Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.
1. Aunque hemos reconocido que el plan de salvación del ego es opuesto al de Dios, aún no hemos subrayado que también es un ataque directo a Su plan y un intento deliberado de destruirlo.
2En este ataque, a Dios se le adjudican atributos que en realidad son propios del ego, mientras que el ego parece asumir los atributos de Dios.I
2. El deseo fundamental del ego es reemplazar a Dios.
2De hecho, el ego es la encarnación física de ese deseo.
3Pues es este deseo lo que hace que la mente parezca estar envuelta por un cuerpo, que la mantiene sola y separada, e incapaz de llegar a otras mentes, salvo a través del mismo cuerpo que fue hecho para aprisionarla.II
4Imponerle límites a la comunicación no puede ser la mejor manera de extenderla.
5No obstante, el ego quiere hacerte creer que sí lo es.
3. Aunque es obvio que esto es un intento de mantener las limitaciones que un cuerpo necesariamente impone, quizá no sea tan evidente la razón por la que albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.
2Pero consideremos el tipo de cosas que te llevan a albergar resentimientos.
3¿No están acaso siempre asociadas con algo que un cuerpo hace?
4Puede que una persona diga algo que no te gusta, o haga alguna cosa que te desagrada.
5En cualquier caso, siempre es su comportamiento el que «pone en evidencia» sus pensamientos hostiles.
4. Aquí no se trata de lo que esa persona es en realidad.
2Por el contrario, tú solo te fijas en lo que hace con su cuerpo.
3Con esto, no solo no la ayudas a liberarse de las limitaciones del cuerpo.
4Al confundirla con su cuerpo, también la encarcelas en él de forma activa, pues consideras que ella y su cuerpo son una misma cosa.III
5Esto es un ataque a Dios, pues si Su Hijo no es más que un cuerpo, Él también debe serlo.
6Y es inconcebible que un creador sea completamente diferente de aquello que crea.
5. Si Dios fuera un cuerpo, ¿cuál sería entonces Su plan para la salvación?
2¿Qué podría ser sino la muerte?
3Y al tratar de presentarse a Sí Mismo como el Autor de la Vida, y no de la muerte, no podría sino ser un mentiroso y un embaucador lleno de falsas promesas; alguien que ofrece ilusiones en lugar de la verdad.
4La aparente realidad del cuerpo hace que esta visión de Dios parezca bastante convincente.
5De hecho, si el cuerpo fuera real, sería realmente difícil eludir esta conclusión.
6Y todo resentimiento que albergas insiste en que el cuerpo es real.
7Tus resentimientos hacen que pases por alto completamente lo que tu hermano es.
8Refuerzan tu creencia de que él es un cuerpo, y lo condenan por serlo.
9Y afirman que su salvación debe ser la muerte, al proyectar este ataque sobre Dios y responsabilizarle a Él de ello.
6. A este escenario cuidadosamente preparado, donde bestias enfurecidas acechan a sus presas y la misericordia no puede entrar, el ego viene para salvarte.
2Dios te hizo un cuerpo.
3Pues muy bien.
4Aceptémoslo y alegrémonos.
5Como eres un cuerpo, no te prives de nada de lo que el cuerpo te puede ofrecer.
6Toma lo poco que puedas conseguir.
7Dios no te ha dado nada.
8El cuerpo es tu único salvador.
9Es la muerte de Dios y tu salvación.
10Esta es la creencia universal del mundo que ves.
7. Algunos odian el cuerpo, y tratan de dañarlo y humillarlo.
2Otros lo veneran, y tratan de glorificarlo y exaltarlo.
3Pero mientras tu cuerpo siga siendo el centro del concepto que tienes de ti mismo, estarás atacando el plan de Dios para la salvación y albergando resentimientos contra Él y Sus Creaciones, para no oír la Voz de la Verdad y acogerla como Amiga.
4El salvador que tú has elegido ocupa Su lugar.
5Ese salvador es tu amigo, y Dios, tu enemigo.
8. Hoy trataremos de poner fin a esos absurdos ataques contra la salvación.IV
2En vez de eso, trataremos de darle la bienvenida.
3Tu percepción invertida ha sido devastadora para tu paz mental.
4Te has visto a ti mismo en un cuerpo y a la verdad fuera de ti, bloqueada de tu conciencia por las limitaciones del cuerpo.
5Ahora vamos a tratar de ver esto de otra manera.
9. La luz de la verdad está en nosotros, donde Dios la puso.
2El cuerpo está fuera de nosotros y no nos concierne.
3Estar sin cuerpo es estar en nuestro estado natural.
4Reconocer la luz de la verdad en nosotros es reconocernos tal como somos.
5Contemplar nuestro Ser como algo separado del cuerpo es poner fin al ataque contra el plan de Dios para la salvación y, en lugar de ello, aceptarlo.
6Y dondequiera que se acepte Su plan, ya se ha cumplido.
10. Nuestro objetivo en las sesiones de práctica más largas de hoy es tomar conciencia de que el plan de Dios para la salvación ya se ha cumplido en nosotros.
2Para lograr este objetivo debemos reemplazar el ataque por la aceptación.
3Mientras sigamos atacando, no podremos comprender cuál es el plan de Dios para nosotros.
4Por lo tanto, estamos atacando algo que no comprendemos.
5Ahora vamos a tratar de dejar de lado todo juicio y preguntar cuál es el plan de Dios para nosotros:
6¿Qué es la salvación, Padre?
7Yo no lo sé.
8Dímelo Tú, para que lo comprenda.
9Luego, esperaremos en silencio Su respuesta.
11. Hemos atacado el plan de Dios para la salvación sin esperar a oír cuál es.
2Hemos vociferado tan alto nuestros resentimientos que no hemos escuchado Su Voz.
3Hemos utilizado nuestros resentimientos para cubrirnos los ojos y taparnos los oídos.
4Ahora queremos ver, oír y aprender.
5¿Qué es la salvación, Padre?
6Pregunta y se te responderá.
7Busca y encontrarás.V
12. Ya no le preguntamos al ego qué es la salvación y dónde encontrarla.
2Se lo estamos preguntando a la Verdad.
3Ten la certeza, entonces, de que la respuesta será verdadera por razón de a Quién le has preguntado.
4Cada vez que sientas que tu confianza flaquea, y que tu esperanza de tener éxito vacila y se apaga, repite la pregunta y tu petición, recordando que se lo estás preguntando al infinito Creador de lo infinito, Quien te creó a semejanza de Sí Mismo:
5¿Qué es la salvación, Padre?
6Yo no lo sé.
7Dímelo Tú, para que lo comprenda.
8Él te responderá.
9Tú, ten la firme voluntad de oír.
13. Hoy bastará con una, o quizás dos prácticas breves por hora, ya que serán algo más largas de lo habitual.
2Estos ejercicios debieran comenzar así:
3Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación.
4En vez de atacarlo, lo aceptaré.
5¿Qué es la salvación, Padre?
6Luego, espera en silencio un minuto más o menos, preferiblemente con los ojos cerrados, y escucha Su respuesta.
I Al ego, encarnado en un cuerpo, se le asignan los aspectos del ser, los atributos de Dios: crear, amar y conocer. Dios los manifiesta de un modo perfectamente abstracto e ilimitado; crea a Su Hijo como una extensión de Su Amor y lo conoce, pues Su Hijo es Él Mismo.
Los cuerpos «crean» otros cuerpos mediante algo que se denomina «hacer el amor» y los «conocen» con los sentidos de sus cuerpos. El ego no es «creativo», sino tan solo el chapucero remedo del Ser; su torpe imitación.
II Hay una pregunta genérica fundamental que, en algún momento, cruza la mente de todo ser humano de manera más o menos consciente. Si bien la mayoría de las personas la obvian y la olvidan, para algunos es motivo de incesante preocupación. La pregunta es: ¿de qué va todo esto?
Esta pregunta puede tener múltiples enfoques y adoptar formas más específicas. Puede ser formulada en términos filosóficos: ¿qué es la realidad?; científicos: ¿qué es la materia?; o psicológicos: ¿quién soy yo? En cualquier caso, este cuestionamiento denota una inquietud, un malestar que necesita ser aplacado de alguna manera, o bien debe ser olvidado completamente.
Básicamente, hay dos paradigmas que resuelven esta cuestión y que son perfectamente antitéticos; cada uno es una visión especular del otro; las formulaciones de uno son la inversión de las del otro. Así, uno dice: «Yo soy real y la idea de Dios es una sublimación de mis deseos». El otro, el paradigma de este Curso, afirma que Dios es la única realidad y que el ego —simbolizado en el cuerpo— es la encarnación de la idea de ser Dios.
Ambos paradigmas son perfectamente consistentes en sí mismos, pero llevan a diferentes conclusiones y experiencias de ser. También es importante constatar que la mente no puede operar simultáneamente con ambos paradigmas, ni tampoco puede alternar entre uno y otro, pues eso la estresa y la deprime.
Para un funcionamiento eficiente y para conseguir algún tipo de resultado, es necesario optar por una de estas dos descripciones de lo real y atenerse a ella de manera consistente.
Esta Lección describe el paradigma del mundo visto desde la perspectiva del Curso. Quizás lo más relevante aquí es tomar conciencia de las consecuencias que conlleva creer en la propuesta del ego para la salvación. Hay que entender que la descripción que hace Jesús de lo que el ego afirma es absolutamente precisa, y es algo que todo ser humano conoce a la perfección, pues, de una manera u otra, lo ha suscrito a lo largo de toda su vida personal.
Jesús ahora está haciendo una propuesta bien distinta, que, obviamente, llevará a experimentar algo muy diferente. Él entiende que su propuesta no puede ser aceptada a la ligera como cierta; solo pide que le demos una oportunidad y comprobemos por nosotros mismos su veracidad.
III Dejar de albergar resentimientos es un requisito ineludible para trascender la identificación con el cuerpo. La práctica de esta enseñanza —perdonar nuestros resentimientos— es fundamental para asumir la premisa de la Lección 97: Soy espíritu.
IV El razonamiento de Jesús para demostrar que albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación es poner en evidencia el mecanismo inconsciente que guía tu mente, y que básicamente es el siguiente:
PREMISAS:
1) Tus resentimientos son causados por el comportamiento de otros hacia ti.
2) El comportamiento es algo propio de los cuerpos.
3) Albergar resentimientos refuerza en tu mente la idea de que los cuerpos son tu única realidad y la de los otros.
4) Si tú eres un cuerpo, tu Creador también debe serlo. Esta idea es inconsciente, pero está plenamente operativa en tu mente.
5) Salvarse de algo es dejar de ser ese algo; por lo tanto, la salvación del cuerpo es la muerte.
6) Dios miente; dice que crea la vida, pero la vida que Él crea siempre acaba en la muerte.
7) La salvación de tu hermano y la tuya propia es la muerte, pues eso es lo que ese Dios mentiroso instauró.
8) En este mundo de muerte, todos matan para seguir viviendo y todos acaban muriendo.
9) Tu cuerpo es lo único que tienes, tu único consuelo y donde experimentas placer al satisfacer las necesidades que percibes.
CONCLUSIÓN:
Identificarte con tu cuerpo y buscar tu salvación en él sabotea el plan de Dios para la salvación que este Curso propone. Cada vez que albergas un resentimiento, refuerzas en tu mente esta visión deprimente de ti mismo y de todo.
V Esta variante de la cita evangélica se repite a lo largo del Curso en muchas ocasiones. Jesús te insta constantemente a la oración sincera y sentida desde lo más hondo de tu corazón, y te confirma que todos tus anhelos serán colmados. Esto no es debido a que en las alturas, en un hipotético Cielo, hay un ser que te observa, escucha tus peticiones y luego decide caprichosamente si te las concede o no.
Dios ha creado a Su Hijo perfecto, y eso será así por siempre. Él es real e inmutable.
El mecanismo de la manifestación en el sueño ilusorio de la vida corporal de lo que pides en tus oraciones, en verdad, es muy diferente. Ese sueño ilusorio es de tu propia factura; una proyección de tus miedos y deseos. Es la mente del Hijo de Dios confundida porque cree ser un cuerpo en el tiempo y el espacio. Esa mente, infinitamente poderosa, dialoga con ella misma a través de los personajes con los que se identifica en ese ámbito ilusorio, pues se encuentra fragmentada debido a que ha creído en la idea imposible de la separación, que en sí misma es fragmentante.
Así, concibe un sueño de pecado y culpa, que, por medio del perdón y la oración, transforma en redención y salvación.
La mente del Hijo de Dios —que es la Mente de Dios— se concede a sí misma todo aquello que pide de corazón; tanto lo bueno como lo malo, tanto las ilusiones como la salvación. Tal es su poder de crear, pues tal es su poder de creer.
Mateo 7:7: «Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá».
