Hoy vamos a repasar estas ideas: L-65 y L-66
1. L-65. «Mi única función es la que Dios me dio».
2. No tengo otra función que la que Dios me dio.I
2Reconocer esto me libera de todo conflicto, porque significa que no puedo tener objetivos conflictivos.
3Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de qué hacer, qué decir y qué pensar.
4Toda duda desaparece cuando reconozco que mi única función es la que Dios me dio.II
3. Las aplicaciones más específicas de esta idea podrían ser así:
2Mi percepción de esto no altera mi función.III
3Esto no me asigna una función distinta a la que Dios me dio.IV
4Que no use esto para justificar una función que Dios no me dio.V
4. L-66. «Mi felicidad y mi función son una».
5. Todas las cosas que proceden de Dios son una.VI
2Vienen de la Unicidad, y deben ser recibidas cual una sola.VII
3Desempeñar mi función es mi felicidad, porque ambas cosas proceden de la misma Fuente.VIII
4Y para encontrar la felicidad debo aprender a reconocer lo que me hace feliz.
6. Algunas variaciones útiles para aplicar de forma concreta esta idea son:
2Esto no puede apartar mi felicidad de mi función.
3La unicidad de mi felicidad y mi función no se ven afectadas por esto en modo alguno.
4Nada, ni siquiera esto, puede justificar la ilusión de que puedo ser feliz si dejo de cumplir mi función.IX
I La función de cualquier cosa la asigna su creador. Yo no puedo tener una función distinta de la que me asignó Aquel que me creó. Es obvio que no me creé a mí mismo —aunque a veces tenga la tentación de creerlo, tal es mi confusión—, por lo que no puedo asignarme mi propia función.
Ahora no recuerdo Quién me creó, cómo me creó ni para qué me creó, pero esas preguntas deben tener una respuesta, porque yo existo. Lo único que sé con certeza es que, cuando he intentado asignarme mi propia función, he fracasado, porque no he logrado mi propósito; no he conseguido ser feliz. Ahora quiero intentar algo diferente.
Simplificar siempre es bueno, y aquí se me dice que solo tengo una función. Por lo menos esto es simple y claro. Además, también se me indica que mi función es ser feliz y hacer felices a mis hermanos, es decir, sanarlos, porque también se me ha dicho que sanar es hacer feliz (T-5.I.1:1). Entonces, si mi función es tan simple y tan acorde con mis más profundos anhelos, ¿cómo es que no me pongo a ello inmediatamente?
II Esto también es obvio. Si concentro todos mis esfuerzos en hacer una sola cosa, mi mente no estará dispersa y no experimentaré ningún conflicto, porque así no me estaré atacando a mí mismo, y de este modo también estoy seguro de que, al menos, tendré paz. Voy a intentar cumplir impecablemente esta función que dicen que Dios me ha asignado, porque parece bastante probable que también encuentre la felicidad.
III Todavía estoy interpretando todo acontecimiento con mi antiguo sistema de pensamiento, y es normal que experimente la tentación de volver a asignarme yo mismo una función.
IV Si miro bien, puedo aplicar mi nueva función también a esto, por lo tanto, he de interpretar esto de manera diferente a como estaba acostumbrado.
V No me dejaré tentar por ese viejo hábito; eso arruinaría mi nuevo propósito.
VI Dios es muy simple. No hay nada más simple que Dios. Dios es el epítome de la simplicidad.
VII Dios es Uno, y todo lo que procede de Él es como Él. Todo lo que procede de Dios es uno.
VIII ¿Cómo iba Dios a disponer para mí algo diferente que mi felicidad? Desde que comencé a creer que estaba separado de Dios no he hecho otra cosa que buscar la felicidad.
¿Es tan difícil concluir que mi felicidad está en Dios?
IX Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida personal no ha tenido otro propósito que el de intentar conseguir un poco más de felicidad.
También voy a intentar ser feliz con esto que tengo ahora delante de mí. Que no me deje tentar por la idea de conseguir la felicidad por un medio diferente al que se me ha propuesto: el perdón. Si lo hago, fracasaré de nuevo.
