Estas son las ideas para el repaso de hoy: L-67 y L-68
1. L-67. «El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo».
2. Yo soy semejante a mi Creador.I
2No puedo sufrir, no puedo experimentar ninguna pérdida y no puedo morir.II
3Yo no soy un cuerpo.III
4Hoy quiero reconocer mi realidad.
5No adoraré a ningún ídolo, ni alzaré las ideas que yo tengo de mí mismo para reemplazar a mi Ser.IV
6Soy semejante a mi Creador.
7El Amor me creó como a Sí Mismo.
3. Puede que estas formas concretas te resulten útiles para aplicar la idea:
2Que no vea en esto una ilusión de mí mismo.
3Que recuerde a mi Creador al contemplar esto.
4Mi Creador no creó esto tal como yo lo veo.
4. L-68. «El Amor no alberga resentimientos».
5. Los resentimientos son completamente ajenos al amor.V
2Los resentimientos atacan al amor y oscurecen su luz.
3Si albergo resentimientos, estoy atacando al amor y, por tanto, a mi Ser.
4De ese modo mi Ser se convierte en algo ajeno a mí.
5Estoy decidido a no atacar a mi Ser hoy, para que así pueda recordar quién soy.VI
6. Estas formas específicas de aplicar esta idea pueden ser útiles:
2Esto no justifica que niegue mi Ser.
3No usaré esto para atacar al amor.
4No dejaré que esto me tiente a atacarme a mí mismo.
I Génesis 1:26 «Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”».
Mas bien, Dios dijo: «Hago a mi Hijo a mi imagen y semejanza», y así Dios creó a Su Hijo. Y luego dijo el ego: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…», y entonces el hombre apareció en la mente dormida del Hijo de Dios.
II Sufrimiento, pérdida y muerte son tan solo ideas que mi Ser real jamás ha experimentado en la Realidad. Mi conciencia de ser ha sido siempre la misma y nunca ha cambiado, aunque es cierto que a esa pura conciencia de ser yo mismo le he sobrepuesto ideas de sufrimiento, pérdida y muerte, pero incluso en esos momentos, mi conciencia de ser ha seguido inalterable.
III A lo largo de mi vida personal mi cuerpo ha cambiado dramáticamente, pero mi conciencia de ser no. Lo que no cambia en mí tiene que ser real, y lo que cambia, una ilusión. La única solución plausible es que mi mente fragmentada concibe esas ideas de sufrimiento, pérdida, muerte y cuerpo; sin embargo, no son más que eso, ideas cambiantes que yo imagino y considero reales, pero que no son más que ilusiones.
IV Todas las ideas que mi mente personal concibe cambian: primero aparecen en mi mente; luego, con el tiempo, evolucionan y cambian; finalmente ya no las considero «existentes» y las llamo «recuerdos». Pero mientras están en mi mente las considero reales, verdaderas, y las tengo en gran estima, entonces, ¿por qué me engaño constantemente a mí mismo de esa manera?
¿Por qué llamo a eso vivir? ¿No será más bien que me encuentro ensimismado por una historia que yo me cuento a mí mismo?
V Los resentimientos son completamente ajenos a lo que yo soy: el Amor de Dios. ¿Por qué crees, si no, que los resentimientos te incomodan y te hacen sentir mal? Simplemente porque son antinaturales, ideas incompatibles con lo que eres.
No toleres el malestar. Sé sensible a toda perturbación y muéstrate intransigente con ella. No permitas que entre en tu mente; si ya se ha introducido, expúlsala rápidamente y, sobre todo, no la acojas ni la alimentes, porque estarás albergando a un extraño que se ha instalado en tu hogar con el único propósito de amargarte la vida.
Tú no te mereces eso. Has sido creado en la Felicidad y para la felicidad. Cualquier cosa que no sea una felicidad genuina es impropia de tu gloriosa condición y no la mereces.
No transijas con esto. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es que familiarice con el sufrimiento y lo admita sin escándalo.
Aprende a escandalizarte con todas esas posiciones mentales que no le corresponden a un Hijo de Dios. Aprende a vivir como tu Padre, aprende a vivir como Dios.
VI La imagen que tengo de mí mismo —que acepto como verdadera con una mezcla de credulidad y arrogancia asombrosas— es tan distorsionada que me resulta casi imposible reconocerme como Amor y Luz. Sin embargo, comprendo perfectamente que los resentimientos son formas de ataque y que me hacen sentir profundamente mal. Es evidente que cuando guardo resentimientos, me estoy atacando a mí mismo, porque el único que sufre soy yo.
Si albergar resentimientos es una decisión mía, y si me hacen tanto daño, ¿por qué los mantengo?, ¿para qué los mantengo? Tal vez sea porque mi mente no está funcionando correctamente. Es urgente poner fin a esta locura. No quiero seguir sufriendo.
