Este día se lo dedico a Dios, y es mi don para Él.
1. Hoy no conduciré mi vida por mí mismo.
2No entiendo el mundo.
3Por lo tanto, tratar de dirigir mi vida por mi cuenta no puede sino ser una locura.I
4Mas hay Uno que conoce todo lo que me conviene.
5Y gustosamente toma por mí solo las decisiones que me conducen a Dios.
6Este día se lo entrego a Él, pues no quiero retrasar mi regreso a casa.
7Y es Él Quien conoce el camino que lleva a Dios.
2. Y así,
te entregamos el día de hoy.
2Venimos con la mente totalmente abierta.
3No pedimos nada de lo que creemos que queremos.
4Danos lo que Tú quieres que recibamos.
5Tú conoces todos nuestros deseos y todas nuestras necesidades.
6Y nos darás todo lo que realmente queremos,
y lo que nos ayudará a encontrar el camino que nos conduce a Ti.
I Tú solo quieres estar en paz y ser feliz, y esa es una aspiración legítima, no un lujo espiritual. Si no disfrutas de ese estado ahora, merece la pena preguntarte con honestidad: ¿qué te lo impide? Quizá descubras que es porque aún te permites concebir la infelicidad y el conflicto… y esa idea te atrae.
El simple hecho de que seas capaz de suscitar esos estados es prueba de que, en algún rincón de tu mente, los valoras. Sin embargo, eso no es lo que realmente quieres, ni lo que tu Padre quiere para ti. Es, más bien, el fruto de tu deseo de estar separado de Él y de sostener tu propia y exclusiva identidad.
Hace falta una gran dosis de honestidad para reconocer y asumir esta querencia. Y se necesita la misma honestidad, iluminada por la luz de la verdad, para aceptar que por tu cuenta no podrás abandonar esta condición ficticia de soledad. El núcleo del problema está precisamente en tu deseo de vivir «por tu cuenta», así que, mientras insistas en resolverlo solo, no lo lograrás.
Ser feliz es tu condición natural, pero también es una decisión que debes tomar. La paz, igualmente, es permanente, pero solo se percibe como una opción cuando se le concede atractivo a su opuesto. Por eso conviene preguntarte: «¿Para qué quiero seguir eligiendo lo que no deseo en realidad?».
Entrégale al Espíritu Santo todas las decisiones que crees tener que tomar respecto a las ilusiones que ves, y descansa. En tu estado actual no puedes decidir con acierto sobre los asuntos de tu vida. Tu tarea ahora es sanar la raíz de tu infelicidad, y eso se logra entregando tu vida a Dios, recordando que esa vida es tanto Suya como tuya, pues nada hay que no compartas con Él.
Este día se lo dedico a Dios, y es mi don para Él.
Confío en Su guía y dejo que Él dirija mi camino.
