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LECCIÓN 289

El pasado ya pasó, y no puede afectarme.

1. A no ser que el pasado haya desaparecido de mi mente, no podré ver el mundo real.

2Pues en realidad no estaré contemplando nada, sino viendo lo que no está ahí.I

3¿Cómo podría entonces percibir el mundo que el perdón me ofrece?

4La idea del pasado se concibió precisamente para ocultarlo, pues ese mundo solo se puede contemplar en el presente.

5El mundo real no tiene pasado.

6Pues ¿qué se puede perdonar sino el pasado?

7Y una vez que se perdona, el pasado desaparece.

2. Padre,

que no contemple un pasado que ya no existe.

2Pues Tú me has ofrecido Tu propio sustituto:

un mundo presente que el pasado ha dejado intacto y libre de pecado.

3En esto consiste el final de la culpa.

4Y así me preparo para el paso final que Tú darás.

5¿Cómo voy a exigirte que sigas esperando a que Tu Hijo encuentre toda la maravilla que Tú dispusiste que fuera el final de todos sus sueños y todo su dolor?


I La consideración del pasado es el núcleo de tu enfermedad mental. Es el esfuerzo de la mente por recordar lo que ya no existe para que usurpe el lugar y la función del presente. Es un gesto antinatural que tiene un precio altísimo, pues al resucitar el cadáver del pasado matas al presente recién nacido. Asesinas la inocencia del instante y, a cambio, das vida artificial a un pasado culpable.

Todo recuerdo encierra siempre la noción de repetición: ya sea de lo que deseas o de lo que temes. Y tanto el deseo como el miedo son, en última instancia, formas de sufrimiento. Reconócelo: solo evocamos el pasado por insatisfacción. El presente, en cambio, puede colmarte plenamente porque es lo único real. Todo lo demás son ilusiones, y el único propósito de las ilusiones es engañarte.

El perdón es el único remedio perfecto contra esa perversa costumbre de regodearte en lo que no existe. Y aunque cueste aceptarlo, hay en ti un oscuro placer en torturarte con miedos y deseos. No distingues todavía con claridad el placer del dolor, y ese es el origen de tu confusión.

El pasado ya no existe y no tiene efectos, salvo cuando tú lo haces revivir con tu miedo o tu deseo de repetirlo. Y al hacerlo lo cargas sobre tus espaldas como una pesada mochila. Es un peso muerto que te roba energía y te condiciona. No solo te cansa: también se te interpone delante de los ojos y te impide ver el presente con libertad.

Comprende, entonces, que todo dolor se nutre de esa carga que aún eliges llevar. Si insistes en retenerla es porque le das un valor que no merece. Pero, como todo trastero, tarde o temprano todo lo guardado terminará en la basura. ¿Para qué esperar? Suéltalo ya.

Quizás te preguntes cómo es el mundo real del que tanto habla este Curso. Es muy simple: es un mundo sin pasado, un mundo sin culpa. Y eso es lo que te ofrece el perdón: la posibilidad de caminar ligero, libre de cargas, viendo cada instante sin filtros. El presente inocente, liberado del peso muerto del pasado, es el sueño feliz que precede al despertar.

Padre, que hoy suelte la mochila del pasado y contemple la libertad de Tu mundo presente.