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LECCIÓN 17

No veo cosas neutras.

1. Esta idea es otro paso para entender cómo opera realmente la relación entre causa y efecto.

2Tú no ves cosas neutras porque tú no tienes pensamientos neutros.I

3El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que es al revés.II

4El mundo no piensa de esta manera, pero debes aprender que así es como realmente piensas tú.

5De lo contrario, la percepción carecería de causa, y ella misma sería la causa de la realidad.III

6Teniendo en cuenta que su naturaleza es muy variable, esto es imposible.IV

2. Al aplicar la idea de hoy, dite a ti mismo con los ojos abiertos:

2No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.

3Luego, mira a tu alrededor, posando la mirada en cada cosa que te llame la atención el tiempo suficiente para decir:

4No veo un/una ____ neutro/a porque mis pensamientos acerca de ____ no son neutros.

5Por ejemplo, podrías decir:

6No veo una pared neutra porque mis pensamientos acerca de las paredes no son neutros.

7No veo un cuerpo neutro porque mis pensamientos acerca de los cuerpos no son neutros.

3. Como de costumbre, es esencial que no hagas distinciones entre las cosas que contemplas debido a sus atributos, por ejemplo, que sean animadas oinanimadas, agradables o desagradables.

2Independientemente de lo que creas, no ves nada que esté realmente vivo y sea realmente dichoso.

3Esto se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento que sea realmente verdadero y, por lo tanto, realmente feliz.

4. Se recomiendan tres o cuatro sesiones de práctica, siendo necesarias no menos de tres para obtener el máximo beneficio, incluso si experimentas incomodidad. 2Sin embargo, si esto sucede, la duración del periodo de práctica puede reducirse a menos del minuto que se recomienda.


I Esto es lo mismo que decir que no ves las cosas de manera objetiva porque tus pensamientos no son objetivos. Tú no eres un objeto, eres un sujeto; por lo tanto, tus pensamientos no son objetivos, sino subjetivos, y, en consecuencia, ves de manera subjetiva.

Ahora, fíjate bien: si a lo que ves lo llamas «objeto» porque creías que pensabas «objetivamente», ¿cómo llamarás a aquello que crees ver ahora que sabes que tus pensamientos son subjetivos? ¿Te das cuenta de la conexión absoluta que existe entre tú y aquello que crees ver fuera de ti? ¿Crees que puede haber alguna posibilidad de que el mundo en el que piensas que vives no sea algo absolutamente subjetivo?

Recuerda: tus pensamientos son definitivamente subjetivos. Lo que crees ver lleva tan profundamente grabada la impronta de tu propio ser que resulta difícil concluir que ese mundo que percibes no es algo «tuyo».

«Comprende que cada modo de percepción es subjetivo, que lo que se ve o se oye, se toca o se huele, se siente o se piensa, se espera o se imagina, está en la mente y no en la realidad, y experimentarás paz y libertad del miedo». Sri Nisargadatta Maharaj

II Hazte la pregunta: ¿qué hay antes del pensamiento? Ciertamente, para ti el mundo no existe antes de que pienses en él. Que el mundo exista o no independientemente de lo que tú pienses no es más que otra de las opiniones que tú tienes. En este sentido, los conceptos de «hecho cierto» y «opinión» son indistinguibles.

El objetivo de este Curso es invertir completamente la manera de pensar, y este es precisamente uno de los paradigmas sobre los que se asienta dicha inversión. Es uno de los principios gnoseológicos básicos de este Curso: percibir, en realidad, es proyectar. La mente concibe primero un pensamiento y luego lo «ve» proyectado en un mundo imaginario externo a ella misma. Pero, según el paradigma de este Curso, no existe tal cosa como un «mundo externo a ti mismo», sino únicamente la creencia de que eso «existe». Solo hay mente concibiendo pensamientos complejos que se componen de múltiples conceptos solapados, de los cuales no se tiene plena conciencia.

Por ejemplo, cuando ves una mesa, lo que percibes es en realidad un pensamiento múltiple que incorpora en sí mismo innumerables significados. Por enunciar algunos: las características físicas, estéticas y funcionales de la idea concebida; la creencia de que está ahí «fuera» de ti en un ámbito externo que llamas «espacio»; la percepción de que está presente ahora; la idea de que «yo» lo estoy viendo… Todo esto se reúne en un único concepto que, de manera simplificada, denominas «percepción de una mesa». Alterando cualquiera de estos parámetros, la mente interpreta de manera diferente. Así, la mesa en cuestión puede ser grande o pequeña, fea o bonita, vista por ti ahora o recordada, etc.

La percepción es el efecto de una elaboración mental, pues la mente es lo único que existe. Esta es la razón por la que este Curso afirma que el mundo es una ilusión. Más adelante se comprenderá que no solo el mundo es una ilusión, sino también la idea que tienes de ti mismo. Esta aparece en la mente del mismo modo en que surge la idea de una mesa.

Evidentemente, esta noción aterroriza al ego y puede ser —y de hecho lo es— una barrera casi insuperable para el estudiante de este Curso. Sin embargo, es crucial recordar que, en el camino hacia la identificación con tu verdadera identidad como Hijo de Dios, es necesario ir dejando atrás una serie de falsedades muy queridas, lo que este Curso denomina «los obstáculos a la verdad».

En cualquier caso, te encuentras apenas al principio del Libro de Ejercicios, y por ahora basta con comprender que las cosas que crees ver fuera de ti no tienen otro significado que aquel que tú mismo les has asignado.

III Esta línea enfatiza que todo lo que observamos está teñido por la forma en que pensamos, destacando la relación entre causa y efecto que propone esta enseñanza: el pensamiento (causa) origina la percepción (efecto). De ello se desprende que la percepción no puede ser neutral, ya que la mente siempre está tomando partido, ya sea desde el ego o desde el amor. En otras palabras, creer que el mundo «allá afuera» dicta nuestros pensamientos implicaría que la percepción sería la causa de la realidad. Sin embargo, el Curso invierte esta perspectiva y afirma que no existen pensamientos neutros: lo que vemos está cargado de significado porque lo hemos impregnado con los significados que surgen de nuestras propias creencias.

En otras palabras, cada vez que percibimos algo, lo hacemos desde la idea interna que estamos aceptando en ese momento. Este modo de razonamiento contradice la lógica del mundo, que sostiene: «Veo algo y, por lo tanto, pienso X». El Curso propone lo contrario: «Pienso X, y, por lo tanto, veo algo de este modo». De no ser así, la percepción carecería de causa y se convertiría en la causa de la realidad, privando a la mente de su auténtico poder creador y haciendo creer al observador que lo externo determina su experiencia.

Así, la declaración «No veo cosas neutras» confirma que, en cada experiencia perceptual, la mente siempre opera como la fuente de lo que ve, y lo que ve no puede ser más que un reflejo de lo que realmente piensa.

IV Llamas ver a pensar que ves. Si la percepción fuera el proceso de captar algo existente externo a ti, ese proceso sería la causa de tu ver, y siempre «verías» lo mismo al contemplar algo. Sin embargo, debes ser consciente de que tu percepción es altamente variable: cambia con el tiempo y difiere entre diferentes individuos. Incluso el sistema de pensamiento del mundo reconoce como cierta la expresión «Ves lo que quieres ver», y esto aplica tanto a objetos como a circunstancias.

En realidad, estás sentado ante la pantalla de tu conciencia contemplando tus propias proyecciones. Esta es una idea que puede resultarte muy difícil de aceptar, pero que, sin embargo, contiene la llave de tu liberación. No te obsesiones con ella; en lugar de eso, aprende a perdonar aquello que percibes. De este modo, encontrarás primero la paz y, con ella, la verdad que la acompaña.