Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
1. Hoy comenzaremos a afirmar algunas de las cosas felices a las que tienes derecho por ser lo que eres.I
2Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, pero sí muchas cortas y frecuentes.
3Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te insta a que intentes hacerlo así y te ciñas a esta frecuencia siempre que sea posible.II
4Si te olvidas, inténtalo de nuevo.
5Si hay interrupciones largas, inténtalo de nuevo.
6Siempre que te acuerdes, inténtalo de nuevo.
2. No es necesario que cierres los ojos durante el ejercicio, aunque probablemente te resulte más provechoso hacerlo.
2Sin embargo, es posible que durante el día estés en situaciones donde cerrar los ojos no sea apropiado.
3No pierdas ningún momento de práctica por este motivo.
4Puedes practicar bastante bien en casi cualquier circunstancia si realmente quieres hacerlo.
3. Los ejercicios de hoy requieren poco tiempo y ningún esfuerzo.
2Repite la idea de hoy y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo.
3Una práctica podría consistir, por ejemplo, en lo siguiente:
4Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
5Soy feliz, pacífico, amoroso, y me siento satisfecho.III
6Otra podría ser así:
7Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
8Estoy tranquilo y sereno; me siento seguro y confiado.
4. Si dispones de poco tiempo, basta con que te digas a ti mismo que eres bendito por ser un Hijo de Dios.
I Tu bendita condición de ser un Hijo de Dios no es un desiderátum, simplemente es la verdad. Eres un Hijo de Dios porque Dios te creó, y por eso eres bendito. Sin embargo, eso no es algo obvio para ti. Piensas algo muy diferente y la opinión que tienes acerca de ti mismo es bastante mala. No solo no te amas, sino que sientes una profunda aversión hacia ti mismo. La idea que albergas de ti es tan terrible que te da pánico y una vergüenza insoportable compartirla con otros. Por eso no quieres abrir tu mente y comunicarte de verdad, y la guardas para ti como algo exclusivamente privado, aun cuando lo que contiene no te gusta en absoluto.
Lo más curioso de esta situación es que nunca te has preguntado si todo eso que piensas acerca de ti mismo es verdad. Nunca has puesto en duda esa opinión. Crees que la evaluación que haces de ti mismo es perfectamente honesta, pero no cuestionas tu capacidad para hacerla.
Tu confusión acerca de tu propia identidad proviene de que ciertamente has sido testigo de terribles pensamientos que han pasado por tu mente, en ocasiones cargados de odio, crueldad y una absoluta falta de piedad. Sin embargo, nunca has cuestionado su paternidad; has dado por sentado que esos eran «tus» pensamientos, y eso no es cierto. Lo que has escuchado en tu interior ha sido la voz de tu ego, pero tú no eres tu ego. En tu confusión, has suscrito esos pensamientos temibles y los has asumido como propios. Ese ha sido tu error.
Tú eres el santo Hijo de Dios, el Amor puro de tu Padre, absolutamente inocente y más allá de toda idea de pecado. Pero en tu interior puedes oír dos voces que te presentan enseñanzas totalmente opuestas. La Voz del Espíritu Santo siempre te dice la verdad, y el ego siempre miente. Tú no tienes una voz propia, pues no tienes nada que decir; eres el Hijo de Dios y tu función es crear, no hablar.
Por eso, en este sueño del mundo, y en tu confusión al creer que eres una persona, tu única libertad es elegir qué voz quieres escuchar. Pero entiende que nunca serás eso que el ego dice de ti; incluso si decides escuchar y atender a su voz, seguirás siendo el santo Hijo de Dios.
Hoy, antes de comenzar la práctica, abre tu mente a la posibilidad de que has estado absolutamente equivocado. No es necesario que lo reconozcas de forma perfecta, simplemente sé receptivo a esa posibilidad, comienza la práctica y confía.
II Fíjate en que se te está pidiendo que repitas la idea de hoy unas cien veces a lo largo del día.
La Lección de hoy es para trabajar la voluntad, la voluntad de considerarte bendito. Aquí no se te pide que creas que eres bendito por ser el Hijo de Dios; lo que se te está pidiendo es que sea eso lo que quieras creer. Con eso basta. Es lo máximo que puedes hacer. No se te puede exigir que creas algo, pero sí que quieras creerlo. Con estas repeticiones se te está pidiendo que hagas una profesión de fe.
Muchos estudiantes se consideran deshonestos cuando practican esta Lección (y otras similares) porque no sienten lo que están diciendo. Lo que deben entender es que no hace falta que lo crean o lo sientan, pero sí es fundamental que sea eso lo que quieran creer y sentir.
Recuerda la Introducción de este Libro de Ejercicios: «No es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas. No se requiere nada más que eso». (L-In.7)
Esta es la clave: la práctica no consiste en alcanzar un estado mental determinado de forma instantánea. Se trata de abrir la puerta, aunque sea un poco, a la posibilidad de que lo que dice el Curso sea verdad. La repetición no tiene el propósito de convencerte por la fuerza, sino de crear un espacio en tu mente donde una nueva percepción pueda asentarse suavemente.
Cada vez que repites la idea, aunque no la sientas ni la creas, estás plantando una semilla. Con el tiempo, con paciencia y disposición, esa semilla crecerá, no porque la hayas forzado, sino porque lo has permitido. La disposición es el terreno fértil donde arraigan los milagros.
III En la próxima Lección encontrarás esta advertencia: «Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras» (L-41.9:2). Esta indicación es especialmente importante cuando haces afirmaciones acerca de ti mismo. No basta con comprender intelectualmente lo que dicen las palabras; es esencial también sentir lo que expresan. Solo cuando el pensamiento y la emoción se unen, la práctica se vuelve verdaderamente transformadora.
¿No es cierto que cuando te reprochas algo te sientes mal? Eso ocurre porque el pensamiento y la emoción se han alineado, pero en una dirección negativa. De igual modo, cuando introduces en tu mente una idea positiva sobre ti —una idea verdadera—, esta debe ir acompañada del sentimiento que le corresponde y de la certeza interior de que eso es real.
Podemos entender estas declaraciones como la integración de tres elementos fundamentales:
SIGNIFICADO + EMOCIÓN + CERTEZA
Así, cuando te digas, por ejemplo: «Soy pacífico», has de comprender claramente qué significa vivir desde la paz, permitirte sentir la calma y la amplitud que la paz genera, y afirmarte con convicción en esa verdad, al menos en ese instante. Solo entonces la idea dejará de ser una frase para convertirse en una experiencia viva.
