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LECCIÓN 116

Para repasar a la mañana y a la noche: L-101 y L-102

1. L-101 «La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad».

2La Voluntad de Dios para mí es que yo disfrute de perfecta felicidad, y no puedo sufrir, a menos que crea que hay otra voluntad aparte de la Suya.

2. L-102 «Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz».

2Comparto la Voluntad de mi Padre para mí, Su Hijo.

3Lo que Él me ha dado es lo único que quiero.

4Lo que Él me ha dado es lo único que existe.

3. A la hora en punto:

2«La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad».

4. A la media hora:

2«Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz».I


I Hablar de la felicidad, o teorizar sobre ella, no es fácil. En realidad, hablar de la felicidad es hablar de la existencia misma. Cuando Jesús afirma que la Voluntad de Dios para mí es la perfecta felicidad, está empleando una forma sencilla de comunicar una verdad que, en su esencia, es inefable.

La Voluntad de Dios no es algo complicado; es, en última instancia, el Ser mismo. Dios es ser, y su Voluntad es que el Ser sea. La existencia no es un concepto simbólico: es lo real, lo absoluto, aquello que no tiene opuestos, que no puede ser discutido ni limitado.

Y, en el fondo, solo hay un concepto real: Dios, que es ser, que es existencia. Es difícil expresar lo que esto significa, porque no puede captarse plenamente desde una mente limitada. Ser no es una idea que podamos abarcar con el pensamiento dual. Y, sin embargo, es la única idea esencial, el fundamento de la Realidad.

Podemos decir que ser es una idea, pero nos quedamos cortos. Ser es positividad pura, plenitud, luz. La existencia misma es dicha, gozo, júbilo. Eso es el Cielo. Y no hay palabras que puedan transmitirlo adecuadamente.

Por eso Jesús nos presenta esta verdad de forma accesible: «Tu Padre quiere que seas feliz». Es una forma simbólica, casi infantil, pero útil. Aunque limitada, esta afirmación apunta a una realidad más profunda. No porque Dios tenga deseos en el sentido humano, sino porque la existencia no puede ser otra cosa que dicha perfecta. No puede querer otra cosa, porque no hay otra cosa posible.

La felicidad, la luz, el poder y la voluntad son en realidad aspectos de un mismo ser. A lo largo del Curso, estas Lecciones trabajan sobre esos aspectos fundamentales: ahora toca la felicidad, pero también se nos hablará de la luz, de la voluntad, del poder. Todo forma parte del mismo núcleo: ser.

Es cierto que poner esto en palabras siempre será insuficiente. Pero hay algo que se puede hacer: preguntarse sinceramente qué significa ser. No buscar una respuesta intelectual, sino simplemente plantear la pregunta y guardar silencio. Si se hace con apertura, llegará una respuesta. Una chispa de luz, de dicha, de poder. Esa es la dirección en la que apuntan las revelaciones. Y esa es, sin duda, la experiencia transpersonal por excelencia.

Existir es ser en la plenitud de la felicidad, y esa condición no puede cambiar. Dios es la simplicidad absoluta. Y, desde ahí, todo se sostiene. Todo lo que parece haber tomado forma sigue estando unido a esa fuente. Porque ser es permanecer en el Ser.

Por eso, al formular interiormente la pregunta ¿Qué significa ser?, si se hace desde un lugar sincero, la respuesta no será intelectual, sino experiencial. Una chispa de luz, una sensación de dicha que no se explica, que no se razona, sino que se reconoce. Es una experiencia que va más allá de la mente: la vivencia de lo eterno.

Esa es la experiencia hacia la que apunta el Curso. Esa es la dirección de toda verdadera revelación.

Todo lo que Dios quiere para ti es que seas feliz. No le lleves la contraria. Sé hoy un buen Hijo y haz feliz a tu Padre siendo feliz tú mismo. No te pide demasiado, ¿verdad? Él solo te pide eso. Se conforma con bien poco, pero date cuenta de que ese poquito lo es todo.

No te olvides hoy de ser feliz.