Hoy repasaremos estas ideas: L-63 y L-64
1. L-63. «La luz del mundo trae paz a todas las mentes gracias a mi perdón».I
2. Mi perdón es el medio a través del cual la luz del mundo se expresa a través de mí.
2Mi perdón es el medio a través del cual tomo conciencia de la luz del mundo en mí.II
3Mi perdón es el medio a través del cual el mundo sana junto conmigo.
4Por lo tanto, que perdone al mundo para que sane junto conmigo.
3. Algunas sugerencias de formas concretas de aplicar esta idea son:
2Que la paz se extienda de mi mente a la tuya, (nombre).
3Comparto la luz del mundo contigo, (nombre).
4Gracias a mi perdón puedo ver esto tal como es.III
4. L-64. «Que no olvide mi función».
5. No olvidaré mi función, porque quiero recordar mi Ser.IV
2No puedo cumplir mi función si la olvido.
3Y si no cumplo mi función no podré experimentar la dicha que Dios ha dispuesto para mí.V
6. Algunas variaciones específicas adecuadas de esta idea son:
2Que no use esto para ocultarme a mí mismo mi función.
3Quiero usar esto como una oportunidad para cumplir mi función.
4Esto puede parecer una amenaza para mi ego, pero en nada altera mi función.VI
I Del mismo modo que los juicios generan inevitablemente conflicto, miedo e ira, el efecto directo del perdón es la paz.
Esta Lección es una continuación lógica y natural de la anterior: la luz que hay en mí es la causa del perdón, y la paz es su consecuencia inmediata, tanto para mí como para aquellos a quienes otorgo ese perdón.
En la práctica de hoy, no centres demasiado tu atención en ti mismo, en tus propios problemas o en tu necesidad personal de paz. En su lugar, dirige tus pensamientos hacia tus hermanos. Reflexiona sobre el efecto transformador que tu aceptación y tu perdón sincero pueden tener en ellos. ¿Crees acaso que tu perdón no tendrá ningún efecto sobre sus mentes? Si dudas de ello, es porque aún no comprendes plenamente el poder extraordinario e irresistible del perdón.
Perdonar genuinamente las supuestas ofensas de tus hermanos y aceptarlos profundamente desde el corazón genera una fuerza poderosa e irresistible que nadie puede rechazar ni evitar. Cuando ofreces aceptación en lugar de juicio, transformas inevitablemente a quienes considerabas enemigos en aliados valiosos. Al perdonar y aceptar, liberas la energía que habrías utilizado para defenderte o atacar, y esa misma energía se convierte ahora en cooperación y ayuda mutua.
La conversión de enemigos en aliados no solo es una práctica espiritual elevada, sino también la inversión más sabia y provechosa que puedas realizar en cualquier ámbito de la vida. Al perdonar, eliges vivir desde la paz y la cooperación, y descubres que el apoyo y la colaboración de tus hermanos te llevan más fácilmente hacia la realización de tus objetivos más elevados.
II Cuando perdono, mi mente se ilumina y mi corazón se alegra.
III Al perdonar, el mundo sigue siendo el mismo y yo también, pero ahora percibo claramente que no existe ningún problema real. El perdón no cambia la realidad externa, sino mi percepción de ella. Cuando dejo de proyectar mis juicios sobre lo que veo, puedo contemplar el mundo tal como realmente es, libre de la distorsión generada por mi mente.
En otras palabras, el perdón elimina las interpretaciones erróneas, revelando una visión clara, sencilla y auténtica. De este modo, aunque externamente nada haya cambiado, internamente todo se transforma, desapareciendo así la sensación de conflicto, ansiedad o malestar. Al ver con claridad, experimento una paz verdadera y constante, pues reconozco que lo que antes consideraba un problema era tan solo un juicio equivocado en mi mente.
IV Si me olvido de mi función, no sé quién soy ni qué hago aquí. Si me olvido de mi función, nada tiene sentido.
Recuerda: En este Curso se menciona explícitamente que la función del Hijo de Dios es ser feliz. Esto se encuentra en el Libro de Ejercicios, en la Lección 66, donde se afirma: «Mi felicidad y mi función son una. […] El ego libra una constante batalla con el Espíritu Santo sobre la cuestión fundamental de cuál es tu función. Y también sobre qué es tu felicidad. […] Dios te da únicamente felicidad. Por lo tanto, la función que Él te dio debe ser la felicidad, aunque parezca ser algo diferente».
También en la Lección 101 se enfatiza: «La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad».
En otras secciones del Curso, se refuerza que el propósito del Hijo de Dios es desempeñar la función que le fue dada, y que en ese cumplimiento se encuentra su felicidad inevitable.
Así que, según el Curso, tu función es ser feliz, y esta felicidad se alcanza mediante el perdón y el alineamiento con la Voluntad de Dios. Lo único que te puede separar de tu felicidad es tu falta de perdón.
V Es tan imposible que experimente dicha si condeno como inevitable es experimentarla si perdono.
VI El perdón es el medio más poderoso para trascender al ego, porque este no tiene acceso a él. El ego jamás perdona: solo sabe juzgar, culpar y dividir. Perdonar es, por tanto, un acto que lo deshace, un gesto que proviene de una dimensión más alta de la mente, donde el amor y la comprensión reemplazan al juicio y al miedo.
