Que reconozca que mis problemas se han resuelto.
1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno.
2Tu único gran problema ya se ha resuelto y no tienes ningún otro.
3Por lo tanto, debes sentirte en paz.
4La salvación, entonces, depende de que reconozcas que ese es el único problema, y que comprendas que ya se ha resuelto.
5Un único problema, una única solución.I
6La salvación se ha consumado.
7Se te ha proporcionado la liberación del conflicto.
8Acepta este hecho, y estarás preparado para ocupar el lugar que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.
2. ¡Tu único problema ya se ha resuelto!
2Repítelo hoy una y otra vez en tu interior, con gratitud y convicción.
3Has reconocido tu único problema, abriendo así el camino para que el Espíritu Santo te dé la respuesta de Dios.
4Has dejado de lado el engaño y has visto la luz de la verdad.
5Has aceptado la salvación para ti mismo al llevar el problema a la respuesta.
6Y puedes reconocer la solución porque has identificado el problema.II
3. Hoy tienes derecho a la paz.
2Un problema que se ha resuelto no te puede perturbar.
3Asegúrate únicamente de no olvidar que todos los problemas son el mismo problema.
4Sus múltiples formas no te engañarán si recuerdas esto.
5Un solo problema, una sola solución.
6Acepta la paz que conlleva esta simple afirmación.
4. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy reclamaremos la paz que nos corresponde cuando el problema y la respuesta se ven a la vez.
2El problema debe desaparecer, porque la Respuesta de Dios no puede fallar.
3Al haber reconocido el problema, has reconocido la solución.
4La solución está contenida en el problema.
5Se te ha respondido, y tú has aceptado la respuesta.
6Te has salvado.
5. Ahora, deja que se te conceda la paz que conlleva tu aceptación.
2Cierra los ojos y recibe tu recompensa.
3Reconoce que tus problemas se han resuelto.
4Reconoce que estás fuera del conflicto, libre y en paz.
5Pero, sobre todo, recuerda que solo tienes un problema, y que ese problema tiene una sola solución.
6En esto radica la simplicidad de la salvación.
7Esta es la razón que garantiza su eficacia.
6. Afirma con frecuencia hoy que todos tus problemas ya están resueltos.
2Repite la idea con absoluta convicción tan a menudo como sea posible.
3Y recuerda especialmente aplicar la idea de hoy a cualquier problema concreto que pueda surgir.
4Di rápidamente:
5Que reconozca que este problema ya se ha resuelto.
7. Hoy, decidamos no acumular resentimientos.
2Decidamos liberarnos de problemas que no existen.
3La clave para lograrlo es la pura honestidad.
4No te engañes a ti mismo sobre cuál es el problema, y así reconocerás que ya se ha resuelto.
I Jesús nos dice:
EL PROBLEMA:
«En la eternidad, donde todo es uno, se introdujo una diminuta y alocada idea de la cual el Hijo de Dios olvidó reírse». (T-27.X.6:1)
El problema eres tú. El problema es tu yo, el ego en ti. Los problemas seguirán acechándote mientras tú insistas en querer ser tú.
El problema es que crees que eres una persona que habitas en un mundo con otras personas: cuerpos, como tú. El problema es que crees que tienes una mente para tu uso particular que tiene pensamientos que siempre son apropiados y verdaderos. El problema es que crees que estás separado de Dios, de tus hermanos y de todas las cosas que pueblan tu mundo, y que todo ello es algo distinto a ti.
El problema es que te sientes solo, desvalido e impotente ante las cosas que te ocurren; que eres frágil, que puedes sufrir todo tipo de daños y que finalmente vas a morir.
El problema es que tu mente está permanentemente absorta en cosas que piensas que sucedieron en algo que llamas pasado, y tienes miedo de lo que piensas que pueda ocurrir en un tiempo que está por venir y que llamas futuro.
El problema es que en tu mente aparecen constantemente y de manera irrefrenable historias que te cuentas a ti mismo, y que, aunque hasta cierto punto sabes que no son ciertas, no puedes dejar de considerarlas importantes, porque tú, que también te consideras importante, eres el protagonista de todas ellas.
El problema es que, aunque ya comienzas a darte cuenta de que todo eso no es más que una locura, no sabes cómo ponerle fin.
LA SOLUCIÓN:
«El Espíritu Santo fue la Respuesta de Dios a la separación, el medio por el cual la Expiación podía reparar la mente hasta que la totalidad de ella volviera a crear». (T-5.II.10:5)
El problema no es real. Nada de todo eso es cierto. Lo real no corre ningún peligro, y lo que tú piensas que corre peligro no es real. En eso radica la Paz de Dios.
Y Jesús nos dice:
«No temas, hermano querido. Solo es un sueño. Yo sé que estás soñando; tú todavía no. Te tomo ahora de la mano y te acompaño en tu pesadilla. Es todo lo que puedo hacer, pero eso es suficiente.
No puedo despertarte de tu sueño porque tú todavía no quieres, pero sé que sí anhelas con toda tu alma un sueño mejor, y sí te puedo ayudar a alcanzar eso.
Hazme caso. Haz lo que te digo y confía. Mi voz te acompaña siempre porque tu mente también es la mía, y yo ya he despertado, pero sigo viendo tu sueño y por eso te puedo guiar.
Te hablo siempre de lo que yo hice, pues así desperté. Somos iguales, tú y yo, por eso no hay nada de mí que tú no puedas lograr.
El sueño ya ha acabado, y, con él, el mundo y el tiempo. Estamos juntos, como siempre ha sido, juntos en el Corazón de Dios. Ten fe, abre los ojos y verás».
II Quizás te ayude plantearte estas preguntas: ¿Existe algún problema fuera de mí? ¿Quién tiene realmente un problema?
Los problemas carecen de existencia propia fuera de la mente que los percibe; no poseen una entidad ontológica real. Podríamos incluso decir que son ilusorios en grado extremo, pues ni siquiera pueden percibirse objetivamente.
Los problemas son, en esencia, opiniones, creencias o ataques dirigidos contra la idea que uno tiene de sí mismo. Si abandonas o reduces esta idea, disminuyendo el sentido de importancia personal —que es el alimento del ego—, verás cómo el problema se desvanece naturalmente.
Experimentarás problemas en la misma medida en que permanezcas identificado con tu ego: cuanto más fuerte sea el ego, mayores y más numerosos serán los problemas que percibas.
Para recuperar la paz mental y dejar de sufrir por interpretaciones dolorosas de la realidad, no se requiere necesariamente una visión espiritual elevada; basta con un poco de auténtica humildad.
