Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí.
1. Los ejercicios que vas a hacer con esta idea son muy similares a los anteriores.
2También en este ejercicio es necesario que nombres muy específicamente tanto la forma que adopta la perturbación (enfado, miedo, preocupación, depresión, etc.) como la causa que crees que la ha provocado.
3Por ejemplo:
4Estoy enfadado con ____ porque veo lo que no está ahí. I
5Estoy preocupado por ____ porque veo lo que no está ahí.
2. Puedes aplicar la idea de hoy a cualquier cosa que parezca disgustarte, y puedes utilizarla con provecho a lo largo del día con ese fin.
2Sin embargo, los tres o cuatro periodos de práctica que hoy se requieren deben estar precedidos de más o menos un minuto de búsqueda mental, como en los ejercicios anteriores, y luego aplica la idea a todo pensamiento perturbador que descubras en esa búsqueda.
3. Otra vez, si te resistes a aplicar la idea a algunos pensamientos que te perturban más que a otros, vuelve a recordarte las dos advertencias que usaste en la lección anterior:
2No hay disgustos pequeños.
3Todos ellos perturban por igual mi paz mental.
Y luego di:
4No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.
5Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.
I Lo que te disgusta no está ahí fuera; está en tu mente. Es en tu mente donde se encuentran el malestar, su causa y también la idea de que todo ello está fuera de ti.
Efectivamente, lo que provoca tu disgusto no es algo que esté presente ante ti, pues, como ya has visto antes, lo que crees ver ahí fuera no tiene ningún significado en sí mismo. Tu enfado, en realidad, proviene de una historia que tú te has contado, de una determinada interpretación de la «realidad».
Lo que te disgusta no es lo que percibes, pues eso que ves en sí mismo no significa nada (L-1). Lo que te disgusta es la interpretación que tú haces de ello porque consideras que frustra tus expectativas, y ahora dices que eso está mal sin pararte a considerar que quizás tus expectativas eran inconvenientes. Una vez que te has erigido en juez de la realidad, es difícil tomar conciencia de la arrogancia que supone sentenciar lo que percibes desde tu exclusivo y peculiar sistema de referencia.
Ver esto con claridad no es una tarea trivial; requiere de una grandísima honestidad. En verdad, es una proeza tal que, cuando la logres, te aportará una enorme liberación y la capacidad de controlar tus estados de ánimo.
Este ejercicio es una invitación a reflexionar, y debes tenerlo en cuenta siempre que cualquier cosa o circunstancia parezca molestarte de cualquier manera. En realidad, lo que te hace sufrir solo es una ilusión de tu propia factura.
Pero estate prevenido, porque comprobarás que, justo en el momento en que cuestiones la causa de tu disgusto, el ego inmediatamente comenzará a proporcionarte de manera automática un sinnúmero de «razones» para justificar tu contrariedad. Los juicios de condena siempre están «justificados», y esa es precisamente la «voz del ego»: un ecosistema perfectamente consistente de «razones» demenciales que has asumido como verdaderas.
Aunque este es tan solo uno de los 365 ejercicios de este Libro de Ejercicios, puedes y debes usarlo a partir de ahora siempre que algo parezca perturbarte. Considera que hoy es el día en que aprendes que la causa de tus disgustos está en ti, y no ahí fuera. Tú eres el responsable de todos tus sufrimientos. Y aunque esa idea ciertamente es perturbadora, date cuenta de que también contiene la clave de tu liberación, pues deja en tus manos el control de todos tus estados mentales.
Tómate muy en serio estos ejercicios, pues son poderosísimas herramientas que te permitirán recuperar el control de tu mente. Lo habías perdido, y ni siquiera te habías dado cuenta de ello.
