliminar las barreras que hemos colocado en nuestra mente—las creencias y juicios falsos—que bloquean nuestra conciencia de esta luz siempre presente.

    En este sentido, la luz es sinónima de conocimiento, no en el sentido intelectual, sino como un saber directo y experiencial: el tipo de certeza que no necesita pruebas porque surge del reconocimiento de lo que es eternamente verdadero.

    III La luz que vamos a tratar de alcanzar hoy es el Conocimiento, uno de los tres aspectos de tu Ser (Conocimiento-Amor-Voluntad) ya mencionados, en concreto, la luz del Conocimiento.

    Si este fuera un tratado de tantra yoga, diría que vas a trabajar el «chakra ajna».

    Esta referencia al ajna chakra, conocido a menudo como el «tercer ojo», es simbólica de la visión interior y la percepción superior, cualidades estrechamente alineadas con lo que el Curso denomina la verdadera visión o la visión espiritual. Así como el ajna chakra representa la capacidad de percibir más allá de los sentidos físicos, la luz del Conocimiento en el Curso apunta a una conciencia que trasciende las limitaciones de la percepción basada en el ego.

    Sin embargo, aunque el Curso no emplea el mismo marco que el tantra yoga, ambas tradiciones señalan la misma verdad esencial: el cambio de una percepción externa y fragmentada hacia una conciencia interior y unificada. En el Curso, este proceso no consiste en activar centros de energía, sino en eliminar los bloqueos mentales que nos impiden reconocer la luz que siempre ha estado dentro de nosotros.

    IV La práctica de hoy es una variación del ejercicio de meditación que se enseña en la Lección 41.

    En cierta manera, podría decirse que este Curso reúne y requiere la práctica de diversos «yogas». Fundamentalmente, es un extraordinario manual de gnana yoga —el yoga del conocimiento— por sus principios de carácter ontológico y gnoseológico, que se pueden encontrar en la versión más pura del vedanta advaita. También es una impecable propuesta de karma yoga —el yoga de la acción— por el énfasis que pone en el desapego de los asuntos del mundo y en el perdón.

    Es indudable que el bhakti yoga —el yoga de la devoción— es omnipresente a lo largo del Curso. Pero las diferentes prácticas de meditación que se proponen en el Libro de Ejercicios son planteamientos propios del raja yoga, el yoga de las técnicas mentales.

    Esta convergencia de principios yóguicos dentro del Curso ilustra su enfoque integral hacia el despertar espiritual. Al igual que el gnana yoga, guía a la mente a cuestionar creencias e ilusiones profundamente arraigadas, conduciéndonos hacia el reconocimiento de la verdad última. Como el karma yoga, enfatiza el poder transformador del perdón como medio para trascender los apegos del ego. El elemento bhakti se expresa en el llamado recurrente del Curso a rendirse al amor divino, fomentando un sentido profundo de devoción hacia Dios y hacia nuestro verdadero Ser.

    Por su parte, las prácticas meditativas reflejan las disciplinas del raja yoga, entrenando a la mente para silenciar su incesante parloteo y abrirse a la quietud interior. Esta síntesis permite que el Curso resuene con buscadores de diversos caminos, ya que no se limita a un solo método, sino que integra la sabiduría de múltiples tradiciones para apoyar el proceso de recordar nuestra unidad con Dios.

    V Este importantísimo ejercicio de hoy es una meditación formal guiada, en la que se enuncia la idea «Dios es la luz en la que veo» y luego, con la mente absolutamente relajada, se evoca la pura idea de la luz.

    Es normal que surjan pensamientos que te distraigan; cuando eso ocurra, simplemente descártalos sin concederles la menor importancia. Lo único que importa es la firme determinación de evocar la luz e ir hacia ella.

    Esta práctica no consiste en controlar la mente ni en forzarla a estar en silencio, sino en redirigir suavemente tu atención cada vez que surjan distracciones. Cada vez que notes que tu mente se desvía, regresa con calma a la idea de la luz, como si siguieras una corriente suave de regreso a su fuente.

    Permite que el concepto de luz se expanda en tu mente, no como un fenómeno físico, sino como una presencia interior, un resplandor silencioso que ya está ahí, esperando ser reconocido. No necesitas crear la luz; solo necesitas eliminar el velo de pensamientos que parecen ocultarla.

    Aborda esta meditación con paciencia y una actitud de apertura. Incluso breves momentos de claridad, cuando sientas la conexión con la luz interior, son invaluables. Con el tiempo, estos destellos se profundizarán y la experiencia de la luz se volverá más natural y constante.

    Recuerda, el objetivo no es alcanzar un resultado específico, sino cultivar la disposición a experimentar la verdad. La luz siempre está ahí porque es lo que eres. Este ejercicio es simplemente una forma de recordar ese hecho eterno.

    VI Si la práctica de la meditación no es nueva para ti, no experimentarás miedo en absoluto. El miedo en este ejercicio proviene del vértigo que siente el ego al perder el control sobre la mente. Por eso, es importante que no te tomes el ejercicio como algo personal, pues no se trata de eso en absoluto, sino más bien de todo lo contrario.

    Estás intentando trascender la mente inferior —el ámbito del ego— e ir hacia la parte superior de tu mente. Y es fundamental que te des cuenta de que no estás yendo a ningún lugar ajeno a ti mismo; esa parte de tu mente es más tú que ese «yo» que crees ser. Sin embargo, esto aún no lo sabes con claridad, pues, más que algo que se aprende, es una experiencia.

    Este proceso no se trata de enfrentar algo ajeno o desconocido; más bien, se trata de regresar a lo que siempre ha estado dentro de ti, pero que ha sido olvidado. El ego puede resistirse porque percibe este cambio como una amenaza para su identidad, pero en verdad, nada real está en riesgo. Hacia lo que te estás dirigiendo es tu verdadero Ser: la conciencia eterna e inmutable que nunca ha sido afectada por las ilusiones de la separación, el miedo o el tiempo.

    Durante el ejercicio, si sientes alguna incomodidad, simplemente obsérvala sin juzgar. Reconoce que el miedo no es tuyo; es solo una reacción temporal del ego, que intenta mantener su ilusión de control. No necesitas luchar contra él ni analizarlo. Solo reconoce su presencia, regresa suavemente tu atención a la práctica y permite que la resistencia se disuelva por sí sola.

    La clave es abordar la meditación con confianza, apertura y disposición a soltar los patrones de pensamiento familiares que han definido tu identidad hasta ahora. La luz que estás buscando no está fuera de ti: eres tú. La práctica es simplemente una invitación a recordar esa verdad.

    VII El ejercicio de hoy es muy importante y tiene un enorme poder transformador, porque une dos ideas fundamentales absolutamente reales y verdaderas: la idea de Dios y la idea de la luz en ti.

    Evocarlas conjuntamente no es imaginar ninguna fantasía, es comenzar a ver la realidad. Recuerda que percibes aquello que quieres ver, por eso tu querencia de luz es esencial para que este ejercicio tenga éxito.

    Esta práctica no es un ejercicio intelectual; es una apertura del corazón y la mente al reconocimiento de lo que siempre ha estado presente. La luz no es algo que necesites crear o alcanzar; es la esencia de tu ser. Cuando llevas la idea de Dios a esta conciencia, no estás invocando algo separado de ti, sino reconociendo la Fuente de esa luz en tu interior.

    La clave de este ejercicio es la disposición. Incluso si sientes resistencia o dudas, tu deseo sincero de experimentar la luz te guiará suavemente más allá de esas barreras. El Curso nos recuerda que no necesitamos una fe perfecta para comenzar; solo necesitamos la más pequeña disposición para permitir que la verdad se revele.

    Cuando te sientes en silencio con la idea «Dios es la luz en la que veo», no intentes forzar una experiencia. Simplemente sostén el pensamiento con suavidad en tu mente, como una invitación silenciosa. Si surgen distracciones, regresa a la idea con paciencia y confianza. Con el tiempo, puede que notes cambios sutiles: una sensación de paz, una sensación de expansión o una alegría serena que surge sin causa externa.

    Estos destellos son señales de que estás comenzando a ver con la luz de la verdad en lugar de con los ojos del ego. Cuanto más practiques, más natural se volverá esta visión, hasta que deje de ser algo que buscas para convertirse en algo que vives.

  • LECCIÓN 43

    Dios es mi Fuente; no puedo ver separado de Él.

    1. La percepción no es un atributo de Dios.I

    2El ámbito de Dios es el Conocimiento.

    3Mas Dios ha creado al Espíritu Santo como Mediador entre el Conocimiento y la percepción.

    4Sin este vínculo con Dios, la percepción habría reemplazado al Conocimiento en vuestras mentes para siempre.II

    5Gracias a este vínculo con Dios la percepción cambiará tanto, y se purificará de tal manera, que conducirá al Conocimiento. 

    6Esa es la función de la percepción tal como la ve el Espíritu Santo.

    7Por tanto, esa es su verdadera función.

    2. En Dios no puedes ver.

    2La percepción no tiene ninguna función en Dios, y no existe.III

    3Mas en la salvación, que es el deshacimiento de lo que nunca fue, la percepción tiene un poderoso propósito.

    4Concebida por el Hijo de Dios para un propósito profano, ahora debe transformarse en el medio para restaurar la conciencia de su santidad.

    5La percepción no tiene ningún significado en sí misma.

    6Sin embargo, el Espíritu Santo le da un significado muy próximo al de Dios.

    7Una percepción sanada se convierte en el medio por el que el Hijo de Dios perdona a su hermano, y así se perdona a sí mismo.IV

    3. Tú no puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios.

    2Todo lo que haces ocurre en Él.

    3Todo lo que piensas lo piensas con Su Mente.

    4Si la visión es real –y lo es en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo– entonces no puedes ver separado de Dios.

    4. Hoy se requieren tres periodos de práctica de cinco minutos.

    2Uno lo más temprano posible, y otro lo más tarde que puedas.

    3El tercero debe realizarse en el momento más conveniente, según las circunstancias y tu disposición.

    5. Al comienzo de la práctica, repite en silencio la idea con los ojos abiertos.V

    2Luego mira a tu alrededor aplicando la idea de hoy específicamente a lo que veas.

    3Para esta fase de los ejercicios son suficientes cuatro o cinco temas.

    4Di, por ejemplo:

    5Dios es mi Fuente.

    6No puedo ver este escritorio separado de Él.

    7Dios es mi Fuente.

    8No puedo ver ese cuadro separado de Él.

    9Aunque esta parte del ejercicio debe ser bastante corta, asegúrate de seleccionar al azar los temas sin excluir ni incluir ninguno de manera consciente.

    6. Para la segunda fase del ejercicio, que es más larga, cierra los ojos, repite de nuevo la idea de hoy, y luego deja que cualquier pensamiento relevante que se te ocurra se incorpore a la idea como te parezca oportuno.

    2Pensamientos tales como:

    3Veo a través de los ojos del perdón.

    4Veo un mundo bendito.

    5El mundo puede mostrarme a mí mismo.

    6Veo mis propios pensamientos, que son como los de Dios.

    7Cualquier pensamiento que esté más o menos relacionado con la idea de hoy es adecuado.

    8No es necesario que los pensamientos guarden una relación evidente con la idea, pero tampoco deben estar en desacuerdo con ella.

    7. Si ves que tu mente divaga, si empiezas a ser consciente de pensamientos que están claramente en desacuerdo con la idea de hoy, o si no se te ocurre nada, abre los ojos, repite la primera fase, y vuelve a intentar la segunda.

    2No te permitas quedarte atrapado en pensamientos irrelevantes.

    3Para evitarlo, vuelve a la primera fase tantas veces como sea necesario.

    8. Al aplicar la idea de hoy en los periodos de práctica más cortos, puedes variar la forma según las circunstancias y situaciones en las que te encuentres durante el día.

    2Cuando estés con alguien, recuerda decir en silencio:

    3Dios es mi Fuente.

    4No puedo verte separado de Él.

    5Esta variación es igualmente aplicable tanto a desconocidos como a aquellos que conoces bien.

    6De hecho, evita hacer distinciones de este tipo.

    9. Aplica también la idea de hoy a lo largo del día a las diversas situaciones y acontecimientos que puedan presentarse, sobre todo a lo que te perturbe de algún modo.

    2Para este tipo de aplicación utiliza esta forma:

    3Dios es mi Fuente.

    4No puedo ver esto separado de Él.

    10. Si no se te ocurre ningún tema en particular, limítate a repetir la idea en su forma original.

    2Trata de que no pase mucho tiempo sin recordar la idea de hoy, pues hacer eso es recordar tu función.


    I La mente es un potencial abstracto de creación; por sí misma no hace nada ni crea nada. Debe unirse a algo para generar una propuesta.

    Por otra parte, percibir es construir historias a base de enlazar símbolos mediante una determinada sintaxis. Pero la mente, por sí sola, no puede construir ninguna historia ni percibir. Para ello necesita un socio, un consejero, un guía, un autor que utilice su potencial creador neutro para elaborar una propuesta significativa.

    Y en ese escenario solo hay dos posibles candidatos: el ego y el Espíritu Santo. No hay ninguno más; no te equivoques con eso.

    Tú no eres el tercer candidato; tú eres la mente. No elaboras historias ni interpretas lo que percibes. Solo suscribes una determinada interpretación, y tu única libertad es elegir a quién le vas a ofrecer tu potencial creador para que elabore una historia a la que llamarás «percibir».

    Al haber elegido separarte de Dios para tener una identidad individual —lo cual solo es posible en el mundo ilusorio—, tu percepción a lo largo del tiempo estaría por siempre vinculada a la autoría del ego si no fuera por la presencia del Espíritu Santo en ti. En tal caso, experimentarías un permanente sueño de miedo, culpa y muerte.

    Sin embargo, las historias —las interpretaciones de lo percibido— que construimos de la mano del Espíritu Santo están alineadas con la verdad y nos llevan hacia el Conocimiento, que es uno de los tres aspectos del Ser. Estos se reflejan en las tres funciones del Alma: Conocer, Amar y Crear (T-3.IX.1:2).

    En esta Lección se nos recuerda que, en el ámbito de Dios, no existe la percepción tal como la entendemos, sino el Conocimiento: la certeza de la Unidad y el Amor perfectos.

    Sin embargo, ante la mente que se ha identificado con la separación, el Espíritu Santo actúa como intérprete iluminado, reconduciendo la percepción hacia su verdadera función: no reforzar la separación, sino llevar de vuelta a la plenitud del Conocimiento.

    Sin este vínculo divino, la percepción —concebida por el Hijo de Dios pródigo para sostener la ilusión de lo separado— habría reemplazado permanentemente al Conocimiento. Ahora, gracias a la intervención del Espíritu Santo, la percepción se purifica y se transforma en un instrumento de salvación.

    En la realidad de Dios no se requiere ver, porque allí nada está separado. En cambio, dentro del proceso de liberación de la mente dormida, la percepción cobra un propósito poderoso: convertirse en la vía del perdón.

    El Espíritu Santo le otorga un significado cercano al de Dios, esto es, el del Amor que reconoce la inocencia en todas las cosas. De ese modo, la percepción sanada brinda al Hijo de Dios la oportunidad de perdonar a su hermano y, así, recordarse a sí mismo como parte de esa misma inocencia.

    Esta reinterpretación de la percepción es la esencia del camino del Curso: no se trata de negar lo que vemos, sino de reinterpretarlo a través de la lente del perdón. Donde el ego ve culpa, el Espíritu Santo revela inocencia. Donde el ego proyecta miedo, el Espíritu Santo descubre amor. Y, a través de este cambio, la percepción deja de ser una herramienta de separación para convertirse en un puente de regreso a la conciencia de nuestra unidad con Dios.

    II Esa intervención divina, esa Respuesta a la idea de la separación, es lo que garantiza la sanación definitiva de la mente del Hijo de Dios.

    En la eternidad, eso ocurrió de manera instantánea, pero en el tiempo se le llama la Expiación y transcurre a lo largo de toda la historia del tiempo mismo. Ese es el guion que ya está escrito y que el Texto menciona, pues está escrito en la eternidad, aunque en el tiempo parezca que aún ha de ocurrir.

    La Expiación no es un proceso de corrección que ocurre porque algo real haya salido mal. Más bien, es el deshacimiento de lo que nunca ocurrió en verdad: la creencia en la separación. Desde la perspectiva de la eternidad, el problema fue corregido en el mismo instante en que pareció surgir. El Espíritu Santo fue dado como la Respuesta en el instante exacto en que se concibió la ilusión de la separación.

    Sin embargo, dentro de la ilusión del tiempo, esta corrección parece desarrollarse como un proceso. Por eso experimentamos aprendizaje, crecimiento y etapas de sanación, aunque, en realidad, ya estamos sanados. El viaje que percibimos es simplemente el reconocimiento gradual de lo que siempre ha sido verdad.

    «El guion está escrito», no porque nuestras vidas estén predeterminadas por alguna fuerza externa, sino porque el tiempo mismo es una ilusión: una proyección de la mente que intenta explorar cómo sería estar separado de Dios. Desde fuera del tiempo, todo ya ha sucedido; todo el arco de la historia percibida existe simultáneamente.

    Lo que estamos haciendo en este Curso no es reescribir el guion, sino elegir cómo lo experimentamos. Los acontecimientos pueden parecer desarrollarse de cierta manera, pero el significado que les damos, la percepción que sostenemos, es donde reside nuestra libertad. Este es el papel del Espíritu Santo: reinterpretar el guion de un modo que nos conduzca de nuevo a la paz, cambiando nuestra percepción del miedo al amor.

    Así, la Expiación no es solo la corrección de un error pasado, sino el reconocimiento de que nunca ocurrió un error real. Es la aceptación de que la separación nunca sucedió en verdad y, por lo tanto, nada real se ha perdido.

    A través de esta aceptación, no estamos cambiando el mundo, sino cambiando nuestra mente acerca del mundo. Y al hacerlo, despertamos del sueño, dándonos cuenta de que el viaje no fue más que un sueño desde el principio, y de que nunca abandonamos el Hogar.

    III En Dios, la pura Existencia, no hay percepción, sino un perfecto, continuo y pleno existir. Dios es real, la percepción no lo es.

    Percibir es considerar que existe algo diferente del perceptor y que, además, ese algo cambia o puede cambiar, es decir, que puede dejar de ser y convertirse en otra cosa, que puede morir y volver a la existencia con una forma diferente, siempre limitada.

    La percepción implica inherentemente dualidad: sujeto y objeto, observador y observado, yo y otro. Se basa en la ilusión de la separación, que es el fundamento del sistema de pensamiento del ego. En contraste, Dios es Uno, una totalidad indivisible donde no existe ningún «otro» que deba ser percibido. Solo existe el Ser: inmutable, eterno y completo.

    Por eso, en Dios, la percepción no tiene función. No hay necesidad de percibir lo que ya se conoce perfectamente. En el ámbito del Conocimiento—que es el dominio de Dios—no existe la relación sujeto-objeto, porque todo forma parte de la misma realidad unificada.

    La percepción surge únicamente como un sustituto del Conocimiento cuando la mente elige creer en la separación. En esta ilusión, la percepción se convierte en el mecanismo a través del cual la mente intenta dar sentido a un mundo fragmentado que ella misma ha imaginado. Busca otorgar significado a las apariencias, sin darse cuenta de que el significado que asigna proviene de su propio interior.

    Sin embargo, la percepción es inestable porque se basa en el cambio. Cambia constantemente, influida por emociones, juicios y experiencias pasadas. Lo que percibimos hoy, podemos verlo de manera diferente mañana, no porque la realidad haya cambiado, sino porque nuestra interpretación lo ha hecho. Esta es una señal clara de que la percepción no puede revelar la verdad, porque la verdad no cambia.

    El papel del Espíritu Santo es purificar la percepción, transformándola de una herramienta de separación en un puente de regreso al Conocimiento. A través del perdón, aprendemos a ver más allá de las apariencias y a reconocer la esencia inmutable detrás de las formas. Comenzamos a percibir no a través de los ojos del cuerpo, sino mediante la visión de Cristo: una percepción que refleja la unidad y la inocencia que aún existen bajo la ilusión de la separación.

    En última instancia, el objetivo no es perfeccionar la percepción, sino trascenderla por completo. Cuando la mente esté completamente sanada, la percepción ya no será necesaria, porque la ilusión de la separación habrá sido deshecha. Lo que permanece es la experiencia directa e incuestionable de la Verdad, más allá de la necesidad de «verla», porque simplemente seremos esa Verdad.

    En este sentido, la salvación no consiste en cambiar el mundo que percibimos, sino en deshacer la creencia en la realidad de la percepción misma. Y, en su lugar, brillará sin obstáculos lo que siempre ha sido verdad: la realidad perfecta, eterna e ilimitada de Dios.

    IV Este Curso tiene un propósito y una estrategia para lograrlo. El perdón es el remedio que Jesús nos propone para despertar del sueño de muerte de la percepción egoica.

    En el contexto del Curso, el perdón no es lo que comúnmente entendemos por este término. No se trata de absolver a otros por sus supuestos errores u ofensas. Más bien, es el reconocimiento de que nunca hubo nada que perdonar, porque las ofensas que percibimos son ilusiones, proyecciones de la creencia de nuestra propia mente en la separación.

    La percepción del ego se basa en el juicio, la culpa y el miedo. Busca constantemente validar la ilusión de la separación haciendo que otros sean responsables de nuestro dolor o reforzando la creencia de que nosotros mismos somos culpables e indignos de amor. Esta dinámica crea un ciclo interminable de sufrimiento, ya que continuamente proyectamos y percibimos culpa tanto dentro como fuera de nosotros.

    El perdón, tal como lo enseña el Curso, rompe este ciclo. Es el proceso de mirar más allá de las apariencias para reconocer la verdad: que nada real ha sido dañado, que no se ha cometido ningún pecado y que el Hijo de Dios permanece inocente e íntegro.

    Este cambio de percepción no es algo que logremos únicamente con nuestros propios esfuerzos. Requiere la guía del Espíritu Santo, quien reinterpreta cada situación, persona o recuerdo a través del lente del amor en lugar del miedo. Cuando permitimos que el Espíritu Santo «juzgue» por nosotros, comenzamos a ver con la visión de Cristo, una visión que no depende de los ojos del cuerpo, sino del reconocimiento de nuestra divinidad compartida.

    El perdón, entonces, no se trata de cambiar a los demás ni siquiera a nosotros mismos. Se trata de liberar la creencia de que algo ha salido mal. Es la realización de que lo que pensábamos que era real—conflicto, pérdida, traición, culpa—fue simplemente una percepción errónea, un sueño del que podemos despertar.

    La estrategia del Curso es guiarnos a través de prácticas diarias que nos ayudan a deshacer el sistema de pensamiento del ego. Cada Lección nos invita a:

    1) Reconocer las creencias falsas que sostenemos.

    2) Cuestionar la realidad de estas creencias con la ayuda del Espíritu Santo.

    3) Elegir de nuevo: ver a través de los ojos del perdón en lugar del juicio.

    A través de la práctica constante, comenzamos a experimentar momentos de verdadera paz, destellos de la realidad más allá del sueño. Estos momentos crecen a medida que nuestra confianza se profundiza y, eventualmente, el perdón se convierte no solo en una práctica, sino en nuestra forma natural de ver.

    En última instancia, el perdón nos lleva a la Expiación, que es la aceptación total de que la separación nunca ocurrió. Cuando alcanzamos este reconocimiento, el sueño se disuelve y despertamos a la verdad de lo que somos: el Hijo eterno y amado de Dios, en paz para siempre en Su Amor.

    V La versión FIP en español aquí dice «con los ojos cerrados» en todas sus ediciones, pero eso es un error. La versión FIP en inglés dice with eyes open, «con los ojos abiertos», al igual que el Urtext y las Notas. Este es uno de los poquísimos deslices de la traducción de la FIP en español.

    Esta discrepancia es significativa porque altera la práctica prevista en la Lección. En el Curso, la indicación de mantener los ojos abiertos o cerrados durante un ejercicio no es un detalle trivial; a menudo refleja el propósito específico de la práctica.

    Cuando la instrucción es mantener los ojos abiertos, suele estar relacionada con la integración de la Lección en el mundo exterior, aplicando la enseñanza a lo que percibimos a nuestro alrededor. Simboliza la idea de que el perdón y la sanación no se limitan a estados meditativos de quietud, sino que deben extenderse a nuestras experiencias diarias y conscientes.

    Por el contrario, las prácticas con los ojos cerrados suelen ser más introspectivas, centradas en la reflexión interna, la quietud y la comunión directa con el Espíritu Santo.

    Corregir este detalle ayuda a alinear la práctica con su propósito original: tender un puente entre la conciencia interior y la percepción externa, reforzando la idea de que la Presencia de Dios no está limitada a momentos de soledad, sino que nos acompaña en todo momento, incluso en medio del mundo que vemos.

  • LECCIÓN 42

    Dios es mi fortaleza; la visión es Su Don.

    1. La idea de hoy combina dos pensamientos muy poderosos, ambos de gran importancia.I

    2También establece una relación de causa y efecto que explica por qué tus esfuerzos para alcanzar el objetivo de este Curso no pueden fracasar.

    3Verás porque esa es la Voluntad de Dios.

    4Es Su Fortaleza, no la tuya, la que te da poder.

    5Y es Su Don, y no el tuyo, el que te ofrece la visión.

    2. Dios ciertamente es tu fortaleza.II

    2Y lo que Él da es verdaderamente concedido.

    3Esto significa que puedes aceptarlo y recibirlo en cualquier momento y lugar, sin importar las circunstancias.III

    4Tu tránsito por el tiempo y el espacio no es casual.

    5No puedes sino estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.

    6Tal es la Fortaleza de Dios.

    7Tales Sus Dones.

    3. Hoy tendremos dos prácticas largas, de tres a cinco minutos cada una.

    2La primera lo antes posible cuando te despiertes, y la otra lo más cerca posible de cuando te vayas a dormir.

    3Es mejor esperar a que estés listo para sentarte tranquilamente a solas que preocuparte demasiado por la hora exacta.

    4. Comienza repitiendo lentamente la idea de hoy mientras miras a tu alrededor.

    2Luego, cierra los ojos y repite la idea de nuevo aún más despacio.

    3Después, céntrate solo en los pensamientos que se te ocurran en relación con la idea de hoy.IV

    4Podrías pensar, por ejemplo:

    5La visión debe ser posible.

    6Dios da de verdad.

    O bien:

    7Debo tener los Dones de Dios, pues Él me los otorgó.

    5. Cualquier pensamiento que esté claramente relacionado con la idea de hoy es adecuado.

    2De hecho, quizás te asombre la gran comprensión de las enseñanzas de este curso que reflejarán algunos de los pensamientos que se te ocurren.

    3No impidas que te lleguen, a menos que te des cuenta de que simplemente estás divagando, y has dejado que se entrometan pensamientos que son claramente irrelevantes.

    4Si llegas a un punto en el que no se te ocurre nada, abre los ojos y repite la idea mientras miras lentamente a tu alrededor.

    5Luego, cierra los ojos, repítela una vez más, y sigue buscando en tu mente pensamientos afines a la idea de hoy.

    6. Recuerda que no debes esforzarte por encontrar pensamientos adecuados.

    2Simplemente, deja que lleguen.

    3Si te resulta difícil, es mejor que pases la práctica alternando repeticiones lentas de la idea con los ojos abiertos y con los ojos cerrados, pero no te esfuerces por encontrar pensamientos adecuados; deja que te lleguen.

    7. Puedes hacer todas las prácticas breves que desees; serán muy beneficiosas.

    2La idea de hoy es un primer paso para unificar tus pensamientos y enseñarte que este curso presenta un sistema de pensamiento integrado, sin carencias ni contradicciones.

    8. Cuanto más a menudo repitas la idea durante el día, más estarás recordándote a ti mismo que el objetivo de este curso es importante para ti, y que no lo has olvidado.


    I Muchos caminos espirituales, incluido este Curso, reconocen la tríada sagrada, los tres aspectos del Ser (existencia): Fortaleza (crear/voluntad), Visión (comprender/conocimiento) y Amor (amar/dicha). Esta Lección trata de los dos primeros.

    El Curso introduce la idea de Dios como tu Fortaleza y la Visión como Su Don. Aquí, «Fortaleza» no es una fuerza personal ni un recurso que se obtiene a base de esfuerzo, sino la inquebrantable fortaleza del Amor y la Verdad. «Visión» alude a la forma de percepción verdadera que se nos otorga cuando dejamos de ver con los ojos del ego y permitimos que el Espíritu Santo mire a través de nosotros.

    La relación de causa y efecto que se menciona es que la Voluntad de Dios es la Causa, y nuestra nueva forma de ver (la Visión) es el efecto. Como esa es Su Voluntad, no puede fracasar. Esto responde a la lógica central del Curso: lo que nace del Amor infinito ya está hecho, porque en la Mente de Dios no hay oposición real.

    Esta es la clave para entender por qué nuestros esfuerzos en este Curso están destinados a tener éxito: no por nuestra fuerza personal o disciplina, sino porque simplemente nos estamos alineando con una Voluntad que ya ha sido cumplida. No estamos intentando crear la visión; estamos abriéndonos a recibir lo que ya nos ha sido dado.

    «Dios es mi fortaleza; la visión es Su regalo». Esto no es una promesa de algo que ha de venir; es una afirmación de lo que ya es. Nuestra práctica, entonces, no se trata de esforzarnos, sino de recordar; no se trata de alcanzar, sino de permitir.

    Cuando dejamos de lado los intentos frenéticos del ego por controlar, arreglar y comprender a través de su limitada lente, creamos espacio para que emerja algo mucho más grande: la claridad sin esfuerzo de la Visión, impulsada no por nosotros, sino por la propia Fuente de todo lo que es verdadero.

    II 2 Samuel 22:33 «Dios es mi fortaleza y mi poder, y él hace perfecto mi camino».

    Este versículo refleja de manera hermosa la esencia de la Lección de hoy: «Dios es mi fortaleza; la visión es Su regalo». Refleja la verdad atemporal de que la verdadera fortaleza no proviene del esfuerzo personal, sino de nuestra conexión con lo Divino. Dios es la fuente de todo poder real, no como una fuerza que debamos adquirir, sino como el fundamento mismo de nuestro ser.

    «Él hace perfecto mi camino» alude al mismo principio que enseña el Curso: cuando nos rendimos a la Voluntad de Dios—cuando dejamos de intentar controlar, juzgar y forzar nuestro camino—descubrimos que siempre hemos estado guiados. La perfección no consiste en evitar desafíos, sino en reconocer que cada paso, cada Lección e incluso cada aparente error forman parte de un diseño más grande y amoroso.

    Esto se alinea con la enseñanza del Curso de que nuestro recorrido por el tiempo y el espacio no es aleatorio: «No puedes sino estar en el lugar correcto en el momento adecuado. Tal es la fortaleza de Dios. Tales son Sus dones.» (L-42.2:5-7)

    Tanto el versículo bíblico como el Curso nos recuerdan que nunca estamos solos, nunca desprovistos de apoyo. Nuestra fortaleza no es frágil porque no depende de nosotros mantenerla; es la fortaleza de Dios en nosotros, inmutable y eterna.

    Cuando confiamos en esta verdad, dejamos de luchar por perfeccionar nuestro camino a través del esfuerzo. En su lugar, permitimos que la perfección que ya está presente se despliegue ante nosotros, confiando en que Su visión nos guiará allí donde nuestros ojos no pueden ver.

    III Esta afirmación es crucial. Créela y haz tuyo su contenido, pues redefine el paradigma de tu vida personal. Créela e iluminará tu vida.

    Ahora todo cobra sentido; hasta el más ínfimo detalle de lo que te ocurre tiene propósito. La vida es perfecta, pues es una Lección permanente de lo que tienes que aprender, es decir, de todo lo que debes cambiar en tu mente para que llegues a verlo así.

    Todo lo que te sucede y te disgusta simplemente te está incitando a perdonarlo y a verlo de otra manera, de la manera correcta, que es la que le confiere su verdadero significado. Y cuando esto ocurre, tu corazón te lo confirma, porque entonces te «sientes» bien; entonces tu mente está pensando algo que es verdad.

    No le tengas miedo a la vida. En ella todo juega a tu favor, aunque tú no lo creas. Constantemente se te están proporcionando las oportunidades óptimas de aprender algo imprescindible para tu felicidad.

    No seas arrogante pensando que sabes mejor que la infinita sabiduría divina qué es lo que más te conviene. Ciertamente no es así, y a estas alturas eso ya debiera resultarte evidente. No te disgustes jamás; agradece siempre.

    Los Dones de Dios te rodean por doquier, y tu Padre está en ti, tal como tú estás en Él, sin importar lo que tu ego te diga. Esa agria voz siempre te ha engañado, y con esto también lo hará.

    No estás solo; eres constantemente guiado por medio de la vida misma, tu gran maestra del cambio.

    Recuerda esto y no lo olvides jamás: la medida de tu disgusto es siempre la medida exacta de lo que tienes que aprender en un momento dado.

    Nuestro tránsito por el tiempo y el espacio no es casual. La Fortaleza de Dios, Su plan amoroso, garantiza que, en cada instante, se nos brinde la oportunidad de recordar la Verdad. Incluso cuando nos sentimos perdidos, estamos en el escenario perfecto para llevar a cabo el aprendizaje que nos corresponde.

    Esta comprensión no solo cambia la forma en que interpretamos los desafíos; redefine el propósito completo de nuestra vida. En lugar de ver los problemas como obstáculos, comenzamos a reconocerlos como regalos, cada uno diseñado para despertarnos y guiarnos de regreso a la conciencia de quiénes somos realmente.

    Nada está en tu contra. Todo está a tu favor. La pregunta no es: «¿Por qué me está sucediendo esto?», sino más bien: «¿Qué está aquí para enseñarme esto?»

    Cuando adoptas esta perspectiva, la vida deja de sentirse como una lucha y comienza a convertirse en un aula sagrada, donde cada momento, cada encuentro y cada emoción forman parte de un currículo divino diseñado para tu despertar.

    IV Esta es la presentación formal, tras una breve aparición en la Lección 38, de dejar que vengan libremente pensamientos relacionados con la idea del día. Es una práctica en la que primero repetimos la idea y luego nos quedamos en silencio mental, permitiendo que surjan espontáneamente pensamientos afines.

    Se trata de un ejercicio muy importante que fomenta y desarrolla en gran medida la creatividad, abriéndote las puertas de una parte de tu mente que desconocías y que tiene un potencial inmenso.

    El ejercicio en sí tiene la estructura de una oración, pues comienzas invocando con fe la idea que se te propone y luego te quedas en silencio, aguardando la respuesta. La clave de toda esta práctica reside en la confianza con la que la llevas a cabo y en el silencio mental que proteges de las intrusiones del ego.

    Si lo haces bien, serás inspirado con pensamientos llenos de luz que provendrán de la parte superior de tu mente. Este es un ejercicio que, de manera consciente o inconsciente, utilizan todas las personas creativas capaces de traer a este mundo ideas del más allá, pues es la fuente de la creatividad. Y, como dice la Lección, sus resultados te sorprenderán.

    La mente es camaleónica; se convierte en aquello que evoca y cree cierto. Así, si llega a ella la idea de la debilidad, se debilita; si trae la de la fortaleza, se fortalece. Y esto ocurre con todo aquello en lo que piense.

    Ahora bien, ¿puedes concebir ideas más poderosas que la Fortaleza y la Visión de Dios? Entonces, imagina el efecto que tendrá traerlas a tu mente, abrazarlas y reposar en ellas.

    Esta práctica no consiste en forzar comprensiones ni en perseguir revelaciones profundas. Se trata de crear un espacio: una apertura silenciosa donde la verdad pueda surgir suavemente sin interferencias. No estás intentando controlar el proceso; estás permitiendo que se desarrolle de forma natural, confiando en que la luz de la inspiración llegará, no porque la exijas, sino porque ya está ahí, esperando ser recibida.

    Piénsalo como abrir una ventana en una habitación oscura. No tienes que crear la luz del sol; simplemente eliminas la barrera y la luz entra por sí sola. De la misma manera, cuando despejas la mente del desorden y permites que la idea del día se asiente, las comprensiones surgen sin esfuerzo, como ondas en el agua quieta.

    Esta es la puerta tanto a la paz interior como a la verdadera creatividad.

  • LECCIÓN 41

    Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

    1. Con el tiempo, la idea de hoy te permitirá superar por completo la sensación de soledad y abandono que experimentan todos los separados.I

    2La depresión es una consecuencia inevitable de la separación.

    3Y también es inevitable sentir ansiedad, preocupación, albergar una profunda sensación de impotencia, sentirse miserable, sufrir y tener un intenso miedo a perder.

    2. Los separados han inventado muchas, muchas «curas» para lo que ellos creen que son «los males de este mundo».

    2Pero lo único que no hacen es cuestionar la realidad del problema.

    3Sin embargo, sus efectos no se pueden curar porque el problema no es real.II

    3. La idea de hoy tiene el poder de acabar con todo este desatino para siempre.

    2Pues eso es lo que es: una tontería, a pesar de las formas graves y trágicas que parezca adoptar.

    3En lo más profundo de tu ser se encuentra todo lo que es perfecto, listo para irradiar a través de ti hacia el mundo entero.

    4Esto curará todo pesar y dolor, todo miedo y carencia, porque sanará la mente que pensaba que esas cosas eran reales y sufría por serle fiel a esas creencias.

    4. Jamás se te puede privar de tu perfecta santidad, porque su Fuente va contigo dondequiera que tú vas.

    2Jamás puedes sufrir, porque la Fuente de toda dicha va contigo dondequiera que tú vas.

    3Jamás puedes estar solo, porque la Fuente de toda vida va contigo dondequiera que tú vas.

    4Nada puede perturbar tu paz mental porque Dios va contigo dondequiera que tú vas.III

    5. Comprendemos que no creas todo esto.IV

    2¿Cómo ibas a creerlo, cuando la verdad está oculta en lo más profundo de tu ser, bajo una espesa nube de pensamientos dementes, densos y oscuros, y que constituyen todo lo que tú ves?

    3Hoy intentaremos por primera vez superar esa espesa nube oscura, atravesándola hasta alcanzar la luz que se encuentra más allá.V

    6. Hoy solo habrá una sesión de práctica prolongada.

    2Por la mañana, si es posible en cuanto te despiertes, siéntate en silencio de tres a cinco minutos con los ojos cerrados.

    3Al principio, repite muy lentamente la idea de hoy.

    4Luego, no te esfuerces en pensar en nada.

    5Trata de sentir que vas hacia tu interior, más allá de todo vano pensamiento.

    6Trata de llegar hasta lo más profundo de tu mente, sin ningún pensamiento que pueda distraerte.VI

    7. Si te resulta útil, puedes repetir la idea de hoy ocasionalmente.

    2Pero, sobre todo, intenta sumergirte profundamente en tu interior, lejos de los insensatos pensamientos del mundo.

    3Estás tratando de trascender todas esas cosas.

    4Estás tratando de dejar atrás las apariencias para acercarte a la realidad.

    8. Es perfectamente posible llegar a Dios.

    2De hecho, es muy fácil, porque es la cosa más natural del mundo.

    3Podrías decir incluso que es lo único natural en este mundo.

    4Si crees que eso es posible, el camino se abrirá ante ti.

    5Este ejercicio puede producir resultados asombrosos, incluso la primera vez que se intenta, y tarde o temprano acaba por tener éxito.

    6A medida que avancemos, profundizaremos en este tipo de práctica.VII

    7Pero nunca fallará por completo, y es posible tener un éxito instantáneo.

    9. Usa a menudo la idea de hoy a lo largo del día, repitiéndola muy despacio y preferiblemente con los ojos cerrados.

    2Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras.

    3Concéntrate en la santidad que te atribuyen, en la compañía infalible que te acompaña y en la completa protección que te rodea.

    10. Pues ciertamente puedes permitirte el lujo de reírte de los pensamientos de miedo, recordando que Dios va contigo dondequiera que tú vas.


    I Se podría decir que esta Lección es, en cierto sentido, muy «especial», pues es particularmente poderosa. Es a la vez una invocación y una afirmación de la verdad. En eso, y al haber incluido a Dios en la idea, radica su poder.

    Esa sensación de soledad, de abandono, esa depresión, son claramente efectos de la separación. Pero, ¿en qué consiste exactamente esa idea? ¿En qué se basa? ¿Qué la alimenta? Piénsalo bien y te darás cuenta de que no es una idea anónima. En realidad, es la «voluntad de estar separado» lo que la nutre. Te sientes separado, crees que lo estás porque eso es exactamente lo que quieres: quieres ser tú, punto.

    Del reconocimiento de esa premisa deriva la solución al problema: el abandono de tu falsa identidad, el perdón de la idea que tienes de ti mismo y la apertura a experimentar tu realidad sin las condiciones impuestas por la interpretación de tu ego. Es decir, debes desprenderte de esa historia acerca de ti mismo que te has contado para experimentar tu realidad de manera directa.

    Recuerda: tú no eres ninguna historia; tú eres real, tú eres la Realidad Misma.

    Este es el verdadero poder de la Lección de hoy: te llama más allá de la narrativa, más allá de los roles e identidades que has construido, hacia la experiencia directa de lo que siempre ha sido verdad. «Dios va conmigo dondequiera que yo vaya» no es solo una frase reconfortante; es una afirmación de la realidad absoluta. No estás, ni has estado jamás, separado. No estás solo porque no puedes estarlo.

    La creencia en la separación es solo eso: una creencia. No tiene fundamento en la verdad. En el momento en que dejas de alimentarla con tu atención y tu deseo, comienza a disolverse. Lo que permanece es lo que siempre ha estado ahí: la presencia de Dios, la realidad de tu ser, el simple e innegable hecho de que eres, y que en tu existencia, Dios está plenamente presente.

    Esto no es algo que necesites alcanzar. Es algo que necesitas recordar. Y la Lección de hoy es una invitación suave pero poderosa para hacerlo.

    II Cuando tomamos la separación (y todas sus manifestaciones) como algo real, intentamos «resolverla» dentro de un sistema de pensamiento que, en lugar de corregirla, la refuerza.

    El ego trata de encontrar mil y una soluciones dentro del mundo para atajar males como la depresión, la ansiedad o la soledad, pero parte de la premisa de que la separación es real. Este Curso propone un enfoque radical: reconocer que el problema no existe en la realidad de Dios, sino que reside en una ilusión de la mente. Cuando la ilusión se expone, el problema se deshace en su origen.

    El «problema del mal» en el mundo ha perseguido a la mente enjuiciadora a lo largo de la historia. Decimos que algo está «mal» cuando no colma nuestras expectativas, cuando no se ajusta a nuestra definición de cómo han de ser las cosas. Lo realmente sorprendente es que, de manera sistemática, cuestionamos la realidad, pero jamás ponemos en duda la validez de nuestras premisas.

    Con nuestra mente, nuestras emociones y nuestro comportamiento manifestamos que nuestro juicio es certero y oportuno, y que la vida es un lamentable error. ¿Te das cuenta de la arrogancia que encierra semejante actitud?

    Es como si estuviéramos diciendo: «La realidad se equivocó, pero yo sé cómo debería ser». Este es el sello distintivo del ego: se posiciona como juez y jurado de la existencia, asignando significado basado en su perspectiva limitada y distorsionada. Y, sin embargo, el ego nunca cuestiona su propia autoridad para emitir tales juicios.

    El Curso nos invita a hacer precisamente eso: cuestionar los mismos cimientos de nuestro sistema de pensamiento. ¿Y si el problema no está ahí fuera, en el mundo? ¿Y si el problema es el lente a través del cual estamos mirando? ¿Y si el verdadero problema no son los supuestos «males» que vemos, sino nuestra creencia de que estamos separados de la Fuente de toda paz, amor e integridad?

    Cuando cuestionamos la validez de nuestras premisas, abrimos la puerta a un cambio profundo. Comenzamos a ver que el problema nunca fue real en primer lugar. Fue un malentendido, una creencia errónea. Y en el momento en que dejamos de defender esa creencia, la ilusión se derrumba.

    La realidad no necesita cambiar. Solo nuestra percepción.

    III Cuando leas estas cuatro afirmaciones, permítete a ti mismo pensar que son verdad, aunque puedas creer otra cosa.

    Piensa en esto: lo que tú creas o dejes de creer no va a cambiar en absoluto la verdad; lo que sí va a cambiar es tu estado de ánimo. Tu corazón te dice que lo que te conviene es sentirte bien, experimentar dicha en tu interior.

    Por eso, y aunque solo sea durante un breve tiempo, deja de lado tu mente enjuiciadora y date la oportunidad de pensar únicamente en aquello que te da paz y te hace sentir bien.

    De nuevo, por un tiempo, no te preguntes si es verdad o no; simplemente dales la bienvenida en tu mente y abrázalas.

    Llegará un momento en que te darás cuenta, con absoluta claridad, de que tu mente, por ahora, es incapaz de distinguir la verdad del error. Tu corazón, sin embargo, conoce la diferencia perfectamente.

    Esta es la esencia de soltar: liberar la necesidad de analizar, diseccionar o confirmar con la lógica. En su lugar, te permites sentir la resonancia de la verdad, no como una conclusión intelectual, sino como una certeza silenciosa, un reconocimiento interior que no necesita defensa.

    La verdad no necesita de tu creencia para ser verdad. Pero encontrarás la paz cuando dejes de resistirte a ella.

    IV Por supuesto que no lo crees. Si lo creyeras, no pensarías que estás aquí o que tienes que aprender un Curso que te devuelva la paz mental.

    La mente egoica funciona por medio de creencias. Aquellas que están alineadas con la verdad la acercan a experimentar su Ser, mientras que las erróneas la alejan de esa experiencia y la deprimen.

    Por esa razón, y dentro del tiempo, la pedagogía de este Curso se basa en elegir entre creencias, en escoger aquellas que te llevarán más allá de todo creer, hasta la experiencia de tu verdadero Ser.

    Esta es la clave: el objetivo no es acumular «mejores» creencias ni reemplazar pensamientos negativos por positivos como si se tratara de apilar ladrillos. El objetivo es reconocer que la creencia en sí misma es una herramienta temporal, un peldaño. Eventualmente, superas incluso las creencias más hermosas, porque la verdad no es algo en lo que se deba creer; es algo que se debe conocer, algo que se debe experimentar, que se debe encarnar.

    Las creencias son como un andamio alrededor de un edificio. Son útiles durante la construcción, pero una vez que la estructura está completa, el andamio se retira. De manera similar, el Curso te invita a usar estas ideas, no para aferrarte a ellas para siempre, sino para permitir que te lleven hasta un punto en el que la creencia ya no sea necesaria porque has llegado al conocimiento.

    La paz no proviene de creer en la paz. Proviene de reconocer que la paz es lo que ya eres.

    V Esta «espesa nube de pensamientos dementes» es lo que el Curso llama el sistema de pensamiento del ego: la constante actividad mental que refuerza nuestra identidad separada y da lugar al miedo, la culpa o la carencia.

    El ejercicio propuesto en esta Lección —sentarse en silencio y tratar de sumergirse «en lo más profundo de tu mente»— es un modo de ir más allá de la superficie confusa y llegar a ese «espacio interior» donde la unicidad con Dios puede experimentarse con mayor claridad.

    El Curso, especialmente en la segunda mitad del Libro de Ejercicios, da mucha importancia a los momentos de quietud y escucha interna. Esta Lección es un anticipo de lo que, con la práctica, nos permitirá reconocer la Voz de Dios en nosotros con mayor nitidez.

    El ego prospera en el ruido mental, en el incesante parloteo de juicios, comparaciones y narrativas. Nos mantiene ocupados con preocupaciones superficiales para que nunca nos detengamos el tiempo suficiente para cuestionar su validez. Pero la verdad no grita; susurra en los espacios de silencio donde la voz del ego comienza a desvanecerse.

    Estos momentos de silencio no son solo pausas entre Lecciones; son las Lecciones en sí mismas. En la quietud, no estás tratando de lograr algo, sino creando las condiciones para recibir lo que siempre ha estado ahí. No estás intentando hacer que la Voz de Dios hable; estás dándote cuenta de que nunca ha dejado de hacerlo.

    La quietud no es la ausencia de actividad; es la presencia de la conciencia. Y es en esa conciencia donde recordarás quién eres realmente.

    VI Repetir lentamente «Dios va conmigo dondequiera que yo voy» no es una fórmula mágica, sino una forma de anclar la mente en un pensamiento verdadero que contradice frontalmente la sensación de estar solos y separados.

    El ejercicio sugiere no forzar la mente con pensamientos, sino permitir que se aquiete. En ese silencio, vamos soltando la identificación con la corriente incesante de ideas y preocupaciones propias del ego.

    Esta experiencia de ir hacia adentro es esencial en el Curso: se nos invita a descubrir lo que está más allá del ruido mental, donde resplandece la luz de la Verdad.

    Esta práctica no consiste en crear paz; se trata de descubrirla. La paz ya está ahí, bajo las capas de miedo, culpa y distracción. La repetición de la idea es como apartar suavemente las nubes para revelar el sol que nunca se fue; solo estaba oculto.

    Cada vez que regresas a la frase, no estás intentando convencerte de algo nuevo, sino recordar lo que siempre ha sido verdad. No estás pidiendo la presencia de Dios; la estás reconociendo. No estás buscando conexión; estás dándote cuenta de que la separación nunca fue real.

    De este modo, la práctica deja de ser solo palabras para convertirse en una experiencia: una experiencia de quietud, de apertura, de sentirte sostenido en una verdad que no necesita defensa. Y a medida que la mente se aquieta, el corazón recuerda: nunca estuviste solo.

    VII Este es el primer ejercicio de meditación propiamente dicho del Libro de Ejercicios, y las indicaciones que se dan son fundamentales para las prácticas de meditación futuras.

    El texto nos recuerda que no necesitamos largas demoras para reconocer la Presencia de Dios. En cualquier momento, si de verdad estamos dispuestos, la nube de pensamientos puede abrirse repentinamente para dejarnos entrever la paz que ya mora en nosotros.

    Sin embargo, es frecuente que el ego se resista a esa experiencia, pues implica el cuestionamiento de su propia existencia. Por ello, la práctica diaria, disciplinada pero no forzada, va habituando a la mente a soltar el ruido constante del ego.

    Esta Lección nos enseña que el problema central —la creencia en la separación— no se soluciona buscando «remedios» en el mundo, sino reconociendo que tal problema no es real en la Mente de Dios. Al practicar el recogimiento interior y el recordatorio constante —«Dios va conmigo dondequiera que yo voy»—, empezamos a desmontar la creencia en la separación y, con ello, a deshacer la raíz del miedo, la depresión y la soledad.

    Lo fundamental es: no necesitamos «lograr» estar con Dios, porque ya lo estamos. Lo que sí podemos practicar es la disposición a recordar esta Verdad. Cada vez que lo hacemos, ya sea con la mente serena o en medio de la turbulencia, estamos abriendo un espacio de sanación en nosotros. Y aunque a veces la experiencia de la paz perfecta no parezca llegar de inmediato, el Curso afirma que la práctica, tarde o temprano, «nunca falla por completo», pues nada puede anular la verdad de que somos uno con Dios.

    En suma, esta Lección nos invita a ir más allá de la apariencia de separación y a sumergirnos en el reconocimiento de nuestra inseparabilidad de la Fuente, de la compañía infalible y de la protección perfecta que esto supone. Así, la experiencia de la soledad se corrige al recordar que, allí donde vayamos, Dios y Su Amor nos acompañan siempre.

  • LECCIÓN 40

    Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

    1. Hoy comenzaremos a afirmar algunas de las cosas felices a las que tienes derecho por ser lo que eres.I

    2Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, pero sí muchas cortas y frecuentes.

    3Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te insta a que intentes hacerlo así y te ciñas a esta frecuencia siempre que sea posible.II

    4Si te olvidas, inténtalo de nuevo.

    5Si hay interrupciones largas, inténtalo de nuevo.

    6Siempre que te acuerdes, inténtalo de nuevo.

    2. No es necesario que cierres los ojos durante el ejercicio, aunque probablemente te resulte más provechoso hacerlo.

    2Sin embargo, es posible que durante el día estés en situaciones donde cerrar los ojos no sea apropiado.

    3No pierdas ningún momento de práctica por este motivo.

    4Puedes practicar bastante bien en casi cualquier circunstancia si realmente quieres hacerlo.

    3. Los ejercicios de hoy requieren poco tiempo y ningún esfuerzo.

    2Repite la idea de hoy y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo.

    3Una práctica podría consistir, por ejemplo, en lo siguiente:

    4Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

    5Soy feliz, pacífico, amoroso, y me siento satisfecho.III

    6Otra podría ser así:

    7Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

    8Estoy tranquilo y sereno; me siento seguro y confiado.

    4. Si dispones de poco tiempo, basta con que te digas a ti mismo que eres bendito por ser un Hijo de Dios.


    I Tu bendita condición de ser un Hijo de Dios no es un desiderátum, simplemente es la verdad. Eres un Hijo de Dios porque Dios te creó, y por eso eres bendito. Sin embargo, eso no es algo obvio para ti. Piensas algo muy diferente y la opinión que tienes acerca de ti mismo es bastante mala. No solo no te amas, sino que sientes una profunda aversión hacia ti mismo. La idea que albergas de ti es tan terrible que te da pánico y una vergüenza insoportable compartirla con otros. Por eso no quieres abrir tu mente y comunicarte de verdad, y la guardas para ti como algo exclusivamente privado, aun cuando lo que contiene no te gusta en absoluto.

    Lo más curioso de esta situación es que nunca te has preguntado si todo eso que piensas acerca de ti mismo es verdad. Nunca has puesto en duda esa opinión. Crees que la evaluación que haces de ti mismo es perfectamente honesta, pero no cuestionas tu capacidad para hacerla.

    Tu confusión acerca de tu propia identidad proviene de que ciertamente has sido testigo de terribles pensamientos que han pasado por tu mente, en ocasiones cargados de odio, crueldad y una absoluta falta de piedad. Sin embargo, nunca has cuestionado su paternidad; has dado por sentado que esos eran «tus» pensamientos, y eso no es cierto. Lo que has escuchado en tu interior ha sido la voz de tu ego, pero tú no eres tu ego. En tu confusión, has suscrito esos pensamientos temibles y los has asumido como propios. Ese ha sido tu error.

    Tú eres el santo Hijo de Dios, el Amor puro de tu Padre, absolutamente inocente y más allá de toda idea de pecado. Pero en tu interior puedes oír dos voces que te presentan enseñanzas totalmente opuestas. La Voz del Espíritu Santo siempre te dice la verdad, y el ego siempre miente. Tú no tienes una voz propia, pues no tienes nada que decir; eres el Hijo de Dios y tu función es crear, no hablar.

    Por eso, en este sueño del mundo, y en tu confusión al creer que eres una persona, tu única libertad es elegir qué voz quieres escuchar. Pero entiende que nunca serás eso que el ego dice de ti; incluso si decides escuchar y atender a su voz, seguirás siendo el santo Hijo de Dios.

    Hoy, antes de comenzar la práctica, abre tu mente a la posibilidad de que has estado absolutamente equivocado. No es necesario que lo reconozcas de forma perfecta, simplemente sé receptivo a esa posibilidad, comienza la práctica y confía.

    II Fíjate en que se te está pidiendo que repitas la idea de hoy unas cien veces a lo largo del día.

    La Lección de hoy es para trabajar la voluntad, la voluntad de considerarte bendito. Aquí no se te pide que creas que eres bendito por ser el Hijo de Dios; lo que se te está pidiendo es que sea eso lo que quieras creer. Con eso basta. Es lo máximo que puedes hacer. No se te puede exigir que creas algo, pero sí que quieras creerlo. Con estas repeticiones se te está pidiendo que hagas una profesión de fe.

    Muchos estudiantes se consideran deshonestos cuando practican esta Lección (y otras similares) porque no sienten lo que están diciendo. Lo que deben entender es que no hace falta que lo crean o lo sientan, pero sí es fundamental que sea eso lo que quieran creer y sentir.

    Recuerda la Introducción de este Libro de Ejercicios: «No es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas. No se requiere nada más que eso». (L-In.7)

    Esta es la clave: la práctica no consiste en alcanzar un estado mental determinado de forma instantánea. Se trata de abrir la puerta, aunque sea un poco, a la posibilidad de que lo que dice el Curso sea verdad. La repetición no tiene el propósito de convencerte por la fuerza, sino de crear un espacio en tu mente donde una nueva percepción pueda asentarse suavemente.

    Cada vez que repites la idea, aunque no la sientas ni la creas, estás plantando una semilla. Con el tiempo, con paciencia y disposición, esa semilla crecerá, no porque la hayas forzado, sino porque lo has permitido. La disposición es el terreno fértil donde arraigan los milagros.

    III En la próxima Lección encontrarás esta advertencia: «Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras» (L-41.9:2). Esta indicación es especialmente importante cuando haces afirmaciones acerca de ti mismo. No basta con comprender intelectualmente lo que dicen las palabras; es esencial también sentir lo que expresan. Solo cuando el pensamiento y la emoción se unen, la práctica se vuelve verdaderamente transformadora.

    ¿No es cierto que cuando te reprochas algo te sientes mal? Eso ocurre porque el pensamiento y la emoción se han alineado, pero en una dirección negativa. De igual modo, cuando introduces en tu mente una idea positiva sobre ti —una idea verdadera—, esta debe ir acompañada del sentimiento que le corresponde y de la certeza interior de que eso es real.

    Podemos entender estas declaraciones como la integración de tres elementos fundamentales:

    SIGNIFICADO + EMOCIÓN + CERTEZA

    Así, cuando te digas, por ejemplo: «Soy pacífico», has de comprender claramente qué significa vivir desde la paz, permitirte sentir la calma y la amplitud que la paz genera, y afirmarte con convicción en esa verdad, al menos en ese instante. Solo entonces la idea dejará de ser una frase para convertirse en una experiencia viva.

  • LECCIÓN 39

    Mi santidad es mi salvación.

    1. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?

    2Al igual que el Texto para el que está escrito este Libro de Ejercicios, las ideas que se utilizan para estas lecciones son muy simples, muy claras y totalmente inequívocas.

    3No nos interesan las proezas intelectuales ni los divertimentos lógicos.

    4Nos ocupamos únicamente de lo muy obvio, de lo que ha sido pasado por alto en las nubes de complejidad en las que piensas que piensas.

    2. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?

    2Es evidente que no se trata de una pregunta difícil.

    3Las dudas que puedas experimentar al responderla no se deben a la ambigüedad de la pregunta.

    4Sin embargo, ¿crees de verdad que la culpa es el infierno? I

    5Si lo creyeras, verías inmediatamente lo directo y sencillo que es el Texto, y no necesitarías un Libro de Ejercicios en absoluto.

    6Nadie necesita practicar nada para conseguir lo que ya tiene.

    3. Ya hemos dicho que tu santidad es la salvación del mundo.II

    2¿Y qué hay de tu propia salvación?

    3No puedes dar lo que no tienes.

    4Un salvador debe ser alguien que ya se ha salvado.

    5¿De qué otro modo puede, si no, enseñar lo que es la salvación?

    6Los ejercicios de hoy solo son aplicables a ti, reconociendo que tu salvación es crucial para la salvación del mundo.

    7Al aplicar los ejercicios a tu propio mundo, el mundo entero saldrá beneficiado.

    4. Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que ya se ha hecho, se hace ahora o se hará en el futuro.

    2Tu santidad significa el fin de la culpa, y, por lo tanto, el fin del infierno.

    3Tu santidad es la salvación del mundo, y tu propia salvación.

    4¿Cómo podrías tú, que eres santo, estar excluido de la salvación?

    5Dios no conoce lo que no es santo.

    6¿Es posible que no conozca a Su Hijo?

    5. Hoy se te pide que dediques cinco minutos completos a las cuatro prácticas más largas, y se recomienda que las sesiones sean incluso más largas y frecuentes que eso.

    2Si quieres superar los requisitos mínimos, es preferible hacer más sesiones en lugar de sesiones más largas, aunque ambas opciones son recomendables.

    6. Comienza los periodos de práctica como de costumbre, repitiendo la idea de hoy en silencio.

    2Luego, con los ojos cerrados, busca en tu mente pensamientos que denoten falta de amor en cualquier forma en que aparezcan, ya sea como inquietud, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque, inseguridad, etc.

    3No importa la forma que adopten, si no son amorosos, son temibles.

    4Y esta es la razón por la que necesitas salvarte de ellos.

    7. Las situaciones, acontecimientos o personas específicas que asocies con cualquier tipo de pensamiento carente de amor son temas adecuados para los ejercicios de hoy.

    2Es imperativo para tu propia salvación que los veas de manera diferente.

    3Y bendecirlos es lo que te salvará y te dará la visión.

    8. Lentamente, sin hacer una selección consciente, y sin poner un énfasis indebido en ninguno en particular, busca en tu mente todo pensamiento que se interponga entre tú y tu salvación.

    2Aplica la idea de hoy a cada uno de ellos de esta manera:

    3Mis pensamientos carentes de amor acerca de ____ me mantienen en el infierno.

    4Mi santidad es mi salvación.

    9. Tal vez encuentres estas prácticas más fáciles si las alternas con periodos cortos en los que simplemente repites la idea de hoy lentamente en silencio unas cuantas veces.

    2También puede que te resulte útil incluir algunos intervalos cortos para relajarte y no pensar en nada.

    3Al principio es muy difícil mantener la concentración.

    4Pero te resultará mucho más fácil a medida que tu mente se vuelva más disciplinada y menos distraída.

    10. Mientras tanto, puedes introducir cierta variedad en tus prácticas, si te parece conveniente.

    2Mas no cambies la idea central al variar la manera de aplicarla.

    3No importa cómo decidas aplicarla; lo importante es que refleje que tu santidad es tu salvación.

    4Termina cada sesión de práctica repitiendo la idea en su forma original una vez más y añadiendo:

    5Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?

    11. En las aplicaciones más cortas, que deben hacerse unas tres o cuatro veces por hora, y más si es posible, puedes hacerte esta pregunta, o repetir la idea de hoy, pero mejor ambas cosas.

    2Si surgen tentaciones, una forma particularmente útil de la idea es:

    3Mi santidad es mi salvación de esto.


    I Es evidente que no crees que la culpa sea el infierno. De hecho, crees exactamente lo contrario; piensas que la culpabilidad que sientes en ti mismo, y que luego también proyectas en los demás, es redentora, es tu salvación. La culpa es la manera en la que el ego expía sus «pecados».

    Cuando te sientes culpable o cuando culpas a los demás de algo, es porque estás usando el criterio del ego para interpretar la realidad. Antes de nada, debes darte cuenta de que el ego no es un «algo» que está en tu mente. El ego no es nadie ni nada. Simplemente es una manera errónea de usar tu santa mente, nada más.

    Esa manera de pensar es el resultado inevitable de albergar una creencia falsa y extraordinariamente perjudicial. Piensas que te has separado de Dios y que tú te has creado a ti mismo. Es obvio que eso es una locura, pero es precisamente lo que la parte enferma de tu santa mente piensa. La otra parte de tu mente, la parte sana, sigue unida a su Creador, conoce perfectamente su identidad y es como siempre ha sido y será.

    Eso es lo único real; el resto son las ilusiones delirantes que crees que te afectan. En realidad, no es así, pero el poder de la creencia les ha otorgado la condición de veracidad… para ti.

    El juicio de culpabilidad que has emitido contra ti mismo, en tu arrogancia de pensar que has logrado efectivamente separarte de Dios, es una de tus creencias más queridas. No estás dispuesto a abandonarla y te atrae con una fuerza irresistible. La culpabilidad es una droga que provoca un placer perverso en la mente enferma.

    Esa es la razón por la que no estás dispuesto a soltarla: porque te proporciona placer. Si racionalizas la situación, lógicamente encontrarás esa posición insostenible y, con toda seguridad, negarás que esa manera de atacarte a ti mismo ha sido querida y voluntaria.

    Pero míralo bien y hazte una pregunta muy simple: ¿para qué te sientes culpable o para qué culpas a otros? ¿Cuál es el propósito de eso? ¿Qué pretendes conseguir?

    La culpa es la opción que has elegido para resolver una evidente ausencia de amor. ¿Crees de verdad que un ataque como ese puede ser el remedio?

    Examínalo con atención y toma conciencia de que ese no es el camino; tu verdadera salvación es tu santidad.

    Deja de sentirte culpable ahora mismo, porque la culpa, además de no servir para nada, duele. Sentirte culpable es masoquismo, y culpar a otros, sadismo. No justifiques lo injustificable, no protejas ni fomentes esas enfermedades mentales.

    Reconoce que la culpa no tiene un propósito que te sirva. No corrige ni redime; solo perpetúa la ilusión de la separación. En el momento en que liberas la culpa, recuperas la conciencia de tu santidad inherente, la verdad que nunca se ha perdido.

    Tu santidad es tu salvación.

    II L-37.3:1 «Tu santidad es la salvación del mundo».

    Esta afirmación revela una verdad profunda: tu santidad no es solo un atributo personal; es la clave para la salvación del mundo. Esto se debe a que el mundo que percibes es una proyección de tu mente. Cuando reconoces tu propia santidad, dejas de ver a través del lente de la culpa, el miedo o la separación. En su lugar, ves el mundo tal como es en realidad: inocente, íntegro y sanado.

    La salvación no consiste en cambiar el mundo exterior, sino en transformar la forma en que lo percibes. Cuando tu mente está sanada, el mundo refleja esa sanación de vuelta hacia ti. Así, tu paz interior se convierte en la paz del mundo, tu perdón se convierte en la liberación del mundo y tu amor se convierte en la luz que disipa todas las ilusiones.

    Por eso tu santidad es la salvación del mundo. No necesitas arreglar el mundo; solo necesitas reconocer la verdad en tu interior. Al hacerlo, le ofreces al mundo el mayor de los dones: el reflejo del amor y la inocencia que siempre han estado allí.

  • LECCIÓN 38

    No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

    1. Tu santidad invierte todas las leyes del mundo.I

    2Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia o límites de cualquier tipo.

    3El poder de tu santidad es totalmente ilimitado porque te establece como un Hijo de Dios, en unidad con la Mente de su Creador.

    4Por medio de tu santidad el Poder de Dios se manifiesta.

    5Por medio de tu santidad el Poder de Dios se pone a tu disposición.

    6Y no hay nada que el Poder de Dios no pueda hacer.

    2. Tu santidad, entonces, puede eliminar todo dolor, acabar con todo sufrimiento y resolver todos los problemas.

    2Puede hacer eso con respecto a ti y con cualquiera.

    3Puede ayudar de la misma manera a cualquiera, porque su poder para salvar a todo el mundo es el mismo.

    4Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios ha creado.

    5Tú eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas.

    6Y todas las cosas que Él creó son santas porque tú lo eres.

    3. En los ejercicios de hoy aplicaremos el poder de tu santidad a todo tipo de problema, dificultad o sufrimiento que se te ocurra que padeces tú, o cualquier otra persona.

    2No haremos distinciones porque no las hay.

    4. En las cuatro sesiones de práctica más largas, cada una de ellas preferiblemente de cinco minutos, repite la idea de hoy, cierra los ojos y busca en tu mente cualquier sensación de pérdida o infelicidad de cualquier tipo, tal como la percibas.

    2Trata de hacer la menor distinción posible entre las situaciones difíciles para ti y las difíciles para otros.

    3Identifica la situación de manera específica, y nombra también a la persona en cuestión.

    4Aplica la idea de hoy de la siguiente manera:

    5En la situación referente a ____ en la que me veo, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.

    6En la situación referente a ____ en la que ____ se ve, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.

    5. De vez en cuando puede que quieras variar el procedimiento y añadir algunos pensamientos propios que te parezcan oportunos.

    2Puede que desees, por ejemplo, incluir pensamientos tales como:

    3No hay nada que mi santidad no pueda hacer porque en mi santidad reside el Poder de Dios.

    4Introduce cualquier variación que consideres adecuada, pero mantén los ejercicios enfocados en la idea principal: «No hay nada que mi santidad no pueda hacer».

    5El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la noción de que tienes dominio sobre todas las cosas por razón de lo que eres.II

    6. En las aplicaciones más breves y frecuentes, usa la idea en su forma original, salvo que surja un problema específico para ti o para alguien más.

    2En ese caso, aplica la idea de forma específica a ese problema.


    I Las «leyes de este mundo» son el resultado de haber malentendido tu propia identidad. Son la consecuencia natural de considerarte separado de Dios y de culparte por ello. Son la proyección fuera de ti de esta culpa, que ahora parece amenazarte.

    Eso no es verdad. Es una situación que imaginas y sostienes en tu mente con el poder de tu creencia. Te has encarcelado a ti mismo con esa descripción de ti mismo que has aceptado como cierta. De nuevo, eso no es cierto.

    La verdad es que eres santo, porque sigues siendo tal como Dios te creó, aun cuando tú, en tu arrogancia y confusión, pienses otra cosa y te castigues por ello. Tu santidad tiene el poder de deshacer todo eso por la sencilla razón de que es la verdad.

    Para ejercer ese poder, para que sea efectivo en tu conciencia y pueda enderezar la pesadilla en la que vives, simplemente tienes que creer de otra manera. Mientras eso no ocurra, no podrás hacer efectivo el poder de tu santidad, que, si bien es omnímodo, no puede restringir la libertad que Dios te dio para crear como te plazca.

    No hay nada que el poder de tu santidad no pueda hacer, pero también es verdad que no hay nada que el poder de tu creencia no pueda hacerte creer. Si bien no tienes el poder de cambiar lo que eres —el perfecto Hijo de Dios—, sí tienes el poder de creer lo que quieras.

    II Génesis 1:28: «Y Dios los bendijo, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla, y tened dominio sobre los peces del mar y sobre las aves de los cielos y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”».

    La palabra «dominio» aquí no se refiere al dominio sobre personas o cosas, sino sobre tus propios pensamientos de ataque, que conforman el mundo tal como lo percibes: «… todo tipo de problema, dificultad o sufrimiento que se te ocurra…» (3:1).

    «… tienes dominio sobre todas las cosas por ser lo que eres»; el creador en tu mente de tus propios pensamientos.

    Recuerda que el mundo en el que crees vivir es de tu propia creación, pues lo has creado para ti mismo creyendo en él.

    Esta reinterpretación desplaza el enfoque de un sentido externo de control hacia un dominio interno de la mente. El «someter» no se trata de imponer la voluntad sobre el mundo exterior, sino de reclamar con suavidad la autoridad sobre los pensamientos que generan ilusiones de miedo, separación y conflicto.

    El «dominio» otorgado en el Génesis es, por lo tanto, un reflejo de tu poder creativo innato: la capacidad de elegir los pensamientos en los que crees, de discernir entre la verdad y la ilusión. Este es el verdadero significado de la creación: no moldear el mundo externo mediante la fuerza, sino dar forma a tu mundo interior a través del reconocimiento de tu santidad.

    Al comprender esto, el pasaje bíblico trasciende su interpretación tradicional y se alinea con la enseñanza central del Curso: «Tienes dominio sobre todas las cosas por lo que eres». Este dominio no se refiere al poder sobre otros, sino a la soberanía de la mente que recuerda su unidad con Dios.

  • LECCIÓN 37

    Mi santidad bendice al mundo.I

    1. Esta idea contiene los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo: la razón por la que estás aquí.

    2Tu propósito es ver el mundo a través de tu santidad.

    3Así, tú y el mundo sois bendecidos conjuntamente.

    4Nadie pierde; no se le quita nada a nadie.

    5Todos ganan por medio de tu visión santa.

    6Esto significa el fin del sacrificio, porque ofrece a cada quien lo que legítimamente le corresponde.

    7Y todos tenemos derecho a todo, porque ese es nuestro derecho inalienable como Hijos de Dios.

    2. No hay otra manera de eliminar para siempre la idea del sacrificio del pensamiento del mundo.

    2Cualquier otra manera de ver inevitablemente exigirá el pago a alguien o de algo.II

    3En tal caso, y como resultado, el que así percibe perderá.

    4Y no tendrá ni idea de por qué está perdiendo.III

    5Sin embargo, por medio de tu visión santa, su plenitud retornará a su conciencia.

    6Tu santidad lo bendice sin pedirle nada a cambio.

    7Los que se ven a sí mismos plenos no piden nada.IV

    3. Tu santidad es la salvación del mundo.

    2Te permite mostrarle al mundo que es uno contigo, sin necesidad de predicar o decir nada, simplemente por medio de tu callado reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo.V

    4. Las cuatro prácticas largas de hoy, cada una de tres a cinco minutos, comienzan repitiendo la idea de hoy, seguida de un minuto más o menos de mirar a tu alrededor mientras aplicas la idea a cualquier cosa que veas:

    2Mi santidad bendice esta silla.

    3Mi santidad bendice esa ventana.

    4Mi santidad bendice este cuerpo.

    5Luego, cierra los ojos y aplica la idea a cualquier persona que se te ocurra, empleando su nombre y diciendo:

    6Mi santidad te bendice, [nombre].

    5. Si quieres, puedes continuar la práctica con los ojos cerrados.

    2También puedes abrir los ojos y aplicar la idea a lo que ves a tu alrededor.

    3Puedes alternar entre aplicarla a lo que ves a tu alrededor, y a lo que imaginas; puedes usar cualquier combinación de estas dos maneras de aplicarla que prefieras.

    4La práctica debe concluir con una repetición de la idea con los ojos cerrados, seguida de otra con los ojos abiertos.

    6. Los ejercicios más cortos consisten en repetir la idea tan frecuentemente como puedas.

    2Es particularmente útil aplicarla en silencio a cualquier persona que conozcas, nombrándola mientras lo haces.

    3Y es esencial que uses esta idea si te enfadas con alguien.

    4Ofrécele inmediatamente la bendición de tu santidad, para que así aprendas a conservarla en tu conciencia.


    I En esta Lección, nos situamos en la culminación del proceso de aprendizaje de este Curso. Hemos sanado nuestra mente —o, más bien, hemos reconocido que nuestra mente es sagrada— y ahora proclamamos nuestra santidad y bendecimos al mundo.

    Este cambio refleja una transformación profunda: ya no somos buscadores que se esfuerzan por encontrar la paz fuera de nosotros; en su lugar, reconocemos que la paz siempre ha residido en nuestro interior. Al reconocer nuestra santidad innata, extendemos de forma natural ese reconocimiento hacia el exterior, no mediante gestos grandiosos o palabras, sino a través de la bendición silenciosa y poderosa que emana del simple hecho de ser conscientes de nuestra verdadera naturaleza.

    Bendecir al mundo no es un acto de superioridad ni de condescendencia. Es un acto de recuerdo. Al ver el mundo a través del lente de nuestra santidad, disolvemos las ilusiones de separación, culpa y miedo. No bendecimos para cambiar el mundo; bendecimos porque el mundo ya es completo, y al reconocerlo, reafirmamos nuestra propia plenitud.

    Así, esta Lección no es solo una práctica; es una declaración: mi santidad bendice al mundo porque esa es la función natural de la santidad: extenderse sin esfuerzo, iluminando todo con la luz de la verdad.

    II Siempre que no ves santidad en lo que contemplas, es porque eres incapaz de verla en ti mismo. Estás mirando en el sitio equivocado. En lugar de contemplar a tu verdadero Ser, te has creído lo que el ego te ha dicho que eres.

    Tú no eres eso. No eres la opinión que tienes acerca de ti mismo; eres tal como Dios te creó. Pero, al creerte esa falacia y, en tu disgusto, proyectas fuera de ti los «pecados» que has visto en tu falsa identidad y piensas que hay algo que debe cambiar y «mejorar» en el mundo.

    Todo cambio conlleva algún sacrificio e implica un cierto sentido de pérdida, aun cuando solo sea la pérdida de la condición que se disfrutaba antes. Toda «mejora» tiene un coste que alguien o algo ha de pagar.

    Esta es la lógica del ego, arraigada en la escasez, el conflicto y la creencia de que el valor solo puede obtenerse a expensas de algo más. Sin embargo, la verdad es que la transformación real no requiere sacrificio, porque no se trata de cambiar lo que es, sino de recordar lo que siempre ha sido verdad. La santidad no es algo que se alcanza; es lo que se revela cuando caen las ilusiones de carencia y separación.

    Cuando reconoces tu propia santidad, ya no ves un mundo que necesita ser arreglado, sino un mundo que refleja la plenitud dentro de ti. No hay nada que perder, nada que sacrificar ni ningún precio que pagar, solo el gozoso reconocimiento de lo que siempre ha sido, intacto y eterno.

    III Quien percibe falta de santidad en lo que contempla perderá, porque lo que está viendo, en definitiva, es un contenido de su propia conciencia, a la que precisamente le está exigiendo una «mejora», un cambio, un sacrificio y, en consecuencia, un pago. Ese pago, en realidad, se lo está exigiendo a sí mismo, pues todo lo que le haces a otros se lo haces a tu propia mente, a ti mismo. Para entender esto, te conviene recordar que percibir es proyectar.

    Muchos que emprenden caminos espirituales lo hacen con el ánimo de llegar a ser «mejores personas», más buenos, más amorosos, más santos. Nunca intentes «mejorar»; es imposible. Tú fuiste creado perfecto por un Padre perfecto. La idea de mejorar Su Obra es una insensatez, y pensar que esa es una tarea para la que estás capacitado —perfeccionar lo que tu Padre creó— es el colmo de la arrogancia.

    Este Curso no tiene nada que ver con el comportamiento y todo que ver con la sanación de la mente. Vuelve a leer T-18.VIII «No necesito hacer nada».

    El hacer es cosa del ego; es el sustituto de crear, y crear es extender el propio ser. Bendecir al mundo desde mi santidad es lo más próximo a crear que puedo hacer en este sueño.

    Si quieres incidir en el mundo de manera real, debes darte cuenta de que toda realidad es abstracta, mientras que el hacer, el comportamiento, es concreto y específico. La bendición, en cambio, no lo es; es abstracta, es real, y por eso es lo único que puede incidir «realmente» en el mundo.

    Quédate con esta idea y no la olvides, porque encierra un poder sanador ilimitado: «Bendecir es lo más próximo a crear en este mundo». Aquí solo puedes crear bendiciendo.

    No intentes mejorar; esa no es tu función. Tú no cambias ni despiertas por tus propios esfuerzos; eso es algo que se te concede y ocurre en ti. Tu función, más bien, es desear de corazón una mente corregida y no interferir en el proceso de corrección. Si no atiendes a la voz del ego, reconocerás lo que se te ha dado, lo que ya tienes y eres.

    Cuando tomes conciencia de alguna tendencia, algún aspecto en ti, algún vicio o debilidad que te disguste, te haga infeliz y claramente contradiga la Voluntad de Dios, haz lo siguiente: imagina un «buzón celestial» en el que depositar tus aspiraciones. Formula claramente tus peticiones y déjalas ahí. Luego, vuelve tranquilamente a tus asuntos y despreocúpate totalmente de su resolución.

    Deja tus problemas en Mejores Manos y confía. Los cambios que anhelas ocurrirán en ti sin tu intervención. Esa es la única manera de lograr una verdadera transformación. Y si no ves que esos cambios se producen, quédate tranquilo y sigue enviando cartas al Cielo con determinación. Ten fe, confía, no tienes que hacer nada más.

    Siempre que pretendas «mejorar», relee con atención la sección «Reglas para tomar decisiones» (T-30.I).

    IV Sin embargo, cuando ves santidad, plenitud e inocencia en otros, estás obrando un milagro y sanas simultáneamente la mente de quien recibe tu milagro y la tuya propia. Además, estás percibiendo correctamente, pues en ese caso tan solo percibes la verdad, la perfección y el amor que están ahí, y que son lo único que existe. Ver otra cosa que no sea eso no es más que contemplar ausencias, que, por definición, no existen.

    Pensar que este es un bello discurso, pero poco realista, responde a un sesgo cognitivo humano tan absolutamente generalizado en todo el mundo y tan fiable en su expresión que resulta extremadamente difícil constatar que carece totalmente de validez. Percibir es proyectar. Es tu manera imperfecta de ver la que te lleva a percibir un mundo imperfecto. La visión verdadera, o santa, solo ve santidad y perfección.

    No se trata de negar los aparentes defectos o luchas que observamos en el mundo, sino de comprender que esas percepciones son reflejos de nuestras propias proyecciones mentales. No son hechos objetivos; son interpretaciones moldeadas por los filtros del ego. Cuando pasamos de esta lente distorsionada a una basada en la conciencia de nuestra santidad compartida, el mundo mismo parece cambiar, no porque el mundo haya cambiado, sino porque nosotros lo hemos hecho.

    La verdadera visión no requiere esfuerzo ni imposición; surge de forma natural cuando dejamos de insistir en interpretar la realidad a través de los juicios del ego. Cuando elegimos ver con los ojos del amor, presenciamos el milagro, no solo en los demás, sino también en nosotros mismos.

    V Este es uno de los cimientos de este Curso y, probablemente, uno de los más difíciles de entender, aceptar y aplicar por sus estudiantes, aun cuando ya se formula en su misma introducción. Esta enseñanza repite incansablemente una misma idea: tu misión es salvar el mundo… en tu mente. Es decir, salvar el mundo es sanar la mente que lo concibió.

    No tienes necesidad de hacer más que eso: perdonar todo a todos… en tu mente. No necesitas evangelizar a nadie ni cambiar o «mejorar» nada de lo que crees ver fuera de ti; basta con ver santidad y bendecir. Mientras eso no ocurra, es mejor que no intentes nada, pues estás enfermo y has de sanar tú mismo antes de tratar de arreglar algo.

    Si el mundo es una ilusión, un sueño, intentar «arreglar» algo en él solo te adentrará más profundamente en la pesadilla y la consolidará, porque estarás dando realidad a lo que tu mente delirante te dice que es verdad. No necesitas cambiar nada fuera de ti porque no hay nada fuera de ti. Y recuerda: lo real no corre peligro y lo irreal nunca ha existido.

    Ver santidad y perfección, por otra parte, no es una idea tan extraña a tu sistema de pensamiento. De hecho, es lo que ocurre cuando te «enamoras». La persona amada parece perfecta ante tus ojos; todo lo que hace, dice o piensa está bien. Además, esa persona no solo es «santa» ante tus ojos, sino que también cambia la visión que tiene de sí misma cuando corresponde a tu amor.

    Esto muestra cuán poderosa es en realidad la percepción. Cuando eliges ver a alguien a través del lente del amor, no solo transforma tu experiencia, sino que, a menudo, también transforma la de esa persona. Este es un atisbo de cómo funciona la sanación: no mediante la corrección, la crítica o los intentos de cambiar a los demás, sino a través del simple y radical acto de verlos tal como son en verdad: inocentes, plenos y sagrados.

    El Curso nos invita a extender esta forma de ver más allá de las relaciones especiales, más allá de las condiciones, más allá de las limitaciones del ego. Nos pide que reconozcamos que la santidad que percibimos en una persona puede verse en todas, porque no está en ellos, sino en nosotros, reflejada hacia el exterior a través de la claridad de una mente sanada.

  • LECCIÓN 36

    Mi santidad envuelve todo lo que veo.I

    1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del sujeto que percibe a aquello que percibe.

    2Tú eres santo porque tu mente forma parte de la Mente de Dios.

    3Y, como eres santo, tu visión también debe ser santa.

    4«Impecable» significa sin pecado.

    5No puedes estar libre de pecado solo un poco.

    6O bien eres impecable, o no lo eres.

    7Si tu mente forma parte de la de Dios debes ser impecable, o una parte de Su Mente sería pecaminosa.

    8Tu visión es debida a Su Santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no a tu cuerpo.

    2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una.

    2Trata de distribuirlas de manera uniforme y realiza aplicaciones breves con frecuencia para protegerte a lo largo del día.

    3Las prácticas más largas deben hacerse de esta forma:

    3. Primero, cierra los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente.

    2Luego, abre los ojos y mira bastante despacio a tu alrededor, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que observes en una inspección casual.

    3Di, por ejemplo:

    4Mi santidad envuelve esa alfombra.

    5Mi santidad envuelve esa pared.

    6Mi santidad envuelve estos dedos.

    7Mi santidad envuelve esa silla.

    8Mi santidad envuelve ese cuerpo.

    9Mi santidad envuelve este bolígrafo.

    10Cierra los ojos y repite la idea para ti mismo varias veces durante estos periodos de práctica.

    11Luego, abre los ojos y sigue nombrando objetos como antes.

    4. Durante las aplicaciones breves, cierra los ojos y repite la idea, mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo, y concluye con una repetición más con los ojos cerrados.

    2Todas las aplicaciones deben hacerse muy lentamente, sin esfuerzo y con la menor premura posible.


    I Las Lecciones anteriores se han centrado en la naturaleza de nuestra mente y su identidad real: somos parte de la Mente de Dios, y esto nos hace santos. Ahora, esta Lección da un paso más allá y aplica esa santidad —que primero reconocimos en nosotros— a todo lo que vemos.

    Si el que ve (la mente) es santo, lo que percibe no puede sino verse cubierto por esa santidad. Es la misma lógica de causa y efecto: la causa (nuestra mente en comunión con la Mente de Dios) produce un efecto (una visión santa y libre de pecado).

    «Mi santidad envuelve todo lo que veo» implica, ante todo, reconocer que nuestra santidad no depende de méritos personales, sino de la unión de nuestra mente con la Mente de Dios. Esa raíz divina nos define como impecables desde el mismo acto de la Creación, de modo que la fuente de nuestra visión no es el ego, sino el Espíritu Santo. Al provenir de esta fuente, todo cuanto contemplamos queda inevitablemente iluminado por esa santidad intrínseca. A la vez, ello nos libera de la necesidad de buscar pecado o error en el exterior, pues el verdadero punto de partida es la certeza de que ya somos inocentes. Desde ahí, la mente deja de proyectar culpa sobre el mundo y comienza a descubrir la misma inocencia en todo lo que ve.

    Para practicar la idea de hoy tienes que desvincularte de la idea que ahora tienes de ti mismo perdonándola, reconocer que no sabes quién eres, y abrirte a una nueva interpretación de ti mismo. Pero, para lograr eso, vas a necesitar una firme voluntad y un poco de fe. No sabes bien lo que es la fe, no sabes cómo incrementarla ni sabes usarla. No te preocupes, todo eso se resuelve precisamente con fe.

    Practica con fe la Lección de hoy. No te hagas ninguna pregunta al respecto, simplemente hazlo de todo corazón, y mira lo que pasa. Te vas a sorprender. Tú, que no tienes fe, y ni siquiera sabes lo que es, vas a hacer milagros… por medio de la fe. La fe solo existe en la acción y en el presente. Se manifiesta repentinamente en el presente y lo transforma todo con su ilimitado poder. La fe va a permitir que tu santidad envuelva todo lo que ves y lo transforme con su poder sanador. Simplemente, ten fe y mira al mundo con ojos nuevos.

    Esta Lección refuerza la idea de que lo santo no puede ser percibido parcialmente. Al afirmar «Mi santidad envuelve todo lo que veo», declaramos que no hay nada ni nadie excluido de la visión del Amor. Es una visión total, porque la santidad no se divide ni se «dosifica».

    Con esta práctica, nos entrenamos en reconocer la santidad en nuestro interior y en extenderla a todo lo que contemplamos, deshaciendo la tendencia a separar lo «sagrado» de lo «profano», pues todo se ve envuelto en la misma Luz. Al mismo tiempo, integramos mente y percepción externa, cultivando la experiencia de ser uno con Dios y, por ende, con toda la Creación.

    El Curso nos invita, así, a un cambio de mentalidad radical: dejar de ver el mundo como algo separado o potencialmente pecaminoso y empezar a contemplarlo como una extensión de la misma santidad que habita en nosotros.

    De este modo, la Lección se convierte en un ejercicio práctico de unificación y perdón, recordándonos el poder que tenemos para ver el mundo desde la visión amorosa que procede de nuestro verdadero Ser.

  • LECCIÓN 35

    Mi mente forma parte de la Mente de Dios. Soy muy santo.

    1. La idea de hoy no describe cómo te ves a ti mismo ahora.I

    2Sin embargo, sí describe lo que la visión te mostrará.

    3Es difícil para todo aquel que piensa que está en este mundo creer esto de sí mismo.

    4No creerlo es precisamente la razón por la que piensa que está en este mundo.

    2. Creerás que formas parte del lugar donde piensas que estás.

    2Eso es porque te rodeas del entorno que deseas, y lo quieres para proteger la imagen que has forjado de ti mismo.II

    3Esa imagen también forma parte de ese entorno.

    4Lo que ves mientras crees que estás ahí lo ves a través de los ojos de esa imagen que has forjado de ti mismo.

    5Eso no es ver.

    6Las imágenes no pueden ver.III

    3. La idea de hoy te muestra una visión muy diferente de ti mismo.

    2Al establecer tu Fuente, establece también tu identidad, y te describe como realmente debes ser.

    3Hoy aplicaremos la idea de una manera un poco diferente, porque pondremos más énfasis en el sujeto que percibe que en aquello que percibe.

    4. Repite primero la idea de hoy para tus adentros en cada una de las tres sesiones de cinco minutos, luego, cierra los ojos y busca en tu mente diferentes términos que piensas que te describen.

    2Incluye todos los atributos basados en el ego que te atribuyes, tanto positivos como negativos, deseables o indeseables, grandiosos o denigrantes.IV

    3Todos ellos son igualmente irreales, porque no te ves a ti mismo a través de los ojos de la santidad.

    5. En la primera parte de tu búsqueda mental, probablemente enfatizarás lo que consideras tus aspectos más negativos.

    2En la última parte del periodo de ejercicio, sin embargo, es muy posible que se te ocurran términos descriptivos más halagadores.

    3Trata de comprender que no importa el sentido de las fantasías que tengas sobre ti mismo.

    4Las ilusiones no tienen ningún sentido en la realidad.

    5Simplemente no son verdaderas.

    6. Una lista adecuada para aplicar la idea para hoy podría ser la siguiente:

    2Me veo sujeto a obligaciones.

    3Me veo deprimido.

    4Me veo fracasado.

    5Me veo en peligro.

    6Me veo indefenso.

    7Me veo triunfador.

    8Me veo perdedor.

    9Me veo caritativo.

    10Me veo virtuoso.

    7. No debes pensar en estos términos de una manera abstracta.

    2Se te ocurrirán a medida que crucen por tu mente situaciones, personas y eventos en los que tú apareces.

    3Escoge cualquier situación específica que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres aplicables a tus reacciones ante esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy.

    4Después de nombrar cada uno, añade:

    5Pero mi mente forma parte de la Mente de Dios.

    6Soy muy santo.

    8. Durante las sesiones más largas, puede haber intervalos en los que no se te ocurra nada específico.

    2No te esfuerces en pensar en cosas específicas para llenar ese tiempo, simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo.

    3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra en los ejercicios, tampoco debes «encontrar» nada a la fuerza.

    4No debes usar la fuerza ni la discriminación.

    9. Tan a menudo como sea posible durante el día, toma un atributo o atributos específicos que te estés asignando en ese momento y aplícales la idea de hoy, agregando la frase en la forma indicada anteriormente.V

    2Si no se te ocurre nada en particular, simplemente repite la idea en tu interior con los ojos cerrados.


    I ¡Claro que tu mente es parte de la Mente de Dios! ¿Cómo no iba a ser así? ¿Cómo crees que viniste a la existencia? No sabes lo que es tu mente porque no la reconoces. Vives en una parte diminuta de ella y has renunciado a su totalidad. Has decidido «crear» un pequeño reino en un rincón infinitesimal de la Mente de Dios, solo para ti. ¿No encuentras esto un poco patético, como mínimo?

    Te ves a ti mismo extremadamente limitado en el tiempo, en el espacio y en capacidades que, sin embargo, anhelas. Y ciertamente no te consideras santo. Esa es tu opinión. Pero la cuestión es: ¿es eso verdad? Ni siquiera estás en condiciones de responder a esa pregunta porque estás algo confundido. Incluso crees que no sabes quién o qué eres. Y esto es esperable, ya que no estás usando tu mente de manera adecuada. Si lo estuvieras haciendo, serías feliz. La prueba de que usas tu mente mal es que no lo eres.

    La razón de lo que te está pasando podría explicarse de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, podrías decirte que estás siguiendo al guía equivocado, que te has identificado con tu ego, o podrías elaborar un sinfín de explicaciones. Pero, en el fondo, la verdadera razón de que te veas a ti mismo tal como te ves es muy simple: tú te ves a ti mismo así porque eso es exactamente lo que quieres.

    Sé honesto. ¿No es cierto, acaso, que tú quieres ser tú? Míralo bien, y luego, vuélvelo a mirar, porque eso es lo que está pasando aquí: tú eres tal como te ves porque eso es lo que verdaderamente quieres. Y, ¿sabes? Tu voluntad se cumple siempre porque eres el Hijo de Dios.

    Fíjate bien: incluso cuando dices que quieres cambiar y ser diferente, ser mejor, en realidad, lo que quieres, más bien, es ser aquel que dice que quiere cambiar, no lo que ese cambio produciría en ti. Pues, en ese caso, tú desaparecerías para convertirte en esa cosa nueva, y tú no quieres desaparecer. Reflexiona sobre eso porque ahí es precisamente donde se encuentra toda la resistencia al cambio.

    No te preocupes. Cambiarás, porque la idea que tienes de ti mismo es una ilusión, y si hay algo que define a las ilusiones es el cambio. Ahora, lo único que se te pide es que tengas una pequeña disposición a cambiar de manera de pensar y confíes. No interfieras, y el cambio acontecerá naturalmente.

    II Aquí se te da una clara indicación de por qué percibes lo que crees tener ante ti: porque, de esta manera, proteges la idea que tienes de ti mismo. Es decir, has hecho, de la nada, un mundo a tu imagen y semejanza.

    ¿No será, entonces, que ese dios del Génesis no es otro que el ego?

    Date cuenta de que, en el fondo, toda tu experiencia humana está relacionada con tu falsa identidad; proviene de lo que crees ser. Por eso, cambia la idea que tienes de ti mismo y el mundo que contemplas cambiará en consecuencia.

    Esa es la razón por la que has sido llamado a ser el salvador del mundo, pues eso no es otra cosa que tu propia salvación.

    III Claro, las imágenes solo pueden imaginar. Si piensas que eres ingeniero, verás el mundo a través de los ojos de un ingeniero. Si piensas que eres poeta, verás un mundo poético. Diferentes conceptos de uno mismo conducen a diferentes interpretaciones de la realidad.

    El asunto es que la idea que tienes de ti mismo es absolutamente caprichosa y arbitraria. Sin embargo, es evidente que tú no la consideras así y fundamentas esa idea en poderosas «razones». No te engañes. La prueba de que esa idea de ti mismo es falsa es que cambia constantemente con el tiempo. ¿Cómo iba a ser verdad algo que cambia sin cesar?

    IV Fíjate en cómo aquí se equipara personalidad con ego.

    V Date cuenta de que, si bien cuando te cuestionas honestamente tu identidad eres incapaz de concluir qué o quién eres, cuando esa sincera actitud cuestionadora se relaja comienzas a asignarte un sinfín de atributos que crees ser. Da la impresión de que, a lo largo del día, tienes una opinión muy precisa sobre ti mismo, pues te juzgas constantemente.

    Lo cual, si te paras a pensar, debería sorprenderte, pues el mismo ser que afirma humildemente desconocer su verdadera identidad no tiene ningún reparo en calificarse, juzgarse, premiarse o condenarse, y no solo a sí mismo, sino también a todos y a todo lo que contempla. Aún más, esos calificativos cambian sin cesar a lo largo del tiempo, y el último siempre parece ser el más válido y certero.

    ¿No ves que tu mente simplemente está ejecutando un programa barato y miserable escrito por tu ego? ¿Cómo puedes ser tan ingenuo y suscribir sus sentencias? ¿Y qué te hace pensar que esos pensamientos son «tuyos»? Ciertamente, tú sí eres testigo de todo ese delirio, pero puedes tener por seguro que «eso» no eres tú.

  • LECCIÓN 34

    Podría ver paz en lugar de esto.I

    1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que prevalecen en la otra manera de ver.

    2La paz mental es claramente un asunto interno.

    3Debe comenzar en tus propios pensamientos y luego extenderse hacia afuera.

    4La percepción pacífica del mundo proviene de tu paz mental.II

    2. Se requieren tres periodos de práctica más largos para los ejercicios de hoy.

    2Se aconseja uno por la mañana, otro por la tarde y uno adicional en cualquier momento que parezca más propicio entre ambos.

    3Todas las aplicaciones deben hacerse con los ojos cerrados.

    4La idea de hoy aplica a tu mundo interno.

    3. Cada sesión larga requiere unos cinco minutos de búsqueda mental.

    2Busca en tu mente pensamientos de miedo, situaciones que provoquen ansiedad, personas «ofensivas» o cualquier otra cosa sobre la que estés albergando pensamientos poco amorosos.

    3A medida que los veas surgir en tu mente, obsérvalos sin poner énfasis en ninguno de ellos mientras repites la idea de hoy lentamente, y deja que cada uno sea reemplazado por el siguiente.

    4Si comienzas a tener dificultad para pensar en temas específicos, continúa repitiéndote la idea en silencio, sin prisa y sin aplicarla a nada en particular.

    5Asegúrate, sin embargo, de no excluir nada de manera específica.

    4. Las aplicaciones más cortas deben ser frecuentes y hacerse siempre que sientas que tu paz mental se ve amenazada de alguna manera.

    2El objetivo es protegerse de la tentación a lo largo del día.

    3Si surge en tu conciencia una tentación específica, haz el ejercicio de esta forma:

    4Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.

    5Si los ataques contra tu paz mental adoptan la forma de emociones adversas más generalizadas, como la depresión, la ansiedad o una vaga sensación de preocupación, usa la idea en su forma original.III

    5. Si encuentras que necesitas más de una aplicación de la idea de hoy para ayudarte a cambiar de opinión en cualquier contexto específico, trata de tomarte varios minutos y dedícalos a repetir la idea hasta que sientas alguna sensación de alivio.

    2Te ayudará decirte a ti mismo lo siguiente:

    3Puedo reemplazar mis sentimientos de depresión, ansiedad o preocupación —o mis pensamientos sobre esta situación o esta persona— por paz.


    I ¡Por supuesto que puedes ver paz en lugar de lo que ahora estás viendo! Puedes ver lo que desees porque puedes interpretar tu percepción como te venga en gana. Pero, una vez más, ¿quieres realmente ver de manera diferente? ¿De verdad quieres la paz? Sé completamente sincero contigo mismo al responder esta pregunta.

    Antes de hacerlo, plantéate otra cuestión fundamental: ¿por qué estás interpretando tu percepción de manera dolorosa? O, de forma más simple: ¿para qué estás interpretando la situación así? ¿Con qué propósito?

    Si eres capaz de sumergirte en las profundidades más oscuras de tu mente, descubrirás, con sorpresa e incomodidad, que la razón detrás de tus interpretaciones dolorosas es el «placer» que encuentras en ellas. Puede que esta idea te escandalice y la rechaces de inmediato. Cuidado. Míralo bien. No hay nada que hagas en tu vida que no esté encaminado a buscar placer o a mejorar tu condición percibida. Lo que sucede es que no sabes distinguir entre el placer y el dolor. Estás completamente confundido y, evidentemente, no sabes lo que te conviene.

    Vives tu vida de manera desordenada, guiándote por tu propio criterio, y el resultado es el desastre. A pesar de ello, te resulta extremadamente difícil renunciar a ese criterio. Tu ego te ha guiado mal.

    Podrías ver paz en lugar de esto, y eso sí que te conviene absolutamente, porque la paz es de Dios, al igual que tú. Eres libre de ir a favor de las Leyes de Dios o en su contra: puedes elegir. Sin embargo, sé muy honesto cuando te preguntes a ti mismo qué estás buscando en realidad.

    Elige bien y elige pronto. O no. Pero recuerda que tienes todo el poder para hacer con tu vida lo que realmente quieras.

    II La paz mental es claramente un asunto interno; depende totalmente de ti y de la historia que elijas contarte. Tus estados mentales y emocionales son exclusivamente de tu propia creación.

    Repite el ejercicio de visualización propuesto ayer, pero avanza un poco más: siéntate, cierra los ojos y comienza a fantasear, imaginando que eres el protagonista heroico de una historia cualquiera en la que traes paz a una situación de conflicto. Implícate en esa fantasía de cualquier manera que se te ocurra y deja que la historia se despliegue por sí misma en términos favorables y benéficos. Resuelve con desparpajo problemas en ese mundo imagi-nario y, si lo haces bien, acabarás emocionado, lleno de buenos sentimientos y con una cierta sensación de poder. Luego, procurando conservar ese estado mental y emocional, levántate y relaciónate con alguien cercano a ti en esos mismos términos, llevándole la paz que has desarrollado en tu fantasía.

    La historia con la que has fantaseado es una ilusión, al igual que lo son el mundo que contemplas cuando abres los ojos o el cuerpo de tu hermano. Sin embargo, la paz y el amor que has experimentado y que eres capaz de transmitir a otros son absolutamente reales. La paz mental es claramente un asunto interno y depende de tu voluntad de tenerla.

    El propósito de este ejercicio no es otro que tomar conciencia de que tu paz mental depende de cómo interpretes lo que percibes. En realidad, no necesitas contarte a ti mismo historias fantásticas para encontrar la paz, pues esta ya está en ti. Pero sí debes mostrarte dispuesto a escuchar en tu mente una narrativa más benévola del Espíritu Santo, en lugar de la interpretación que tu ego te sugiere. Como dice la enseñanza: «Podría haber paz en vez de esto».

    III Date cuenta de que una vaga sensación de preocupación, la ansiedad o la depresión son diferentes grados de intensidad de lo mismo: ataques de egoísmo. El pánico y las depresiones profundas representan ataques de egoísmo en su grado máximo, pero ten la certeza de que todo malestar que sientas proviene de la obra del ego en tu mente.

    La depresión es un agujero negro en la conciencia que devora la luz de tu ser y te sumerge en la oscuridad. Su fuerte atracción nace de un sentido desmesurado de importancia personal que revierte la dirección natural y expansiva del amor hacia un negro adentro donde no hay nada. La experiencia de esa nada resulta profundamente pavorosa.

    Recuerda que ego significa «yo» en latín, mientras que su opuesto es alter, «el otro». Por lo tanto, lo contrario del egoísmo es el altruismo. La salvación siempre la encontrarás en tu hermano; no la busques en ti mismo.

    Las depresiones se curan con altruismo. Si estás deprimido, deja de pensar en ti mismo. Deja de enfocarte en tu infelicidad, tu miedo, tu angustia o tu depresión. No te preocupes por la búsqueda de la paz o por la salvación de tu alma inmortal. Olvida todo eso.

    Lo real en ti no corre ningún peligro. Tu alma inmortal está perfectamente a salvo en el Corazón de Dios. Deja de sentirte importante. Olvídate de ti mismo e intenta hacer algo por tus hermanos. Verás cómo pronto sales de la oscuridad.

    Invocar la paz ciertamente te ayudará a salir de tus angustias y depresiones, pero llevar la paz a otros instalará esa paz en tu mente de manera definitiva. No lo dudes.

  • LECCIÓN 33

    Hay otra manera de ver el mundo.I

    1. La idea de hoy es un intento de reconocer que se puede cambiar la percepción del mundo en sus aspectos externos e internos.

    2Se deben dedicar cinco minutos completos a las aplicaciones de la mañana y la tarde.

    2. En estos periodos de práctica, la idea debe repetirse tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no se hagan apresuradamente.

    2Alterna la observación de tus percepciones externas e internas, pero procura no cambiar de unas a otras de manera abrupta.

    3Mira tranquilamente a tu alrededor el mundo que percibes como algo externo a ti mismo.

    4Luego, cierra los ojos y examina tus pensamientos con la misma tranquilidad.

    5Procura considerarlos con igual desapego en ambos casos y mantén también ese desapego cuando repitas la idea a lo largo del día.

    3. Las prácticas más cortas deben ser tan frecuentes como sea posible.

    2Las aplicaciones específicas de la idea de hoy también deben hacerse inmediatamente cuando surja cualquier situación que te perturbe.

    3En esas ocasiones, di:

    4Hay otra manera de ver esto.II

    4. Acuérdate de aplicar la idea de hoy en el momento en que te des cuenta de que estás en apuros.

    2Puede que necesites sentarte un minuto más o menos y repetir la idea varias veces en silencio.

    3Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.


    I ¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a haberla? Es evidente que puedes interpretar tu percepción como te dé la gana; eso está clarísimo. Sin embargo, el asunto fundamental no es ese. La pregunta básica es: ¿quieres? ¿Quieres de todo corazón ver el mundo de otra manera? Si de verdad lo deseas, ciertamente lo verás. Y si no lo ves, pregúntate muy seriamente hasta qué punto estás dispuesto a perdonar, a abandonar tus anteriores interpretaciones y a renunciar a tener «razón», tu «razón».

    En esencia, el ego no es más que el «criterio personal». Dicho así, suena bastante inocente, e incluso puede parecer un concepto que encierra cierta dignidad. ¡Cuidado! No es ni inocente ni digno. El ego es un usurpador de las funciones de Dios, pero no se presenta como tal.

    El ego intentará convencerte no solo de que estás perfectamente capacitado para interpretar la realidad según tu propio criterio, sino también de que esa es tu obligación y tu responsabilidad. No lo es. Aún no te has dado cuenta de esto porque todavía crees que lo que contemplas es la realidad.

    Hay dos maneras de llegar a una toma de conciencia profunda de esta gran verdad. La manera simple y fácil es el discernimiento: la luz de lo evidente. Pero solo los que no son arrogantes pueden caminar por esa senda, y en este mundo hay muy pocos de esos.

    El otro camino es duro y doloroso. Es el camino de la claudicación y la renuncia, que solo sobreviene cuando el sufrimiento se vuelve tan grande que resulta imposible de manejar o asumir. La buena práctica de los ejercicios de este Libro permite una transición gozosa hacia la luz y sin sufrimiento, pero exige una gran voluntad de cambiar. El cambio ocurrirá en la medida en que esa voluntad sea sincera. Recuerda: no tienes nada que perder y todo que ganar. Aprovecha esta oportunidad.

    En ese cine que constituye tu mente individual, se puede proyectar cualquier tipo de película: tanto películas siniestras de culpa y condenación que te estremecen, como películas felices de amor y perdón. Lo que ocurre es que tiendes a escribir guiones de las primeras y necesitas ayuda para escribir guiones felices que te lleven al despertar. Ese Ayudante es el Espíritu Santo, y esa es exactamente su función: ofrecerte una interpretación alternativa a la tuya de los símbolos que proyectas.

    En definitiva, lo que aparece en la pantalla de la conciencia no deja de ser una ilusión, pero, ¿qué prefieres? ¿Salir del cine riendo o llorando? Si eso que llamas «mi vida personal» no es más que una historia que te cuentas a ti mismo —y esto es un hecho evidente—, más vale que seas cuidadoso al elegir a quién le pides ayuda para escribir esa historia.

    II Resulta difícil expresar en palabras la necesidad que tienes de hacer esto. Sin embargo, si aspiras a lograr algo con este Curso, deberías recordar esta invocación casi constantemente: necesitas hacerlo.

    Te darás cuenta de ello con absoluta claridad cuando experimentes tu primer instante santo, pues en ese momento descubrirás, con cierta sorpresa, que ya no necesitas ver el mundo de otra manera. Pero hasta que eso ocurra, recuerda que tienes en tus manos la herramienta perfecta para enderezar tu percepción.

    Decir: «Hay otra manera de ver esto, y quiero encontrarla» es invocar al Espíritu Santo para que abra tus ojos y te muestre un mundo impecable. Ese mundo siempre ha estado ahí, pero tú no sabías verlo.

    Ten la absoluta certeza de que Él siempre responderá a tu petición. Solo necesitas limpiar tu mente de toda expectativa, confiar en Él y estar dispuesto a escuchar Su Respuesta.

    Para evidenciar el carácter subjetivo y arbitrario de tu interpretación de la realidad, puedes practicar la siguiente técnica de visualización. Busca un lugar tranquilo donde puedas sentarte cómodamente y sin interrupciones. Cierra los ojos e imagina una fantasía en la que tú eres el o la protagonista. Permite que tu mente construya una narrativa en la que interactúas con otras personas, reales o ficticias. Estas interacciones pueden ser dramáticas, felices, tristes o conflictivas, sin importar el contenido específico. Lo esencial es dejar que la historia fluya de manera natural, sin intentar controlarla demasiado.

    Mientras la historia se desarrolla en tu imaginación, presta atención a tus emociones. Observa cómo tu estado emocional varía en función de los acontecimientos que estás imaginando, de manera similar a lo que ocurre cuando ves una película. Al finalizar la práctica, reflexiona sobre lo siguiente: esa narrativa que has creado y las emociones que ha generado no son diferentes de lo que llamas «la realidad». Ambas son manifestaciones de tu mente interactuando con estímulos—ya sean externos o internos—y otorgándoles significado.

    Si lo deseas, puedes utilizar esta técnica para cambiar deliberadamente tu estado emocional. Por ejemplo, puedes imaginar una historia que evoque emociones positivas o tranquilizadoras cuando te sientas angustiado o ansioso. Esto te permitirá comprender que tus emociones no son fijas, sino moldeables. Esta práctica no solo fomenta la autoconciencia sobre cómo nuestra mente da forma a la percepción de la realidad, sino que también proporciona una herramienta útil para el manejo emocional y la transformación de estados internos.

    Cuando le pides al Espíritu Santo: «Quiero ver esto de otra manera», la técnica adopta una dinámica diferente. En este caso, no estás creando tú la narrativa, sino que estás invitando al Espíritu Santo a ser el guionista de la historia con la que te vas a relacionar. Además, le permites utilizar elementos de tu percepción para construir Su interpretación de la circunstancia que estás viviendo.

    Puedes tener la certeza de que la interpretación que Él pondrá en tu mente será aquella que producirá el mejor resultado posible para todas las personas involucradas. Será también la más adecuada para el plan divino de tu salvación. De este modo, no solo transformas tu percepción de la situación, sino que permites que se alinee con un propósito superior, confiando plenamente en que el Espíritu Santo sabe cómo utilizar cada experiencia en beneficio de tu crecimiento espiritual y el de quienes te rodean.

    Sé honesto y reconoce que tu identificación con tu propio personaje es absoluta. Tienes una idea de ti mismo, y eso es lo que crees ser, por mucho que te repitas que eres el Hijo de Dios. No puedes hacerte santo a ti mismo; eso es imposible y, además, no es tu labor.

    Tu trabajo consiste en poner tu voluntad al servicio de crear las condiciones necesarias para tu despertar; nada más. Para que eso ocurra, es imprescindible que veas el mundo de otra manera: un mundo perdonado.

    Esa es la razón fundamental por la que necesitas pedir al Espíritu Santo una interpretación que suscite en ti los sueños felices que te conducirán al mundo real, la antesala del despertar.

    La dificultad que ahora afrontas, junto con todos tus problemas y sufrimientos, deriva de la importancia que concedes a las historias que te cuentas, lo cual es, a su vez, una proyección de tu propio sentido de importancia personal. Esas narrativas que aparecen en tu mente —tu interpretación de lo percibido y la idea que tienes de ti mismo— son falsas, pero se vuelven vigentes y causales porque crees que son verdaderas e importantes. No lo son, pero has forzado a tu mente a pensar que sí.

    La palabra «importante», del latín importans (que lleva adentro, que introduce), designa aquello que aporta algo que se convierte en fundamental. Date cuenta de que esa importancia no es más que un gesto gratuito de la mente, patrocinado por el ego. El hecho en sí, lo percibido, no tiene ningún significado ontológico intrínseco; ese significado es tu propia aportación.

    La respuesta cuerda a esa alucinación de la mente es el perdón: el benévolo gesto mental que te libera de esa perniciosa fantasía. Este Curso trata precisamente de eso.

  • LECCIÓN 32

    Yo mismo he inventado el mundo que veo.

    1. Hoy seguimos desarrollando el tema de causa y efecto.

    2No eres la víctima del mundo que ves porque lo inventaste tú.I

    3Puedes renunciar a él tan fácilmente como lo concebiste.

    4Lo verás o no lo verás, según desees.

    5Mientras lo quieras, lo verás; cuando ya no lo quieras, dejarás de verlo.II

    2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, se aplica tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son el mismo.

    2Sin embargo, como tú consideras que son diferentes, los periodos de práctica para hoy incluirán también dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti y la otra al mundo que ves en tu mente.

    3En los ejercicios de hoy, trata de introducir el pensamiento de que ambos están en tu propia imaginación.

    3. De nuevo, comenzaremos las sesiones de práctica de la mañana y la tarde repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que ves fuera de ti mismo.

    2Luego, cierra los ojos y examina tu mundo interno.

    3Procura tratar a ambos de igual manera.

    4Repite la idea de hoy sin prisa para ti mismo tantas veces como quieras, mientras observas las imágenes que tu imaginación presenta a tu conciencia.

    4. Para los dos periodos de práctica más largos se recomiendan de tres a cinco minutos, y se requieren al menos tres.

    2Si encuentras los ejercicios cómodos, puedes hacer más de cinco.

    3Para facilitar esto, elige un momento en el que preveas pocas distracciones y en el que tú mismo te sientas razonablemente preparado.

    5. Estos ejercicios también deben continuarse durante el día, tan a menudo como sea posible.

    2Las aplicaciones más cortas consisten en repetir la idea lentamente mientras observas tu mundo interno o el externo.

    3No importa cuál elijas.

    6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que pueda perturbarte.

    2Aplica la idea diciéndote a ti mismo:

    3Yo he inventado esta situación tal como la veo.


    I Sigues en el cine, embelesado por la película que estás viendo, y ríes o lloras porque has olvidado que tú mismo fuiste el guionista y el director de la historia. Pero, como también eres el protagonista, para interpretar bien el papel decides olvidar ese pequeño detalle.

    Date cuenta de que no tienes reparo en aceptar que esto es exactamente lo que sucede en tus sueños nocturnos: cuando despiertas, sabes con certeza que todas las fantasías que experimentaste mientras dormías eran producto de tu propia mente. Pues bien, como nos dice Jesús en el Texto, cuando crees que despiertas por la mañana, en realidad sigues profundamente dormido, soñando un sueño de separación creado por ti mismo.

    «TODO TU TIEMPO LO DEDICAS A SOÑAR. Tu sueños nocturnos y los diurnos adoptan formas diferentes, pero eso es todo. SU CONTENIDO ES EL MISMO. Son la manera en la que protestas CONTRA la Realidad, y representan tu deseo fijo y demente de CAMBIARLA a tu conveniencia». (T-18.III.6:6-9)

    II Esto es verdad, pero no lo aceptas porque no quieres aceptarlo; prefieres sentirte víctima de un mundo hostil antes que asumir que eres responsable de semejante monstruosidad. Sin embargo, ese «tú» que fabrica mundos imaginarios no es la diminuta mente personal con la que te identificas, tan proclive a culpar y culparse por todo lo que percibe, incluso por esto. El mundo no existe, y esa mente personal tampoco tiene otra entidad que la de ser un delirio dentro de la santa mente del Hijo de Dios. No obstante, dada tu identificación con el ego, es inevitable que te lo tomes todo a la tremenda y como algo personal.

    El mundo que has inventado, santo Hijo de Dios, es un símbolo compuesto por una miríada de símbolos menores que reflejan la imaginaria separación de tu Padre. Tus deseos y tus temores aparecen en ese sueño en formas definidas que consideras reales, pero esto no debería extrañarte, ya que reconoces su inconsistencia en manifestaciones similares de tus anhelos y miedos. ¿No aparecen acaso esas figuras cuando cierras los ojos por la noche? ¿No las ves en tu imaginación cuando sueñas despierto? Crees en ellas mientras las contemplas, y precisamente por eso las concibes. Sin embargo, sabes que no son ciertas cuando recobras un poco de cordura o despiertas por la mañana.

    Ninguna de esas figuras es real; ninguna forma puede serlo. La realidad es como tú, como Dios: una idea perfectamente abstracta. La mente del Hijo de Dios puede crear —como su Padre— extendiendo su amorosa existencia, pero también puede creer en ilusiones. Sin embargo, no puede hacerlas reales ni crear nada que sea diferente de su propia naturaleza. Esa es la Ley de Dios.

    Tu mente personal cree que no puede cambiar las formas que ve ni transgredir las supuestas leyes que las gobiernan. Esta limitación existe porque la mente misma se ha impuesto esa creencia; se ha definido a sí misma como limitada. Cambiar una creencia es tan doloroso y difícil para esa mente como matar a un hijo, porque las creencias son fruto de profundas querencias. Cambiarlas requiere querer algo diferente con la misma intensidad que pusiste al concebirlas o aún mayor.

    Este es un Curso sobre la voluntad, y en él se te insta a querer de manera diferente. Por eso es tan importante y se enfatiza tanto en la honestidad de tu buena disposición para cambiar. La razón por la que el cambio te resulta tan difícil es que no te dices la verdad acerca de lo que realmente deseas. Dices que quieres una cosa, pero no es cierto. Lo cierto es que quieres algo diferente: exactamente lo que estás viendo, lo que te estás concediendo a ti mismo.

    El Texto también te lo recuerda: «Esta es la razón por la que es necesario responder a la pregunta: “¿Qué quieres?”. La estás contestando cada minuto y cada segundo, y lo que decides es un juicio que INEVITABLEMENTE tiene efectos. Los efectos de la decisión siguen de forma automática HASTA QUE SE CAMBIA LA DECISIÓN. […] Repito esta afirmación porque no la has aprendido. Pero una vez más: cualquier decisión puede ser REVOCADA de la misma manera en que una vez fue tomada» (T-5.IX.10:3-7).

    La razón por la que percibes dolor, amenaza o carencia es muy profunda y también muy difícil de aceptar. Esto se debe a que, en tu fuero interno, te sientes culpable por tu identidad individual, exclusiva y separada de todo. Pretendes expiar esa culpa castigándote a ti mismo. Ves pecado en ti y lo proyectas en tus percepciones.

    Esta idea, como todas las que contiene este Libro de Ejercicios, no tiene que ser creída, pero es fundamental que la respetes y consideres con atención. Una observación cuidadosa te mostrará que es verdad, y entonces estarás listo para perdonarte y despertar de tus pesadillas.

  • LECCIÓN 31

    No soy víctima del mundo que veo.

    1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de liberación.I

    2Una vez más, esta idea debe aplicarse tanto al mundo que percibes fuera como al que experimentas dentro de ti.

    3Al aplicar la idea de hoy, lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con algunos ajustes que se irán indicando.

    4En términos generales, esta forma de práctica incluye dos aspectos: uno en el que se aplica la idea de manera más prolongada, y otro que consiste en aplicaciones frecuentes a lo largo del día.

    2. Se requieren dos períodos largos de práctica con la idea de hoy: uno por la mañana y otro por la noche.

    2Se recomiendan entre tres y cinco minutos para cada sesión.

    3Durante ese tiempo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces.

    4Luego, cierra los ojos y aplica la misma idea a tu mundo interno.

    5Escaparás de ambos a la vez, porque el mundo interno es la causa del externo.

    3. Al observar tu mundo interno, permite que los pensamientos que crucen por tu mente lleguen a tu conciencia.

    2Considera cada uno de ellos por un momento y luego reemplázalo por el siguiente.

    3Procura no establecer jerarquías entre ellos.

    4Observa cómo vienen y van tan desapasionadamente como sea posible.

    5No te detengas en ninguno en particular; más bien, deja que su flujo discurra de manera uniforme y tranquila, sin esfuerzo especial por tu parte.

    6Sentado, observa en silencio tus pensamientos mientras repites lentamente la idea de hoy tantas veces como desees, pero sin prisa.

    4. Además, repite la idea de hoy tan a menudo como sea posible durante el día.

    2Recuerda que estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad.II

    3En tu libertad radica también la libertad del mundo.

    5. La idea para hoy es particularmente útil como respuesta a cualquier forma de tentación.

    2Es la declaración de que no cederás a ella ni te encadenarás a ti mismo.


    I Siguiendo con la alegoría del cine, esta Lección enfatiza el hecho de que tú, como espectador, no te ves afectado por lo que ocurre en la película. Tu cuerpo, quizá sí, pero debes tener en cuenta que este también forma parte de la película y, por lo tanto, no es real. El problema radica en que tú, el espectador, te has identificado con ese cuerpo que ves actuar en la película, y entonces todo lo que le sucede a ese cuerpo te afecta. Este es el clásico efecto de la proyección de identidad, que nos hace sentir interés e impacto por las películas que vemos en el cine, las novelas que leemos, las noticias de la televisión o las historias que otros nos cuentan. Proyectamos nuestra propia identidad sobre esos personajes; creemos ser ellos y sufrimos o reímos con ellos.

    Pero ten cuidado y no tomes esto a la ligera: tu identificación con tu cuerpo es enorme. Aunque puedas aceptar intelectualmente que no eres tu cuerpo, tendrás serias dificultades para perdonar los daños que este sufra, ya sea por ataques externos o por las enfermedades que tú mismo te infliges. Prepárate para afrontar esta situación.

    Quizá te digas a ti mismo que desentenderte completamente de lo que percibes y perdonarlo de manera absoluta es impropio de ti, ya que ello implicaría desprenderte de tu propia humanidad. Tienes razón, pero recuerda: tú no eres humano. Eres el Hijo de Dios, y te estás permitiendo de manera inapropiada una experiencia humana que tanto te duele. ¿Por qué crees, si no, que te resulta tan difícil aceptar este Curso y renunciar al mundo?

    El criterio básico de la realidad es la permanencia: la imposibilidad de cambiar. Todo lo que cambia o puede cambiar es ilusorio. Sin embargo, tú, que eres real, nunca has cambiado; siempre has sido tú. La conciencia de ser es el único componente real de la idea que tienes de ti mismo; es lo único que no ha cambiado a lo largo de tu vida personal. Tú no eres víctima del mundo —la película— porque tú eres real, y lo que crees ver fuera de tu mente no lo es. En tu identificación con el personaje, la conciencia de ser, de existir, es la única experiencia directa que tienes de tu verdadero Ser.

     Además, si soy yo quien le da a todo el significado que tiene para mí, ¿cómo puedo sentirme víctima de lo que veo? Solo percibo mis propias interpretaciones. Lo que llamo «mi vida personal» no es más que una historia que me cuento a mí mismo. A veces me digo que soy feliz porque consigo lo que creo necesitar y desear, y en esos momentos suelo albergar una idea exaltada de mí mismo. Pero otras veces me siento desgraciado y frustrado porque el mundo no responde a mis expectativas.

    Esa extraña idea —el mundo está mal, pero mis expectativas son apropiadas—, basada en la más profunda arrogancia, me provoca un dolor emocional inaceptable cuando algo las frustra. En lugar de cambiarlas y reorientar mis interpretaciones, proyecto ese dolor fuera de mí, ataco lo que percibo y lo culpo de mi sufrimiento: me siento víctima del mundo que veo.

    ¿Te han ofendido? ¿No será más bien que te has dicho a ti mismo que eso es ofensivo? ¿Qué libertad tienes si tus estados de ánimo y tu comportamiento dependen de otros?

    La verdad es que tu mente solo responde a sí misma; no atiende a otra cosa que a aquello que ella misma se concede. Es ciega a todo lo demás porque, en realidad, no hay nada aparte de ella misma. Tu mente solo se relaciona con sus propias proyecciones ilusorias.

    Tu mente personal es incapaz de cambiar directamente el mundo proyectado; no puede hacer milagros. Sin embargo, la verdad es que tu mente no es personal. Aprender que no eres víctima del mundo que ves es el primer paso para regresar al reconocimiento de tu verdadera identidad.

    Ahora no puedes cambiar lo que has proyectado, pero está perfectamente a tu alcance cambiar cómo lo interpretas. Puedes encontrar paz y felicidad incluso en este mundo, simplemente aceptando con honestidad y lucidez que solo eres víctima de tus propias interpretaciones. Para ello debería bastarte tomar conciencia de que, en realidad, no conoces otra cosa que esas historias que te cuentas a ti mismo sobre un mundo externo a ti.

    II Esta es otra referencia a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (mira T-4.V.2:11 para la primera). En este contexto, la declaración de independencia de Estados Unidos respecto de Gran Bretaña se convierte en un símbolo para que tú declares tu independencia de la tiranía del mundo.

  • LECCIÓN 30

    Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.

    1. La idea de hoy es el trampolín hacia la visión.

    2Por medio de esta idea, el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él algo que nunca antes habías percibido.I

    3Lo que solías ver ya no será siquiera vagamente visible para ti.II

    2. Hoy nos enfocamos en utilizar un nuevo tipo de proyección.III

    2No intentamos deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo fuera de nosotros.IV

    3En lugar de eso, intentamos ver en el mundo lo que está en nuestra mente y reconocer que ciertamente está ahí.V

    4De este modo, buscamos unirnos a lo que vemos, en lugar de mantenerlo separado de nosotros.VI

    5Esta es la diferencia fundamental entre la visión y tu forma habitual de ver.VII

    3. La idea de hoy debe practicarse con la mayor frecuencia posible a lo largo del día.

    2Repítela lentamente para tus adentros cada vez que la recuerdes, mientras miras a tu alrededor e intentas darte cuenta de que esta idea es aplicable a todo lo que ves ahora, o podrías ver si estuviera al alcance de tu vista.

    3La visión verdadera no está limitada por conceptos como «cerca» y «lejos».

    4Para ayudarte a acostumbrarte a esta idea, al aplicar la lección de hoy intenta incluir tanto cosas que están más allá de lo que tus ojos pueden ver como aquellas que puedes observar directamente.

    4. La visión verdadera no solo no está limitada por el espacio o la distancia, sino que tampoco depende en absoluto de los ojos del cuerpo.

    2Su única fuente es la mente.VIII

    3Para facilitar tu adaptación a esta idea, aplícala también con los ojos cerrados, enfocándote en cualquier tema que se te ocurra y mirando hacia tu interior en lugar de hacia afuera.

    4La idea de hoy es igualmente aplicable de ambas maneras.


    I Imagina que tu mente es un cine, una sala donde se proyecta una película que se titula “Mi vida personal”. En este cine hay un proyector con una potente lámpara que emite una luz (el Amor de Dios) que atraviesa una película compuesta de fotogramas (momentos de presente) con unas manchas (juicios) que ocultan parcialmente esa luz. El resultado es la proyección de la película (mi vida personal) sobre una pantalla (la conciencia), con la que yo, el espectador sentado en el patio de butacas (la idea que tengo de mí mismo), me identifico por completo. Y así, según sean las escenas de la película, a veces río y a veces lloro. En realidad, los ojos del espectador solo contempla un juego de luces y de sombras, ausencias de luz, ausencias del Amor de Dios.

    La Lección de hoy nos propone descartar (perdonar) esas ausencias, que por su propia condición ausente no tienen entidad real, y fijarnos únicamente en el Amor de Dios subyacente a todo lo que percibimos.

    Date cuenta de que sin ausencias de luz, sin ausencias de amor, no se configura ninguna historia en la pantalla; no hay película. Eso es lo que significa “el mundo no existe”, pues el mundo es precisamente la historia que surge en la conciencia al considerar ausencias de realidad. El “mundo real”, ese mundo feliz del que Jesús nos habla, que veremos justo antes de despertar a nuestra verdadera identidad y que es el resultado de ver un mundo perdonado, aparece en nuestra mente cuando retiramos de la historia que estamos interpretando sus componentes de miedo y de culpa, que son la “tinta negra” que oscurece los fotogramas de la película que creemos ver.

    Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente, y eso es lo único real que ahí se encuentra. El resto son solo fantasías concebidas al considerar inexistentes ausencias.

    II Esto no significa que mientras creas estar en el mundo dejarás de ver formas —ilusiones—. Lo que significa es que las perdonarás y dejarás de interpretarlas en los términos en que lo has hecho hasta ahora, y entonces verás un mundo perdonado, un mundo que aparece ante ti apenas perfilado por una “tinta gris” casi transparente, «el mundo real». Ahora toda tu atención está puesta en la luz subyacente, lo único real de esa escena.

    Cuando tomes plena conciencia de tu verdadera identidad como Hijo de Dios, finalmente dejarás también de ver las formas y el mundo desaparecerá, pues solo era una ilusión, el sueño de que el Hijo de Dios podía estar separado de su Padre.

    III Las ideas que se nos han presentado en las primeras Lecciones nos han enseñado que el mundo que creemos ver es tan solo una «proyección» de los deseos y temores de nuestra mente: todo eso no es real; nada de lo que proyectamos lo es. En esta Lección vamos a intentar «proyectar» algo real por primera vez, de hecho, lo único que es verdaderamente real: el Amor de Dios.

    IV Esta es una formulación esencial sobre la visión: creemos ver fuera de nosotros lo que es impropio de nuestras santas mentes —las formas— y que en realidad no queremos, y la prueba de que no lo queremos es precisamente verlo fuera. En verdad no amamos las ilusiones, las rechazamos al considerarlas algo ajeno a nosotros mismos al verlas en un ámbito exterior imaginario. No queremos siquiera nuestro propio cuerpo, por eso lo hemos expulsado de nuestra mente. En verdad, no queremos nada del mundo de las formas.

    V No hay palabras que puedan describir la experiencia de albergar la idea de Dios en la mente. Simplemente, no hay palabras. Es una experiencia tan sumamente reconfortante y absoluta que disuelve toda preocupación, e incluso el sentido de identidad personal: el ego.

    VI La «proyección» es un recurso de la mente para separarse de algo que concibe asignándole el atributo de estar fuera de ella misma. Ahora, sin embargo, esta nueva forma de proyectar reconoce que lo que vemos es real y se encuentra en nuestro interior, de hecho, es lo que somos. A esta «proyección» el Curso la llama «extensión», y es la dinámica propia de la Creación.

    VII La visión de los ojos del cuerpo no es otra cosa que constatar que aquello que ves es diferente a ti, pero la verdadera visión da fe de que todo lo que ves eres tú, y a eso el Curso lo llama «Conocer».

    VIII Lo que se entiende como «ver» con los ojos del cuerpo, en realidad, no es otra cosa que creer que se ve, y creer es pensar que lo que imaginas es real. Hoy, por primera vez, vamos a imaginar algo que sí es verdad porque es real: la presencia de Dios.

  • LECCIÓN 29

    Dios está en todo lo que veo.

    1. La idea de hoy explica por qué puedes ver el propósito de todo en cualquier cosa.I

    2Explica por qué nada está separado, ni existe por sí mismo o en sí mismo.II

    3Y también explica por qué nada de lo que ves significa nada.III

    4De hecho, esta idea esclarece todas las lecciones anteriores y sustenta todas las que vendrán.

    5Es el pilar fundamental de la visión.

    2. Es probable que esta idea aún te resulte difícil de comprender.

    2Puede que la consideres absurda, irreverente, carente de sentido, incluso divertida o cuestionable.

    3Ciertamente, Dios no está en una mesa, al menos no como tú la percibes.

    4Sin embargo, ayer enfatizamos que una mesa comparte el propósito del universo.

    5Y lo que comparte el propósito del universo también comparte el propósito de su Creador.IV

    3. Esfuérzate hoy por comenzar a mirar todas las cosas con amor, aprecio y una mentalidad abierta.V

    2Porque, tal como las percibes ahora, no las estás viendo realmente.

    3¿Acaso sabes qué hay en las cosas que observas?

    4Nada es lo que parece ser para ti.

    5Su santo propósito está más allá de tu limitado entendimiento.VI

    6Cuando la visión te muestre la santidad que ilumina el mundo, comprenderás plenamente la idea de hoy.

    7Y no entenderás cómo alguna vez pudiste encontrarla difícil.

    4. Hoy realizaremos seis prácticas de dos minutos cada una, siguiendo un patrón ya conocido:

    2Comienza repitiendo la idea en tu interior, y luego aplícala a objetos escogidos al azar a tu alrededor, nombrándolos expresamente.

    3Evita la tentación de seleccionar los temas por ti mismo, algo que puede resultar especialmente atractivo debido a la naturaleza totalmente ajena de esta idea para ti.

    4Recuerda que cualquier orden que impongas también es ajeno a la realidad.

    5Por lo tanto, tu lista de temas debe ser tan aleatoria como sea posible, sin influencia de tus propios criterios.

    5. Una lista adecuada podría incluir:

    2Dios está en este perchero.

    3Dios está en esta revista.

    4Dios está en este dedo.

    5Dios está en esta lámpara.

    6Dios está en ese cuerpo.

    7Dios está en esa puerta.

    8Dios está en esa papelera.

    6. Además de los periodos de práctica asignados, repite la idea de hoy al menos una vez por hora.

    2Mientras lo haces, mira lentamente a tu alrededor, pronunciando las palabras sin prisa.

    3Al menos una o dos veces deberías experimentar una sensación de descanso al hacerlo.


    I L-28.6:1: «Al usar la mesa como tema para aplicar la idea para hoy, estás por lo tanto realmente pidiendo ver el propósito del universo».

    Esta declaración encapsula la profundidad de los ejercicios en la Lección 28, donde incluso el objeto más mundano —como una mesa— se eleva como símbolo del propósito universal. Subraya el concepto de que todo, independientemente de su aparente simplicidad, comparte el propósito unificado del universo y refleja la intención divina detrás de toda existencia. Al practicar esta idea, estás aprendiendo a trascender las percepciones superficiales y a abrirte a la profundidad infinita y la santidad presentes en todas las cosas, alineando así tu mente con la visión de Dios.

    II L-28.2:3-4: «Sin embargo, ¿qué existe por sí mismo? ¿Y qué significa “en sí mismo”?»

    Estas líneas desafían la idea de la existencia independiente, un concepto profundamente arraigado en el marco del ego. Te invitan a cuestionar la validez de percibir las cosas como separadas y autosuficientes. Según el Curso, nada existe «por sí mismo» porque todo está interconectado y comparte un único propósito establecido por su Creador. La expresión «en sí mismo» se refiere a la tendencia del ego a definir los objetos y experiencias como aislados del todo. Al plantear estas preguntas retóricas, el Curso te anima a abandonar la creencia en la separación y a reconocer la unidad inherente y el propósito compartido de todas las cosas en el universo.

    III L-1: «Nada de lo que veo en esta habitación… significa nada».

    Esta primera Lección introduce el principio fundamental de que el significado no es inherente a las cosas que percibimos. La percepción del mundo es subjetiva, basada en las proyecciones de la mente. Por lo tanto, todo lo que crees ver no tiene un significado intrínseco, sino únicamente el que tú le has asignado. La Lección no pretende que comprendas completamente esta idea de inmediato, sino que empieces a cuestionar tus supuestos sobre el mundo que ves. Es un primer paso hacia la desconstrucción de las creencias que refuerzan la ilusión de la separación.

    IV Es crucial interpretar esta línea de forma adecuada, ya que no implica que Dios creó el universo tal como tú lo percibes. Dios es la Existencia Misma y crea todo lo que existe extendiendo Su Propio Ser; esa es la verdadera Creación de Dios: el Amor de Dios, la Realidad.

    El universo perceptual, en cambio, es una interpretación fragmentada de la mente afectada por la idea de la separación.

    La presencia de Dios en todo no significa que Él haya creado las ilusiones del mundo perceptual. Más bien, señala la verdad de que, más allá de tu percepción fragmentada, todo comparte el propósito sagrado de reflejar el Amor de Dios y conducirte de vuelta a la conciencia de tu unidad con Él. Comprender esta distinción es clave para abrazar el camino transformador que ofrece este Curso: pasar de percibir ilusiones a reconocer la Realidad que es el Amor de Dios en todo.

    V En lugar de mirar las cosas con codicia y evaluarlas únicamente en términos de su utilidad para satisfacer tus imaginarias necesidades, intenta contemplarlo todo con amor y aprecio. Sé respetuoso con lo que te rodea, trátalo con atención, humildad y gratitud, y descubrirás que las cosas te devolverán el amor que les otorgas y te revelarán sus secretos.

    En realidad, no hay nada oculto ni ningún misterio; era tu mirada rapaz y limitada la que te mantenía ciego a su belleza. Sé generoso con el mundo, ofrécele tu amistad, y te encontrarás rodeado de amigos. Incluso los objetos inanimados cobrarán vida ante tus ojos y te hablarán con agradecimiento.

    Una manera práctica de aplicar la idea de hoy es integrarla en tus tareas cotidianas. Por ejemplo, si estás colgando ropa, puedes decir: «Dios está en esta camisa», «Dios está en esta sábana». Si estás fregando, podrías decir: «Dios está en este vaso», «Dios está en este plato». Descubrirás, con sorpresa, que actividades que antes te parecían tediosas o molestas ahora te resultan mucho más agradables y fascinantes. En lugar de agotarte, estas tareas te llenarán de energía y alegría.

    Este ejercicio es muy sencillo y no implica ningún riesgo; al contrario, es profundamente liberador. La idea de Dios aporta una sorprendente alegría allí donde la aplicas, además de ser absolutamente cierta y oportuna.

    Recuerda que esa «mentalidad abierta» es la última característica de los maestros de Dios, pero también es la primera, porque es la que te pone en la actitud receptiva necesaria para emprender un Curso sobre la verdad.

    VI De nuevo, ten mucho cuidado al interpretar este tipo de Lecciones y no te sientas frustrado si no puedes ver a Dios en esa mesa, porque eso “se encuentra más allá de tu pequeño alcance”. Jesús no te está pidiendo que lo hagas ahora, porque sabe que no puedes. Lo que Él te pide, y lo que sí puedes hacer, es simplemente querer ver a Dios en esa mesa.

    Eso es todo. Es suficiente con que ese sea tu deseo y tu voluntad. Con ese simple acto ya estás haciendo muchísimo, y hay una gran alegría en el Cielo por tu esfuerzo y devoción.

    Recuerda que eres un estudiante de un Curso de entrenamiento mental. Solo te gradúas cuando tu mente se llena de luz y júbilo, y en ese momento sabrás que ya no necesitas aprender nada más.

  • LECCIÓN 28

    Por encima de todo, quiero ver las cosas de otra manera.I

    1. Hoy estamos dando una aplicación muy específica a la idea que vimos ayer.

    2Durante estas sesiones de práctica, adquirirás una serie de compromisos bien definidos.

    3La cuestión de si los mantendrás en el futuro no nos preocupa ahora.

    4Si estás dispuesto a asumirlos en este momento, ya has comenzado el camino para mantenerlos.II

    5Y recuerda, todavía estamos al principio.

    2. Puede que te preguntes por qué es importante decir algo como: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera».

    2Decirlo, en sí mismo, no tiene ninguna importancia.

    3Sin embargo, ¿qué existe realmente «por sí mismo»?

    4¿Y qué significa «en sí mismo»? III

    5Ves muchas cosas separadas a tu alrededor, lo que significa que, en realidad, no estás viendo nada.

    6O ves, o no ves.IV

    7Cuando hayas visto una cosa de manera diferente, verás todas las cosas de manera diferente.

    8La luz que veas en cualquiera de ellas será la misma luz que verás en todas.

    3. Al decir: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a abandonar todas tus ideas preconcebidas sobre la mesa y a abrir tu mente a lo que realmente es y para qué es.

    2No la defines en términos de tu pasado.

    3En lugar de afirmar qué es, estás preguntando qué es.

    4No estás limitando su significado a tu propia y reducida experiencia con mesas ni restringiendo su propósito a tus pensamientos personales, que no significan nada.

    4. Tú no cuestionas lo que ya has definido previamente.

    2Sin embargo, el propósito de estos ejercicios es hacer preguntas y recibir las respuestas.

    3Al decir: «Por encima de todo quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a ver.

    4Este compromiso no es exclusivo.

    5Se aplica tanto a la mesa como a cualquier otra cosa, sin distinciones.

    5. De hecho, podrías alcanzar la visión comenzando por esa sola mesa, si fueras capaz de abandonar por completo todas tus ideas sobre ella y contemplarla con una mente completamente receptiva.

    2Esa mesa tiene algo que mostrarte; algo bello, puro y de infinito valor, lleno de felicidad y esperanza.V

    3Oculto bajo todas las ideas que albergas sobre ella se encuentra su verdadero propósito, el cual comparte con todo el universo.

    6. Por lo tanto, al usar la mesa como tema para la idea de hoy, en realidad estás pidiendo ver el propósito del universo.

    2Estarás haciendo esta misma petición con cada objeto que uses en las prácticas.

    3Y con cada uno, te comprometes a dejar que su propósito te sea revelado, en lugar de imponer sobre ellos tus propios juicios.

    7. Hoy realizaremos seis sesiones de práctica de dos minutos cada una, en las que primero repetirás la idea del día y luego la aplicarás a cualquier cosa que contemples a tu alrededor.

    2No solo debes escoger los temas al azar, sino que también debes tratar cada uno con la misma sinceridad, reconociendo que todos son igualmente valiosos en su contribución para alcanzar la visión.

    8. Como de costumbre, las aplicaciones de la idea deben incluir el nombre del objeto que tus ojos observen, mientras dices:

    2Por encima de todo, quiero ver este/a ____ de otra manera.

    3Cada aplicación debe realizarse con calma y tan conscientemente como sea posible.

    4No hay prisa.


    I Por encima de todo, quiero ver las cosas sin ningún componente de miedo. Yo he atribuido significado a todo (L-2) basándome en su utilidad para satisfacer mis necesidades, es decir, las carencias que percibo en mí. Sentirse carente genera miedo, y por eso, al afirmar que quiero ver las cosas de otra manera, en realidad estoy pidiendo dejar de relacionarme con el mundo desde el miedo.

    Donde no hay miedo, hay dicha y paz.

    II Estas líneas dejan claro que Jesús comprende perfectamente tu incertidumbre sobre tu capacidad para tener éxito en la práctica de este Libro de Ejercicios. Tus dudas sobre ti mismo son comprensibles y justificadas, porque, en efecto, tú no estás capacitado para alcanzar los objetivos por tu cuenta. Eso es evidente.

    Sin embargo, no te preocupes. Tu capacidad no es necesaria para lograr estos objetivos. Si pudieras alcanzarlos por ti mismo, no necesitarías esta práctica ni la ayuda del Espíritu Santo.

    Confía. Lo único que se te pide es una pequeña disposición para aprender y cambiar, y que sigas las instrucciones de la manera más fiel posible. No se requiere nada más. No serás el artífice de tu propia salvación, pero te salvarás. Saldrás de tus malos sueños, y esto ocurrirá sin que sepas cómo.

    Es posible que este tipo de Lecciones, que plantean cosas incomprensibles para ti, te resulten especialmente desafiantes. No permitas que surjan pensamientos de desánimo o de inadecuación porque te consideres incapaz de obtener ciertos resultados. Los objetivos son asuntos del ego, y tú, como Hijo de Dios, no necesitas conseguir nada, porque tu Padre ya te ha dado todo.

    Estas Lecciones están diseñadas para que trabajes la obediencia, la confianza y la buena voluntad. Realiza la Lección con esmero, quédate en paz y siéntete plenamente justificado.

    III El «sí mismo» de algo es el concepto más simple y puro que se puede concebir acerca de una cosa. Por eso, resulta inasequible para la mente egoica, al igual que ocurre con la noción de «ser», el fundamento de toda ontología.

    La respuesta a estas dos complejas preguntas, de evidente carácter ontológico, se encuentra en la próxima Lección. Ten paciencia y prepara tu mente para estar completamente receptiva a la idea de mañana.

    IV La noción de visión verdadera que propone este Curso trasciende ampliamente la simple percepción de los objetos físicos. Está intrínsecamente vinculada a la comprensión de su propósito en perfecta integración con el observador, la totalidad del entorno perceptual y su función en el universo. Ver implica conocer, ser, amar y crear, todo al mismo tiempo; son aspectos inseparables de la propia existencia.

    Si no entiendes esto, no te preocupes en absoluto. Eso es una señal de que vas por buen camino, ya que se trata de algo completamente inaccesible para la mente egoica. Reconocer que no lo entiendes significa que no te estás engañando. Llegará un momento en que experimentarás la comprensión, pero aquel que comprenderá no será el mismo que ahora no entiende. Habrás aprendido, y en ese aprendizaje habrás cambiado.

    La visión verdadera implica la ausencia del ego, la ausencia de «ese que no entiende».

    V Esta línea es crucial porque, por primera vez, se insinúa el contenido de la verdadera visión. En última instancia, lo que estás contemplando, lo que tienes ante ti, es tu propio Ser.

  • LECCIÓN 27

    Por encima de todo, quiero ver.

    1. La idea de hoy expresa algo más profundo que una mera decisión.I

    2Otorga a la visión la máxima prioridad entre todos tus deseos.

    3Puede que te sientas indeciso al usar esta idea porque no estás seguro de decirlo con total sinceridad.

    4Eso no importa.

    5El propósito de los ejercicios de hoy es acercarte un poco más al momento en que esta idea será completamente verdadera para ti.

    2. Es posible que sientas una gran tentación de creer que se te está pidiendo algún tipo de sacrificio al afirmar que, por encima de todo, quieres ver.

    2Si esta falta de reservas te causa incomodidad, puedes añadir:

    3La visión no tiene ningún coste para nadie.

    4Y si el miedo a perder algo persiste, añade también:

    5Tan solo puede bendecir.II

    3. La idea de hoy requiere muchas repeticiones para que puedas obtener el máximo beneficio.

    2Deberías practicarla al menos cada media hora, y con más frecuencia si es posible.III

    3Intenta, si puedes, practicarla cada quince o veinte minutos.

    4Es recomendable que, al despertar o poco después, determines un ritmo específico para aplicar la idea durante el día y te esfuerces en cumplirlo.

    5No te resultará difícil hacerlo, incluso mientras conversas o te ocupas en otras actividades.

    6Siempre puedes repetir una frase breve para tus adentros sin que eso interfiera en nada.

    4. La verdadera pregunta es: ¿con qué frecuencia recordarás hacerlo?

    2¿Cuánto deseas que la idea de hoy sea cierta?

    3Responde a una de estas preguntas, y habrás respondido a la otra.

    4Es posible que olvides practicar en algunas ocasiones, e incluso en muchas.

    5No te preocupes por ello, pero haz el esfuerzo de retomar tu programa cada vez que notes que te has despistado.IV

    6Si tan solo una vez durante el día repites la idea de hoy con total sinceridad, puedes estar seguro de que te habrás ahorrado muchos años de esfuerzo.V


    I Esta Lección refuerza el pronunciamiento de la Lección 20: «Estoy decidido a ver», y ambas constituyen la culminación de otras Lecciones anteriores enfocadas en el deshacimiento, de carácter negativo.

    Estas son Lecciones luminosas que presentan la solución a la oscuridad del sistema de pensamiento del mundo: la verdad.

    Es la voluntad de conocer la verdad lo que libera de la ilusión de la muerte.

    «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:33).

    II Cuando enuncies la idea del día, no es necesario que utilices exactamente la fórmula que se te propone. Evita caer en ritualismos; eso equivale a creer en la magia. Lo realmente importante es que comprendas con claridad la esencia de lo que la idea transmite. Una vez captada, exprésala a tu manera. De hecho, hacerlo así es más efectivo, porque resulta más natural y enfrenta menos resistencias.

    Por ejemplo, podrías formular la idea de hoy de la siguiente manera: «Lo más importante para mí, lo que deseo por encima de todo en esta vida, es lograr ver de verdad. Jesús me ha dicho que no tengo que pagar ningún precio por ello, y que además solo puede bendecirme a mí y a todo lo que me rodea, y yo le creo. Esto es lo que realmente quiero, y además deseo que ocurra tan pronto como sea posible».

    Formular la idea de esta forma –u otra que se te ocurra a ti– hará que sea mucho más operativa. También es fundamental que entiendas que su eficacia aumentará si la vinculas a una emoción sincera, sentida desde lo más profundo de tu corazón. Las ideas que se apoyan en emociones son increíblemente poderosas.

    Recuerda este principio a lo largo de todas tus prácticas con este Libro de Ejercicios.

    III Esta es la primera ocasión en la que se propone un uso intensivo de la idea a lo largo del día, algo que será necesario con muchas otras ideas en el futuro.

    IV A lo largo de la práctica de los ejercicios de este Libro, es absolutamente esencial desterrar por completo la idea de culpabilidad. Debes recordar que siempre haces lo mejor que puedes y das todo el amor que tienes. Aun así, procura siempre dar un poco más. Recuerda que ningún esfuerzo, por pequeño que sea, se desperdicia.

    V Esta línea deja entrever que la tarea de invertir tu sistema de pensamiento es una proeza monumental que exigirá tiempo, esfuerzo y una enorme determinación. Sin embargo, piensa en la recompensa: es infinita. No existe alternativa alguna que pueda compararse, ni manera de emplear tu tiempo que te beneficie tanto.

    Además, puedes estar seguro de que, a lo largo del camino, encontrarás innumerables recompensas que te sorprenderán, te sanarán y también sanarán a quienes te rodean. Recuerda: este es Un Curso de Milagros.

  • LECCIÓN 26

    Mis pensamientos de ataque están atacando mi invulnerabilidad.

    1. Es evidente que, si puedes ser atacado, entonces no eres invulnerable.

    2Percibes el ataque como una amenaza real.

    3Esto se debe a que crees que tú mismo puedes atacar de forma genuina.

    4Y lo que puede tener efectos a través de ti, también debe tener efectos en ti.I

    5Esta misma ley, en última instancia, será lo que te salve.

    6Pero ahora la estás usando mal.

    7Por lo tanto, debes aprender a usarla a tu favor en lugar de en tu contra.

    2. Al proyectar inevitablemente tus pensamientos de ataque, temerás ser atacado.

    2Y si temes ser atacado, es porque crees que no eres invulnerable.

    3Por lo tanto, los pensamientos de ataque te hacen vulnerable dentro de tu propia mente, que es donde esos pensamientos residen.II

    4Los pensamientos de ataque y la invulnerabilidad no pueden coexistir en tu mente.

    5Se contradicen entre sí.

    3. La idea de hoy introduce la noción de que siempre te atacas a ti mismo primero.

    2Si los pensamientos de ataque implican la creencia de que eres vulnerable, su efecto es debilitarte a tus propios ojos.

    3Por lo tanto, estos pensamientos atacan la percepción que tienes de ti mismo.

    4Y, al creer en ellos, pierdes la capacidad de creer en ti mismo.

    5Una falsa imagen de ti mismo ha ocupado el lugar de lo que realmente eres.III

    4. Practicar con la idea de hoy te ayudará a entender que tanto la vulnerabilidad como la invulnerabilidad son el resultado de tus propios pensamientos.

    2Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte.

    3Nada, excepto tus propios pensamientos, puede hacerte creer que eres vulnerable.

    4Y nada, excepto tus propios pensamientos, puede demostrarte que eso no es cierto.IV

    5. Se requieren seis periodos de práctica para trabajar con la idea de hoy.

    2Intenta dedicar dos minutos completos a cada sesión, aunque puedes reducirlo a un minuto si sientes demasiada incomodidad.

    3Sin embargo, no reduzcas el tiempo a menos de un minuto.

    6. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, luego cierra los ojos y repasa las situaciones sin resolver cuyos resultados te inquietan.

    2Esta inquietud puede manifestarse como depresión, ansiedad, ira, sensación de coacción, miedo, aprensión o preocupación.

    3Cualquier problema aún no resuelto que venga a tu mente de manera recurrente durante el día es un tema adecuado para la práctica.

    4No podrás abordar muchos en cada periodo, ya que debes dedicar más tiempo de lo habitual a cada uno.

    7. La idea de hoy debe aplicarse de la siguiente manera:

    2Primero, menciona la situación:

    3Me preocupa ____.

    4Luego, repasa todos los posibles resultados que te han causado inquietud y nombra cada uno de ellos de manera muy específica, diciendo:

    5Me temo que ____ sucederá.

    8. Si realizas los ejercicios correctamente, deberías identificar unas cinco o seis posibilidades angustiosas para cada problema, o incluso más.

    2Es mucho más efectivo profundizar en unos pocos casos que abordar un número mayor de manera superficial.

    3A medida que aumente la cantidad de resultados previstos para cada problema, es posible que algunos te parezcan menos aceptables, especialmente aquellos que se te ocurran al final.

    4Sin embargo, en la medida de lo posible, trata de considerarlos todos por igual.

    9. Después de nombrar cada resultado que temes, repite para ti mismo:

    2Ese pensamiento es un ataque a mí mismo.

    3Concluye cada periodo de práctica repitiendo una vez más la idea de hoy.


    I Siempre nos relacionamos con todo desde la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Tratamos a las cosas, a los demás y a Dios de la misma manera en que nos tratamos, y dado que no nos amamos realmente, nuestras relaciones con el mundo y con Dios carecen de amor.

    Proyectamos inevitablemente el grado de amor —o su ausencia— que sentimos por nosotros mismos en todo lo que percibimos o concebimos, ya que percibir y concebir son, en esencia, lo mismo. Así, cuando atacas, reconoces implícitamente que, si ese ataque puede dañarte a ti, también puede dañar a otros. Por eso, todo ataque es una admisión de vulnerabilidad: si intentas destruir, es porque crees que también puedes ser destruido.

    II La ira y el miedo son dos caras de una misma moneda. El miedo es la cara que tú experimentas cuando te atacas a ti mismo, y la ira es la cara que muestras cuando proyectas tu ataque hacia afuera. Sin embargo, ambas son la misma cosa: ausencia de amor. Pero, ¿puede realmente existir una ausencia cuando lo que falta es algo que no existe, por definición? Por eso este Curso afirma que el miedo es una ilusión, una percepción de algo que no está ahí, ya que lo que Dios no ha creado no puede existir. No obstante, es perfectamente posible creer en ello y, al hacerlo, lo haces real para ti.

    Si tienes miedo, atacarás, y si atacas, tendrás miedo. Es un ciclo inevitable. Sentirás miedo porque creerás que estás en peligro, que puedes sufrir daño, que eres vulnerable al ataque de aquellos a quienes has atacado. Te sentirás pequeño, débil y perderás la paz mental. Entonces buscarás protegerte, percibiéndote rodeado de amenazas y sintiendo la necesidad de construir defensas contra tus enemigos. Esto ocurre tanto a nivel individual como colectivo. Los países con los ejércitos más poderosos son, paradójicamente, los que albergan ciudadanos más temerosos, pues viven bajo una sensación constante de amenaza. Donde veas muchas banderas, encontrarás mucho miedo.

    Este es un ejemplo más de cómo se cumple la ley de Dios: «Recibirás aquello que des». Y tú, que lo eres todo, ¿cómo podrías dar algo que no deseas para ti mismo si sabes que retornará a ti?

    Reconoce que todo juicio condenatorio, incluso el más insignificante, es un ataque. Quizás pienses que no puedes evitar juzgar o condenar, que muchos de tus juicios son inconscientes y ni siquiera puedes detectarlos. No te preocupes por eso; hay un mecanismo muy simple para saber si estás atacando a alguien, a algo o incluso a la vida misma: siempre que te sientas mal, aunque sea la más leve incomodidad, estás juzgando y condenando, es decir, atacando. No te faltan herramientas para detectar cuándo estás usando mal tu mente; solo necesitas usarlas.

    Lo contrario también es cierto: quienes no tienen miedo no atacan. La mansedumbre nace de una conciencia de invulnerabilidad que solo puede existir en ausencia de miedo.

    Recuerda: siempre que algo te disguste o te perturbe, aunque sea mínimamente, dite a ti mismo: «Tiene que haber una manera mejor de ver esto, y estoy dispuesto a encontrarla». Sé constante e inflexible con este principio. No toleres ni el más leve malestar. Eres el anfitrión de Dios. Mantén tu casa limpia.

    III Primero te sientes mal, y luego atacas. Pero, en realidad, el orden correcto es este: primero te atacas a ti mismo, por eso te sientes mal, y luego atacas.

    Las imágenes que albergas de ti mismo no son falsas o verdaderas; todas son falsas, porque tú no eres una imagen. Eres el Hijo de Dios, quien concibe imágenes falsas de sí mismo y de todo lo que percibe. Además, es importante que comprendas que tus pensamientos de ataque no te afectan en absoluto; solo tienen efectos sobre esa imagen que tienes de ti mismo, pero no sobre tu verdadera realidad.

    De esta manera, gobiernas un pequeño reino mental donde ocurren innumerables historias dramáticas que tú mismo te cuentas, historias que sufren y padecen los personajes que has creado, entre ellos ese «yo» que crees ser.

    El objetivo de este Curso es entrenar tu mente para que aprendas a contarte una historia más benévola, hasta que llegue el momento en que dejes de creer en cualquier tipo de historias, y entonces despiertes.

    IV Nada, excepto tus propios pensamientos, puede afectarte, porque únicamente te relacionas con tus propios pensamientos y con nada más. No conoces otra cosa que tus propios pensamientos.

    Lo que sucede es que a muchos de tus pensamientos los llamas «cosas del mundo», aunque no son más que tus propias ideas, a las que les has añadido la creencia de ser algo externo a ti, físico y real. Esta creencia, a su vez, no es más que otro pensamiento. Es decir, a un pensamiento acerca de algo con lo que deseas relacionarte le atribuyes la noción de ser algo externo a ti.

    Cuando consideras que esa idea es accesible, lo sitúas en el espacio; y cuando la consideras inaccesible, la sitúas en un tiempo imaginario: el pasado o el futuro. Las dimensiones espacio y tiempo son maneras de pensar en términos de separación.

  • LECCIÓN 25

    No sé para qué es nada.

    1. El propósito de algo es su significado.I

    2La idea de hoy explica por qué nada de lo que ves tiene significado.II

    3No sabes para qué es.

    4Por lo tanto, no tiene significado para ti.

    5Todo existe para tu propio beneficio.III

    6Para eso es para lo que es.

    7Ese es su propósito.

    8Ese es su significado.

    9Al reconocer esto, tus objetivos se unifican.

    10Al reconocer esto, lo que ves cobra significado.

    2. Tú percibes el mundo y todo lo que hay en él como algo significativo en función de los objetivos del ego.IV

    2Estas metas no tienen nada que ver con lo que en verdad te conviene, porque tú no eres el ego.V

    3Esta falsa identificación te impide entender cuál es el propósito de nada.

    4Como resultado, no puedes sino hacer un mal uso de ello.

    5Cuando aceptes esto, procurarás retirar los objetivos que le has asignado al mundo, en lugar de intentar reforzarlos.

    3. Otra forma de describir los objetivos que ahora valoras es decir que todos ellos están relacionados con tus intereses «personales».

    2Pero, como en verdad no tienes intereses personales, tus objetivos no están realmente relacionados con nada.VI

    3Por lo tanto, al darles valor, no tienes ningún objetivo en absoluto.

    4Y por eso no sabes para qué es nada.

    4. Antes de que los ejercicios de hoy tengan algún sentido para ti, es necesario que reflexiones sobre lo siguiente.

    2En los niveles más superficiales sí reconoces el propósito de las cosas.

    3Sin embargo, el verdadero propósito no se puede entender en estos niveles.

    4Por ejemplo, sabes que el propósito de un teléfono es hablar con alguien que no se encuentra físicamente cerca.

    5Lo que no entiendes es para qué quieres comunicarte con esa persona.

    6Y esto es precisamente lo que determina si tu comunicación con ella tiene significado o no.

    5. Es crucial para tu aprendizaje estar dispuesto a renunciar a los objetivos que has establecido para todo.VII

    2Reconocer que no tienen sentido, en lugar de juzgarlos como «buenos» o «malos», es la única manera de lograrlo.

    3La idea de hoy es un paso en esta dirección.

    6. Hoy se requieren seis periodos de práctica, cada uno de dos minutos de duración.

    2Comienza cada sesión repitiendo lentamente la idea de hoy; luego mira a tu alrededor, permitiendo que tus ojos se detengan en cualquier cosa que te llame la atención, cercana o lejana, «importante» o «no importante», «humana» o «no humana».

    3Al observar cada objeto que elijas, di, por ejemplo:

    4No sé para qué es esta silla.

    5No sé para qué es este lápiz.

    6No sé para qué es esta mano.

    7Dilo con calma, sin apartar la mirada hasta que completes la frase.

    8Luego pasa al siguiente objeto y aplica la idea de hoy de la misma manera.


    I Planteado de otro modo: el significado de algo radica en su función, en su propósito. Y dado que el significado de algo define su identidad, entonces la identidad de algo es aquello para lo que sirve.

    Si mi identidad en este mundo es mi función, surge una pregunta fundamental: ¿cuál es mi función en este mundo? Esta pregunta es crucial, porque al responderla descubriré quién soy realmente. Jesús nos enseña que la función que Dios nos ha asignado es ser felices y hacer felices a otros. Por lo tanto, podemos deducir que nuestra identidad es la felicidad; eso es lo que verdaderamente somos: la felicidad, el Amor de Dios.

    Aquí, en este mundo, todos buscan la felicidad, y la razón de ello es muy simple: porque lo que realmente están buscando es su verdadera identidad, aquello que en esencia son, el recuerdo del Amor de Dios que han olvidado al distraerse con cosas ilusorias.

    II L-1 «Nada de lo que veo significa nada».

    III Solo percibes ilusiones. Percibir es imaginar, concebir ilusiones, proyectar aquello que deseas ver. Todo lo que percibes es el resultado de lo que has proyectado, y lo has proyectado porque lo quieres. Por eso te relacionas con todo lo que percibes en términos de utilidad.

    El significado que todo tiene para ti está determinado por la razón —o propósito— por la cual lo has concebido y traído a tu percepción.

    IV El ego se relaciona con todo desde la carencia, y al identificarte con él, también tú te relacionas con lo que percibes desde la necesidad o, incluso, la rapacidad. Así, buscas en las cosas, las personas o las circunstancias aquello que crees que te falta.

    De este modo, en lugar de celebrar la vida, la consumes, la devoras.

    V Esta es la segunda vez que el concepto del ego aparece en el Libro de Ejercicios. La primera fue en la Lección 13, donde se abordaba el desafío entre el ego y Dios respecto a qué significado debe asignarse a la percepción.

    En esta ocasión, se parte de la premisa de que el ego ya se ha apropiado de todos los significados del mundo. La tarea de este Curso es deshacer esa apropiación y restaurar el verdadero significado.

    VI Tú no tienes intereses personales porque, en realidad, no eres una «persona»; eres el Hijo de Dios.

    VII Esta es una declaración importante; no la pases por alto. Reflexiona sobre lo que implica y sobre lo que conlleva. No la tomes a la ligera, porque te está pidiendo, ni más ni menos, que renuncies a todos los significados que has atribuido al mundo para poder aprender a ver un mundo nuevo, un mundo diferente.

    Sé consciente de que esta solicitud es enorme, pero también lo es lo que se te ofrece a cambio. Considera que esta petición no solo es lógica, sino también necesaria. Si el objetivo de este Curso es invertir tu manera de pensar, primero debes deshacerte de la forma anterior. Por ello, es crucial para tu aprendizaje que estés dispuesto a renunciar a los objetivos –las funciones, los significados– que has establecido para todo lo que contemplas.

  • LECCIÓN 24

    No percibo lo que más me conviene.

    1. Nunca eres consciente, en ninguna situación, de cuál es el desenlace que realmente te haría feliz.I

    2Por lo tanto, no tienes guía alguna para actuar de manera adecuada ni forma de juzgar correctamente el resultado.

    3Tu comportamiento está determinado por tu percepción de la situación, y esa percepción es errónea.

    4Por eso, inevitablemente, no harás lo que más te conviene.

    5Sin embargo, ese debería ser tu único objetivo en cualquier situación correctamente percibida.

    6Pero si no percibes correctamente, no podrás reconocer lo que más te conviene.

    2. Si comprendieras que no percibes lo que más te conviene, sería posible enseñártelo.

    2Pero mientras sigas convencido de que ya lo sabes, no podrás aprender.

    3La idea de hoy es un primer paso para abrir tu mente y permitir que el aprendizaje comience.II

    3. Los ejercicios de hoy requieren mucha más honestidad de la que normalmente empleas.

    2En cada una de las cinco sesiones que debes realizar hoy, será más útil examinar unos pocos temas de manera honesta y profunda que tratar superficialmente un gran número.

    3Dedica aproximadamente dos minutos a la búsqueda mental en cada ejercicio.

    4. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, y luego, con los ojos cerrados, busca en tu mente las situaciones sin resolver que actualmente te preocupan.

    2Esfuérzate por descubrir cuál es el resultado que deseas en cada una de ellas.

    3Pronto te darás cuenta de que tienes numerosos objetivos en mente relacionados con ese resultado deseado, y de que esos objetivos se encuentran en diferentes niveles y, con frecuencia, entran en conflicto entre sí.

    5. Nombra cada situación que surja en tu mente y enumera de manera minuciosa tantos objetivos como te gustaría alcanzar en relación con ella.

    2La forma de expresarlos debería ser algo como:

    3Con respecto a ____, me gustaría que sucediera ____, y ____, y…

    4Continúa en este formato, intentando incluir todos los resultados que honestamente puedas identificar, incluso si algunos de ellos no parecen estar directamente relacionados con la situación o no son inherentes a ella.

    6. Si realizas los ejercicios correctamente, reconocerás que estás imponiendo a la situación una gran cantidad de exigencias que no tienen nada que ver con ella.

    2También te darás cuenta de que muchos de tus objetivos son contradictorios, de que no tienes en mente un desenlace unificado y de que, inevitablemente, algunos de tus objetivos no se cumplirán, independientemente de cómo se resuelva la situación.

    3Después de revisar la lista de todos los objetivos que has identificado para cada situación, dite en silencio:

    4No percibo lo que más me conviene en esta situación.III

    5Luego, pasa a la siguiente.


    I La mente, creada por lo Bueno —Dios—, tiende de manera natural hacia lo bueno y lo busca constantemente; en esencia, la mente se busca a sí misma. Sin embargo, la mente personal, que es el efecto del ego en la santa mente del Hijo de Dios, se ve atrapada en la arrogancia y el masoquismo. Por ello, no sabe realmente qué es lo que más le conviene —aunque piensa que sí lo sabe, lo cual es arrogancia— y, además, se otorga a sí misma aquello que le causa sufrimiento —masoquismo—.

    II No hace falta demasiada honestidad para reconocer que el ser humano sufre un sesgo cognitivo esencial, tan generalizado que resulta difícil identificarlo. Un sesgo cognitivo es una forma errónea de usar la mente, y este es quizás el más extendido. Podríamos llamarlo «el sesgo cognitivo de la doble ignorancia»: no saber, y no saber que no se sabe. Es decir: la arrogancia.

    El reconocimiento de este hecho es el nivel más alto al que puede llegar el ego y marca el inicio del verdadero aprendizaje. Quien no sabe que no sabe se atribuye un conocimiento que no posee, y esa arrogancia constituye la causa fundamental del sufrimiento humano.

    «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» fueron las penúltimas palabras de Jesús. Aquellos que lo martirizaban creían saber lo que hacían, pero solo eran víctimas de este sesgo tan devastador. Siglos antes, Sócrates también fue condenado a muerte por declarar que lo único que sabía con certeza era que no sabía nada, mientras que sus acusadores estaban aún peor, pues ni siquiera eran conscientes de su ignorancia. La arrogancia no tolera que se evidencien sus carencias.

    Este Curso te ayudará a sanar ese sesgo cognitivo que aqueja a la humanidad. Sin embargo, para lograrlo, es imprescindible que cultives el discernimiento, la honestidad y la humildad necesarias para reconocer que no sabes qué es lo que más te conviene.

    Esto no es difícil en absoluto; basta con que practiques correctamente los ejercicios de hoy para que tomes conciencia de esta verdad, y así estarás listo para que el verdadero aprendizaje comience.

    Aprender implica cambiar la mente, pero un cambio verdadero no puede ser propiciado por la mente individual identificada con el ego, que es precisamente como opera la mente de todo aquel que se refiere a sí mismo como «yo», es decir, de todos. Por ello, el motor del verdadero cambio es transpersonal, algo que actúa desde más allá de la persona.

    Esta Lección, como ninguna de las de la primera parte de este Libro de Ejercicios, no busca cambiar nada. Su propósito es deshacer la antigua manera de pensar. Hoy intentarás tomar plena conciencia de que, en realidad, no sabes qué es lo que más te conviene. Con eso basta.

    III Cada vez que percibimos de manera dolorosa, caemos en el autoengaño provocado por nuestra propia arrogancia. Pocas características definen mejor al «ser» humano que la combinación de arrogancia y masoquismo. ¿Qué es el ser humano sino alguien que juzga y condena creyendo saber algo que en realidad desconoce, y que además tiende a hacerse daño a sí mismo, negándose a percibir lo que más le conviene y rechazando lo que podría hacerle feliz?

    La arrogancia, derivada del latín ad-rogare—atribuirse cualidades que no se poseen—, es una forma de falsedad que, como toda mentira, nace del miedo. En este caso, del miedo a la verdad, del temor a enfrentar la propia ignorancia. Se supera mediante la honestidad, la humildad y la racionalidad.

    El masoquismo, esa tendencia a dañarse a uno mismo, tiene su origen en un sentimiento oscuro de culpa, provocado por el reconocimiento subconsciente del «pecado» de haber confinado una mente infinita dentro de los límites de una identidad individual falsa. Este masoquismo se cura a través del perdón, empezando por perdonarte a ti mismo, lo que naturalmente conduce a perdonar a los demás.

    Tanto la arrogancia como el masoquismo desaparecen al abandonar el sentido de importancia personal, al dejar de creer que la imagen que tienes de ti mismo es relevante. Piensa en esto: ¿qué credibilidad puede tener una idea tan volátil y cambiante? ¿No te das cuenta de que esa necesidad de sentirse importante es solo una reacción ante la falsedad de esa identidad ilusoria?

    Sentirse importante no es más que el intento de la mente por reforzar una mentira con más mentiras. Ese personaje ilusorio que crees ser no tiene importancia; no es más que un delirio fabricado por tu mente.

    ¡Por el Amor de Dios, tú eres Su Hijo! No confines tu grandeza en ideas denigrantes.

  • LECCIÓN 23

    Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque.

    1. La idea de hoy contiene la única manera de escapar del miedo que tendrá éxito.

    2Ninguna otra cosa funcionará; todo lo demás carece de sentido.

    3Pero esto no puede fallar.

    4Cada pensamiento que albergas da forma a algún aspecto del mundo que contemplas.

    5Por eso debemos trabajar con tus pensamientos para que tu percepción del mundo pueda cambiar.

    2. Si la causa del mundo que ves son tus pensamientos de ataque, debes aprender que no quieres esos pensamientos.

    2De nada sirve lamentarse del mundo.

    3De nada sirve tratar de cambiarlo.

    4El mundo no puede cambiar porque no es más que un efecto.

    5Pero lo que sí tiene sentido es cambiar tus pensamientos acerca del mundo.

    6Haciendo esto, estás cambiando la causa.

    7Y entonces el efecto cambiará automáticamente.I

    3. El mundo que ves es un mundo vengativo, y todo en él es un símbolo de venganza.

    2Cada una de tus percepciones de la «realidad externa» es una representación pictórica de tus propios pensamientos de ataque.

    3Uno bien podría preguntarse si a esto se le puede llamar ver.

    4¿No es acaso «fantasía» una palabra más adecuada para describir este proceso y «alucinación» un término más apropiado para su resultado? II

    4. Ves el mundo que tú mismo has hecho, pero no te ves a ti mismo como el hacedor de esas imágenes. III

    2No se te puede salvar del mundo, pero puedes escapar de aquello que lo causa.IV

    3Esto es lo que significa la salvación, pues ¿dónde está el mundo que ves cuando su causa ha desaparecido?

    4La verdadera visión ya contiene aquello con lo que reemplazarás todo lo que crees ver ahora.

    5La ternura puede iluminar tus imágenes, y así transformarlas para que las ames aun cuando fueron hechas de odio.

    6Pues esa transformación no la harás tú solo.V

    5. La idea de hoy introduce la noción de que no estás atrapado en el mundo que ves, porque puedes cambiar su causa.VI

    2Este cambio requiere en primer lugar que identifiques la causa y, luego, que la abandones para que pueda ser reemplazada.

    3Los dos primeros pasos de este proceso requieren tu cooperación.

    4El último, no.VII

    5Pues tus imágenes ya han sido reemplazadas.

    6Basta con que des los dos primeros pasos para que veas que así es.VIII

    6. Para aplicar la idea de hoy se requieren cinco periodos de práctica, además de usarla a lo largo del día cuando sea necesario.

    2Repite lentamente la idea en silencio mientras miras a tu alrededor; luego cierra los ojos y dedica aproximadamente un minuto a buscar en tu mente tantos pensamientos de ataque como se te ocurran.

    3Cada vez que uno cruce tu mente, di:

    4Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque acerca de ____.

    5Mantén presente cada uno de esos pensamientos mientras lo dices, y luego descártalo y pasa al siguiente.

    7. En las sesiones de práctica, asegúrate de incluir tanto los pensamientos en los que tú atacas como aquellos en los que eres atacado.

    2Ambos pensamientos tienen exactamente el mismo efecto porque son exactamente lo mismo.

    3Tú aún no reconoces esto, y por ahora solo se te pide que, en la práctica de hoy, los trates como si fueran iguales.

    4Aún nos encontramos en la etapa de identificar la causa del mundo que ves.

    5Cuando finalmente te des cuenta de que los pensamientos de atacar y de ser atacado no son diferentes, estarás listo para abandonar su causa.


    I Este párrafo resume eficazmente la estrategia de este Curso para invertir tu sistema de pensamiento:

    En primer lugar, tomas conciencia de que el mundo es una ilusión.

    Luego, reconoces que el mundo que contemplas es una creación de tu mente y asumes la responsabilidad por él.

    Finalmente, renuncias a verlo de esa manera al decidir cambiar su causa: tus pensamientos de ataque.

    Entonces, el cambio ocurre. Pero ya no es debido a algo que tú hagas; es algo que se te concede. Tu contribución a este proceso termina con la expresión de tu firme voluntad de ver un mundo diferente. El resto sucede por sí mismo.

    II El mundo no es una «realidad» en sí misma, sino la proyección de tus propios pensamientos representada en forma de imágenes. Todo el trabajo que realizas con este Curso consiste en tomar conciencia de esta verdad y purificar tus pensamientos, eliminando de ellos cualquier componente de ataque, para alinearlos con la verdad.

    Este cambio se refleja a nivel perceptual como la visión del «mundo real», donde pensamientos benévolos dan lugar a un sueño feliz.

    III «Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado» (L-15). Esto se debe a que llamas «mundo» a tus pensamientos sobre un mundo que, en realidad, no existe.

    IV Puedes liberarte del mundo de sufrimiento que contemplas si renuncias a tus pensamientos de ataque, ya que ellos son la causa del mundo que percibes.

    V Esa es la labor del Espíritu Santo; tu única contribución a esa transformación es invitarlo a que realice Su obra… en tu mente.

    VI No estás atrapado en el mundo que ves, pero sí en el que tú interpretas. Sin embargo, como esa interpretación depende únicamente de ti, puedes cambiarla a voluntad.

    VII Estos tres pasos son: Primero, tomar conciencia de tus pensamientos de ataque. Después, perdonarlos, lo que significa renunciar a ellos. Finalmente, permitir que el Espíritu Santo te muestre esa ilusión que provocaba tu miedo y tu ira, reinterpretada ahora en términos benévolos.

    VIII Estas últimas líneas comienzan a introducir una idea poderosa que, con el tiempo, adquirirá una importancia crucial: la noción de que tú no eres el autor de tu propia salvación; esta es algo que se realiza por ti.

    Esta idea es fundamental porque tú —como ego— eres incapaz de cambiar verdaderamente por ti mismo, aunque probablemente creas que sí. Por eso, podría decirse que este es un Curso en no-hacer. Tú nunca serás el agente de tu salvación, ya que tu mente individual es precisamente la causa de la aparente separación.

    Para profundizar en este concepto, puedes repasar la primera Sección del Capítulo 30: «Reglas para tomar decisiones».

  • LECCIÓN 22

    Lo que veo es una forma de venganza.

    1. La idea de hoy describe con precisión la forma en que todo aquel que alberga en su mente pensamientos de ataque no puede sino ver el mundo.

    2Al haber proyectado su ira sobre el mundo, ve la venganza a punto de recaer sobre él.

    3Así, considera que su propio ataque es un acto en defensa propia.I

    4Esto se convierte en un creciente círculo vicioso hasta que esté dispuesto a cambiar su manera de ver.

    5De lo contrario, los pensamientos de ataque y contraataque lo asediarán y poblarán todo su mundo.

    6¿Qué paz mental puede tener entonces?

    2. De esta fantasía salvaje es de lo que quieres escapar.

    2¿No es acaso una buena nueva oír que no es real? II

    3¿No es una feliz noticia descubrir que puedes escapar de esa fantasía?

    4Fuiste tú quien hizo eso que ahora quieres destruir; tú hiciste todo aquello que odias y quieres atacar y matar.

    5Mas todo eso que temes no existe.

    3. Mira hoy el mundo a tu alrededor al menos cinco veces, y al menos durante un minuto cada vez.

    2A medida que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro, de un cuerpo a otro, dite en silencio:

    3Solo veo lo perecedero.

    4No veo nada que perdure.

    5Lo que veo no es real.III

    6Lo que veo es una forma de venganza.

    7Al final de cada práctica, pregúntate:

    8¿Es este el mundo que realmente quiero ver? IV

    9La respuesta es obvia.


    I A primera vista, puede resultar difícil aceptar que el mundo que percibes sea “una forma de venganza”. Para comprender mejor esta Lección, es útil revisar la sección V del Capítulo 31, “La idea de uno mismo”, donde se explica que el mundo que contemplas no es más que el reflejo de la culpa que reside en la cara oculta de la idea que tienes de ti mismo.

    Esta cara oculta, que el ego se esfuerza por mantener en secreto, está cargada de miedos, juicios, resentimientos y una profunda autocondena. Al proyectar esos pensamientos hacia afuera, percibes un mundo amenazante que parece atacarte. Recuerda que percibir es proyectar, y de esta forma el mundo siempre confirmará y justificará tus miedos y sospechas. Este ciclo interminable de ataque y defensa tiene como objetivo perpetuar la falsa identidad que el ego ha fabricado y que tú has aceptado.

    Ahora estás aprendiendo que esta percepción no es más que una ilusión. Al abrirte a la corrección del Espíritu Santo, puedes mirar más allá de esta máscara, liberar la culpa infundada y reconocer tu verdadera inocencia como el Hijo de Dios, amado y en paz.

    Al verte desde esta nueva perspectiva, más benévola, comenzarás a proyectar y contemplar un mundo perdonado y amable. Este cambio de percepción se logra mediante tu voluntad. La pregunta clave que debes plantearte es: ¿qué mundo quiero ver?

    II Recuerda que la palabra «evangelio» en griego significa «feliz noticia» o «buena nueva». Y ese es el verdadero Evangelio de Jesús: «El mundo no es real, y tú eres el inocente Hijo de Dios». Esta es una noción que todo estudiante de este Curso no debe olvidar jamás. El mundo, en sí mismo, no importa en absoluto, porque no es nada. Date cuenta de que siempre acabarás «perdiendo» todas las cosas del mundo. La mayor parte de ellas escaparán de tus manos a lo largo de tu aparente estancia aquí, y cuando finalmente dejes tu cuerpo, desaparecerá hasta el último vestigio de todo aquello que llamas «mío». ¿Crees que tu Padre permitiría que perdieras algo real que Él te ha dado? Y puedes estar seguro de que lo que Él no te ha dado no es real y no existe.

    El impulso humano, secuestrado por la ilusión, tiende a «mejorar» un mundo que siempre defrauda sus expectativas. El ego juzga y condena el mundo, pensando que él lo haría mejor. «Lo que quiere ahora es una ilusión mejor» (P-3.In.2:8). Pero no hay ilusiones mejores o peores; todas ellas son falsedades. Eso es el mundo: la manifestación ficticia de la idea de la separación hecha forma para engañarte. Las ilusiones no se mejoran; se perdonan y se olvidan. En el bendito presente no puedes atender a ilusiones y a la vez mirar hacia la luz. Tendrás que elegir entre ambas alternativas; no hay más.

    Fíjate en Jesús; cuando estuvo en este mundo, jamás trató de mejorarlo. Él fue un maestro excelso y un sanador de la mente que predicó la trascen-dencia del mundo, no su «mejora». No trató de «arreglar» la ilusión, sino de mostrar su irrelevancia, por eso es el maestro del perdón. «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí» (Juan 18).

    III Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero tachada. El Urtext no la recoge.

    IV  Una vez instalado en la identidad ficticia que el ego te propone, resulta dificilísimo no sucumbir a la tentación de creer que eres víctima del mundo que contemplas, y no su hacedor. Ten en cuenta que el fenómeno de la proyección implicado en la percepción conlleva la voluntad de no responsabilizarse de lo proyectado por parte de quien proyecta, porque proyectas para situar fuera de ti aquello que concibes. Esto significa que te niegas a reconocer que, si estás viendo algo, lo estás viendo porque eso es precisamente lo que quieres ver; ves aquello que quieres ver.

    Pero no permitas que este reconocimiento te lleve a albergar sentimientos de culpa y a la depresión. Todo lo contrario, fíjate en la luz que encierra este descubrimiento si lo interpretas correctamente, pues eso también significa que tu mente es tan poderosa que puede crear cualquier mundo que elija. Tu mente es libre, tiene poder y responde fielmente a los dictados de tu voluntad.

    Así que no pierdas el tiempo juzgando y condenando un mundo de tu propia factura. En lugar de eso, mira en tu interior con ojos limpios e identifica tu verdadera voluntad, que es la misma que la de tu Padre.

    Este Curso ha sido descrito de muchas maneras: como un tratado sobre el amor, el perdón, la realización de milagros o un programa de entrenamiento mental. Sin embargo, a medida que te adentres en él, descubrirás que, en esencia, es un Curso sobre la voluntad, un manual diseñado para enseñarte a cambiar tus querencias para alinearlas con tu verdadera identidad.

  • LECCIÓN 21

    Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.I

    1. La idea de hoy es, obviamente, una continuación y ampliación de la anterior.

    2Esta vez, sin embargo, además de aplicar la idea a situaciones concretas a medida que vayan surgiendo, también son necesarios periodos específicos de búsqueda mental.

    3Hoy se te pide que hagas cinco sesiones de práctica de un minuto completo cada una.

    2. Comienza estas prácticas repitiendo la idea en silencio.

    2Luego, cierra los ojos y busca minuciosamente en tu mente situaciones pasadas, presentes o anticipadas que despierten tu ira.

    3Esa ira puede adoptar la forma de cualquier tipo de reacción, desde una leve irritación a una furiosa rabia.

    4La intensidad de la emoción que experimentes es irrelevante.

    5Cada vez serás más consciente de que una leve punzada de irritación no es más que un velo que cubre una intensa furia.

    3. Por lo tanto, procura no dejar que se te escapen tampoco esos «insignificantes» pensamientos de enfado en los periodos de práctica.

    2Recuerda que no reconoces realmente qué es lo que en verdad despierta la ira en ti, y nada de lo que crees a este respecto significa nada.II

    3Probablemente te sentirás tentado a evocar más unas situaciones que otras, con el argumento falaz de que son más «obvias».

    4Eso no es así.

    5Eso es simplemente la prueba de que tú crees que algunas formas de ataque están más justificadas que otras.

    4. Mientras buscas en tu mente todas las formas en que los pensamientos de ataque van apareciendo, considera cada uno de ellos y dite a ti mismo:

    2Estoy decidido a ver a ____ [nombre de la persona] de otra manera.

    3Estoy decidido a ver ____ [especifica la situación] de otra manera.

    5. Intenta ser lo más concreto posible.

    2Puede, por ejemplo, que enfoques tu ira en un atributo específico de determinada persona, creyendo que la ira se limita a ese aspecto.

    3Si tu percepción de esa persona padece esa forma de distorsión, di:

    4Estoy decidido a ver ____ [especifica el atributo que te desagrada] de ____ [nombre de la persona] de otra manera.III


    I Si bien todas las Lecciones de este Libro de Ejercicios son importantes y merecen absoluta atención, esta es fundamental y se convertirá en una declaración recurrente con la que enfrentarás, a lo largo de tu vida, toda circunstancia que te perturbe. La repetirás sin cesar, pues es la invocación necesaria al Espíritu Santo para retornar a la cordura. Es lo que te permitirá escapar de la ira, el miedo y la depresión.

    De hecho, esta frase de Bill a Helen fue la que dio lugar al comienzo del dictado de este Curso. Ella le contestó diciendo que estaba dispuesta a ayudarle y… poco después, Helen oyó en su mente: «Este es Un Curso de Milagros, por favor, toma notas».

    Date cuenta de que, para que esta fórmula funcione, es esencial que quieras «de todo corazón» ver eso que te perturba de una manera diferente. Tu voluntad es el único factor que gobierna tu percepción; por lo tanto, verás lo que en verdad quieres ver. Sin embargo, es seguro que, en ese momento de ira o de angustia, eres incapaz de concebir lo que realmente quieres que resulte de esa situación. No te preocupes, eso no es en absoluto necesario, pues esa es precisamente la función del Espíritu Santo. Tú solo tienes que pedirle sinceramente que te muestre una manera mejor de interpretar lo que tienes ante ti, y luego espera, escucha y abre bien los ojos a lo que se te va a mostrar.

    Practica la idea de hoy exactamente como se te indica y de todo corazón, siempre que algo te disguste, te asuste o sientas ira, aunque sea muy leve. Pero, como aún estás comenzando a aprender a escuchar, es posible que te resulte difícil hacer silencio en tu mente para oír al Espíritu Santo.

    Para oír la Voz del Espíritu Santo dentro de ti, ten en cuenta lo siguiente:

    El Espíritu Santo responde SIEMPRE a tu llamada.

    Él no habla con palabras, sino con puro contenido; eres tú quien traduce ese contenido en palabras.

    El Espíritu Santo es la Voz de Dios en la ilusión; por eso, el contenido de esa comunicación siempre es la solución a un conflicto percibido. El conflicto en sí es imaginario, y su resolución también lo es; tan solo es un reflejo del Amor de Dios en tu sueño de muerte.

    Los únicos requisitos para oír Su Voz son:

    – Querer oírla.

    – Confiar en que la oirás.

    – Hacer silencio para escuchar Su Palabra.

    Nada más que eso, pero tampoco nada menos que eso.

    Sin embargo, si aun así te sigue resultando difícil escucharla, tienes un recurso más simple y directo para disipar esa ilusión: invoca a Dios. Llama a tu Padre. Dirige tu mente a Él. Y olvida completamente el mundo cuando lo hagas. Que nada te importe en ese momento, pues ese es un tiempo santo que la Eternidad Misma y los ángeles protegen.

    Este es un «truco» para saltar directamente de la ilusión a la santidad que nunca te ha de fallar. Es un estado al que aprenderás a recurrir cada vez con más frecuencia, hasta que llegará un momento en que nunca te abandonará.

    Esa invocación directa a Dios te devuelve a tu estado natural de santidad. Pero ahora, en esta Lección, tienes que aprender del Espíritu Santo una maestría que te resultará imprescindible para cumplir tu papel de salvador del mundo. Así que, cuando algo te perturbe, dite en silencio: «Quiero ver esto de otra manera; muéstrame cómo». Y escucha Su respuesta.

    II L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo» y L-10: «Mis pensamientos no significan nada».

    III  De las infinitas posibilidades de interpretar lo percibido, que de por sí no significa nada, tu mente egoica interpreta toda situación desde un punto de vista específico que responde a la idea que tienes de ti mismo, tu ego. Cuando te muestras receptivo a ver las cosas de otra manera, renuncias a quedarte anclado en esa posición fija y permites que el Espíritu Santo te lleve a verlas desde otra perspectiva, que es precisamente la que mejor se ajusta al plan de Dios para la salvación.

    Lo que verás entonces será algo tan ilusorio como lo que veías antes, pero va a sanar tu sueño de separación eliminando su componente de ira y de miedo. Esta renuncia a decidir por ti mismo —por tu ego— qué es lo que más te conviene no requiere de ningún esfuerzo de tu parte, pero obviamente sí requiere una gran humildad, una buena dosis de confianza y una pizca de sabiduría.

  • LECCIÓN 20

    Estoy decidido a ver.

    1. Hasta ahora hemos sido bastante informales con respecto a nuestras prácticas.

    2No se ha intentado establecer un horario para llevarlas a cabo, ni se ha exigido un esfuerzo mínimo, y ni siquiera se te ha pedido que cooperes o te intereses activamente.

    3Este enfoque informal ha sido intencionado y muy cuidadosamente planeado.

    4No hemos perdido de vista la importancia crucial que tiene invertir tu manera de pensar.

    5La salvación del mundo depende de ello.

    6Mas no conseguirás ver si te sientes coaccionado o caes en el resentimiento y la oposición.

    2. Este es nuestro primer intento de introducir una estructura en el modo de hacer los ejercicios.

    2No lo interpretes erróneamente como una maniobra para ejercer fuerza o presión.

    3Tú quieres la salvación.

    4Tú quieres ser feliz.

    5Tú quieres paz.

    6Ahora no disfrutas de eso porque tu mente es totalmente indisciplinada y no puedes distinguir entre la dicha y el sufrimiento, entre el placer y el dolor, o entre el amor y el miedo.I

    7Ahora estás aprendiendo a distinguirlos.

    8Y grande en verdad será tu recompensa.II

    3. Tu decisión de ver es todo lo que la visión requiere.

    2Y lo que tú quieres se te concede.

    3No confundas el pequeño esfuerzo que se te pide con una indicación de que nuestra meta tiene poco valor.

    4¿Puede acaso ser un propósito trivial la salvación del mundo?

    5¿Y crees que el mundo puede salvarse si no te salvas tú?

    6Dios tiene un Hijo, y él es la Resurrección y la Vida.III

    7Su voluntad se cumple porque le ha sido otorgado todo poder en el Cielo y en la tierra.IV

    8Es tu determinación de ver lo que te concede la visión.

    4. Los ejercicios de hoy consisten en recordarte a ti mismo a lo largo del día que quieres ver.

    2La idea de hoy también implica tácitamente el reconocimiento de que ahora no ves.

    3Por lo tanto, cada vez que repites la idea estás afirmando que estás decidido a cambiar tu estado actual por uno mejor; uno que realmente quieres.

    5. Repite la idea de hoy lentamente y de manera positiva al menos dos veces por hora, intentando que sea cada media hora.

    2No te angusties si te olvidas, pero haz un verdadero esfuerzo por acordarte.V

    3Adicionalmente, repite la idea siempre que alguna situación, persona o acontecimiento te perturbe.

    4Puedes ver todo eso de otra manera, y así será.

    5Pues verás aquello que desees ver.

    6Así es como verdaderamente funciona la ley de causa y efecto en el mundo.VI


    I Una mente que no ha sido entrenada —y que, además, está confundida porque ha escuchado la voz del ego y lo percibe todo al revés— no puede conseguir nada y vive en un universo caótico y lleno de peligros. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así.

    Eres muy afortunado. Este Curso entrenará tu mente en la verdad, y si te aplicas a él con perseverancia y seriedad, no tardarás en experimentar los efectos de ese entrenamiento. Aquí aprenderás quién eres y cuál es tu papel en este mundo. Tu tarea es muy simple, y extraordinariamente benévola y beneficiosa, tanto para ti como para todos aquellos que te rodean.

    Quizás todavía no estés muy convencido, pero ten en cuenta que tus ojos aún permanecen cerrados, pues estás sumido en un profundo sueño. Apenas estás comenzando a entreabrirlos, y es natural que, al principio, la luz te deslumbre y te incomode. No temas, eso muy pronto cambiará. Enseguida comenzarás a experimentar los efectos de este nuevo aprendizaje, y te sorprenderá, e incluso quizás te escandalice, el delirio tan inmenso de eso que llamabas «mi vida».

    La disciplina que requiere este entrenamiento no tiene nada de heroico: es, sencillamente, la honradez de admitir «ahora no veo» y de volver —una y otra vez— al deseo de ver. Perseverar no es forzarte, sino sostener una decisión suave y constante, como quien abre una ventana cada mañana aunque el cielo esté nublado. La humildad es comprender que tu percepción actual no basta para hacerte feliz, y que la Visión —la de la mente en paz— es imprescindible si deseas dicha real y duradera. Mientras sigas intentando arreglar el mundo con los mismos ojos que lo fabricaron, seguirás confundiendo consuelo con anestesia, y alivio con distracción.

    La práctica introduce un ritmo para tu beneficio, no para coaccionarte. El ritmo amansa la mente, igual que el oleaje pule una roca. Cada vez que recuerdas tu decisión, no estás «haciendo algo más», estás soltando una capa de interpretación que pesaba sobre ti. Si te sirve, puedes acompañar la idea con un gesto mínimo —una respiración más profunda, un breve silencio— que marque el corte entre el viejo hábito de ver contra ti y la disponibilidad a ver a favor de tu paz. No busques resultados espectaculares: la verdadera corrección es discreta y, precisamente por eso, poderosa.

    Reconocer que «ahora no ves» evita la trampa de negociar con el miedo. Si no ves, ¿cómo vas a juzgar con acierto lo que te conviene? La disciplina de esta Lección te ahorra ese vano litigio: te recuerda que no necesitas tener razón, sino estar en paz. Y estar en paz exige aprender a ver sin separar, sin papeles prefijados, sin la prisa de etiquetar. La perseverancia, aquí, es la custodia silenciosa de tu deseo: mantenerlo encendido incluso cuando te olvides, volver a encenderlo cuando parezca apagarse, y permitir que su luz haga lo que tú no sabes hacer.

    Si notas resistencia, no la conviertas en protagonista. Reconócela con amabilidad y continúa. La resistencia es solo el eco de un hábito que se agota. No la combatas; atraviesa su ruido recordando que quieres ver porque quieres ser feliz, y que la felicidad que buscas no depende de aciertos parciales en el mundo, sino de una Visión que no fluctúa con los cambios. La disciplina sostiene esa Visión hasta que, sin esfuerzo, se vuelve tu modo natural de mirar. Entonces comprenderás que nunca te faltó la luz; solo estabas entrenando tus ojos para recibirla.

    II Mateo 5:12 «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en los Cielos, pues igualmente persiguieron a los profetas que os precedieron».

    III Juan 11:25 «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».

    IV Mateo 6:10 «Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo».

    Mateo 28:18 «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra”».

    La Voluntad de Dios se cumple siempre, y la tuya, que eres Su Hijo, también. Esto ocurre tanto en el ámbito de la realidad como en el de la ilusión. Tu voluntad se cumple siempre; por eso, percibes aquello que quieres percibir.

    La pregunta aquí es: ¿qué es lo que quieres tú, Hijo de Dios?

    V Si estás haciendo las Lecciones de este Libro de Ejercicios, trata de hacerlas bien: exactamente como se te indica. Es posible que muchas veces te olvides de tu práctica, pero sé muy honesto contigo mismo y reconoce que eso siempre se debe a un conflicto de prioridades.

    Quizás, en un cierto nivel de tu mente, reconozcas que salvarte de una manera enfermiza de pensar es fundamental. Sin embargo, date cuenta de que, a otro nivel —el cual es tan resultado de tu voluntad como ese—, antepones nimiedades a ese alto propósito. Toma conciencia de ello y rectifica.

    Parte de tu entrenamiento es enseñarte qué es importante y qué no. Cuanto antes lo reconozcas, mejor.

    VI Esta importante afirmación procede del hecho de que, como hemos visto en Lecciones precedentes, la percepción es un efecto cuya causa es la voluntad. Primero se concibe la idea de algo que se quiere, y luego eso se proyecta y se ve fuera.

    L-17.1:3 «El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que en realidad es al revés». Por eso ves aquello que quieres ver.

    Y luego este Curso te dice que perdones el mundo, que perdones todo lo que contemplas, que perdones «aquello que quieres ver».

    Perdona tus fantasías, fruto de tus miedos y tus deseos, que son lo mismo. Y todo eso es precisamente lo que tú no eres, ni en verdad quieres. Perdónalo, déjalo pasar, y te verás frente a frente con la verdad; te quedarás solo con el Amor de Dios, lo que tú eres.

  • LECCIÓN 19

    No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos.

    1. La idea de hoy es obviamente la razón por la que tu manera de ver no te afecta solo a ti.I

    2Notarás que a veces las ideas que se te proponen relacionadas con lo que piensas preceden a las que están relacionadas con aquello que percibes, mientras que otras veces el orden se invierte.II

    3Esto se debe a que el orden en realidad no importa.

    4El hecho de pensar, y lo que de ello resulta, son realmente procesos simultáneos, ya que causa y efecto nunca están separados.III

    2. Hoy volvemos a destacar el hecho de que las mentes están unidas.

    2Esta es una idea que rara vez es bien acogida al principio, pues parece conllevar una enorme responsabilidad, e incluso puede considerarse una «invasión de la privacidad».

    3Sin embargo, es un hecho que no existen pensamientos privados.

    4A pesar de tu resistencia inicial a esta idea, acabarás comprendiendo que debe ser cierta para que la salvación sea posible.

    5Y la salvación debe ser posible, porque es la Voluntad de Dios.

    3. El minuto de búsqueda mental que requieren los ejercicios de hoy debe hacerse con los ojos cerrados.

    2Primero repite la idea, y luego escudriña cuidadosamente la mente buscando los pensamientos que contiene en ese momento.

    4. A medida que consideres cada uno de ellos, nómbralo primero en términos de la persona o tema central que contiene, y manteniéndolo en la mente, di:

    2No soy el único que experimenta los efectos de este pensamiento sobre ____.

    5. A estas alturas, ya debieras estar bastante familiarizado con el requisito de seleccionar los temas de estas prácticas tan al azar como sea posible, y esto ya no se repetirá cada día, aunque de vez en cuando se incluirá como recordatorio.

    2No obstante, no olvides que sigue siendo esencial que escojas siempre de forma aleatoria los temas que usarás para estos ejercicios.

    3Esta falta de grados de importancia hará que finalmente tenga sentido para ti reconocer también la falta de grados de dificultad en los milagros.IV

    6. Además de aplicar la idea de hoy «cuando sea necesario», se requieren al menos tres sesiones de práctica, acortando el tiempo si es preciso.V

    2No intentes hacer más de cuatro. 


    I En la Lección precedente se afirma que a los demás les afecta mi manera de ver; es decir, el cómo veo. La idea de hoy es más específica: ahora se sostiene que lo que afecta a los demás son mis pensamientos, es decir, mis juicios sobre lo que veo. Esto proporciona una razón adicional para asumir la responsabilidad de nuestros juicios, ya que estos no solo influyen en nuestro estado emocional y, por ende, en nuestra conducta, sino también en los estados emocionales y la conducta de los demás. Esto es evidente, por ejemplo, en el efecto del liderazgo ejercido por políticos, maestros, padres e incluso en la acción salvífica de los maestros de Dios que este Curso propugna.

    Tal como está expuesta aquí, esta idea puede parecer sorprendente, pero en realidad es algo que reconoces en tu interior y que constituye la base de la organización social. El mundo, de hecho, es un acuerdo de las mentes particulares y el fundamento de toda comunicación humana: compartir significados. Esta comunicación, además, no se limita a lo percibido por los sentidos comúnmente admitidos.

    «… cada individuo tiene muchas capacidades de las que no es consciente. A medida que su conciencia se expanda, puede desarrollar facultades que le parezcan bastante sorprendentes» (M-26.1:3-4). Tanto el conocimiento de lo no explícito como la sanación mediante el poder del pensamiento son aspectos naturales para la mente compartida, ya que, en última instancia, todo está contenido en una misma mente.

    II Observa cómo se te intenta enseñar que la causa y el efecto no están separados trabajando con pares de ideas equivalentes y alternas referentes a lo que percibes y a lo que piensas:

    PERCEPCIÓN (L-1: «Nada de lo que veo significa nada») ↔ PENSAMIENTO (L-3: «No entiendo nada de lo que veo» y L-4: «Estos pensamientos no significan nada»).

    PENSAMIENTO (L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo») ↔ PERCEPCIÓN (L-6: «Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí»).

    Otros ejemplos:

    PERCEPCIÓN (L-7) ↔ PENSAMIENTO (L-8)

    PENSAMIENTO (L-10) ↔ PERCEPCIÓN (L-11)

    PENSAMIENTO (L-16) ↔ PERCEPCIÓN (L-17)

    PERCEPCIÓN (L-18) ↔ PENSAMIENTO (L-19)

    III Lo que ves, cómo ves lo que ves y por qué ves lo que ves son todo lo mismo. Ves aquello que quieres ver. La percepción es un acto volitivo; es el resultado de tu voluntad de ver de esa manera. Si ves un mundo fragmentado, compuesto de cosas separadas entre sí, es porque has aceptado como cierta la idea de que tú mismo estás separado, y por ello percibes todo según aquello que crees ser.

    Causa y efecto no están separados; ocurren de manera simultánea. ¿Cómo es que te extraña, entonces, ver un mundo así?

    IV T-1.1 «Lo primero a tener en cuenta acerca de los milagros es que no hay grados de dificultad entre ellos. Uno no es más difícil o mayor que otro. Todos son iguales».

    Esta «indiferencia» a la hora de considerar los temas que usas en tus prácticas tiene una profunda justificación de orden ontológico: si el mundo es una ilusión, cualquier ilusión es igual a cualquier otra con respecto a la realidad, y por eso: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real…» (T-In.3:2-3).

    Has construido un mundo desmembrando la realidad y asignando a esos pedazos distintos atributos y funciones que te afectan de manera diferente y en diferente grado. Para ti, hay una enorme diferencia entre una flor y el cuerpo enfermo de un ser querido; sin embargo, ambas percepciones no dejan de ser historias con las que tu mente se relaciona: ilusiones concebidas por tu mente, proyectadas en un ámbito espacial imaginario y consideradas reales en un ámbito temporal, fugaz e igualmente ilusorio.

    Es imperativo que aprendas a ver igual lo que es igual y a distinguir la realidad de la ilusión.

    V De hecho, este ejercicio de hoy, más que una práctica, debiera ser una actitud permanente. Piensa lo siguiente: si Jesús tiene razón y mis pensamientos afectan a otros de manera inevitable, más vale que vigile mi mente con extraordinario cuidado y no me permita pensar aquello que no quiera compartir.

    Una buena regla para gestionar tu mente de manera honesta y eficaz es rechazar todo pensamiento que no te gustaría que los demás conozcan. La ventaja de seguir este criterio selectivo radica en que, al situar al censor fuera de ti, eres menos permisivo y menos propenso a tolerar pensamientos maliciosos porque ya sabes que no eres impune a ese juez social. No permitas que tu santa mente albergue otra cosa que lo mejor que seas capaz de concebir, porque tú no te mereces menos que eso.

  • LECCIÓN 18

    No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

    1. La idea de hoy es otro paso para aprender que los pensamientos que dan lugar a lo que ves nunca son neutros o irrelevantes.

    2También hace hincapié en la idea de que las mentes están unidas, lo cual se enfatizará más adelante.I

    2. La idea de hoy no se refiere tanto a lo que ves, sino, sobre todo, a cómo lo ves. II

    2Por lo tanto, los ejercicios de hoy resaltan este aspecto de tu percepción.

    3Los tres o cuatro periodos de práctica deben hacerse de la siguiente manera:

    3. Escoge al azar diferentes objetos para aplicar la idea hoy, y mira a cada uno el tiempo suficiente para decir:

    2No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver este/a ____.

    3Concluye la práctica repitiendo esta declaración más general:

    4No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.

    5Un minuto, o incluso menos, será suficiente.


    I La separación no solo configura lo que crees ver, sino que también condiciona el «campo interpretativo» compartido en el que todas las mentes operan. Si «las mentes están unidas», entonces tu modo de ver no permanece confinado a tu burbuja privada: se irradia a ese campo común y, por resonancia, invita a que otros adopten marcos de interpretación afines. No «obligas» a nadie —nadie pierde su libertad—, pero sí ofreces un patrón de lectura que otros pueden aceptar o rechazar. Ver es enseñar, porque toda percepción comunica el sistema de pensamiento que la sostiene.

    Cuando separas, nombras y asignas funciones, no solo te cuentas una historia: la propones. Tu mirada otorga papeles («esto sirve para…», «tú eres…»), y esos papeles tienden a ser aceptados por quienes, al sentirse vistos así, buscan encajar en el guion que perciben. Por eso tu perdón no es un acto interior irrelevante; reescribe silenciosamente los guiones disponibles para todos. La unión mental hace que la elección de tu maestro —el ego o el Espíritu Santo— tenga efectos compartidos: si eliges ver con el ego, refuerzas interpretaciones defensivas y culpabilizadoras; si eliges la Visión de Cristo, amplías la disponibilidad de significados inocentes. En un campo mental unido, ofrecer inocencia es aumentar la probabilidad de que la inocencia sea vista.

    Los llamados «milagros» operan aquí: no cambian primero las formas, sino el marco de significado que ofreces al campo común. Tu decisión de no separar —de no fijar identidades ni funciones desde el miedo— reduce el ruido interpretativo y facilita en otros una lectura más simple y verdadera. Dar es recibir porque, en la unión, lo que ofreces como interpretación retorna a ti como experiencia.

    Implicaciones prácticas para la Lección de hoy:

    Recuerda que cada vez que aplicas «No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver», estás reconociendo el carácter docente de tu percepción. Pregúntate: «¿Qué estoy enseñando ahora con mi manera de ver: miedo o paz?».

    Ante una persona concreta, añade en silencio: «Mi manera de verte te afecta porque nuestras mentes están unidas. Elijo verte tal como te creó Dios». No fuerces nada; limita tu aportación a retirar juicios y a ofrecer disponibilidad de significado inocente.

    Cuando notes que asignas un papel («este es el culpable», «esto es peligroso», «esto no vale»), detente y di: «Estoy proponiendo un guion al campo que compartimos. Prefiero ofrecer uno que libere». Esta rectificación basta para que el campo interpretativo se aclare.

    Si surge conflicto, no busques cambiar primero la conducta ajena. Cambia el marco: «Elijo el Espíritu Santo como mi intérprete». En la unión, esa elección abre para ambos una lectura alternativa donde la paz se vuelve coherente.

    Así, la Lección deja de ser una afirmación aislada y se convierte en una práctica relacional: tu percepción es una invitación continua. Cada vez que eliges ver sin separar, reduces la carga interpretativa del mundo para todos. Esa es la eficacia real de tu aprendizaje: convierte tu modo de ver en un regalo compartido.

    II ¿Cómo ves tú el mundo? ¿Qué haces en realidad cuando dices que ves algo?

    Fíjate bien en lo que ocurre cuando miras una cosa y dices que la ves. En verdad, lo que haces es separarla de la totalidad de lo que percibes, atribuirle un contenido específico, contarte a ti mismo una historia sobre eso que has separado, ponerle un nombre propio y asignarle una función particular. Para ti, ver es separar; esa es la forma en que ves: separando.

    La idea de la separación es omnipresente en tu universo particular. No solo aplica a todo lo que ves, sino también a la idea que tienes de ti mismo y de los demás. Esa manera de ver afecta a los demás, pues los has convertido en entidades tan separadas de todo como tú mismo.

    En cualquier caso, el punto fundamental de la idea de hoy es que todo lo que llamas «lo otro» o «los otros» no es más que «contenidos de tu conciencia», conformados de acuerdo con tu propia voluntad. Percibir es una función de la mente totalmente volitiva e imaginaria.

    No te asustes si se te dice que percibir es fantasear. Al contrario, alégrate, porque eso significa que no eres una «víctima» de lo que percibes, sino el «creador» de tu percepción. Y debes saber también que eres libre y capaz de cambiar todo tu proceso perceptual a voluntad; ese es el fundamento de los milagros.

  • LECCIÓN 17

    No veo cosas neutras.

    1. Esta idea es otro paso para entender cómo opera realmente la relación entre causa y efecto.

    2Tú no ves cosas neutras porque tú no tienes pensamientos neutros.I

    3El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que es al revés.II

    4El mundo no piensa de esta manera, pero debes aprender que así es como realmente piensas tú.

    5De lo contrario, la percepción carecería de causa, y ella misma sería la causa de la realidad.III

    6Teniendo en cuenta que su naturaleza es muy variable, esto es imposible.IV

    2. Al aplicar la idea de hoy, dite a ti mismo con los ojos abiertos:

    2No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.

    3Luego, mira a tu alrededor, posando la mirada en cada cosa que te llame la atención el tiempo suficiente para decir:

    4No veo un/una ____ neutro/a porque mis pensamientos acerca de ____ no son neutros.

    5Por ejemplo, podrías decir:

    6No veo una pared neutra porque mis pensamientos acerca de las paredes no son neutros.

    7No veo un cuerpo neutro porque mis pensamientos acerca de los cuerpos no son neutros.

    3. Como de costumbre, es esencial que no hagas distinciones entre las cosas que contemplas debido a sus atributos, por ejemplo, que sean animadas oinanimadas, agradables o desagradables.

    2Independientemente de lo que creas, no ves nada que esté realmente vivo y sea realmente dichoso.

    3Esto se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento que sea realmente verdadero y, por lo tanto, realmente feliz.

    4. Se recomiendan tres o cuatro sesiones de práctica, siendo necesarias no menos de tres para obtener el máximo beneficio, incluso si experimentas incomodidad. 2Sin embargo, si esto sucede, la duración del periodo de práctica puede reducirse a menos del minuto que se recomienda.


    I Esto es lo mismo que decir que no ves las cosas de manera objetiva porque tus pensamientos no son objetivos. Tú no eres un objeto, eres un sujeto; por lo tanto, tus pensamientos no son objetivos, sino subjetivos, y, en consecuencia, ves de manera subjetiva.

    Ahora, fíjate bien: si a lo que ves lo llamas «objeto» porque creías que pensabas «objetivamente», ¿cómo llamarás a aquello que crees ver ahora que sabes que tus pensamientos son subjetivos? ¿Te das cuenta de la conexión absoluta que existe entre tú y aquello que crees ver fuera de ti? ¿Crees que puede haber alguna posibilidad de que el mundo en el que piensas que vives no sea algo absolutamente subjetivo?

    Recuerda: tus pensamientos son definitivamente subjetivos. Lo que crees ver lleva tan profundamente grabada la impronta de tu propio ser que resulta difícil concluir que ese mundo que percibes no es algo «tuyo».

    «Comprende que cada modo de percepción es subjetivo, que lo que se ve o se oye, se toca o se huele, se siente o se piensa, se espera o se imagina, está en la mente y no en la realidad, y experimentarás paz y libertad del miedo». Sri Nisargadatta Maharaj

    II Hazte la pregunta: ¿qué hay antes del pensamiento? Ciertamente, para ti el mundo no existe antes de que pienses en él. Que el mundo exista o no independientemente de lo que tú pienses no es más que otra de las opiniones que tú tienes. En este sentido, los conceptos de «hecho cierto» y «opinión» son indistinguibles.

    El objetivo de este Curso es invertir completamente la manera de pensar, y este es precisamente uno de los paradigmas sobre los que se asienta dicha inversión. Es uno de los principios gnoseológicos básicos de este Curso: percibir, en realidad, es proyectar. La mente concibe primero un pensamiento y luego lo «ve» proyectado en un mundo imaginario externo a ella misma. Pero, según el paradigma de este Curso, no existe tal cosa como un «mundo externo a ti mismo», sino únicamente la creencia de que eso «existe». Solo hay mente concibiendo pensamientos complejos que se componen de múltiples conceptos solapados, de los cuales no se tiene plena conciencia.

    Por ejemplo, cuando ves una mesa, lo que percibes es en realidad un pensamiento múltiple que incorpora en sí mismo innumerables significados. Por enunciar algunos: las características físicas, estéticas y funcionales de la idea concebida; la creencia de que está ahí «fuera» de ti en un ámbito externo que llamas «espacio»; la percepción de que está presente ahora; la idea de que «yo» lo estoy viendo… Todo esto se reúne en un único concepto que, de manera simplificada, denominas «percepción de una mesa». Alterando cualquiera de estos parámetros, la mente interpreta de manera diferente. Así, la mesa en cuestión puede ser grande o pequeña, fea o bonita, vista por ti ahora o recordada, etc.

    La percepción es el efecto de una elaboración mental, pues la mente es lo único que existe. Esta es la razón por la que este Curso afirma que el mundo es una ilusión. Más adelante se comprenderá que no solo el mundo es una ilusión, sino también la idea que tienes de ti mismo. Esta aparece en la mente del mismo modo en que surge la idea de una mesa.

    Evidentemente, esta noción aterroriza al ego y puede ser —y de hecho lo es— una barrera casi insuperable para el estudiante de este Curso. Sin embargo, es crucial recordar que, en el camino hacia la identificación con tu verdadera identidad como Hijo de Dios, es necesario ir dejando atrás una serie de falsedades muy queridas, lo que este Curso denomina «los obstáculos a la verdad».

    En cualquier caso, te encuentras apenas al principio del Libro de Ejercicios, y por ahora basta con comprender que las cosas que crees ver fuera de ti no tienen otro significado que aquel que tú mismo les has asignado.

    III Esta línea enfatiza que todo lo que observamos está teñido por la forma en que pensamos, destacando la relación entre causa y efecto que propone esta enseñanza: el pensamiento (causa) origina la percepción (efecto). De ello se desprende que la percepción no puede ser neutral, ya que la mente siempre está tomando partido, ya sea desde el ego o desde el amor. En otras palabras, creer que el mundo «allá afuera» dicta nuestros pensamientos implicaría que la percepción sería la causa de la realidad. Sin embargo, el Curso invierte esta perspectiva y afirma que no existen pensamientos neutros: lo que vemos está cargado de significado porque lo hemos impregnado con los significados que surgen de nuestras propias creencias.

    En otras palabras, cada vez que percibimos algo, lo hacemos desde la idea interna que estamos aceptando en ese momento. Este modo de razonamiento contradice la lógica del mundo, que sostiene: «Veo algo y, por lo tanto, pienso X». El Curso propone lo contrario: «Pienso X, y, por lo tanto, veo algo de este modo». De no ser así, la percepción carecería de causa y se convertiría en la causa de la realidad, privando a la mente de su auténtico poder creador y haciendo creer al observador que lo externo determina su experiencia.

    Así, la declaración «No veo cosas neutras» confirma que, en cada experiencia perceptual, la mente siempre opera como la fuente de lo que ve, y lo que ve no puede ser más que un reflejo de lo que realmente piensa.

    IV Llamas ver a pensar que ves. Si la percepción fuera el proceso de captar algo existente externo a ti, ese proceso sería la causa de tu ver, y siempre «verías» lo mismo al contemplar algo. Sin embargo, debes ser consciente de que tu percepción es altamente variable: cambia con el tiempo y difiere entre diferentes individuos. Incluso el sistema de pensamiento del mundo reconoce como cierta la expresión «Ves lo que quieres ver», y esto aplica tanto a objetos como a circunstancias.

    En realidad, estás sentado ante la pantalla de tu conciencia contemplando tus propias proyecciones. Esta es una idea que puede resultarte muy difícil de aceptar, pero que, sin embargo, contiene la llave de tu liberación. No te obsesiones con ella; en lugar de eso, aprende a perdonar aquello que percibes. De este modo, encontrarás primero la paz y, con ella, la verdad que la acompaña.

  • LECCIÓN 16

    No tengo pensamientos neutros.

    1. La idea de hoy es un paso inicial para disipar la creencia de que tus pensamientos no tienen efecto.

    2Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos.I

    3En esto no hay excepciones.

    4Los pensamientos no son grandes o pequeños; poderosos o débiles.

    5Son simplemente verdaderos o falsos.II

    6Los que son verdaderos crean a su propia semejanza.III

    7Los falsos lo hacen a la suya.IV

    2. No hay concepto más contradictorio intrínsecamente que el de «pensamientos ociosos».

    2Difícilmente se puede llamar ocioso a lo que da lugar a percibir todo un mundo.

    3Todo pensamiento que tienes contribuye a la verdad o a la ilusión; o bien extiende la verdad, o bien multiplica las ilusiones.

    4Ciertamente puedes multiplicar lo que no es nada, pero no lo extenderás al hacerlo.V

    3. Además de reconocer que los pensamientos jamás son fútiles, la salvación también requiere que reconozcas que todo pensamiento que tengas traerá paz o conflicto; amor o miedo.

    2Un resultado neutro es imposible, porque concebir un pensamiento neutro también lo es.

    3La tentación de descartar los pensamientos que suscitan miedo como poco importantes, triviales o indignos de atención es tan grande que resulta esencial reconocerlos todos como igualmente destructivos, pero también como igualmente irreales.VI

    4Practicaremos esta idea de muchas formas antes de que realmente la comprendas.

    4. Al aplicar la idea para hoy, busca en tu mente durante un minuto más o menos con los ojos cerrados e intenta, con sinceridad, no pasar por alto ningún pensamiento «insignificante» que tienda a eludir la búsqueda.

    2Esto te resultará bastante difícil hasta que te acostumbres a ello.VII

    3Encontrarás que todavía te resulta muy difícil no hacer distinciones artificiales.VIII

    5. Todo pensamiento que se te ocurra, sin importar la cualidad que le atribuyas, es adecuado para aplicar la idea de hoy.

    2Durante los periodos de práctica, repite primero la idea y, luego, a medida que cada pensamiento cruce tu mente, mantenlo en la conciencia mientras te dices a ti mismo:

    3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.

    4Ese pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.

    6. Como de costumbre, utiliza la idea de hoy siempre que seas consciente de un pensamiento concreto que cause inquietud.

    2Para ello, se sugiere la siguiente forma:

    3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro, porque no tengo pensamientos neutros.

    7. Se recomiendan cuatro o cinco periodos de práctica, si los encuentras relativamente fáciles.

    2Si experimentas tensión, tres serán suficientes.

    3La duración del ejercicio también debe reducirse si se vuelve incómodo.


    I Eres Espíritu (L-97), y la mente es el principio activo del Espíritu (G-1.1). Te experimentas a ti mismo en la mente y como mente. No conoces otra cosa que la mente y no te relacionas con otra cosa que con tus propios pensamientos, pues no hay nada más. A ciertos pensamientos que concibes los llamas «opiniones» y los consideras muy «íntimos». A otros los llamas «cosas» o «circunstancias» y piensas que son externos a ti, pero esa es una creencia falsa, pues no hay nada externo a ti; si lo hubiera, no podrías relacionarte con ello ni conocerlo en absoluto. Tu propio cuerpo, o la idea que tienes de ti mismo, son pensamientos tuyos. Las otras personas con las que crees relacionarte y el mundo donde crees que eso ocurre también están en tu mente, ¿dónde iban a estar si no? Por eso, siempre te relacionas únicamente contigo, y el trato que les das a tus pensamientos es el trato que te das a ti mismo.

    No hay pensamientos neutros porque todos tus pensamientos han aparecido en tu mente por una razón, algo los ha causado, y ese “algo” es tu voluntad; tú tienes aquellos pensamientos que invocas porque quieres experimentarlos. Tanto el mundo que ves (pensamientos a los que llamas “cosas”) o las historias con las que fantaseas (pensamientos que reconoces como ideas) han aparecido en tu imaginario por algún motivo que los ha traído a tu conciencia. No han aparecido de la nada ni al azar, son, más bien, la expresión simbólica de tus miedos y deseos más profundos, y todos cumplen una función.

    El propósito de este Curso de entrenamiento mental es precisamente aprender a gestionar estos pensamientos eligiendo aquellos que sí deseas -los amorosos- y reinterpretando los otros de acuerdo a la guía del Espíritu Santo para eliminar de ellos su componente de ira y de miedo, que es lo mismo. Así, perdonas al mundo al dejar de temerlo y atacarlo, y ese es el comienzo de vivir de una manera lúcida.

    II Todos los pensamientos con los que te relacionas AHORA son falsos, pues te relacionas con ellos en términos de «creencia», que es el modo espurio de usar la mente, que fue creada para «crear» de la misma manera en que ella fue creada. Creer no es más que asignar falsos atributos a tus pensamientos y también pensar que eso que piensas es verdad y que tus pensamientos son algo que en realidad no son.

    III Génesis 1:26 «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”».

    IV Tal como los pensamientos verdaderos o reales crean realidad mediante la extensión del propio ser, los pensamientos falsos forjan ilusiones. Unos «extienden» la realidad, y otros conforman el mundo en la mente egoica. En cualquier caso, los pensamientos nunca son impotentes, pues son causales, y necesariamente han de tener «efectos». Unos se conciben en el ámbito de lo real —lo que el Curso denomina «las Creaciones del Hijo de Dios»—, y otros en el ámbito de la ilusión —las ilusiones—.

    V Esto, obviamente, es una parodia del principio matemático de la nulidad resultante de multiplicar cualquier cifra por cero. El uso que hace el Curso del verbo «extender» es muy difícil de interpretar desde un punto de vista ontológico, pues siempre se utiliza para referirse a la creación de lo real. Así, el Curso afirma: «El Hijo de Dios es una extensión de Dios». La mente humana —la autolimitada mente del Hijo de Dios— está configurada para concebir formas, ilusiones, no conceptos reales, que son perfectamente abstractos.

    Por esta razón, la relación de lo real consigo mismo da lugar al verbo incomprensible «extender», que, si bien apunta a la idea de «aumentar», tampoco puede interpretarse literalmente en ese sentido, ya que aumentar implica cambio, y la realidad es inmutable. Estas son las limitaciones inherentes al lenguaje, que, en definitiva, es un instrumento para la comunicación de conceptos en el ámbito de la dualidad, pero resulta ineficaz para describir la realidad, que es no dual.

    VI La salvación —la buena noticia, el evangelio— radica precisamente en que los pensamientos de miedo, carentes de amor, son irreales. Por eso, el miedo es infundado. Esto es comparable a cuando tenemos una pesadilla y nos vemos amenazados en nuestros sueños nocturnos por una figura espantosa, que siempre será un símbolo de una falta de perdón. Al despertar, comprendemos que el miedo era infundado; lo que nos atemorizaba era una ilusión.

    Sin embargo, del sueño del mundo no se despierta en el mundo. Si crees estar en el mundo, no puedes permitirte el lujo de descartar alegremente los falsos pensamientos carentes de amor, pues sus efectos los experimentarás sin duda en él. Es necesario reconocer el carácter destructivo de estos pensamientos y el poder que tienen para amargarte la «vida».

    Aunque la solución definitiva es despertar del sueño del mundo, la estrategia consiste en sanar la mente. Primero, tomando conciencia del poder de tus «malos» pensamientos en el mundo; luego, pidiendo «ver esto de otra manera» para eliminarlos. Esto es, precisamente, la Expiación.

    VII Esta es una frase importante porque señala el sacrosanto principio del Curso de la vigilancia mental, la tarea fundamental y permanente del estudiante de Un Curso de Milagros: vigilar siempre su mente, estar atento y ser consciente de todo pensamiento que le surja. Por regla general, cualquier pensamiento que emerge de forma inopinada es una manifestación del ego, de sus grandiosas aspiraciones o de sus miedos más profundos. Es esencial tomar conciencia de esto, y esta necesidad nunca se recalcará lo suficiente.

    Una vez que se ha tomado conciencia de ese pensamiento, es imprescindible entender con absoluta claridad que es falso y destructivo, y que, en el mejor de los casos, solo servirá para perder el tiempo en vanas fantasías. El flujo compulsivo de pensamientos egoicos es siempre una señal de que encontramos la realidad presente insatisfactoria y no merecedora de nuestra atención ni aprecio, por lo que la sustituimos con fantasías.

    La mente sana, iluminada por la pura conciencia de ser, es dichosa, y lo que contempla —el mundo real— siempre resulta plenamente satisfactorio y suscita júbilo.

    VIII Esto también es fundamental. Es imprescindible que tomes conciencia de que ahora te relacionas con tus propios pensamientos según una escala o baremo artificial que tú mismo has establecido, y que los clasifica atribuyéndoles de manera arbitraria un valor o relevancia. Así, crees que hay pensamientos relacionados con ciertos conceptos que son más «valiosos» o importantes que otros. En realidad, lo que haces es clasificar ilusiones, sin percatarte de que todas ellas son lo mismo: todas son falsas.

    Una idea que te resulta especialmente difícil de aceptar es que el Espíritu Santo no comparte tu escala de valores ilusorios. Crees que, con toda seguridad, Él te prestará más atención y cuidados si le pides entre lágrimas que te cure un tumor canceroso maligno y letal, que si le preguntas qué te convendría más, un helado de fresa o uno de limón. Pero Él no lo ve así. Él solo percibe que el Hijo de Dios está soñando y necesita despertar. El contenido del sueño es irrelevante para Él. Sin embargo, no lo es para ti, y ahí radica el problema, porque ese contraste imaginario entre ilusiones es precisamente lo que mantiene tu sueño.

    Este es un Curso radical. No tiene como objetivo «mejorar» tu vida en este mundo, sino llevarte a despertar de la ilusión de que estás en él.

  • LECCIÓN 15

    Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.I

    1. Debido a que los pensamientos que crees pensar aparecen como imágenes, no los reconoces como algo que no es nada.

    2Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves.

    3Así es como se produjo tu «ver».

    4Esta es la función que le has dado a los ojos de tu cuerpo.

    5Eso no es ver.

    6Eso es fabricar imágenes.

    7Y es lo que ocupa el lugar de la visión, reemplazándola con ilusiones.

    2. Esta idea introductoria al proceso de fabricar imágenes, que tú llamas ver, probablemente no tenga mucho significado para ti ahora.

    2Empezarás a entenderla cuando hayas visto pequeños bordes de luz alrededor de los mismos objetos familiares que ves ahora.II

    3Ese es el comienzo de la verdadera visión.

    4Puedes estar seguro de que la verdadera visión no tardará en llegar cuando esto suceda.

    3. A medida que avances, es posible que experimentes muchos «episodios de luz».III

    2Estos pueden manifestarse de muchas formas diferentes, algunas de ellas bastante inesperadas.

    3No los temas.

    4Son señales de que, finalmente, estás abriendo los ojos.

    5No durarán, porque simplemente simbolizan la percepción verdadera y no están relacionadas con el Conocimiento.

    6Estos ejercicios no te revelarán el Conocimiento.

    7Pero prepararán el camino que conduce a Él.IV

    4. Al practicar la idea de hoy, repítela primero en silencio y luego aplícala a cualquier cosa que veas a tu alrededor, usando su nombre mientras la miras y dices:

    2Este/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.

    3Ese/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.

    4No es necesario incluir un gran número de objetos específicos en cada sesión.

    5Sin embargo, es importante seguir contemplando cada uno de ellos mientras repites la idea para tus adentros.

    6La idea debe repetirse muy lentamente cada vez.

    7Aunque no podrás aplicar la idea a muchas cosas durante el minuto de práctica que se recomienda, trata de hacer la selección de la manera más aleatoria posible.

    5. Si empiezas a sentirte incómodo, menos de un minuto será suficiente para el ejercicio.

    2No apliques la idea de hoy más de tres veces, a menos que te sientas completamente cómodo con ella, y no excedas las cuatro veces.

    3No obstante, puedes usarla a lo largo del día si es necesario.V


    I La práctica de esta Lección te invita a responsabilizarte del significado que tú mismo has atribuido a todas las cosas. La mayoría de las veces, serán significados que has aprendido de otros a través de ese proceso que el mundo denomina «educación». Sin embargo, en cualquier caso, dicho significado siempre tendrá un carácter profundamente personal. Un objeto nunca será exactamente lo mismo para una persona que para otra. La prueba de ello radica en la «resonancia emocional» específica que las cosas del mundo tienen para cada individuo.

    Quizá con esta práctica también logres comenzar a comprender que toda experiencia de la que eres consciente es, en esencia, un proceso mental. Las cosas que contemplas, los objetos que percibes y los lugares en los que crees encontrarte son, en realidad, ideas en tu mente y no poseen significado ni existencia propia. Sin la mente, no hay mundo; pero la mente no necesita del mundo para existir. Eso que llamas «mundo» no es más que una idea en tu mente, configurada a partir de un conjunto de matices, contrastes y consideraciones. El mundo no existe, pero basta con que en tu mente haya una creencia de que existe para que lo percibas como algo real y externo a ti. No obstante, eso no es más que una opinión tuya, y además, errónea.

    No solo es un error creer en la existencia de un mundo fuera de ti; también es completamente falsa la idea que tienes acerca de ti mismo. De hecho, el mundo no es más que un reflejo de ese otro error fundamental.

    Tu mente no puede albergar de manera simultánea dos ideas que se contradicen. Mientras sigas aferrándote a tus viejas creencias con entusiasmo, la verdad no podrá manifestarse en tu mente. Por esta razón, la Primera Parte del Libro de Ejercicios está dedicada a deshacer tu forma errónea de percibir la realidad. Sin este paso, te sería imposible abrir los ojos y abandonar el sueño de separación que hoy te resulta tan convincente.

    II Estos «bordes de luz» son aureolas que se pueden observar alrededor de los objetos. Son fronteras de luz que destacan los objetos de su entorno. Esta experiencia está profundamente relacionada con el diálogo interno y ocurre cuando miras algo y detienes ese diálogo incesante que mantienes contigo mismo; sucede en ausencia de ego, en ausencia de «interpretación». El «brillo» que observas fluctúa según el estrés que genera esa condición mental al reprimir el ego. Recuerda que el ego es codicioso y tratará de apropiarse de esa experiencia para interpretarla; sin embargo, no es para eso. Por ahora, lo único que necesitas saber es que esas percepciones provienen de un estado de silencio mental.

    III Ken Wapnick explica que esta referencia a los «episodios de luz» y la advertencia de no temerlos fue incluida por Jesús para aliviar la ansiedad de Cal Hatcher, un colega de Bill y Helen (Ausencia de felicidad, pág. 304). Según Ken, antes de que comenzara la escritura del Curso, Cal habló con Bill sobre los episodios de luz que había estado experimentando y que le aterrorizaban. Al inicio del dictado, Bill le comentó a Cal sobre el Curso, quien mostró un interés inmediato. Como resultado, ambos se reunían con frecuencia en la oficina de Bill a primera hora de la mañana para repasar las notas más recientes.

    Es posible que estos «episodios de luz» también hagan referencia a la percepción de «auras» y «chakras», conceptos comunes en la cultura de la India, o incluso a la forma en que los brujos describen a los humanos como «huevos de luz», tal como lo relata Carlos Castaneda en sus obras. En cualquier caso, esto no debe ser motivo de preocupación ni un requisito indispensable para el estudiante de este Curso. La única misión del estudiante es alcanzar la paz, extenderla y salvar el mundo en su mente a través del perdón y la guía del Espíritu Santo. En última instancia, toda experiencia perceptual es ilusoria y constituye únicamente una forma simbólica de expresar o traducir en términos sensoriales la «visión verdadera».

    IV Conocer no es un fenómeno perceptual y no guarda relación alguna con adquirir información sobre algo ajeno a ti mismo, ya que eso, en realidad, es imposible, pues no existe nada ajeno a ti. Conocer, Amar y Crear son los tres aspectos fundamentales del Ser, y son uno y lo mismo.

    No te obsesiones con los episodios de luz, no los persigas ni desees experimentarlos. No estás buscando «luces», sino recordar quién eres, recordar a tu Padre y sentir Su Amor dentro de ti. Todo lo que no sea eso no es más que una «anécdota» en tu camino espiritual.

    Recuerda que siempre cuentas con un Guía que te acompaña. Él te enseñará a interpretar correctamente todo lo que te suceda. Solo necesitas estar dispuesto a escucharle, y Él no se comunicará contigo con palabras, sino con certeza.

    V Esta línea fue escrita a mano posteriormente. En las Notas de Helen no aparece.

  • LECCIÓN 14

    Dios no creó un mundo sin significado.

    1. La idea de hoy es, por supuesto, la razón por la que un mundo sin significado es imposible.I

    2Lo que Dios no creó no existe.

    3Y todo lo que existe, existe tal como Él lo creó.

    4El mundo que ves no tiene nada que ver con la Realidad.

    5Es fruto de tu propia factura, y no existe.II

    2. Los ejercicios de hoy deben practicarse con los ojos cerrados durante todo el tiempo.

    2El periodo de búsqueda mental debe ser corto, un minuto como máximo.

    3No hagas más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy, a menos que te sientas cómodo.

    4Si es así como te sientes, será porque realmente entiendes para qué sirven.

    3. La idea de hoy es otro paso en el proceso de aprender a abandonar los pensamientos que has inscrito en el mundo y a ver la Palabra de Dios en su lugar.III

    2Los primeros pasos de este intercambio, al que en verdad se le puede llamar salvación, pueden ser bastante difíciles, e incluso bastante dolorosos.

    3Algunos de ellos te conducirán directamente al miedo.

    4Mas no se te dejará ahí.

    5Trascenderás ese miedo e irás mucho más allá, pues nos dirigimos hacia la perfecta seguridad y la perfecta paz.

    4. Con los ojos cerrados, piensa en todos los horrores del mundo que pasen por tu mente.

    2Nombra cada uno tal como tú lo ves, y luego niega su realidad.

    3Dios no creó eso, y esa es la razón por la que no es real.

    4Di, por ejemplo:

    5Dios no creó esa guerra en ____, por lo tanto, no es real.IV

    6Dios no creó el accidente de avión en ____, por lo tanto, no es real.

    7Dios no creó ese desastre [especifica cuál] en ____, por lo tanto, no es real.

    8Dios no creó esa enfermedad [especifica cuál y nombra a la persona], por lo tanto, no es real.

    5. Los temas adecuados para aplicar la idea de hoy también incluyen todo lo que temes que te pueda ocurrir a ti o a cualquiera que te importe.

    2En cada caso, nombra el «desastre» de manera muy específica.

    3No uses términos generales.

    4Por ejemplo, no digas «Dios no creó la enfermedad», sino «Dios no creó el cáncer», o los ataques al corazón, o cualquier cosa que te atemorice.

    6. Lo que estás contemplando es tu repertorio personal de horrores.

    2Esas cosas forman parte del mundo que ves.

    3Algunas de ellas son ilusiones compartidas, y otras son parte de tu infierno personal.

    4Eso no importa.

    5Lo que Dios no creó solo puede estar en tu propia mente separada de la Suya.

    6Por lo tanto, no tiene ningún significado.

    7En reconocimiento de este hecho, concluye los periodos de práctica repitiendo la idea de hoy:

    8Dios no creó un mundo sin significado.

    7. La idea de hoy puede aplicarse, por supuesto, a cualquier cosa que te perturbe a lo largo del día, aparte de los periodos de práctica.

    2Sé muy específico al aplicarla.

    3Di:

    4Dios no creó un mundo sin significado.

    5Él no creó [especifica la situación que te perturba], por lo tanto, no es real.


    I L-13.1:2 «De hecho, un mundo sin significado es imposible».

    II Toda cultura humana posee una narrativa que explica el origen del universo percibido, conocida como «cosmogonía». Esta puede adoptar una naturaleza científica, mitológica o religiosa, pero en todos los casos se basa en la premisa de que aquello que percibes es real. En este sentido, todas las cosmogonías humanas comparten una similitud esencial, salvo aquellas de carácter no dualista, como la que propone este Curso. Aquí se te enseña que el mundo es una ilusión y que todo lo que percibes es irreal. De hecho, este Curso sostiene que percibir es comparable a soñar: solo la mente es real, y todo lo que crees percibir no es más que pensamientos concebidos por ti que nunca han abandonado su fuente, tu propia mente.

    El Texto comienza afirmando: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real». Aunque la inexistencia de lo que no es real pueda parecer evidente, lo que no resulta tan claro es que todo lo que percibes pertenece a esa categoría de irrealidad. La introducción culmina con estas palabras: «En eso radica la Paz de Dios».

    La Paz de Dios es, precisamente, la salvación que buscas en este mundo que tanto te perturba. Sin embargo, si el mundo no es real, ¿por qué habrías de afligirte? Si alcanzaras la conciencia de su irrealidad, ¿no disfrutarías entonces de la Paz de Dios?

    Sufres, temes, culpas y te culpas porque crees que el mundo en el que vives es verdadero. Pero, ¿acaso crearía Dios un mundo así? Si Dios no lo creó, entonces el mundo no existe; y si el mundo existe, entonces Dios no es real. En última instancia, no hay más alternativas que estas.

    La Lección de hoy te invita a tomar una decisión entre ambas posibilidades y, una vez que lo hagas, a descansar e ignorar cualquier interpretación que la voz del ego intente ofrecerte sobre lo que percibes. Este Curso es extremadamente simple, y esa es su esencia. Esta es la piedra angular sobre la que se construye todo su sistema ontológico: su explicación de lo que es real.

    Para adoptar este planteamiento, será necesario un cambio profundo en tu mente. Ahora te encuentras apenas en el inicio de ese proceso. Es natural que, en este punto, la idea de que todo lo que crees amar, así como todo lo que temes y odias, no sea real, te resulte igualmente perturbadora. Tu mente ha sido condicionada desde el momento en que abriste los ojos al mundo a aceptar una cierta descripción de la realidad. Todo lo que se te ha enseñado y todo lo que te has repetido a ti mismo desde entonces es falso, y precisamente esa es la razón por la que piensas como piensas y crees lo que crees.

    Se te ha explicado, y eres consciente de ello, que este es un Curso diseñado para entrenar tu mente en una nueva forma de interpretar la realidad. Estás apenas comenzando este camino. No se espera que abraces con entusiasmo las nuevas propuestas desde el inicio, ni es necesario que lo hagas. No tienes que creer ciegamente en nada de lo que aquí se te enseña, ya que creer, por sí solo, no te conducirá al verdadero conocimiento.

    Simplemente, mantén tu mente abierta a una nueva posibilidad y empieza a experimentar los efectos por ti mismo. Con el tiempo, irás adquiriendo una comprensión más profunda de la verdad, sin que nadie tenga que convencerte de ella.

    III L-12.6:7-8 «Bajo tus palabras está escrita la Palabra de Dios. La verdad te desconcierta ahora, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya»

    IV Helen originalmente escribió «la guerra en Vietnam» —esto fue en 1969—, pero luego cambió la frase para que se leyera de esta otra manera. La referencia a Vietnam, sin embargo, te muestra el tipo de especificidad que se te pide en este ejercicio.

  • LECCIÓN 13

    Un mundo sin significado engendra temor.

    1. La idea de hoy es una variante de la anterior, salvo que es más específica en cuanto a la emoción que suscita.

    2En realidad, un mundo sin significado es imposible.

    3No existe nada que no tenga significado.

    4Sin embargo, de esto no se deduce que no creas percibir algo que no tiene significado.

    5Por el contrario, eres muy propenso a pensar que sí lo percibes.

    2. El reconocimiento de la falta de significado despierta una intensa ansiedad en todos los que se perciben como separados.I

    2Representa una situación en la que Dios y el ego se «desafían» mutuamente en cuanto al significado que debe adscribirse al espacio vacío que presenta la falta de significado.II

    3El ego se apresura frenéticamente a establecer allí sus propias «ideas», temeroso de que el vacío pueda utilizarse para demostrar su propia irrealidad.III

    4Y solo en esto tiene razón.

    3. Es esencial, por lo tanto, que aprendas a reconocer lo que no tiene significado como tal y lo aceptes sin temor.

    2Si tienes miedo, con toda seguridad dotarás al mundo de atributos que no posee y lo llenarás de imágenes que no existen.

    3Para el ego, las ilusiones son recursos que proporcionan seguridad, tal como deben serlo para ti, que te identificas con él.IV

    4. Los ejercicios de hoy, que deben hacerse unas tres o cuatro veces durante no más de un minuto como máximo cada vez, deben practicarse de una manera algo diferente a los anteriores.

    2Con los ojos cerrados, enuncia la idea de hoy.

    3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor lentamente, diciendo:

    4Estoy contemplando un mundo que no significa nada.

    5Repite esta declaración en silencio mientras miras a tu alrededor.

    6Luego, cierra los ojos y concluye con:

    7Un mundo sin significado engendra temor, porque pienso que estoy compitiendo con Dios.

    5. Tal vez te resulte difícil no poner algún tipo de resistencia a esta declaración final.

    2Cualquiera que sea la forma en que se manifieste esa resistencia, dite a ti mismo que la verdadera razón por la que tienes miedo de ese pensamiento es debido a la «venganza» del «enemigo».

    3No se espera que a estas alturas creas esta afirmación, y probablemente trates de descartarla por absurda.

    4No obstante, toma buena nota de cualquier señal de temor evidente o encubierto que esa idea pueda despertar.V

    6. Este es nuestro primer intento de establecer una relación explícita de causa y efecto de un tipo que aún eres muy inexperto en reconocer.VI

    2No te entretengas en la declaración final, y no trates siquiera de pensar en ella excepto durante los periodos en que haces el ejercicio.

    3Eso será suficiente por ahora.


    I Si lo que percibo en el mundo carece de significado, entonces el pensamiento en mi interior que lo originó tampoco lo tiene. Y dado que yo me identifico con mis pensamientos, esto implica que yo mismo carezco de significado, es decir, que no existo.

    La ansiedad surge porque, en algún nivel, reconozco que esta falta de significado se extiende a mi propia existencia individual, separada y egoica.

    II Esta es una forma de explicar lo que sucede en tu mente, aunque, naturalmente, no es como tú lo percibes. Al haberte identificado con el ego, interpretas los acontecimientos de tu mente desde su perspectiva.

    III Esta figura algo grotesca del ego, abalanzándose para asignar significados, no debería sorprenderte, porque eso es precisamente lo que ocurre en tu mente constantemente. Eso es lo que llamas «pensar», «mis pensamientos» o tu «diálogo interno». No es más que el frenesí del ego por conferir significado a las ilusiones.

    No es que tu mente haya sido poseída por el ego; eso no es así. El ego no es nada, y tú tienes todo el poder. Lo que sucede es que has elegido escuchar esa voz, que no es más que el efecto en tu santa mente de haber aceptado la idea de la separación, lo que podríamos llamar “el ego como efecto”. Tú eres libre, siempre lo has sido y siempre lo serás. Sin embargo, en tu situación actual, esa libertad reside únicamente en decidir qué voz eliges escuchar.

    Tú no generas ni produces los pensamientos que crees tener; simplemente los suscribes. Ese «pensar», por llamarlo de alguna manera, es una figuración automática de tu mente que transforma tus miedos y deseos en «formas». Es similar a lo que ocurre en tus sueños nocturnos: un lenguaje figurativo con el que tu subconsciente se comunica con tu conciencia, una fantasía, una ilusión que puedes optar por considerar real, o no.

    La idea de estar separado —el ego como causa— no tiene sustancia porque no es real. Tú, que sí eres real, no estás separado. Sin embargo, sostener esa idea genera en tu mente una burbuja de ilusión a la que llamas mundo personal o identidad personal —el ego como efecto—. No podrás escapar de ella mientras le atribuyas realidad y significado. Esa burbuja ilusoria, tan frágil como una pompa de jabón, se mantiene gracias a tu credulidad, y esa es la razón por la que necesitas el perdón para desvanecerla.

    IV Como vimos anteriormente en la primera nota de la L-11, las ilusiones son mecanismos compensatorios que intentan mitigar el horror vacui de una supuesta existencia separada de Dios. Reconocer que lo que contemplas no significa nada exige una honestidad impecable, pero es algo que está a tu alcance y que puedes permitirte.

    No temas. No perderás nada real al aceptar esta verdad; solo dejarás atrás las limitaciones imaginarias con las que has construido tu insignificante identidad. No temas la expansión de conciencia que la verdad traerá consigo. Tú no fuiste creado para ser esclavo de una idea absurda y sufriente. Trata de recordar aquello a lo que tu corazón te está llamando. Abandona el miedo y camina con confianza hacia Dios, hacia tu verdadero Ser.

    V Ese miedo atávico y profundo que inquieta tu mente no es, en realidad, más que un gesto infantil e irrelevante que de ningún modo ofende a tu Padre. A partir de ese supuesto «pecado original», has creado un enemigo imaginario que te ha llenado de temor y que has ocultado en lo más profundo de tu conciencia. Aunque no está realmente ahí, tu creencia en su existencia basta para que lo percibas como real.

    Ahora se manifiestan ante ti los descendientes de ese miedo ancestral, los «hijos de los hijos de los hijos» de aquella fantasía que inventaste al imaginar que habías abandonado tu hogar llevándote unos cuantos «tesoros». Tú eres el hijo pródigo, y seguramente recuerdas cómo termina esa historia.

    VI Lo que se te presenta aquí es, nada más y nada menos, el temor a Dios, el último obstáculo a la paz. Estas son palabras mayores, y por eso Jesús te aconseja que no te entretengas con la idea más de lo que es necesario para hacer el ejercicio; tan solo tenla presente, porque es la verdad.

    Será en la Segunda Parte de este Libro de Ejercicios donde comenzarás a redimir esta profunda confusión que, literalmente, te está amargando la vida.

  • LECCIÓN 12

    Estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.

    1. La importancia de esta idea radica en el hecho de que corrige una importante distorsión en la manera en la que percibes.

    2Piensas que lo que te disgusta es un mundo temible, triste, violento o demente.

    3Todos estos atributos se los has dado tú.

    4El mundo en sí mismo no tiene significado.I

    2. Estos ejercicios se hacen con los ojos abiertos.

    2Mira a tu alrededor, esta vez bastante despacio.

    3Trata de pasar lentamente tu mirada de una cosa a otra de una manera bastante uniforme.

    4No varíes el tiempo que empleas en considerar cada cosa que ves; trata de mantener el mismo ritmo durante todo el ejercicio.

    5Lo que ves no importa.

    6Te enseñas esto a ti mismo al concederle igual atención y tiempo a todo lo que miras.

    7Este es un paso inicial para aprender a darle el mismo valor a todo lo externo.

    3. Mientras miras a tu alrededor, dite a ti mismo:

    2Creo ver un mundo temible, un mundo peligroso, un mundo hostil, un mundo triste, un mundo malvado, un mundo demente…

    3Y así sucesivamente, usando cualquier término descriptivo que se te ocurra.

    4. Si se te ocurren términos que parecen ser positivos en lugar de negativos, inclúyelos también.

    2Por ejemplo, podrías pensar en «un mundo bueno» o «un mundo satisfactorio».

    3Si se te ocurren tales calificativos, úsalos junto con los otros.

    4Puede que todavía no entiendas por qué esos adjetivos «agradables» forman parte de estos ejercicios, pero recuerda que un «mundo bueno» implica un «mundo malo», y un «mundo satisfactorio» implica uno «insatisfactorio».

    5Todos los términos que pasan por tu mente son adecuados para los ejercicios de hoy.

    6Su aparente calidad no importa.

    5. Asegúrate de no variar la duración del tiempo en el que aplicas la idea de hoy a lo que te parece agradable y a lo que te parece desagradable.

    2Para los propósitos de estos ejercicios no hay diferencia entre ambos.

    3Al final de la sesión de práctica, añade:

    4Pero estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.II

    6. Lo que no tiene significado no es ni bueno ni malo.

    2¿Por qué entonces debería disgustarte un mundo que no tiene significado?

    3Si pudieras aceptar el mundo como algo que no significa nada y dejaras que la verdad se reflejara en él, eso te haría enormemente feliz.

    4Pero debido a que el mundo no tiene significado, te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea.III

    5Eso es lo que ves en él.

    6Y eso es lo que en verdad no significa nada.

    7Bajo tus palabras está inscrita la Palabra de Dios.

    8Lo que ahora te disgusta es la verdad, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya.IV

    9Ese es el objetivo último de estos ejercicios.

    7. Practicar la idea de hoy tres o cuatro veces es suficiente.

    2Ninguna de estas sesiones debe prolongarse más de un minuto.

    3Es posible que incluso eso se te haga demasiado largo.

    4Suspende el ejercicio si experimentas tensión.


    I El significado de algo es el contenido que un signo o símbolo expresa, y dado que has construido un universo de símbolos desprovistos de amor, lo que percibes a tu alrededor te desagrada. Pero, ¿cómo podría ser de otra manera?

    ¿Crees que podrías encontrar satisfacción en algo que carece de amor, algo que no está hecho de la misma sustancia que tú, el Amor de Dios? Lo que realmente te disgusta es la irrealidad del mundo que ves, porque, en lo más profundo de ti, reconoces que ese mundo no es real, ya que no se parece a ti.

    Si ese mundo fuera como tú, ciertamente lo amarías. Pero aquello que tú sí has creado, que es como tú y amas, no se llama «mundo». Eso es real, y este Curso lo denomina «las Creaciones del Hijo de Dios».

    II En el Texto hay una práctica semejante a esta (T-14.XII.9:1-4): «Y cuando tu paz se vea amenazada o perturbada de CUALQUIER manera, dite a ti mismo: No conozco el significado de nada, TAMPOCO DE ESTO. Por eso, NO sé CÓMO RESPONDER A ELLO. Y no usaré lo que aprendí por mí mismo en el pasado para que me guíe ahora».

    III Esto es, precisamente, lo que te disgusta: los significados que tú mismo has asignado al mundo. Reflexiona por un momento sobre lo que aquí se dice: «… te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea».

    ¿No te resulta sorprendente que desees ver, justamente, un mundo que te desagrada? Esta afirmación es tan impactante que merece que te detengas y te preguntes a ti mismo si realmente es así. Sin embargo, es probable que, por ahora, no hayas logrado desarrollar la honestidad y la claridad necesarias para reconocer las cosas tal como son.

    No descartes esta idea, pero tampoco te sientas obligado a aceptarla como cierta solo porque se te ha dicho. Tómate el tiempo necesario para considerarla con calma. Obsérvate, analiza tu mente. Puede que te lleve días, meses, años… o incluso vidas. Eso no importa. Lo importante es no olvidarla, porque el poder de esta idea para liberar tu mente es extraordinario. Cuando finalmente comprendas con claridad que sufres precisamente porque eliges sufrir, habrás descubierto la clave de la felicidad.

    IV Lo que ahora te disgusta es la verdad de que el mundo que ves no tiene ningún significado en sí mismo.

  • LECCIÓN 11

    Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado.I

    1. Esta es la primera idea vinculada a una fase crucial del proceso de corrección: la inversión de la manera de pensar del mundo.II

    2Parece que es el mundo quien determina lo que percibes.

    3La idea de hoy introduce el concepto de que son tus propios pensamientos los que configuran el mundo que percibes.III

    4Se requerirá mucha práctica para llegar a aceptar esta idea como verdadera.IV

    5Alégrate sinceramente de practicarla tal como se presenta aquí, ya que esta idea garantiza tu liberación.V

    6En ella se encuentra la clave del perdón.VI

    2. Las sesiones de práctica de la idea de hoy deben realizarse de una manera algo diferente a las anteriores.

    2Comienza con los ojos cerrados y repite la idea lentamente para ti mismo.

    3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor, tanto cerca como lejos, arriba o abajo; a cualquier lugar.

    4Durante el minuto que dediques a practicar esta idea, simplemente repítela en silencio, asegurándote de hacerlo sin prisa y sin ninguna sensación de urgencia o esfuerzo.

    3. Para conseguir el máximo beneficio de estos ejercicios, tu mirada debe ir bastante rápido de una cosa a otra, ya que no debe detenerse en nada en particular.

    2Las palabras, sin embargo, deben pronunciarse sin prisa, incluso de manera relajada.VII

    3Practica la idea de la manera más natural posible.

    4Contiene el fundamento de la paz, la relajación y la ausencia de preocupaciones que estamos tratando de alcanzar.VIII

    5Al concluir los ejercicios, cierra los ojos y repite lentamente la idea una vez más.

    4. Tres sesiones de práctica hoy probablemente serán suficientes.

    2Aunque, si sientes poca o ninguna inquietud, y te apetece continuar, puedes hacer hasta cinco.

    3Más de eso no es recomendable. 


    I El mundo que creo percibir fuera de mí, al que llamo «la realidad», no tiene un significado intrínseco; únicamente posee el que yo le he asignado a través de pensamientos que, en sí mismos, tampoco tienen significado. Estos pensamientos, concebidos como «formas» insustanciales —la voz del ego—, son el producto de un miedo primigenio: la aparente separación de Dios, Quien es la Existencia misma. En esencia, dichos pensamientos expresan la idea de la separación.

    La aparición de un mundo ficticio ante los ojos de un personaje igualmente ficticio actúa, en cierto sentido, como un mecanismo de protección, ya que la idea de estar separado de la Realidad —la soledad absoluta— resulta aterradora e insoportable para la mente. Y, como la naturaleza aborrece el vacío, la mente que contempla esa idea «inventa» una pantalla imaginaria —la conciencia— sobre la cual proyecta sus miedos y deseos. De este modo, la mente sueña el mundo que cree real. Además, dado que la idea de ser un «yo» aislado y apartado de todo es, por naturaleza, fragmentaria, todo lo que percibo aparece también fragmentado y separado.

    Aquello que llamo «realidad», «mundo» o «materia», y que considero algo externo, no es más que un conjunto de ideas sin significado que nunca han salido de mi mente, pues solo existen en ella. Este mundo aparentemente está compuesto de elementos cada vez más pequeños —órganos, células, moléculas, átomos, quarks— que surgen como resultado de un proceso disgregador que culmina en la insustancialidad de la indeterminación cuántica.

    ¿Te has preguntado alguna vez por qué nunca se ha encontrado algo que no esté en perpetuo cambio cuando se examina a fondo? Y si todo cambia constantemente para transformarse en otra cosa, ¿no es precisamente esa naturaleza cambiante lo que definimos como ilusión?

    II «… son tus pensamientos los que determinan el mundo que ves» (1:3) es uno de los principios fundamentales del Curso. Esta idea da origen a la célebre afirmación: «Por lo tanto, no trates de cambiar el MUNDO, sino procura más bien cambiar tu forma de pensar SOBRE el mundo» (T-21.I.1:7).

    La mente existe; el mundo, en sí mismo, no. Tendemos a creer que el mundo causa —o al menos influye en— lo que pensamos, pero este Curso enseña que es la mente la verdadera causa de todo, mientras que el mundo no es más que el efecto de una mente obnubilada.

    III Por primera vez se introduce aquí una idea sorprendente, que se repetirá en diversas formas más adelante, como: «Yo SOY responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3). Esto implica que mis opiniones sobre el mundo no son consecuencia de que el mundo sea de una determinada manera; al contrario, soy yo quien fabrica el mundo que percibo a partir de mi manera de pensar. El mundo no es la causa de mis opiniones, sino su efecto.

    Esta noción es un pilar fundamental en la ontología del Curso y constituye la base del perdón. Dado que el mundo, en sí mismo, carece de significado, lo que realmente perdono son mis propios pensamientos carentes de significado. Precisamente porque estos pensamientos son irreales, ellos son los que dan forma a un mundo culpable que yo mismo he inventado.

    IV Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero no en versiones posteriores, ni en el Urtext.

    V No eres víctima del mundo que crees ver, sino de aquello que te cuentas a ti mismo.

    VI El mundo no tiene culpa de nada. La culpabilidad que percibo en él es una proyección de mi propia mente. Si lo que observo en el exterior es el resultado de pensamientos carentes de significado, entonces no hay nada en ese mundo aparentemente externo que merezca ser «culpado». Lo único que necesita ser corregido son mis propios pensamientos.

    VII A diferencia de los ejercicios anteriores, en este no aplicas la idea de manera concreta a los objetos que te rodean nombrándolos mientras lo haces. En lugar de eso, la repetición de la idea y el cambio en tu mirada no ocurren de forma simultánea. Ambas actividades se desarrollan a ritmos diferentes: la rapidez con la que diriges tu mirada contrasta con la lentitud con la que repites la idea.

    VIII Puedo despreocuparme y perdonar lo que percibo porque carece de significado. Solo condeno y juzgo cuando creo que estoy viendo algo con significado: algo malo, perverso o terrible. Sin embargo, si aquello que percibo no tiene significado, no hay razón para condenarlo.

    Y si mi mente es la causa de lo que veo, ¿cómo podría juzgarlo? Lo único que puedo hacer es reconocer, como afirma el Texto, que «soy responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3) y elegir cambiar mi propia mente.

  • LECCIÓN 10

    Mis pensamientos no significan nada.I

    1. Esta idea aplica a todos los pensamientos de los que eres consciente o de los que tomas conciencia en los periodos de práctica.

    2La razón por la que la idea es aplicable a todos ellos es que no son tus Pensamientos reales.

    3Hemos hecho esta distinción antes, y la haremos de nuevo.II

    4Todavía no tienes una base para hacer esta comparación.

    5Cuando la tengas, no te cabrá la menor duda de que lo que antes creías que eran tus pensamientos en realidad no significaba nada.

    2. Esta es la segunda vez que usamos este tipo de idea.III

    2La forma es solo ligeramente diferente.

    3Esta vez la idea comienza con «Mis pensamientos», en lugar de «Estos pensamientos», y ahora no se establece ningún vínculo con las cosas a tu alrededor.

    4Ahora se pone énfasis en la falta de realidad de lo que piensas que piensas.

    3. Este aspecto del proceso de corrección comenzó con la idea de que los pensamientos de los que eres consciente no significan nada y refieren a cosas externas, no a algo interno.IV

    2Y luego se hizo hincapié en que refieren al pasado en lugar de al presente.V

    3Ahora estamos poniendo de relieve que la presencia de estos «pensamientos» significa que, en verdad, no estás pensando.

    4Esta no es sino otra manera de repetir nuestra afirmación anterior de que tu mente realmente está en blanco.

    5Reconocer esto es reconocer que, cuando piensas que ves algo, en verdad no estás viendo nada.VI

    6Darse cuenta de esto es el requisito previo para ver verdaderamente.

    4. Para hacer estos ejercicios cierra los ojos, y comienza repitiendo la idea de hoy lentamente para ti mismo.

    2Luego añade:

    3Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.VII

    4Estos ejercicios consisten, como los anteriores, en buscar en tu mente todos los pensamientos que puedas encontrar, sin seleccionarlos por ti mismo ni juzgarlos.

    5Intenta no clasificar tus pensamientos de ninguna manera.

    6De hecho, si te ayuda, puedes imaginar que estás contemplando una procesión extrañamente variada que tiene poco o ningún significado personal para ti.

    7A medida que cada uno de ellos cruce tu mente, di:

    8Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.

    9Ese pensamiento acerca de ____ no significa nada.

    5. La idea de hoy, obviamente, también puede servir para desapegarte de todo pensamiento que te perturbe en cualquier ocasión.

    2Se recomiendan cinco sesiones de práctica de no más de un minuto de búsqueda mental.

    3No es recomendable hacerlo durante más tiempo, y debes reducirlo a medio minuto, o incluso menos, si te sientes incómodo.VIII

    4Recuerda, no obstante, repetir la idea lentamente antes de aplicarla de manera específica, y también añadir:

    5Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.


    I La importantísima idea de hoy es, sin duda, el punto de partida de toda trayectoria espiritual honesta. Préstale mucha atención y procura practicarla exactamente como se te indica. De hecho, deberás tenerla presente en todo momento el resto de tu aparente vida en este mundo.

    Es una idea que entraña una gran liberación cuando comprendes bien lo que implica, y es un principio fundamental que te ha de acompañar siempre. No la olvides jamás. Eso que llamas «mis pensamientos» no es otra cosa que la voz del ego en ti; no tiene ninguna relación contigo y carece totalmente de significado.

    Tú solamente eres testigo de la voz del ego; no eres su autor. Tú no “construyes” tus pensamientos, sino que te los encuentras ya totalmente conformados en tu mente. Tú no “haces” nada para pensar, simplemente das testimonio de algo que aparece en tu mente y, en tu confusión, llamas “tuyo”.

    Este es un asunto en el que es imposible poner excesivo énfasis; nunca será suficiente.

    Creer que tienes razón, que lo que piensas es significativo, verdadero y tiene algún valor, es ser arrebatado por la locura del ego. Mas no temas. La práctica sincera y honesta de este Libro de Ejercicios te liberará de ese hábito enfermizo y te proporcionará un estado mental prodigioso.

    Este es el comienzo del proceso de purificación mental que te llevará a obrar milagros, y que se menciona en el Principio 7: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación».

    Es crucial entender que el propósito de este ejercicio no es degradar o despreciar tu mente en absoluto. Tu mente es perfecta y está en eterna unión con la Mente de Dios. Lo que ocurre es que la estás usando mal.

    No se trata de un problema mental, sino de un problema de identidad. Te has identificado con algo que no eres en absoluto. Tú no eres un ego ni una persona; eres el Hijo de Dios.

    II L-4.2:3 «Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, que están siendo encubiertos por ellos».

    Pensar es la «actividad» natural de la mente, y es lo mismo que crear, es decir, extender la condición de Ser, que es amar. Pensar, amar, crear, conocer y ser son términos equivalentes.

    Tus verdaderos pensamientos son tus Creaciones, las Creaciones del Hijo de Dios, que son tan abstractas, amorosas e ilimitadas como tú mismo.

    III La primera vez fue la Lección 4: «Estos pensamientos no significan nada…».

    IV Son las Lecciones 1, 2 y 3 en las que se practica con lo que ves a tu alrededor.

    Cuando «piensas que piensas», olvidas por completo el carácter puramente mental de los conceptos que constituyen ese proceso, que es absolutamente íntimo y abstracto. El resultado de ese olvido es la «aparición» de un mundo… en tu mente. No es un mundo real; es la ilusión de un mundo.

    No hay ningún mundo fuera de la mente, porque no hay nada aparte de la mente. El «contenido» de un pensamiento es la forma que crees ver, pero, si esto es así, ¿qué contenido entonces tiene esa forma? La forma solo es la ilusión de un contenido.

    V Lecciones 7, 8 y 9.

    VI No estás viendo nada… que se encuentre fuera de ti. Tan solo estás siendo espectador de una película extraordinariamente «realista» que tú mismo estás proyectando en la pantalla de tu conciencia.

    Los acontecimientos que contemplas responden a un guion que tú mismo has escrito, y eso hace que veas precisamente aquello que quieres ver. Lo que llamas «mi vida personal» es algo que te concedes a ti mismo, lo cual negarás una y mil veces por la sencilla razón de que no quieres reconocer tu falta de perdón. Todavía te acusas de demasiadas cosas; aún eres incapaz de reconocer tu esencial inocencia.

    Pero no te preocupes, tu perdón reescribirá ese guion temible y la película cambiará.

    VII Tu mente, creada para generar y extender la creación, se encuentra ahora enfocada en creer. Liberarte de tus creencias es el requisito esencial para poder ver verdaderamente, porque en este momento no ves; simplemente «imaginas». Creer no es más que asumir que aquello que imaginas es real.

    VIII Sin duda, llegará un momento en tu vida en el que considerar esta idea te brindará un profundo alivio y una inmensa sensación de liberación. Puede que ahora te resulte perturbadora o incluso incómoda, pero con el tiempo, a medida que reconozcas la verdad y la luz que encierra, tu perspectiva cambiará. No tengas dudas: lo comprenderás.

  • LECCIÓN 9

    1. Esta idea es, obviamente, la conclusión lógica de las dos anteriores.

    2Pero si bien puedes aceptarla intelectualmente, es poco probable que signifique algo para ti por el momento. I

    3En cualquier caso, tampoco es necesario que la entiendas ahora.

    4De hecho, reconocer que no entiendes es el requisito previo para deshacer tus falsas ideas.

    5Estos ejercicios se centran en la práctica, no en la comprensión.

    6Pues no necesitas practicar aquello que ya entiendes de verdad.

    7Ciertamente, no tendría sentido intentar comprender algo y, a la vez asumir que ya lo comprendes. II

    2. Es difícil para una mente no entrenada creer que lo que antes pensaba que veía no está ahí.

    2Esta idea puede resultar bastante perturbadora y suscitar una gran resistencia que se puede manifestar de muchas maneras.

    3No obstante, eso no te ha de impedir que la apliques.

    4Lo único que se requiere para este ejercicio, o cualquier otro, es aplicar la idea que se te propone. III

    5Cada pequeño paso despejará la oscuridad un poco más y, finalmente, llegará el entendimiento para iluminar cada rincón de la mente que ha quedado limpia de los escombros que la oscurecían.

    3. Para realizar estos ejercicios son suficientes tres o cuatro sesiones de práctica.

    2Solo tienes que mirar a tu alrededor y aplicar la idea de hoy a todo lo que veas.

    3Recuerda que debes aplicar la idea de forma indiscriminada y seguir la regla esencial de no excluir nada deliberadamente.

    4Por ejemplo:

    5No veo esta máquina de escribir tal como es ahora.

    6No veo esta llave tal como es ahora.

    7No veo este teléfono tal como es ahora.

    8Empieza con las cosas que están más cerca de ti, y luego mira más allá.

    9No veo ese perchero tal como es ahora.

    10No veo esa cara tal como es ahora.

    11No veo esa puerta tal como es ahora.

    4. Se enfatiza una vez más que, si bien no deberías intentar incluirlo todo, sí debes evitar cualquier exclusión específica.

    2Asegúrate de ser honesto contigo mismo al hacer esta distinción.

    3Puede que tengas la tentación de ocultarte a ti mismo esa tendencia.


    I Jesús reconoce claramente que hay una enorme diferencia entre aceptar una idea a nivel intelectual y, en verdad, entenderla y asumirla. Quizás aceptes la idea de que no ves nada tal como es ahora, pero puede pasar bastante tiempo antes de que empieces a comprender lo que eso significa.

    Afortunadamente, la Lección continúa diciendo que no es necesario que lo entiendas. De hecho, lo que es imprescindible es que reconozcas que ahora no entiendes. Podrías decir que una de las cosas que has de aprender de esta Lección es ¡que no la entiendes!

    Reconocer la propia ignorancia —la humildad del estudiante— es esencial para aprender, porque sin este reconocimiento tu falsa «comprensión» lo impide. Esta Lección te invita al descreimiento, es decir, a poner en duda tu creencia de que entiendes lo que «ves».

    II La vocación natural de la mente es resolver en el presente las dificultades con las que se encuentra. Ese es su legítimo derecho y también su capacidad, pues fue creada por Dios.

    Sin embargo, la mente que tú ahora reconoces y usas para interpretar la realidad no es tu verdadera mente; te has identificado con una minúscula parte de ella y has disminuido casi hasta la nada su infinito potencial. Por eso, es absurdo e inconveniente que intentes comprender lo que se te dice ahora, y en otras muchas instancias de este bendito Curso, con tu defectuoso instrumento.

    Ahora no comprendes, pero ciertamente comprenderás. Esa es precisamente la característica más importante de los maestros de Dios que has de poner a trabajar en estas situaciones: la confianza. Haz lo que se te dice y confía, pues ten la certeza de que las palabras de Jesús bien la merecen en esos momentos de oscuridad.

    III Quizás hoy te resulte conveniente repasar el último párrafo de la Introducción de este Libro de Ejercicios: «Recuerda solo esto: no es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas». (L-In.7).

    No se requiere nada más que eso.

  • LECCIÓN 8

    Mi mente está absorta en pensamientos del pasado.I

    1. Esta idea es, por supuesto, la razón por la que solo ves el pasado.

    2En realidad, nadie ve nada.

    3Lo único que ves son tus propios pensamientos proyectados fuera.II

    4El hecho de que tu mente esté absorta en pensamientos del pasado es la causa de la concepción absolutamente errónea del tiempo que padece tu visión.

    5Tu mente no puede captar el presente, que es el único tiempo que existe.III

    6Por eso no puede entender el tiempo, y por eso, de hecho, no puede entender nada.IV

    2. El único pensamiento totalmente verdadero que se puede tener acerca del pasado es que no está aquí.

    2Por lo tanto, pensar acerca del pasado siempre es pensar acerca de ilusiones.V

    3Muy pocas mentes se han dado cuenta de lo que verdaderamente implica visualizar el pasado o prever el futuro.VI

    4De hecho, cuando hace eso, la mente está en blanco porque no está pensando realmente en nada.

    3. El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a entrenar tu mente para que reconozca cuándo, en realidad, no está pensando en absoluto.

    2Si tu mente está absorta considerando «ideas» sin contenido, está bloqueada a la verdad.

    3El primer paso para despejar el camino a la visión es reconocer que tu mente ha estado simplemente en blanco, en lugar de creer que contiene ideas reales.VII

    4. Los ejercicios de hoy deben hacerse con los ojos cerrados.

    2Esto se debe a que, en realidad no puedes ver nada, y así es más fácil reconocer que, sin importar cuán vívidamente visualices un pensamiento, no estás viendo nada.VIII

    3Examina tu mente de manera despreocupada durante el minuto habitual, simplemente tomando nota de los pensamientos que ahí encuentres.

    4Nombra a cada uno de ellos por la figura central o tema que contenga, y luego pasa al siguiente.

    5Comienza la práctica diciendo:

    6Me parece que estoy pensando en ____.

    7Luego describe específicamente cada uno de tus pensamientos.

    8Por ejemplo:

    9Me parece que estoy pensando en…

    … nombre de la persona,

    … nombre del objeto,

    … nombre del suceso,

    … nombre de la emoción,

    … o lo que sea.

    10Concluye la búsqueda mental con:

    11Pero mi mente está absorta en pensamientos del pasado.

    5. Esto se puede hacer cuatro o cinco veces al día, a menos que notes que te irrita.

    2Si lo encuentras incómodo, tres o cuatro veces es suficiente.

    3No obstante, podría resultarte útil incluir tu propia irritación en esa búsqueda mental, o cualquier otra emoción que la idea de hoy pueda suscitar.


    I Habitualmente, nuestra mente no piensa nada en absoluto; solo contempla ensimismada imágenes del pasado que se proyectan en una pantalla en blanco. Son ilusiones sin contenido (3:2), porque «esos pensamientos no significan nada» (Lección 4). La mente se encuentra en un estado de estupefacción, absorbida en la contemplación de la historia que surge de un irrefrenable diálogo interno: la narrativa del ego construida en torno a miedos, deseos y carencias que vindican la idea que el ego tiene de sí mismo, la cual siempre está teñida de especialismo y grandiosidad. A eso le llamas «pensar», cuando en realidad no es otra cosa que ser testigo de la demencia del ego y asumirla como propia.

    La mente es adicta a las historias que ella misma se cuenta porque, tal como se ha visto en el Texto, se siente culpable de haberse separado de Dios y tiene miedo de mirar dentro de sí misma y encontrar el pecado de haber atacado a Dios robándole una identidad exclusiva. Por eso mira siempre fuera de sí misma para encontrar el amor, la paz y la seguridad que cree haber perdido.

    En realidad, como no hay nada fuera de sí misma, proyecta un espacio imaginario, lo llena con símbolos de sus miedos y sus deseos, y a eso lo llama «mundo». Esa «realidad» que ahora ve es una falsedad, y por eso necesita sustentarla mediante un incesante diálogo interno que tiene como propósito demostrar su veracidad y evitar que reconozca su verdadera identidad.

    II La mente es abstracta, y como tal, solo se relaciona con cosas abstractas, es decir, con ideas. Lo que ocurre es que, a algunas de esas ideas, la mente las llama «cosas», por la sencilla razón de que el contenido de esa idea es ser una «cosa concreta». De esa manera, la mente se engaña a sí misma dos veces.

    La primera es cuando concibe y proyecta una idea sin reconocer que eso es lo que ha hecho. La segunda es cuando confunde esa idea con su contenido, y así cree que se está relacionando con algo material y ajeno a ella misma. Ese es el mismo mecanismo que hace que los sueños nocturnos parezcan ser acontecimientos reales mientras dormimos.

    El mundo que la mente cree conocer no existe fuera de la mente que lo concibe; las ideas no abandonan su fuente. Esa es la base del perdón: la razón por la que perdonamos es simplemente porque eso que creemos ver fuera no es real, no existe.

    III A captar el presente tal como realmente es, este Curso lo llama experimentar el «instante santo», un momento intemporal de felicidad en el que se experimenta una gran paz, un amor profundo y la perfecta conciencia de la propia inocencia, así como la de todo lo que se percibe.

    IV Anclada en la aparente realidad del espacio-tiempo, la mente egoica no puede entender nada; tan solo sueña sus propias proyecciones de anhelos y temores.

    V Esta es una obviedad que se acostumbra a obviar: lo único presente en la mente cuando se encuentra ensimismada con pensamientos del pasado es un recuerdo distorsionado de aquello que se piensa que sucedió. Así, el presente se ha convertido en el recuerdo de una historia ficticia que te cuentas a ti mismo. Mientras tanto, desperdicias un presente impecable e inmaculado que se te escapa por dedicar tu mente a evocar un pasado que ya no existe.

    Las preguntas que debes hacerte son: ¿no es ese un precio excesivo por una irrelevante gratificación en fantasías? ¿Cuál es el rendimiento de semejante inversión? ¿Te ha aportado eso alguna vez algún beneficio? ¿Eres consciente de lo que te estás perdiendo por hacer eso?

    Es importantísimo darse cuenta de que todos los recuerdos aparecen en tu mente en el presente de manera totalmente voluntaria, es decir, porque tú quieres traerlos ahí. La razón de esa adicción a evocar eventos del pasado, especialmente los más dolorosos, se explica en la sección «Los obstáculos a la paz» (T-19.IV).

    Nada del pasado puede atormentarte en el presente a menos que tú lo evoques y le concedas ese poder. Reconocer esto requiere una gran honestidad, pero la recompensa también es inmensa, porque te pone a ti, y solo a ti, como responsable de tus emociones y también de tu liberación.

    VI Visualizar el pasado o prever el futuro es «imaginar», es decir, proyectar y contemplar imágenes en la pantalla de la conciencia. Es entretener la mente en una actividad estéril cuyo único propósito es satisfacer las exigencias del ego.

    El guion de la «película» que el ego suscita en tu mente es previsible; de hecho, responde a los mismos patrones de las películas comerciales, en las que un héroe —el ego— se embarca en aventuras que reivindican simultáneamente su sentido de grandiosidad y su vulnerabilidad.

    La falsa idea que tuviste de ti mismo en el pasado —tu ego— se sintió ofendida porque ocurrió algo que truncó sus expectativas, y ahora evocas esos eventos en el presente para torturarte y resarcirte de esas afrentas vengándote en fantasías.

    VII Es decir, tu objetivo de hoy es simplemente «darte cuenta» de lo que está ocurriendo en tu santa mente a lo largo de la mayor parte del día. Ahora no se trata de cambiar nada; solo hay que tomar conciencia de lo que está ocurriendo. Tú no puedes realizar por ti mismo los cambios que se necesitan en tu mente para abandonar ese estado hipnótico.

    VIII No estás viendo nada «real»; solo estás contemplando una ilusión de realidad, una especie de película.

  • LECCIÓN 7

    Solo veo el pasado.I

    1. Esta idea es particularmente difícil de creer al principio.

    2Pero es la razón fundamental de todas las anteriores.

    3Es la razón por la que nada de lo que ves significa nada.

    4Es la razón por la que has dado a todo lo que ves todo el significado que tiene para ti.

    5Es la razón por la que no entiendes nada de lo que ves.

    6Es la razón por la que tus pensamientos no significan nada, y son como todas las cosas que ves.

    7Es la razón por la que nunca estás disgustado por la razón que crees.

    8Y es la razón por la que estás disgustado porque ves algo que no está ahí.

    2. Cambiar tu antigua noción del tiempo te resulta muy difícil, porque todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas.

    2Mas esa es precisamente la razón por la que necesitas nuevas ideas acerca del tiempo.

    3Esta nueva idea no es realmente tan extraña como parece al principio.

    3. Observa, por ejemplo, una taza.

    2¿Estás realmente viendo esa taza, o simplemente estás revisando tus experiencias del pasado de levantar una taza, tener sed, beber de ella, sentir su borde en tus labios, desayunar y así sucesivamente? II

    3¿Y no se basan también en experiencias pasadas tus sensaciones estéticas ante esa taza?

    4¿De qué otra manera sabrías si este tipo de taza se romperá o no si se te cae?

    5¿Qué sabes de esa taza excepto lo que aprendiste acerca de ella en el pasado?

    6Si no fuera por el pasado, no tendrías ni idea de lo que es esa taza.

    7Entonces, ¿realmente la estás viendo? III

    4. Mira a tu alrededor.

    2Esto es igualmente cierto para cualquier cosa que mires.

    3Reconócelo aplicando la idea de hoy indistintamente a todo lo que te llame la atención.

    4Por ejemplo:

    5Solo veo el pasado en este lápiz.

    6Solo veo el pasado en este zapato.

    7Solo veo el pasado en esta mano.

    8Solo veo el pasado en ese cuerpo.

    9Solo veo el pasado en esa cara.

    10No te entretengas en ninguna cosa en particular, pero recuerda no omitir nada deliberadamente.

    11Echa una rápida mirada a cada objeto, y luego pasa al siguiente.

    12Tres o cuatro periodos de práctica, de un minuto más o menos, serán suficientes.IV


    I Solo ves el pasado porque el significado de todo lo que percibes se lo adjudicaste en el pasado, y porque, en verdad, tú no te relacionas con las cosas, sino con lo que estas significan para ti. Los significados de las cosas son como etiquetas que tú mismo les pusiste en el pasado. En esa etiqueta viene escrito lo que esa cosa es para ti, y eso no solo atañe a los objetos, sino también, e incluso más claramente, a las personas con las que te relacionas.

    Cuando dices que conoces algo o a alguien, en realidad quieres decir que eso ya lo has juzgado en el pasado, y para emitir ese juicio en su día te basaste en lo que aprendiste en un pasado aún más antiguo.

    Este Curso le da una enorme importancia a esta idea, no solo aquí, sino también en el Texto. Por ejemplo, tres secciones del Capítulo 13, desde «La función del tiempo» (T-13.IV) hasta «El presente eterno» (T-13.VI), se refieren a la noción del tiempo y al hecho de que «… para el ego el pasado es fundamental, pues en el fondo cree que es el ÚNICO aspecto significativo del tiempo» (T-13.IV.4:2).

    Habla de las sombrías figuras del pasado, basadas en ilusiones, que impiden la visión de la realidad presente. Dice: «Nacer de nuevo es dejar ir el PASADO y CONTEMPLAR EL PRESENTE SIN CONDENA» (T-13.VI.3:5).

    «…todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas» (T-13.IV.2:1). Todo lo que hemos aprendido lo aprendimos del pasado, eso no puede discutirse. Por tanto, todo lo que pensamos que sabemos está basado en el pasado. Miramos al presente a través del filtro de nuestro aprendizaje anterior.

    Para entrenar la mente en una nueva manera de contemplar la realidad, es indispensable deshacer antes lo que se ha aprendido y tomado como cierto en el pasado. Por eso, este Curso insiste tanto en no dejar que aquello que aprendiste en el pasado sea la luz que te guíe en el presente.

    En lugar de ello, exhorta a dirigirse al Espíritu Santo en todo momento para pedirle que te enseñe Su visión del presente, porque el presente es la oportunidad de asignar nuevos significados a lo percibido. Y eso es precisamente lo que significa «nacer de nuevo» o «renacer».

    II Esta misma intuición gnoseológica fue expresada poéticamente por Alfred, Lord Tennyson en su poema «The Ancient Sage», donde afirma que los sentidos no informan de la verdad, sino que reflejan lo que la mente está dispuesta a recibir.

    El sabio antiguo

    «Una vez, en una aldea solitaria, no había pasado ni un mes cuando oí hablar de un hombre, un Sabio, a quien todos alababan y a quien algunos creían el más sabio de los sabios; aunque otros decían que su verdadera sabiduría no era de este mundo y que vivía apartado, retirado de los hombres, en la montaña. Hacia allí dirigí mis pasos, yo, un joven que apenas había aprendido la fe de la razón, pero que seguía hambriento de algo que alimentara la mente y el corazón.

    Lo encontré sentado sobre una roca que miraba hacia el oeste; las montañas ardían en rojo con el atardecer y el valle yacía oscuro abajo. Su semblante era sereno, sus ojos claros, y en su rostro habitaba una paz solemne. Le hablé y le pregunté qué pensaba de la vida y la muerte, de Dios y del destino humano.

    No respondió de inmediato; contempló un momento el sol que se hundía y luego se volvió hacia mí y dijo: «Oh tú, que preguntas por tales cosas, aprende primero a conocerte. El mundo exterior no es sino la sombra del mundo interior. Las formas que contemplas son solo signos de algo más profundo que los sentidos no alcanzan.

    Los hombres ven las apariencias y las llaman reales; pero lo que ven está modelado por lo que son. El ojo no transmite la verdad, sino aquello que la mente está dispuesta a recibir. El oído solo oye según el corazón que escucha. Así, cada cual fabrica un mundo a su imagen y habita dentro de los límites de su propia visión.

    No busques a Dios entre las estrellas o los mares, ni en el trueno ni en el oleaje profundo. No está lejos: es más cercano que tu aliento, más próximo que tus manos y tus pies, más íntimo aún que el pensamiento. El alma que se vuelve hacia dentro lo encuentra ya allí, Vida de la vida.

    Ese sentido de «yo» al que ahora te aferras, que dice «estoy separado», «estoy solo», no es más que una nube pasajera ante el sol. Cuando se disuelve, la luz permanece intacta, indivisible y plena.

    No preguntes qué será de ti tras la muerte. La muerte es solo un cambio de estado, no el fin del ser. Así como despertaste del sueño, así despertarás de lo que los hombres llaman tumba. El miedo a la muerte nace de ignorar lo que eres.

    El tiempo es un sueño que has aprendido a soñar; el espacio, una forma que el pensamiento dio a las cosas. En verdad no hay antes ni después, ni aquí ni allí; todo vive en el Ahora. La eternidad no es tiempo interminable, sino la Presencia profunda en la que el tiempo aparece.

    Por tanto, permanece en silencio. Deja caer todo esfuerzo. Cesa el trabajo de la mente ansiosa. La Verdad no se alcanza por el razonamiento ni se apresa por la voluntad o el pensamiento sutil. Llega cuando estás vacío de ti mismo y se revela por sí sola, evidente y segura.

    Vive de tal modo que, cuando se descorran los velos de los sentidos y se disuelvan todas las apariencias de la vida exterior, no lamentes la pérdida de lo que era falso, sino que te reconozcas uno con lo que Es».

    Calló. El sol se había puesto; las estrellas aparecieron. Y en el silencio del aire de la montaña sentí una Presencia más honda que todas las palabras».

    III Este párrafo es un razonamiento gnoseológico que cuestiona la naturaleza misma del hecho de conocer. Aquí se equipara «ver» a «asignar recuerdos», y la pregunta es: ¿es eso lícito? ¿Crees que eso es realmente conocer?

    IV Esta línea aparece en la versión de la FIP, pero no está en el Urtext ni en la Notas de Helen.


  • LECCIÓN 6

    Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí.

    1. Los ejercicios que vas a hacer con esta idea son muy similares a los anteriores.

    2También en este ejercicio es necesario que nombres muy específicamente tanto la forma que adopta la perturbación (enfado, miedo, preocupación, depresión, etc.) como la causa que crees que la ha provocado.

    3Por ejemplo:

    4Estoy enfadado con ____ porque veo lo que no está ahí. I

    5Estoy preocupado por ____ porque veo lo que no está ahí.

    2. Puedes aplicar la idea de hoy a cualquier cosa que parezca disgustarte, y puedes utilizarla con provecho a lo largo del día con ese fin.

    2Sin embargo, los tres o cuatro periodos de práctica que hoy se requieren deben estar precedidos de más o menos un minuto de búsqueda mental, como en los ejercicios anteriores, y luego aplica la idea a todo pensamiento perturbador que descubras en esa búsqueda.

    3. Otra vez, si te resistes a aplicar la idea a algunos pensamientos que te perturban más que a otros, vuelve a recordarte las dos advertencias que usaste en la lección anterior:

    2No hay disgustos pequeños.

    3Todos ellos perturban por igual mi paz mental.

    Y luego di:

    4No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.

    5Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.


    I Lo que te disgusta no está ahí fuera; está en tu mente. Es en tu mente donde se encuentran el malestar, su causa y también la idea de que todo ello está fuera de ti.

    Efectivamente, lo que provoca tu disgusto no es algo que esté presente ante ti, pues, como ya has visto antes, lo que crees ver ahí fuera no tiene ningún significado en sí mismo. Tu enfado, en realidad, proviene de una historia que tú te has contado, de una determinada interpretación de la «realidad».

    Lo que te disgusta no es lo que percibes, pues eso que ves en sí mismo no significa nada (L-1). Lo que te disgusta es la interpretación que tú haces de ello porque consideras que frustra tus expectativas, y ahora dices que eso está mal sin pararte a considerar que quizás tus expectativas eran inconvenientes. Una vez que te has erigido en juez de la realidad, es difícil tomar conciencia de la arrogancia que supone sentenciar lo que percibes desde tu exclusivo y peculiar sistema de referencia.

    Ver esto con claridad no es una tarea trivial; requiere de una grandísima honestidad. En verdad, es una proeza tal que, cuando la logres, te aportará una enorme liberación y la capacidad de controlar tus estados de ánimo.

    Este ejercicio es una invitación a reflexionar, y debes tenerlo en cuenta siempre que cualquier cosa o circunstancia parezca molestarte de cualquier manera. En realidad, lo que te hace sufrir solo es una ilusión de tu propia factura.

    Pero estate prevenido, porque comprobarás que, justo en el momento en que cuestiones la causa de tu disgusto, el ego inmediatamente comenzará a proporcionarte de manera automática un sinnúmero de «razones» para justificar tu contrariedad. Los juicios de condena siempre están «justificados», y esa es precisamente la «voz del ego»: un ecosistema perfectamente consistente de «razones» demenciales que has asumido como verdaderas.

    Aunque este es tan solo uno de los 365 ejercicios de este Libro de Ejercicios, puedes y debes usarlo a partir de ahora siempre que algo parezca perturbarte. Considera que hoy es el día en que aprendes que la causa de tus disgustos está en ti, y no ahí fuera. Tú eres el responsable de todos tus sufrimientos. Y aunque esa idea ciertamente es perturbadora, date cuenta de que también contiene la clave de tu liberación, pues deja en tus manos el control de todos tus estados mentales.

    Tómate muy en serio estos ejercicios, pues son poderosísimas herramientas que te permitirán recuperar el control de tu mente. Lo habías perdido, y ni siquiera te habías dado cuenta de ello.

  • LECCIÓN 5

    Nunca estoy disgustado por la razón que creo.

    1. Esta idea, al igual que la anterior, puede aplicarse a cualquier persona, situación o acontecimiento que creas que te está causando dolor.I

    2Aplícala de manera específica a todo aquello que pienses que te causa malestar, y describe el sentimiento que experimentas como te parezca adecuado.

    3El disgusto puede parecer miedo, preocupación, depresión, ansiedad, ira, odio, celos o cualquier otro sentimiento que tú percibes como diferentes formas de malestar.

    4Mas no es cierto que sean diferentes.

    5Sin embargo, hasta que no aprendas que la forma no importa, cada una de ellas es un tema apropiado para la práctica de hoy.II

    6Aplicar la misma idea a cada una de estas formas de malestar por separado es el primer paso para llegar a reconocer finalmente que todas son lo mismo.

    2. Cuando apliques la idea de hoy a la causa específica que crees que motiva tu disgusto, usa tanto el nombre de la forma en que ves la perturbación como la «causa» que le atribuyes.

    2Por ejemplo:

    3No estoy enfadado con ____ por la razón que creo.

    4No tengo miedo de ____ por la razón que creo.

    5Pero, de nuevo, esto no debe sustituir la práctica de buscar primero en tu mente aquello que crees que es la «causa» del malestar que experimentas y la forma en la que se expresa.III

    3. En este ejercicio, más que en los anteriores, puede que te resulte difícil ser imparcial y no dar más importancia a unos temas que a otros.

    2Quizás te ayude comenzar los ejercicios diciendo:

    3No hay disgustos pequeños.

    4Todos ellos perturban por igual mi paz mental.IV

    5Luego, examina tu mente buscando cualquier cosa que te aflija, sin importar la medida en que creas que lo está haciendo.

    4. También es posible que te sientas menos dispuesto a aplicar la idea de hoy a algunas causas de malestar que a otras.

    2Si es así, piensa antes en esto:

    3No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.

    4Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.

    5A continuación, escudriña tu mente durante un minuto más o menos, y trata de identificar las diferentes formas de malestar que te perturban, sin tener en cuenta la importancia relativa que les atribuyes.

    6Aplica la idea de hoy a cada una de ellas poniéndole nombre a la causa del disgusto que percibes y al sentimiento que experimentas.

    7Otros ejemplos serían:

    8No me preocupa ____ por la razón que creo.

    9No me deprime ____ por la razón que pienso.

    5. Basta con que hagas esto hoy tres o cuatro veces.


    I Esta Lección también es muy importante. Las emociones provienen de nuestros juicios. Sin un juicio previo, ninguna emoción es posible. Todo malestar o disgusto proviene de un juicio de condena, de algo que rechazamos porque quiebra nuestras expectativas. Tal como el dolor es una indicación de que algo anda mal en el cuerpo, el malestar emocional indica que algo anda mal en la mente.

    Si sufrimos de alguna manera, es que estamos usando la mente mal, pues estamos pensando algo que no es verdad. En ese sentido, todo lo que no es verdad es lo mismo: una falsedad. Nuestros enfados son la respuesta emocional a una historia que nos hemos contado, según la cual la idea que tenemos acerca de nosotros mismos —nuestro ego— o nuestra idea de cómo debería ser la realidad —nuestro mundo ideal imaginado— han sido ultrajadas. Ambas ideas son falsas, arbitrarias y cambiantes.

    II El mundo de las formas es el lenguaje simbólico que utiliza la percepción. Al igual que Sigmund Freud acertadamente describió las figuras de los sueños como símbolos de causas emocionales subyacentes, la percepción es el sueño del mundo, y también es un efecto de causas profundas. Por eso, las formas, por sí mismas, «no importan», porque solo son efectos.

    III Es decir, no basta con declarar que no estás disgustado por una determinada razón. Tienes que buscar en tu mente la idea que te ha llevado a sentirte mal, el porqué de tu malestar.

    IV Todo disgusto o malestar tiene una función positiva: es un recordatorio para instarte a recuperar la paz mental. Debemos tener en cuenta que nuestra paz ha sido perturbada por un pensamiento previo que, como indica la Lección anterior, «no significa nada», pero que nosotros hemos considerado verdadero e importante.

    En cierta manera, el ego podría describirse como «aquel» que piensa que lo que imagina es verdadero e importante. Ese «ser» no existe; es tan solo una «posición» caprichosa de la mente.

  • LECCIÓN 4

    Estos pensamientos no significan nada.

    1. Estos pensamientos no significan nada; son como las cosas que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I

    2. A diferencia de los ejercicios anteriores, estos no comienzan con la idea del día.

    2En las prácticas de hoy, empieza tomando nota de los pensamientos que cruzan por tu mente durante aproximadamente un minuto.

    3Luego aplícales la idea.

    4Si estás teniendo pensamientos infelices, úsalos con esta idea.

    5Pero no selecciones únicamente los pensamientos que tú crees que son «malos».

    6Si te adiestras en mirar tus pensamientos, descubrirás que representan una mezcla tal que, en cierto sentido, ninguno de ellos puede ser llamado en sí mismo «bueno» o «malo».

    7Esa es la razón por la que no significan nada.

    3. Al seleccionar los pensamientos para aplicarles la idea de hoy, es necesario ser muy específico, como siempre.

    2No tengas miedo de usar tanto los pensamientos «buenos» como los «malos».

    3Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, los cuales precisamente están siendo encubiertos por los que ahora crees que tienes.II

    4Los «buenos» pensamientos de los que eres consciente no son más que sombras de lo que hay más allá, y las sombras siempre dificultan la visión.

    5Por otra parte, los «malos» son obstáculos a la visión y la imposibilitan.

    6Por eso tampoco los quieres.

    4. Este es un ejercicio importante, y se repetirá de vez en cuando de forma algo diferente.III

    2El objetivo de esta lección es entrenarte en los primeros pasos hacia la meta de separar lo que no significa nada de lo que sí es significativo.

    3Es un primer intento en el objetivo a largo plazo de aprender a ver lo que no significa nada como algo externo a ti y a ver lo significativo en tu interior.IV

    4También es la manera de comenzar a entrenar tu mente para reconocer lo que es igual y lo que es diferente.

    5. Al usar tus pensamientos para aplicarles la idea de hoy, identifica cada uno de ellos por la figura central o el evento que contiene. Por ejemplo:

    2Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.

    3Es como las cosas que veo en esta habitación (en esta calle, etc.).

    6. También puedes usar la idea para un pensamiento en particular que reconozcas como dañino.

    2Esta práctica es útil, pero no debe sustituir el procedimiento de elegir al azar, que es el que se debe seguir para los ejercicios.V

    3Sin embargo, no examines tu mente por más de un minuto, más o menos.

    4Todavía no tienes la experiencia suficiente para evitar tu tendencia a preocuparte inútilmente.

    5Además, dado que estos ejercicios son los primeros de su tipo, es posible que te resulte particularmente difícil no juzgar tus propios pensamientos.

    6No repitas estos ejercicios más de tres o cuatro veces al día.

    7Los haremos de nuevo.


    I Presta mucha atención a esta Lección, pues es una de las más liberadoras de este Libro de Ejercicios. Reconocer que tus propios pensamientos no significan nada es el epítome de la humildad y la más pura expresión de la verdad socrática: «Yo solo sé que no sé nada». La práctica sincera de esta Lección sana la mente de manera instantánea, pues evita que se adhiera a ideas que no son ciertas, sino arbitrarias.

    Los pensamientos que aparecen en tu mente son la manifestación de dinámicas egoicas causadas por el miedo y el deseo, y la consecuencia inevitable de albergar una idea espuria sobre la propia identidad. Tus pensamientos son historias caprichosas construidas en torno a tus anhelos y temores.

    Trata de darte cuenta de que eso que piensas no es nada «tuyo». Ciertamente tú eres «testigo» de esos pensamientos, mas no eres su causa. Fíjate en que tú no has «hecho» nada para pensar como piensas; no hay una participación volitiva tuya previa al «hecho» de pensar. Tus pensamientos ocurren en la mente, y tú los suscribes de manera descuidada y los llamas «tuyos».

    Puedes llamar con todo derecho a esos pensamientos «la voz del ego», y puedes, y debes, desestimarlos con toda tranquilidad. De hecho, eso es lo que vas a aprender a hacer a lo largo de este entrenamiento mental que acabas de comenzar.

    Procura comprender bien lo que sigue, pues de ello depende que entiendas lo que ocurre en tu mente cuando dices que «piensas». Lo que llamas «mis pensamientos» son narraciones: historias que te cuentas a ti mismo sobre cosas o circunstancias que tu mente considera tras fragmentar la Realidad en elementos separados.

    Toma cualquier pensamiento que surja y verás que lo que estás considerando no es la cosa en sí, sino una descripción de ella que, además, das por verdadera. No conoces la cosa (ni la circunstancia); conoces su descripción. Confundes la cosa misma con la historia que has construido sobre ella. Es como si un niño, al oír a su padre decir que necesita un coche nuevo, intentara ayudarle entregándole un torpe dibujo de un coche recién pintado en una hoja de papel. Es una confusión infantil. La humanidad está en su infancia.

    Confundir lo que algo es con su descripción es la tragedia de la humanidad, y se vuelve especialmente grave cuando se trata de lo que tú eres. Confundes lo que eres con lo que te dices sobre ti mismo. Confundes tu Ser con tus propias opiniones.

    En verdad, bastaría reconocer que tus cambiantes opiniones sobre tu realidad no pueden ser ciertas precisamente por su mutabilidad. Pero esa arrogancia tan «humana» de creer continuamente que tienes «razón» te impide conocer tu verdadera Identidad.

    No te preocupes: este Curso que comienzas está diseñado específicamente para sanar este funesto sesgo cognitivo. Tómalo muy en serio, pues tu felicidad depende de ello.

    II Tus verdaderos pensamientos como Hijo de Dios —no como persona— son los que piensas con tu Padre y Creador. Esos Pensamientos son ilimitados, eternos, perfectamente abstractos e infinitamente amorosos; es decir, son reales, y en el Texto se les llama las Creaciones del Hijo de Dios. Son lo opuesto de los que ahora consideras tus pensamientos, que son limitados, fugaces, concretos, y, aun el más benévolo de ellos, no deja de albergar algún componente de miedo.

    III Efectivamente, lo es. Tenlo presente en todo momento. Es una de las ideas más sanadoras que existen, y la repetirás en la Lección 10. Aceptar plenamente la falta de significado, pertinencia e importancia de eso que llamas «mis pensamientos» es crucial para conseguir disociarte de la idea egoica de una identidad independiente, separada, exclusiva y limitada.

    IV Esta Lección, en cierto sentido, explica las precedentes. Lo que crees ver fuera de ti no significa nada porque, en realidad, son pensamientos tuyos proyectados que carecen de significado intrínseco. Las formas que ves fuera de ti mismo son proyecciones, efectos de causas subyacentes internas. Son como las figuras de los sueños nocturnos: símbolos que manifiestan miedos y deseos.

    Sin embargo, tú eres real, tú no cambias, tú siempre eres tú. Tú sí eres «significativo», aun cuando todavía no sabes bien en qué consiste ese significado.

    V Es decir, la norma para estos primeros ejercicios es aplicar la idea diaria a cualquier objeto o pensamiento. Esta Lección pone en evidencia que cualquier pensamiento que elijas pierde su carga emocional si dejas de darle importancia, precisamente por no ser significativo. Su significado es absolutamente personal y arbitrario, y la emoción que provoca el pensamiento proviene exclusivamente de la importancia que tú le concedes.

    A estas alturas, después de haber estudiado bien el Texto, te habrás dado cuenta de que dejar de darle importancia a eso que tú llamas «mis pensamientos» es en lo que consiste el verdadero perdón que este Curso propugna. En este mundo, lo único que puedes y debes perdonar son «tus» propios pensamientos.

  • LECCIÓN 3

    No entiendo nada de lo que veo.

    1. No entiendo nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I

    2. Aplica esta idea de la misma manera que en las lecciones anteriores, sin hacer distinciones de ningún tipo.

    2Cualquier cosa que veas se convierte en un tema apropiado para su aplicación.

    3Asegúrate de que no cuestionas si algo es adecuado o no para aplicarle la idea.

    4Estos ejercicios no son para juzgar nada.II

    5Cualquier cosa es adecuada solo por el hecho de verla.

    6Puede que algunos de los objetos que veas tengan un significado emocional para ti.

    7Trata de dejar de lado esos sentimientos y simplemente aplícales la idea exactamente como lo harías con cualquier otra cosa.

    3. El objetivo de estos ejercicios es ayudarte a borrar de tu mente todas las asociaciones que estableciste en el pasado, a ver las cosas exactamente como aparecen ahora ante ti y a darte cuenta de lo poco que realmente las comprendes.III

    2Por lo tanto, es esencial que mantengas una mente perfectamente abierta al seleccionar las cosas a las que se aplicará la idea del día, sin que se vea obstaculizada por tus opiniones.

    3Para ello, cualquier cosa es semejante a otra; igualmente apropiada y, por lo tanto, igualmente útil.


    I Digas lo que digas, en verdad y en sentido último, si eres absolutamente honesto contigo mismo, tienes que reconocer que no entiendes nada de lo que percibes, si bien te has convencido de lo contrario contándote historias que tú mismo has inventado, o que te han contado, sobre las cosas del mundo.

    Date cuenta de hasta qué punto la idea que tienes de ti mismo condiciona cómo interpretas lo que percibes. Si eres músico, verás tus manos como instrumentos de tu arte, pero si eres médico, quizás te fijarás en su estado de salud. Puede que un biólogo considere su funcionamiento a nivel celular, y es probable que un físico piense en ellas como un agregado de átomos. Percibes el reflejo de la idea que tienes de tu propia identidad proyectada sobre un imaginario ámbito externo, lo cual, en definitiva, no es más que una historia que tú te cuentas a ti mismo.

    Reconócelo: en verdad, no entiendes lo que percibes.

    Quizás te resulte útil comprender que, en estas primeras Lecciones, estás aprendiendo a cuestionar los principios ontológicos y gnoseológicos de tu sistema de pensamiento, es decir, qué es para ti la realidad y cómo la conoces.

    II No son ejercicios para que des tu opinión sobre nada. Aquí no se trata de lo que tú opinas, sino de qué está ocurriendo en tu mente cuando percibes algo.

    III Más adelante se explicará por qué.

  • LECCIÓN 2

    Yo soy quien le ha dado significado a todo lo que veo.

    1. Yo le he dado a todo lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, todo el significado que tiene para mí.I

    2. Los ejercicios a realizar con esta idea son iguales a los de la primera lección.

    2Comienza con las cosas que están cerca de ti y aplica la idea a cualquier cosa en la que se pose tu mirada.

    3Y luego amplía tu campo visual.

    4Gira la cabeza para incluir lo que haya a cada lado.

    5Si es posible, date la vuelta y aplica la idea a lo que hay detrás de ti.

    6Sigue siendo lo más ecuánime posible al seleccionar los objetos.

    7No te concentres en nada en particular y no intentes incluir todo lo que haya en una zona determinada, pues eso te causaría tensión.

    3. Simplemente, echa una mirada rápida y relajada a tu alrededor, tratando de evitar seleccionar los objetos en función de su tamaño, brillo, color, material o por la importancia que tengan para ti.

    2Practica con cualquier cosa que veas.

    3Trata de aplicar el ejercicio con la misma facilidad a un cuerpo que a un botón, a una mosca o al suelo de la habitación, a un brazo o a una manzana.

    4El único criterio para aplicar la idea a algo es simplemente que tus ojos se hayan fijado en ello.

    5No intentes incluir ninguna cosa en particular, pero asegúrate de tampoco excluir nada deliberadamente.


    I El único significado que tienen las cosas del mundo para ti se lo has dado tú, pues, en sí mismas, las cosas de este mundo no tienen ningún significado. La prueba de esto es que una misma cosa puede tener diferentes significados para distintos sujetos. Por ejemplo, esta silla significa algo completamente diferente para ti que para tu perro.

    Si bien los pensamientos siempre son subjetivos, pues es un «sujeto» quien los concibe, la mente personal tiene una fortísima tendencia a «objetivar» sus propios pensamientos, a pensar que son ciertos y a creer que eso que piensa es verdad de manera universal. Obviamente, todo lo que la mente personal concibe es subjetivo, pero la propia mente lo olvida y lo eleva a la categoría de «hecho cierto».

    Esta Lección te insta a que te des cuenta de que, en verdad, eres tú quien le ha dado significado a todo lo que contemplas, ya sea porque el mundo te lo ha enseñado o por tu propio criterio. En cualquier caso, en última instancia, eres tú quien ha sancionado ese juicio como verdadero.

    Date cuenta también de que eso aplica tanto a aquello que dices conocer como a aquello que afirmas que desconoces. Pues aquello que denominas desconocido o incognoscible también lleva encima una etiqueta de tu propia factura, una etiqueta en la que pone: «Yo no sé lo que eso significa». Así es como «catalogas» incluso aquello que crees que no conoces.

    Hoy debes aprender a tomar conciencia de que siempre te relacionas con todo lo que percibes en tus propios términos.

  • INTRODUCCIÓN y LECCIÓN 1

    1. Para que estos ejercicios tengan sentido se necesita la base teórica que presenta el Texto.I

    2Mas es la práctica de los ejercicios lo que permitirá alcanzar el objetivo de este Curso.II

    3Una mente no entrenada no puede lograr nada.

    4El propósito de estos ejercicios es entrenar la mente a pensar de acuerdo con los principios que este curso propone.

    2. Los ejercicios son muy sencillos.

    2No requieren más que unos pocos minutos, y no importa dónde o cuándo los hagas.

    3No necesitan preparación.

    4Las lecciones están numeradas del 1 al 365.

    5El periodo de formación es de un año.

    6No hagas más de una lección al día.

    3. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar la mente para alcanzar una percepción diferente de todo lo que hay en el mundo.III

    2Este libro de ejercicios está dividido en dos secciones.

    3La primera es para deshacer lo que ahora ves.IV

    4Y la segunda es para restaurar la visión.V

    4. Se recomienda repetir cada ejercicio varias veces al día, preferiblemente en un lugar diferente cada vez, y, si es posible, en toda situación en la que pases bastante tiempo.

    2El objetivo es entrenar la mente en generalizar las lecciones, a fin de que comprendas que cada una de ellas es tan aplicable a una situación como a otra.

    3A menos que se indique lo contrario, los ejercicios deben hacerse con los ojos abiertos, pues el objetivo es aprender a ver.

    4La única regla que debe seguirse en todo momento es practicar los ejercicios exactamente como se indica.

    5Aplica la idea diaria a toda situación en la que te encuentres y a todo lo que veas en ella.

    5. Estos ejercicios están diseñados en torno a una idea central.

    2La práctica consiste en aplicar esa idea a tantas cosas concretas como sea posible.

    3Asegúratede no decidir que hay algunas cosas a las que la idea del día no puede aplicarse.

    4El objetivo de los ejercicios siempre será extender la aplicación de esa idea central a todo.

    5Esto no requerirá ningún esfuerzo por tu parte.

    6Los ejercicios en sí mismos reúnen las condiciones necesarias para este tipo de transferencia.VI

    7Tan solo asegúrate de no hacer excepciones al aplicar la idea.

    8Eso interferiría con la transferencia de lo que has aprendido.VII

    9La transferencia de lo que aprendes en un estado de percepción verdadera no procede como la transferencia de lo que el mundo enseña.

    10Si has alcanzado una percepción verdadera en relación con cualquier persona, situación o evento, es seguro que ocurrirá una transferencia total a todo el mundo y a todas las cosas.

    11Por otro lado, si excluyes una sola cosa de la verdadera manera de percibir, no podrás transferir esa manera de ver a nada.

    12La naturaleza misma de la percepción verdadera es que no tiene límites.

    13Es lo opuesto a la manera en que ves ahora.

    6. Algunas de las ideas expuestas te resultarán difíciles de creer, y otras te parecerán bastante sorprendentes.

    2Eso no importa.

    3Solo se te pide que las apliques a todo lo que ves.

    4No se te pide que las juzgues, ni siquiera que creas en ellas.

    5Se te pide simplemente que las utilices.

    6Su uso es lo que hará que tengan sentido para ti y te demostrará que son verdaderas.

    7. Recuerda solo esto:

    2No es necesario que creas en las ideas que se te proponen.

    3No es necesario que las aceptes.

    4Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado.

    5Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas.

    6Nada de eso importa ni disminuye su eficacia.

    7Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios.

    8Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas.

    9No se requiere nada más que eso. 


    I El dictado del dictado del Texto comenzó el 21 octubre de 1965 y concluyo el 10 de octubre de 1968. El dictado del Libro de Ejercicios comenzó el 26 de mayo de 1969.

    Con el Libro de Ejercicios comienzas una práctica estructurada y sistemática del nuevo sistema de pensamiento que se te ha propuesto en el Texto de Un Curso de Milagros. Ahí es donde se explican los fundamentos teóricos de esta nueva manera de usar la mente, es decir, los principios ontológicos (qué es real) y gnoseológicos (qué es conocer) de ese paradigma. Sin embargo, conocerlos y saber cuáles son no te servirá de nada a menos que se conviertan en tu nueva manera de usar la mente.

    Quizás lo más importante de lo que has de ser consciente al comenzar esta práctica es que el proceso de invertir tu sistema de pensamiento no es un asunto trivial; es una proeza de tal magnitud que ahora eres incapaz siquiera de imaginar. Por eso, antes de intentarlo, has de comprender que, para conseguirlo, necesitarás toda la humildad, honestidad y perseverancia que seas capaz de encontrar dentro de ti, y que también tendrás que pedir ayuda todo el tiempo al Espíritu Santo y a Jesús. Mas no te preocupes. Si tu propósito es sincero, Su fortaleza y Su luz te acompañarán siempre. Esa es Su función; la tuya es simplemente seguirlos. La Voz de Dios y el Hermano que te ama son tan íntimos y tan próximos a ti que, si bien puedes no escucharlos, es imposible apartarlos verdaderamente de tu mente y de tu corazón. Cuenta con Ellos, porque Ellos confían en ti y cuentan contigo. Ellos saben perfectamente quién eres tú; Ellos saben que tú eres el Salvador del mundo.

    También es fundamental que te esfuerces en seguir de manera precisa las instrucciones que las Lecciones te presentan. Recuerda que tienes todo el tiempo que necesites para hacer bien una Lección; si quieres, puedes tomarte varios días para ello, pero hazla bien, hazla de todo corazón. Presta especial atención a las Lecciones que te resulten más difíciles, pues son una indicación de los aspectos más enfermos de tu mente, los que requieren una mayor sanación. Esa dificultad se puede presentar como desagrado, incomodidad o simplemente olvido. Todo eso no son sino diferentes estrategias del ego para impedir que cambies.

    Por último, ahora comienzas un periodo excepcional en tu vida de una duración limitada. Es una práctica que, si la haces bien, te va a poner en una condición mental de permanente dicha, paz y confianza. Es un entrenamiento que, cuando lo concluyas, se convertirá en la única manera gozosa de estar en este mundo, y ya nunca más tendrás que esforzarte por nada, salvo en no olvidar que eres el Hijo de Dios.

    Ten la absoluta seguridad de que eres muy afortunado: estás a punto de embarcarte en una maravillosa aventura de amor y libertad.

    II Estudiar la teoría solo es el comienzo del proceso de aprendizaje. Ahí es donde se te hacen una serie de propuestas sobre cómo usar bien la mente, pero es la puesta en práctica de esos planteamientos lo que hará que tu mente se consolide en este nuevo paradigma. Para que tu mente cambie no basta con conocer esas propuestas; es necesario que tomes la decisión de asumirlas y las apliques a tu vida diaria de manera consistente.

    Este es un Curso sobre la voluntad: sobre la voluntad de cambiar tu antigua voluntad para adquirir una nueva, la de querer realidad en lugar de ilusiones. Y eso solo se consigue con el ejercicio de tu nuevo querer a través de la práctica de estas benditas Lecciones. En el Texto aprendes cuál es tu verdadera voluntad, y con la práctica del Libro de Ejercicios la ejerces.

    III Pero para conseguir ver el mundo de manera diferente es imprescindible querer verlo así; la voluntad de adquirir una nueva visión es esencial. Por eso, solo alcanzarán esa experiencia quienes, totalmente desengañados de lo que el mundo les ha enseñado, se muestren abiertos y receptivos a usar sus mentes de una nueva manera. Aquellos que no estén fuertemente motivados a hacer ese cambio no alcanzarán ese objetivo.

    IV La Primera Parte de este Libro de Ejercicios, desde la Lección 1 hasta la 220, se ocupa de desacreditar tu antiguo sistema de pensamiento, desmontando las falsas creencias que lo sustentan. Casi todas las primeras 30 Lecciones son claramente negativas, pero, a partir de ahí, se comienzan a introducir los fundamentos de una nueva manera de relacionarse con el mundo, mucho más luminosa. Los ejercicios que las acompañan son muy estrictos y se realizan con precisas indicaciones que hay que procurar cumplir con exactitud, pues uno de sus principales objetivos es disciplinar la mente.

    V La Segunda Parte es muy diferente, pues trata más de aspiraciones que de propuestas concretas. La mente, ahora purificada y entrenada, se dedica a la búsqueda de la experiencia mística de unión con Dios por medio de la oración y la contemplación. Es el tiempo de recoger los frutos del trabajo previo y sentar las bases de una nueva manera de vivir en el mundo centrada en Dios.

    VI A partir de esta línea y hasta el final del párrafo, es un texto que aparece en la versión de la FIP, pero que no está en el Urtext ni en las Notas de Helen.

    VII En psicología, la transferencia del aprendizaje se refiere a la capacidad de aplicar algo que se aprendió originalmente en un contexto a otros contextos.

    LECCIÓN 1

    Nada de lo que veo significa nada.

    1. Nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, significa nada.I

    2. Ahora, mira lentamente a tu alrededor y aplica esta idea de manera muy específica a todo lo que veas:

    2Esta mesa no significa nada.

    3Esta silla no significa nada.

    4Esta mano no significa nada.

    5Este pie no significa nada.

    6Este bolígrafo no significa nada.

    3. Luego, mira un poco más lejos y aplica la idea a un rango de cosas más amplio:

    2Esa puerta no significa nada.

    3Ese cuerpo no significa nada.

    4Esa lámpara no significa nada.

    5Esa señal no significa nada.

    6Esa sombra no significa nada.

    4. Fíjate en que estas declaraciones no tienen ningún orden y no tienen en cuenta las diferencias en el tipo de cosas a las que se aplican.

    2Ese es precisamente el propósito del ejercicio.

    3La declaración simplemente se aplica a todo lo que ves.

    4Cuando practiques la idea del día, hazlo de manera totalmente indiscriminada.

    5No intentes aplicarla a todo lo que ves, porque estos ejercicios no deben convertirse en rituales.

    6Tan solo asegúrate de no excluir específicamente nada de lo que ves.

    7Una cosa es como cualquier otra en lo que respecta a la aplicación de la idea.

    5. Ninguna de las tres primeras lecciones debe hacerse más de dos veces al día, preferiblemente por la mañana y por la noche.

    2Tampoco se deben hacer durante más de un minuto, a menos que eso te parezca precipitado.

    3Es esencial mantener una sensación de bienestar en todo momento.II


    I En esta Lección declaras que las cosas de este mundo –eso que llamamos «la realidad»– en sí mismas no tienen ningún significado. En Lecciones posteriores verás por qué; ahora, eso tú no lo sabes. Aquí se te pide que mires cualquier cosa a tu alrededor y declares que eso no significa nada. Es muy importante que entiendas que no se te pide en absoluto que creas en lo que estás diciendo. Si lo creyeras, no tendrías necesidad de hacer esta práctica. Únicamente mira y declara que eso que contemplas no significa nada. Solo eso. Puedes y debes hacer este ejercicio en un estado de perfecta comodidad y libertad mental.

    Jesús nunca, jamás, te exigirá nada y nunca, jamás, te culpará de nada. Él te conoce tan bien como se conoce a sí mismo, y por eso te ama. Él sabe que eres tan libre e inocente como él, porque eres su hermano, Hijo del Mismo Padre. Él solo quiere liberarte de una confusión que te ha hecho olvidar tu verdadera identidad y ha enfermado tu mente. Él ha recordado Quién es y quiere compartir ese feliz descubrimiento contigo.

    «Eso que veo no significa nada» es una declaración que conlleva una honestidad de la que tú, por ahora, no eres capaz. No te preocupes. Esta práctica será lo que te llevará a alcanzarla.

    Una vez más: no te fuerces a ti mismo a creer los postulados de, sobre todo, estas primeras Lecciones. Reconoce con honestidad que lo que aquí se dice es completamente ajeno y extraño a lo que tú crees ahora. No te impongas a la fuerza una nueva verdad. En lugar de eso, practica las Lecciones tal como se te pide y pregúntate: «¿Será eso verdad?» No intentes responder a esa pregunta; simplemente, déjala en tu mente como una oración que elevas a lo Alto y confía en que, en algún momento, la Verdad te responderá y se hará la Luz en tu mente. Y cuando eso ocurra, comprenderás que esa Verdad, esa Luz que andabas buscando, es precisamente lo que tú eres.

    II Este párrafo no aparece en las Notas ni en el Urtext, pero sí en la versión Criswell/FIP. Es probable que provenga de un dictado posterior de Jesús a Helen en el momento de la edición.