Estas ideas son para repasar hoy: L-71 y L-72
1. L-71 «Solo el plan de Dios para la salvación funcionará».
2. No tiene sentido que busque desesperadamente la salvación por todas partes.I
2La he visto en muchas personas y cosas, pero cuando he tratado de alcanzarla, no estaba allí.
3Estaba equivocado sobre dónde se encuentra.
4Estaba equivocado sobre lo que es.
5Ya no emprenderé más búsquedas inútiles.
6Solo el plan de Dios para la salvación funcionará.
7Y me regocijaré de que Su plan jamás pueda fallar.
3. Estas son algunas propuestas para aplicar esta idea de forma específica:
2El plan de Dios para la salvación me salvará de la manera en que percibo esto.
3Esto no es una excepción en el plan de Dios para mi salvación.
4Quiero percibir esto solo a la luz del plan de Dios para la salvación.II
4. L-72 «Albergar resentimientos es un ataque al plan de Dios para la salvación».
5. Albergar resentimientos es un intento de demostrar que el plan de Dios para la salvación no funcionará.
2Sin embargo, solo Su plan tendrá éxito.
3Por lo tanto, al albergar resentimientos estoy excluyendo de mi conciencia mi propia y única esperanza de salvación.
4No quiero seguir atacando mis propios intereses de esta manera tan demente.III
5Quiero aceptar el plan de Dios para la salvación y ser feliz.
6. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían ser así:
2Cuando contemplo esto estoy eligiendo entre percibir erróneamente y la salvación.
3Si veo motivos de resentimiento en esto, no veré los motivos de mi salvación.
4Esto invita a la salvación, no al ataque.
I En este Curso, el término «salvación» se usa apropiadamente para denominar aquello que colma completamente todos tus anhelos, responde perfectamente a todas tus dudas y, en consecuencia, inunda tu corazón de dicha y establece tu mente en la paz para siempre; es decir, restaura tu mente al estado original en el que Dios la creó.
Salvarse es recordar quién eres.
¿Necesita lo que Dios creó perfecto ser restaurado, sanado o salvado de alguna manera? Obviamente, no. Eso es imposible.
¿Necesita la mente del Hijo de Dios ser salvada de lo imposible, de lo que nunca ocurrió? ¡Por supuesto que no! Eso no puede ser, y si no puede ser, nunca ha sido.
Por eso este Curso empieza diciendo: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real, en eso radica la paz de Dios».
La idea de la salvación, en sí misma, es un concepto incomprensible, porque es la respuesta a una idea imposible: la idea de la separación. Un concepto irreal solo puede ser corregido con otro que se encuentre en su mismo nivel, también irreal.
Este Curso opera en un ámbito tan irreal como la idea que lo concibió. Y su estrategia —el plan de Dios para la salvación— es tan incomprensible como la idea de la separación que pretende sanar, por eso, su propuesta es puramente negativa: el perdón, es decir, que la mente no tenga en cuenta lo irreal y desestime la ilusión.
Mas, como este Curso también advierte, ninguna enseñanza puede ser puramente negativa; tiene que apuntar hacia algún contenido positivo, de ahí la noción de niveles: uno irreal e inexistente en el que opera, y otro real, absolutamente pleno y positivo; la idea de Ser.
Confundir y entremezclar ambos niveles es el error básico de la mente que está absorta en el primero, esa es la única tentación, eso es la mentalidad incorrecta.
Lo que tú buscas, que es recuperar tu verdadera identidad dejando de creer en lo imposible, no se encuentra en el ámbito perceptual, que ha surgido precisamente para sustentar esa idea perversa de estar separado.
El plan de Dios para la salvación funciona por el simple hecho de que niega el error. No hace falta nada más.
II Todo lo que percibo es una proyección de la mente fragmentada para apoyar la idea equivocada que tiene de sí misma. Nada de lo que percibes es real. Lo real no lo puedes percibir, solo lo puedes conocer, pero como conocer es lo mismo que ser, el conocimiento no se puede dar en una identidad falsa.
Nunca conoces desde tu perspectiva humana; solo el Ser conoce, y ese Ser es lo que tú ciertamente eres, pero no te dejes engañar creyendo que como persona puedes conocer; a nivel personal solo puedes tener creencias.
Esto que contemplas ahora como humano no lo puedes conocer, pero sí lo puedes desestimar como motivo de salvación, que será la primera idea que aparecerá en tu mente cuando lo percibas. Desestímala, pues lo que intenta convencerte de que ahí se encuentra tu salvación es la voz del ego.
Mira bien, pide una interpretación diferente, detén tu mente y escucha. Recibirás una propuesta mejor, y la identificarás porque es pacífica, benévola y benéfica.
Eso que oirás tampoco es la verdad en sentido estricto, pero es lo mejor a lo que puedes acceder en el ámbito de la percepción, y a eso el Curso lo denomina «percepción verdadera».
Si salvarse es recordar quién eres, el plan de Dios para la salvación consiste en utilizar todas las cosas que la vida pone ante ti para propiciar ese recuerdo, y eso ocurre cuando las contemplas con una percepción verdadera.
En el plan de Dios para la salvación, todo lo que te ocurre se interpreta de manera positiva, porque todo puede verse como algo que funciona a favor de ese plan. Así, cuando los acontecimientos responden a tus anhelos y expectativas, son motivo de celebración, y cuando los contradicen —las dificultades de la vida—, representan oportunidades para aprender y cambiar.
La vida es la escuela perfecta y todo lo que ocurre es para tu bien. Cuando algo te perturbe, no digas: «La vida está mal, tengo que cambiarla». Di, más bien: «La vida está bien, tengo que cambiar mi manera de verla». Eso no significa que dejes de hacer lo que resulte oportuno, pero no trates de hacerlo antes de haber cambiado tu interpretación y recuperado la paz.
Recuerda que el mundo que crees percibir es una ilusión y no significa nada en sí mismo, así que es irrelevante. Pero tu paz sí es significativa y necesaria. Has venido aquí precisamente para eso.
III Albergar resentimientos es simplemente arrogancia. Ocurre cuando te atribuyes a ti mismo capacidades que no tienes. En este caso, crees que estás capacitado para juzgar lo que tienes ante ti y condenarlo. No es así, pero tú lo crees.
Como no te gusta lo que ves, según tu propia razón —la del ego—, lo condenas y lo atacas.
En primer lugar, piensa que lo que tienes ante ti no es real, y luego piensa que la manera en la que lo estás considerando es inconveniente, pues tu corazón te lo hace saber, y por eso te sientes mal.
Además, albergar resentimientos es un estado emocional negativo, un ataque contra ti mismo que no te ayudará en absoluto a conseguir lo que realmente quieres: la paz mental. Recuerda este principio ontológico fundamental: los medios no pueden contradecir los fines. Si quieres paz, no prepares la guerra.
Probablemente estés convencido de que la única manera de alcanzar esa paz es lograr ciertos objetivos que se encuentran fuera de ti. No te engañes. No hallarás la paz en nada externo; la paz es una idea real y se encuentra en tu mente, que también es real. De hecho, la paz es la condición natural de tu mente cuando no se deja engañar por las falsas promesas de ídolos externos.
No insistas en ese camino; rectifica. Aquieta tu mente y ora. Pide ayuda.
